Personajes: Donquixote Doflamingo & Hyuga Hinata.
Aclaratoria: Naruto le pertenece a Madara, digo Kishomoto-sensei
OP le pertenece a Eichiro Oda.
Advertencias: Posible OoC sin querer.
Rating: T
Gracias a la chica que me comentó, acá traigo la conti, espero que le guste
Reglas de convivencia con la familia Donquixote
—¿Eres ciega? —le preguntó una curiosa voz infantil apenas entró en el salón.
Giró a ver a la persona que hizo la pregunta y se dio cuenta que era una niña de alrededor de diez años, con el cabello verde hasta los hombros, con un lente en uno de sus ojos y un tazón lleno de uvas, las cuales se ponía en los dedos y se las comía de una en una.
Norma de convivencia número uno: no le des importancia a los comentarios de Sugar. En el fondo, es una buena niña, ya lo verás.
—No —jugueteó con sus dos dedos apenada—, así es el color de mis ojos.
La "menor" enarcó una ceja incrédula.
—Parece, porque no tienes pupilas... —le refutó la chica a la vez que se comía una uva.
Sí, no tenía necesidad de recordárselo, ¿cuántas burlas no había escuchado de pequeña por sus ojos? Había llegado a creer incluso, que los de su clan parecían bichos raros. Pero con el tiempo había aprendido a querer esa herencia.
—Así son —los ojos de mi... antiguo clan —explicó sin molestarse—... Con ellos podemos invocar nuestra "técnica especial".
La niña volvió a comer otra uva sin inmutarse.
—Baby 5 nos has dicho que eras una kunoichi —espetó—. Pero, creía que los ninjas eran personas fuertes. Tú pareces una muñeca de porcelana, pálida y frágil.
—Este… —no sabía qué decir a ese comentario, ¿una buena niña? Pues sí que lo disimulaba muy bien.
Norma de convivencia número dos: Lao G y Jora pueden convertirse en tus aliados
—Oye Sugar, no molestes a la chica que es nueva —la defendía a lo lejos una señora mayor, gorda y con el cabello bicolor.
—Jora tiene razón. Si el joven maestro la ha traído es porque tiene buenas razones para ello —la apoyaba un anciano que tenía cara de amargado.
La morena sonreía agradecida a los dos adultos mayores que la habían defendido.
—¡Y qué buenas razones! —se aparecía de la nada un hombre que parecía baba viviente y que no tenía un mínimo respeto por el espacio personal, asustando a la menor.
Norma de convivencia número tres: Trébol no conoce límites. Cuando te sientas incómoda, hazle saber.
—Esto… disculpe, Trébol-sama. Se encuentra muy cerca… —le advirtió la joven con el rostro totalmente rojo.
El pegajoso hombre, en vez de alejarse, lo que hizo fue acortar más la distancia con la joven haciendo que esta entrara al borde de un colapso.
—¿Muy cerca dices? —le preguntaba jocoso mientras rotaba su cabeza.
Y en tres… dos… uno… la kunoichi había caído al suelo.
—¡Trébol-sama ya es la tercera vez que le hace esto! —lo regañaba una molesta Baby 5 que se acercaba a atender a la inconsciente chica.
—De verdad que es tímida o, ¿acaso será que le gusto? —exclamaba divertido el ejecutivo.
—¡No digas tonterías! —le gritaban Jora, Lao G y un Machvise recién llegado que había visto la escena del desmayo.
—Definitivamente, es rara —confirmó Sugar sin dejar de devorar sus preciadas uvas.
—Déjala adentro, Baby 5 —le aconsejó el anciano del grupo.
—Sí, eso haré —informó la sirvienta cogiendo a la adolescente y llevándosela al palacio.
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Hinata-chan… Hinata-chan… ¡Hinata-chan!
La cabeza le daba vueltas, aturdida, con los gritos de la sirvienta.
—¡Ah, así que ella es? —se escuchó la voz de otro chico.
—Sí —le respondía la chica de las armas.
