Capítulo 2 – Insinuación


El siguiente día llegó y Taiga no había movido ni un solo dedo, así que apenas se despertó estuvo botando y arreglando todo el desastre que había hecho en la habitación de su hermano mayor. Se demoró más o menos una hora y media. Cuando vio el reloj ya eran las 10, tendría que idear una buena excusa para poder entrar a la preparatoria. Cogió sus cosas y se fue rápido, incluso tuvo que tomar un taxi para no retrasarse más.

Antes de pasar al salón, tuvo que ir a la sala de profesores y dar sus disculpas respectivas informando que un familiar llegaría en un par de horas, por eso tuvo que preparar varias cosas en su casa sin ayuda de nadie, ya que vivía solo. Felizmente lo dejaron pasar sin más retrasos, pidió permiso al profesor y se sentó delante de Kuroko casi al final de la fila.

Clase de matemáticas, en esos momentos sí prefería haberse retrasado más. Quiso sacar sus cuadernos, pero se detuvo al ver una nota pegada en su escritorio, era de Riko: "Kagami-kun, hoy la práctica empezará una hora después de lo usual, le di las indicaciones a Kuroko-kun, por favor ¡No falten par de tontos!"

—Maldición, pero tengo que regresar a las 4 —murmuró.

Kuroko trató de mirar por encima del hombro de su amigo y vio que estaba escribiendo. Parecía una carta o un testamento, borraba y tachaba varias cosas sin parar, después de quince minutos le pasó el mismo papel que estaba hecho un garabato y medio, pero eso no era de mucha importancia.

Oi, idiota ¿qué cosa?¿Cómo? ¿Qué le puedo decir a la entrenadora Riko para que me deje en paz salir temprano? Alguien especial va a llegar venir y necesito regresar temprano… él estará, no, llegará a mi depa mi casa.

"Tengo que ir al médico"

"Tengo una gripe contagiosa"

"Voy a visitar a mis padres" No eso no, ya le dije que vivían en América…

Estoy seco, MALDICIÓN

¿Le digo la verdad? No… y si no me deja salir la mataré la noqueo, no, no puedo hacer eso.

¡Tú tienes mejores soluciones!

Tetsuya sólo se había quedado en "Alguien especial", lo leía y releía, lo marcó tan bien con su lapicero que le dieron celos y curiosidad de saber quién vendría. Era extraño, se quedaría en la casa de Kagami. Su luz no mostraba interés por nadie, solo vivía supuestamente por el básquet. Arrugó el papel y lo dejó debajo de su escritorio, arrancando una nueva hoja de su cuaderno en la que sólo puso las indicaciones que le había dicho la entrenadora ignorando por completo la pregunta de Kagami sobre qué hacer para que lo dejasen salir temprano.

Cuando recibió el papel de nuevo, Taiga lo estrujó por completo en su puño y sin pensarlo volteó molesto, le cabreaba bastante que Kuroko se ponga de molestoso justo en algo que él consideraba serio y más si se había esforzado en escribir esa nota. Había botado su orgullo por la ventana para pedirle un consejo precisamente al peliceleste.

— ¡Bastardo, ¿dónde está mi respuesta?! —Quiso cogerlo de la cabeza para aplicarle una de sus tantas torturas. Sin embargo el profesor ya se había acercado a ellos y les ordenó que guardaran silencio, sino tendrían que ir donde el director al finalizar las clases.

Taiga le resopló, no le quedó de otra más que guardar silencio y esperarse a que tocara la hora de receso para darle una paliza a su sombra, era evidente que lo iba a golpear de todas formas. Las ganas las tenía desde ayer cuando se burló del rechazo público.

Como lo había estado planeando, apenas el maestro dejó el aula, Kagami giró su torso con una mirada demoniaca y plantó la palma de su mano encima del libro que estaba leyendo Kuroko muy tranquilo, al parecer no tenía ni el más mínimo miedo, incluso le preguntó si le pasaba algo malo en un tono medio burlón.

