Caroline no tuvo la oportunidad de hablar con Stefan en todo el trayecto. Klaus la había obligado a sentarse a su lado mientras él iba en el asiento trasero del coche.
No había podido responderle cuando vocalizó en su dirección un rápido ''lo siento''
Ella le habría dicho que era un buen hermano, que hizo lo correcto. Él no tenía culpa de que Klaus tuviera esa obsesión con ella.
El híbrido detuvo el coche en un área de descanso.
– Odio los silencios. ¿Alguien va a sacar un tema de conversación o tengo que hacerlo yo?
Ambos pusieron los ojos en blanco. La rubia abrió la puerta del coche y se bajó.
– Cualquiera diría que os estoy obligando a venir conmigo y preferiríais quedaros en casa. –comentó Klaus divertido. A continuación usó la compulsión con Stefan antes de bajarse del coche y seguir a la rubia:
– No te muevas de aquí.
El original la alcanzó en pocos segundos.
– ¿Qué pinto yo en todo esto? – Preguntó Caroline con fastidio – ¿Por qué yo?
Klaus sonrió.
– Me gustas.
Caroline frunció el ceño.
– ¡No me has visto nunca!
– Oh, agradécele a Alaric por eso. – Comentó burlón. – el equipamiento me vino genial. Aunque evidentemente, éste cuerpo es mejor – se señaló de pies a la cabeza sonriendo arrogantemente.
– No me conoces. – espetó.
– Caroline, sé más cosas sobre ti de lo que puedes imaginarte. Y no son pocas. Una Miss Mystic Falls debe tener mucho que contar, ¿no es así?
Caroline se quedó sin palabras. Klaus se inclinó y le habló al oído con voz melosa.
– Eres preciosa, fuerte y llena de luz.
Caroline reaccionó rápidamente y lo empujó.
– ¡NO ME TOQUES! – siseó con odio.
Klaus sonrió con maldad.
– Créeme, amor, que cuando acabe contigo me suplicarás para que lo haga.
