Solo siento que puede haber algo mucho mayor navegando entre mis anteriores lagrimas derramadas.
Espero que os guste.
La figura hay presente destacada de entre toda aquella madreselva y flora nunca antes vista por el ojo humano. Flores cristalinas trepaban sobre árboles recubiertos de una madera gris intensa brillante y de un tacto aparentemente aterciopelado, mientras que sus hojas se extendían de purpúreos y azules.
Un jardín realmente hermoso, aunque carecía de de fragancia alguna. Pero sin duda, aquel destello dorado procedente de unos de los bancos de aquel pequeño paraíso opacaba toda aquella belleza.
Aquel cabello dorado se extendía libre de ataduras sobre un cuerpo moldeado que se podía ver a simple vista a través del fino camisón que la cubría. Sus manos se enredaban en la melena peinándola suavemente, se veía hipnotizada pasando sus dedos una y otra vez mientras su mirada se dirigía pérdida y brillante, como una esplendorosa gema, que tan solo fijaba un punto en su visión. El planeta tierra.
Se veía tranquila, entregada a la misión de contemplar aquel planeta. Como si esperara que sucediese algo.
Ya llevaba horas así, en esa misma posición, cuando sintió una leve opresión en el pecho.
-"Mi amado Endimión, se que nuestro amor es tan bello como aquel planeta del que provienes y al cual observo con enorme fascinación, en espera de que llegues de nuevo a mi"-
Las mejillas de la princesa se encendieron levemente con un toque rosado. Y cansada de la misma posición opto por echarse sobre aquel banquito de inmaculado marfil, quitando la vista de su objetivo durante las últimas horas.
Ahora sus ojos se posaron en las innumerables estrellas que rodeaban su hogar. Unas desde la lejanía brillaban incesantes, y otras cerca y hermosas, como solían serlo. Pero una especialmente llamo su atención.
-"Es algo extraño, ha pesar de haber contemplado el cielo que rodea mi Luna durante toda mi vida jamás he sabido de una estrella con ese fulgor. Resplandece como ninguna otra…"-
Seguía sumida en aquella visión mientras sus ojos se cerraban lentamente, había estado toda la noche esperando por el, sin encontrar respuesta alguna. Tenía sueño, pero sin embargo hay se mantenía, fiel a su promesa de estar en ese exacto lugar en el momento que su príncipe regresara.
-¡Serenity!-
Justo cuando los somnolientos brazos de Morfeo estaban por recibirla una voz conocida hizo que de nuevo abriera los ojos.
-¡Todos en palacio están como locos buscándote al darse cuenta que no estabas en tu alcoba, durmiendo, como deberías de estarlo, no aquí en un banco!-
La dueña de la reprimenda era una bella muchacha de un largo cabello rubio, al igual que la princesa, y ojos de un inmenso azul. Sin embargo no poseía la hermosura ni los rasgos característicos que procedían de las soberanas del imperio Lunar, al contrario de la que yacía medio dormida sobre aquel banco.
-Buenos días Venus, veo que hoy amaneciste de un esplendoroso humor.-
Contesto la joven con una gran sonrisa a la repentina regañina de la que ahora se hacía un hueco para sentarse a su lado sin que ella debiera de levantarse.
-No, estoy muy enfadada contigo. Todas lo estamos, llevamos la mañana entera buscándote sin querer decirle nada a la reina profundamente preocupadas por que no hubieras echo una de tus escapadas y realmente te pasara algo.-
Serena se incorporo poco a poco para poder mirarle el rostro ha su amiga.
-Lo siento de veras, mi querida Venus. Mi intención no era la de preocupar a ninguna de ustedes. Sabes que por nada del mundo me gustaría haberlas alarmado de esa manera.-
Las rubias se tomaron de la mano. Una con cara de un real arrepentimiento. Mientras que otra iba cambiando su expresión preocupada por una más relajada poco a poco.
-Me debes una. Si no fuera por mí las chicas se hubieran chivado a tu madre.-
Una pequeña sonrisita se dibujo en el rostro de ambas mientras aún seguían tomadas de la mano.
-Te debo más de una amiga. Tu eres la única que realmente comprende mis sentimientos y me ha apoyado ha pesar de no contar con la misma intención del resto de las sailors. Aunque las amo a todas, al igual que ellas a mi, no entienden el profundo amor que siento por el príncipe de la tierra.
Ahora las palabras de la princesa cargadas de cariño y sinceridad impactaron contra su protectora, que dichosa del cumplido del que era merecedora sus ojos empezaron a cristalizarse levemente.
-Sabes que soy la guardiana de la belleza y el amor. Y que tú eres mi princesa favorita, dado que posees ambas cosas.-
Y así ambas rieron ante el comentario, mientras se fundían en un amistoso abrazo.
