Esta historia se basa en el libro de la escritora española Laura Gallego titulada "Las crónicas de la torre" utilizando los personajes del mangaka Hidekaz Himaruya creador de "hetalia". Ninguno de los dos me pertenece.

Agradecimiento especial a Jasmin por aceptar ser mi BETA :)


- Un nuevo hogar -

- CAPITULO 1 -

El sol se ponía en la distancia y los caballos ya se veían cansados de tanto marchar. Hacía ya un mes que habían partido de la granja de la familia Kirkland. La relación entre Arthur y su maestro no pasaba de las formalidades por el momento; su maestro se veía más abierto a una conversación pero Arthur prefería quedarse callado y responder con un simple "sí "o "no". El maestro no parecía molesto ante ello pero tenía cierta mirada de tristeza cuando pasaba.

- Estamos cerca - dijo el maestro viendo a la distancia, Arthur levantó la mirada hacia donde su maestro observaba y pudo notar unas cuantas columnas de humo a no más de tres kilómetros de distancia. Era un pueblo. - ¿te parece una carrera? - dijo sonriendo el maestro, Arthur lo miro extrañado pero antes de que pudiera decir algo el maestro ya había alzado espuelas

- ¡Hey! - se quejo Arthur arreando a su caballo para que siguiera a su maestro, dando lo mejor de sí - ¡vamos Knight! - dijo con fuerza al su nuevo corcel que había sido un presente de su maestro.

Después de un rato, casi media hora de carrera, el maestro se detuvo a pocos metros de un gran portón de madera.

- Parece que he ganado - dijo sonriente con la respiración un poco agitada por la carrera

- ¡Usted hizo trampa! - se quejo Arthur - aparte, no conozco este bosque. ¡¿Sabe lo peligroso que es correr de esta manera por el bosque!? ¡Tengo suerte de estar vivo! - su maestro solo sonrío ante sus comentarios, de alguna manera había conseguido uno de sus propósitos con el muchacho: "comunicación", se acerco a él junto con su caballo y le despeino un poco el cabello - ya hemos llegado.- dicho esto volteo la cabeza viendo al gran portón de madera, detrás de el se podían ver una que otra persona caminar por allí, aun no se daban cuenta de su presencia - este es el pueblo que protejo.

-¿protege? - dijo volteando a ver a esas personas. ¿Por qué alguien como él tenía que proteger a un pueblo? seguro la mayoría de ellos no se merecían ser protegidos. El maestro sonrió un poco y prosiguió.

- Déjame que te explique. - hizo una pausa para pensar lo que iba a decir antes y prosiguió - Cada mago. Cada hechicero debe, por ley, ensenar al menos a un estudiante en toda su vida - el maestro bajó del caballo y se arregló un poco antes de ayudar a Arthur a bajarse él también - Algunos crean academias, otros sólo enseñan a sus hijos, otros son nómadas que enseñan mientras viajan con sus discípulos - Arthur escuchaba con atención cada palabra de su maestro, quería saber más de ese mundo nuevo del que ahora formaba parte - yo quise formar una academia, ¿sabes? - el maestro hizo una pausa algo incomodo y cogió las riendas de los caballos dirigiéndose junto con Arthur, que lo seguía de cerca, hacia la entrada del pueblo - pero como ya te he dicho antes… no son buenos tiempos para la magia

- Pero aun no entiendo porque le tiene que proteger.

- No es tan difícil - dijo deteniéndose justo antes de entrar, con una sonrisa nostálgica continuó - ellos me necesitan y yo a ellos - se volteo a ver a Arthur que aún lo miraba sorprendido, el maestro soltó una pequeña risa - lo entenderás todo a su tiempo. - El maestro empezó a caminar pasando por el gran portón, pero Arthur se quedo quieto en su lugar, no se atrevía a moverse. No estaba tan seguro de entrar ahí, toda su vida había sido odiado, fastidiado, juzgado y dañado por la gente de su pueblo, ¿qué hacía que este fuera diferente? ¿Cómo sabía si es que ellos no lo tratarían como basura?

- No pasará - dijo el maestro desde el otro lado del portón, como si pudiera leerle el pensamiento - ya verás como todo será diferente aquí - dicho esto le dio la espalda a Arthur y siguió a adelante. Arthur en ese momento decidió dejar de lado sus miedos y con decisión y valor camino hacia su maestro, dispuesto a confiar en él.

