Esta historia contiene lenguaje violento y obsceno, escenas fuertes tanto de violencia como de sexo.

Los personajes, salvo alguna excepción, pertenecen a CAPCOM.

Algunos detalles, como pueden ser escenas, diálogos o escenarios, pueden estar inspirados o tomados de alguno de los juegos o similares.

Se aceptan dudas, sugerencias y criticas constructivas con fundamento, esto es para pasarlo bien entre todos, recordar que yo no soy escritora.

Capítulo 2

Tras unos minutos más de camino sin incidentes, llegaron a la entrada de la comisaría de Raccoon City donde podían leerse las iniciales R. P. D.

Richard entró el primero asegurando la zona, para después de unos segundos, dar la señal a Leon de que todo estaba despejado. El rubio cedió el paso a la mujer, quien entró y no paró de observar el gran deterioro del lugar. Era realmente tétrico; Casi sin luz, todo por los suelos, paredes llenas de sangre y vísceras de zombis. A la morena le recorrió un escalofrió ante tal panorama.

Continuaron por un corredor hasta llegar a unas sombrías escaleras que conducían al sótano. Descendieron lentamente debido a la oscuridad de estas, hasta llegar a una gran puerta blindada. Una vez llegaron ante ella, Leon sacó de nuevo el walki.

-Charlie estamos en la puerta del sótano, cambio.

-Oído en cocina, echaos a un lado.

La puerta comenzó a moverse lentamente hasta ser abierta por completo. Los tres pasaron rápidamente y volvieron a cerrar la pesada puerta de acero en medio de un breve silencio.

Una vez dentro, los dos hombres se pusieron a hablar con sus compañeros mientras Amy observaba la amplia cámara, que en realidad era el lugar donde se archivaban todos los casos y pruebas. Ahora todas ellas esparcidas por el suelo, y en su lugar, en la estantería se encontraban latas de conservas, botellas de agua y munición de distinta clase.

La joven se dio la vuelta cuando escuchó que la llamaban, contemplando el rostro de sus nuevos compañeros.

-Amy, estos son Charlie y Claire. –Los presentó el moreno mientras Leon se sentaba en un sillón cercano, y comenzaba a dejar las armas en la mesa que tenía en frente

-Encantada ¿Vosotros también sois policías?

-Yo no, ni siquiera soy de aquí -intervino la pelirroja en primer lugar-. Vine buscando a mi hermano, que es algo parecido, pero... No lo encontré.

-Lo siento mucho. –Respondió con sinceridad la morena, encontrando la tribulación de esta en sus ojos claros.

-No te preocupes. –Respondió ella con una sonrisa a media asta.

-Bueno, creo que deberíamos de comer algo e ir a dormir. ¿A quién le toca hacer guardia esta noche? –Preguntó Charlie, un tipo delgado, joven y ed cabello cobrizo revuelto, mientras se dirigía al estante de las conservas y cogía las latas suficientes.

-Me toca a mí. –Respondió el rubio mientras cogía al vuelo la lata que le pasó el hombre.

-Habrá que ir pensado en salir de esta maldita ciudad, ¿no?

Los presentes miraron a Richard y comenzaron a trazar planes sobre ello, ya que no quedaba mucho que hacer en aquel lugar. El riesgo a ser infectados aumentaba cada día. Cuando terminaran de registrar la ciudad en busca de supervivientes, llegaría el ansiado momento de salir de allí.

No sabían mucho sobre lo que ocurría en el exterior, pero por lo que habían oído en la radio, el virus T sólo se había extendido por la ciudad de Raccoon, ya que ésta había sido cerrada herméticamente al exterior.

Una vez hubieron terminado de hablar y comer, envueltos en más de una ocasión en un largo silencio, todos menos Leon se acostaron en sacos de dormir que habían recogido durante varios días atrás. El rubio se dedicó a limpiar las armas y comprobar la munición que quedaba.