-o-o-o-o-o-o-o-o-
Sintió como una humedad refrescante mente fría se apoderaba de todo su cuerpo. En su cara se reflejaba una breve sonrisa, que mientras se desperezada sobre su lecho de hierva mojada desaparecía poco a poco.
-¡Achus!.-
Estornudo a pleno pulmón, abrazándose así misma al darse cuenta del frío que la embargaba.
Los zafiros de la somnolienta rubia se posaron desafiantes sobre un amanecer plagado de colores. Para ella, aquella escena a su pesar carecía de romanticismo. Así, que aún con los ojos hinchados, enrojecidos, le dedico una ultima y merecida lagrima en honor al adiós de su, aún a través de los tiempos, primer amor.
Se dispuso a levantarse, dado que los aspersores regaban aquel lugar y habían sido los culpables de hacerla despertar de aquel sueño referente a su vida pasada.
Llegaba la hora de afrontar los echos sucedidos en la noche pasada. No quería representar nunca más un estorbo para uno de sus seres queridos, pero aún con su mente asimilando los echos, debía encontrar una solución a todo aquello, puesto que su propio corazón le recriminaba el no haber creado medios mucho antes para la felicidad de todos y cada uno de ellos.
Primero, debería regresar a su hogar, su familia estaría preocupada y no quería crear otro sufrimiento innecesario. Y segundo, poner en orden sus pensamientos, dado que la culpa y la tristeza del desamor la estaban matando.
-o-o-o-o-o-o-o—o-o
-¡No!-
Una voz se elevo y recorrió de punta a punta toda la mansión en la cual aún dormitaban algunas de las sailors exteriores.
-¡Michiru!, ¿que te ocurre?.-
Una expresión de total preocupación se cernía sobre la nombrada mientras que en sus ojos la sombra de un profundo miedo se hacía presente.
-Dime ¿que has visto?.-
Una rubia de aspecto varonil volvía a preguntar insistentemente, observando el espejo que asomaba de la mano de su compañera, mientras que se iba levantando de su lecho, para acercarse ha ella, que yacía sentada al borde de la cama, sin moverse ni un centímetro, con la vista aún en el espejo, en el que ahora solo observaba su propio reflejo.
La mano de la sailor del viento se poso sobre el hombro de la joven agua marina dueña de aquel grito espantado. Y al mirarla dulcemente como solía hacer siempre para calmar el pesar que recaía sobre ella al ser vidente de aquello que se reflejaba, solo pudo quedarse muda y atónita.
De los profundos ojos mar se precipitaban lagrimas que surcaban toda su cara incesantemente.
Cuando Haruka tuvo el valor para preguntarle cuan barbaridad fue de la que había sido testigo su pregunta hubo obtenido respuesta por si sola.
La puerta de la habitación de las dos ocupantes fue abierta de par en par violentamente, haciendo que ambas se pusieran ala defensiva.
-¡Papa Haruka!.-
Una adolescente pelinegra ingreso en la estancia como alma que lleva el diablo, seguida por otra figura femenina mucho más alta que ella. La preocupación se reflejaba en ambas.
-Ha llamado la madre de Serena.-
Inicio la sailor más alta y ultima en llegar a la habitación.
-Si, dice que no ha regresado ha casa desde a noche. Que había quedado con Darien, pero este no sabe nada de ella..-
Concluyo la pequeña, mirando inquieta y aún más preocupada al darse cuenta de la expresión de sus falsas progenitoras.
Haruka se levanto de un salto al escuchar esto y Michiru seco disimuladamente sus lagrimas y prosiguió a lo mismo.
-Debemos ir en su busca.-
Sentenció la agua marina, y sin más dilación partieron todas fuera de su hogar.
-o-o-o-o-o-o-
-Me acaba de llamar la señora Tsukino, dice que Serena no aparece desde anoche ¿Tienes una idea de donde puede estar? .-
Por como había arrastrado las ultimas palabras podía denotarse el descontento de Rei hacía la persona con la que estaba hablando por teléfono.
-No, no tengo ni idea. ¿Por que me hablas así?, sabes yo también estoy muy preocupada, me estaba vistiendo para salir en su busca, que por si no lo sabes, es lo que deberíamos de estar haciendo doña "malas pulgas".-
Una Mina bastante furiosa hacía gala de su buenos modales con su amiga.
-No, perdona Minita, solo lo decía por que como eres tan amiga de Darien, seguramente tu puedas ser la mejor informada de todo esto, ¿no?.-
A la sailor se le calló el teléfono de semejante impresión, no podía ser verdad, las palabras cargadas de doble sentido que Rei le había lanzado como cuchillos afilados aún retumbaban en su cabeza.
Dejo el auricular en el suelo, sin valor de afrontar la pregunta y corrió hasta su puerta, en busca de la princesa a la que no estaba siendo digna de proteger.
