Buenas! Antes que nada, siento la tardanza, pero voy de viaje en viaje, así que… solo espero que la espera haya valido la pena. Ah! Y saludos desde aquí a Angel Zafiro que me lo pidió!
Muchos besos y que disfrutéis con la lectura!
RiMi.
Capítulo 2
Desquiciada¿o desquiciado?
Shaoran se restregó los ojos con ambas manos, dejando escapar un sonoro bostezo.
Había dormido fatal aquella noche. Después de conocer al extraño Neko Minami en las duchas, a sus amigos se les había ocurrido organizar una fiesta en ellas, llevando alcohol escondido en las botellas de gel. Y ahora, sentado en el retrete de una de las cabinas de los baños del tercer piso, pagaba caro aquella diversión.
Tenía un fuerte dolor de cabeza, el sueño le obligaba dejar caer los párpados de vez en cuando y para colmo, como había bebido sin tener nada en el estómago, tenía una pronunciada diarrea que le estaba haciendo echar el desayuno bastante antes de lo que había previsto.
Dios, que resaca.
En aquel mismo instante, el picaporte de la puerta que tenía justo en frente se movió con brusquedad, y, como odiaba poner el pestillo, la puerta se abrió de improviso sin que el chico tuviese tiempo para impedirlo.
Tras ella, Neko Minami se había quedado de piedra al verlo allí sentado, resacoso, y el rostro contorsionado en una mueca de sorpresa por la inesperada visita. El pobre chico enrojeció hasta la médula.
- ¡Perdón!- Se disculpó él, con una voz que le resultó demasiado aguda a Shaoran.- ¡No… no sabía que…!-. Y, tras emitir un desolado quejido, desapareció de su vista tras un portazo.
El muchacho se quedó un instante quieto, y de pronto, exhaló un prolongado suspiro. No lo conocía, pero le daba la impresión de que aquel recién llegado, a pesar de tener la cara de un ángel, resultaba más patoso que un bebé de tres meses.
Cuando acabó, tiró de la cadena y salió de los servicios con expresión aliviada, que en seguida trastocó por otra cuando los gemelos Tsukishiro se colgaron de sus dos brazos, pegando sus caras níveas en los respectivos hombros.
- Parece que tú y nuestro querido Nekito habéis hecho buenas migas¿no?- Le preguntó divertido Yuki, sonriéndole abiertamente.
- ¿Ahora lo llamáis Nekito?
Los tres echaron a andar con presteza, mientras el chico de en medio, intentaba sacarse de encima a los dos muchachos que se agarraban a él como viejecitas a sus nietos. Empresa imposible, porque lo tenían bien cogido.
- ¿Y se puede decir por qué dices eso?
Fue Yue, el otro hermano, el que contestó.
- Ayer lo vimos saliendo del mismo baño en el que te encontrabas tú.- Guiñó uno de sus ojos con picardía, riendo entre dientes.- ¿Piensas dejar de lado a Meiling y pasarte a la acera de enfrente?
Shaoran bufó y sacudió ambos brazos sin conseguir nada, para variar.
- No digáis estupideces.
Los gemelos intercambiaron una divertida mirada y se echaron a reír.
- No son…
- … estupideces.
Los tres se detuvieron cuando llegaron frente a la puerta que llevaba al aula de primero de bachillerato. Ésta, se hallaba abierta de par en par y entraron a la vez, a pesar de que les costó un poco atravesar el umbral al quedarse atascados.
- ¡Buenos días!- Saludó Eriol con la mano levantada.
Touya, sentado justo al lado de Yamasaki, que terminaba en aquellos momentos muy apurado los deberes de inglés, echó un vistazo al deprimente aspecto de Shaoran y esbozó una socarrona sonrisa que no le gustó ni un pelo al aludido de aquellos miramientos.
- ¿Qué tal ese estómago?- Preguntó, entornando el rostro con picardía.
El muchacho resopló y se sentó en el pupitre de delante con expresión fastidiada. Por fin, los gemelos se soltaron de sus brazos y ocuparon sus asientos, justo enfrente del de Yamasaki y al lado del que Shaoran compartía con Eriol.
- Vete a la mierda.- Le espetó malhumorado.
Touya se echó a reír.
