II.

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– Ahora coge esa rotonda de en frente y gira a la derecha.

– Estoy seguro de que un taxista sabe exactamente dónde está nuestra calle.

– Sí, por ahí. Conduces muy bien, Dopinder. Inspiras tanta seguridad al volante. – Lo apremió Wade desde el asiento de copiloto ignorando totalmente lo anteriormente dicho por Cable. Acarició dulcemente la mejilla del asiático con el dorso de su mano enfundada en el guante negro que formaba parte del traje de Deadpool. Tras volver del trabajo lo llevaba puesto.

Nathan rodó los ojos desde el asiento trasero.

Dopinder solo sonrió con orgullo.

– Hum. Espera, ¿has dicho "nuestra calle?" – Domino alzó las cejas y se volvió hacia Nathan a su lado. – ¿De todos los lugares disponibles fuiste a parar a un piso situado en la misma calle que este?

– Sí, estamos compartiendo piso.

La mujer estalló en carcajadas.

– ¡No me jodas! ¿Cómo lo aguantas?

– Es lo primero que me pregunto por las mañanas.

– ¡Me pitan los oídos! – Se quejó Wade.

– Eso se dice cuando alguien está hablando de ti a tus espaldas.

– ¡Lo estáis haciendo LITERALMENTE!

–...Nosotros estamos criticando lo pesado que eres conscientes de que nos oyes, payaso.

Deadpool se giró hacia Cable entonces y lo señaló con el dedo.

– A que te meto un mamporro.

– Intentalo y te quedas sin pelotas.

. No había dicho piernas, que raro. Estuvo a punto de señalarlo.

– Debe ser un poco incómodo para los vecinos vivir cerca de ustedes, DP, señor Cable. – Comentó Dopinder con una sonrisa al volante.

Domino abrió bastante los ojos al imaginar estar en esa situación y levantó efímeramente las cejas.

– Por Dios, yo hubiera saltado por la ventana. Por cierto, me sigo preguntando...

– Tú siempre te estás preguntando cosas.

– Por eso soy la lista del grupo, Wade, gracias. – Respondió con una encantadora sonrisa ladeando la cabeza. – Me preguntaba, si ninguno de los aquí presentes tiene carné de conducir y si es así porqué seguimos usando el taxi de Dopinder.

Se formó un silencio.

– Yo sé conducir. – Habló Nathan.

– Pero no tienes coche así que a callar. Además, aunque tuviéramos coche seguiría llamando a mi querido tigre de bengala para que viniera a recogernos cada vez y así hacerle compañía.

– Ni siquiera le pagas, Wade. – Señaló Domino. – y está en su horario de trabajo. Además más de una vez le has manchado el coche de sangre. Pobre hombre. ¿No te molesta?

– Para nada, señorita Domino.

– Dime Neena, cielo.

– Neena. Que hermoso nombre para poner a mi hijita algún día. – Dijo Dopinder con voz soñadora antes de un breve silencio algo incómodo en el coche. Neena y Nathan compartieron una miradita en los asientos de atrás.– Para nada me molesta que el señor Pool me llame cuando necesite mis servicios. Estoy siempre encantado de ayudar a un buen amigo.

– Así se habla, nene. – Wade le dio un par de golpecitos en la mejilla cariñosamente mientras Dopinder sonreía incluso más ampliamente como un niño cerca de Papa Noel.

Wade abrió la puerta una vez el vehículo se detuvo en su destino.

– Bye bye, familia. Un placer matar capullos con vosotros. Dopinder, siempre es agradable verte.

Cable abrió la puerta de su lado y salió también sujetando su impresionante arma futurista.

– Neena, Dopinder. – Dijo a modo de despedida.

– Bye. – Se despidió Domino con un gesto de mano sin apartar la mirada del móvil. – No mates a Wade más veces de las que pueda volver.

– No prometo nada.

– ¡Adiós señor Cable, adiós DP!