-o-o-o-o-o-o-o-
Paso su mirada perdida por unos escaparates, simulando que los miraba, cuando la verdad es que no lo hacía. Su mente divagaba en otras cosas.
Sintió que la observaban y no dudo en encontrar al descarado que no apartaba sus ojos insistentes de su persona. Un viejo verde que incluso se había parado para admirarla mejor.
-"Pero bueno... ¿que tanto mira ese hombre?".-
Y al observar su reflejo en el escaparate comprendió el por que de su pregunta.
Su vestido tenía una enorme raja y estaba echo jirones por los bajos, sus piernas estaban totalmente expuestas dado que sus medias mostraban más carne que la que tendrían que esconder, estaban llenas de boquetes. Su maquillaje, hacía que su cara fuera todo un poema de Shakespeare. Y ni que decir de su anoche preciosa y lacia melena, ahora era un amasijo de hojas secas, césped, ramillas y pelo enmarañado.
-"Mmmm... supongo que es normal que se me quede mirando".-
Una triste sonrisa se dibujo en su cara. Le hacía gracia en cierto sentido lo cómico que se podía sacar de lo que en realidad la estaba matando por dentro.
Se dirigió a un parque cercano, dispuesta a eliminar por lo menos los restos de maquillaje de su rostro que la hacían lucir aún peor, y de paso, refrescar su mente.
Camino lentamente aproximándose mientras embelesada observaba el paisaje. Los cerezos en flor adornaban el lugar, ha pesar de que esta mañana hubiera tenido frió cuando despertó en semejante sitio en el que echo una cabezada, ahora agradecía su escasa ropa, dado que su larga caminata de ambulante y unos tacones levemente torcidos le estaban haciendo sudar más de lo que ella creía.
-No vuelvo ha usar estos zapatos ni en sueños..-
Se quejo la princesa mientras se sentaba sobre una fuente de piedra muy antigua. Como pudo metió la cabeza entera de bajo del grifo y se empapo por completo, lo mismo hizo con su cara. Paso sus dedos por el enmarañado pelo, pero fue inútil, podría jurar que hasta tenía algún animal que la había utilizado como nido. Puso una cara de espanto al pensar en todos los insectos que estaban acompañándola en el que fue anoche su lecho de hierva.
De repente, el cielo tomo un tono oscuro, casi rojizo, y Serena comprendió que algo no iba bien. Hubo un momento en el que le pareció ver unos grandes rayos impactar sobre lo que era el centro de la ciudad, los gritos se empezaban a hacer presentes, escuchándose a leguas desde donde ella estaba.
Sin pensarlo más, se quito los dichosos zapatos, que más daba a esas alturas con las pintas que tenía lo que pensara la gente, y echo a correr hacía el centro de todo aquel espanto. Corrió todo lo que sus piernas le daban, pero cuando llegó... no se esperaba semejante escena.
Todas las sailors estaban reunidas, tantos las exteriores como sus interiores, y por su puesto, no podía faltar el culpable de su desmejorado aspecto, Tsukedo Mask, con una flamante rosa apuntando hacía el enemigo, al que no podía ver el rostro, dado que estaba dándole la espalda y por contrario, encarando al antes susodicho moreno.
Por sus ojos no paso desapercibido el echo de una malherida Venus tras del que ella ya consideraba su "ex-novio", y al observar mejor la escena pudo darse cuenta que muchas de sus sailors se encontraban en un estado parecido. Su cara cambio al momento y no dudo en echar mano al instante de su broche mágico.
Primero creyó que era por el pánico, luego al seguir buscándolo fue que pudo darse cuenta de que era verdad, no lo tenía. Había perdido una de las cosas más importantes que tenía... ¿que iba ha hacer?. Un estado de nerviosismo extremo se apodero de todo su ser.
Todavía ninguna se había percatado de su presencia y seguían combatiendo como podían a aquel ser del que ahora solo podía adivinar su larga cabellera rojiza. La mano de aquel malvado fue apuntando hacía sailor Marte, mientras que se formaba una gran bola de energía que estaba dedicada completamente a ella. A todas se les podía adivinar el miedo en la cara, y justo cuando una pequeña Saturno estaba dispuesta a usar uno de sus más mortíferos ataques interponiéndose entre la chica de fuego y su verdugo, provocando así que a las exteriores les diera un ataque de nervios, alguien más se interpuso.
Serena había decidido que ya le daba igual su broche, su vida no significaba nada si por culpa de sus errores sus amigas salían heridas, o mucho peor, si por sus descuidos de niña tonta podía perderlas para siempre..
Os agradezco sinceramente la forma en la que habéis acogido mi fic, intentare no defraudaros.
Besos y gracias a todos y cada uno de los que dedicáis un poco de vuestro tiempo en leerme.
