MUCHISIMAS GRACIAS POR SUS REVIEWS, ME ALEGRA QUE LES HAYA GUSTADO! ESPERO QUE ESTE CAPITULO SEA DE SU AGRADO.

A CONTINUACIÓN LOS NOMBRES:

NORUEGA: ARN

ISLANDIA: EINAR

UNA ULTIMA COSA, PARA TODOS AQUELLOS QUE PREGUNTARON SI ENTRE DEN Y HOLANDA HABÍA ALGO MAS QUE UNA AMISTAD, LA RESPUESTA ES NO. SOLO SON AMIGOS.

"HETALIA PARA MI ETERNO PESAR NO ME PERTENECE (SERÍA GENIAL SI FUERAN MIOS JAJAJA)"

CAPITULO II

Ya hacía un mes completo desde que Soren había llegado a su casa, no existía señal alguna de sus hermanos y ninguna acción por parte del rubio. Vincent estaba preocupándose considerablemente, no es que le incomodara tenerle ahí, pero temía que dicho asunto nunca se arreglara.

-Tal vez debería hacer algo – se planteó seriamente mientras veía el techo de su habitación – mañana pensaré en algo.

Se acomodó mejor en su cama y cerró sus ojos para dormir, mañana debía trabajar muy temprano. Ya mañana hablaría con su hermana.

A la mañana siguiente, los gritos se hicieron presentes en la casa de Vincent, quien como loco trataba de encontrar las benditas llaves de su auto.

-¡Emma! ¡Emma! – gritaba todo cabreado.

-¡¿Qué demonios quieres? ¡¿Qué no ves que estoy ocupada? – gritó la rubia desde su habitación mientras se arreglaba

-¡¿Dónde están las llaves del coche? – gritó más que exasperado tirando todo.

-¡Yo que voy a saber! ¡Son tus llaves, animal!

-¡Ayúdame a buscarlas, maldita sea! ¡Deja de perder el tiempo, de todos modos te ves igual!

-¡¿Cómo dijiste pedazo de "#$%/"#?

-¡Aparte de inútil, SORDA!

-¡Ahora si te mato desgraciado infeliz!

Marcus y Soren desayunaban tranquilamente, ya estaban más que acostumbrados a los pleitos entre esos dos, para ellos todo lo que pasaba era como un zumbido de mosco, tan insignificante que ni siquiera intentaban detenerlos.

-AQUÍ ESTAN – gritó triunfal al encontrarlas, luego miró el reloj – ¡SE ME HACE TARDE DEMONIOS!

-AUN NO ACABO CONTIGO INUTIL – gritó Emma.

-NOS VEMOS – Vincent salió como rayo.

-ESE IDIOTA – gritó ella molesta.

Si, una mañana clásica, se dijo Soren mientras terminaba de comer. Él también tenía un trabajo al cual ir.

En la casa de Soren, solo había silencio, ningún ruido, NADA. Lo que al principio creyeron era una bendición por no tener que soportar los molestos ruidos y alboroto del mayor, ahora era tan exasperante, que ellos mismos estaban comenzando a odiarlo. Al mismo tiempo se preguntaban el paradero del rubio y su posible estado. Jamás lo dirían o aceptarían abiertamente pero una creciente culpa los invadía.

Además, la tristeza en Peter ya no podía ocultarse, el pequeño estaba tan desanimado que ni ganas de jugar tenía.

-Me preocupa Peter, desde que Soren se fue, ha estado decayendo mucho – dijo Tino a Berwald mientras desayunaban, mas este no dijo nada – Y no es el único.

-¿A qué te refieres?

-Tú sabes a que me refiero – dijo Tino mirándolo fijamente para luego soltar un suspiro – me pregunto si Soren está bien.

Berwald agachó la mirada y minutos después llegaron Arn, Einar y Peter. De nuevo el silencio, el fastidioso silencio.

Luego de desayunar, todos partieron, unos a trabajar, otros a la escuela. Con Berwald, quien después de dejar a su pequeño en la escuela y a Tino en el trabajo, llegó finalmente a su oficina. Colocando su saco en el perchero, caminó hacia el escritorio y se dejó caer en su silla. Miró la pila de papeles por firmar y resopló cansado.

Las palabras de Tino resonaban en su mente, ¿Cómo es que todo se salió de control? Estiró sus brazos y empezó a revisar los documentos mientras meditaba en ello.

Arn llegó a la editorial donde trabajaba. Cualquiera que lo mirara pensaría que nada malo ocurría en la vida del estoico rubio, no obstante la mente del joven estaba hecha un caos.

Al llegar a su puesto miró el teléfono para ver si no había recibido alguna llamada, mas las que tenía no eran de quien esperaba.

Si, esperaba que Soren hubiese llamado, lo hacía desde que pasó la primera semana de su partida. No le gustaba admitirlo pero en realidad le preocupaba aquel rubio desastroso. Siempre que peleaban, Soren se iba un par de días y luego regresaba sonriente y como si nada hubiese pasado. Creyeron que esta vez sería igual, pero la verdad fue otra y tras comprender que no era ninguna tontería del mayor, la preocupación y la culpa los consumía. Culpa porque fue Soren quien se enojo, quien les reclamó por su conducta y quien fue lastimado, ellos no hicieron nada, se quedaron parados y luego continuaron como si nada. Ni siquiera lo llamaron para saber cómo y dónde estaba, si quiera para tratar de arreglar las cosas.

Soltó un gruñido y tomó el teléfono para marcar al trabajo de Soren, al menos debería ver si estaba yendo a trabajar. Esperó unos segundos y enseguida la voz de la secretaria lo atendió.