Tras un rato, ya finalizada la tarea, el agente quedó pensativo en el sillón con la mirada perdida, cuando de repente, se sobresalto al ver a Amy en la silla de al lado.

-Lo siento, no pretendía asustarte. –Se disculpó ella, apartando la mirada del rostro del hombre.

-Tranquila ¿Te encuentras bien? –Preguntó inclinándose hacia delante para apoyar su mano en el hombro de la joven, observándola más de cerca con seriedad.

-Sí, tranquilo; Simplemente no puedo dormir pensando en todo esto.

-Demasiado terror en nuestras vidas -agregó él, haciendo que la chica asintiera-. Al principio nos pasaba a todos, pero al final el cuerpo sucumbe

-Puedo hacer guardia por ti si estás cansado.

-Descuida, estoy bien. Por cierto, gracias por salvarme hoy.

-Debería ser yo la que las diera por traerme con vosotros, y porque seguramente serán muchas más veces las que tú me salves a mí. –Sonrió la morena tras sus susurros, apartando la vista del hombre con algo de vergüenza, quien sonrió fugaz y vagamente para cambiar de tema.

-¿Cómo es que una enfermera usa tan bien un arma?

-Era un hobby, venía de parte de familia. Nunca creí que me iba a servir, y ya ves ahora. ¿Tienes familia? -Cambió de tercio tras un breve e incómodo segundo de mutismo.

-Mis padres murieron cuando yo tenía 10 años en un accidente aéreo. Y el resto de mi familia; O bien no los conozco o llevan muertos muchos años. ¿Y tú?

-Sólo tengo a mi hermano, vive en Londres, pero hace meses que no sé nada de él, y eso me tiene histérica.

-Si está tan lejos de este agujero seguro que está bien. –Habló el rubio mientras posaba su mirada en la de la chica.

De repente, un sonido brusco se escuchó al otro lado de la puerta que hizo que ambos se sobresaltaran, levantándose de sus respectivos asientos. Leon cogió su arma ágilmente, dirigiéndose despacio hacia la puerta.

-¡Leon! -Susurró la joven angustiada viendo como el rubio se aproximaba a la puerta, y le hacía un gesto para que guardara silencio mientras la susurraba que despertara a los demás rápidamente.

Mientras la joven sacudía a sus recientes compañeros sin apartar la vista del rubio, comenzaron a oírse unos golpes más fuertes contra el acero.

-¿Qué ocurre? –preguntó Charlie adormilado con cara de pocos amigos mientras sus demás camaradas se levantaron ágilmente al sentir los fuertes golpes. – Vale no es necesario que me contestéis. –Terminó de hablar levantándose y cogiendo su arma, desperezándose al instante, acercándose a la puerta junto con Leon, mientras los demás escoltaban por detrás.

Pero la tensión pasó a ser sorpresa cuando al otro lado de la puerta escucharon las maldiciones de un hombre contra todo, algo enfadado.

Rápidamente los presentes se miraron extrañados, todos excepto Claire, quien se quedó totalmente quieta mientras pronunció en un susurro el nombre de Chris entre la sorpresa y la emoción, para segundos después, correr hacia la puerta gritando el nombre de su hermano, quien respondió nombrándola a ella fervientemente.

-¡Abridle la puerta, es mi hermano!

Al grito desesperado de la joven, rápidamente abrieron dejando paso a un musculoso hombre castaño de pelo corto, quien sin pensárselo dos veces, cogió en volandas a su hermana, abrazándola fuertemente mientras ambos se hacían miles de preguntas.

El rubio cerró la puerta mientras volvía a su posición anterior a lo ocurrido, observando a Claire presentar a su hermano a los demás. Tras la euforia del encuentro, todos excepto los hermanos se fueron a dormir, ya que ellos se ocuparían del resto de la guardia mientras se contaban todo lo que había pasado en esos meses sin verse.