Muy bien! Segunda parte de "Ruleta Rusa", todo el mundo!

En el futuro seguramente la traduzca al inglés y vuelva a publicarla. Mi dominio del inglés es bastante bueno; casi todas las historias que leo son en inglés y realmente me gustaría poder doblar ésta, ya que hay muchos lectores anglosajones. Veremos.

Por ahora, les dejo la segunda parte, que es narrada por Raven.

Espero opiniones y comentarios!

Rae.-

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-Ruleta Rusa-

Capítulo 2

(Raven's POV)

- ¡¿Están todos bien?! -¿Robin?

- Mi cañón no está, pero creo que eso es todo.

- ¡No puedo utilizar mis poderes, amigo Robin!

- Sí, pues, únete al club -¿Gritar era necesario, Starfire? La porquería que nos dieron para dormirnos ya me tenía con suficiente jaqueca.

- ¿Alguien tiene idea de dónde rayos estamos, o cómo terminamos aquí? -Al fin una pregunta inteligente... No puedo creer que pensara eso de Chico Bestia.

- No tengo idea -gruñó Robin-. ¿Todos están esposados?

Un "sí" unísono hizo eco en ese lugar, seguido por el sonido de cadenas siendo sacudidas.

- Intentar soltarse no les servirá, Jóvenes Titanes. Sólo logran hacerse daño, y no queremos que eso ocurra, ¿verdad?

Slade.

¿Dónde? ¿Dónde está? Agudicé mis oídos tanto como pude y sentí bisagras; estaba entrando. Sus zapatos con punta de metal eran simplemente inconfundibles. Su sonido era más pesado que el de los pasos de Robin, pero casi imperceptibles. Como un ninja.

Tardé demasiado en notar que estaba justo frente a mí. Lo que sea que estuviese usando para inhibir mis poderes era bastante efectivo; mi empatía apenas funcionaba. No me atreví a probar la telekinesis de nuevo, luego de la descarga eléctrica que recibí al despertar.

Me tragué el escalofrío cuando su respiración cayó en mi cuello. Sin la capa, mi cuerpo estaba expuesto - muy expuesto, para mi gusto. Pude sentir cómo disfrutaba viéndome; aún cuando yo me mantuve inmóvil, imperturbable, él sabía el efecto que causaba en mí. Del mismo modo, yo sabía que también causaba un efecto especial en él. Distinto a su obsesión por Robin, era algo... algo menos profesional. Apenas se teñía con lujuria, pero tampoco era demasiado sexual.

Cinco respiraciones sobre mí. ¡¿Cuánto puede demorar en desatar un estúpido nudo?!

Ahí noté que sus manos no estaban ni siquiera cerca del nudo. Se movían con lentitud entre la tela y mi pelo, buscando enervarme. No lo toleré. Elevé mi pierna izquierda, esperando atinarle a algo: su brazo, su pierna, su estómago. Con suerte, sus testículos.

Una bocanada de su aire chocó contra mí y lo sentí caer. No fueron los testículos, pero fue bastante satisfactorio de todas formas.

- Intenta tocarme nuevamente y me encargaré de quitarte el aire para siempre.

Rechiné mis dientes. Una mezcla de ira, odio y miedo me recorrían, pero esperaba que Slade sólo captara los primeros dos.

Pude oír una carcajada suave, aterciopelada... Estaba burlándose de mí, definitivamente.

Fueron un par de segundos de risa hasta que...

¡GUJF!

El aire salió de mis pulmones a presión, mi diafragma comprimido por una rodilla envuelta en titanio. Tendría que haber estado preparada para ese golpe. Mis pies flaquearon y sentí mis húmeros salirse de lugar cuando mi cuerpo quiso caer; las cadenas me mantuvieron suspendida.

¡Agh, agh, ugh, AGH!

No puedo gritar frente a él, ni siquiera habiendo escuchado dos de mis costillas rompiéndose. Cuarta y quinta. La adrenalina me ayudaba, pero dolería como mil demonios en la mañana.

- ¡Quítale tus asquerosas manos de encima, Slade! -apenas pude escucharlo; el dolor inhibía mis sentidos, y todo estaba cubierto por un agudo zumbido.

Sentí gusto ferroso en mi boca. Sangre; una mezcla de la sangre que salió del corte en mi labio (luego de haberlo mordido sin piedad para ahogar los gritos), y el sangrado interno de la golpiza.

Siempre odié el gusto a sangre. La sangre implica heridas, humanidad, debilidad.

Siempre odié la debilidad.

Una mano me tomó con fuerza de la quijada y de pronto mis ojos eran útiles de nuevo, aunque el blanco del lugar me tenía parcialmente cegada.

- Será difícil mantenerte en pie sin tus poderes, pequeña Raven; te recomendaría que lo tomes con calma.

- Muérete -un insulto idiota, considerando que Slade era lo más cercano que jamás veríamos a un muerto vivo.

- Oh, yo ya morí. Pero parece que incluso la Muerte tiene solución hoy en día, si cuentas con aliados poderosos. ¿Cómo está tu Papi, por cierto?

Pude ver con deleite cómo la saliva rosada caía por su máscara, e incluso escuché el gruñido de asco que ahogó en su garganta. Qué placer.

PLAF.

Okay, eso no fue tan placentero.

Para cuando las estrellas de colores se alejaron de mis ojos, él ya se había ido por la única puerta del lugar. Cerré mis párpados e intenté identificar mis daños.

Dos costillas rotas; una rozando peligrosamente mi pulmón. Todas las otras costillas presentaban al menos una fisura. Mi húmero derecho estaba cerca de dislocarse, aunque si me ponía de pie rápido, me salvaría de tener que reacomodarlo.

