Abre tus ojos, tócame.
El regreso de Ginny había cambiado por completo los hábitos de la familia Weasley, los gemelos ya no dejaban sus cosas tiradas por la sala de la Madriguera, ni tampoco desordenaban nada; era del conocimiento de todos que Ginny, necesitaba que todo estuviese ordenado de la misma forma siempre, su condición lo ameritaba. Por otra parte, Ron estaba muy pendiente de ella, varias veces almorzaba a su lado y la acompañaba junto a Hermione a recorrer la ciudad, y por supuesto, Harry se veía directamente afectado por eso, pues él, siendo el mejor amigo de Hermione y Ron, era continuamente invitado a esas salidas, y por un lado, no podía negarse, y por el otro, él no quería hacerlo.
La verdad es que desde que la muchacha había vuelto a su hogar, las ganas de verla se habían hecho constantes, se sentía tan bien al escuchar su risa o al oír sus pasos premeditados y suaves junto al típico sonido de la perra Lilah a su lado. Aquel hermoso animal la seguía como si fuera su sombra, y todos en la familia trataban a la mascota como un integrante más, ya que era la mano derecha que Ginny utilizaba para guiarse.
Harry se había enterado que Ron se había enojado mucho con Hermione, y Ginny al enterarse de eso le había retirado la palabra a su hermano, cosa que le dolía. Sin embargo, Harry de alguna manera entendía perfectamente ambos puntos. Ron se sentía culpable por su estado y cualquier cosa que le pasara a la muchacha lo tomaría como su propia responsabilidad. Pero por otro lado había que ponerse en el lugar de Ginny, una mujer adulta que sabe manejarse en un mundo de colores que para ella es oscuro, no le iba a pasar nada si se quedaba sentada sola en ese restaurante mientras Hermione hacía unos trámites en una embajada cercana.
Pero no, Ronald siempre tendía a exagerar las cosas y ahora esa era la situación, con Ginny muy enojada con su hermano, un Ron tremendamente culpable y una Hermione triste.
Harry sentía que debía hacer algo; por ello estaba allí, en la Madriguera, yendo a ver a Ginny para hablar con ella, e intentar convencerla de solucionar todo.
El chico aún no se podía acostumbrar a su sonrisa luminosa, a pesar de estar de vuelta ya hacía casi dos meses, él aún no se apegaba a su fácil humor. Sin embargo ella lo trataba con una total confianza, como si fuera un hermano más.
- Hola señora Weasley.
- ¡Harry, querido!- Molly abrazó al chico al abrir la puerta de entrada-. ¿Qué te trae por aquí?
- Aprovechando que el día está bastante agradable he decidido darles una visita- Molly cerró la puerta y se dirigió con el chico hacia la sala.
- Ronald no está aquí, dijo que este fin de semana no vendría.
- Lo sé- Molly le sonrió con tristeza comprendiendo un poco más.
- ¿Entonces cuál es la razón de que estés aquí?
- La verdad es que vengo a hablar con Ginny, no soporto ver a Ron y a Hermione enojados, ni tampoco que anden como fantasmas por la vida- guardó silencio un momento, esperando a que la mujer dijera algo.
- Te entiendo, yo he intentado hablar con ella pero no me hace caso- suspiró-. Sé que le caes bien, las veces que han salido los cuatro juntos ha vuelto muy feliz- se dirigió a la cocina seguida del chico.
- Por eso pensé, que tal vez…
- No perdemos nada con intentarlo, ¿no?- la mujer sonrió afable y señaló por la ventana de la cocina a la chica que estaba sentada en un pequeño banco de madera.
- Gracias- Harry le sonrió y caminó hacia la chica que estaba en silencio.
Harry no pudo evitar extrañarse al verla tan tranquila, la mujer estaba junto a Lilah y no se percató de él hasta el momento en donde la perra quiso saludarlo con alegría, el animal ladró en forma de bienvenida.