- Nunca mejor dicho.
Fue una suerte que en aquel mismo instante, la puerta de la clase se cerrara y diera paso al profesor Terada, porque Shaoran estuvo a punto de soltar una barbaridad.
A regañadientes, los alumnos se dirigieron a sus respectivos sitios y los ocuparon en silencio, dejando para después las conversaciones inacabadas.
- Buenos días a todos.- Saludó el hombre con su voz ronca, pero amable.
- Buenos días, señor Terada.- Respondieron todos con voz monocorde.
El profesor se separó de su mesa y comenzó a pasear frente a los primeros pupitres, con los ojos oscuros clavados en su clase. Con lentitud, alzó el brazo y posó la mano sobre el picaporte, sin accionarlo aún.
- Cómo seguramente sabréis todos, hoy recibimos a un nuevo compañero.- Comenzó.- Nunca ha permanecido demasiado tiempo en ningún colegio debido a las continuas mudanzas que debía realizar con su familia por motivos de trabajo. Así que espero que durante la corta estancia que pase aquí, os comportéis correctamente con él.- Dicho esto, se detuvo un momento, adquiriendo un tono severo que caló en los alumnos, por lo que no tuvieron más remedio que asentir con la cabeza de mala gana.- Bien. Dad la bienvenida a Neko Minami.
A medida que el picaporte se movía, la clase intercambió una mirada mientras intentaban acallar las risas que luchaban por salir al exterior. Neko, vaya nombrecito.
Y, entonces, tras la puerta apareció un pie pequeño, después, una pierna delgada, y por último, el resto del cuerpo de un chico de dieciséis años que aparentaba catorce, con mirada verde, burbujeante de nervios y las mejillas enrojecidas.
Sakura paseó la vista de un lado a otro, sin saber muy bien dónde posar la mirada.
Sentía tres decenas de ojos clavadas en su figura temblorosa y encogida, observándola con detenimiento, juzgándola y apreciándola como si se tratase de un simple saco de patatas que debía pesarse para comprobar su valor.
El señor Terada, su futuro profesor, había sido muy amable con ella, y, aunque desconocía su verdadera identidad, la había tratado con la misma amabilidad y paciencia, con la que el señor Fei solía obsequiarle. Hasta le había dado los ánimos suficientes para que el coraje mínimo que poseía creciese un poquito y le ayudase a enfrentar las caras con las que tendría que convivir durante un tiempo indefinido.
Pero ahora, frente a aquellos veintinueve muchachos que la observaban con atención, notaba como el poco coraje adquirido, bajaba la cola hasta situarla entre las piernas y huía por la puerta que aún se mantenía abierta.
Seguía perdida en sus pensamientos, cuando de pronto, la enorme mano del profesor le palmeó el hombro, sobresaltándola. Lanzó un desgarrador chillido de sorpresa que hizo retroceder al pobre hombre y arrancó tremendas carcajadas por parte de los alumnos.
- ¡Si grita cómo una nenita!- Exclamó uno de ellos.
Sakura se llevó las manos a la boca, avergonzada y con ganas de que la tierra se abriese bajo sus pies y la hiciera desaparecer de aquel maldito instante.
- ¡Lo… lo siento!- Se apresuró a disculparse, inclinándose varias veces seguidas.- No… no me lo esperaba y…
Eriol, que contemplaba el panorama divertido, apoyó la barbilla sobre ambas manos. Parecía haber caído en algo.
- ¿No te parece que tiene una ligera similitud a una doncella en apuros?- Le preguntó distraídamente a su compañero de pupitre.
Shaoran bostezó ostentosamente antes de responder.
- Desde luego, grita como una.- Aburrido, comenzó a dibujar monigotes en su cuaderno. Pero de reojo, contempló como el recién llegado no cesaba de pedir disculpas al señor Terada, que se había quedado algo perplejo ante la reacción de su nuevo alumno.
El chico no pudo evitar sonreír con algo de lástima.
Después, tras un par de minutos en el que el hombre consiguió tranquilizar a la nerviosa Sakura, que no cesaba de pedir perdón, y de mandar a callar al resto de la clase, consiguió respirar hondo y retomar el tema que aún no había dado por finalizado.