Mi corazón saltaba. Mucho.

Control. Todo se basa en el control. Azarath Metrion Zinthos...

- ¡Raven! ¡Raven, háblame! ¿Estás bien?

Abrí mis ojos cuando lo escuché; me había olvidado que el resto del equipo estaba ahí.

El dolor es psicológico; ignóralo y se irá. Apártalo, y desaparecerá.

- Tengo un pulmón casi perforado por mi costilla, pero viviré.

Pie izquierdo... Bien. Pie derecho... Ugh. Ahora la columna... lento... ¡Lento! Sin desviarme, o terminaré apuñalando mi pulmón.

Bien, estaba de pie. Y justo a tiempo para ver las pantallas bajar: estaba comenzando la función.

- Muy bien, Jóvenes Titanes, procederé a explicarles lo que ocurrirá aquí -dijo su voz por los parlantes-. Yo soltaré sus esposas, y se acercarán a la mesa que se encuentra en el centro de la habitación.

Cyborg no demoró en ayudarme, aunque temía tocarme las costillas. Me tomó por los antebrazos y me guió hasta la mesa.

Cuando vi la tela, un mal presentimiento me invadió.

- Me gustaría que uno de ustedes descubra los elementos que se encuentran allí. Jugaremos un pequeño juego que supongo, ustedes conocerán: la Ruleta Rusa.

- ¡¿Qué clase de juego podría involucrar un arma de fuego?! -Por todos los monjes de Azarath, ¿cómo alguien podía gritar así?

- No es un simple juego, Star -dijo Robin sin aliento-. El arma tiene una sola munición, y uno de nosotros la recibirá.

- ¡Viejo, está totalmente loco si crees que nos prestaremos para esto! -su aura casi me noquea. Sabía que era cuestión de segundos antes de que lanzara contra las pantallas, destruyéndolas. Contrólate, Garfield.

- Oh, pero lo harán. Verán, declinar no es una opción aquí. Ustedes tomarán un papel de esa pequeña caja, y el nombre en ese papel representará a la persona a la que ustedes apuntarán. Si esa otra persona sobrevive, deberá disparar contra la persona escrita en su papel. Y así sucesivamente, hasta que uno se quede sin suerte.

- ¡No existe modo de obligarnos a cometer un acto tan retorcido! -control, Starfire; no dejes que saque lo peor de ti.

- ¿Eso creen? Bien, haremos una prueba. Supongamos que a... Chico Bestia le toca disparar contra, digamos... Starfire, y él, gracias a su honrosa moral de héroe, decide no hacerlo...

Slade alzó su mano, mostrando un pequeño control con cinco botones, y presionó uno de ellos.

¡NO!

No podíamos movernos; nosotras ya habíamos sentido ese dolor, y verla de nuevo sufriendo... No lo toleraba. Todos quedamos congelados, viendo con horror la escena. Fueron unos pocos segundos, pero se sintieron asquerosamente eternos.

- Si uno de ustedes no arremete contra su compañero, yo lo haré. Y créanme: morir de un disparo es mucho más piadoso que hacerlo con mi método. Implanté monitores cardíacos en todos ustedes, de modo que sabré cuando sus pequeños corazones dejen de latir. Una vez que este juego acabe, las puertas se abrirán y los cuatro ganadores podrán caminar libres fuera de aquí. Incluso les permitiré llevarse el cuerpo de su amigo, darle un entierro decente o lo que sea que los héroes acostumbren hacer con sus muertos -dijo con desinterés-. Debo aclarar, aunque ya las hermosas jovencitas lo comprobaron -púdrete, bastardo-, que utilizar sus poderes no es una posibilidad, al menos que quieran que todo el grupo pierda la vida. Creo que eso es todo. Las reglas fueron dadas. Tienen dos minutos para comenzar. Buena suerte, Titanes.

Las pantallas se apagaron, dejando el cuarto en total silencio.

- Robin, dime que tienes un plan.

Cyborg estaba perdiendo la paciencia; no podía mentir, todos estábamos espantados con su silencio. Él siempre tenía una carta bajo la manga, una idea que nos salvaba de la muerte. No obstante, ahora se veía indefenso, con su mirada clavada en el arma. No hablaba, no mostraba señales de resistencia.

- Son microchips, en nuestras nucas -dijo mientras su dedo índice tocaba mi cuello, comprobando la presencia de un pequeño bulto. Nada-. Se pueden... Se pueden quitar, y-

Cyborg cayó al suelo, su ojo biónico brillando con intensidad gracias a una sobrecarga eléctrica. Me soltó rápidamente, antes de caer arrastrada por su peso. Sus sistemas comenzaban a fallar: sus partes azules se apagaban por momentos. Un maldito cortocircuito.

- Huh-uh-uh, nada de quitarse sus monitores. Sería quitarle la gracia al juego -la voz de Slade hizo eco en el cuarto, haciéndose sentir omnipresente.

Victor se mantuvo apoyado en un muro cuando la descarga terminó, jadeando como si sus prótesis quisieran dejar de funcionar. Me sentía tan inútil: primero Star, y ahora él; y yo no podía sanarlos. Rayos, ¡ni siquiera podía sanarme a mí misma!

- Considérenlo una advertencia. Les queda un minuto, Titanes.

- ¿Robin...? -preguntó con cuidado Starfire, esperando una solución.

Nada. Él seguía con su vista clavada en el arma, aunque mirando más allá. Busqué nuestra conexión; con suerte, Slade no sabría de ella. Efectivamente, seguía ahí; debilitada, maltratada, pero era mejor que nada.

