MANHUMAN.
Nota: este es un Criminal!AU. Por favor absténganse de dejar comentarios negativos por Enji o la pareja. Los drabbles no tienen secuencia, pero son del mismo espacio/tiempo.
ii. judgement.
Las rejas se cerraron a sus espaldas, mientras él se rascaba el abdomen con pereza. Incluso cuando bostezó, casi estrellándose con la pared por el jalón que el oficial le dio, tampoco pudo importarle mucho. Le habían dicho que el jefe de policías llegaría en cualquier momento y él simplemente se sentó en el catre maloliente de la celda, observando por las rendijas de la ventana, estrecha, el sol de las cuatro de la tarde.
Tampoco es que le importara mucho el ruido de afuera, por ejemplo, escuchar las pláticas aburridas del cuerpo policiaco a sus espaldas. Sólo el titilar de cadenas y llaves, unos seguidos de otros y los pasos que se acercaban, a quién sabe donde, con él apoyando el codo en su rodilla sobre la cama y el mentón en su palma.
Dicen que el rey del hielo fue tocado por el fuego.
Enji lo miró allí, pensando que los ojos cafés estaban infravalorados. Que sí, los ojos azules y los verdes son maravilloso; pero hay cierta magia en los ojos cafés, hay cierto resplandor que sólo ellos tienen cuando el sol los toca, y se acarician hasta que se vuelven del color de los colores del mundo.
—Hawks.
La voz, cavernosa, lo hizo girar en su lugar para observarlo. Allí donde Enji lo llamó, pudo observar cómo los ojos cafés se oscurecían cuando estaban escondidos del sol. Él se levantó, observándolo sin medir la saña de sus acciones. Se pegó a las rejas negras frente a él, donde el pelirrojo lo esperaba con papeles de su proceso en la mano. —Me acosté en llamas esa noche, Enji~
Hawks tiene ojos de ave rapaz, uno relampaguea en palabras falaces y el otro si no olvida se va a morir. —Saqueaste el banco de la Avenida Park y la trece. Es un logro hasta para ti.
Pero Hawks no respondió, cuando Enji se extrañó por la pasividad de ese día, sus ojos claros lo miraron tras el enrejado.
Cuentan que el rey del hielo tiene el cabello blanco, pero sus ojos son cálidos como el fuego.
Hawks le sonrió allí, sacando parte de su rostro entre las rejas para, a la vista de todos, con la lengua viperina y llena de saliva, lamer la boca de Enji que no se movió ni un ápice, que incluso le mostró las manos esposadas. —Eres el único delito que quiero, Enji.
