Parte 2 - Sol
Sabía que debí ser más cauteloso al seguir los caprichos de Pink. Nunca es buena idea tomar cualquier cosa que te da una pequeña manipuladora... bueno, eso no suena bien, pero lo que quiero decir es que nunca es buena idea aceptar lo que sea que te dé Pink, ese cadáver manipulador. Sólo me despisté y acepté su "ayuda" porque todavía estaba enojado con Juicio. ¿Cómo pudo dudar de mí? ¿Que creía en la evidencia? ¡Como él quiera! ¡Voy a encontrarle sus evidencias!
Voy a encontrarle sus evidencias, y entonces tal vez me perdone por haberme metido en este desastre, aunque no haya sido mi culpa. Ni siquiera sé porqué el Caballero de la Muerte está tan obsesionado conmigo. No será que... ¿se enamoró de mí?
Me dio un escalofrío de sólo pensarlo.
Cuando Pink me dijo que tenía un dije que me ayudaría a investigar al tercer hijo del Barón Gerland, me sentí tentado a aceptarlo porque no era como si yo pudiera nada más aparecérmele al tercer hijo del barón, e incluso si pudiera, no sería capaz de superar su esgrima y capturarlo con vida. ¡Tendría que ser Juicio o Hielo para lograr eso!
Maldita tentación.
Nunca creí que, de hecho, me convertiría en Juicio.
El dije que Pink me arrojó flotó sobrenaturalmente sobre mí antes de impactarse contra mi pecho. Antes de que pudiera parpadear, tenía una taza de té en mi mano.
Qué chistoso. Había pensado que el artefacto mágico de Pink sería más impresionante que eso. ¡Aparecer una taza de té de la nada no me iba a ayudar a investigar!
A mens que el té tuviera sedantes. Entonces, podría obligar al tercer hijo del barón a beberlo y secuestrarlo sin una pelea, aunque todavía tendría que ocuparme del resto de las personas en su residencia. Olisqueé el té. Probablemente no era una buena idea beberlo, sin importar cuánta sed tuviera, pero estaba tan cansado y el té olía tan bien...
Debería tirarlo antes de envenenarme.
Me levanté para buscar una planta a la cual envenenar cuando me di cuenta de que ya no estaba en la casa de Pink, no a menos que ella hubiera decidido cambiar su papel tapiz rosa por paredes sencillas. El cuarto en el que ahora me encontraba era desnudo y francamente aburrido, con pocos efectos personales. El lugar me parecía algo familiar, pero no podía ubicarlo del todo. Había un montón de papeles sobre el escritorio de la esquina que eran sospechosamente parecidos a documentos de la Iglesia, pero, la verdad, ¿quién querría tener documentos en su habitación? ¡Yo se los encasqueto a Tormenta en el momento en que me llegan!
Me sobrecogió un pensamiento de repente. No será que estoy encerrado, ¿verdad? ¿Encerrado con papeleo? ¡Ah, querido Dios de la Luz! ¡Eso sería tortura! Vi la taza de té en mis manos. Quizás debería conservar esta taza conmigo para usarla como un arma, cuando fuera que mis captores regresaran. La porcelana rota también podía ser letal, pero espera, todavía tengo una espada. Podía sentir su peso a mi lado. Sin duda, si me hubieran apresado, me habrían quitado la espada, ¿no?
Ah, pero ya que mi habilidad para la esgrima es tan terrible que puede decirse que no existe, tal vez decidieron que no necesitaban quitármela.
¡Buu! Odio cuando piensan así. Mis captores se han de estar divirtiendo de lo lindo a mis costillas. Tal vez mi captor sea Pink, ya que su artefacto está relacionado con esto.
En cualquier caso, todavía tengo mi magia sagrada. ¡Puedo escapar de este cuarto!
Intenté concentrar mi magia sagrada para asegurarme de que tenía una reserva lo bastante grande para mandar a volar a quien entrara al cuarto. No sabrían qué los golpeó. Pero la palabra clave es "intenté". ¡Normalmente, mi magia sagrada brota inmediatamente en cuanto la llamo, pero ahora intentar reunir magia sagrada es tan difícil como esgrimir una espada! A lo mucho, podría conjurar unas pocas Curaciones Menores antes de quedarme sin magia sagrada.
Nunca había tenido una reserva de magia sagrada tan baja en toda mi vida.
Bien, mí mismo, no empieces a hiperventilarte. ¡Aún sin magia, todavía tienes una taza de té!
Toc toc.
¿Alguien llamaba a la puerta? Sujeté mi taza de té como a un salvavidas, y me acerqué a la puerta cautelosamente. Extendiendo la mano, giré la perilla, listo para arrojar el té (probablemente envenenado) a mi captor.
La puerta se abrió con un toque.
¡Ni siquiera se habían molestado en cerrarla con llave!
Moví la mano, preparando el té para el lanzamiento.
Casi no alcancé a detenerme antes de salpicar la fría cara de Hielo con el té tibio, aunque tal vez el té podría haber derretido su expresión. Al final, el té golpeó las paredes de la taza y empapó mis mangas, mientras Hielo se me quedaba viendo sin emoción aparente, afortunadamente sin reaccionar ante la extraña escena que presenciaba.
–¿Ya te recuperaste, Hielo? –pregunté, recordando que Hielo había estado en reposo estricto la última vez que lo vi. Inmediatamente me sorprendió la profunda voz que salió de mi boca. No puede ser que me falle el oído a los veintitrés años, ¿o sí? ¡Todavía soy joven! ¡Soy demasiado joven para tener problemas de oído!
Espera, ¿qué hace Hielo aquí? ¿Será que Hielo es mi secuestrador?
–Juicio –dijo Hielo, inclinando levemente la cabeza–. Esta vez no están dulces.
Me ofreció una bolsa.
Me le quedé viendo a la bolsa con recelo, sin entender porqué querría Hielo darme dulces que no fueran dulces. Es una blasfemia, prácticamente. ¡Los dulces deben ser dulces!
Aturdido, tomé la bolsa y me quedé viendo mis mangas negras.
Mangas negras.
Tragué saliva.
Al hablar, mi voz había sido profunda. Nunca había sonado tan grave, ni siquiera cuando pasé por los gallos de la pubertad. De hecho, sonaba justo como... Juicio.
Atónito, vacié el té en la maceta junto a la puerta y le entregué la taza a Hielo, que la tomó sin decir palabra. Sólo observó la taza como si fuera la cosa más interesante del mundo, pero eso no me importaba. Había algo mucho más preocupante en juego, algo que podría cambiar el mundo.
Tomé un chocolate de la bolsa que me había dado Hielo.
Coloqué el chocolate en mi boca.
Era tan amargo.
Tan delicioso.
–¿Por qué sabe tan bien? –exclamé, horrorizado. Tomé otro chocolate y lo metí en mi boca, el chocolate amargo se derritió en mi lengua. Era súper amargo, tan amargo que normalmente haría muecas al probarlo y lo escupiría antes de comenzar a tener arcadas, pero ahora era la cosa más deliciosa en el mundo, y Hielo me observaba con la misma cara sin expresión de siempre.
¡Oh, Dios de la Luz! ¡Estoy en el cuerpo de Juicio! ¿Qué has hecho, Pink?
Arrojé otro chocolate a mi boca y quise llorar.
¡No puedo comer dulces así!
continuará
