Capítulo 2: Piénsalo.
Estaba irritado hasta el punto de asustar a los chiquillos de primero con su sola presencia, y poniendo nerviosos al resto de su Casa. Pero cualquier otro estaría hirviendo en rabia. Así que se permitía mirarlos rencorosamente por el solo hecho de existir en ese minuto.
¿La razón?
Había logrado salir de ese patético intento de hacerse de su simpatía por parte de Slughorn, solo para, desgraciadamente, caer en el único compartimiento que ocupaban Malfoy y sus lacayos. El único que ofrecería cierta quietud. O eso creyó en el trágico lapso que decidió encaminarse y sentarse a lado de Vincent Crabbe.
— ¿Hmm...? ¿A qué se debe que el gran Zabini ha decidido introducirse a nuestro alto dominio? —espetó Malfoy abriendo apenas un ojo para mirarle, recostado a lo largo de dos asientos y siendo muy bien mimado por Pansy Parkinson.
— Nada que requiera de tu incumbencia —cortó Blaise, cruzándose de brazos y mirando despectivamente al resto de los ocupantes.
Malfoy solo sonrió mordazmente, encogiéndose de hombros. La única chica, Pansy, solo giró sus ojos en gesto exasperado, gran logro, teniendo en cuenta los pesadamente maquillados parpados.
— Te ves alto —aportó Crabbe. Encogiéndose de hombros cuando Parkinson soltó una risita y la sonrisa de Malfoy que se transformaba en disgusto ante la simplicidad de su "guardaespaldas".
— Y más apuesto —agregó la chica—. No más que Drake, claro.
— ¡No me pongas ridículos nombrecitos! —gruñó el aludido—. Búscate un Gryffindor que esté dispuesto a humillarse. Con lo desagradablemente caballerosos que son, no será difícil.
— ¿Y dejarte, querido? ¡Nunca! —rio ella.
— ¡Tienes suerte! Nunca obtendrás algo mejor.
Blaise dio un profundo suspiro, resistiendo las ganas de maldecirlos. No desperdiciaría magia. No valía la pena.
No le gustaba el ruido, la algarabía y platicas superficiales. ¿Es que acaso no lo advertían? Siempre se encargaba de hacerles entender. Una mirada de "No me hables. No me mires. ¡Es más! No respires en mi presencia". No era arrogante (que ellos lo interpretaran así era su problema), no molestaba a nadie, no incitaba atención alguna. Sencillamente amaba el silencio. Él lo sabía, lo aceptaba y lo "expresaba"... ¿Y aún así piensan que el ser de su Casa, Slytherin, les da el derecho de acercársele?
Se preguntaba nuevamente por qué escogió éste compartimiento.
No es que tuviera muchas opciones. Todos los compartimientos estaban llenos y el suyo había sido invadido. Solo algo interesante había salido de eso: La aparición de Harry Potter. Pero ni eso impedía que las irritantes miradas que lanzaba la chica Weasley le enervaran. No podía evitarlo, las mujeres le sacaban de quicio.
— Trata de ser sociable al menos por unos momentos, Blaise —endulzó Parkinson, dando poca importancia a la familiaridad (la cual no se le dio) con la que le hablaba—. Te miramos entrar en el compartimiento del nuevo profesor de Defensa, creo yo —pausó, buscando la dudosa conformación de Malfoy—. Me pareció también ver a McLaggen y Belby, antes de que los perdiéramos de vista.
— Nada que diga será diferente a lo que has asumido —refutó Blaise. Si no lo hacía, la chica lo tomaría como señal de continuar la conversación.
— Vi a la chica Weasley entrar también —habló de pronto Gregory Goyle. Dudando un momento ante la mirada incrédula de Malfoy—, después pasaron Potter y Longbottom.
— ¿Y hasta ahora se te ocurre decirlo? ¡No, olvídalo! No digas nada —saltó Malfoy, un gesto resignado en su pálido rostro—. ¡Zabini! ¿Quién más estuvo presente?
Blaise ni se inmutó ante la demanda. Ni siquiera cuando Crabbe Y Goyle se giraron en sus asientos, automáticamente amenazantes ante el tono de su "jefe".
— ¿Esperas que te repita lo que han dicho Parkinson y Goyle?