Me concentré y lo sentí. Miedo. No, era más que miedo. Terror, pánico, fobia. Ira, culpa, frustración.

Resignación.

No había salida. Aún aunque lográramos pensar alguna estrategia, sólo teníamos unos pocos segundos para llevarla a cabo antes que Slade activara los microchips y todos muriéramos. Sólo podíamos salir por la puerta principal, y eso implicaba seguir sus reglas.

'¿Y si seguimos sus reglas, pero con nuestra propia estrategia?'

'Buen momento para aparecer, Inteligencia. No hay tiempo para acertijos, ¿qué tienes en mente?'

'Dependemos de la suerte. Tenemos un 16.66% de posibilidades de que la bala termine dentro nuestro.'

'Espera, espera. ¡¿Quieres matarnos?!'. Inteligencia no estaba en sus cabales, definitivamente.

'Técnicamente, sí'. Okay, al menos no andaba con rodeos.

'Confío en ti', dije, bajo la influencia de Valentía. 'No hagas que me arrepienta.'

- Debemos jugar -el resto del equipo me miró como si estuviese totalmente desquiciada. Realmente, yo también dudaba de mi estabilidad mental.

- Pero-

- No hay opciones. Tomen un papel antes que se acabe el tiempo.

Vi mi papel.

"Robin".

Fruncí el ceño y lo abollé. De todas las personas, ¿por qué él? Es decir, no quería disparar contra ninguno, claramente, pero...

- ¿Quién... quién será el primero? -preguntó BB, ahogándose con sus propias palabras y el llanto.

Robin estaba en shock. Mi cerebro ardía en migraña, sintiendo sus recuerdos entrar. Disparos, muchos de ellos.

Bárbara, su amiga, la primera chica por la que tuvo sentimientos... Su padre, su mentor... Él mismo, sintiendo el dolor del metal caliente perforándole la piel a toda velocidad...

Hoplofobia. Fobia a las armas de fuego. Jamás habría creído que él tenía una fobia. Miedos sí, cualquiera los tiene. ¿Pero una fobia?

Sentí lástima por él, por verlo en esta situación. Ya le había quitado el peso de ordenar jugar este estúpido juego, tal vez podría...

Su mano me detuvo. Lo miré pero él no me veía; sólo al arma. Alejó mi mano de forma seca y tomó el revólver en su diestra.

- S... Starfire -murmuró alzando la vista hacia su compañera. Ella lo miró entre lágrimas y asintió levemente, abrazándose a sí misma.

Tragué duro. Rogaba a Azar que no le tocara a él matar a alguien. Su mente no lo toleraría.

'Pss.'

'Te escucho.'

'Agudiza tu oído. Si oyes que la bala queda en el cañón de alguno de ellos, deberás desviarla.'

'Definitivamente no eres de fiar, Inteligencia. Slade se encargó de freír mi cerebro cuando quise flotar, ¿qué crees que hará si sus sensores le advierten que hago trampa?'

'Las posibilidades son bajas. Recuerda: la bala tiene que llegar a ti.'

'No.'

'¿No?'

'No puedo dejar que uno de ellos me mate.'

Clic.

Volví a la realidad con el grito de miedo y alivio de Starfire, cayendo de rodillas y siendo abrazada por Chico Bestia.

De pronto ambos se separaron y Starfire le entregó su papel a Garfield. No...

'Sé que no quieres que uno de ellos te mate, ¿pero prefieres que uno de ellos muera?', interrumpió Inteligencia.

Buen punto.

'No y no.'

'¿Entonces?'. Ella ya tenía una idea, lo sentía. Sólo quería guiarme para que la armara por mí misma.

'Si yo muero... ¿Y mato?'

'Mmhm. Pero tu muerte no tendría solución, ¿o sí?'. Okay, me la estaba poniendo difícil.

'Pues ya qué, moriré y ellos vivirán... Yo sólo... sólo quiero...'

"Que la bala me dé a mí".

Volví a la Tierra. Todos pensaron lo mismo, como una especie de ruego grupal. Fue doloroso oírlo. Tan, tan doloroso...

Starfire llevó su índice hasta el gatillo y giró el rostro, frunciendo sus ojos con fuerza mientras su dedo se movía solo, presionando cada vez más.

Clic.

El revólver cayó al suelo y Starfire corrió hacia Chico Bestia, que se había inclinado hacia un lado para vomitar. Lo abrazó de la forma más gentil y apasionada que pudo, intentando no herirlo en el proceso. Garfield, finalmente resistiendo su urgencia de purgarse, envolvió a la tamaraneana con sus brazos por un momento, besándola en la frente.

- Chico Bestia -lo siento, Gar. No hay tiempo.

Señalé el arma con mis ojos y él asintió. Entendía que no era mi intención interrumpirlo, pero realmente no tenía opción.

La tomó y giró el tambor, mirándolo hasta que se detuvo. Suspiró.

- Cyborg.

No, por favor... Por favor...

- Bien, Bestita... Hazlo.

'¿Y si te dijera que puedes morir y vivir?'. Inteligencia se estaba poniendo latosa.

'Te diría que los choques eléctricos te afectaron severamente'. Mis ojos se clavaron en el revólver, esperando algún sonido...

- Lo siento, hermano -murmuró Garfield antes de disparar.

Clic.

El alma me volvió al cuerpo, y solté una bocanada de aire que no sabía que contenía en mis maltrechos pulmones.

'Lo tengo.'

'Pues, dime.'

'Es...'

- No... No, no, no...

Cyborg me miró. Era mi nombre.

- Hazlo.

Me alejé algunos metros; no quería salpicarlo con mi sangre si llegaba a disparar. Estaba lista para morir y volver, o sólo morir... Lo que ayudara a salvarlos.

