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Temprano en la mañana, un moreno de ojos azules dormía placidamente completamente ajeno al mundo exterior.
¡Heiji! –Se escucho la voz de un chico a través de la puerta de su habitación-.
Lárgate –contesto reacomodándose en la cama-.
Se escucho un estruendo, Heiji volteo alarmado, ya no estaba la puerta, y en cambio estaba un chico de gorra, sonriendo torpemente,
Ohayo! –saludo felizmente-.
Heiji se levanto estrepitosamente de su cama.
¿Quién te crees que eres? –Se acerca mas con el puño levantado de manera amenazante, al chico no parecía importarle-.
Golpéame y te demando –se da la vuelta, y sonríe antes de irse por donde solía haber una puerta- por todo lo que tienes Heiji
Serás –gruño-.
La familia Hattori y un invitado, Kazuki, desayunaban tranquilamente, o eso daba en apariencia, pues auras negras se desprendían del más joven de los Hattori.
Hoy es un lindo día –trato de suavizar el ambiente la señora Hattori- ¿Por qué no salen a pasear un rato?
Yo no voy a ningún lado con el –dijo Heiji antes de llevarse un bocado directo a la boca-.
Creo que es una muy buena idea, señora –sonrió el joven Kazuki-.
¡Eh dicho que no voy contigo a ningún sitio! – grito furioso-.
Señora Hattori le quedo delicioso el desayuno, es usted una excelente cocinera –sonrió Kazuki amablemente y después se giro donde el señor- espero que tenga un buen día señor Hattori para usted nada debe ser difícil, se ve que es un hombre de coraje luchador
Ambos padres se quedaron ligeramente sonrojados, en su vida nadie les había alagado de tal manera tan sincera y amable, ambos miraron a Heiji con cara de "¿Por qué tu nunca nos halagas?", Heiji simplemente desvió la mirada incomodo.
Te lo agradecemos –sonrió la señora-.
Gracias por la comida –tomo su plato y se dirigió hacia Heiji-.
¿Qué pasa? –Pregunto en tono grosero-.
Levanta tu plato y vamonos –Kazuki tomo el plato de Heiji y se lo puso en las manos e inmediatamente y sin dejar a Heiji reaccionar lo tomo del cuello de la camisa y se lo llevo a rastras a la cocina-.
Se llevaran bien –dijo el padre-.
Eso creo –sonrió la madre-.
Minutos mas tarde tanto Kazuki como Heiji ya estaban caminando por los alrededores del pueblo.
Que tiene esto de emociónate? –Pregunto Heiji con pereza- odio este pueblo, siempre tan aburrido
Es solo aburrido si tú quieres que lo sea –sonrió de manera tierna, lo cual provoco un sentimiento extraño en Heiji, aunque el no presto mucha atención a ese sentimiento y giro la cabeza avergonzado- la vida es como tu la pintes, Heiji
Heiji analizo sus palabras, buscando un posible significado.
De que color es la tuya? –pregunto Heiji, sin siquiera pensarlo, quedando extrañado consigo mismo-.
La mía… -se coloco un dedo en la mejilla y alzo la mirada- es naranja, es tan apasionada como el rojo y tan tranquila como el blanco
Ah –solo pudo contestar, no tenia idea por que pero no podía desviar su mirada de el-.
Y la tuya, Heiji? –se giro a mirarlo-.
Heiji se quedo sorprendido, y desvió su mirada apenada, nunca pensó en el como giraba su vida, siempre veía la vida como la gente quería que la viera, practicaba kendo por gusto de su madre, tomaba responsabilidades de atender pueblerinos por ordenes de su padre, ¿Qué hacia el que fuera decisión propia?
Es negra –murmuro suavemente-.
Kazuki escucho esto, y pensó un poco, tomo el brazo de este y comenzó a caminar directo al pueblo.
Que haces? –Pregunto alarmado Heiji-.
Pintémosla rosa, Heiji –sonrió con dulzura- juntos
re...