Y pesé a que su tono había sido condescendiente, las palabras en sí se dieron entender ante Malfoy como un insulto. Los dos restantes muchachos, y chica, parecían retener su aliento ante el alarmante aumento de color en la cara del Heredero Malfoy. Blaise, por su parte, miraba desafiante a los ojos grises. Hasta que éste último apartó la mirada con un gesto soberbio, tratando de salvar un poco de dignidad ante su clara derrota.
Nunca lo admitiría, pero sentía cierto respeto por Zabini (nunca lo llamaría miedo), y si los rumores hacían justicia sobre Lady Zabini, no desceraría averiguar si el chico frente a él tenía algo que ver con las dudosas muertes de sus padrastros.
— ¿Y por qué razón invitaría a Longbottom? ¡Es un inútil! —dirigiéndose a Parkinson, pero mirando de reojo a Zabini.
— Ni idea —se apresuró a decir la chica—. Tal vez ese profesor no sepa ver las alimañas que juntó- S-sin ofender, Blaise.
Blaise se rehusó a decir más. El resto del viaje fue relativamente irrelevante y cuando finalmente había logrado encontrar un lugar libre de chicos inquietos, se sentó a la mitad de la mesa de Slytherin, enfrentando la mesa de Gryffindor y frente al Trío Dorado. Cosa que no le sorprendía, los chicos de mejores familias, o sobresalientes, siempre se sentaban en medio de cada mesa. No dudaba que el mismo Trío Dorado no se daba cuenta de su estatus social. Los Gryffindor podrían llegar a ser muy densos.
Y siendo que no todo salía bien en la vida, el grupo de Malfoy había decidido sentarse a su alrededor, Crabbe y Goyle a sus lados y el rubio frente a él, con Parkinson a su lado, bloqueando parcialmente la vista de los Gryffindor. Cosa que no impidió poder tener una perspectiva del Chico-Que-Vivió de todos modos.
Al parecer no había sido lo suficientemente cruel o grosero, si es que la placentera expresión del rubio (probablemente al ver que muchos alumnos los miraban) decía mucho. No deseaba un escándalo, así que los dejó ser. Por el momento.
— ¿Entonces no piensas terminar Hogwarts? ¿A solo dos Cursos? —inquirió Goyle, supuestamente con disimulo, pero Blaise lo pudo escuchar claramente y, por supuesto, los Gryffindor sentados detrás de ellos. Que figuraba, eran Finnigan y Thomas.
Inclinándose hacia adelante en un esfuerzo por ser discreto, Malfoy sonrió con un aire de superioridad, mirando más a Blaise, tratando de obtener una reacción diferente a la apatía que mostraba.
— ¿Para qué? Al Lord Oscuro no le importan que tantos títulos obtenga alguien, si lo único que requiere es completa lealtad y eficiencia ante sus servicios.
— Si no tienes los suficientes títulos que califiquen tu eficiencia, ¿cómo piensas probarte ante él? —interrumpió Nott, sentado justo al otro lado de Malfoy y atraído ante lo "misterioso" que se estaba poniendo esa zona de Slytherin—. No es como si sobresalieras en algo en particular.
— Tal vez lo que requiera que hagamos no necesita de mucho. Tal vez sea algo para iniciar y comenzar a tomar experiencia —siseó quedamente, indignado ante el atrevimiento del chico. Pero no hizo nada al respecto. Nott era de una respetable familia y su padre era uno de los mejores entre el Circulo del Innombrable. O eso le había avisado Lucius Malfoy.
Blaise ya había tenido suficiente de escucharles, y cruzándose de brazos se dirigió al rubio. Una cosa eran las pláticas superficiales, y otra meterse en terrenos peligrosos como el Lord Oscuro. Justo a la mitad del Gran Comedor.
— Entenderás que si estas sentado aquí, fue por cuenta propia. Y sabrás mi posición en esta absurda conversación, obviamente —no esperó respuesta, contemplando el cambiante clima que mostraba el techo encantado.
Tomando en cuenta que ya estaba acostumbrado a las presunciones de Malfoy, el hecho de convertirse en un Mortífago antes de salir de Hogwarts era la más estúpida idea que se le pudo haber ocurrido. Pero, si bien el chico era un boca-floja, siempre lo hacía con motivos. Eso significaba que: ó su madre estaba ansiosa por enmendarse ante los ojos del Innombrable, poniendo a su propio hijo como referencia para un nuevo Circulo de seguidores; ó el mismo Lord había decidido sustituir al Sr. Malfoy con el hijo.