En respuesta Cyborg negó con la cabeza.

- ¡MUÉRETE, SLADE! ¡MUÉRETE!, ¿ME OÍSTE?

¡ARGH!

Todo en mí se contrajo. Dolor, indescriptible dolor. Mi tráquea se cerró, igual que mi laringe y faringe. Creí que vomitaría, pero ni siquiera el aire podía pasar por ahí.

En algún punto el dolor se fue y yo permanecí de pie, vagamente. Podía oír a mis emociones gritando. Tristeza estaba acobardada.

No quería morir.

Valentía intentaba calmarla, recordándole que era por sus amigos, y que Inteligencia tenía un plan. Aunque hasta el momento, ese tan preciado plan no había dado señales en mi cerebro.

Yo, sin embargo, pensé algo. Algo que no había practicado mucho, algo que tenía grandes, enormes posibilidades de fallar.

Me sentí caer de golpe. Mi conciencia se esfumaba, y sólo sentía el dolor de mi cuerpo chocando contra el concreto del suelo.

'Raven, hagas lo que hagas, NO. TE. DESMAYES.'

'Pero... duele... mucho...'

'Raven. Control. Todo se basa en el control. El dolor es falta de control. Tu mente es más fuerte que esto.'

'Az...Azarath... M-Metrion... Zinthos... Azarath... Met...rion... Zint-thos... Azarath... Metrion... Zin...'

- ¡ARGH!

Clic.

El dolor se fue, los golpes se fueron, el abismo negro de inconsciencia también. Sólo sentí dos manos enormes sosteniéndome, escarbando en mi garganta, en mis muñecas, abriéndome los ojos y la boca.

- Lo siento, lo siento tanto, lo siento -no llores, Vic... Por favor, no llores...

- Pequeña Raven, tienes diez segundos para ponerte de pie y tomar el arma. Diez... Nueve...

Vamos, reacciona... mano derecha... mano... ¡Agh! Izquierda... Eso, ahora las rodill... ¡Mantente en posición! ¡Uf!

Caí al suelo, regañándome por mi debilidad.

¡DEMONIOS, LEVÁNTATE!

- Ocho... Siete... Seis...

No quiero... no quiero levantarme... Sólo quiero que todo termine...

- Cinco...

Pero para eso debo levantarme... No debo darle a Slade el placer de verme así. Tan humana, tan débil y rota...

- Cuatro...

Manos, rodillas, pies. Bien, bien. Ahora, corre. ¡No, hacia el otro lado! Allí, allí está el arma... Ya... casi...

- Tres... Dos...

Sentí el metal en mis manos, y la alcé al techo.

- La tengo. Ahora cierra... tu estúpida... boca... -sentí el filo de mi costilla rasgándome el pulmón. Ugh, si algo me faltaba.

Vi a Robin. No podía. Debía, pero no podía. O sí podía, pero no quería.

Giré el tambor con habilidad y sentí un sonido débil, imperceptible si no lo buscas. El sonido que hace un proyectil al quedar en posición.

'¿Sabes lo que harás?'. Inteligencia estaba alerta, mirando el arma y mi mano que no temblaba.

'Creo... creo que sí.'

Robin cayó de rodillas, jadeando de dolor.

- Lo haré. Déjalo.

'Muy bien, yo te guiaré. Alza el arma...'. Valentía comenzó a tomar el mando. Después de todo, dispararse requiere cierta cantidad de valor.

'¡Sin titubeos! Necesitas verte fría; no dejes que Slade vea tu miedo'. Ira tenía un buen punto, aunque me esforzara por negarlo.

Robin me miró a los ojos. Esto lo estaba destruyendo; yo lo estaba destruyendo.

La conexión entre ambos se ahogó de recuerdos, pensamientos, voces, emociones, sueños, imágenes. Todo pasaba a máxima velocidad. Su vida pasaba frente a mis ojos, como el cliché de una película barata.

Tragué duro.

'Raven, concéntrate. Busca en tu interior, visualiza tu sistema circulatorio.'

Mi vista debía verse totalmente muerta, carente de alma. Aunque era sólo algo inconsciente, ya que mi atención estaba enfocada en el interior de mi cuerpo, probablemente ayudó a mostrarme indiferente a los ojos de Slade.

'Bien. Encuentra un hueco, uno donde no haya venas o arterias importantes...'

Lo encontré, justo a la derecha de la tráquea. Atravesaría una costilla, pero al menos no habría daños vitales.

'Eso es... Ahora escúchame bien: dispararás en ese punto y sólo en ese punto. Un centímetro de diferencia te matará.'

'Okay, sin presiones...'

La otra parte del plan ya la conocía. Sólo rogaba que funcionara.

Sentí a Valentía tomando mi mano armada, y mi corazón saltó. Lo calmé; era hora.

Valentía quitó el seguro.

'Ahora o nunca.'

'Dick... Dick... Lo lamento.'

BANG.

Mi muñeca giró, mi índice se contrajo.

Y bang.

No podía perder tiempo. Entré en el estado de meditación más profundo que jamás había intentado alcanzar. El dolor estaba matándome, pero no podía perder el foco.

Tenía mi corazón en mis manos, literalmente.

Se dice que la mente es más fuerte que el cuerpo; que la energía supera a la materia. En un ámbito más científico, se comprobó que el cerebro humano vive cerca de dos minutos luego que el corazón se detiene.

Era momento de comprobar cuán fuerte era la mente de un demonio.

La telekinesis no era una opción; Slade lo detectaría. Enfoqué mi mente en una sola tarea: controlar las contracciones de mi corazón. Sin poderes; sólo mi mente y yo.