La observó de cerca.
—Parece de mi edad, ¿no es muy retraída y chica? —objetó Dellinger entre risillas—. Si así se comporta con Trébol cerca, no quiero imaginarme cuando el joven maestro pretenda profundizar su relación… ¡ops, eso no lo tenía que decir! —se tapó la boca sin dejar de sonreír—. Lo siento.
—No es algo en lo que debas inmiscuirte —le reprendió la morena.
—Lo sé, lo sé. Ya vuelvo, no me gustan los zapatos que ella tiene puestos —acotó saliendo de la sala.
—¿Baby 5-san? —le susurró la Hyuga recuperando el conocimiento.
La aludida la ayudó a incorporarse.
—¡Hinata-san, deberías dejar de desmayarte así!
—Lo siento, no lo puedo evitar… estaba muy cerca —le explicó la adolescente a la vez que recordaba la distancia tan corta en la que se había puesto Trébol de ella. Un escalofrío recorrió su espalda.
—El es así. No tiene remedio.
Y se sintieron unos tacones entrar nuevamente.
—¡Volví! —les avisó un chico rubio, vestido con un short y zapatos de mujer —. ¡Oh, así que ya despertaste. Te traje estos zapatos, creo que somos la misma talla así que te quedarán de maravilla! —le dijo dándole unos tacones iguales a los de él pero de color crema.
Regla de convivencia número cuatro: Si Dellinger te ofrece zapatos, simplemente acéptaselos. Hay que admitir que tiene buen gusto para ellos, fufufu.
—Esto… gracias —le respondió con una sonrisa suave mientras se sacaba los zapatos bajos que había comprado para ponerse los nuevos, "son muy altos, espero no caerme con ellos".
—De nada. Por cierto, mi nombre es Dellinger —le guiñó el ojo el rubio—. La próxima vez te buscaré un short, ese pantalón es muy largo para este clima. Además, que el joven maestro me ha pedido convencerte, de todas maneras —se volvió a tapar la boca—. Ops, lo volví a hacer —recordó entre risillas.
—No puedes guardarte un secreto… —le dio la razón Baby 5 a su compañero.
—Es que no estoy acostumbrada a usar ese tipo de ropas —se excusó la menor jugando con sus dedos nerviosa—. De todas formas, gracias Dellinger-kun, mi nombre es Hinata.
El chico frunció el ceño.
—Pues, deberías Hina-chan, me encargaré de que te acostumbres a ellas.
—Oye Dellinger, no la agobies tampoco, aunque si logras convencerla seré el primero en recompensarte —le aplaudía un recién aparecido Doflamingo que los observaba, risueño, desde la entrada de la sala principal; ¿en qué momento había llegado?
Regla de convivencia número cuatro: El joven amo a veces parece un fantasma, aparece en donde y cuando menos te lo esperas
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Escuchó que la puerta de la cocina se abría.
—Hina-chan ¿qué haces? —le habló una pequeña niña de cabellera aguamarina que comía un plato de uvas y se acercaba a su lado para espiar sus actividades.
La Hyuga volteó a verla y le saludó con una pequeña y tímida sonrisa.
—Este, bueno, el joven amo me pidió que le preparara algún bocadillo dulce y me decidí en hacer ponquecitos * —le explicó a la vez que batía la mezcla con el cucharón de madera.
La niña siguió observándola curiosa mientras seguía comiendo sus uvas.
—¿Y de qué sabor los harás? —inquirió.
—Pues, por el momento he decidido hacerlos de frutas cítricas ya que para el calor de estos días le resultarán refrescantes —puso la mezcla en los pequeños envases para poder meterlos al horno—, espero que le agraden, todavía no conozco mucho de sus gustos culinarios.
La acompañante de escandalosa cabellera se encogió de hombros en respuesta. Luego que Hinata terminara de vaciar el recipiente se fijó que su acompañante veía fijamente el recipiente donde había batido los ingredientes. Sonrió para sí, esa niña en ocasiones le recordaba a su hermana menor, Hanabi. Aparte, que era de los pocos miembros que no le daban escalofríos cuando se le acercaban como por ejemplo, Trébol.