El resto de de los chicos de su curso estaban claramente impresionados, pero Blaise no podía evitar sentirse intranquilo ante el fanatismo que difícilmente ocultaba Malfoy ante su cercana conversión a finales del sexto curso. Algo le decía que no era solo una incorporación a los Mortífagos.
Parkinson, sentada al lado de Malfoy, no dejaba de mirarlo con adoración, colgada de su brazo y mostrando ostentosamente la posición que muchas chicas (y ciertos chicos) envidiaban. Crabbe y Goyle solo miraban ávidos a sus platos vacios, esperando con obviedad el banquete. Nott parecía divertido, y solo elevó las manos en son de paz cuando Blaise se volteó a verlo.
— Mi madre dijo que habrá una reunión de Navidad éste año en tu casa, Draco, y solo selectivas figuras podrán ir, ¿o me equivoco? —continuó Nott.
Y Malfoy no aguantándose las ganas de regodearse de nuevo, se lanzó en una extensa habladuría.
Blaise decidió mejor hacer lo que últimamente se había convertido en su pasatiempo favorito: Observar a Harry Potter.
Y, para su asombro, el chico ya le estaba mirando a él. Algo que no comprendía del todo, pues usualmente el Gryffindor solo miraba a su mesa cuando deseaba fulminarles con una furia que solo rivalizaba a la de Snape, o en todo caso, siempre se dirigía hacia Malfoy. Y puesto que Malfoy no había salido del compartimiento para mermarles la vida a la demás populación, suponía que no había un enfrentamiento aún.
Giró su cabeza en un ángulo más conveniente, vislumbrando mejor como esas esmeraldas no le perdían de vista. Tal vez buscando algo, ¿el qué? No lo sabía, pero se dejó observar abiertamente. No tenía nada que ocultar, ninguna mala intensión en verdad. Así que, ¿por qué no aprovechar la oportunidad?
— ¿Tú nueva fascinación? —interrumpió Nott, casi en murmullo, y gracias al ruido que todos los alumnos hacían, nadie más que ellos dos lo escucharon.
— ¿Y si así fuera? —retrucó, no apartando la vista de su objetivo.
— Ningún problema. Solo preguntaba —aplacó de nuevo. Dándose cuenta que ése año tampoco sería en el que Blaise Zabini comenzaría a ser social.
— Bien por ti.
(0oOo0)
— ¿Harry? Aun no nos has dicho que dijo Slughorn.
Con un parpadeo, Harry dirigió con dificultad su atención hacia Hermione.
— Humm... No lo sé —dijo, algo avergonzado, pues había estado muy ocupado en esos momentos.
— Quería preguntarle qué había pasado en el Ministerio —explicó Neville, sonriendo tímidamente ante la mirada agradecida de Harry.
— ¿Enserio? Pues no es el único —intervino Ron, exasperado—. Todo mundo anda loco queriendo saber si eres el "Elegido" o no. Son un fastidio.
Hermione asentaba su cabeza en acuerdo. Mirando sobre su copa de jugo como el fantasma de la Casa de Gryffindor flotaba hacía su dirección. Al parecer les había escuchado.
Nick Casi Decapitado ofreció su propia opinión, haciendo enrojecer a Harry con sus dramatizados alegatos de ser su más fiel confidente, el cual decía preferir morir antes de traicionar su confianza. Aunque no duró mucho, pues Ron había abierto la boca para aportar lo muy muerto que ya estaba.
El fantasma se había ido completamente insultado, murmurando entre sus dientes y pasando por encima de Dumbledore, justo cuando éste se paraba para comenzar su discurso de bienvenida.
Y cuando sus brazos se extendieron abiertamente, muchos se dieron cuenta lo ennegrecida que lucía su mano derecha, causando que el silencio que se había establecido anteriormente se quebrara en murmullos que recorrían cada Casa.
— Nada de qué preocuparse —conformó el Director, una pequeña sonrisa en su cansado rostro y cubriendo delicadamente la herida—. ¡Sean bienvenidos los nuevos estudiantes! ¡Bienvenidos de nueva cuenta nuestros ya residentes estudiantes! Otro año...
— ¿Qué le pasó a su mano? —preguntó Hermione a Harry, luciendo entre escandalizada y enferma.
— No lo sé —dijo Harry, lanzando una mirada preocupada al Director—. Ya estaba así cuando me recogió de los Dursley. Para éste momento debería de haber estado curada, ¿no?
