- Me parece que estás metido en un lio.

Mientras le decía estas palabras a Adrien, Plagg se movía en círculos con un trozo de queso en las manos sobre los restos de lo que antes había sido un zorro de cerámica japonés de probablemente más de 500 años.

- Así no me ayudas Plagg. Deja de dar vueltas y búscame algún pegamento. Necesitamos arreglar esto antes de que Nathalie se dé cuenta de que ha pasado algo y se lo cuente a mi padre.

Adrien tenía la mano sobre la frente y una expresión preocupada. No había sido buena idea entrar como Chat Noir por la ventana del salón en medio de la noche, ya que no conocía los alrededores tan bien como los de su habitación, pero se había olvidado de dejar abierta la ventana de su cuarto y la única disponible había sido aquella. ¿El resultado? Había caído sobre una estantería y, aunque intentó coger todos los adornos al vuelo, le habían faltado manos y pies para salvar al pequeño zorro naranja.

Plagg salió de la habitación en búsqueda del pegamento mientras Adrien juntaba todos los trozos y los ponía sobre un pañuelo de tela para llevarlos a su habitación. Una vez allí, pasaron toda la noche intentado reconstruirlo, pero desde luego las artes plásticas no eran lo suyo.

Cuando ya los primeros rayos de sol empezaron a dejarse notar, Plagg dijo:

- ¿Por qué no le pides ayuda a esa compañera tuya que es tan buena en estas cosas?

- ¿Te refieres a Marinette?- respondió Adrien con los ojos entrecerrados por el sueño- Es una buena idea, pero es difícil tener una conversación normal con ella, siempre me evita y retira la mirada. Creo que no le caigo muy bien. Pero esto es una situación desesperada, así que intentaré pedirle ayuda.

Y acto seguido, después de un ligero bostezó, sus ojos se cerraron completamente y cayó dormido sobre la silla. Plagg aprovechó para ir a la cocina en busca de algún trozo de queso que llevarse a la boca. Por eso ninguno de los dos vio como una sombra negra salía de los restos de la figura para tomar la forma de una joven con orejas y cola de zorro que, entre confundida y sorprendida, escapó por la ventana más próxima a ella. Esta vez Adrien sí había recordado dejar una ventana abierta.