- Bien, como iba a decir… de verdad, señor Minami, no hace falta que lo repita más, ya sé que lo siente.- La muchacha calló, ruborizándose hasta sentir las orejas al rojo vivo.- Veamos… ¿por dónde iba¡Ah!, ya lo recuerdo. Estaba a punto de decir el sitio que ocupará.- El hombre alzó la cabeza, atisbando algún hueco entre sus alumnos.- ¿Qué tal entre los señores Tsukishiro, delante del señor Li y el señor Hiragizawa?
La muchacha siguió la mirada del profesor hasta encontrar el asiento al que éste se refería. Se le cayó el alma a los pies cuando descubrió los muchachos a los que el hombre se refería ¡Santa María madre de Dios¡El chico de la noche anterior, el mismo que había encontrado sentado en el retrete aquella misma mañana, y los dos gemelos, los que había visto desnudos y le habían guiñado el ojo con un descaro que la había asustado!
Farfulló algo entre dientes, y le lanzó una mirada rencorosa al señor Terada que lo descolocó un poco. Claro, él no los había visto como Dios los había traído al mundo…
Como si se dirigiera directa a un depredador listo para saltar hacia ella, atravesó más de la mitad de la clase, y se sentó entre los dos muchachos idénticos de cabellos grisáceos, piel pálida y pupilas extraordinariamente claras.
- Encantados…-. Comenzó a decir uno de ellos, guiñando los ojos.
- … De conocerte.- Fue el otro hermano el que remató el enunciado con una franca sonrisa.
Sakura miró tanto a uno como a otro, con una mueca confusa pendiendo de sus labios.
- Eh… hola.- Acertó a decir. No se sentía demasiado cómoda ante la proximidad de aquellos peculiares chicos.
Los gemelos se sonrieron entre sí antes de continuar.
- Yo soy…
- … Yue Tsukishiro, y mi hermano…
- Yuki Tsukishiro.- Sakura parpadeó, confundida. ¿Quién era… quién¿Él o el otro? Pero un momento… ¿Ese chico entonces no era…? Mierda. Se estaba liando
El gemelo que se encontraba en la derecha le agarró suavemente la muñeca, mientras el otro chico hacía lo mismo con la izquierda.Y, para perplejidad de la pobre muchacha, se inclinaron a la vez y le besaron ambas manos.
- ¡Uyyyyy!
El señor Terada, que al parecer estaba explicando algo sobre unos papeles que mostraba a sus alumnos, levantó la mirada al escuchar aquella aguda exclamación.
- ¿Ocurre algo allá atrás, señor Minami?- Preguntó con el ceño fruncido.
Sakura, que había apartado rápidamente ambas extremidades y las había colocado bajo el pupitre, lejos del alcance de los gemelos, se apresuró a negar fervientemente con la cabeza, aunque le hubiese encantado espetarle como se sentiría él entre aquel par de gays descarados.
- Bien. Entonces guarde silencio.- El hombre suspiró, y entregó un taco de aquellos folios que sostenía, a los primero de cada fila.- Repito de nuevo. Tienen un total de cuarenta y cinco minutos para completar la prueba. Si alguien acaba antes, puede salir a esperar fuera de la clase.
Sakura pestañeó, alarmada, y poco le faltó para soltar otro grito de sorpresa. ¿Prueba¿Una prueba de qué¿El primer día que pasaba en clase y ya tendría que realizar un examen? Pero si no había tocado un libro desde el inicio del verano, tras la desaparición de sus padres…
Demasiado tarde, aquella hoja de papel ya había llegado hasta su asiento, y el tiempo había comenzado a correr.
La muchacha echó un vistazo rápido y se sintió morir.
Genial. Tenían que ser, ni más ni menos, que las malditas y temidas matemáticas.
La clase de arte era la última de la jornada. Era la hora ideal para relajarse antes de marchar a la biblioteca, como todos los días, a repasar las asignaturas dadas durante el día.
El profesor que las impartía, el señor Akane, solía dejar a los alumnos a su aire, sin preocuparse demasiado de lo que hacían. Se limitaba a contentarse con que no fuese él la persona sobre la que volcaran los botes de pintura.