— ¿Estás buscando pelea? —le preguntó apretando su puño. Incluso estaba arrugando algunas hojas del libro al ejercer mucha fuerza.

El peliceleste cerró su lectura y suspiró, no le gustaba la idea de ayudar a su luz a ligar con otra persona, pero se dio cuenta que no podía sacar conclusiones tan rápido sin siquiera preguntar. Sabía que decírselo directamente no resultaría, así que debía ser más sutil.

—Kagami-kun, la entrenadora te dejará salir si le dices la verdad

Justo le iba a responder, pero sonó su celular y sin demorarse mucho atendió la llamada. Era justamente la persona que Kuroko debía conocer sea como sea.

— ¿Ahora qué quieres? ¿Te perdiste? —Se burló el pelirrojo

— ¿A eso le llamas limpiar? —Preguntó algo fastidiado en su tono de voz— ¡No has trapeado nada y no hay ni mierda de comida! ¡He volado horas!

—Bésame el culo, Tatsuya. Estoy ocupado, nos vemos a las 4 —No esperó ni siquiera a la respuesta para colgar. Dejó su celular a un costado y le devolvió la atención a su sombra que se hacía la desinteresada buscando algo en su mochila.

En realidad estaba sacando una caja de jugo, pero sólo lo había hecho para disimular. Desde luego que había tenido estado escuchando la conversación de su amigo. Definitivamente le fastidió bastante saber que justamente llegaba un hombre a su casa "Podría ser que Kagami-kun sea igual que yo, pero ¿Se fijaría en mí?" se preguntaba para sí mismo.

—Oí, Kuroko —Le retomó lo anterior—. Si no me deja salir me ayudas a escaparme.

— ¿Tan importante es la persona, Kagami-kun?

—Me importa una mierda —Se rio, Tetsuya no le encontró la gracia— Pero acaba de llegar de América, no le puedo dar un desplante así a mi hermano ¿No te he dicho sobre él?

Tan sólo al escuchar la palabra "hermano", se le bajó el humor a los pies. Realmente se había quitado un gran peso de encima, no sabía que cara estaba poniendo, pero sabía que debía ser una muy extraña porque Taiga le preguntó medio extrañado qué diablos le pasaba. Él sólo metió su cañita a su caja de jugo y sonrió.

—Te ayudaré —Ellos dos cuando se ponían de acuerdo podían causarle muchos problemas a quien sea.

Kagami correspondió sonriendo de oreja a oreja. Ahora fue él quien se puso a revisar su mochila para empezar a comer de una buena vez. Si no terminaría vomitando la comida igual de Tetsuya por no digerirla bien antes del arduo entrenamiento que Aida les imponía cuando se molestaba con ellos, que era casi muy a menudo.

Dicho y hecho, gracias a la ayuda de su sombra, pudo zafarse a mitad de los entrenamientos e ir corriendo a su casa para saludar a Himuro. Así lo tratase con desprecio, en el fondo lo quería mucho y no podía negar que estaba ansioso por verlo después de unos largos años.

Abrió la puerta y encontró al pelinegro con una escoba y un trapo, andaba limpiando las manchas del suelo. "¡Tatsuya!", gritó emocionado con los brazos extendidos. El azabache volteó y le recibió el abrazo, uno afectuoso. Con golpes en la espalda como sabían dárselos, entre más brusco, mejor. Se habían extrañado hasta los tuétanos

Después de la calurosa bienvenida, dejaron las cosas a un lado y salieron a comer a algún restaurante cerca para contarse qué había sido de sus vidas en ese lapso de tiempo que no se vieron.

-o-

En la preparatoria Shūtoku, el entrenador estaba dando las últimas indicaciones, les repitió que debían dejar de estar tan tensos y los mandó las duchas a todos, menos a Takao y Midorima que les recordó que ese día eran los encargados de regresar las cosas a su lugar, hacer la lavandería de las toallas entre otras prendas y de dejar bien trapeado el gimnasio. Shintarō y Kazunari no tuvieron más que coger su escoba y ponerse a barrer.

