Hola a todos…Mis disculpas, me han pasado más cosas de las que les podría contar, entre trabajo, estudios y proyectos personales he estado en una marea de cosas por hacer, por eso y algo de falta de inspiración no he actualizado, pero créanme que no he abandonado las historias.

Les doy mil gracias a todas las personajes que leyeron, comentaron o agregaron a favoritos esta historia. Mil gracias un abrazo y un beso para ustedes.

Lamento mucho tardar tanto pero espero este capítulo les guste. Dejen sus comentarios, críticas amenazas y quejas en los reviews.

Ni OUT ni sus personajes me pertenecen


- Estoy condenada a muerte –

… Condenada a muerte… esas palabras bailaron en sus oídos, la garganta se le seco por un segundo, la mujer frente a ella estaría muerta en un mes, seria ejecutada. Eran estas cosas las que la ponían tan incómoda, nunca deseo pasar por el pasillo de la muerte y tener que escuchar las historias para documentarlos antes de su ejecución, no era piedad lo que sentía; Era muy seguro que aquellas personas merecían aquel destino pero…. no quería formar parte de eso, de los últimos acontecimientos de la vida de aquellas personas.

- Raro que me lo pregunte Señorita Swan, estamos en el pasillo de la muerte, aquí no se llega a pasar vacaciones –

Hablo sin mirarle jugueteando con las hojas del libro sin tener mucho interés en la joven rubia, las acaricio un poco antes de cerrarlo y devolver sus marrones orbes hacia la abogada.

- Hay personas que no son capases de aceptar esa realidad – se defendió la rubia ganándose una mirada irónica por parte de la morena

- ¿Supongo que es parte de su protocolo?-

- Si -

Sus miradas se cruzaron nuevamente, casi podían verse en el reflejo de la otra, Emma no podía percibir alguna emoción en sus orbes, se preguntó que estaría pasando por aquella mente turbada, había estado frente a varios condenados a muerte y todos mostraban angustia, arrepentimiento, desesperación e incluso locura, pero esta mujer… no mostraba nada, era como si no sintiera nada en lo absoluto.

- Tal vez las preguntas que le haga le parezcan tontas, pero como ya menciono antes, es parte del protocolo que debo cumplir –

- Bien –

Emma se encogió en la silla sintiéndose irritada por la carencia de interés o emoción que tenía la morena, la última entrevista, un informe, una manera para que aquellos desdichados prisioneros dieran rienda suelta a todas las emociones y palabras acumuladas por años en sus gargantas.

A veces solían pasar hasta diez años para que se cumpliesen sus sentencias, tiempo desesperante para cualquiera infeliz que recibía esa condena, a veces incluso esas entrevistas eran la manera más cercana para relajar sus angustias pre-mortem.

Se reacomodo de nuevo para no mostrar la molestia que le producía la mujer frente a ella, la miró fijamente durante un minuto, analizando su actitud, para luego desviar la mirada hacia su libreta. Abrió la carpeta que contenía toda la información del caso

- Regina… Mills, 31 años, culpable de asesinato premeditado en primer grado en contra de Leopoldo White, Sidney Glass y Arthur Pendrago… ¿Es correcto?- la morena asintió mirando su libro

- ¿Les disparo? –

- Así fue –

- En el despacho del señor White, varias veces a cada uno en el pecho-

- Correcto –

- Tal parece que fue a quemarropa….tal vez movida por la ira

- Ummm -

- ¿Estos hechos fueron planeados?

- Si lo fueron -

- Entonces… ¿Sus hechos fueron premeditados y calculados de manera previa?

