Gracias por los reviwes del prologo,aqui esta el segundo capitulo~ Espero les guste,por lo general trato de hacer cada uno de 5 hojas en word,no me gusta presentar capitulos tan cortos asi que es propable que tarde con algunos.
Por ahora solo llevo 3 capitulos listos para subir~ Hasta el momento no hay ningun dato que aclarar ni nada que advertir.
Zafiros
Pasé por muchas cosas antes de ese día, torture gente, la religión predominaba, tuve invasiones, gente a la cabeza se engañaba y traicionaba mutuamente, cualquiera ajeno a mis ojos le parecería una vida digna de película. Pero bien, les diré que yo paseaba esa fría y húmeda mañana, pero no por eso fea, la gente desembarcaba por lo ancho de la costa. Saboreaban esta hermosa era pirata y yo también, en esa caminata matutina llevaba a mi fiel compañero: el ron.
No había bebido mucho, pero solo lo suficiente para tambalearme un poco al andar. Me encontraba por Liverpool, en el puerto de Toxteth. Fije mi vista en un pequeño puesto de fruta cuando algo, por azares del destino, me hizo voltear para encontrar lo que cambiaria mi vida; visualice lo que parecían mercaderes, ya que traían un buque de contenedores pequeños. Ver eso en un puerto es sumamente normal, pero no lo era ver a un grupo de hombres cargando con un pequeño niño en brazos y gracias a mi gran amigo el ron y mi curiosidad, me acerque a ellos.
-¿Qué hace un grupo de hombres recién llegados del mar con un niño en brazos? –pregunte directamente sin mostrar ningún gesto en mi cara, esperaba una respuesta coherente, tal vez eran mercaderes con un buque para traficar niños. Esto último me hizo dudar un poco sobre mi gente.
-Verá usted, ¡hemos estado perdidos por meses! Pero gracias a ello encontramos una isla, de la cual tomamos mucha mercancía natural para poder vender…pero algo extraño había ahí, encontramos este niño –me lo mostró cargándolo, jamás olvidaré esa escena, el pequeño dormía con una respiración controlada, hacia leves movimientos con su boca, es probable que soñara con comida; no pude evitar sonreír levemente al verle- Estaba solo, así que le hemos traído, pero señor, ninguno de nosotros tiene el dinero suficiente para mantenerle, buscamos una nodriza o joven que pueda mantenerle
Escuché bien las palabras del hombre, sonaban sinceras, levante mi brazo al aire y lo moví fuertemente para así lanzar la botella que llevaba conmigo, algo en mi me hizo querer a ese niño pero nadie le daría un niño de no mayor de tres años de edad a alguien desconocido y con botella en mano. Hice un ruido ronco con mi garganta aclarando mi voz, mejore mi postura y pase una mano por mis cabellos, mi sonrisa ahora era un semblante serio.
-Mi nombre es Arthur Kirkland, trabajo con la realeza, yo me haré cargo de este niño si es que usted desea entregármelo, si no me temo que tendré que reportarlo para enviarlo a un orfanato
Y no mentía, si lo enviasen a un orfanato podría adoptarlo y también era cierto lo de mi nombre y trabajo, en mi voz no se detectaba mentira alguna. El grupo de hombres se miro entre sí buscando que responder, como si hablaran con la mirada, todos asintieron con la cabeza en afirmativo y el grande hombre que cargaba al pequeño me lo entrego.
Cuando por fin reaccione ya me encontraba con el pequeño en brazos, teniéndolo más cerca pude ver sus cabellos rubios como el germen y tenía un ligero tono rosado en sus mejillas. Era un deleite verle, sentía que todo era tranquilo y mi vida no era pesada. Junte mas mis brazos para cargarlo cómodamente y lo coloque como mi prioridad, así que esa mañana regrese temprano y sobrio a casa.