.


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– Fiiiiu. ¿Hoy es noche de tacos, no?

– Como si no lo supieras. Llevas toda la semana suplicando que llegue el jueves.

– ¡Mm! Sin duda el mejor día de la semana.

Wade sonrió feliz observando los diferentes tipos de golosinas en aquel supermercado. Con la bolsa de plástico abierta y aún totalmente vacía sus ojos se entrecerraron bajo su máscara en plena concentración. ¿Debía coger fresitas o regaliz? ¿Gusanitos? ¿Coca colas? No, descartó esa última. Ya se volvían aburridas.

Nathan suspiró a su lado cruzado de brazos.

– Eres un crío.

Wade tan concentrado en su importante tarea ni le contestó y le hizo caso omiso. Al final se encogió de hombros y empezó a llenar la bolsa de diferentes tipos de golosinas con suma rapidez. Cuanto menos lo pensara mejor o no iba a acabar nunca. Cable se separó de su lado y caminó por la tienda observando los diferentes productos. En un momento Wade se giró a ver que hacía y se dio cuenta de como ignoraba totalmente a los clientes que se cruzaban con él y se quedaban un tanto descolocados por ver su enorme arma a su espalda. Naturalmente se alejaban lo más que podían del mutante, y a Wade que estaba equipado al cien por cien con su traje, katanas y pistolas después de la misión (y tal vez con una pizca de sangre) también lo evitaban, claro estaba.

Finalmente el canadiense se encontró cinco minutos después con Nathan en la cola. El mutante no llevaba nada en sus manos que estuviera dispuesto a comprar pero Wade sabía que no había estado buscando nada en concreto y solo se había paseado por la tienda empujado por la curiosidad.

El tipo venía de un futuro apocalíptico, así que le sorprendía en gran medida toparse con ciertas comidas y bebidas en los supermercados que en el futuro no existían. Incluso siete meses después aún seguía sin acostumbrarse del todo.

¡Ni siquiera sabía lo que era una chimichanga! Wade tenía que hacerle probar una sí o sí. Aunque realmente lo divertido de las chimichangas eran el nombre mucho más que su sabor. No sé enfadaría si no le gustaban.

Cable le dedicó una miradita de confusión al ver las cuatro enormes bolsas hasta arriba de chuches que llevaba Wade en los brazos justo encima de un cuaderno de dibujo, ceras y plastilina de diferentes colores.

– No preguntes.

A estas alturas Cabe ya ni se molestaba. En cambio, preguntó algo diferente y menos predecible.

– ¿Se te da bien dibujar?

– ¡Por supuesto que sí! Ya lo verás.

Dos horas después, tras ambos haber llegado a casa, ducharse y haberse vestido con ropa limpia Cable leía el periódico en el sofá informándose de las noticias actuales. Suspiraba y negaba con la cabeza prácticamente cada veinte segundos. Wade se había fijado en que este pasaba mucha parte del tiempo tratando de entender más sobre la situación actual en política de este presente y más de una vez le comentaba en voz alta la gran cagada que suponía X decisión de X político y como afectaría esta eventualmente en el futuro. Ya le era normal verle así y había dejado de burlarse.

Wade estaba frente a él tumbado en la nueva alfombra del suelo solo con una camiseta sin mangas azul y unos pantalones cortos de Bob esponja. Balanceaba los pies hacia delante y atrás de vez en cuando mientras se entretenía dibujando en su nuevo cuaderno.

– Duh, esta plastilina se pega más al papel que el pelo del pecho a David Hasslehof. ¡Hecho! Mira mi increíble dibujo, Genos. – Dicho eso se levantó de un salto y se dejó caer al sofá a su lado mostrándole el cuaderno. Nathan alzó la mirada del periódico y lo observó. Al instante sus cejas se arquearon.