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- ¡Fritz! ¡Hey Frizt! ¡¿Estás ahí?! - gritó el maestro hacia una casa un tanto alejada de las otras - ¡Fritz~! - "¿qué clase de maestro me ha tocado?" se preguntó Arthur al verlo gritar de esa manera. Ya faltaba poco para que anocheciera y por alguna razón el maestro decidió dirigirse a la casa de uno de sus amigos para pasar la noche en vez de seguir adelante. En la casa había un gran letrero arriba de la puerta que decía "Herrería".

- ¡Papá, Papá! ¡Apúrate, es el tío Miles! - se escuchó a un niño gritar desde dentro de la casa. A Arthur le dio un escalofrío, lo menos que quería era relacionarse con niños, ellos eran crueles, incluso podían ser más crueles que los adultos; él nunca había tenido un amigo, no sabía cómo debía de actuar, ¿qué pasaría si quisiera hablar con él? ¿o si le fastidiaba o algo así? Tendría que hacer lo que siempre hizo, ¿verdad? Ignorar, ignorar las burlas e insultos… total, quien quisiera ser amigo de un niño como él. De pronto la puerta de abrió y pudo ver a un hombre alto y de brazos grandes en la puerta de la casa, Arthur corrió de inmediato detrás de su maestro, ocultándose detrás de su capa para que no le vea. El maestro sonrió al verlo pero antes de que pudiera decir siquiera "hola" un niño se escabulló entre los pies de su padre y se lanzó a los brazos del maestro.

- ¡Tío! - gritó al lanzarse, era un niño pequeño, más o menos de su edad; su cabello era rubio pero tirando para castaño y sus ojos eran de un color azul cielo bastante bonitos. El maestro tuvo que apresurarse a cogerlo antes de que se cayera. Abrazándolo después.

- ¡Alfred! ¿Cómo has estado? - pregunto igual de animado. Alfred sonrió y empezó a hablar sin parar.

- ¡Estoy genial! ¿Sabes? ¡Soy más grande ahora! Mi mamá me midió y he crecido cinco centímetros desde el mes pasado. ¡A este paso seré tan grande como mi papá! - Arthur escuchaba todo por detrás del maestro, al parecer nadie aun se había dado cuenta de él; pero le pareció lindo, una familia así.

- ¿Qué te trae por aquí Miles? - pregunto el padre de Alfred una vez su hijo paro de hablar, su voz era gruesa y daba algo de miedo.

- ¡Oh, sí! Lo había olvidado - dijo sorprendido el maestro.

- ¿Me has traído un regalo? - preguntó Alfred esperanzado, haciendo sus mejores ojitos de borreguito que tenía.

- Haha… no, esta vez no Alfred, lo siento - Alfred hizo un puchero pero fue ignorado. El maestro se dirigió esta vez al padre de Alfred - necesitamos un lugar donde dormir, está casi por anochecer y no es prudente ir por el bosque a estas horas de la noche; ¿podríamos utilizar el granero?

Fritz levanto una ceja confundido - ¿"nosotros"? - dijo haciendo hincapié en la palabra.

-Sí. Yo, los caballos y… - haciéndose a un lado de pronto descubriendo al ojiverde - Arthur.

Arthur no se esperó que el maestro se moviera y quedó como piedra mirando al imponerte señor que no dejaba de verle. Alfred, al verlo, saltó de los brazos del maestro y se acercó a Arthur a casi milímetros de su cara. - Él es mi nuevo pupilo - Arthur se sentía verdaderamente incómodo con la mirada de aquel niño escudriñándole por completo.

-¡Wow! - por fin sentenció Alfred tomando una distancia apropiada y haber dado un estudio completo a Arthur - ¡Vas a aprender magia! ¡Eso es súper! Me llamo Alfred - le estiró la mano como las personas mayores lo hacen, hinchando el pecho tratando de parecer mayor - y cuando sea grande voy a proteger a todas las personas de este pueblo ¡y eso te incluye a ti ahora!