- ¿Quién vino, bonita?- preguntó Ginny quitándose lo auriculares del oído, pues estaba escuchando música.
- Soy yo, Harry- la mujer le sonrió girándose hacia él, y Harry se sorprendió al verla por primera vez sin anteojos oscuros.
- Hola Harry, ¿cómo has estado?
- ¿Puedo sentarme a tu lado?- ella sonrió moviéndose a un costado, dándole lugar.
- ¿Qué haces por aquí un día sábado? Al menos imaginaba que pasarías la tarde con alguna amiga de esas que tienes- Harry se rió.
- Pues te equivocas, no tengo ninguna amiga con quien pasar la tarde en este momento.
- Que raro, me pareció escuchar el otro día en la radio que te vieron saliendo con una modelo conocida.
- Tú hablas de Romilda, pero es sólo alguien a quien pocas veces he visto, hemos comido alguna que otra vez pero nada más- él estiró las piernas una vez estuvo sentado a su lado-. Lo que dicen de mi en las noticias son todas mentiras, tan sólo mis amigos saben con quien salgo.
- Al menos ellos lo saben- acarició distraídamente a Lilah tras las orejas-. ¿Entonces qué te trae por acá?
- Pensé que tal vez tú lo sabrías- ella sonrió curvando sus labios.
- Puedo imaginármelo- suspiró-. Pero no creo que te sirva de algo.
Harry no quiso replicar, prefirió observar como ella mantenía los ojos cerrados escuchando en silencio algo de lo que de seguro, él no se podía percatar.
- ¿Por qué no?
- Porque Ron siempre va a ser igual, nunca va a cambiar, pensé que tal vez con estos años separados, si lo haría, pero al parecer fue peor- la sonrisa se había borrado de su cara.
- Todos estos años que has estado lejos fueron como un suplicio para él…- dejó escapar un suspiro mientras buscaba las palabras para continuar-. No te voy a mentir ni tampoco quiero adornarte las palabras.
- Yo quiero que sean sinceros, mi cabeza funciona bien- dijo algo ofendida frunciendo la boca-, simplemente soy ciega, eso no significa que no pueda hacer nada por mi misma- acotó con amargura.
- Y te comprendo, pero debes comprenderlo a él.
- Yo he tratado de hacerlo recapacitar muchas veces- lo interrumpió.
- Y no eres la única, toda tu familia, Hermione y yo se lo decimos, lo animamos, pero él no nos hace caso.
- Es un tonto…
- Pero te quiere Ginny, te quiere y por eso hace todo esto, por eso te cuida tanto.
- Tú no entiendes…
- Si te entiendo.
- Jamás has estado ciego…
- Pero fui el elegido- ella no le dijo nada por lo que él continuó-, créeme que de alguna manera te comprendo- guardó silencio-. Sé que muchos esperan cosas de ti que no son lo que ellos piensan, en tu caso imaginan que necesitas de ayuda, de alguien siempre a tu lado, y no es así. No somos lo que aparentamos, eso lo tuve que aprender a la fuerza, ni tampoco somos lo que los demás esperan.
- Lo sé.
- Deber entender que para él es difícil verte así.
- ¿Crees que estoy siendo muy dura con él?
- Tal vez sí…
El silencio se interpuso entre la charla un poco tensa que estaban teniendo, sin embargo no fue uno de esos momentos incómodos en donde alguno de los dos deseaba irse, todo lo contrario, el silencio era compartido, era un llamado a la reflexión, algo que ambos andaban necesitando.
- Realmente ya no entiendo nada. Nunca fue fácil hacerle comprender a los demás que yo estaba bien, porque así lo estoy- sonrió con tristeza.
- Se te nota contenta, como renovada… No eres la misma persona que eras cuando te fuiste a Francia.
- Fleur tuvo mucho que ver en eso, ella fortaleció el vínculo con mi misma, le debo mucho.