Me quité las botas negras que llevaba con dificultad al tener mis brazos ocupados, caminé un poco y entre a mi pequeño, pero cómodo, cuarto. Jale una esquina de las sabanas y acomode al pequeño, al parecer dormía profundamente, mas cuando lo arrope noté algo, su expresión era la de alguien mortificado ahora, como si le hiciesen presión en su estomago y le doliera. Se me ocurrió una idea y baje a la cocina por un vaso de leche y un pan dulce que sería mi remedio para que no me subiese el alcohol que bebía en la mañana. Acomode la comida en el mueble de un lado y moví con cuidado el hombro del menor, en un intento de despertarle.
Soltó un leve quejido y ahí…quede maravillado, noté por primera vez sus ojos y se quedaron grabados para siempre en mi mente, era ver dos zafiros relucientes y puros, cielo y océano en esa pequeña mirada entrecerrada. Me miró confuso un par de veces por el sueño que tenia al despertar y se llevo a su cara una de sus pequeñas manos frotando su ojo derecho, bostezo dos veces y abrió la boca.
-Ah! Ah! –soltaba señalándose la boca, suspiré y sonreí casi invisiblemente pasándole el vaso que había servido y el pan. Mordió ¡y que mordida! Había sido esa, devoro mas de la mitad del pan de un solo mordisco; mastico y trago, cuando quiso tomar algo de leche, el vaso al ser grande para él y sin tener buena coordinación motriz, lo derramó, entonces vino lo que evitaba…comenzó a llorar.
-W-wait! –le di una orden que no pareció acatar, me desesperaba, atendía primero al niño o mis sabanas mojadas. Cargue al menor con un brazo dándole leves golpecitos con el otro tarareando una canción antigua en mi lengua original, para mi fortuna el pequeño dejo de llorar y una vez calmada la situación cambie las sabanas.
Coloque al pequeño en la cama mientras limpiaba mis sabanas, creo que fue una acción descuidada el dejarlo ahí, mas tarde volvió a llorar; corrí hacia él y lo encontré en el suelo. Preocupado lo levante inmediatamente y revisé que había ocurrido, al parecer quiso levantarse y al no poder caminar completamente bien había caído, su pequeño, rojizo y delicado labio se había abierto levemente. De mi pantalón saque un pañuelo y le limpie con cuidado la sangre que tenía…ahí note algo, ahora ya no lloraba como antes, se había callado y comenzó a sonreírme.
Golpe, eso fue lo que sentí en mi corazón, ¡que alma tan pura me había encontrado!, inevitablemente le respondí la sonrisa con una mía, dolía sonreír tan anchamente como lo hice, porque no estaba acostumbrado a ello; pero ahora fui yo el que rompió en llanto, era silencioso y solo me abrace mas al pequeño, que como entendiendo como me sentía y como lo había calmado yo momentos antes, aferró una de sus manitas a mi camisa por la espalda, abrazándome y dándome una especie de palmaditas. ¡Qué rápido aprendía! En ese momento pensé que era un niño especial, pero que tonto había sido, si mis pensamientos hubiesen tomado otro rumbo tal vez me hubiera evitado mis futuras desgracias.
Separé un poco ese abrazo para secarme los ojos y en un rápido movimiento el otro tomó mis mejillas y las estiró en una sonrisa.
-Bab…bababu! –exclamó sonriente, ¿acaso trataba de hablar?, me acerque un poco a él y le bese la mejilla, cargándole para caminar hasta la mesa y sentarlo con cuidado sobre unos cojines.
-My name is Arthur Kirkland –le repetí pausadamente y claro, le enseñaría mi idioma.
-My ne Adu Kila! –dijo emocionado alzando un poco sus manitas, le sonreí como si le dijera que había hecho un buen trabajo, pero aun así se lo repetí, esta vez con su nombre…y ahí caí en cuenta, el pequeño no tendría nombre. Me di una leve palmada en la frente y comencé a pensar en uno para él.