Shaoran, con el pincel en una mano y la paleta en otro, simulaba dibujar algo mientras contemplaba de soslayo a sus amigos, que al parecer, estaban muy entretenido caricaturizando al tal Neko Minami, que por el contrario, parecía tan concentrado en su obra, que no se percataba de las miradas burlones y las risitas contenidas que se lanzaban en su dirección.
Interesado, el muchacho se levantó y se dirigió hacia el cuadro que en aquellos momentos, acababan los gemelos. Siempre se habían caracterizado por tener muy buena mano en eso de pintar. Meneó la cabeza con ligera desaprobación cuando miró fijamente el lienzo coloreado. No obstante, no pudo evitar echarse a reír tras un par de segundos.
- Tened un poco de misericordia y no se lo enseñéis.- Pidió con lágrimas en los ojos, intentando calmarse. Le echó de nuevo un vistazo y volvió a soltar un par de estruendosas carcajadas.- Por Dios, si parece un lolicon…-. Aquello era una verdad como una casa, pues en el dibujo, aparecía Neko Minami arrodillado en el suelo, rodeado de tiernos peluches, con mejillas sonrojadas y la camisa medio abierta, mostrando ligeramente un torso al que le quedaba largo camino para desarrollarse. Para colmo, llevaba una piruleta de corazón enganchada en la boca.
Los gemelos Tsukishiro aparecieron tras él, con una maliciosa sonrisa plasmada en sus idénticas bocas.
- Es que él mismo…
- … Es un lolicon monísimo.-. Se excusaron, mientras se encogían de hombros al unísono.
Shaoran meneó la cabeza y se alejó de ellos, camino de Touya, que en vez de pintar, intentaba encenderse un cigarrillo bajo el pupitre sin mucho éxito.
- ¿No te da un poco de pena?- Le preguntó cuando se encontró frente a él.
El muchacho alzó el rostro, fastidiado ante la interrupción. Ya era complicado haberse hecho el cigarro sin que lo viera el profesor y sin que se le hubiera volado el tabaco, pero más, intentar encenderlo mientras otra persona hablaba, y encima, de un tema que le traía sin cuidado.
- Paso.
Shaoran suspiró y se dejó caer en el asiento, con gesto pensativo. Giró la cabeza y observó el cigarrillo con una marcada expresión repulsiva. Tras un titubeo, dijo.
- ¿Me dejas intentarlo?
Touya arqueó una ceja, desconfiado. Sin embargo, le entregó el pequeño cilindro relleno de tabaco tras soltar un pequeño resoplido de desesperación. Su amigo, nada más tenerlo entre sus manos, sonrió con burla y lo partió en dos, para pasmo del otro muchacho.
- Es malo para la salud.- Fue lo que dijo el culpable de que el cigarrillo hubiese dejado de resultar útil.
Su amigo lo contempló durante un largo instante, con los ojos como platos. Y de pronto, lanzando un chillido de guerra, se lanzó contra Shaoran, embistiéndolo hacia atrás.
- ¡Es la última vez que me haces eso!-Exclamó el chico, sin dejar traslucir en su rostro si hablaba en broma o en serio.
- Claro…-. Ironizó el otro.- Como la vez anterior¿no?
Touya rió entre dientes, y volvió a abalanzarse contra Shaoran, que aquella vez, estuvo preparado y lo repelió con otro violento empujón.
No hacía falta ser un genio para saber que en una pelea, fuese amistosa o no, resultase el primer muchacho el ganador, la fuerza que poseía, la demostraba sin duda su trabajado torso. No obstante, Shaoran, al ser más bajo y bastante más rápido, resultaba ser un objetivo bastante complicado de atrapar y golpear en una lucha adolescente.
Las personas de alrededor se apartaron con presteza, acostumbrada a esas peleas de amigos en las que siempre acababan uno sobre otro, bien cubiertos de pintura, bien con ambas cabezas atravesando el lienzo de un cuadro inacabado.
No obstante, Sakura, tan concentrada estaba, que ni siquiera se percató que se había formado un círculo, cuyo centro, ocupado por Touya y Shaoran, la incluía a ella también.