Comenzaron por levantar el polvo de los rincones y a dejar las pelotas en su sitio jalando varios carritos de un lado a otro. Luego de eso, fueron a lavar las cosas de los demás, separaron la ropa por color y las metieron en cada una de las lavadoras correspondientes. La medida de detergente la sacaran por una pequeña taza. Encendieron y como prácticamente solo era cuestión de esperar unos 15 minutos, a Takao se le ocurrió un plan malvado y decidió hacer el resto él solo mandándolo a Midorima a las duchas. Aparentemente lo hacía de buena voluntad, eso sí se salía del guion para el contrario.

— ¿Por qué andas tan amable? —Le preguntó desconfiado

—Vamos, Shin-chan, sólo quiero ahorrarte el trabajo. Hoy te has esforzado mucho, así que debes estar muy cansado. Yo me encargo del resto.

El peliverde cogió su maletín y salió de la lavandería sin decir nada más, algo no le olía bien. Pero desperdiciar una oportunidad como esa de librarse de los quehaceres no la podía tirar a la basura ni de broma.

A penas escuchó el sonido de la ducha, el moreno realizó las últimas cosas pendientes que le faltaban a la velocidad de la luz, dobló rápido las prendas y las guardó en los bloques como sea. En ese momento tenía algo más importante qué hacer, se secó las manos con su propio uniforme y salió corriendo hacia los vestidores donde estaba su compañero de equipo tomando una relajante ducha.

Lo vio enjabonarse, sin que Midorima se diera cuenta de su presencia, realmente estaba disfrutando observándolo desnudo en ese cubículo tan estrecho. No sólo eran sus intenciones pervertidas, sino también que ya no podía disimular tanto, ya que su rostro cada vez fue tomando un color rojo vivo y no supo cuándo, pero estaba teniendo una evidente erección. Nunca pensó en estar imaginando escenas eróticas de esa forma.

Tanta era la concentración de Takao que ni se percató que los demás estaban siendo partícipes de su evidente espionaje. Sólo reaccionó cuando escuchó a Taisuke, Kiyoshi y Shinsuke reírse detrás de él. Esos tres habían entrado sigilosamente para sorprenderlo por la espalda levantándolo un poco haciendo que sus pies no tocasen el suelo, lo que causó que este gritara y llamara la atención de Shintarō, quien inmediatamente cogió la toalla que estaba a su costado y se la amarró en la cintura.

Era una verdadera burla, sus compañeros comenzaron a hacerle bromas por haber estado viendo a Midorima duchándose y más porque la tenía parada. El aludido al escuchar tal cosa, sólo atinó a coger el jabón que estaba por ahí tirado y salió de la ducha con una aura negra a su alrededor. Se acercó lo suficiente al azabache, viendo que si era verdad lo que decían sus compañeros, y le metió el jabón entero a la boca, haciéndolo toser una y otra vez. Pero eso ni le importó porque aprovechó que estaba despistado para darle un buen golpe el cabeza.

— ¡Idiota! —Le dijo al fin y se retiró hacia un baño para encerrarse a cambiar.

Entre lo que se demoró, Takao estaba lavándose en los caños más de tres veces la boca que no dejaba de tener un sabor raro y asqueroso. Los chicos por supuesto seguían riéndose del accidente, haciendo que Kazunari estuviera más rojo que un tomate. No era de su agrado haber sido descubierto observando descaradamente al Tsundere número uno.

Tendría que arreglarlo en alguna oportunidad, quizás mañana, porque el entrenador había llegado molesto mandando a los ruidosos a casa. No le gustaba que estuvieran perdiendo el tiempo, además que hace una hora debían haberse ido. Justo salía Midorima que aprovechó el pánico para salir sin ser molestado.

Takao se terminó de cambiar y salió con cara larga, si no fuera porque se topó con Midorima sentado en su carreta, quizás su ánimo hubiese descendido hasta lo más bajo.

—Apúrate que tengo prisa —le dijo sin mirarlo. Era un alivio que estuviese ahí, eso significaba que lo había disculpado parcialmente.