Arthur no se esperaba nada de eso y se quedó sin habla por unos segundos antes de poder reaccionar y darle la mano. Alfred sonrió aun mas al ver como respondía a su saludo - ¡seamos buenos amigos Arthur! - dijo con emoción. Arthur "despertó" al escuchar aquella oración, aquella palabra "amigos", nadie le había dicho eso en toda su vida y ahora un niño cualquiera de la nada, sin saber nada el uno del otro le dice que quiere ser su amigo. Su cara se torna roja por las ganas que pone por no llorar haciendo que su cara haga una mueca graciosa.

-Hum… ¿estás bie…

-¡Cállate! - Alfred fue callado y empujado por Arthur quien fue corriendo a esconderse detrás de su caballo y empezó a llorar en silencio, pero, por una vez en su vida, las lágrimas no eran de tristeza o soledad sino de felicidad.

- ¿es que dije algo malo? - preguntó Alfred al maestro mientras tratando de levantarse del suelo, el maestro sólo le regalo una sonrisa - no has dicho nada malo Alfred. Arthur… solo ha tenido una vida muy dura - el maestro se agachó un poco y le acarició los cabellos rubios Alfred - ahora depende de ti hacer que sonría.

Aquella noche el padre de Alfred no dejó que durmieran en el establo. Los invito a pasar la noche en su casa. Cenaron y luego se cambiaron para pasar la noche. El maestro se quedo en el cuarto de invitados mientras Arthur durmió con Alfred, ya que él tenía una cama de mas en su alcoba. Toda la noche la pasaron conversando, o más bien, toda la noche Arthur se la pasó escuchando aquellas extrañas historias que le contaba el ojiazul, pero la verdad no le molestaba, él ya estaba realmente feliz de que alguien agradeciera su presencia.

Gracias a Alfred, Arthur se enteró de muchas cosas de aquel pueblo y de su familia, como por ejemplo: que el padre de Alfred es herrero pero que a la vez era el alcalde o más bien una persona con gran importancia del pueblo. Alfred tan solo tenía 9 años, Alfred era menor que él solo por un año. El pueblo es realmente pequeño y todo el mundo se conoce de años. No habían muchos niños, con el solo habían once en todo el pueblo, por alguna razón se puso un poco incómodo al tratar ese tema. Arthur se dio cuenta de esto y quiso cambiar de tema pero no se le ocurría ninguno pero luego de un tiempo Alfred se calló de repente, Arthur extrañado se volteo a verle para encontrarlo ya dormido, Arthur quiso reír ante eso pero decidió ignorarlo y cerró los ojos para por fin descansar.

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El sol ya se encontraba en lo alto del firmamento cuando se alistaban para por fin ir a la nueva casa de Arthur, habían desayunado y ahora se encontraban junto al establo.

- ¿Eh~? ¿Pero porque se tienen que ir tan pronto? - se quejó Alfred abrazando el brazo del mayor quien aun no sabía manejar muy bien la situación de tener un "amigo"

- Ya te lo explique - dijo el maestro terminando de enlistar a su yegua - Arthur debe comenzar sus clases.

- Pero es domingo~ - siguió quejándose - ni yo tengo escuela el domingo.

- Pero necesita arreglar sus cosas y aparte que seguro tendrá preguntas que hacerme, estará muy confundido, ¿no es así Arthur? - preguntó haciendo que el peso cayera sobre los pequeños hombros de Arthur, éste miró a su maestro con nerviosismo al ver en el lío que le había metido y luego miró a Alfred quien seguía pegado a su brazo haciéndole ojitos de cachorro; Arthur tuvo que voltear su cabeza para asentir y darle la razón a su maestro, ya que en parte era verdad.

-Pero…

- Alfred, no insistas mas - dijo la voz grave de su padre - ya podrás visitarlo otro día

- ¿Es eso verdad? - preguntó ilusionado al maestro.

- Por supuesto que puedes, siempre y cuando tengas permiso.

- Y termines con tus deberes aquí en la casa - sentenció su padre, Alfred hizo un pequeño puchero ante esa regla.

Arthur se había alejado de Alfred y se dirigía ahora hacia su caballo; el maestro le ayudó a subir al caballo y arreglar las riendas para que no se cayera, luego de eso el maestro subió a su caballo repitiendo el proceso.

- Bueno, gracias por todo amigo - le dijo al padre de Alfred.

- Cuando quieras - respondió este con una pequeña sonrisa.

Se despidieron y dando media vuelta a los caballos siguieron la senda que atravesaba el bosque para llegar a su nuevo hogar. Cuando ya estaban un tanto lejos de la casa del Herrero se pudo escuchar la voz de Alfred gritando a la distancia.