Hermione se mordió la uña en gesto pensativo.
— Tal vez, pero he leído que algunas maldiciones no se pueden curar...
—...muy complacidos de recibir a un nuevo miembro en el equipo de maestros, el Profesor Slughorn, es un colega mío que ha accedido a reasumir su puesto de Maestro en Pociones.
Harry, quién iba a preguntar más sobre las posibilidades de la herida, giró rápidamente la cabeza para mirar con sorpresa a la regordeta figura de Slughorn, quién sonreía abiertamente. Cosa que le parecía irracional. Pues en vez de darle la bienvenida, todos los alumnos se pusieron a murmurar entre ellos. La palabra pociones repitiéndose por todo el Gran Comedor.
Palabra que Harry musito bajamente, siendo correspondido con las miradas agitadas de Ron y Hermione. Con el entrecejo ligeramente fruncido miró al Director, esperando a que éste dijera que era un equivocación, si Slughorn era el Profesor de Pociones, ¿entonces quién-?
— Mientras tanto, el Profesor Snape tomará el puesto de Defensa Contra las Artes Oscuras...
En contraste con el ruido que provocó la posición de Slughorn, la declaración de Snape obteniendo su anhelada (obsesiva, diría Harry) posición de Defensa, causó un silenció tan ensordecedor que Harry hasta sintió que su respiración era estruendosa.
Se paralizó, mirando con incredulidad como Snape solo saludaba hacia sus Slytherin, los cuales aplaudían reservadamente (hasta Malfoy lucía sorprendido). Sintió su garganta seca, su interior estaba todo dispuesto a gritar una resoluta negación. Pero algo le hizo arriesgar una mirada a la mesa de Slytherin por segunda vez, chocando con los marrones ojos de Blaise Zabini. Sintió que su estomago daba un salto y la ardiente indignación disiparse a cada segundo que mantenía sus ojos en la relajada expresión en ese rostro oscuro. Juraba que el Slytherin lo hacía a propósito. Cada vez que lo miraba, Harry sentía una avalancha de emociones que aun no sabía si eran malas o, tal vez, buenas.
Sintió un jalón en su manga, haciéndolo mirar al responsable.
— ¡Pensé que habías dicho que Slughorn sería el profesor de Defensa! —recriminó Hermione.
— ¡Eso creí! —siseó Harry, molesto más por el momento que se rompió que por la acusación de la chica, cosa que le sorprendió de nueva cuenta.
Hermione presionó sus labios en una fina línea, claramente afectada ante su tono. Pero Harry no encontraba el deseo de disculparse. ¡No era su culpa que Dumbledore no le hubiera dicho nada! Asumió lo más lógico del momento, el puesto de Defensa Contra las Artes Oscuras siempre era el que se ocupaba cada año con el nuevo profesor.
—...Voldemort y sus Mortífagos están ganando fuerzas —continuaba Dumbledore, elevando su voz para acallar los murmullos—, por eso, más ahora que nunca, tenemos que unirnos...
— Es más fácil que nos pida que nos hechicemos los unos a los otros —comentó Seamus en voz baja. Todo el comedor había resumido el silencio a medida que el Director continuaba.
— ¿Por qué Zabini te está mirando? —dijo de pronto Ron. Causando que los que estuvieran a su alrededor miraran hacia la mesa de las serpientes.
Y de hecho, Blaise Zabini sí le miraba. En ningún momento dando a entender que él era ahora fulminado por los demás Gryffindor.
Harry sintió la sangre agolparse en sus mejillas, y se encogió en su asiento. Hermione, olvidándose de su enojo, volteó rápidamente hacia el chico de piel oscura, parpadeando en confusión cuando éste no mostró signos de "haber sido atrapado en el acto". Al contrario, parecía mirar con más insistencia hacia su amigo.
— Si, Harry, ¿acaso le has hecho algo? —dijo ella.
Dicho chico se enderezó en su asiento y le lanzó una mirada irritada.
— ¿Por qué siempre tengo que ser yo haciendo algo imprudente?
—...sé que su máxima prioridad es el estar bien descansados para sus lecciones de mañana —les llegó la voz de Dumbledore, interrumpiendo lo que pudo haber sido una acalorada discusión—. Entonces, permitámonos decir buenas noches. ¡Pip pip!