Los dos chicos, animados por el resto de sus amigos, se abalanzaron de nuevo uno sobre el otro con ímpetu. Ambos, como consecuencia del golpe, salieron despedidos en sendas direcciones. Los gemelos pudieron sujetar al menos al segundo de ellos antes de que se estampase el trasero contra el suelo. No obstante, el otro no tuvo tanta suerte y trastabillando de espaldas, acabó por impactar contra Sakura, que, lanzando de nuevo otro de sus agudísimos chillidos, pintó sin querer sobre el lienzo una larga línea horizontal de color negro, que lo estropeaba por completo.
Se volvió, furiosa y con los dientes rechinando. Los ojos despedían rayos y truenos.
- Eh… esto…-. Comenzó a decir Touya, llevándose una mano a la nuca, sin saber realmente muy bien qué decir.- ¡Estabas en medio!
- ¿¡Qué?!- La muchacha, que se había esperado una disculpa de lo más sentida, abrió la boca de par en par, mientras su furia femenina comenzaba a provocar un terremoto en su cuerpo. ¡Dios¡Cómo odiaba a los chicos¿¡Es que ni siquiera eran capaces de decir lo siento como el resto de seres humanos?!- ¡Te has cargado mi cuadro¡Exijo una disculpa!
Touya intercambió una mirada con sus amigos antes de echarse a reír.
- ¿Exiges¿Tú?- Las carcajadas del muchacho, hicieron que el ceño de la chica se abatiera cobre sus ojos verdes, como nubes sobre el cielo.- No seas exagerado. Sólo era un estúpido cuadro.
Sakura no cabía en sí de indignación.
- ¿¡Un estúpido cuadro?!- Repitió, con timbre alto y estridente.- ¡Era mi cuadro y los había hecho con mis propias manos¡Discúlpate!
El chico no cesaba de reír, y aquello le estaba destrozando sus ya crispados nervios.
- ¡Señor Minami!- La voz del profesor sonó a miel en los oídos de la chica. Ahora vendría su turno triunfante, en el que castigaría a ese imbécil y éste, tendría que pedirle perdón delante de todos con la cara contorsionada por la vergüenza.- No arme tanto revuelo y limítese a coger un lienzo nuevo.
¿¡Eh?! Un momento. Ahí había algo que no cuadraba.
- Pero es que… mi cuadro…-. Comenzó a protestar, sin preocuparse por enronquecer la voz.
- Ha sido un accidente.- La cortó el hombre, sin moverse ni un ápice de su asiento.- Así que limítese en hacer lo que le he dicho.
Sakura se quedó pasmada, con la boca entreabierta y las manos apretadas, formando un par de puños deseosos de golpear a aquel profesor fofo y estúpido. A la próxima broma que le hicieran, pensaba participar activamente en ella.
- Venga, no te enfades, Nekito.- Le dijo afablemente Touya a la muchacha, sin borrar la sonrisa de sus labios. Sakura arrugó aún más el ceño. ¿Nekito?- Aún te queda tiempo para empezar otro.
Y dicho esto, en un amago amistoso, palmeó con ímpetu la espalda de la chica. No obstante, no controló demasiado su fuerza, y ella, que no poseía demasiada en eso de soportar ese tipo de golpes que no venían a cuento, se vio impulsada hacia delante, en dirección a los dos gemelos que sostenían un cubo enorme de pintura roja.
Soltó un tremendo grito y se cubrió la cara con las manos. Pero por desgracia, no sirvió de nada, porque el choque fue enérgico, y los dos chicos, sobresaltados, dejaron caer todo el contenido del recipiente sobre la cabeza de Sakura, que continuó resbalando hasta cubrir con un color carmín vivo todo el cuerpo.
Alzó los ojos al cielo. Aquello tenía que ser una broma. No podía estar pasando.
- ¡Si parece una compresa usada!- Gritó algún graciosillo.
Toda la clase saltó en tremendas carcajadas. Hubo algunos, que hasta acabaron revolcándose por el suelo, con las manos en el estómago y llorando descontroladamente.
- Vaya a la lavandería de inmediato, antes de que eso se seque.- Le aconsejó el profesor, que como anteriormente, no se había movido de su cómodo asiento.
Sakura asintió con la cabeza, notando como lágrimas luchaban por salir al exterior. No obstante, se contuvo. Bastante ridículo había formado ya en un solo día, y meter la pata de nuevo, podía ingresar en el Record Guiness de torpezas del colegio.