—¿Deseas comerte lo que quedó en el recipiente, Sugar-san? —le concedió luego de leer las intenciones de la chiquilla.
La respuesta de la aludida no se hizo esperar. Dejó el plato de uvas a un lado y tomó el envase que le ofreció la morena y se sentó en uno de los estantes de la cocina.
—El joven maestro sabrá apreciar tu esfuerzo Además, por lo poco que has cocinado diría que no tienes mala sazón —calló para probar la mezcla y confirmar que sabía bien—. La mezcla está buena, si pudiera te pediría que hicieras unos de uvas pero el joven maestro nos dijo que no podíamos darte órdenes. Intentaré convencerlo para que te los pida directamente él.
La adolescente la vio sonrojada por el halago y asintió a forma de agradecimiento.
—Gracias Sugar-san —le sonrió sincera.
La "menor" frunció el ceño.
—Baby 5 tiene razón, de verdad puedes ser empalagosa a veces —soltó para volver a tomar su tazón de uvas—. Debo regresar a trabajar, Hina-chan; lo menos que necesitas es que Trébol venga a ensuciarte esto por acá.
Iba a despedirse de la niña pero apenas volteó ya la chica se había retirado. Hinata revisó los ingredientes sobrantes.
Todavía me queda un poco de harina de trigo, lo suficiente para un ponquecito más. Esta vez será de uva…
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—Te ves más cómoda, Hinata. Deberías vestirte así más seguido.
Si la definición de "cómoda" era querer salir corriendo, coger una toalla gigantesca y cubrise todo su cuerpo, entonces, su dueño tenía razón.
La muchacha solo asintió apenada intentando acomodarse el short de jean que le había dado el joven okama e intentando tapar con sus brazos la parte superior del bikini rojo que la hacía sentir muy descubierta para su gusto. Para variar, se había recogido el cabello en una cola de cabello dejando dos mechones al frente. Un peinado simple pero que los miembros de la familia donquixote le habían halagado.
—Como usted diga, joven amo.
Definitivamente el joven amo, siempre obtenía lo que quería
Se encontraban ambos en la piscina, él sentado en una mesa redonda con un mantel blanco y ella se situaba al lado derecho haciéndole compañía como él le había pedido. Se encontraba nerviosa porque le había traído los cupcakes recién horneados al shichibukai y no sabía qué opinaría de ellos. Observó como el rubio gigante tomó uno de los ponquecitos y le dio un mordisco quedándose callado y luego de haber tragado le dedicó una amplia sonrisa.
—Está muy bueno, Hinata, perfecto para este clima —le informó con sinceridad a la vez que cogía otro de la bandeja—. Te dejaré que me prepares de estos más seguidos.
—Gracias señor. Yo… todavía no conozco mucho de sus gustos y por eso, hice lo mejor que pude. Me alegra que le hayan gustado.
El pirata le acarició la cabeza como si fuera una mascota.
Regla de convivencia número cinco: El joven amo es cariñoso en ocasiones. Acepta sus gestos y no los rechaces.
—Me hace feliz que te estés adaptando, Hinata. Estás evolucionando muy bien y espero que eso no cambie —le habló soltando una carcajada fufufu—. Toma, come uno —le ofreció dándole uno de los cupcakes que había preparado.
La chica negó de forma educada.
—No es necesario, joven amo… yo los preparé para usted.
—Tonterías Hinata, come —le insistió dejándole el cupcake en su mano—; además, que estás muy delgada —le señaló palpando con su dedo índice las costillas de la chica haciendo que esta se ruborizara al contacto masculino con su piel.
La joven se iba a negar nuevamente pero vio que su amo alzaba su mano derecha en amenaza. Si no comía, él la obligaría a hacerlo con su habilidad. Resignada, se llevó el cupcake a la boca y le dio un mordisco. No era por presumir pero en verdad, le había quedado muy delicioso.