El corazón es, después de todo, un músculo, como cualquier otro músculo en el cuerpo.

Los bebés aprenden a controlar ciertos músculos básicos al nacer: los de sus extremidades. Los contraen y relajan para obtener como resultado la acción básica del movimiento. Conforme crece, el ser humano controla más y más músculos para cumplir con más y más necesidades: esfínteres, dedos, mandíbula, lengua. Así nacen la motricidad fina, el control esfinteriano, el habla, la habilidad de masticar en lugar de succionar.

También aprendemos a controlar los pulmones durante períodos limitados de tiempo. El hombre puede aguantar la respiración por una considerable cantidad de segundos, minutos inclusive. El récord mundial es de 19 minutos y 21 segundos, admirable para un simple humano. Para ello, debe detener la contracción y distensión del diafragma. Así, los pulmones se frenan y el aire queda atrapado.

No muchos intentaron aprender a controlar el corazón. Quienes lo intentaron, por lo general, murieron.

Batman sabe hacerlo, Richard me lo dijo. Robin intentó aprender, y tuvieron que resucitarlo en dos ocasiones. Hasta el momento, aprendió a acelerarlo o alentarlo, pero aún no sabe detenerlo por completo.

Y yo... Supongo que estaba por averiguarlo.

Los monjes de Azarath eran buenos con las meditaciones de esta índole. Pasaban meses sin comer o beber, sin ir al baño, sin toser o estornudar. No había movimiento ocular, de modo que tampoco soñaban. Entraban a una especie de estado vegetativo voluntario; un "estado Buda" más avanzado. Azar dejaba de respirar luego de un par de minutos, y detenía su corazón una vez pasada la primera media hora de meditación, desacelerando su ritmo cardíaco lenta y paulatinamente, para no provocarle estrés.

Pero yo no tenía media hora.

Mi corazón debía detenerse en cuanto sintiera la bala en mi hueso. Pero, agh, el dolor...

Debía ignorar todo a mi alrededor. Los gritos de mis amigos, la presión de las manos de Cyborg sobre mí.

Azarath... Metrion... Zinthos...

Azarath... Metion...

Presión en la herida. Otra costilla en mi pulmón.

¡AGH!

- ¡NO! NO SALGAS DEL TRANCE.

- ¿Int...Inteligencia? -mi consciencia se perdía, pero no era gracias a la meditación. Mi mente se iba hacia un abismo mucho más oscuro.

No podía morir, no ahora. Mi mente estaba volviendo a mi cuerpo, y eso sería una sentencia de muerte para todos.

- CONTROLA. TUS. EMOCIONES. Sólo así funcionará.

Rayos, rayos, rayos. Buda lo había hecho ver mucho más sencillo.

Az...Azarath... Metrion... Z-Zinthos...

Azarath... M-Metrion... Zinthos...

Azarath... Metrion... Zinthos...

Abrí mis ojos y me sentí flotando en la nada misma. Tuve que tocar mis párpados para saber que estaban alzados.

Todo alrededor era negro, un negro opaco y aterciopelado. Yo levitaba en posición de loto, sin saber si estaba en un punto fijo o moviéndome contra mi voluntad.

Muy bien... ¿Y se supone que esto es...?

A lo lejos oí la voz de Slade. Estaba totalmente ahogada, como si lo escuchara mientras mi cabeza era sumergida bajo el agua. Sin embargo, llegué a oír algunas palabras... Dijo algo... Dijo que...

Morí.

Sonreí. Había funcionado.

- Mantén la concentración, Raven -Inteligencia apareció frente a mí, mirándome con severidad-. Si cortas el trance, tu corazón despertará. Si lo profundizas, no habrá forma de reanimarte. Estás en un Limbo, en el punto exacto. Mantente aquí.

Yo asentí. Era un lugar oscuro, silencioso, tranquilo, solitario... Y sin embargo, lo odiaba.

Quería salir, ver a mis amigos, advertirles que estaba bien, que no sufrieran. Pero no era posible, de momento.

Noté a la distancia algunos bultos pequeños, insignificantes puntos de colores. Poco a poco se acercaron, hasta que siete cuerpos quedaron reposando junto a nosotras. Rosa. Gris. Verde. Marrón. Naranja. Rojo. Violeta. Todas flotaban totalmente inertes.

- Son... mis emociones -Inteligencia asintió-. ¿Por qué?

- En este momento debes abstraerte de tus emociones para mantener el control. No puedes mantenerlas reprimidas como hacías para evitar que Trigon resurgiera, esto es distinto. Todas tus emociones deben estar en paz, y supuse que dormirlas sería la mejor alternativa: tus emociones nunca están en paz.

El silencio volvió y yo me quedé observando a mis otras Yo, durmiendo recostadas en el aire - si es que había aire en ese lugar, sea cual fuere.

Miré a Inteligencia meditando frente a mí me surgió otra interrogante que supuse ella sabría responder.

- El cerebro humano vive dos minutos luego que el corazón muere -ella asintió sin abrir los ojos-. ¿Qué hay del mío? Es decir, ¿la falta de oxígeno no lo matará, eventualmente?

- Sólo ruega que ellos te quiten en monitor antes que eso ocurra.

- ¿De qué hablas?

- El cerebro de un demonio no necesita oxígeno. Como tú y yo sabemos, el de un híbrido sobrevive algún tiempo, más que el de un simple humano, aunque no podría precisar cuánto. Pero si ellos no te quitan el sensor y tu corazón se reactiva, Slade lo sabrá y te matará definitivamente. Los matará a todos.

Ese sería un problema. Si no me quitaban el monitor, lo único que me quedaba por hacer era desprenderme definitivamente de mi cuerpo físico. Morir, per se.

