Título: Cuatro almas

Sumary: Harta de InuYasha y su eterna obsesión con Kikyou, Kagome decide viajar por su cuenta buscando los fragmentos, marchándose con quién jamás creyó, la mismísima Kikyou, creando caos y conflictos en InuYasha.

Naraku intentará aprovecharse de eso para hacer cumplir una vieja leyenda que habla de la tercera sacerdotisa de la perla y su decisión.

¿Quién terminará usando a quién?

Advertencias: Universo manga/Posible OoC/Menciones a otras parejas.

Pareja: InuxKag. Menciones del KikyouxInuYasha. KagomexNaraku.

Cantidad de palabras: 1,352/Cortesía de Magic Word en complot con Microsoft para hacernos creer que de verdad hay esa cantidad de palabras en el capítulo.

Disclaimer: InuYasha no me pertenece, todo registro legal y de derechos son de su autora Rumiko.

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Ideas tentadoras

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Su familia a pesar de todo había notado su estado decaído en la cena no hicieron ninguna pregunta, lo que agradecía, mucho más cuándo todos se dedicaron a tratar de animarla pero seguía sin ser agradable preocuparlos con sus problemas emocionales. Después de ser recibida y disfrutar de un relajante baño, Kagome decidió que era oportuno retirarse a su cuarto e intentar descansar, tenía miles de pensamientos en su cabeza que no la dejaban concentrarse en nada en concreto, una y otra vez su mente iba de sufrir por las interminables tareas escolares o de su vida ordinaria a permanecer reviviendo la escena de la mañana.

Suspiró pesadamente, antes de dejar un pequeño grito algo exagerado por estar a punto de resbalarse en pleno pasillo del segundo piso. Estaba tan distraída que por poco terminaba enredándose en sus propios pies, pero era imposible de evitar. La situación con InuYasha la tenía ciertamente fastidiada y a punto de explotar, era verdad que ella había elegido aquello, aun si no sabía todo lo que se avecinaría con su decisión de quedarse junto al medio demonio, pero también era innegable que comenzaba a ver los límites de su paciencia, la que un día ingenuamente creyó infinita.

Abrió la puerta del cuarto y comenzó a desvestirse, su pobre uniforme escolar estaba completamente arruinado gracias a la última batalla con un enemigo de poca importancia, peor que les había causado muchos problemas. Desde la ausencia repentina de Naraku lo único que encontraban en su camino eran esa clase de peligros, lo que agradecía, tampoco es que quisiera pelear con alguien del nivel de Sesshoumaru o algo porque era demasiado riesgoso. Se colocó el pijama y se lanzó directo a su cama, cubriéndose hasta el cuello. No fue hasta que sintió la comodidad de las sábanas limpias y frescas junto a la suavidad de su adorado colchón que recordó lo bueno de estar en su casa y en la época a la que pertenecía.

La tentación de pasar por lo menos una semana entera era demasiada, más tras enterarse por teléfono de parte de Ayumi que muy pronto vendrían los exámenes, pero tenía un mal presentimiento respecto a la era Sengoku. Había algo, casi podía sentirlo venir, que Naraku hubiera estado inactivo era sólo la primera señal de que tramaba un plan todavía peor.

A veces, y sólo a veces, le daban ganas de dejarlo todo en manos de Kikyou, después de todo ella también podía ver los fragmentos y era mucho más fuerte, pero sobretodo «mucho mejor compañía» según InuYasha, luego recordaba a sus amigos, a Miroku, a Shippou, a Sango y sentía que era como abandonarlos.

¿Dónde estaba su ánimo para enfrentar las adversidades como siempre? No lo sabía.

Lo que sí, es que ya no era una cuestión de un simple mal de amores, lo suyo ya rayaba en el masoquismo. No era sano para ninguno de los tres soportar semejante situación, y quizás si nadie cedía, ella debía empezar a hacerlo por sí misma, estaba harta de sufrir por un amor no correspondido que siempre terminaba dañándola.

Para su desgracia no era la primera vez.

¿Cuántas ocasiones más estarían en esa situación tan lamentable? Desesperada, lanzó con fuerza las sábanas que la cubrían y se levantó de golpe, sentándose al borde del colchón, intentar dormir mientras pensaba en ellos dos era imposible, estaba tan abstraída que apenas notaba que no había apagado la luz de su habitación. Se dispuso a hacerlo cuando de reojo pudo contemplar su reflejo pálido y ojeroso en el espejo del tocador, sintiendo pena por ella misma, de lo lamentable que se debía de ver para él.

Probablemente tampoco sería la última vez que InuYasha hablaba sin pensar, sucedería miles de veces más a futuro porque no estaba a gusto. Y empezaba a temer que ella tampoco lo estuviera. Sabía de sobra que cada cosa cruel e insultante que el albino dijo «sin querer» había sido la verdad que no se había atrevido a decir, si él impulsivamente había soltado aquél comentario comparándola con Kikyou era porque en el fondo realmente creía que la sacerdotisa de barro era mejor compañía que ella.

Estaba harta de sentía humillada y menospreciada cada que InuYasha no estuviera de humor para charlar. Una cosa era que estuviera enamorada de un imposible y otra que tuviera que aguantar a un desalmado que ignoraba sus sentimientos.