Debía ser un nombre bonito, pero también que sonara fuerte e impartiera respeto. Por un momento pensé en llamarle como yo, pero descarté la idea, al menos tenía que iniciar con mi letra…hmm...
-¿Alphonse? –le pregunte ladeando la cabeza, el pequeño no se movió y me miró con duda- Al...Alfred, si, ¡Alfred! –me hablaba y felicitaba a mi mismo, sonriente le volví a tratar de enseñar apuntándole felizmente con el dedo- My name is Alfred
El pequeño había estado riendo mientras yo pensaba, creo que le parecía divertido verme en un dilema, trato de imitarme, se dio una palmada en la frente también y dijo casi en un grito:
-My nem Alef! –me señalo con el dedo y repitió constantemente- My nem is Alef! My name is Alef! My name is Aldef! My…my…my name is Alfed!
Abrí mis ojos sorprendido y mi sonrisa se desvaneció, quede estático aún apuntándole. ¿Cómo aprendía tan rápido? Sin duda era un chico realmente hábil.
Estuve con él todo el día hasta el anochecer, le enseñaba algunas palabras que rápidamente aprendía, con un singular acento, que si fuese un juez cruel, diría que ha destrozado mi hermoso acento británico.
La noche llegó y comencé a darme cuenta que tenía muchas cosas por hacer ahora que tengo al pequeño; entre las prioridades estaba avisarle a mi realeza, seguido de las compras, un cuarto, sus juguetes, que cosas le enseñaría y que le prohibiría, necesitaba una ropa de dormir por esta noche, al día siguiente iría al bazar. Tomé una de mis ropas y le coloque solo la camisa, así me deshice de su larga túnica blanca con un listón rojo al cuello y la guardé, tal vez mañana la lavaría.
Su cena Hm…recuerdo perfectamente cuál fue su primera cena conmigo; esa tarde me había colocado mi mandil y comencé a hornear mis scones, y él me ayudo, si es que así se le puede llamar al que solo metiera las manos en la masa y salpicara la cocina. El pequeño tomo una siesta después de jugar con lo que sería su comida esa noche y yo me recosté en mi sillón, observándole dormir en el otro, hice mi cabeza hacia atrás y cerré los ojos, ambos esperábamos a que los bocadillos salieran del horno. Mi nariz se movió instintivamente y percibí un olor a quemado, ¡demonios! Me había quedado dormido.
De un salto me incorpore y corrí hacía el horno, al abrirlo salió un poco de humo y vi mi creación arruinada, pero eso no es lo que me hace recordar esa noche perfectamente, si no que fue precisamente ese día cuando al fin alguien importante para mi no la rechazó, Alfred había venido a mi caminando torpemente, ya que aun no sabía caminar bien del todo y se subió con dificultad a su silla. Le serví leche tibia y el scone menos quemado.
Vi sus pequeños labios curvearse en una sonrisa al probarlos y comió. Ah…mi vida con él era un sueño realmente lindo, en el cual me había sumergido sin prever las consecuencias que me traería. Salí con él la mañana siguiente a las tiendas de ropa infantil, era sociable y saludaba a todos con su mano libre agitándola de arriba a abajo y sonrisa, yo llevándole de su mano para darle apoyo, que solo duró una semana, después el caminaba e incluso corría ágilmente y solo me la tomaba por placer.
Ay de mí, baje de mi mundo rosa cuando recordé que debía ir con la realeza. Fue una semana después cuando el mensajero de la corte me mandó a llamar y me pidió que llevara conmigo al menor, a mi pequeño. Tragué saliva y no me quedaba mas que acceder a su petición; vestí a Alfred de la forma más formal y yo también, deje mis botas y de mas para portar un traje digno de época.
Lo bueno fue que Alfred no me hizo tantas preguntas, pero me miró nerviosamente al vernos en la entrada del parlamento, me aferré a su mano y entramos. Nos guiaron rápidamente al primer ministro, estuve frente a él y Alfred trató de sonreírle como a todos por el muelle que ahora, estaba horas lejos de nosotros desde que en la mañana habíamos llegado a Londres.
