Tenía un sabor agridulce aquella despedida. Sentía que los días más felices de su vida se habían esfumado. Pero también sentía que volvería a verla en poco tiempo. O por lo menos eso anhelaba. Richard Castle avanzó por la terminal del aeropuerto. Compró un billete de avión y se sentó a esperar que el vuelo saliera, todo estaba en movimiento. La gente iba y venía, con mil historias que contar seguramente. Miró un momento por uno de los cristales que daban a la pista de aterrizaje y vio que un avión despegaba. ¿Qué tendría ese aparato para que llamase su atención?. Apartó aquel enorme pájaro de su cabeza y pensó en Alexis. Tenía una vaga idea de que le diría. ¿Pero y si había presupuesto que su hija se lo tomaría bien?. No, no era posible. Ella era más madura que él a su edad. Iría a verla. Eso por descontado. Más incluso de lo que ella podría imaginar. A fin de cuentas era su pequeña y eso no podría sustituirlo nadie.

Cuando terminó la carrera el taxista agradeció la propina. Estaba nervioso. Había hablado miles de veces con su hija. Pero nunca un tema tan delicado. Cuando abrió la puerta de su apartamento un abrazo muy fuerte le apretó aún más el nudo que tenía en el estómago. Se descolgaron las manos de Alexis, recorriendo sus brazos. Pero pararon súbitamente cuando ella notó que un anillo adornaba su dedo. No hubo palabras. Ella lo comprendió y sonrió, lo abrazó otra vez más fuerte. – Me alegro por ti papá- hubo un pequeño silencio. – Lo que no te perdonaré, es que no tuvieras la decencia de llamarme para ir a la boda.- dijo con una sonrisa de oreja a oreja. – Ya habrá tiempo para celebraciones.- y besó a su hija en la frente. Fue al salón y su madre le abrazó felicitándole. – Ahora cuando se vaya a la universidad me cuentas que te atormenta.- le susurró al oído. Rick no sabía si notaba cuando una actuación estaba mal hecha o seguramente, era su hijo y no podría disimularle esas cosas a su madre. Alexis se despidió de su padre maldiciendo los exámenes y deseando volver para que le contase algo más. Se lo prometió, solamente si lo hacía con una cena especial.

Martha le miró serenamente. - ¿Y bien?- preguntó sin más preámbulos.

-Veras- dudó un momento.- Voy a irme a vivir con Bekett a Washington.- volvió a callarse un instante. – Y temo que Alexis no pueda aceptarlo. Obviamente vendría a verla. Seguramente se hartaría de verme. Pero tengo miedo de que no lo acepte.-

- Decida lo que decida ella será tu hija. Y tú has sido un gran padre. Puede que no lo admita en un primer momento. Si es así, dale tiempo. Pero ella es más inteligente y madura que nosotros a su edad. –hizo una breve pausa en la que bebió un sorbo de vino de su copa. –Y acabará aceptando. No aseguraría que lo haga en el acto.- su madre posó su mano sobre la suya. – Eres un buen hombre, hijo mío. Ten eso en mente. Durante años te has volcado con tu hija. Pero nunca habías tenido a la gran mujer que es Kate a tu lado. Es hora de que disfrutes de lo que tienes con ella. Obviamente por aquí te echaremos de menos, pero ahora te toca a ti.- una lágrima se derramó por la mejilla de su madre. Y la abrazó con ternura. Dando gracias con ese gesto, puesto que no podía decir palabra alguna. Pasaron dos días. Odiaba no poder hablar con Kate. Pero era un pacto al que habían llegado. No hablarían mientras ella estuviese de servicio. Tampoco no podía escribir, pues no conseguía quitarse cómo se tomaría Alexis la noticia. A media tarde recibió una llamada. En número no aparecía registrado y no tenía la numeración de los convencionales.

- Richard Castle, si te debo dinero creo que llamas al hombre equivocado. Si es por la casa en…- una risa que conocía bastante bien le iluminó el día.

- Veo que no has podido resistirte. Que mis encantos son tan imponentes que no has podido más.- comentó Rick con sorna

- ¿Ah sí? Seguro que te he pillado marcando mi número. ¿Por cierto que es eso de la casa?.

- Si te lo contase dejaría de ser una sorpresa. Sólo espero que te gusten las vistas al parque Glover Archbold. Vaya por Dios. Creo que ha dejado de ser una sorpresa. ¿A qué motivo debo tu llamada?

- Necesito que cojas unas cosas de mi casa. Preferiría no ir muy cargada el día que tengamos que hacer la mudanza.-

- ¿No tendrías más cositas de esas que te pusiste la primera noche? Obviamente no me gustaría hacer un viaje en vano.-

- No. Las mejores las tengo guardadas en la maleta para el día que nos veamos.- dijo Kate con voz sensual.