Salió de la clase con gesto vivo. Sin embargo, comprobó de reojo como Shaoran Li, sentado en una de las sillas, la contemplaba atentamente, con seriedad.
No pudo evitar sonreír interiormente. Quizás sí que había alguien que la aceptaba en aquel círculo de hombretones a mitad de desarrollo, brutos y sin una sola neurona rondando por sus cerebros.
Pero desgraciadamente, en cuanto cruzó el umbral del aula, se percató en seguida de que la seriedad con la que le había seguido con la mirada, no se debía más que porque…
- ¡La lavandería está por el otro lado!
La muchacha metió de una patada toda la ropa en la lavadora. Con el gesto torcido, sacó un par de monedas de sus bolsillos y las introdujo en la ranura. Después, echó un vistazo a las opciones de lavado, y de pronto, cayó en la cuenta de que no había puesto una en toda su vida.
La muchacha vaciló, sin saber qué elegir.
¿Agua fría, templada o caliente¿Algodón o seda¿Lana o poliéster¿Un solo color¿Varios colores¿Negro¿Blanco¿Qué tipo de detergente¿Suave, fuerte, extrafuerte, ultrafuerte?
Sakura se llevó las manos a la cabeza, desesperada ¡Por Dios¿¡Hasta lavar tres malditas prendas de ropa iba a resultar un infierno en aquel estúpido colegio?!
Bufando como un felino furioso, eligió las opciones al azar, y le dio la espalda con rabia al maldito aparato. De mala gana, fue a sentar en el banco que se encontraba en el centro de la sobria sala.
Ni siquiera se había llevado nada que hacer, y tendría que esperar por lo menos un buen rato a que aquello acabase.
Aburrida, comenzó a tararear una canción entre dientes, que poco a poco, fue adquiriendo letra, entonación y volumen.
Oops! I did it again
I played with your heart
And got lost in this game,
Oh,baby, baby…
Oops! You think I'm love
That I'm sent from above
I'm not that innocent
De pronto, un fuerte chasquido interrumpió la canción y el baile que estaba a punto de improvisar. Se volvió con brusquedad, pero no encontró a nadie tras ella.
Suspirando, volvió a girarse. No obstante, apenas tuvo tiempo de abrir los ojos desmesuradamente por la sorpresa, cuando una mano enorme y cubierta de vello oscuro, le cubrió la boca con violencia.
- Ops!- Se burló el desconocido, imitando vagamente el tono de la melodía que la chica había estado entonando hacía unos segundos. Debía de tener sus buenos dos años más, porque era tan alto como su padre y el doble de robusto que él. Su rostro, afeado además por una expresión lujuriosa que hacía tiritar a Sakura de miedo, era realmente repulsivo. Su cabello, muy corto, no ayudaba a disimular la desproporcionalidad que la cabeza guardaba con el cuerpo. Bajo un par de cejas demasiado pobladas, unos ojos pequeños y juntos, que bizqueaban un poco, recorrían el delgado cuerpo de la muchacha con ansiedad. Su boca, entreabierta y de dientes amarillentos, se abalanzó contra el cuello de Sakura, que comenzó a llorar desconsoladamente cuando notó como una arcada la convulsionaba de pies a cabeza.
- Eres muy guapo, nene.- Le murmuró aquel desconocido, sin despegar la boca de su piel.
Ella tan solo pudo gemir de miedo y cerrar los ojos, sin querer observar lo que seguramente vendría a continuación.
Y sí, la canción que cantaba Sakura era una de Britney Spears, no me matéis, pero me pareció la más indicada, ya que Sakura es en esta historia el estereotipo de chica mona y con dinero, aunque ya más adelante, veremos como cambiarán las cosas…
Y, como no, agradecer esa cantidad de reviews que tanto me han animado!! Sin embargo, por falta de tiempo me temo que no podré contestarlos esta vez. Sé que siempre lo hago, pero es que estoy metiendo este capítulo en el último momento antes de marcharme de viaje.
De todas formas, espero que sigáis mandando esos comentarios que tantos ánimos me dan.
Un fanfic con reviews es un fanfic feliz!!
Muchos besos!
RiMi.