Takao se sentó si esperar más y comenzó a pedalear con todas sus fuerzas para que Shintarō viera que estaba arrepentido, aunque su rostro no lo ayudaba mucho porque seguía muy rojo. Recién después de 10 minutos pudo tener el valor suficiente como para volver a dirigirle la palabra, había estado preparándose mentalmente.

—Esto… yo… Lo siento… espero que no estés molesto, Shin-chan —Giró levemente el rostro para mirar al peliverde, pero lo único que recibió fue un impacto.

Su compañero de lentes le había aventado en la cara su amuleto de la buena suerte de ese día que eran para su desgracia un par zapatos.

—Habla menos y dedícate a pedalear —le dijo mirándolo de reojo.

Takao atinó a sonreír y seguir con lo suyo antes de que Shintarō se molestara de verdad, cosa que no debía permitir. Ya lo arreglaría después, tenía tiempo para decidir qué cosa de Oha-Asa compraría para ser disculpado, porque esa vez reconocía haberse excedido.

-o-

Por la calle principal, pasaba un lujoso carro negro con lunas polarizadas. El auto era largo e increíble, que dejaba con la boca abierta a quien lo veía pasar. Realmente había una gran diferencia entre la familia de Akashi y la familia de los demás de la generación de los Milagros.

Lo acababan de recoger de la preparatoria e iba directamente a almorzar por algún restaurante que le gustara, le habían avisado minutos antes que sus padres habían salido al extranjero por unos días y que si gustaba podían llevarlo a otro lado a comer o sino hacerlo en su casa solo. Propuesta a la cual se negó.

—Llévame al restaurante francés —le dijo al chofer después de decidirse—. No vayas tan rápido que se estropea la vista.

Estaba aburrido desde la mañana porque no había podido jugar shōgi por la interrupción de uno de sus maestros, habían pedido su colaboración para un concurso de inteligencia. Pero el pelirrojo lo rechazó puntualizando que sólo participaría en campeonatos de básquet.

Iban a pasar la luz verde, pero la presencia de un chico de cabellos morados hizo que Akashi le ordenara a su chofer que parase un momento. Bajó la ventana del auto y llamó a Atsushi que estaba distraído tratando de abrir una bolsa de papitas.

— ¡Oh, Aka-chin! —Lo saludó— ¿Me has traído más dulces?

Seijuro sonrió de lado y bajó más la luna.

—Por el momento, iré a almorzar —Abrió la puerta del carro y con la mano le indicó que subiera— Acompáñame.

Murasakibara se decepcionó un poco, pero aceptó la invitación. Akashi se sentó un poco más allá dejándole espacio a Atsushi para que pudiese entrar y cerrar la puerta haciendo que el carro volviera a avanzar. Apostaba que Akashi lo llevaría a un buen lugar a comer. Además que no le disgustaba pasar tiempo con su ex capitán, de cierto modo le parecía divertido seguir teniendo comunicación con él.

— ¿A dónde estamos yendo? —Preguntó el pelimorado después de terminarse todas las golosinas que tenía.

—Ya te lo dije, vamos a almorzar

Murasakibara no dijo más. Sólo se movía de un lado a otro, aburrido. Estaba inquieto por no poder comer algo de dulces, miraba los asientos y las puertas para ver si por casualidad encontraba algo. Mayormente la gente dejaba caramelos por ahí.

—Toma, definitivamente lo necesitas. Al llegar compraré algunos más —Le ofreció una bolsa con algunos caramelos de diferentes países que le habían traído sus padres.

Sabía que no demorarían mucho en llegar al destino, así que con esos pequeños caramelos sería suficiente como para entretener a Murasakibara por un rato sin que le dé el tic de decir: "Me aburro" o estar con cara de querer irse a su casa.

-o-

Ya eran las cinco de la tarde y Himuro recién tenía tiempo para hacer los papeleos de su nueva escuela, como era evidente preguntó primero en Seirin, pero tal y como le dijo su hermano ya no había ningún cupo. Así que tuvo que resignarse a buscar otra.