Hermione sacudió la cabeza un poco en desaprobación, dando una última mirada (esa que daba a entender "esto aún no ha terminado") se levantó para dirigir a los de primero a la Torre de Gryffindor. Mientras Harry se colocaba en una esquina, esperando a Ron, quién había decidido quedarse, más curioso que preocupado.
— ¿Y entonces? —preguntó el pelirrojo, asegurándose de que el Comedor estuviera casi vacío—. Sé que no has hecho nada. Hermione puede ser muy sospechosa cuando se trata de los Slytherin y nosotros.
Harry se sintió aliviado de saber que al menos uno de sus amigos le comprendía.
— Solo nos encontramos, ni siquiera hablamos... mucho —empezó a explicar. Y era cierto, no habían hablado en sí. Al menos no él, pensó, sonrojándose y bajando el rostro para que no se notara—, nada fuera de lo común. De hecho, Slughorn fue la razón-
— ¿Slughorn? ¡Oh! ¿La fiesta?
— Sí. Él nos presentó.
— No dijo nada malo, ¿verdad? —preguntó Ron, luciendo de pronto agresivo.
Harry le miró, pensando por unos segundos.
— ¿Zabini? No, en ningún momento —dijo él, algo sorprendido—. De hecho fue... amable —terminó, aclarándose la garganta, incomodo ante la mirada confusa de su amigo.
— Oh, bueno, ¿no crees que sea algo que tenga que ver con tu Ya-Sabes-Quién? —Dijo, mirando a sus alrededores como si esperara que algo saltara de las sombras ante sus palabras—. Tú sabes, fingiendo ser amable para luego mostrar sus feos colmillos y-
— ¡NO! —exclamó vehemente Harry, para luego bajar la voz. Varias cabezas se habían girado a verlos. Aunque no dándose cuenta de los expresivo que había sido. Ron si lo notó—. No creo. Si Voldemort quisiera llegar a mí, sería a través de alguien que no sea Slytherin. Es absurdo.
Y antes de que Ron dijera algo, Hagrid les interrumpió, informándoles con entusiasmo sobre el nuevo hogar de su medio-hermano Grawp, y recordarles sobre su clase. Se retiró poco tiempo después, el tiempo suficiente como para que la conversación anterior se olvidara. Por el momento.
— No pienso tomar su clase —exclamó resolutamente Ron—. ¿Nos vamos ó piensas quedarte otro poco?
Harry sonrió débilmente.
— Vamos-
— Harry Potter —habló de pronto una voz a sus espaldas.
Harry se giró para encontrase con Blaise Zabini, el cual ni prestó atención cuando el pelirrojo se colocaba al lado del pelinegro.
— ¿S-sí? —alcanzó a decir, sintiéndose orgulloso al no atragantarse. En realidad le ponía muy nervioso estar al lado del Slytherin.
— ¿Podríamos hablar un momento? Solos —dirigiendo una mirada fugaz hacia Weasley.
— Claro —dijo, sorprendiéndose a si mismo e interrumpiendo la clara protesta de su amigo¬—. ¿Te alcanzo luego...? —mirando a Ron.
Ante el titubeo y molestia del pelirrojo, Blaise trató de pacificar la situación (nadie más que él lo sabía. Nunca expresaba nada físicamente):
— Juro que no le hare nada, Weasley.
— Sí, claro —dijo éste, sarcástico—. Te he visto algunas veces con Malfoy. ¿Acaso él te mando a molestar a mi amigo?
— ¡Ron! —Amonestó Harry, disculpándose con una mirada rápida hacia el Slytherin y volviéndose con renovado enfado hacía su amigo—. Ya te había dicho, ¿no? Ya habíamos hablado esto hace unos instantes. Creí que ya lo habías entendido.
— ¡Oh, vamos, Harry! Nunca dije que estaba de acuerdo. ¿No me dirás que ahora confías en un Slytherin?
Harry, volviéndose más molesto ante la terquedad del chico, se alejó un poco, obligando a Ron a seguirle, con una nueva disculpa ante la inquebrantable vista de Zabini.
— ¡¿Estás loco?! —siseó, mirando fugazmente sus alrededores—. Si te dije lo de Zabini fue porque confiaba en que no harías un escándalo de esto. ¡Solo hablamos, por Dios!
— ¿Y a ti qué te pasa? — pregunto incrédulo. Ron lo miró, luego a Zabini, y de regreso a su amigo —. Hace poco hechizarías a cualquier Slytherin que se atreviera a acercarse mucho.
Harry se encogió de hombros nerviosamente.