El dibujo parecía hecho por un crío de seis años. En él estaba Wade en su traje de Deadpool con una katana ensangrentada en mano y Cable a su lado con su pistola. A sus pues se encontraba la cabeza decapitada de algún enemigo. Los ojos de este estaban dibujados como simples X y su boca como una S.

Con la plastilina había hecho el sol que consistía en una redonda amarilla con tiras de color naranja como si fueran los rayos de la estrella.

– No pienso pegar esto en la nevera si estás por preguntarlo.

No había comentado nada del hecho de que ambos estaban cogidos de la mano en el dibujo. Wade estaba decepcionado.

– ¡Ooh, venga ya! ¿No te has fijado en los detalles chachis que te he puesto en tu brazo molón de metal?

Cable negó con la cabeza viendo la tirita rosa de Hello Kitty en él. O tal vez podría ser visto como un imán. Wade no se había decidido. ¡Que quedara a la imaginación!

– No es metal y definitivamente no es "molón."

Wade abrió los ojos como platos. Lo que había dicho le parecía una ofensa.

– ¡Puedes parar balas con él y se ve... súper guay! ¿Cómo puedes decir eso?

Y luego, arrugando el entrecejo y ladeando la cabeza, preguntó lo siguiente:

– ¿Y no es metal?

– No lo es. Es un virus tecnoorganico.

Wade parpadeó. No se había enterado pero Nathan no se demoró y se explicó.

– Es una enfermedad del futuro incurable que ataca al organismo y convierte todo el cuerpo en esto. – Con su mano humana se dio un toque en el brazo biónico y volvió a mirar al mercenario.

– ¿En serio, Marvel? ¿Qué clase de escritor yonki fumado hasta las cejas podría...? – Sacudió la cabeza y chasqueó la lengua. – Espera... ¿Con el tiempo tu cuerpo entero será así?

Eso era jodidamente sexy.

– Parece entusiasmarte mucho la idea del virus llegando a mi corazón y basicamente matándome.

– Eso suena menos sexy... – Dijo en voz alta sin darse cuenta. Cable lo observó confuso. Entonces Wade se tensó notablemente ante el pensamiento. – ¿Y y... eso pasará? ¿vas a...?

– ¿Morir? – Cable suspiró. – Cuento con ello, solo espero poder controlar el virus por un par de décadas más. Pero no soy idiota y sé que mi tiempo es más reducido que eso.

Wade sintió una punzada en el pecho. No quería que Nate muriera.

– ¿Cómo lo controlas?

– Uso la telequinesis para evitar que el TO avance y se extienda. A cada minuto del día, por eso no puedo usarla a menudo con otros fines.

– Eso... Suena agotador.

Cable sonrió de forma efímera con tristeza, dándole así su respuesta afirmativa.

– Llevo haciéndolo desde que era un crío. Me enseñaron bien. Estoy acostumbrado a esto.

– Mmm. Es como el cáncer del futuro. – Señaló el mercenario pensativo.

– Sí.

– ...Solo que más guay. – Susurró. – Definitivamente es más sexy y útil tener un cuerpo de ciborg que perder el pelo con la quimio.

– Supongo que tienes razón en eso.

Parecía que le incomodaba estar de acuerdo en eso. No le resultaba un tema muy agradable.

Wade soltó el aire por la nariz en una risa, llamando su atención.

– ¿Qué?

– Míranos. Dos terminales solitarios obligados a vivir juntos.

– Tú no estás obligado a tenerme aquí.

– Nop. La verdad es que no lo estoy. Pero no iba a dejarte por ahí tirado y además está bien tener alguien con quien charlar, ¿sabes? Cosa que estás ahora dispuesto a hacer. He notado que desde hace unos meses al menos reconoces mi presencia y me haces caso. Ya estaba pensando que ibas a abandonarme como a un perro. – Hizo un pequeño mohín con intención de hacerlo sonreír, cosa que no logró. Y de hecho consiguió el efecto totalmente opuesto al seguir hablando. – Y ni siquiera has vuelto a apuñalarme.

