Disclaimer: Harry Potter no me pertenece, tampoco son de mi invención Luna Lovegood o Theodore Nott. Todo, absolutamente todo pertenece a J. K. Rowling (desgraciadamente). De mi invención es la viñeta (y cualquier error cometido, claro).
Cassiopeia brilla por las noches, pero nadie puede verla
2. El sol brillará toda la noche
Es Halloween y Theodore Nott tiene dieciséis primaveras. Todavía es joven, pero se apaga poco a poco, lentamente y, extrañamente, con elegancia. Se apaga como se van apagando todos los Nott. Se apaga como se apaga un sangre pura; con honor. Se apaga y se apaga y no puede remediarlo.
La noche ha sido un desastre: Malfoy ha vuelto a alardear de su gran misión (todavía desconocida para muchos, pero no para él) y parece feliz, pero Theo sabe que es un gran mentiroso y empieza a ver las bolsas debajo de sus ojos; para acabarlo de empeorar, su no-cita con Daphne Greengrass ha dejado mucho que desear. Tanto, que aunque Daphne sea inteligente y divertida y hasta buena persona, no ha podido dejar de comparar su cabellera recogida en un perfecto moño y su camisa arreglada con toda la pulcritud posible con el aspecto de otra persona. Tampoco ha podido olvidar la forma en la que parpadea aquella chiquilla, tan diferente a la de su no-cita, y mucho menos su voz distante (pero no de una forma fría, sino más bien distraída), su piel inmaculada, sus manos de dedos cortitos y delicados… Su memoria ha estado junto a él toda la noche, sin descanso. Daphne eso lo ha notado.
La chica no es tonta y ha sabido durante todo el camino a las cocinas que cuando Theo la ha invitado a ir con él no ha sido en un gesto romántico. Y eso le ha dado igual, en realidad, porque a ella no le interesa la tranquilidad de él, ella prefiere la aventura que parece ser Zabini. Se ha dado cuenta, y con relativa rapidez, de que ha Theo solo le apetece comer, que ella solo es una distracción durante la excursión. No le importa ser usada por él porque ella hubiera hecho lo mismo.
Y de camino a las cocinas la han visto. Ella se ha paseado por delante de sus narices sin verlos realmente hasta que Daphne no la ha llamado.
—Hola Daphne Greengrass, hola Theo. ¿Qué hacéis aquí?
Theo ha estado a punto de responder, pero su compañera se le ha adelantado con una rapidez increíble; con la misma rapidez con la que le ha venido la idea a la cabeza.
—Theo va a las cocinas, ¿te importaría acompañarlo? A mí ya no me apetece ir y estoy cansada, prefiero volver a mi cuarto.
Luna los ha mirado con esos ojos de color gris plateado tan grandes y tan saltones. No ha dicho nada durante unos segundos, pero al final ha aceptado. Daphne, después de eso, se ha ido por donde habían venido y los ha dejado solos.
Es Halloween y Theodore Nott tiene dieciséis primaveras. Todavía es joven, pero se apaga poco a poco, lentamente y, extrañamente, con elegancia. Se apaga como se van apagando todos los Nott. Se apaga como se apaga un sangre pura; con honor. Se apaga y se apaga y no puede remediarlo.
La noche ha sido un desastre pero, gracias a Dios, la madrugada ha estado mucho mejor.
Theo se apaga poco a poco, pero cuando tiene a cierta chiquilla conocida por sus extravagancias a su lado vuelve a alzarse, renace, como un fénix.
Porque con Luna a su lado, aunque sea de madrugada y el cielo sea oscuro o esté sin luna, el sol brillará toda la noche, sin apagarse o flaquear. Y porque ella es tan especial que lleva nombre de satélite pero posee la fuerza del astro rey (aunque la luna sea mucho más bonita, según su humilde opinión).
He acabado los exámenes, gracias a Dios, y esto es lo que ha salido de mi euforia. Aun y así, sigo estresada con la escritura de mi novela, la corrección de la primera que he escrito, la planificación y escritura sobre mi futuro proyecto de fanfiction (una historia de la época de los Merodeadores), etc. Y sí, usaré este gran puente de la Inmaculada Concepción para adelantar todo lo que pueda estos temas.
Cassiopeia cuenta con veinte viñetas, por lo que solo quedan dieciocho, y todas son de la vida de Luna y Theo dentro del castillo. Ya las tengo todas planeadas y con título y todo. ¡Que emoción! Pero mejor me voy, que me estoy enrollando como una persiana.
Con cariño,
Elle P. Hunt (aunque también podéis llamarme Percy, como más os guste)
