Se despertó al oír como alguien llamaba a la puerta.
Tardo unos segundos en ubicarse. Aun estaba un poco desorientada, solo llevaba allí a unas horas.
Carraspeo para poder hablar, las cuerdas vocales no le respondían. La noche anterior habían hablado demasiado.

-Pasa- pidió, mientras se incorporaba y estiraba.

La puerta se abrió y una chica entro. Pelo oscuro y cortado a media melena, no muy alta, con una mirada marrón, dulce y alegre a la par.

-Siento despertarte- dijo mientras la abrazaba. Si, se la veía la mar de arrepentida- Podríamos ir a desayunar…

Hizo un gesto de sumisión con la cabeza. Le hubiera gustado más dormir, pero ya que estaba despierta le daba igual.
Miro con cansancio las cajas cerradas y apelotonadas por la habitación.
La noche anterior solo había tenido tiempo de llegar y ponerse el pijama, tenía mucho que organizar.
La habitación no era especialmente grande, como el resto del piso en general, pero podría poner unas cuantas estanterías y una cómoda. Esa sería la única forma de acoplar todas sus cosas. Se alegro de no haberse gastado sus ahorros, necesitaría muebles urgentemente.
Su amiga interpreto su mirada y al instante supo lo que estaba pensando.

-Relájate Patri, conozco un sitio…no es nada del otro mundo, pero es barato…allí compre el mueble del salón…Si quieres podemos ir-

Sonrió. Rocio siempre sabía lo que estaba pensando, y como ayudarla. Era fantástico estar de nuevo juntas. Eran amigas desde hacia años, y a pesar de que Rocio llevaba tres años viviendo en Londres no habían perdido el contacto.
Se supone que la distancia hace el olvido, pero para ellas había sido distinto. Habían seguido unidas, siempre bromeaban con que tenían una especie de "conexión" .Eran muy intuitivas una respecto a la otra.
Era toda una suerte estar de nuevo juntas, y por tiempo indefinido.

Tras desayunar y comprar los muebles de su habitación, habían pasado la tarde montándolos y colocando sus cosas. A pesar de todo lo que llevaba, no acabaron demasiado tarde.
Rocio le puso al día de donde estaba todo, tanto en el piso como fuera. No sería demasiado difícil acostumbrarse a vivir allí. Y menos teniendo a su amiga.
Se pregunto que habría sentido ella al tener que venirse sola y echar raíces allí.
Rocio era una chica muy responsable y capacitada para adaptarse a aquella fría ciudad, pero no le restaba esfuerzo.
Como Patri decía, ella era la lista de la familia. La que estaba acabando la carrera y sería la mujer de provecho. Se sentía muy orgullosa de ella.

Aunque le faltaban las ganas, aquella noche saldrían a un pub cercano.
Allí es donde supuestamente alternaban, era bastante grande, pero no por ello dejaba de ser un sitio agradable en el que poder charlar un rato.
Estaba dividió en la zona "bar", donde sentarse tranquilamente a tomar algo, y al fondo un pequeño escenario, donde todos los viernes y sábados hacían karaoke, ambas zonas separadas por un breve espacio que usaban de pista de baile.
Pintaba bien, y más contando con que a Rocio no le gustaba demasiado salir, y sin embargo aquel lugar la tenia enamorada. Patri suspiro tranquila al verlo, no le gustaba demasiado meterse en discotecas. Allí al menos podrían hablar.
Entonces alguien se lanzo en sus brazos.

-¿Gabriel?- Logro decir, mientras que este la estrujaba. Las lagrimas se acumulaban en sus ojos- Pensé que estabas en Manchester… ¿no tenías un casting?

El muchacho, de piel morena y pelo rizado no paraba de sonreír. Con esa sonrisa característica suya, que te hacía imposible no devolverle la sonrisa incluso estando en un velatorio.

-¡Que va! He vuelto esta tarde, te prefiero a ti en vez de a un puesto fijo de bailarín con una compañía súper importante.-

-Ósea que no te han cogido ¿no?- pregunto Rocio a pesar de que era obvio.

- ¡PUES CLARO!-chillo exasperado- ¡si no iba a estar aquí Peter!

Un hombre robusto se giro al oír el nombre, ese tipo de expresiones no parecían muy bien acogidas allí. Gracias a dios, al no obtener respuesta, el hombre siguió a lo suyo.

-Vaya, gracias por la parte que me toca- dijo Patri- Prefería la versión en la que lo abandonas todo por mí.