No entendió porqué pero Nathan apretó la mandíbula y su mirada se endureció justo antes de levantarse.

– Voy a darme un baño. – Le informó sin comentar nada al respecto (a pesar de haberse duchado hacia poco) y Wade lo siguió con la mirada con curiosidad y una pizca de confusión hasta el baño, donde el mutante se detuvo y antes de entrar, suspiró, se giró para mirarlo y le dijo lo siguiente.

– Wade, ten paciencia conmigo.

Wade asintió con la cabeza una vez Nathan desapareció en el baño y cerró la puerta sin esperar contestación.

No supo realmente porque asentía ni a que se había referido Cable.

.

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Una hora después ambos dejaron el asunto olvidado y sentados en el sofá desenvolvían los tacos de sus respectivos plásticos. Wade lo hacía sin ningún cuidado como un vagabundo que lleva cuatro días sin probar bocado.

A diferencia de aquella vez hacia unas semanas con la pizza sus ansias al morder la comida ante a él sin haber esperado a priori que se enfriara esta vez no hicieron que se quemara. Se llevó casi un taco entero a la boca y Cable sacudió la cabeza sin comentar nada. A estas alturas había tirado la toalla con avisarlo. El mutante desenvolvió el suyo propio y lo abrió parcialmente para estudiar el contenido.

Wade se había fijado desde el primer día que trajo un par de hamburguesas a casa del KFC en el interés que presentaba el mutante con la comida de este siglo y en como se tomaba su tiempo para masticar como si cada bocado que pudiera probar fuera un manjar de lo más exquisito (porque para él lo era)

Le gustaba verlo disfrutar de la comida. No sabía porqué, pero siempre que Nathan probaba un nuevo plato Wade estudiaba sus expresiones con cierta diversión y se sentía bien al ver una reacción positiva. Porque joder, Nathan no estaba emocionalmente bien y se le notaba. Gracias a él Nate había perdido la única oportunidad de regresar a casa y de volver a ver a su familia (a Wade un sentimiento de culpa le oprimía el pecho cada vez que lo pensaba e incluso dolía físicamente) Y si Nate estaba obligado a quedarse en este presente ahora al menos Wade quería facilitarle las cosas. Buscaba sacarle sonrisas siempre que pudiera y hacerle ver la parte positiva de todo esto. Porque supongo que una vez que dejas de pensar en que no volverás a ver a tu mujer e hija (por difícil que al mercenario le resultara imaginarlo) este mundo... no estaba tan mal. Bueno, sí, Trump había ganado las elecciones y eso apestaba. Y había mucha basura humana por la calle suelta. No vendría nada mal un diluvio universal y empezar de cero de hecho...

Pero quitando todo eso, estar aquí tenía sus partes positivas. De verdad. Y la comida sin duda era una de ellas.

y después de siete meses Wade le conocía lo suficiente para saber que los tacos entraban en el top tres de platos favoritos de Nate.

El primero era la lasaña, claro estaba. Nathan se había chupado los dedos aquella vez que la pidió en un restaurante y Wade aún se reía al recordarlo. Parecía un perrillo de lo más adorable.

Con eso se había ganado un nuevo apodo así que ahora Garfield entraba en la larga lista de motes para fastidio de Cable (quien fruncía graciosamente el ceño y sacudía la cabeza sin comentar ni preguntar nada al respecto) ya que no sabía de dónde salían la mayoría de apodos.

Hasta ahora solo había pillado el de Terminator y Robocop. Wade se alegraba de que siguieran siendo películas célebres en el futuro.

Wade cruzó las piernas sentado junto al mayor en el sofá con el cuerpo mirando hacia él en la conocida posición de loto como si estuviera meditando. Masticando con la boca llena observaba como el mutante se llevaba por fin su propio taco a la boca y lo mordió.