Cerré mis ojos y retomé la meditación. El dolor era horrible, pero lo apartaba tanto como podía. Si cedía al dolor mundano, mi mente volvería a entrar a mi cuerpo y sería nuestra perdición.

Noté que, aunque no necesitaba respirar aquí, mis pulmones quemaban. Sospeché que mi cuerpo estaba empeorando: las costillas seguían dañando mi pulmón y nadie lo reparaba porque, claro, no tendría sentido sanar a un muerto.

Tosí. Aunque no era necesario en ese Limbo, sentí que ayudaría. No ayudó.

Por el contrario, hizo que todo quemara más. Sentí mi cuerpo siendo maltratado, movido, reacomodado, levantado y ubicado en distintas posiciones.

- Raven, ignóralo.

- Lo intento.

Me sentía febril. Jadeaba. No estaba entrenada para este tipo de meditación, y mi alma pedía a gritos reingresar a su dueño. Podía sentir por momentos mi conciencia desvanecerse, pero recitaba mi mantra una y otra vez, recobrando la compostura. Aún no podía, debía resistir más. ¿Cuánto más? Esperaba que no fuese mucho.

Los músculos de mi corazón ardían, los sentía claramente. Quería latir, quería bombear sangre, pero yo se lo impedía.

Azarath... Metrion... Zinthos...

Podía casi percibir el tacto de las manos en mi espalda. Manos finas y fuertes.

Starfire.

- Raven, aléjate de esos sentimientos.

Comencé a sentir la eternidad en cada segundo. Mis huesos dolían, mis pulmones dolían, mis músculos dolían, mi corazón dolía. Sólo quería reanimarlo y dejarlo morir para siempre.

Esta idea se había visto mucho más atractiva en mi cabeza.

¿Qué sentido tenía seguir con esto? Ellos ya estaban sufriendo, ¿por qué condenarme a este dolor? Cuando podía simplemente dejarlo ir...

No. No podía dejarlo ir, o no quería dejarlo ir. Ese no era modo de morir.

Los héroes no mueren encerrados en una habitación, disparándose mientras pasan las últimas horas de sus vidas drogados y acobardados.

Yo no me siento un héroe, jamás lo sentí. Sólo soy un ser detestable en busca de redención. No obstante, aún era muy pronto para morir; me quedaba mucho por hacer si quería redimirme por lo que mi linaje demoníaco había causado en esta dimensión y en tantas otras.

Merecía este dolor. Cada gramo de dolor era bienvenido y agradecido. No merecía menos.

¿Mártir? Tal vez. No me importaba serlo. Sólo quería poder perdonarme a mí misma. Sólo yo; ya no buscaba el perdón de nadie más.

¿Quién me perdonaría? ¿Las personas? Los humanos en Jump City me veían con temor, evadiéndome; excepto algún gótico extraño o un fanático de Satanás. Pero no era la mejor de las atenciones; sinceramente, prefería la evasión a que me prepararan un culto con crucifijos invertidos y velas negras.

¿Mis amigos? Ellos seguían insistiendo en que nada era mi culpa; "uno no elige a sus padres" dijo Robin más de una vez. Y sé que tienen razón, pero... Es inevitable. No puedo quitarme la culpa del cuerpo, porque mi lado demoníaco, aún encadenado al fondo de mi ser y reducido a una insignificante vocesilla... Aún ahí, se regocija con el dolor ajeno. Y lo odio.

Por último, no podría esperar el perdón de los Dioses. Sí, los Dioses. Cada Dios es tan real como la fe de sus seguidores. El hombre creó a cada Dios, y todos son igualmente reales. Y yo no obtendré el perdón de ninguno, aunque tampoco lo quiero.

Mi idea de eternidad no es vivir en el Paraíso, sobre una nube junto a una catarata de agua cristalina...

De todas formas, y aunque lo quisiera, soy un demonio; un ángel caído, desterrado del Cielo. No hay Dios que me perdone.

Azar me crió, educó e incluso apreció... Pero creo que ni siquiera ella pudo perdonar mis pecados, y sólo su perdón me importa.

De modo que no me quedaba nada más que perdonarme a mí misma, y para eso necesitaba más tiempo entre los vivos.

¡AGH!

- Raven, ¿me oyes?

Abrí mis ojos y me vi recostada en la misma nada donde antes meditaba. El dolor me estaba matando - metafórica o literalmente, ya no lo sabía.

- S-sí...

- Están en la Torre.

Algo rozó mi mejilla con delicadeza. Algo tibio, suave, vivo.

El frío en mi espalda me indicó que estaba sobre una superficie más rígida. ¿Una camilla? ¿La enfermería?

Debía estar lista. No sabía cuánto tiempo había pasado, pero mi corazón se estaba agotando y mi mente también. En cuanto alguien quitara el monitor cardíaco, debía dar señales de vida. No podía dejar que me dieran por muerta. ¿Qué haría si quedaba encerrada en este Limbo para siempre? Me cremarían, enterrarían o quién sabe qué, y yo sentiría cada instante de dolor.

- ¡Concéntrate, Raven!

- ¡S-sí!

- Debes mirar dentro de tu cuerpo... ¿Puedes ver tu corazón?

Me concentré tanto como pude. El dolor trepaba y me llevaba a la locura. No podía cortar el trance antes de tiempo. Fruncí el ceño y llegué a mi cuerpo físico sin enlazarme con él. Era una simple espectadora.