—Por cierto, Hinata, voy a estar fuera por unos días.
La adolescente lo miró sorprendida.
—¿Estará mucho tiempo por fuera, señor?
—Menos de una semana —le explicó el mayor quien había adoptado una expresión seria, cosa que había sorprendido más a la morena—. Tengo un negocio que concretar y unos socios que vigilar…
—Entiendo, señor.
—Podrás tomarte unos días de descanso, les pedí a los demás que no te molestaran mientras yo no estoy —le informó—. Confío en que sabrás comportarte y serás una buena chica, ¿no es así? —le susurró al oído haciéndola estremecer.
Más que una afirmación, era una orden.
—Sí señor, no se preocupe.
Regla de convivencia número seis: lo mejor es que le sigas siempre la corriente al joven amo. Aún cuando, lo que planeas es llevarle la contraria…
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Los murmullos no se hicieron esperar.
—¡Quién es él?
—¡Es monstruosamente alto!
—¡Mamá, ese sujeto me da mala espina!
—¿Qué hace un sujeto tan importante aquí? —se preguntaban los que lo habían reconocido.
¡Qué problemático resultaba la visita inesperada de ese sujeto en plena aldea! Había interrumpido la preciosa mañana de uno de los pocos días libres que tenía para que lo guiara a la oficina de la hokage. Bueno, la verdad el hombre nunca se lo había pedido pero él apenas lo divisó se había ofrecido voluntariamente a orientarlo. Y no, no era porque Shikamaru Nara era un chico hospitalario de nacimiento, para nada. Si acaso recibía a Temari era por obligación, antes por ser la embajadora de la Arena y ahora, por ser su novia. Sin embargo, la situación con ese gigante hombre era distinta, quizás no supiera en un primer momento de quién se trataba, pero al visualizar que venía acompañado de varios soldados y que en sus vestuarios llevaban el símbolo de una especie de gaviota le había alertado de que no era una visita turística. Por suerte el gigante rojo, les ordenó a sus soldados que lo esperaran en las afueras de la villa.
Quién lo diría… estaba frente al almirante Sakazuki ni más, ni menos. El hombre con la justicia más intransigente de todo el Grand Line. Porque, a diferencia de muchos, Shikamaru sí que conocía el mundo de los mares. No porque hubiese viajado ni nada por el estilo, sino porque había sido el encargado de recibir a los mensajeros del gobierno mundial todos esos meses. Aparte, que con la información que le habían proporcionado Tsunade y Temari podría hacerse una idea de la gravedad de la situación.
Sabía porque estaba allí el almirante. Y si llegaba a creer que eran simples sospechas solo tenía que observar un den den mushi de color dorado que llevaba el intimidante sujeto en su mano izquierda. Y Shikamaru se dio cuenta, que ese hombre no aceptaría un no por respuesta y si lo aceptaba, algo malo le pasaría a Konoha, que ya de por sí, estaba un poco débil debido a las consecuencias de la cuarta guerra ninja y también por el ataque de Pain.
Bufó para sí mismo, Tsunade ya no podía seguir negándose a las solicitudes, si lo seguía haciendo tendrían el mismo destino que Ohara, una isla que desapareció del mapa por oponerse a las reglas de la temible organización y por si fuera poco, según lo que le había comentado Temari, el resto de las aldeas ya habían aceptado y por lo tanto, sus países ya estaban en proceso de unión al Gobierno Mundial.
En pocos minutos, llegaron a la oficina de Tsunade, quien sentada desde su escritorio, recibió al almirante a regañadientes. Con un semblante serio habló al joven Nara.
—Quédate afuera, Shikamaru. Gracias por traerlo.
El aludido dio un bostezo y asintió con pereza para luego salir y dejar a ambos solos. Claro, que se quedó cerca para estar atento a la situación que se presentara.
—Debo sentirme halagada que un personaje como usted se encuentre por acá —le habló sarcásticamente la mujer rubia indicándole al marino que tomara asiento frente a ella.