Los tres rieron, y todo volvió a ser como era antes de que ellos se marcharan, cuando pasaban las tardes juntos.
Gabriel había llegado a la ciudad hacia ya un año y medio. Se podía decir que había huido literalmente de su casa y su vida.
Su sueño siempre había sido ser bailarín, y no es que en Londres lo tuviera más fácil, pero entre sus múltiples e inagotables deseos también había estado vivir en Londres.
Por ese cumulo de cosas acabo viviendo en aquel lugar, en un piso compartido no muy lejos del piso de Rocio. Y aunque lo había dejado todo por bailar, el baile se empeñaba en darle la espalda y escurrírsele entre las manos, por eso aunque no perdía su afán y las ganas, dado que no podía vivir del baile, siempre tenia otros empleos. Camarero, vendedor, taquillero. Había pasado por multitud de trabajos, que la verdad no le había durado demasiado.
Patri se sentía feliz de haberse reencontrado también con él, con Gabriel ver las cosas de forma positiva y alegre siempre era algo posible.
Cuanto los había echado de menos.

Patri se miro en el espejo del cuarto de baño del pub.
Acababa de lavarse la cara y rehacerse la coleta. No se había molestado ni en arreglarse un poco para salir.
Observo su reflejo. Estaba un poco pálida, lo que hacia que su largo pelo y sus ojos parecieran mucho más oscuros de lo que realmente eran.
Tenía aspecto cansado, pero feliz. Sabía que aquel era un punto sin retorno, que todo iba a cambiar, pero ya no estaba triste por haber abandonado su vida.
Pronto le daría igual que su salida de España hubiera sido de lo más injusta. Se olvidaría de aquel miserable que había conseguido hacerle la vida imposible y volvería a ser ella misma, para siempre. Seria fuerte, nunca se había rendido y esta no iba a ser la primera vez.
Se autodedico una bonita sonrisa.
En ese momento Rocio se asomo al baño.

-¿Estas bien?- pregunto preocupada.

Patri le contesto sin dejar de sonreír:

- Perfectamente-

-1 AÑO DESPUÉS-

Patri y Rocio colocaban las cajas en el salón. Un repartidor acababa de traerlas desde España.
Aunque era un trabajo pesado, estaban emocionadas por la nueva compañía.

-Parece que fue ayer cuando eras tu la que me mandaba cajas y cajas con tus cosas…y fíjate, ya ha pasado un año.

Rocio tuvo que parar a coger aire, después amontono una caja encima de otra, si no, entrar en el salón seria imposible. Patri no tardo en ir a ayudarla con una demasiado pesada para ella sola.

-Han pasado tantas cosas en un año-

La puerta de la calle se abrió, solo podía ser una persona, porque solo una persona tenía llave.

-¿Cómo vais niñas?- pregunto Gabriel, dejando el paraguas en el fregadero.

Fuera llovía, menuda novedad.

-¡Eres experto en llegar cuando ya no hay nada que hacer!- le chillo Patri, oculta tras las cajas.

-Yo también te quiero, ¿Cuándo llega al aeropuerto?-

-Pues llegaba a las 6, ¡Así que o salimos ya o no llegamos!-

Rocio odiaba cuando Patri iba tan rápido con el coche, sin embargo Gabe parecía estar pasándoselo en grande. Eran los dos extremos, gracias a dios ser tan distintos no les suponía un impedimento para ser buenos amigos.
Patri sonrió al sacar las llaves del contacto, Rocio ya había saltado a la calle.

-Me hago este recorrido casi a diario, podría conducir con los ojos cerrados

-Tu sabrás, a la que le van a quitar el carnet como siga así es a ti-

Continuo Rocio echándole la bronca, mientras que se dirigía con paso firme a entrar al aeropuerto.
Patri rio en silencio mientras seguía a sus amigos, nunca cambiarían.
Fue saludando a todos sus compañeros, sorprendidos de verla en su día libre también por allí.
Muchos bromearon por ello, pero no tenían tiempo que perder haciendo chistes, la persona que esperaban venia en el avión que estaba desembarcando ya.
Era una suerte contar con alguien que trabaja en un aeropuerto, sabe todos los atajos y no tiene ningún problema para entrar por donde a el resto no le esta permitido.

-¿Qué hacen todas esas niñas aquí?- pregunto Gabe

Ellas no se habían fijado aun en la acumulación de chicas que había frente a una de las entradas.