Pude ver mi pulmón derecho perforado por dos costillas, y mi omóplato izquierdo alojando una bala plateada. el proyectil había entrado de forma diagonal, desde mi seno derecho, rozando peligrosamente mi corazón antes de quedar del lado izquierdo de mi espalda. Seguí adelante ignorando los oleajes de dolor. Mi diafragma estaba dilatado y estresado: era difícil mantener la concentración con tanto dolor en tantas partes del cuerpo.

Sentí mi corazón totalmente estático. El silencio dentro de mi cuerpo era sepulcral. Sin el corazón latiendo, los demás órganos dejaron de funcionar, y no había ningún sonido que indicara que una mente viva seguía habitando allí.

- Sigue... quieto.

No quería usar la palabra "muerto", pero el eufemismo no ayudaba demasiado. Sabía que mi cuerpo estaba muerto, que técnicamente yo estaba muerta.

Algo tomó mi cabeza, y pude sentir una puntada insoportable calándome la columna. Como si insertaran una aguja enorme justo en un nervio. Pero no era algo que introducían en mi cuerpo, sino más bien algo que extraían...

- Inteligencia... creo que...

- Lo quitaron -afirmó ella mirando hacia arriba como si pudiera observar lo que ocurría fuera de esa caja negra donde estábamos.

- ¿Ahora qué?

- Ahora, lo más difícil.

- ¿O sea que mantener mi corazón estático mientras luchaba por no morir en el intento no fue lo más difícil? -inquirí con sarcasmo. Esto sólo se ponía peor y peor.

- No puedes simplemente reavivarlo como si encendieras un motor. El choque electroquímico te mataría.

- ¿Entonces...?

- Intenta... Un latido. Sólo uno.

- Bien.

Volví a mi pose de meditación y cerré lo ojos, sintiendo cómo me hundía en otro plano dentro de ese negro que era mi entorno. Era extraño e imposible de explicar. Meditación dentro de la meditación, un plano dentro del otro... No sé si algún día podría explicarlo; ni siquiera sé si llegaba a comprenderlo del todo.

Pude ver mi corazón maltrecho. Quise hacerlo latir pero no pude.

Recordé el dolor en mis músculos durante un calambre; cómo al intentar distenderlo sólo se contraía más. Pues mi corazón estaba en las mismas condiciones: yo intentaba hacerlo latir y él sólo se endurecía más, negándose a bombear sangre.

Quemaba como un hierro caliente en mi pecho. Siseé antes de enfocar más energía. Sólo un latido, al menos uno...

Bu-bump...

Me encorvé hacia atrás del dolor. Mis ojos se abrieron como platos mientras mi columna seguía cayendo, dejando mi rostro hacia arriba. Fue horrible, tan tan horrible...

- Bien. Ahora repítelo.

- ¡¿Repetirlo?!

- Deberás hacerlo hasta que ellos entiendas que estás viva, atrapada. Necesitas soporte vital, Raven. Cuando tu corazón lata, la sangre saldrá por la herida, los pulmones se llenarán de aire y las heridas empeorarán. Si no lo descubren a tiempo, tu pulmón se llenará de líquido y morirás ahogada.

'¡MALDITA SEA!'

Robin. Ése había sido Robin. Sus emociones me perforaron: ira, culpa, odio, tristeza... Necesitaba avisarle, avisarle que seguía aquí, que no planeaba irme.

Me erguí y volví a visualizar mi corazón.

Vamos... Vamos...

No sé cuánto tiempo pasó antes que otro "bu-bump" hiciera eco en la caja negra. Dolía. Dolía más de lo que podía imaginar o manejar.

'¿Qué rayos es eso?'

Bien, me estaban prestando atención. Uno más... sólo uno...

¡AGH!

Comencé a sentir una presión horrenda en el pecho, una jaqueca insoportable en las sienes.

- ¿Qué es... qué sucede...? -mi voz se oía extraña; más lejana de lo normal.

- Raven, tu cerebro está empezando a fallar. Necesitas pedir ayuda, ya.

- ¡¿Cómo puedo pedir ayuda si... si... estoy...

Me sentía cansada. Sólo quería cerrar mis ojos y darme por vencida; flotar a la deriva sin dolor, sin sentir, sin pensar.

Mis párpados empezaron a caer pero volví a abrirlos con toda la voluntad que quedaba en mi cuerpo. Debía pensar, debía pensar cómo comunicarme con ellos.

Intenté usar la conexión con Robin pero demandaba más energía de que la yo podía ahorrar en ese momento. Otra opción, otra opción...

Entré en pánico, y no era para menos. ¡¿Cómo podía comunicarme si lo único que sonaba era mi corazón?!

Y entonces recordé a Robin y sus intentos por controlar el corazón. Nunca había logrado detenerlo, pero había hallado otra buena función para sus nuevas habilidades.

Sólo esperaba que él se diera cuenta y pudiera dejar de lado sus emociones, ser racional y leer el mensaje. Él era mi última esperanza. Él me salvaría, de nuevo.

- ¿Qué harás?

- Morse.

- ¿Morse?

- Morse -reafirmé, frunciendo el ceño mientras me abofeteaba para mantenerme despierta. Diablos, si hacerlo latir una vez fue casi imposible, ¿cómo haría para hacerlo latir a determinado ritmo, decenas de veces?

Bueno, ya no había nada que perder.

Debía ser un mensaje corto, claro y preciso. Indicar que necesitaba ayudar para reactivar mi cuerpo. No demoré mucho en pensarlo.

S.O.S.

Concéntrate, Raven... Azarath Metrion Zinthos... Azarath Metrion Zinthos...

Acelera el pulso, tres latidos juntos, tres latidos rápidos.

Bu-bump...

Más... Necesito más...

Bu-bump...

¡MÁS, MALDITA SEA!