- Le acabas de dar una alegría a este viejo corazón.- dijo con sorna. Justo después hubo un momento de silencio. –Te echo de menos Kate-.

Cuando colgó, Kate sonrió. Castle había picado. Sólo faltaba algo para que Stack no sospechara. Pero tenía la excusa perfecta. Había subido a la azotea del edificio donde estaban llevando el caso para hacer la llamada. Llevaban dos días en Nueva York investigando posibles socios de Bracken, sólo descansado por la noche. Tenía la cabeza embotada. Cuando abrió la puerta Stack miró desconfiadamente. – Voy a ir un momento a mi casa. Voy a coger el informe que tengo de Bracken.- mintió. – Tienes una hora y media para estar con ese escritor tuyo. No tengas el valor de llegar ni un minuto más tarde-. Se quedó atónita. Salió del edificio con una sonrisa en los labios. Era más de lo que habría imaginado.

Castle cogió la llave de la puerta. Pero esta ya estaba abierta. Entró en el apartamento desconfiadamente. Estaba todo revuelto. Ladrones pensó. Pero se le heló la sangre a ver que en el sofá el ladrón vestía traje elegante y bien cortado. El ladrón era el Bracken, estaba bien jodido.

- ¿Que es lo que quiere?- preguntó Castle en tono seco.

- Bonito apartamento. Tiene una buena iluminación. – repuso calmadamente Bracken.

- Eso no responde a mi pregunta. Pensé que era usted un hombre de palabra. ¿Qué quiere ahora? Bekett le salvó la vida, después de lo que le hizo.

- Si, sería un hombre de palabra si no estuviese metiendo esta vez la nariz en el pasado. Parece que no aprendió de aquel balazo. Y aunque me salvó la vida me mantuve en la sombra. Cumplí mi parte del trato. Pero este no decía nada sobre volver a hurgar en la herida. Veo que se lo está pasando en grande con sus amiguitos los federales. Especialmente con ese agente Stack.- Braken se pausó un momento. -¡Ah! Estoy perdiendo mis modales. Enhorabuena por su reciente matrimonio con la agente Bekett.- una sonrisa malévola se curvó en su cara.

- ¿Qué es lo que quiere?-

-Verá. Tengo un trato que proponerle señor Castle. Entrégueme el informe que escondió aquí la señorita Bekett y yo me iré por esa puerta. Todo parecerá un robo y no le haré nada a su esposa.-

- Parece que no aprendiste nada. No juegues con fuego. Sabes que no podrás pararla.-

- Castle, su esposa está en la ciudad ¿no se lo ha dicho? Ahora mismo está viniendo a esta casa. Se supone que viene para darle una sorpresa a usted. No deje que ella se lleve la sorpresa al ver un cadáver. Sería una pena que la señorita Bekett enviudase a los pocos días de estar casada-. Mentía o eso pensó Rick. Estaba jugando con él y no le dejaría a Bracken que anotase un solo tanto.

-Púdrase.- dijo con resentimiento Castle. – No me deja otra alternativa.- dijo Bracken.

De repente de entre las sombras surgió un hombre que le abordó por la espalda y empezó a estrangularle con una cuerda. Era fuerte, pues Rick tenía los pies elevados unos centímetros del suelo. Tranquilamente Bracken empezó a mover una silla. No sabía cuánto podría aguantar. Estaba empezando a perder la cabeza. Con parsimonia arrastró unos centímetros más la silla. Cuando se detuvo le soltaron violentamente sobre ella. Tosió repetidamente, tanto que no se dio cuenta que le habían rajado la chaqueta y estaba hecha jirones en el suelo. Las lágrimas se le habían saltado y su ritmo cardiaco acelerado, procesaba rápidamente el aire que no pudo tener mientras le ahogaban.

Kate maldijo su suerte. Llevaba media hora en un atasco apenas le quedaban unos Veinte minutos si el tráfico fuese fluido para llegar a su casa. Por fin avanzaron unos metros y el tiempo también lo hacía. Apenas le quedaban cincuenta minutos. De repente le vino a la cabeza la solución. Había un parking unos cientos de metros más adelante podría dejar allí el coche. El resto lo haría corriendo. Aunque sólo fuese media hora, vería a Rick, se hizo esa promesa. Los coches parecieron apreciar el deseo de Kate pues empezaron a moverse perezosamente. Cinco minutos después corría por las calles de Nueva York rumbo a su casa. Parecía que iba a cumplir su promesa.

Notaba la sangre fluir desde su ceja hasta su barbilla. En este caudal, desembocaba el que nacía en labio que le habían partido. El cuerpo le dolía por los golpes. Pero seguía vivo y mientras tuviese un aliento que espirar no le diría nada a ese bastardo.