Aquel señor vestía impecable y su rostro era serio, nuestra platica fue fluida y sumamente normal y extensa, solo contaré los diálogos que a mi parecer fueron mas importantes
-¿Qué harás con él? –me miró sin expresión alguna en su rostro pasando a ver a Alfred, el cuál estaba distraído y sonriente mirando los detalles de los cuadros y cosas a su alrededor, ignorando nuestra conversación, lo cual era mucho mejor para mí.
-Ya tengo todo planeado –mentí. No sabía que haría de ahí en adelante, como le explicaría lo que era y lo que hacía, en esa época asaltaba barcos de otros países, saqueaba y torturaba y aunque eso me era permitido, no sabía cómo explicárselo. Mantuve mi rostro firme al decir eso tratando de afirmar la mentira y después de ciertos papeles que me entregaron me volví a casa tarde. Miré a mi compañero y se tallaba un ojo, había recorrido casi todo el lugar incluido el Big Ben. Llegamos a mi casa en Londres y rápidamente cayó dormido en mi cama, mas tarde lo acompañaría yo, después de terminar con mi trabajo; los golpes en mi puerta me hicieron cambiar de planes…
No sé cómo había terminado Francis, mi eterno enemigo, en mi puerta y mucho menos sabía como habíamos llegado a un pub y ya me encontraba entonces por mi séptimo vaso de alcohol.
-Escuche que cuidas a un lindo niño ahora, Angleterre- soltó de la nada antes de llevarse el vaso de whisky a sus labios.
-Así es, pero no es algo que te incumba a ti, France –solté rápidamente, por alguna extraña razón no me gustaba que él pronunciara algo sobre Alfred, solo era un presentimiento que tenía.
-Ah, ¡que dura forma de tratarme! –dijo con un drama sumamente fingido que duró solo unos segundos, su expresión cambio a algo serio y también con algo de burla- ¿Estás listo mon ami?
-No sé de qué me hablas…-mentí de nuevo ese día, si sabía a qué se refería pero trate de negarlo y él lo sabía, es por ello que continuó su tortura.
- Me pregunto si el pequeño notará que no envejeces con él –se llevó un dedo a sus labios y miro al techo como si en verdad le intrigara eso- cuando le digas los trabajos que has hecho, o cuando se entere de tu pasado ruin! –ya lo decía con emoción al ver mi cara pálida y con un deje de tristeza mezclada con frustración , apreté mi vaso y me levanté de golpe tomándole del cuello de sus ropas- ¿Por qué no me dices tú, ah? Necesito a alguien que sepa de esto –le grité insensiblemente, estaba enojado y sentía la sangre arder, iba a continuar con mis palabras envenenadas pero su interrupción me calló- Es por eso que te advierto Angleterre, la pérdida de mi Jeanne cruzó mi corazón,¿ podrás soportar eso? ¿Podrás perder a tu pequeño? Te quedarás solo de nuevo Arthur –me quede callado, sus palabras resonaban en mi mente una y otra vez, al no notar reacción en mi se zafó de mi agarre y me sonrió sarcásticamente- Mándale saludos a Alfred –su nombre, el nombre que le había dado yo con tanto cariño, lo dijo de una forma firme y ensancho su sonrisa- Algún día le hará compañía a mi Jeanne –dejó unas cuantas monedas en la barra y se retiro, dejándome a mi con la mirada perdida y estático a pies de la barra, mordí mi labio inferior con cierto dolor y con mi tono de piel aun mas pálida de lo normal, pedí otros dos vasos antes de irme a casa.
Aparicion del frances ;D no lo tomen como el malo de la historia,despues de todo ningun pais es completamente limpio y Francis tiene sus razones de decir eso,tampoco es que me caiga mal,de hecho es de mis favoritos,pero conforme avance esto descubriran ciertas cosas que creo que en otras historias no se habian planteado por completo.