— Algo me dice que no es peligroso —mirando la imponente y bien formada figura (la capa de Slytherin no escondía mucho), Ron le mandó una mirada escéptica. Harry, sintiendo un sonrojo llegar, soltó apresuradamente—: ¡Bueno! ¡Mis instintos no me dicen que me vaya a maldecir al segundo que me dejes con él! Al menos confía en que podré defenderme si algo llega ocurrir-
— ¡Harry! ¡La última vez que tus instintos reaccionaron terminó en problemas!
Ambos se congelaron. Ron en pánico y Harry profundamente pasmado. Para convertirse velozmente en dolor y, por último, una frialdad que congeló cualquier disculpa apresurada que pudiera haber arreglado tan abismal desliz.
— No te preocupes, Ron —dijo Harry, su tono igualmente de frío—. Te prometo que nadie morirá por mi cuenta ésta vez.
La implicación era estridente, y Harry se sintió devastado (se rehusaba a mostrarlo), apenas notando el movimiento que implicaba que alguien se colocaba detrás de él. Tan cerca, que sentía la cálida respiración chocar contra su de pronto frío cuerpo.
— Lo s-siento —murmuró Ron, dando un último vistazo hacia el Slytherin. Notoriamente sobrepasando a Harry en altura y con lo bien formado que estaba, Zabini parecía rodear a su amigo en un aura que exudaba protección. Algo que le extrañó, pero no por eso disminuyó su recelo—. No se te ocurra lastimarlo.
— No más de lo que tú has hecho —devolvió Blaise, imperturbable. Sintiéndose complacido cuando el pelirrojo se agitaba ante su agresividad.
Harry ni si quiera intervino en su defensa. Y antes de que empeorara el asunto, Ron decidió irse, no sin antes disculparse de nuevo, su tono volcando tanta culpa que Harry estaba por hablarle. Pero se detuvo cuando una grande y cálida mano tomo la suya por detrás. Entrelazándolas.
— Deja que él arregle esto —susurró Blaise, sus labios casi rozando el suave cuello frente a él—. No es tú culpa que no sepa medir sus palabras.
Harry tembló, sintiéndose la sensibilidad de su piel cada vez que el Slytherin respiraba. Extrañamente, no se separó, de hecho lo disfrutaba en sobremanera y no le importó que estuvieran en un lugar tan público. Aclarando su garganta, trató de no dar a notar lo afectado que lo ponían las acciones del chico levemente reclinado en su espalda. ¡Sin olvidar esa fuerte mano envolviendo la suya!
Solo que en su interior, las palabras de su amigo aún resonaban dolorosamente. Sirius, su padrino, había muerto en el curso pasado.
Si bien no había conocido profundamente al hombre, Harry añoraba la posibilidad que nunca jamás podrá ser: una familia. No había nadie más que pudiera tomarse la molestia de adoptarlo, no cuando ya estaba a dos años de convertirse en un adulto ante la sociedad; y no cuando ya no había nadie lo suficientemente relacionado con sus padres como para confiarles lo poco que dio a Sirius. Remus Lupin no contaba, el hombre había aparecido como su profesor. Y, desafortunadamente, Harry no podía verlo de otra forma.
— Ron tiene algo de razón —soltó sin poder contenerse—: Fue mi culpa... Todo ese desastre en el Ministerio —pausó, sintiendo como su garganta se cerraba ante los recuerdos. Blaise no decía nada, pero si acercó su cuerpo un poco más—. Un h-hombre, un b-buen hombre m-murió por mi culpa...
No dijo más, las palabras se rehusaban salir y estaba lo suficientemente consciente de que se estaba confesando ante un extraño. Estaba totalmente agradecido que esta vez no se hubiera soltado a llorar. No podría ver a la cara a cualquier Slytherin si eso pasaba.
— No sé cómo ocurrieron los eventos —habló al fin Blaise, separándose del Gryffindor y haciéndolo girara para poderlo verlo a la cara—, pero, ¿acaso lanzaste el hechizo que lo mató?
— No, pero prácticamente apunte la dirección de la varita... El hechizo debió haber sido para mí —musitó Harry, bajando la mirada con vergüenza. Él debió de haber caído tras el velo, se reprimía.