El hombre sonrió de forma irónica, cruzándose de brazos y apoyando su espalda en la pared más lejana del escritorio de la rubia.
—No tengo tiempo para conversar contigo, mujer. Solo vine a recibir tu respuesta —le informó con la voz firme, clara y amenazadora, acto seguido, puso a la vista de la mujer el den den mushi dorado.
—¡Ese caracol es…!
El almirante asintió con malicia.
—Exactamente… —explicó señalando al animalito que yacía dormido—… es en dado caso, las cosas no salgan como lo teníamos planeado. Usted decidirá qué es lo que más le conviene: si estar o si no de nuestro lado y del mundo —su puño derecho comenzó a encenderse por la lava que emanaba—. Si escogen el mal camino, yo mismo me encargaré de eliminar a todos los que estén en contra de la justicia. Además, que así aprovecharíamos de probar unas increíbles armas humanas que el científico más importante de la marina acaba de crear.
Tsunade apretó sus puños, tanto que sintió que sus uñas se clavaban en su piel. Bajó la cabeza resignada.
—Ya veo, dígame cómo debo proceder para aceptar la solicitud entonces…
Sakazuki sonrió triunfal.
—Me alegro que nos hayamos entendido.
…
Y al día siguiente, todos los periódicos tenían el sorprendente titular.
Noticia de último minuto: ¡las cinco aldeas ninjas junto con sus respectivos países se han unido al Gobierno Mundial!… lea más detalles en la página cinco
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Había llegado, por fin. Luego de correr mucho y de haber usado su byakugan para esquivar a cualquier miembro de la familia donquixote, por fin había acabado en el puerto de la ciudad. Buscó alguna embarcación que saliera lo más pronto posible para infiltrarse, localizando una pequeña embarcación de turistas a unos metros de ella.
¡Era ahora o nunca!
—¿Creíste que sería tan fácil, Hinata-chan? —escuchó una voz femenina que le heló la sangre. Y quien la había descubierto infraganti, era una exuberante morena con una rosa en el cabello.
La aludida se quedó paralizada al notar que no estaba sola como creía. Buscó alguna excusa creíble para poder mentirle a la mujer miembro de la tropa de Trébol.
—No es lo que piensa, Violet-san —explicó suavemente—. Yo solo daba una vuelta por la ciudad para conocerla mejor aprovechando que el joven amo no se encuentra. Usted sabe que no me han dejado salir del palacio mientras él está.
Esperaba que hubiese sonado convincente, sin embargo, al ver el ceño fruncido de la otra mujer se dio cuenta que no había logrado su objetivo.
¡Rayos, sí que era mala mintiendo!
—Pues, eso no es lo que yo pienso, Hinata-chan —le refutó la bailarina poniendo sus dedos como si fueran binoculares—. No olvides que he comido la fruta del diablo, giro giro no mi, que me permite verlo todo, incluso tus pensamientos. Por tanto, sé que querías aprovechar que el joven maestro no está… para escaparte.
La joven Hyuga quiso ponerse en posición de ataque pero la mujer sacó un den den mushi de su escote y volvió a tomar la palabra.
—Si todavía insistes en tu deseo de escapar, no tengo de otra que llamar a mi superior Trébol y si eso pasa, esto llegará inevitablemente a los oídos del joven maestro apenas regrese.
Hinata se mantuvo inexpresiva aunque aún podía escuchar la amenaza de su jefe: "si intentas traicionarme de cualquier forma posible, más perderías tú que yo, querida".
Para sorpresa de la adolescente, Violet volvió a guardar el pequeño den den mushi en su escote, se acercó a ella para tomarla del brazo y caminaron de vuelta al palacio.
—Por esta vez, haré de cuenta que no ha pasado nada y no le diré a nadie de tu intento de escape, Hinata-chan —le aseguró. Su tono de voz se quebró un poco—. Pero, debes entender que nunca podrás huir de Donquixote Doflamingo, ¿está claro?