De todas las reacciones posibles desde luego no se esperó que el sabor le hiciera soltar un gemido placentero. ¡Ni Wade hacía eso! y por Dios, podría considerarse a si mismo tacosexual. (O eso haría si las vaginas y los rabos no le gustaran mucho más)

Nathan incluso cerró los ojos. Wade había dejado de masticar y sabía que se vería de lo más ridículo ahora con la mandíbula ligeramente abierta de forma que (ew) mostraría la comida que tenía en la boca… y tal vez, solo tal vez presentara un (para nada pequeño) problemilla en sus pantalones. ¡No era su culpa! Nathan había vuelto a repetir aquel sonido como un virgen en mitad de su primera vez y disfrutando como un condenado.

Y no ayudaba el hecho de que Wade llevaba un par de días sin masturbarse. (Dos días para él eran mucho) así que no, no se le podía culpar por haberse excitado.

Como si pudiera leerle la mente Cable lo miró en ese momento y Wade cerró la boca tan fuerte que resonó el choque de sus molares. (¿Era una suerte que no pudiera leerle la mente como en los cómics, no?)

Wade masticó con rapidez, tragó y se levantó corriendo. Se excusó.

– ¡Voy al baño que me estoy cagando!

Incluso con comida en la boca escuchó el gruñido de Cable por haberle dicho eso justo ahora, gruñido que tenía la entonación exacta para decir "Wade eres un puto asqueroso" sin necesidad de palabras.

Llegó corriendo al baño y cerró la puerta tras él. Se apoyó en la pared y se humedeció los labios bajando la mirada a su erección.

– Que los menores de dieciocho leyendo esto me perdonen pero... joder. – Sin poder resistirse se bajó los pantalones, escupió en su diestra y la cerró alrededor de su miembro pensando en Nathan. Apoyó la cabeza en la pared y su otra mano inmediatamente fue a su boca y la mordió flojito para evitar hacer cualquier ruido. -Estaba la televisión puesta de todos modos y Cable probablemente seguiría teniendo su propia experiencia sexual con los tacos haciendo esos ruiditos en los que ahora mismo Wade estaba pensando, pero de todas formas... mejor prevenir que curar, ¿no?-.

Y esa era una frase rara viniendo de Wade puesto que el prefería las frases célebres de otro tipo como por ejemplo "mejor pedir perdón que permiso" sí, esa definitivamente iba más con él, pero la cosa estaba en que no quería arriesgarse a que Cable lo escuchara y se diera cuenta de que estaba viviendo con un pervertido que llevaba meses babeando por él. Aunque de saber eso, ¿Nate acaso se sorprendería? Porque joder, debería ser muy tonto para sorprenderse. Lo raro sería que al mercenario no le encendieran esos jodidos músculos del mutante, su cuerpo de sugar daddy que hacía soñar y mojar las bragas a muchas fans que habían abierto cuentas dedicadas a él en Tumblr, ese brazo de (no) metal que aunque no estuviera bien que le excitara (porque Oh, vaya, estaba matando al pobre hombre) le ponía de todos modos. Y su voz grave de lo más varonil...

Lo imaginó gimiendo de nuevo, aunque esta vez en una situación mucho más sexy que no incluyera tacos, sino más bien...

Una playa. Sí, una playa en una isla paradisíaca en la que por X motivo solo estuvieran ellos dos y Wade le estuviera poniendo aceite corporal masajeando la espalda de un Nathan semidesudo que se encontraba tumbado en la toalla. Wade estaría sobre él con las rodillas a cada lado de su cuerpo deslizando las manos por sus anchos hombros, y más, más abajo, mientras Nathan suspiraba y gemía y decía Oh sí, Wade, eso se siente realmente bien y no pares, no pares o te partiré las piernas.

Oh sí, eso último sonaba mucho más como su Nate.

La respiración de Wade estaba más agitada ahora y los movimientos de su mano eran más rápidos sobre su miembro. Un pequeño gemido escaló por su garganta sin poder evitarlo.