Blaise no permitió eso, usando su mano libre para tomar el mentón de Harry y levantar su rostro para mirándolo directamente a los ojos. Deseando dar a entender la importancia de sus palabras. Y era verdad, no tenía idea de lo que había pasado en el Ministerio (solo rumores que descartaba como exagerados), y él no era de los que interrogaba a las personas; trabajaba con lo que tenía y con la lógica que bien se le daba. Una de las escasas virtudes que había obtenido de su Madre.
— Tú no sostenías la varita, tu no deseaste su muerte —pausó, recibiendo la confirmación ante el silencio del Gryffindor —. He de suponer que murió protegiéndote.
No preguntó cómo, ni quién, solo esperó a que el chico en sus brazos hablara. En sus brazos exactamente, porque Harry estaba prácticamente inclinado hacia él, mientras consideraba como responderle. Blaise no podía más que rodear la cintura del Gryffindor con un brazo, llevando sus manos, aún unidas, hacía su pecho. Estaba arriesgando mucho. Muy atrevido, y así era él; no se andaba con rodeos. Hacía lo que deseaba en el momento y mandaba al demonio aquel que se atreviera a mirarlo de mala manera siquiera.
Harry apenas estaba viendo la punta de lo que en verdad debelaba Blaise Zabini. Y el Gryffindor, al parecer, no lo encontraba desagradable en lo absoluto.
— N-No. Nunca quise que muriera —respondió al fin Harry en un suspiro tembloroso, y mordiéndose el labio inferior en ansiedad. Realmente tenía deseos de confesarle todo. Y no solo lo que pasó esa noche, sino también todo lo que había pasado ese año.
Era ilógico, estaba aquí, siendo consolado por Blaise Zabini, un Slytherin, y estaba prácticamente suspirando contentamente en sus brazos. Fuertes y musculosos brazos, se recordaba, sonrojándose furiosamente.
— ¿Te sientes mejor? —inquirió Blaise. Y Harry se preguntaba si este tinte gentil en la oscura voz había estado presente todo el tiempo.
— Humm, s-sí, gracias —alejándose finalmente. Y no sabiendo que hacer cuando se topó con que el Slytherin no liberaba su mano. Harry miró a sus zapatos, sintiéndose de pronto incomodo—. Querías decirme algo, ¿no? No tenía intensión de hacerte perder tiempo con mis tonte-... Eh, humm, problemas... ¿lo siento? —finalizó, sintiéndose patético ante el extenso silencio.
Blaise no habló, pero dio un tiró a la pálida mano, haciendo que Harry soltará una exclamación de sorpresa. El brazo de Blaise lo rodeó para levantarlo gentilmente (con una fuerza asombrosa que lo hizo ver fácil) hasta que sus ojos verdes estuvieron a la par de unos marrones (¡era tan alto!). Completamente estrechado al bien formado cuerpo del Slytherin.
— ¿No había dicho ya que no evitaras mirarme? —Murmuró Blaise, juntando sus frentes—. No hay nada de lo que debas sentirte humillado.
La acción era tan íntima y honesta (o eso sentía) que Harry solo atinó a sonreír tímidamente.
— ¿P-Por qué haces esto?
Los ojos oscuros le miraban sin titubeo alguno. El nivel de intensidad aumentando y la respuesta siendo igual de abrupta:
— Porque me gustas.
Harry dio un exaltado respiro, sintiendo como su corazón latía rápidamente. No se lo podía creer. ¿Quién en su sano juicio lo haría? No sabía quién era Blaise Zabini con precisión. Nunca le había dedicado un pensamiento en lo largo de su estadía en Hogwarts y mucho menos con los Dursley. Pero, ¡por Dios!, no podía simplemente negarse ante esos penetrantes ojos oscuros.
— N-No sé qué decir —admitió finalmente. El brazo que le rodeaba le soltó lentamente, y Harry se alarmó un poco.
— No esperaba que dijeras nada —tranquilizó Blaise (su voz no lo mostró, pero Harry supo interpretarlos por los ojos), tomando un paso atrás para dejar que el Gryffindor se sintiera menos intimidado. Sin romper el contacto de sus manos entrelazadas.
— ¿Esto no es una broma? —musitó Harry. Apretando inconscientemente la mano del otro chico. ¡Estaba loco! Pero, Dios, como quería sentir esos brazos rodearle una vez más.
Blaise le miró por unos segundos, sus labios formando un ligera sonrisa enigmática. Dejando sin aliento a Harry por quién-sabrá-cuantas-veces en la noche.
— No me gusta jugar de esa forma con lo que yo quiero —dijo gentilmente, llevando la mano de Harry a sus labios para besarla.