- Recuerdo que con Hermione no la querían- ella sonrió con complicidad dirigiendo su atención hacia donde estaba el chico.
- Era la novia de mi hermano mayor, era normal que nadie en la casa la quisiera- dijo divertida-. Pero realmente es una mujer muy buena, una gran persona…- la sonrisa sincera que adornaba su rostro era enorme-, ella me llevó el primer día a la universidad ¿sabes?, me ordenaba la ropa por colores y yo podía vestirme sin pedirle ayuda a ella. Hasta me enseñó a maquillar- rió-. Fue un importante pilar para mí en estos últimos cinco años.
- ¿La extrañas?
- Demasiado… pero creo que era hora de que disfrutara de su maternidad, conmigo no era lo mismo.
- Dudo mucho que hayas sido una carga para ellos.
- Sé que no, ellos jamás lo pensarían así. Pero yo me sentía como que estaba de más, y de alguna manera era hora de alejarme e intentar recomponer mi vida en el lugar donde nací, era lo que necesitaba.
Molly los llamó a comer luego de un rato, y Ginny muy gustosa aceptó el brazo que le ofreció Harry para guiarla. Lilah de alguna manera comprendía la ayuda que era él para su dueña, ya que la mascota, totalmente despreocupada, comenzó a correr libre por el campo persiguiendo unos cuantos pajaritos que se paraban a comer el maíz con el que Molly alimentaba a las gallinas.
La mano de Ginny era suave y cálida, lo tomaba con firmeza y seguridad, demostrándole la confianza que le tenía, todo lo que depositaba en él y Harry de alguna forma se sintió conmovido.
El almuerzo fue tranquilo, siendo divertido con anécdotas francesas y de Quidditch que tanto Harry como Ginny intercambiaban. Molly había preparado un improvisado postre de crema y chocolate que Harry comió con ganas y Ginny sólo aceptó un pequeño plato, pues debía cuidar un poco su figura.
- Mi madre cocina demasiado, y ya tengo unos pantalones que me quedan algo ajustados- comentó riendo, colocando su cabello a un lado.
- Pues como estás, estás bien, y unos kilos de más ni se te notarían- ella se sonrojó un poco-. ¿Por qué siempre usas anteojos oscuros? Ahora no los llevas puestos y tu rostro se luce mucho mejor.
- Nosotros, las personas ciegas, al no ejercitar la vista ni la ubicación, con el tiempo de alguna manera perdemos la coordinación de ellos- murmuró-, y no queda muy agradable a la vista.
- Pero tus ojos son normales, hasta siguen teniendo color.
- El medimago me dijo que era algo que solía ocurrir, pero que podía cambiar de un día para otro. Yo ya era algo grande cuando perdí la vista, por ello es algo más retardado ese proceso, lo aprendido es algo complicado de perder. Pero no sé… de alguna manera es lo que me corresponde…
- Yo no lo creo así.
- ¿Cómo?
- Que no lo creo así, no porque no puedas ver, debes condenar a los demás a no poder verte por completo. Déjame decirte que eres una chica muy linda y es una lástima que no te muestres tal como eres a los demás.
- Pues gracias, dices cosas muy lindas- dijo Ginny levantándose de la mesa, tomando su pequeño plato de postre para dejarlo sobre la mesada.
Los dos caminaron hacia el parque y se volvieron a sentar en ese pequeño banquito. En las horas que pasaron hablaron de la vida, de la música, de la familia y sobre todo lo que esperaban para el futuro.
- La música es mi vida, es lo que yo puedo hacer, en lo que estoy calificada.
- ¿Nunca intentaste hacer otra cosa?