La adolescente asintió.
—Gracias, Violet-san por no comentarle al joven amo.
La morena negó con la cabeza
—Por cierto, Hinata-chan…
—¿Sucede algo?
—Cuando dormías la otra noche, por órdenes del jefe, husmeé en tus recuerdos. Y vi que un tal Naruto-kun era muy especial e importante para ti, incluso aún sigues enamorada de él. Esos detalles no se lo conté a Doflamingo así que no te angusties.
La muchacha se sonrojó como tomate ante el comentario de la bailarina. Creía que su amor por el futuro candidato a Hokage sería algo que podría mantener en secreto y que nadie del palacio se enteraría pero se regañó por pensar tan ingenuamente. Era esclava después de todo, ya no había nada que pudiera esconderle a su dueño, literalmente hablando.
—Creo que está de más decirte que debes olvidarte de esos sentimientos. Quién sabe lo que le haría el joven maestro si se llega a enterar de ellos.
Si, lo sabía. Siempre recordaba la famosa "propuesta" de su dueño ante lo q implicaba a su antigua vida y su proceder si ella no se olvidaba por las buenas de su antigua existencia. También, el destino de los antiguos prometidos de Baby 5 no ayudaba mucho.
—Lo sé, Violet-san. Yo… me olvidaré de esos sentimientos. A fin de cuentas, Naruto-kun nunca me correspondió.
La mayor le dedicó una sonrisa mientras seguían caminando al palacio.
—Si hubiese sido tú, ya habría apuñalado a ese hombre desde hace mucho tiempo.
Cierto que las mujeres en Dressrosa eran bien resteadas, por no decir otra cosa. Y Hinata rió, rió para no llorar, también por agradecimiento, porque sabía que Violet sentía empatía por ella y porque también le había demostrado que podía confiar en ella.
Regla de convivencia número siete: Si no puedes tener a un hombre, apuñálalo para que no sea de nadie más, Hinata-chan
Y Hinata se rió, porque sabía que jamás podría seguir esa regla
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—¡Baby 5-san, espera! —intentaba detener a la encolerizada sirvienta, quien de un ágil movimiento se la quitaba de encima y corría hacia el causante de su furia.
—¡Te voy a matar, maldito! —le gritó al shichibukai a la vez que convertía sus manos en dos cuchillas y atacaba al rubio.
Hinata volteó a ver a su dueño, preocupada, y se quedó atónita al ver que él andaba muy tranquilo hablando por uno de esos caracoles y esquivaba hasta sin ver todos los tipos de ataques que Baby 5 intentaba asestarle. Se quedó viendo la escena como si de una película se tratara y se alivió al ver que el pirata parecía no tener ningún problema en someter a la sirvienta. Suspiró, claro era un criminal de alto rango, no podría morir tan fácilmente… a veces, podía pecar de ingenua.
Se fijó que su amo estaba usando sus hilos en la sirvienta para que esta se quedara quieta, acto que aprovechó para acercarse y calmar su "superiora". Pero, para poca fortuna de Hinata, la morena de cabellos rizados todavía no desistía en su deseo de venganza. Sintió que alguien la cogió del brazo y la apartó de Baby 5, llevándola unos metros apartada de ella. Al girarse, vio que se trataba de Gladius, y ahí aprendió una de las principales reglas de convivencia del castillo.
Regla de convivencia número ocho: Baby 5 nunca desistirá de su deseo de venganza hacia el joven amo. Por favor, no insistas.
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—¡Neji-niisan! —gritó al despertarse.
Estaba agitada, sudaba frío y su corazón latía acelerado. El dolor se hizo presente nuevamente y junto con él, varias lágrimas de desahogo. Sollozó en silencio hasta que pudo tranquilizar sus nervios.
Se había hecho costumbre desde que la cuarta guerra había culminado. La imagen de su fallecido primo rondaba siempre en sus sueños, como cruel recordatorio de su sacrificio.