En su fantasía ahora Nathan se había girado quedando cada a cara con Wade encima, y pasaría las manos por su cintura y lo acercaría a él, haciéndolo sentarse sobre su regazo y con una mano puesta en su nuca lo atraería para subirle la máscara y besarlo por fin en la boca.

Cerró los ojos y mordió más fuerte su mano. Nonono, no era suficiente. Necesitaba más material +18 y totalmente nsfw (perdón niños pero estabais avisados con el rating) así que ahora los dos estaban totalmente desnudos y Wade estaba totalmente preparado y su culito lubricado y listo y todo eso, ¿Porque era su fantasía, vale? Y Cable lo estaba haciendo descender sobre él con una mano en su miembro para guiarlo a su entrada.

Wade jadeó y aplicó un poco más de presión sobre su erección. No duró mucho más. Pronto todo su juicio se nubló y el orgasmo lo golpeó como la decepción a una adolescente durante la primera vez de su chico. Eyaculó sobre su mano y el suelo. Apoyó ahora todo su peso en la pared con la respiración de lo más acelerada y por fin bajó su otra mano de su boca. Una vez su respiración se normalizó cogió un trozo de papel higiénico y limpió el estropicio. Luego se subió los pantalones, lanzó el papel en vez de la basura al váter y tiró de la cadena para disimular. Abrió el grifo y se lavó las manos porque no era tan cochino, muchas gracias.

Al mirarse al espejo vigiló que todo estuviera en orden (menos su decencia por haberse manoseado pensando en su compañero de piso) y salió del baño. Pasó por delante de Cable hasta llegar a su lado del sofá y se fijó en él. Por suerte estaba con el entrecejo arrugado leyendo alguna noticia de Twitter en su nuevo móvil.

Wade cogió la mitad restante de su primer taco y siguió comiendo como si no acabara de tener un orgasmo pensando en el hombre cerca suyo.

Entonces un pensamiento llegó a él.

– ¡Oh! – Pegó un brinco y corrió a su habitación. Volvió tras diez segundos con su móvil en la mano. – Se me rompió el anterior. – Le explicó a Nathan que lo miraba de nuevo como si le hubiera salido una segunda cabeza. – Al parecer no es buena idea llevarlo a una misión... Oh, Nate, deberías haberlo visto. Estaba por hacerme un selfie con uno de esos cabrones muertos bocaabajo, yo poniendo morritos y haciendo el gesto de la paz con dos dedos y todo eso, ¡iba a ser una foto super guay para mi intagram! pero entonces me dieron un balazo en la pantalla. ¡Ni siquiera supe de dónde vino! El nuevo capullo se había escondido detrás de un contenedor de basura y me había disparado de ahí. – Sacudió la cabeza con enfado. – Compré este móvil esta tarde. Nuevo número y toda la pesca. Pásame el tuyo otra vez. Y ya de paso el de Domino.

El mercenario abrió muchísimo los ojos entonces y manos fueron directas a su cabeza al darse cuenta de la magnitud de su desgracia.

– ¡He perdido el número de Dopinder!

Cable sacudió la cabeza mirándolo.

– Ya le agregarás la próxima vez que te mensajee. Te pasas el tiempo enviando memes de gatos a todo el mundo. Pronto responderá con algún emoticono riéndose, siempre te está lamiendo las botas.

"Memes"

Wade estaba orgulloso de si mismo por haber añadido esa palabra en el vocabulario de Cable. Aunque claramente Twitter había jugado su parte en eso.

Se dejó caer en el sofá visiblemente relajado al caer en cuenta.

– Cierto... Bien pensado, C3PO.

Pudo ver perfectamente como la expresión de Nathan cambiaba y sus ojos se ampliaban con ese nuevo apodo.

– Star Wars. – Dijo y pareció orgulloso. – He entendido esa referencia.