Estuvo andando por las calles con una lista de preparatorias cerca del lugar y la que más le gustó fue la de nombre Yōsen, además de ser la única que lo podía acoger lo que restaba del año, la única condición que le pusieron fue que tendría que pasar pruebas académicas. De eso dependía en qué grado lo colocaban. Si lo dejaban en segundo, o lo bajaban a primero. Él aceptó, no le quedaba de otra. Pagó la inscripción y matrícula.

— ¿Y cuándo podría comenzar las clases?

La secretaría sacó un mapa de la escuela y le señaló un salón en particular.

—Mañana tienes que venir a las 7 de la mañana para dar tus pruebas —le indicó— Vas de frente a este salón, ahí te estará esperando un profesor. Se te corregirá al instante, si pasas podrás ingresar a clases. Eso sería todo.

—Oh, muchas gracias —Cogió varios papeles informativos y su boleta para pasar a retirarse. No se veía tan mal, tenía confianza en que pasaría con buenas calificaciones.

Las áreas verdes eran amplias, tenía diferentes canchas y lo que más le gustaba era saber que el equipo de básquet de Yōsen era reconocido entre los mejores de Japón en las diferentes copas en las que participaron. Definitivamente se inscribiría en el club de básquet para poder competir con Taiga alguna vez en un partido oficial y no solo practicando en la cancha cerca de su casa.

Como no era muy tarde pasó por dicho club y vio a un par de chicos hablando entre que miraban cintas de partidos oficiales. Se acercó y preguntó cordialmente dónde podría unirse o con quién debía hablar.

—Las inscripciones fueron a comienzos de año ¿Cuál es tu nombre?

—Himuro Tatsuya —Se presentó—. Recién voy a incorporarme a esta preparatoria desde mañana y me gustaría ser parte de este equipo de básquet.

El instructor lo miró de pies a cabezas y le dio un formulario.

—Llénalo, mañana veremos si tienes lo necesario. Las prácticas son de 2 a 4, hace un rato los alumnos se acaban de retirar.

—Estará bien así. Gracias, estaré aquí —Entregó la hoja ya llena y de despidió amablemente.

Ahora sí todo ya estaba listo para hacer su vida nuevamente en Japón después de tantos años fuera, no importaba si no era en la misma escuela que Kagami, él también quería ser un buen jugador de básquet para hacerle la competencia.

-o-

El pelirrojo había llegado a su límite, había estado practicando con Kuroko por varias horas hasta decir basta, le emocionaba saber que ahora también tenía a su hermano para poder competir, ya que a los de la Generación de los Milagros los veía de vez en cuando.

Se sentó debajo del aro exhausto y dejó el balón a su lado, Tetsuya se secó el sudor con su toalla y fue a hacerle compañía, ni siquiera podían moverse a gran libertad, los músculos le dolían al caminar sintiendo como si se les fuera a desgarrar la rodilla.

—Esta vez sí que me pasé —exclamó Kagami. Sacó su celular de su mochila y le mandó un mensaje a Tatsuya diciéndole que ya en una hora llegaba.

Estaba que se moría de hambre, no comer por largo rato era una tortura para él y más si hacía ejercicio físico. Kuroko al darse cuenta por los ruidos constantes del estómago de su luz le dio su par de panes y su caja de jugo que tenía en su maletín.

— ¿Cómo te fue con tu hermano, Kagami-kun? —le preguntó.

—Nada interesante —dijo comiéndose ese par de panes en unas cuantas mordidas—. Se ha ido a meter a alguna preparatoria, supongo que ya lo conocerás.

Verlo así tan cansado y débil hacían que su sombra delirara en imaginación. A veces sentía que no se podría controlar por más tiempo, sus sentimientos hacia Taiga eran cada vez más fuertes y lo comprobaba todos los días cuando lo veía, era como si su día se iluminara.

Tragó saliva y decidió hacer su primer movimiento, tenía que arriesgarse. No podía decirle de plano que estaba enamorado de él, pero sí pretendía explorar el terreno. "Kagami-kun", lo llamó tenue.