Se levantó de la cama, limpiando los vestigios del llanto y salió del cuarto, necesitaba despejar su mente luego de esa horrible pesadilla.
Caminó por los pasillos del castillo esperando no encontrar a nadie vagando a esas alturas de la noche. Ya se podía decir que los conocía a casi todos los miembros de la familia Donquixote y que la vieran por ahí tan pálida como un fantasma les llamaría mucho la atención y lo más seguro era que se lo avisarían inmediatamente al jefe. Suspiró, hasta hacía unas cuantos meses iba a entrenar con su equipo, preparaba la cena para su padre y hermana para luego visitar en ocasiones las tumbas familiares, realizaba misiones para Tsunade-sama y hablaba con sus amigos quienes lucían emocionados por el pronto ascenso a hokage de Naruto. Ahora, le servía a un hombre que resultó ser un shichibukai —le habían explicado lo que eso significaba claro está— y también el rey de una ciudad conocida como Dressrosa, lo cual confirmó todas sus sospechas iniciales, ese hombre era incluso más poderoso de lo que podía suponer.
Caminó hasta llegar al salón principal donde todos pasaban la mayor parte del tiempo, o bueno, por lo menos su amo junto a sus raros subordinados lo hacían. Entró y se sentó en el enorme sillón que estaba en el cuarto y dirigió su perlada mirada a la ventana. Esa noche, para su fortuna era estrellada. De la nada comenzó a temblar, y por instinto se cruzó de brazos regañándose mentalmente por no haber sacado algún abrigo antes de salir de su habitación y como pijama una franela de tiritas blanca junto a un short rosado, el único conjunto que casi nunca usaba. Decidió, intentar olvidarse de esa sensación y disfrutó del silencio nocturno hasta que unos pasos le hicieron darse cuenta que no estaba sola.
—¿No es muy tarde para que estés despierta, Hinata? —la "reprendió" una conocida voz masculina.
Su rostro se ruborizó por completo al identificar al recién llegado y más cuando este tomó asiento a su lado.
—Sí lo es, es que no podía dormir, Doflamingo-sama —se excusó la adolescente.
Pudo detallarlo perfectamente aunque la habitación estaba a oscuras y el único rayo de luz provenía de las ventanas, pero sí se dio cuenta que usaba una camisa color crema con detalles anaranjadas en el cuello de la misma —la cual estaba desabotonada por completo dejando al descubierto su tonificado torso, aspecto que podía hacerla desmayar en cualquier momento— combinada por supuesto, con un pantalón anaranjado por igual, que le llegaba hasta los tobillos junto su inolvidable abrigo de plumas. El hombre la vio de reojo para luego fijarse en el cielo estrellado. Parecía serio, un rasgo muy poco común en él.
—Suele pasar —le respondió encogiéndose de hombros. La miró de reojo a través de sus lentes oscuros y notó que la joven tenía la piel completamente erizada y eso se notaba en cierta zona resaltante de la Hyuga, lo cual le hizo sonreír maliciosamente—. ¿Tienes frío, Hinata-chan?
La aludida se sonrojó enormemente al ser descubierta y por acto reflejo —y totalmente inocente—, pegó los brazos hacia su abdomen provocando que la zona del busto llamara más la atención de lo que ya lo hacía. El shichibukai rió con ganas ante esa reacción, nunca había conocido a una chica tan ingenua. Debía agradecer que él fuera un hombre que controlaba sus instintos y que no estaba tan necesitado como para llevarla directo a su habitación.
—De verdad, que te gusta tentar a tu suerte, Hinata-chan.
La esclava le dirigió una mirada confusa que indicaba que no entendía por qué lo decía, ¿tentar a su suerte? ¿Desde cuándo?
—Siéntate acá —le señaló un lugar entre sus piernas—, así ya no tendrás tanto frío.
