Si, ya sé que tarde horrores y ni quien se acordara ya de esto... bueno, yo si :D

Y para colmo es tan corto... pero que puedo hacer, mi imaginación a veces me desborda y no me deja escribir una cosa cuando esta pensando en otra.

En fin, espero lo disfruten, y de nuevo, Sherlock pertenece a sus respectivos creadores y a John

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Cuando tenia un caso, no solo ponía todas sus energías y su privilegiada mente en ello, si no también todos sus sentidos. Nunca se confiaba a uno solo, metiendo, literalmente sus narices en todo. Ahí donde almas mas sensibles desdeñan oler, él encontraba la evidencia de tiempos transcurridos, viajes efectuados. Claro, unas cuantas -muchas- veces, se había topado con olores desagradables, irritantes nauseabundos o todo a la vez. Alimentos en descomposición, carne-humana o no- en estado de putrefacción, humo, drogas y una larga lista de etcéteras que tendría almacenados en su palacio mental para cuando fuera necesario.
Lo que no esperaba es que aun hubiera un aroma que pudiera sorprenderlo, pero así fue cuando tuvo que esconderse con John en aquel estrecho armario en el que apenas cupieron los dos. Y es que aun conteniendo la respiración para que el asesino que emboscaban no se pusiera sobre aviso y huyera, hasta sus fosas nasales llego la suave fragancia del shampo de John. Cuando, fuera del armario y tras haber atrapado al sujeto en cuestión, pudo analizar la situacion, noto que ese era el aroma de un producto cosmético que nada tenia que ver con su compañero de departamento. Y en vista que demoro en tener otro caso medianamente interesante, se propuso averiguar el verdadero olor de John Watson, sin saber que ese era síntoma de que la adicción avanzaba.