- Bravo señor Castle. He de admitir que me sorprende usted gratamente. Pensaba que me lo pondría más fácil. Siempre me han gustado los retos. Pero mi tiempo es limitado y me estoy cansando de jugar con usted.- dijo esto y empezó a ponerse unos guantes de cuero marrón.

- ¿Cómo puede decir que le gustan los retos si siempre manda a otros que se los hagan? Nunca se ha ensuciado las manos por su trabajo. Siempre han sido otros.-

- Mi destino es trabajar desde atrás. Tengo una visión que muchos otros no tienen. Lo que me ha permitido jugar esta última carta. Tráela.- Era Alexis. Sólo podía ganar tiempo por si venía Bekett. ¿Pero y si era mentira y condenaba a su hija? Braken la cogió por el cuello y apoyó una pistola con silenciador en su sien.

-¿Cómo se que no le harás nada si te digo donde está?

-Considere cómo benefactora de la deuda que tengo con la agente Bekett a su pequeña-

-Déjela marchar y se lo diré-. Miró a su hija a los ojos. Reflejaban miedo. Estaban regados por las lágrimas. No quería llevarse una última imagen de su hija aterrada a la tumba. Bracken soltó a su hija.

– Corre, corre y no mires atrás. Cierra los ojos para salir de esta habitación. Ahora nos veremos.- dijo Castle a Alexis.

– Te quiero papá.- dijo entrecortadamente Alexis.

- Eso ya lo sé hija mía-. Alexis hizo lo que su padre le había ordenado. Castle miró a los ojos a Bracken.

- No le diré nada si ese hombre que está con usted se le ocurre mover un musculo.-

- Muy listo. Hace bien por su hija. ¿Y bien?

- Es ese mueble blanco debajo de él hay una tabla suelta.- Un movimiento con la cabeza fue suficiente para que el secuaz de Bracken fuese a comprobar si había dicho la verdad.

- Señor aquí lo tiene.-

- Bien. Muy bien. Señor Castle ha sido un placer.-

Ya estaba al lado. Ya vería a Castle. Pero una melena roja le hizo detenerse. Miró a Alexis que corría con todas sus fuerzas. Se fue hacia ella y la paró en seco. Forcejeaba. Le empezó a hablar pero ella seguía luchando por liberarse de las ataduras. Vio como un coche se ponía a la altura de la entrada al bloque de apartamentos. Un hombre que salió del edificio tiraba una carpeta a una papelera que había cerca. También tiró un mechero encendido. Empezó a arder. Entonces comprendió lo que había pasado. Vio como el coche avanzó hasta perderse. Llamó a los sanitarios. Se quedó con Alexis que lloraba en silencio. De repente llegó Stack. Kate le miró a los ojos y este se quedó con Alexis. Subió hasta el piso donde vivía. Vio la puerta abierta. Había un hombre en el suelo aun respiraba. Corrió hacia él y se arrodilló a su lado.

- Espero no haberte dado una mala sorpresa.- dijo con una sonrisa. Kate sonrió también.

- Los sanitarios están de camino. Verás cómo te curan. Rick.-

- Lo único que lamento es que no hemos disfrutado de esto lo suficiente. Sólo te pido una cosa. No vuelvas a hacer cómo hiciste con tu madre. Disfruta de la vida.- se produjo una pausa. – Kate…- La cabeza perdió la fuerza que la mantenía erguida. Llegaron los sanitarios seguidos por Stack. Kate seguía al lado del cuerpo, esperando que solamente estuviese bromeando. Le acarició el pelo.

- Rick… Rick no me abandones, tú no puedes hacerlo-. Pero su mirada había captado el infinito. Los sanitarios estaban reanimándolo. - Lo sabes. Sabes, que nunca volverás a verlo. Lo único que podemos hacer es honrar a su memoria y su familia capturando al que le hiciese esto- Kate se quedó sin palabras. Era evidente. Lo único que pudo hacer fue llorar, llorar amargamente.

Cayó al suelo, el golpe le había dejado sin aire. Tenía los ojos cerrados. Los abrió lentamente estaba iluminado. Pero solamente la parte en la que él estaba. Se incorporó examinó sus alrededores todo estaba oscuro excepto el círculo de luz donde estaba. Miró hacia arriba y la luz le cegó. Bajó la vista parpadeando y distinguió una puerta. Se fue hacia ella. Avanzó por el pasillo durante un largo rato. "Un momento" pensó, "¿Qué es eso? Sintió miedo y empezó a correr. Tenía el aliento entrecortado. No sabía cuánto llevaba corriendo por aquel pasillo en total oscuridad. Pero nada perecía que pudiera detenerle. Súbitamente se vio en una sala con una gran pantalla de cine. Richard Castle no sabía dónde estaba.