Mis ojos brillaron en blanco y pude oírlo, fuerte y claro.

Bu-bump. Bu-bump. Bu-bump...

S. Perfecto. Ahora, la O... Tres latidos más largos, más pausados... ¡Azarath Metrion ZINTHOS!

Bu-bump... Bu-bump... Bu-bump...

¡AZARATH... METRION... ZINTHOS!

Bu-bump. Bu-bump. Bu-bump...

Bu-bump... Bu-bump... Bu-bump...

Bu-bump. Bu-bump. Bu-bump...

Me desgarró. Caí sobre mi espalda arañándome el pecho con ambas manos; juro que arrancarme el corazón de cuajo habría sido más piadoso que sufrir ese dolor. Entonces sentí mi fuerza drenándose, mi ser agotado. Mis poderes no existían, y aunque mi cuerpo era genéticamente resistente, todo tenía su límite. Hice lo que pude, lo mejor que pude, lo mejor que se me ocurrió. Dejé mi mensaje, y no podía hacer más. Si ellos... Si ellos no lo leían, entonces...

De pronto sentí algo sobre mí, provocándome dolor, presionando. Su energía era inconfundible, simplemente única.

Robin.

'...sangrando...'

Vio mi herida. Vio que volvía a sangrar, porque la sangre volvía a circular, porque el sistema circulatorio volvía a funcionar, porque mi corazón volvía a latir.

Porque volví a estar físicamente viva.

- Raven, repite el mensaje. Robin está prestando atención.

Yo asentí y volví a cerrar los ojos, intentando dejar de lado el dolor cada vez mayor.

Bu-bump. Bu-bump. Bu-bump...

Bu-bump... Bu-bump... Bu-bump...

Bu-bump. Bu-bump. Bu-bump...

'Su corazón... ritmo...' Bien hecho, Grandote.

Otra vez. Debía repetirlo hasta que lo comprendieran.

Bu-bump. Bu-bump. Bu-bump...

Bu-bump... Bu... bump...

No lo captaban. Podía sentir la confusión de los cuatro golpeándome constantemente.

El dolor me estaba matando, literalmente sin duda. Si no lo comprendían ahora, mi cuerpo desfallecería y perdería cualquier oportunidad de vivir.

Una vez más... Sólo una vez más...

¡AGH!

Otra ola de dolor me invadió, haciendo que caiga sobre mi espalda en el negro infinito. Para cuando logré abrir mis ojos, me di cuenta de algo. El dolor persistían dentro de mí, pero ya no podía oír. No escuchaba las voces de mis amigos, ni los ruidos de la enfermería. Nada.

El tacto también fallaba. Ya no había superficies frías o manos tibias; podía manipularme como quisieran y yo simplemente no lo sentiría.

Mi empatía, no... No podía captar sus emociones sin importar cuánto intentara hacerlo. Estaba perdiendo toda conexión con el mundo físico, con mi cuerpo físico, y eso era una muy mala señal.

- Int... Intelig... ¿Dónd...? -de nuevo empezaba a sentirme adormilada, y mi mente no podía hilvanar palabras, mi voz se negaba a aparecer.

Giré lentamente el rostro y la vi recostada sobre su lado izquierdo, con las gafas caídas y su capa amarilla cubriéndola parcialmente. Sus ojos estaban cerrados, pero no estaba meditando.

- No... no...

Comencé a arrastrarme en su dirección, extendiendo mi mano para poder tomarla y atraerla hacia mí. Por el rabillo del ojo pude a ver a mis otras emociones, aún inertes. El negro parecía estar cubriéndolas, deborándolas. Poco a poco desaparecían entre las sombras, fundiéndose con el ambiente.

No necesitaba que Inteligencia me explicara lo que estaba ocurriendo. El Limbo nos estaba absorbiendo, me estaba absorbiendo. Mi contacto con el exterior se perdía. Moría.

Comprendí que no tenía caso intentar llegar a Inteligencia y volví a reposar sobre mi espalda, mirando la oscuridad infinita.

Estaba muriendo, y debía estar aterrada, negada, enfurecida... Pero no. No había nada dentro mío.

Porque Tristeza desapareció, y con ella mi miedo a morir.

Valentía desapareció, y con ella mi fuerza para pelear por mi vida.

Rudeza desapareció, y con ella mi interés en quejarme por el final que el Destino me deparó.

Ira desapareció, y con ella mi ímpetu por salir y vengarme de Trigon y de... S... Sl... Slade.

Alegría desapareció, y con ella mi esperanza por vivir una vida con mis a... ¿am...igos?

Amor desapareció, y con ella cada recuerdo de Rob... de Rob...

Inteligencia desapareció, y con ella toda conciencia de lo que me estaba ocurriendo.

Y ahora estoy... ¿Estoy? Es difícil definirlo... Es difícil definir la existencia; uno existe en tanto es consciente de su propia existencia y yo... ahora... no sé quién soy, o qué soy. No sé si soy. No sé qué implica ser, y... tampoco me importa.

Tengo dolor, pero no sé cómo reaccionar a él... Sé que... sé que estaba peleando, peleando por algo, por alguien... Por... por volver... ¿adónde?

Tengo esa sensación de que existió algo más que oscuridad alguna vez... Que hubo más que esto... pero... pero no lo recuerdo.

Y ahora mis párpados caen y el dolor finalmente se desvanece... Algo me dice que es el fin -no sé de qué, exactamente-, y que eso debería ser algo malo... ¿Pero cómo podría serlo?

Todo lo que recuerdo es dolor, oscuridad y dolor... El dolor se va, mi mente se va...

Algo dentro de mí dice que éste es el fin, y se siente bien...