- Si – Repitió sin ganas

La abogada arrugo el entrecejo dudando de sus autómatas respuestas - Por la manera en que se cometieron, no parecieron premeditados –

- Pero así fue -

- ¿Cuál fue su móvil? –

- Dinero –

- ¿Dinero? – cuestiono la rubia

- Si –

Emma carraspeo irritada – Es de una familia rica, muy bien establecidos económicamente, en los informes se refieren a usted como una de las mejores estudiantes de la universidad de New York, graduada en ciencias políticas y con una amplia experiencia en el campo gubernamental y administrativo – la observo sin notar algún cambio en su apagada mirada – ¿Espera usted, señorita Mills, que crea que su móvil más grande para cometer estos asesinatos fue el dinero?-

- Nunca se tiene suficiente, siempre se desea más…. Señorita Swan-

- Tiene usted razón – le respondió la abogada bailando el bolígrafo entres sus delgados e impacientes dedos – pero permítame dudarlo en su caso, no se ve como alguien ambicioso -

- ¿Qué sabrá usted? –

- No tiene interés en contarme nada, ni codicia para desear vivir….

- Me habla como si tuviera más opciones Señorita Swan, no tengo más que un mes de vida –

Emma la miro irritada pero más por dentro contrariada, aquella mujer tenía razón no le quedaba más que un mes de vida y no, no había esperanza ni para codiciar tiempo o vida, pero sin embargo en todo estos años las personas que habían pasado por situaciones similares le habían demostrado, una pasión por la vida, de alguna manera negativa o positiva pero todos irradiaban algo, algo a que aferrarse en sus últimos momento, todos menos la mujer delante suyo. No había ganas en su mirada, no había emociones, su vida estaba limitada a terminarse.

- ¿Entonces? – escupió la rubia tragando su enojo – ¿qué debo escribir más sobre usted y su historia? , no me da más que respuestas escuetas y sin sustancia

La morena la miro con los ojos entrecerrados, con cara seria y concentrada en el único propósito de ser indiferente – Ya tiene una historia, no hay porque escribirla de nuevo -

Emma la observo con el ceño fruncido y muy disgustada se puso en pie desafiando su mirada, ocultando más mal que bien su gran decepción - Graham me ha hecho perder el tiempo, cree que usted necesita contar su historia, por alguna razón tiene la idea de que es una mujer que necesita ser entendida, pero no es más que una autómata sin interés alguno por otro ser humanosolo es otra asesina más-

Regina torció el gesto con una fugaz pero dolorosa sonrisa como si quisiera estallar sus emociones, poso sus ojos de nuevo en el libro en sus manos para continuar leyendo – Graham es un hombre bondadoso que cree en la benevolencia de las personas, eso no existe, solo existen las persona buenas como el, y las persona malas como yo, no hay historia, solo bondad y maldad. Eso es todo-

La rubia se quedó observándola, estática, quería creerle, es más si le creía, ella era solo otra asesina más, como se lo dijo hace un minuto atrás, pero esa fugaz sonrisa llena de dolor y esas palabras auto despreciativas la hacían dudar, era eso o quizás su amigo tenía razón, había algo más tras esa típica historia de asesinato por dinero tan común y fácil de creer y construir.

- ¿Personas buenas? – pregunto sentándose de nuevo frente aquella morena tan extraña, esta no le respondió, solo la observo extrañada preguntándose porque la abogada seguía ahí -Graham es una persona buena – repitió la rubia más para sí misma – que cree en la bondad de los demás-

La abogada la observo perdiendo toda la ira contra esa mujer, de pronto las cosas parecían tener sentido en su cabeza - Las persona buenas son inocentes y puras, necesitan ser protegidas ¿no es así señorita Mills? - seinclinó hacia delanteen la sillacon voz rasposa y profunda – Mi compañero Graham… sabía que su madre estuvo en la cárcel… lo dejo cuando tenía seis años, ella asesino a su padre para protegerlo, él era alcohólico y violento, intento hacerle daño una vez y su madre no lo permitió, ella lo mato-

Regina respiro fuerte, elevando los ojos vidriosos ya afectada por ese hecho, apretó el libro entre sus manos abandonando todo su atención para posarla en la rubia frente a ella. Emma supo de había dado en el clavo, justo donde debía ser, esta era la razón por la que Graham le había insistido en aquel caso, suspiro entendido las razones de su amigo y la dolorosa y asustada mirada de aquella mujer que hasta hace poco le parecía un robot sin emociones y la que ahora estaba desarmada y vulnerable frente a ella.

- Señorita Mills… quiero que me hable de su hijo Henry.