El sonrojo que recibió por sus acciones fue más que gratificante.
— No sé cómo responder —repitió Harry, el carmesí matizando la pálida piel con tanta naturalidad como era el latir apresurado del corazón que lo alimentaba.
Blaise no resistió elevar su mano para acariciar la enrojecida mejilla y acercar su rostro lentamente, sus ojos no apartándose de las sorprendidas esmeraldas, tomando toda reacción ávidamente.
Harry, por su parte, juraba que le estaba dando un paro cardiaco. ¡¿Blaise Zabini estaba a punto de besarlo?!
— Piensa en lo que he dicho —susurró Blaise, antes de sellar sus palabras con un suave y pausado beso. Robando literalmente el aliento de Harry y estrechándolo fuertemente contra su cuerpo. Deleitado, cuando el chico no se resistió. Al contrario, Harry partió sus labios solícitamente, urgiendo a Blaise a morder y devorarlo por completo, trasformando ese casto beso en uno de arrebato. Presionado contra el cálido cuerpo, Harry hizo lo posible por devolver la misma intensidad, sus labios moviéndose ansiosamente y dejando que esa lengua cálida le acariciara por completo.
Fueron los más eternos segundos que Harry pudo haber disfrutado en su vida. Y no se permitió mancharlos con el hecho de que era un Slytherin, un hombre, y que apenas conocía. Nunca había sido besado de esa forma... Tan... Tan apasionadamente. ¡El beso lleno de lágrimas de Cho se quedaba corto! Y eso que alguna vez pensó que la chica era la única por la que llegaría a sentir algo.
Así que cuando Blaise se apartó, dando un último casto beso y liberándolo de sus brazos, Harry no dijo nada (no deseaba ridiculizarse ante lo débil que sentía su voz). Parándose en la punta de sus pies para alcanzar el cuello del Slytherin y rodearle con sus brazos en un último abrazo, murmurando un quedo "gracias" y, sintiéndose atrevido, dio un fugaz beso a la definida mejilla.
Blaise lo vio irse, atrapando como esos labios (rojos y un poco hinchados por sus besos) formaban una brillante sonrisa. Una sonrisa que él, un Slytherin, había puesto en el Chico-Que-Vivió.
Se mantuvo ahí, observando las grandes puertas que había cruzado el Gryffindor, para finalmente encaminarse en dirección a las mazmorras.
Y mientras cruzaba la Sala Común de Slytherin, ignorando las miradas curiosas de aquellos que lo habían visto con el Gryffindor, pensaba que todo esto le explotaría en la cara. Todo lo que detestaba iba a ser lanzado de golpe a su apacible vida. Su cómodo desinterés en esta innecesaria guerra iba a ser cambiado... Se había negado a su Madre ese mismo día, sus puños apretados en molestia al recuerdo, y ahora... Ahora, con su porte relajándose dramáticamente, aceptaba indirectamente la decisión que implicaba comenzar una relación con Harry.
Pero, ya lo sabía. Siempre lo supo, desde que sus oscuros ojos se posaron por primera vez en los brillantes ojos verdes. Incluso con doce años, Blaise había entendido que su creciente interés en el chico no podía ser ignorado.
Y no era solamente por lo que conllevaba. El Salvador. Todo el mundo esperaba ser protegido por el "Elegido". El chico odiaba la posición en que le había puesto. Más claro no podía ser. Pero siendo el noble Gryffindor que se forzó a ser, no esperaba que alguien lo protegiera. Dumbledore era negligente si pensaba que dejándolo "inocente" ante lo que sucedía lo protegería. Solo ponía en constante riesgo su vida y la vida de otros, obligando al chico a cargar con toda la culpa.
Blaise se haría cargo de él. Porque no permitiría que un maniático Lord Oscuro ó un condescendiente Dumbledore se interpusieran. El poder no era la única arma disponible. Y al final de esta guerra, Blaise Zabini haría completamente suyo a Harry Potter.
CONTINUARA...
(0oOo0)
Notas finales:
Lamento la tardanza, acabo de conseguir mi Beta y apenas hoy pude subir el capítulo. Bueno, espero que les haya gustado.
¡Gracias a Ros Potter por Betearme el capítulo!
¡Y gracias por leer!
Alycen.
PD: Si se nos pasó algo, avísenme por'fa. Nunca he sido buena con la ortografía ¬¬.