- ¡Un gusto conocerte Arthur!

Arthur apenas pudo escuchar aquel grito, se sorprendido por la capacidad de aquel muchacho a decir siempre lo que quería, volteó a verle desde su caballo y sin sentirse preparado aun para decir las cosas con tanta fluidez como lo hacia aquel niño simplemente le sonrió, era una sonrisa limpia y honesta. Bastante hermosa. Alfred se quedó observando aquella sonrisa sin saber que decir, pero se prometió a sí mismo que haría aparecer esa sonrisa en sus labios otra vez.

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Diez minutos eran los que separaban la casa de Alfred de su nuevo hogar. Al llegar se sorprendió al ver la gran casa que se imponía en un claro del bosque, rodeado de árboles tan altos que llegaban a tocar las nubes, la casa era simple, si bien era grande no se podía decir que era una mansión ni mucho menos, pero era encantadora.

El maestro condujo a Arthur a su nuevo cuarto ni bien entraron a la casa. Arthur se sentía sorprendido de todo lo que veía, pues era más lujoso de la pequeña granja a la que solía estar acostumbrado. Subieron las escaleras y después de pasar por un montón de cuartos vacíos el maestro se detuvo en uno en específico, no muy lejos de la escalera.

- Es aquí - dijo abriendo la puerta, mostrando un cuarto no muy grande pero tampoco pequeño, Arthur ahogo un grito de sorpresa pues no esperaba que fuera así que grande para él. El cuarto tenía una gran ventana justo al frente de la puerta, debajo de ella un escritorio donde reposaba un libro. Al costado de la ventana cortando los espacios se encontraba la cama y al frente un ropero, no tenía muchas cosas pero eso para Arthur ya era bastante. - ¿te gusta? - pregunto al verle aun con la boca abierta. Arthur solo asintió sin decir palabra.

Arthur se acerco a la cama y noto una ropas color blanco sobre el edredón verde oscuro, las tomo para darse cuenta que era una túnica, que al parecer era de su medida.

- Es la túnica del principiante - dijo el maestro desde la puerta.- ese atuendo quiere decir que aun estas estudiando el primer libro, el primer capítulo en la historia de un mago. - señaló el libro sobre el escritorio, Arthur dejó el atuendo de nuevo sobre su cama y se dirigió a ver de cerca aquel libro. Se veía bastante viejo, de color marrón oscuro con diseño de hojas de árboles en los costados de colores cobre, en el centro, dentro de un ovalo tenia inscrito con letras doradas la palabra "Tierra".

-El libro tierra es el primero de los cuatro libros, cuando termines con este y abras tus sentidos a la magia podrás pasar al siguiente libro y junto con ello cambiar de túnica a una color verde. - el maestro guardó silencio un momento y prosiguió explicando, Arthur seguía escuchando con atención - hay cuatro libros: Tierra, Aire, Agua y Fuego y por cada libro o grado que pasas cambias de túnica para que los demás sepan en qué grado de magia estás; para el principiante es blanca, luego cuando termines el libro tierra será cambiada por una de color verde y así cambiara a azul, violeta hasta llegar a tu túnica roja, sólo si pasas la prueba de fuego, y con eso convertirte en un mago consagrado.

Arthur escuchó todo con atención pero aun no entendía por qué su maestro no tenía una túnica roja, si él ya era un mago consagrado, ¿cierto? Que significaba el color gris.

- Si es así, ¿por qué utiliza una túnica gris en vez de una roja?- el maestro sonrió.

- Te diste cuenta, ¿eh? Lo que pasa es que soy un mentalista, tengo el poder de manejar y leer la mente de las personas - Arthur se sorprendió bastante ante esto, y entendió por fin como es que a veces le respondía sin siquiera formular la pregunta.

- Pero bueno, basta ya de explicaciones - dijo volteándose dirigiéndose a la puerta- seguro que tienes hambre, deja tus cosas aquí, vamos a comer algo - dicho esto salió del cuarto Arthur dejó su pequeña mochila en el piso y siguió a su maestro. Bajaron las escaleras, cruzaron la sala y la biblioteca deteniéndose en una puerta cerca del comedor, dentro se podía escuchar como alguien lavaba la loza, era la cocina. Arthur miró con extrañeza al maestro quien abrió la puerta y entró empujando a Arthur para que no huyera. La persona dentro se volteó rápidamente dejando los platos en el lavabo y miró al maestro con sorpresa.

