Ya regrese, les dejo este nuevo capítulo de Give me a reason.

Manden reviews, por favor.

Sus ojos se abren lentamente, su espalda le duele debido a la posición en la que estaba dormido; el suelo no es muy cómodo. Mira la única ventana que hay en su habitación, la luz del sol se filtra por ella, traspasando las suaves cortinas. Tiene problemas para recordar el por qué estaba en esa posición, desnudo y en el piso; tal vez no lo quiere recordar, los sucesos del día anterior se juntan en su mente, logrando que nuevas lagrimas se formen en sus ojos azules. Decide ignorarlos, se levanta con dificultad, se apoya en su cama y con ello puede ponerse en pie, se dirige al baño, toma una ducha; el agua esta fría, su padre nunca paga el recibo del gas, no importa está acostumbrado a ello, se mira el cuerpo debido a que no hay un espejo cerca, nuevos moretones lo cubren, el dolor es insoportable.

Cubre su rostro con sus manos, siente vergüenza de sí mismo, sus delgados dedos tantean su cara, el lado que golpeo su padre esta inflamado, vuelve a tocar un poco más fuerte, un dolor punzante hace que aleje sus dedos del área afectada. Piensa que tiene un enorme hematoma, que posiblemente será imposible de cubrir con su dorado cabello.

Sale de la ducha, busca algo de ropa que pueda utilizar, su búsqueda es en vano, recuerda el como su padre tiro la poca ropa que tenía a la basura hace una semana, su única opción es usar la misma ropa, otra vez, se la coloca con cuidado no quiere lastimarse más de lo que ya está. Entre su ropa busca un pequeño espejo, el que su madre le obsequio en uno de sus cumpleaños, se mira su rostro y como pensaba un moretón cubre el lado izquierdo de su rostro, tiene un corte, esta inflamado y el color es uno morado y negro, que más puede pedir.

Se acomoda el cabello para que este le cubra su ojo herido. Sale de su habitación, esta vez sin miedo, su padre ha salido, necesita comer pero sabe que no encontrara nada si va a la cocina, tal vez en la escuela alguien pueda darle algo de comer. Recoge sus cosas de la escuela y se dirige a la salida del apartamento, cierra la puerta detrás de él, baja las escaleras lentamente, se sostiene de los barandales que estas tienen, cada paso que da es intolerable.

No sabe cómo llego a la calle en donde el autobús pasa a recogerlo, se detiene a esperarlo, se vuelve a acomodar el cabello, así nadie vera el trato cruel que recibe en su casa, pero no solo en ella, también en la escuela. Llega el transporte y sube a él con pasos lentos, el conductor lo mira con sorpresa, inmediatamente se agarra una pierna para dar a entender que se la ha lastimado, el chofer vuelve su vista al camino, Deidara por fin sube al vehículo que se pone en marcha.

Todos lo están mirando ahora, algunos susurran cosas, otros más solo se ríen, no le importa centra su vista en la única persona que lo hace feliz; Sasori está mirando las monótonas calles de la cuidad a través de una de las ventanas del autobús, le encanta ver como sus ojos color miel se ponen tan distantes del mundo, en donde él es el único que puede apreciar tal belleza.

Su cabeza es golpeada por un chico – ¡Muévete idiota! - le reclama, no había notado que estaba parado impidiendo el paso a los otros lugares, junto con el muchacho otros cinco estudiantes más le empiezan a reclamar su torpeza, inmediatamente se mueve y se dirige a un lugar apartado, se sienta con cuidado, aun le duele la espalda y sus piernas. Lo único bueno de las mañanas en el autobús es que nadie lo molesta o se sienta a su lado, esto le permite una agradable vista de Sasori sin temor a ser molestado por eso.

Pero su vista de pronto es obstruida por una chica de cabellos rosa, su rostro se vuelve uno obscuro y sombrío al ver como ella se le acerca para besarle, él le corresponde y con ella inician una agradable plática. Siempre que los ve juntos siente como algo dentro de él se rompe, pero al mismo tiempo la ira lo consume, demasiado herido a causa de la rabia, nadie podría sacar de su cabeza la manera de hacerla pagar por quitarle a la única persona que lo quiere. Solo sacrificándola su dolor se ira, pero no puede dejarse consumir por la locura, no ahora.

Tiene que apartar su mirada de ellos y pensar en otra cosa, le es imposible hacerlo no tiene otra cosa que pensar, él es lo único en lo que piensa, comienza a acariciar su cabello, imaginando que Sasori es el que lo hace solo para él, se forma una sonrisa en su rostro, siente el calor de su aliento en su cuello y ese embriagante aroma que se desprende de él, quiere que sus manos rodeen su cintura con delicadeza, pero su ilusión desaparece dejándolo de nuevo en su horrible realidad, en la cual su única compañía es su propia soledad. Su viaje en el autobús se detiene, han llegado a la escuela, todos los estudiantes se bajan, él siempre es el último.

Empuja la puerta de la entrada con delicadeza y se adentra caminando rápido con la cabeza agachada para que nadie lo pueda ver, quiere ir al baño, puede esconderse en ese lugar antes de que comiencen las clases, así no tendría que enfrentarse con algunos chicos. Ignora por completo por donde va, sus pensamientos son más importantes para él, gran error, no ve cuando un chico aparece cargando unos papeles, choca con el asiendo que estos caigan al suelo; miedo eso es lo que siente al mirar a aquel joven que está enfrente, siente como una mano jala de su cabello.

-Recógelo- le ordena tirando de su cabello hacia abajo, provocando que se ponga de rodillas.