— ¿Eh? —musitó mientras abría la cajita de jugo— ¿Dijiste algo?

— ¿Alguna vez has pensado que las mujeres y tú no son compatibles?

Taiga escupió todo el líquido y volteó a mirarlo fijamente. Si eso era una broma cruel lo estamparía contra la pared, suficiente con haber sido rechazado en frente de todo el salón, no quería hablar del tema y muchos menos con alguien como su sombra.

—Quieres que te golpee ¿Verdad? —Levantó el puño y lo puso muy cerca de la cara de su compañero— No es necesario que me recuerdes el incidente de ayer.

—No es eso —El tono de su voz era grave, seria y sus ojos demostraban que no estaba bromeando.

Taiga arqueó las cejas y se puso a pensar, no sabía cómo responderle a eso. Realmente no es que le disgusten las mujeres, pero sentía que eran muy complicadas. Siempre hacía algo mal y terminaba con algo en la cara o con un ridículo. Recordó que hasta esos momentos no había besado en los labios a ninguna chica, salvo Alex que lo mimó desde chico, pero eso no era nada romántico.

—Quizás sea cierto —Suspiró.

—Kagami-kun, ¿alguna vez te has interesado en un hombre?

Eso era una ofensa, lo tomó así. No resistió y casi por impulso le tiró un golpe a Kuroko en la espalda haciéndolo inclinarse un poco, sí que le había cabreado la pregunta.

— ¡¿Qué mierda estás diciendo, bastardo?! ¡No es para que exageres!

—Pero Kagami-kun…

Su luz se paró de inmediato y cogió su maleta, se había sentido ofendido. Tiró la basura en el tacho que estaba a un lado y sólo volteó a mirarlo con una cara desafiante, lo señaló con una mano y le habló con una voz demasiado fastidiada.

—No soy de esos tipos, no digas cosas sin sentido

Se despidió levantándole la mano ya estando de espaldas y se fue. No pensaba decirle lo incómodo que se había sentido, por primera vez había pasado por su cabeza tener un romance con un hombre y eso le había desagradado.

-o-

Llegó a su casa y vio a Himuro calentando la comida, lo saludó y rápidamente puso las cosas en la mesa para sentarse a comer, no quiso decírselo al principio, pero desde que lo vio llegar, lo notaba algo distraído y un poco pensante, eso era raro en Kagami.

Dejó su plato de arroz y los palitos, apoyando los codos sobre la mesa. No aguantaba verlo así tan ido, no se podía ni conversar. Le preguntó qué diantres le pasaba, parecía como si estuviese en otro lugar.

—No es nada…

—Taiga, no sabes mentir —le dijo serio para que se diera cuenta que no estaba en son de broma—. Dime qué te pasó

El pelirrojo estuvo mirando a un lado y al otro sin decidirse. Le daba en realidad vergüenza decirle el dilema y más sobre el tema, ni siquiera se había atrevido a contarle sobre el semejante rechazo que tuvo un día anterior. Pero antes la insistencia de Tatsuya, tuvo que hablar. No quería tenerlo con cara de "No me tienes confianza" toda la semana.

—Bien… —Dejó sus palitos y suspiró, le contaría—. Ayer una compañera de mi salón me rechazó tirándome un libro en la cara.

— ¡¿Qué?! —Se exaltó— ¿Te le mandaste a alguien?

Kagami se sonrojó por completo mirando hacia un costado. Eso era lo que le molestaba de contar sus cosas, Tatsuya podía ser muy buen consejero, pero siempre tenía primero que burlarse.

—No exactamente, sólo le pedí ir al cine —susurró—. Creo que fui muy agresivo

El pelinegro se tapó la boca con una mano para evitar reírse. Ya podía imaginar al inútil de su hermano queriendo conquistar o si quiera tratar de ligar a una chica.

—No necesitas decir más —dijo después de reírse a sus anchas—. Ya te entendí, créeme que no es necesario que sigas, me lo puedo imaginar.