Por los siguientes tres segundos se hizo el silencio.

Y entonces Wade empezó a reír y a reír y Nathan solo lo miró desternillarse con confusión por la broma que a él se le había escapado.

.


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Octubre.

Quedaban 10 días contados para Halloween y el tiempo no podía ser más favorable para Wade que ahora podía usar sudaderas con capucha y bajo ellas una gorra con visera plana. Wade siempre fue más un hombre de verano, pero desde Arma X la llegada del frío se había vuelto para el canadiense una especie de regalo. Cuanta más ropa pudiera llevar encima para cubrirse y evitar que la gente lo mirara de más por la calle y cuchicheara por lo bajo (como si no pudiera oírles ni verlos observando) mucho mejor para él. Bajaba bastante su ansiedad y lo hacía sentirse mucho menos tenso.

el mercenario, ahora en su traje de Deadpool equipado con sus katanas y pistolas se detuvo en el escaparate de una tienda para ojear una bufanda con colores arcoiris en un maniquí que le había llamado la atención, pero un coche pasó a toda velocidad por la carretera detrás de él y dio un frenazo al casi chocarse con otro. El chirrido de las ruedas resonó por toda la calle y llamó la atención de todas las personas que paseaban en ese momento. Wade se apartó del escaparate y tras echar un rápido vistazo a la escena siguió caminando desinteresado.

Pasó cerca de otra tienda, que debido a las fechas en las que estaban esta presumía en su escaparate llamativos disfraces de Halloween bastante realistas. El mutado sonrió y sacó el móvil de sus pantalones (que se había traído a pesar de haber roto el último y haberse prometido a si mismo y a Nate que no volvería a llevarselo a una misión. ¿Alguna vez aprendería)

Tuvo que morderse el guante a través de la máscara para poder quitárselo y teclear en su móvil. Era un verdadero palo que la pantalla táctil no funcionara con el guante puesto y tuviera que retirárselo cada vez.

Con el guante aún en la boca sacó una foto a uno de los maniquíes disfrazados y abrió el chat de Cable, encontrándose con los numerosos mensajes que le había enviado ayer.

"Manzanas"

"Cebollas"

"Condones"

"Ajos"

"Lubricante"

"Fresas"

"Un nuevo dildo"

Nathan SIEMPRE lo dejaba en visto, así que Wade había empezado a usar su chat como la lista de la compra. Estaba seguro de que aunque no respondiera al mutante le hacía cierta gracia.

Seleccionó la foto del disfraz y se la envío. Luego escribió:

"¿Que te parece si me compro esta pasada de disfraz de Freddy Krueger? Me ahorraré bastante este año! con mi jeta no me hará falta comprar la careta."

Y también:

"Y luego dices que la palabra ahorro no entra en mi vocabulario!"

Estaba por bloquear el móvil y guardarlo, dando por sentado que como la mayoría de veces Nathan no respondería, pero se sorprendió considerablemente para bien al ver bajo el nombre del contacto un "escribiendo" y esperó mirando la pantalla hasta que recibió una respuesta.

"¿Puedes parar de hacer chistes sobre tu apariencia?"

Wade de apoyó en el cristal del tienda y escribió rápido su respuesta.

"Alguien siempre va a hacerlos. Prefiero sumarme al carro".

Se hace más llevadero así, pensó con cierta amargura.

"No les veo la gracia."

"Yo si!"

Mentira, mentira, mentira.

"Pues sigue haciéndolos pero no cerca de mi. No me interesa oírlos"

Wade observó la pantalla durante unos segundos, sonriendo un poco ante el pensamiento de que a Nathan le importara como se sintiera respecto a su piel.

Tal vez solamente le dijo eso porque su sentido del humor no le permitía apreciar sus chistes de auto desprecio, ¿pero una chica puede soñar, no?

"Que más te da?"

La respuesta de Cable no llegó inmediatamente.