Ejecuta la orden, no quiere conseguir golpes tan temprano. Termina de recoger los papeles, se los tiende al chico, este los toma y se retira diciendo un – Bien echo perra- lo siguiente que escucha son las risas de todos a su alrededor, el aún sigue en el piso, logra ponerse de pie con algo de torpeza, quiere estar lejos de ese lugar. Se dirige al salón de clases, entra y nota que el maestro aún no ha llegado sus compañeros conversan, ni siquiera notan cuando el entra a excepción de sus matones.

Se sienta en un lugar, cerca de la ventana, mira a través de ella, así como esta mañana lo hacia Sasori, su tranquilidad es interrumpida por tres chicos, quienes lo jalan de la ropa apartándolo de su lugar y tirándolo al suelo, se siente tan indefenso en esa posición, no escucha lo que empiezan a decir los chicos entre ellos, está demasiado aterrado. Ve como las cosas que trae en su mochila empiezan a caer al suelo, uno de sus verdugos toma un cuaderno de pasta negra delgado, lo abre y empieza a riese por lo que; dibujos de personas y bocetos de esculturas.

-P-por f-favor un…-ruega en un susurro para que lo dejen solo, un chico se pone a su altura y lo levanta, Deidara agacha la cabeza para que no vea su rostro.

-Miren, parece que puede hablar- les informa a los otros –sigue hablando, tal vez así te lo de- le muestra su cuaderno, sabe que si lo hace se burlaran más de él y puede que le pongan cinta con pegamento como el año pasado, intenta tomar el cuadernillo y un golpe en el estómago lo detiene haciendo que se doblegue, en ese momento la maestra entra al salón, todos los alumnos dejan de reírse y se colocan en sus respectivos lugares incluyendo a sus bravucones, él se coloca de rodillas; nuevamente, y comienza a recoger sus cosas, la maestra lo mira con desaprobación, la ignora, ella jamás hace nada por ayudarlo.

Los maestros van y vienen, los chicos olvidan su broma con él, se siente a salvo, la campana del receso suena, todo mundo va a la cafetería, descarta su idea de tener comida el día de hoy. Pero puede verlo y deleitarse con su imagen, camina con precaución, mira a todos para no ser sorprendido por uno de sus atacantes. Va al patio trasero, en ese lugar es donde come Sasori y sus amigos, en donde todos se divierten. Antes de acercarse demasiado, se oculta en un árbol, ese lugar es un buen punto de observación, ve como socializa, abraza a su novia, ríe con sus amigos, todo tan perfecto, a él le gustaría una vida así, a él le gustaría ser Sasori. De esa manera aprende que una vida perfecta es demasiado para alguien como él y lo único que puede hacer es sentarse y anhelar, este mundo nunca será lo que esperaba, ¿y si no pertenece a él?, jamás lo hubiera imaginado.

Su dorado cabello es jalado con fuerza, no se da cuenta de quién es, lo obliga a caminar, lo único que puede ver es el pasto que pisa conforme camina. Lo están llevando a donde esta Sasori, ¡a donde está el! Pero por que hacen eso, cierra los ojos, imagina que vive en otro mundo, de pronto se detiene en seco.

- ¿Quieres más pruebas? - dice el que lo jala del cabello, alza un poco el rostro y ve como Sasori tiene en sus manos uno de sus retratos que él hace en su tiempo libre, se pregunta cómo es que el chico lo consiguió, la respuesta viene de pronto; en la mañana uno de sus brabucones tomo su cuaderno de dibujos, vio el retrato y lo tomo, es por eso que lo dejaron de molestar. Lagrimas se formar en sus ojos, no quiere dejarlas caer, no quiere parecer un tonto.

-Gracias- dice el pelirrojo, dando a entender que se podría retirar, menos Deidara, quien solo se queda parado mirando el césped –quiero decirte que te alejes de mí y de mi familia, no quiero llamar a la policía si llegas a espiarme fuera de la escuela otra vez- sentencio, no sabía el cómo se enteró de eso, siempre había sido muy precavido, sus piernas comenzaron a temblar, le empezó a faltar el aire y solo así se dio cuenta que dejo de respirar, las lágrimas empezaron a caer por sus mejillas. En ese momento quería explicarle el por qué lo hacía pero las palabras no salían de su boca, solo sollozos.

A pesar de su condición se dio la vuelta y comenzó a correr, no supo de donde saco tantas fuerzas como para hacerlo, se dirigió a la parte trasera de un edificio, en donde se encontraba una valla de metal la cual daba a entender que ahí terminaba el terreno de la escuela, se recargo en ella y empezó a deslizarse lentamente hasta llegar al suelo, sus manos que cubrían su rostro pasaron a abrazar sus piernas, lagrimas no dejan de cubrirle el rostro, piensa en cómo le hubiera gustado conocer a Sasori, sin la necesidad de espiarlo, sin la necesidad de obsesionarse tanto con él; si pudiera cambiar el curso del tiempo, lo cambiaria sin dudarlo pero ahora está aquí arrepintiéndose de sus acciones, quiere una razón para continuar ahora que todo se ha ido, una razón para ya no aferrarse a la vida.

¡Ta-da!

Aquí el otro capítulo, sigan mandando sus reviews no saben lo feliz que me hacen cada vez que recibo uno, lamento el no haber actualizado pronto, la escuela es realmente demandante y necesitaba inspiración.

Saludos y en el siguiente capítulo abra muertes, si muertes, se podría decir que el próximo es el último capítulo.