-Buenos días, quisiera saber si el Sr. Soren se encuentra – preguntó Arn mientras jugaba con su bolígrafo.

-En estos momentos se encuentra en junta, ¿gusta dejarle algún recado?

-Eh no, gracias. Mejor le llamo más tarde – dijo – disculpe, ¿el Sr. Soren ha ido a trabajar con frecuencia?

-No falta ni un día – le respondieron.

-Muchas gracias – dijo para cortar la llamada – parece que no esta tan mal.

Arn se recargó de su escritorio, ahora solo le faltaba saber donde se estaba quedando. Soren solía salir siempre una hora después que él, así que si hoy no le daba por salirse temprano, tal vez podría seguirlo. Sí, eso haría, era el momento de saber la verdad.

-¡Por fin terminé! – celebró Soren desplomándose en su silla. Tras la horrorosa y fastidiosa junta directiva, que según él no servía de nada (pues se la pasaban peleando y terminaban igual o peor a como estaban), había tenido que revisar los nuevos proyectos para la empresa y darles su aprobación, también hablar con los administradores y gerentes del lugar para que le entregasen sus informes. Gracias a Dios que todo ya estaba hecho y justo para la hora de la salida.

Agarró su portafolio y su abrigo, cerró la oficina, se despidió alegremente de su secretaria y entró en el elevador.

A su vez, Arn llegó al lugar pero se mantuvo escondido en uno de los callejones al frente del edificio. Soren salió con una sonrisa en sus labios y empezó a caminar, Arn esperó unos cuantos minutos y luego empezó a seguirlo, siempre cuidando que el mayor no lo descubriera.

Pensó que Soren tomaría un taxi al llegar a la esquina, mas este seguía caminando en dirección al este de la ciudad. Prontos los grandes edificios y construcciones fueron desapareciendo para dar lugar a una zona residencial de amplias calles y casas muy bonitas, el sitio se le hizo muy familiar pero no supo por qué.

Soren se dirigió a una casa al final de la calle, atravesó el jardín y antes de que pudiese abrir la puerta, esta dio paso a un pequeño niño que lo recibió con un fuerte abrazo. Soren le correspondió y alzándolo en brazos completamente feliz, entraron.

Arn se sintió extraño, pensaba que Soren estaría más… triste, que no sonreiría, algo diferente. Una mano tocó su hombro y un poco sobresaltado volteó, era Berwald. Aquel gran hombre de mirada intimidante había tenido la misma idea que él. Quien lo diría, en verdad querían a Soren.

-No pasó nada, ¿de acuerdo?

-Bien.

Ambos se dirigieron al auto de Berwald y partieron a casa, no hubo más comentarios respecto a Soren.

Vincent llegó a casa más que cansado, oír los gritos de su jefe por llegar tarde y tener que realizar trabajo extra para enmendarlo todo, lo había dejado fuera de combate.

-¡Bienvenido Vince! – le saludó un alegre Soren desde la cocina.

-Hm – respondió y fue hasta ellos.

-¿Y tú que traes? – preguntó Emma en lo que preparaba la cena junto con Soren.

-No fue un buen día – dijo sentándose en una silla - ¿ya está la cena?

-Ya casi – dijo ella pero entonces notó algo – ¡ay no, olvide comprar unas cosas!

-¿Qué?

-Lo lamento – Emma soltó una risita – oye hermanito, ¿podrías ir a comprarlos?

-¿Estás loca? Acabo de llegar y estoy muy cansado.

-Anda, ¿sí? – pidió Emma – además si no los traes, la cena no será terminada y por ende no comerás nada.

-¿Por qué no vas tú o Soren?

-Porque nosotros estamos cocinando Vince – dijo Soren.

-Anda hermanito – pidió de nuevo ella.

-¿Si? – dijeron ambos.

-¡Ay está bien! – Vincent se levantó de su silla y Emma le dio una lista - ¡será la última vez!

Salió de su casa y comenzó la caminata hacia la tienda más cercana, a unas cuantas calles de su casa. Esos dos sí que lograban fastidiarlo, pensó. Mira que mandarlo cuando estaba tan cansado, ya se las cobraría. Entró a la tienda y miró la lista, tomó una canastilla empezó a llenarla. Caminaba distraídamente cuando chocó con alguien.

-Lo lamento – dijo, pero al ver de quien se trataba se sorprendió un poco.

-No hay problema, también iba distraído – dijo un joven de cabellos platinados, ojos azules y un rostro de eterna seriedad – ¿tú eres Vincent no? El amigo de Soren.

-Si – respondió él.

-¿Tu… sabes donde esta? – preguntó algo torpe.

-Está viviendo conmigo – le respondió.

-¿Y cómo les va con él? – preguntó con cierta curiosidad.

-Muy bien, sabes es muy acomedido. Realmente de gran ayuda.

-Ya veo – hubo un rato de silencio – ¿y como está él?

-Está bien, no te preocupes – entonces le miró fijamente – Marcus le quiere mucho.

El otro se quedó en silencio y bajó la mirada.

-Bueno tengo que irme, me esperan para la cena – comenzó a caminar – un gusto verte Einar.

-Sí, adiós.

Vincent pagó las cosas y regresó a casa. Tal vez fue duro con él, pero le ayudaría a darse cuenta y hacer algo al respecto.

Mientras tanto, Einar se quedó un rato reflexionando, apretó los puños y decidió irse a casa.

CONTINUARA…

GRACIAS POR LEER! HASTA PRONTO!