La joven de cabello negro azabache bastante corto, apenas le llegaba a las orejas. Su piel era blanca pero estaba tostada por el sol y tenía los ojos de color castaño claro, era una chica bastante hermosa, rozando los veinte.

- ¡Señor Miles! - dijo al verlo - ¡no me asuste de esa manera! - El maestro solo sonrió como acostumbra hacer. La señorita estaba a punto de reprocharlo pero de pronto su mirada cayó sobre Arthur, la joven miró con extrañeza al maestro y luego a Arthur.

- Anna, quiero que conozcas a Arthur -dijo empujando un poquito al niño - se quedara con nosotros.

Anna se acercó al pequeño y se inclinó para estar a su altura; cogió la carita de Arthur e hizo que le mirara a los ojos. La mirada de Anna estaba perdida es los ojos de Arthur, este no sabía cómo actuar, sus mejillas se colorearon de un tono rosado, luego de unos segundos así Anna sonrió y lo abrazó por sorpresa - oh~ ¡pero que lindo que eres! - lo soltó solo un poco para poderle coger la cara de nuevo - pero mira tu carita y esos ojitos - Anna pasaba sus manos por repasando la cara de Arthur quien si antes estaba rosado ahora estaba rojo, no estaba acostumbrado a que la gente le dijera ese tipo de cosas y menos que lo toquetearan de esa manera.

- Bueno ya, déjalo Anna, lo estás asfixiando - intervino en maestro.

-Uy! - dijo soltando a Arthur - perdón hehe - se paró y se sacudió su vestido y en un susurro solo para el maestro dijo - Es tan tierno

Arthur se quedo ahí, parado, sin saber cómo reaccionar; últimamente tenía ese problema. El maestro notó el dilema del muchacho y utilizando uno de sus poderes como mentalista, le dijo: "¿por qué no la ayudas?". Arthur se sorprendió al escuchar la voz de su maestro en su cabeza, se volteó a verlo y el asintió. Arthur camino hacia Anna y le pregunto si necesitaba ayuda, Anna sonrió y le dio los platos recién lavados juntos con los cubiertos - pon la mesa por mi cariño - Arthur asintió y se dirigió hacia el comedor. Cuando Arthur se fue el maestro se acerco a Anna.

- Gracias Anna, el pequeño necesita un poco de amor en su vida.

- Sé lo que se siente no ser querida - dijo sacando un cuenco de la despensa y volteándose a ver al maestro - no dejare que se siga sintiendo de esa manera, eso lo mataría - El maestro asintió. Anna sirvió el estofado en el cuenco y estaba a punto de coger el pan pero el pan se elevo lejos del alcance de ella flotando hacia la mesa del comedor. Anna se volteo a ver al maestro con el seno fruncido, el solo sonrío al escuchar un grito ahogado de la impresión - wow -se escucho desde el comedor.

- Señor, sabe que no me gusta que utilice la magia en la cocina - se quejó Anna cargando el estofado.

- Pero solo quiero ayudarte –contestó el susodicho

- ¡Me hace sentir inútil! - dijo caminando hacia el comedor.

- pero…

- Señor - Anna se volteó a verlo - usted ya ha hecho mucho por mí - con esto Anna se volteo y siguió su camino hacia el comedor.

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debo de disculparme por la demora, tuve que revisar mucho el capitulo para que quedara yo conforme con el resultado y luego pasárselo a mi nueva BETA a la cual le doy mil besos y abrazos por su gran trabajo, no podría confiarle a nadie mas este trabajo.

el próximo capitulo esta en camino, tratare de hacer las actualizaciones semanalmente así tener tiempo de corregir y mandárselo a Jasmin.

me gustaría escuchar sus comentarios sobre la historia y la manera en como escribo.

Ah! y solo por dejar en claro. Esta NO es una copia de Harry Potter, NO lo es. Si se molestaran en leer el primer párrafo de este fic se darían cuenta de ello. ( lo siento, esto va dirigido a cierta persona que fue la única que no me gusto su critica en aquella pagina de "víboras" pero no profundizare en el tema)

bueno eso es todo hasta ahora.

à bientôt~

- EilskaSKY -