Comenzaba a creer que quizás no era tan mala idea olvidarse de todo y dejar a la sacerdotisa de barro a cargo mientras ella se dedicaba a recuperar su vida. Volvería a ser la mejor en matemáticas de la escuela, quizás se enamoraría de otro chico que sí le correspondiera, alcanzaría a graduarse ese mismo año si tenía suerte y finalmente podría dedicarse a su futuro como correspondía.

Suspiró, tragando las lágrimas que quería derramar. Si tan sólo la perla estuviera completa… Incluso iría ella misma a recorrer el Sengoku para terminar su misión de una vez por todas. La idea le rondó algún tiempo en la cabeza antes de caer finalmente rendida en su cama.

¿Y si lo hacía?

OoOoO

InuYasha la miró embelesado, recorriendo la figura de barro que avanzaba directo a él.

—¿Qué haces aquí, Kikyou? —cuestionó, extrañado por su presencia luego de la larga ausencia de ella. La mujer le sonrió con aquél gesto tan característico de ella en vida, con sus labios apenas tirando a un lado y la tranquilidad dibujándose en todos sus rasgos.

Un par de serpientes lo rodearon sin tocarlo, pero él no podía despegar los ojos de la representación de su culpa y pecado traídos de vuelta en un cuerpo tan frágil que en cualquier momento podría romperse en pedazos. La necesidad de sostenerla nació de su pecho, temía que le pasara algo, cualquier cosa, tenía que protegerla de todo, de todos, o si no podría morir de la ansiedad.

—Veo que no has cambiado —musitó suavemente, encontrando la misma mirada que anhelaba reparar el pasado en sus ojos dorados, aquella que tanto odiaba y le hacía actuar cruelmente en consecuencia. —Si tan sólo lo entendieras… —murmuró, sin ser escuchada.

Ese híbrido era incapaz de entender que las cosas entre ellos se habían marchitado de la peor manera y no había forma de que el amor de antes pudiera renacer. Quizás, en otra vida, o con la otra vida, porque las heridas que no habían cicatrizado seguían punzantes y dolorosas, y era probable que nunca fueran a cerrar.

El destino lo había querido, no había forma de remediarlo y ahora sólo les quedaba aceptarlo a ambos, pero ese medio demonio lo hacía todo tan confuso y difícil de ver, que incluso ella a veces tendía a caer en la trampa cruel.

—¿Viniste a verme? —le oyó decir, con aquél tono aterciopelado que sólo usaba cuando estaba angustiado, aquella voz que rara vez le escuchó en vida y ahora repetía tanto que llegaba a fastidiarla.

Las cosas entre ellos habían terminado.

—InuYasha…—murmuró lento, acercándose sigilosamente hasta él.

—¿Q-Qué haces? —masculló nervioso cuando la vio aproximarse y tomarlo por sorpresa del cuello de su haori, acercándolo peligrosamente hasta sentir como su cálida respiración chocaba en el cuerpo frío. —¿Kikyou? —preguntó confundido.

Había algo que no estaba bien de aquello y no sabía decirlo.

—Las cosas entre tú y yo han terminado —musitó, muy cercana a sus labios. Acercó su cuerpo hasta verse rodeada entre sus brazos, sabiendo de antemano que él no se permitiría rechazarla nunca.

—Kikyou, no digas eso… yo…

Lamentaba ser ella quién tuviera que dar marcha a todo, pero era el destino quién se había ensañado en que fuera de esa forma.

—Y seré yo quien haga pagar a Naraku.

—¿A qué te refieres…?

Lo calló con un beso, asegurándose de que ella estuviera observando. InuYasha apenas correspondió su gesto, sin saber que Kagome, en medio de un sueño extraño, los estaba observando.

Las cosas entre tú y yo han terminado… pero entre ustedes apenas están empezando.

OoOoO

Notas de Kou: Según yo no cambiaría demasiado la trama, básicamente pasa lo mismo pero la esencia es distinta. No me odien ni odien a Kikyou demasiado, recuerdo los regaños que recibí en aquél entonces por hacerla ver como la bruja mardita xD Quizás es por eso que cambié la conversación, además de que quería explicar de un modo "más convincente" que Kagome se separe del grupo. Igual creo que en la historia original sería imposible, pero aquí es mi fanfic y pasará lo que yo quiera, así que no se preocupen si pronto pongo a Inu a bailar tap… Nah… ¿O sí? 7u7

De verdad que me siento súper emocionada, no esperaba tanto apoyo, los amo, ¡son lo mejor!

Laura: Muchísimas gracias, trataré de actualizar cada semana ya que la base de la historia ya está escrita, sólo edito (mentira, prácticamente cambio todo xD) Espero no decepcionarte, es mi primer fanfic traído de regreso a la vida y quizás puede ser bastante simple uwu

Serenity usagi: Muchísimas gracias. Espero no decepcionarte, es mi primer fanfic traído de regreso a la vida y quizás puede ser bastante simple uwu

Wwwwwwwzp: Gracias por leer :3

Maribalza: Por ustedes trataré de que sea cada semana, como en los viejos tiempos xD Muchísimas gracias, espero no decepcionarte, es mi primer fanfic traído de regreso a la vida y quizás puede ser bastante simple uwu