-Vendrán a ver a los futbolistas, ¿No había partido mañana Patri?-
Rocio estaba en lo cierto, por eso Patri asintió. No se pararon a confirmarlo, tampoco se les iba la vida en ello.
Pronto llegaron a su destino, justo cuando abrían la puerta del pasillo por el que salía la gente que venía del avión. La puerta estaba separada por una pequeña vallita que conducía a un pasillo, por el la gente no podía pasar, por eso había un guarda de seguridad justo en el extremo.
Muchos cuchichearon al verles dirigirse allí, incluso un anciano se atrevió a gritarles con soberbia:

-Por ahí no esta permitido pasar-

Ninguno de los tres les hizo caso, siguieron su camino. Cuando pasaron al lado del guardia de seguridad, Patri le saludo.

-Buenas tardes Sam-

-No hay forma de echarte de aquí ¿Eh?, ¡ya vienes hasta tus días de libranza!

-No eres el primero que me lo dice.

Mantuvieron esa conversación sin parar de andar, mientras se marchaban Gabe le saco un dedo al anciano entrometido.

Allí venía ella, maleta en mano.
Estaba igual que siempre, el mismo corte de pelo, esa media melena morena, las mismas gafas de sol, aunque allí dentro no las necesitara. Parecía una estrella de cine.

-Tienes a un regimiento de niñas esperando para pedirte un autógrafo- Bromeo Patri, después ambas se fundieron en un abrazo.

-¿No se supone que no se puede pasar aquí?- pregunto la muchacha.

-Patri tiene pase vip en todo el aeropuerto- le respondió Rocio, antes de abrazarla ella también.

-¡CARMEN! FIRMAME UN AUTOGRAFO, DAME TU TELEFONO ¡QUIERO UN HIJO TUYO!- gritó Gabriel siguiendo la broma, antes de meterse por medio de las dos amigas.

-No habéis cambiado nada ¿eh?-

El comentario de Carmen los hizo reír, felices de tener una nueva incorporación en el grupo.
Al salir, mientras se dirigían a por el coche ninguno se fijo en que el grupo de chicas andaba cerca. Seguían a alguien, que iba escoltado por la seguridad del aeropuerto, ninguno de dio cuenta de ello, a pesar de estar al lado, tenían mucho que hablar con Carmen.

-No puedo creer que me hayáis arrastrado hasta aquí, y menos que tú estés conforme Rocio-

A Patri no le gustaban demasiado las discotecas. Prefería estar en el "Rules", el que habían bautizado como "su" pub particular. Allí habían quedado casi siempre cuando salían a tomar algo, o por lo menos, allí habían ido las veces que mejor lo había pasado.
Rocio pensaba exactamente igual, así que le pareció muy extraño que no se opusiera en ir a una macrodiscoteca atestada de gente y más extraño aun que le pareciera bien.
Cuando Gabriel y Carmen se fueron a por las bebidas no tardo en preguntarle para salir de dudas.

-¿Por qué estas tan contenta de estar aquí? Lo odias tanto como yo-

Rocio se hizo la remolona en contestar, sabia que a Patri o le iba a gustar la respuesta.

-Vienen famosos.

-Rocio, aquí siempre hay famosos, eso no es una novedad…-Pobre de ella si se pensaba que Patri se iba a dar por vencida con tan poco.

-Esta bien. Vienen ellos-Patri se echo las manos a la cabeza.

-No me puedo creer que te siga emocionando verlos, enserio son idiotas, ¿cuando vas a darte cuenta de ello?

En ese momento llegaron Carmen y Gabriel con las bebidas.

-¿Qué pasa? ¿Por qué tenéis esas caras?- pregunto Carmen dándole un trago a su cerveza.

Gabriel se fue a bailar en cuanto repartió las bebidas que traía en la mano.

-Vienen Mcfly- Dijo Rocio sin mirar a ninguna.

Carmen pareció comprenderlo al instante.

- Después de tantos años, ¿sigues enfadada con ellos?, hasta yo supe olvidar-

-Yo también he olvidado, es solo que Rocio sigue viéndolos con buenos ojos después de todo-
Rocio no pudo evitar estallar.

-¡Es que no han matado a nadie Patri! Podían haberse portado mucho mejor con sus fans, que es verdad que cada vez se comportan mas como unos engreídos que como eran antes, pues si…pero a mi me siguen gustando, y los discos de tu habitación dicen que a ti también-
Habían tenido aquella discusión mil y una veces, pero nunca llegaban a un acuerdo.
A las tres les había apasionado el grupo desde pequeñas, pero los cambios en la música hicieron que Carmen fuera dejando de oírles y por su parte, Patri había dejado de tenerlos en cuenta cuando empezaron a salir a la luz trapos sucios de lo mal que trataban a las fans.
Incluso ellas lo habían vivido en los conciertos, ya no eran como antes, habían cambiado, se habían vuelto unos insoportables.
Pero Rocio no lo veía así. Solía ver lo bueno de la gente, y decía que si estaban así por algo sería. Que necesitaban un voto de confianza. Desgraciadamente, los años jugaban en su contra, porque conforme pasaba el tiempo las cosas iban a peor.
Tras un rato de silencio, Patri bajo los hombros dispuesta a dejar de luchar por convencerla. Aquella era una guerra que tenia perdida antes de empezar.