¿Había sonado borde? Tal vez un poquito… ¡No quería sonar borde, solo se sentía curioso!

Mierda, mierda.

Pasados un par de minutos una pareja de ancianos caminaron de la mano por delante de Wade y la mujer le dedicó una miradita de extrañeza. Se dio cuenta de como se estaba viendo. Un tipo enmascarado y cargado hasta arriba de armas con un guante en la boca (a través de la máscara) que miraba fijamente su móvil sin hacer absolutamente nada.

¡Y tenía trabajo que hacer!

Desde luego su enorme crush con el mutante estaba siendo toda una distracción esos días.

Por fin recibió la esperada respuesta y sorpresa, fue una decepción.

Solo le había puesto una palabra.

"Paso"

Wade suspiró.

– Siempre un hombre de pocas palabras. – Rodó los ojos y guardó el móvil en el bolsillo para empezar a caminar.

Abrió la boca y dejó caer el guante, atrapandolo antes de que cayera al suelo y colocándoselo. Distraído como estaba con el guante no pudo hacer nada para tratar de defenderse en cuanto dos dardos fueron disparados a su cuello y el tercero le dio de pleno en el pecho.

Los ojos de su máscara se abrieron notablemente por la sorpresa. Antes de que su diestra llegara al dardo clavado en el lado izquierdo de su pecho sus ojos ya se habían cerrado. Una gasa con alguna sustancia fue presionada en su nariz, y al caer hacia atrás dos manos agarraron los hombros del cuerpo inconsciente y lo arrastraron hacia la negrura del callejón situado detrás, apartándolo así de la mirada de cualquier transeúnte.

El hombre con el rostro cubierto y vestido totalmente de negro detrás del mercenario no se detuvo hasta ocultarlo tras un contenedor de basura del callejón. Al mismo tiempo que esto sucedía una furgoneta aparcó frente a ellos y tres personas más vestidas de igual forma bajaron a toda prisa.

– Un minuto. – Dijo una voz masculina desde el volante.

El resto se dio prisa. El más joven del grupo, apenas un novato de veintitrés años y de lo más nervioso observó como la mujer se arrodilló a un lado del cuerpo y cortó con unas tijeras el traje de Deadpool a la altura del pecho separándolo en dos partes. Estiró pues de ambas, dejando a la vista buena parte de su torso. Todo ocurrió muy rápido. Cambiaron las herramientas usadas y la mujer ahora estaba abriendo el cuerpo del mercenario, hurgando en su interior en busca de sus órganos.

– Necesitamos el hígado y el corazón esta vez.

– ¡Rápido!

El chico era el único que no se movía y confuso contemplaba la escena. Era la primera vez que lo contrataban para un trabajo de ese tipo y aunque ahora su ayuda no fuera requerida no podía evitar hacer preguntas.

– ¿Por qué era necesaria la gasa?

– Le hará olvidar. – Lo informó la mujer mientras extraía el hígado cuidadosamente.

– Al menos esta vez ha salido bien. – Habló el hombre que había arrastrado el cuerpo al callejón. – Tres dardos, Damian, gilipollas. Tres, no uno. Deadpool podría haberte matado por tu estupidez aquel día.

– Casi lo hizo. – Indicó la mujer para vergüenza del hombre que sin decir nada solo recogió los órganos que la fémina le pasaba.

En menos de un minuto habían terminado. El muchacho echó un último vistazo al cuerpo, cuestionándose si lo que hacían era del todo correcto mientras una mueca se formaba en su rostro, y salió corriendo tras el resto de vuelta a la furgoneta, que arrancó y se esfumó de la escena, dejando a Deadpool en el callejón, sin vida, sin recuerdos de lo sucedido y con solo sangre en el cuerpo y un agujero en su traje como prueba de lo sucedido.

Tal y como ocurrió la última vez; hacia cinco meses, frente a la puerta de su propio edificio.