- De pequeña siempre tuve diferentes sueños, quería jugar al Quidditch, adoro ese deporte. Cuando alguno de mis hermanos me lleva a andar en escoba, me siento tan a gusto… es una lástima no poder ver el hermoso paisaje que seguro hay al frente. Otra cosa que me encantan es la indumentaria, las telas son tan lindas, tan suaves al tacto… siempre le robaba a mamá retazos de tela y le hacía ropa a mis muñecas, era algo que me fascinaba- Harry observaba como Ginny hablaba y se expresaba, y se sorprendía cada día más de la fortaleza que ella tenía.
- Todavía puedes hacer muchas de esas cosas, yo si quieres te puedo llevar a volar las veces que quieras, eso sí, la costura no es lo mío, así que paso- Ginny rió divertida.
- Ya lo sé, pero eso ha quedado en el pasado, mi presente es la música- suspiró-. Aunque no te niego que hay veces que me gustaría hacer esas cosas por mi cuenta.
Hablando de un millón de cosas se pasaron la tarde, comiendo las galletas que Molly había cocinado y tomando zumo de naranja mientras los pájaros cantaban sobre los árboles.
Ron llegó a la hora de la cena, junto a su novia. Harry les había avisado que estaría en la casa, pero ellos no estaban preparados vara ver tanta familiaridad entre Harry y Ginny.
- ¡Buenas noches, familia!- exclamó Ron.
- ¡Al fin han llegado!- exclamó Molly Weasley con las manos en la cintura-. ¡No quería tener que volver a calentar la comida!
- Lo sentimos Molly, lo que pasa es que hemos pasado por una heladería- dijo Hermione mostrando la bolsa que llevaba en sus manos.
- ¿Han traído helado?- indagó Ginny siendo ayudada por Harry a levantarse.
- Y de tus gustos favoritos- respondió Ron tomándola por los hombros y dándole un beso en la mejilla.
- ¡Genial!- Hermione miró brevemente a Harry y el chico le respondió a su pregunta muda con un asentimiento.
- Harry, acompáñame a la cocina, así mantenemos el frío del helado- Harry siguió a su amiga dejando que Ron y Ginny se quedaran solos en la sala.
Ron miro a su hermana, aquella pequeña niña con la nariz y las mejillas llenas de pecas que siempre lo seguía siendo pequeña, y que ahora estaba mucho más alta y más adulta que hacía más de quince años atrás.
- Ginny…
- No hace falta Ron- la pelirroja tomó su mano con cariño-. No quiero pelear más contigo.
- Lo siento…
- Perdóname tú- Ginny se sentó en el pequeño sofá y lo instó a su hermano a que haga lo mismo.
- Trataré de no ser tan sobreprotector contigo…- Ginny le tomó el rostro con las manos e intentó que la mirara a la cara.
- No tienes que serlo, yo aprecio que me cuiden, me gusta que lo hagan. Pero Ron, no me va a pasar nada… créeme cuando te digo que puedo conmigo misma- sonrió-. Me costó mucho hacérselo entender a Bill, y creo que fue algo que jamás logré a pesar de que Fleur intervenía constantemente…
- Tú estás así por mi culpa…
- Nadie tiene la culpa…- lo abrazó-. Estoy cansada de hacértelo entender- suspiró.
- Ginny.
- Gracias por cuidarme tanto- lo besó en la mejilla-. Ahora vamos a comer que sino mamá nos matará, sabes lo pesada que se pone… Y por favor, deja de hacer enojar a Hermione, ella quiere lo mejor para ti.
Ron se quedó viendo como su hermana caminaba hacia la cocina, tomándose de las paredes para no llevarse nada por delante. Con frustración se llevó una mano a la cabeza y luego se talló el rostro nervioso.
Nadie le quitaría esa culpa que él llevaba encima, aunque todos dijeran que no había sido así.
¿Hay alguien ahí? era hora que actualizara esta historia así que estoy poniendo manos a la obra. Este capítulo no dice mucho pero los próximos se pondrán mejores. Los capítulos no serán muchos, tengo planificados unos cuantos más, y prometo actualizar pronto, al igual que la otra historia.
Los adoro, Jor.