-No discutamos ¿vale?-

Rocio le sonrió. Ya había pasado todo. Así eran todas sus discusiones, dos gritos y a los cinco minutos como si nada.
Carmen se rio, no habían cambiado nada, parecían las mismas niñas que había conocido años atrás. Estar con ellas era volver a sentirse un poco infantil, incluso seguían hablando de Mcfly, aunque las cosas hubieran cambiado respecto a ellos. Para ella sus amigas seguían igual, le hizo sentir bien. Le hizo sentir joven, puesto que aunque solo era un par de años mas mayor que ellas, estaba acostumbrada a pasar el tiempo con gente bastante mayor que ella.
Con otro tipo de vida, alejado al que sus amigas tenían. Así bien era por su mayor pasión, el arte, al cual se dedicaba en cuerpo y alma.
Tras quedarse en paro en España, había tenido una oferta de la National Gallery, una oportunidad impresionante que bajo ningún concepto iba a desaprovechar.
El arte era su compañero, su mejor amigo, y había veces que se asustaba de no necesitar nada más.
Había cambiado, hacia tan solo dos años salía de fiesta siempre que podía.
Ahora se veía un poco desubicada allí. No es que ya no le gustara, si no que ya no tenia tiempo. Quizás aquella temporada que le esperaba en Londres le ayudara a reencontrarse consigo misma.
Decidida fue a buscar a Gabe, tenía que cumplir el propósito de aquella noche, bailar hasta que el cuerpo aguantara.

-¿Estás viendo a Gabriel? No podemos dejar que siga bebiendo-

Rocio le miraba asustada. Gabe se había pasado tres pueblos con el alcohol, pero de momento seguía en pie, bailando con Carmen, que parecía ajena a todo lo demás.
Patri no la había oído, se estaba fijando en otra cosa.

-Deberíamos irnos-Continuó Rocio

Había un tío que no dejaba de perseguir a Carmen y acercarse a bailar con ella. No suponía mucho problema, se escabullía bastante bien de él, no necesitaba nadie que la ayudara de momento, pensó Patri, siguiendo sin hacer caso a Rocio.
Entonces se acabó la tranquilidad.

-¿Qué haces con mi novio? ¡Zorra!-
Una chica que iba bastante más bebida que Gabe, si era posible, empujo a Carmen y esta ni corta ni perezosa le devolvió el golpe.

-Es él quien me persigue, quizás contigo no tiene suficiente, ¿No crees?-

Él chico se echo a reír ante el comentario, pero tras ver la mirada de odio de su novia le atesto un golpe a Carmen.
A Patri no le hizo falta más, antes de que la histérica se echara encima de su amiga, ella le atesto un puñetazo en la nariz. Sonó un fuerte clack y la chica comenzó a sangrar.

-Pero, ¿Qué coño le has hecho bestia?- chillo el novio, mientras se disponía a atacarla por la espalda.
Carmen intervino a tiempo. Le dio una patada en los genitales y después le empujo para quitarlo de en medio.

-No se pega a una mujer ¡cerdo!- le chillo- Y menos si no puedes con ella, ¡estúpido!-

Después de eso todo fue una maraña de golpes en la que nadie se atrevía a entrar.

-¡Dale fuerte Patri!-Gritaba Gabriel- ¡Carmen que no se te escape!-Rocio intentaba callarle, Patri y Carmen lo ultimo que necesitaban era que las alentaran.

-¡Chicas por dios!-

10 minutos después la policía las sacaba de allí, sin oponer resistencia.
La gente las miraba y comentaba, estaban muy avergonzadas de cómo había acabado la noche.
Cuando salió Rocio, preocupándose de que Gabriel no hiciera nada por lo que la policía se lo llevara a el también, paso por alto quién entraba en ese momento. Aunque llevara esperando verlos toda la noche.
Ellos si se fijaron en ellas, al menos en Carmen y Patri y como se las llevaban en el coche de policía. No pudieron evitar reírse al enterarse de la historia. Quedaban pocas mujeres que se atrevieran a darles su merecido a unos idiotas. Con la primera copa, brindaron por ellas.