La mujer se apresuró en negarse alegando que no era necesario pero al ver que no era una invitación sino una orden, no tuvo más remedio que tragarse su timidez y ocupar dicho espacio entre las piernas del gigante rubio. Este, apenas ella se terminó de acomodar el mayor pasó su brazo derecho por la cintura de ella y pegó la espalda de la joven a su torso semidesnudo. Hinata sintió que hiperventilaba al tener contacto con el calor corporal de su dueño pensando que en cualquier momento perdería el conocimiento. Quería pararse y salir corriendo a su cuarto a esconderse.
Regla de convivencia número nueve: Debes acostumbrarte al contacto con el joven amo
Empezó a inhalar y a exhalar suavemente para poder calmar su ansiedad a la vez que su cuerpo poco a poco se relajaba ante la distancia entre ambos.
—Has llorado, Hinata —le susurró el mayor, más como una afirmación que como una pregunta.
—No, señor. Solo que... no he podido dormir bien —mintió.
Regla de convivencia número diez: debes recordar que el joven maestro no es un idiota, siempre se da cuenta de todo
—Hinata, no me mientas, ¿crees que no me doy cuenta cuando lo haces?
La morena se sintió nerviosa otra vez, por acto reflejo comenzó a jugar con los dedos ante la mirada de esos lentes oscuros que podían intimidarla tanto o peor que cuando lo hacía su padre anteriormente.
—Yo... Lo siento, no quería molestarlo.
—Me dirás entonces, ¿por qué has llorado? O acaso, ¿necesito ordenártelo?
—¡No es necesario, señor! ¡Estoy bien, de verdad!
—Entiendo, eso quiere decir que no confías en mí —le soltó Doflamingo en un falso tono de molestia, pero que solo usaba para manipularla y hacerla sentir culpable. Después de todo, él siempre hacía eso.
—Para nada, no es lo que usted piensa. Lo que pasa es que… tuve una pesadilla y por eso no pude volver a dormir… —la imagen de su primo fallecido, con varias estacas clavadas en su cuerpo y cubierto de sangre regresó a su mente y otra vez, sus ojos se llenaron de lágrimas que reprimió al instante.
—Tranquila, puedes llorar —le concedió el rubio.
Ella giró su cuerpo y abrazó al mayor quien la aprisionó entre sus brazos consolándola. El shichibukai sonrió ampliamente, la tenía donde quería y sería cuestión de tiempo para que la Hyuga empezara a sentirse dependiente de él.
—¿Ya te sientes mejor? —la morena asintió—. Bien, ya te has quitado un peso de encima.
—Joven amo, tiene una herida en el cuello.
Oh, se había olvidado de la razón del porque había entrado molesto al salón. Un buen encuentro con una damisela que se había pasado de listilla y le había dejado esa marca en el cuello. Él detestaba que lo marcaran. No le importaba hacérselo a otras personas pero que alguien se atreviera a hacerlo le era insoportable. Sintió un pequeño calor en la zona afectada y cuando fue a ver de qué se trataba se dio cuenta que la Hyuga tenía su palma derecha puesta sobre su cuello y una luz verde emanaba de la misma. Sintió un cosquilleo y luego la morena se apartó de él dedicándole una pequeña sonrisa.
—Ya le curé la herida señal, afortunadamente no quedó cicatriz alguna.
—Gracias Hinata —le agradeció pegándola a él—. Un día te lo compensaré con creces —le susurró socarrón a la oreja, provocando que la chica se sintiera aturdida de repente.
Oh sí, sería cuestión de tiempo para que ella dependiera de él. Se la ganaría como hacía con toda su "familia" y no a la fuerza simplemente por ser su esclava. La haría quererlo incondicionalmente igual que su tripulación. Y luego, sería totalmente suya y de nadie más. Su posesión, su esclava y su juguete… eso era lo que sería.
FIN
¿Un, dos, tres… tomatazos?
Ya saben cómo lanzármelos XD
Aclaratorias:
Cupcakes son = ponquecitos
Cuando Doflamingo le preguntaba a Hinata si tenía frío, lo decía en doble sentido if you know what i mean jaja XD
Y con respecto a las armas humanas, se refieren a los primeros pacifistas creados.