— ¡¿Para eso querías que te cuente?!

Himuro respiró profundo tratando de volver a estar serio, pero no pudo. Estuvo unos minutos más burlándose de su hermano hasta que ya sintió que podía tener una conversación decente. Se acomodó el cabello y retomó la conversación. Creía lo que le decía, pero sentía que faltaba algo. Después de todo, ayer no había estado así.

—Bueno… es que… no es... Tatsuya ¿Qué harías si te preguntan si alguna vez te ha gustado un hombre?

El azabache abrió los ojos de par en par, lo había descolocado. Se paró un poco para acercarse a Kagami, preguntándole con qué clase de persona se estaba juntando.

—No-no, no es a mí —le dijo avergonzado—. Eso le dijeron a un amigo que aprecio, por eso estoy preocupado por él…

"¿Amigo especial?", pensó el pelinegro. Sólo recordaba a un tipo de su equipo de básquet, mayormente le hablaba de él y decía que era su amigo más cercano aunque a veces llegaba a ser irritante. De todas maneras no le creía que la pregunta había sido precisamente para el "amigo", sino para su hermano. De sólo pensarlo le dio escalofríos, no le cabía que un hombre se le haya declarado indirectamente y si era ese amigo cercano no dudaría en separarlo de Kagami de inmediato. Sin más, preguntó por el nombre del supuesto aludido.

—Eso no tiene importancia —le dijo tratando de sonar natural—. Creo que sólo lo hicieron por molestarlo, como es medio enclenque y débil…

Tatsuya se cruzó de brazos y se fue a preparar té mientras analizaba la situación. "Taiga es un idiota, no se da cuenta que ese 'amigo' quiere ligar con él ¡¿Quién carajos será?! Debo alejarlo de él, si sigue así puede… ¡No! ¡No! Taiga no se puede convertir en homosexual", pensaba una y otra vez mientras servía en las tazas el té recién pasado.

Volvió más tranquilo ya con un plan para sacarle el nombre. Le acercó su taza y comenzó con una plática de básquet. También le contó que él ya se había inscrito en el club de básquet de Yōsen, diciéndole que esperaba enfrentarse con él en algún campeonato.

— ¡Ja! —Se burló— A ver si puedes vencerme, Tatsuya. Seirin es invencible —Himuro soltó una risa incrédula, molestándolo por ser la estrella. "El as" como lo dejó ver— No sólo soy yo. Mis superiores también son buenos, además que nadie puede ganarnos a Kuroko y a mí.

Himuro sonrió de oreja a oreja poniendo un poco nervioso a su hermano, Kagami incluso pensó que había dicho algo malo. Había caído en la trampa.

— ¿Kuroko? Ese es tu "sombra" ¿no?

—Sí, algo así, está en el mismo salón que yo. Somos los ases de primero.

Su hermano lo estuvo escuchando por largo rato. Le contó todos los partidos a lujo de detalle de cómo vencieron a varios de la generación de los milagros. También le comentó del campo de entrenamiento en la playa y los abusos de su entrenadora Riko cuando él y Kuroko se desaparecían para entrenar a parte. No le quedaba duda que el chico que se le había insinuado a Taiga era ese chico llamado Kuroko Tetsuya.

— ¿Y por eso Kuroko te preguntó eso hoy? —lo interrumpió. Taiga se sonrojó por completo, eso lo delató— Taiga… Esas preguntas no son normales... ¿No crees que tal vez le gustes?

—No seas imbécil, Tatsuya —Frunció el ceño y dejó la taza—. Eso es imposible, Kuroko puede ser un idiota, pero no es de esos tipos… además él estuvo con una chica llamada Moman o algo así.

Realmente sólo se estaba excusando. La idea de "¿Y si Kuroko es de esos?" estaba dándole vueltas y vueltas. Lo único que le quedó fue tratar de cambiarle la conversación preguntando por su nueva preparatoria Yōsen. Después de todo, mañana saldría de dudas, era muy probable que se lo preguntase directamente.