Una llama azul brillante lamía la superficie exterior de un alambique de bronce relleno de un líquido viscoso de color ámbar. El interior burbujeaba con una espuma violácea que iba aumentando sobre la superficie ambarina hasta transferirse a una serie de espirales que se alejaban del fuego y descendían sobre un embudo.
Una gota tras otra fue deslizándose por el sistema construido con delicadeza y paciencia. Poco a poco el embudo fue depositando en un vaso de cristal, el resultado del experimento. Un líquido rojizo con destellos dorados, como si fueran pequeñas estrellas en una noche inquieta.
Rowena examinó minuciosamente el vaso de cristal, esperando a que este se enfriara lo suficiente para poder manipularlo. El color era el ideal según sus pruebas anteriores y no había olores extraños, tal y como había previsto. El experimento había sido un éxito. Sonrió orgullosa sopesando el peso del vaso y levantándolo sobre su cabeza para mirarlo a contra luz. Volvió a colocarlo en la mesa rápidamente al percatarse que el guante de seda de su mano derecha hacía resbalar el vidrio.
Se sentó en su escritorio agarrando la pluma dorada que aguardaba hundida en el tintero. Un par de golpes secos para eliminar el exceso de tinta y comenzó a garabatear rápidamente sus notas preliminares sobre el producto descubierto:
"Tal como predije, el resultado de la ebullición de la saliva de dragón junto a un precipitado de sales, es un potente veneno de rápida degradación. Estoy confirmando que su duración media es de diecisiete minutos y catorce segundos.
Si la vida media del compuesto es de, aproximadamente, quince minutos, podríamos estar ante la solución definitiva para las recientes hambrunas del país. He estado generando cantidades insignificantes para las pruebas pero el proceso se puede re-escalar para una producción masiva sin que suponga un gran sobrecoste para la corona o los agricultores que precisen de este sistema, en caso de que la corona no quiera financiarlo.
He diseñado varios prototipos que permitirían extender el líquido en una gran superficie, el veneno tarda en torno a los cuatro segundos en acabar con cualquier tipo de actividad biológica. Las ratas de las pruebas no mostraron signos de agonía o sufrimiento algunos.
He llegado a la conclusión que el producto, inofensivo para los humanos, podría conseguir una limpieza total de los campos de cultivo infestados por las ratas. Los posibles efectos secundarios quedan anulados dada la descomposición acelerada del compuesto. El ganado está a salvo siempre que se tengan las precauciones adecuadas"
Rowena dejó la pluma sobre la mesa, alejada de sus notas y miró por encima del hombro. Había escuchado un siseo, como un chasquido. Un olor desagradable y tosco inundó su nariz. Arrojó la silla y sacó la varita totalmente encolerizada.
—¿Quién, por todos los demonios del inframundo, se ha puesto a fumar en mi laboratorio? —interrogó con un grito rabioso esperando respuesta. Se escucharon pasos y una sombra apareció entre las múltiples estanterías de libros antiguos y tratados de magia y misticismo.
—No puedes juzgarme, Rowena. La Adormidera me ayuda con la jaqueca —bromeó Salazar con una pipa de roble.
—Tú y tus hierbas —masculló Rowena con mal humor, bajando la varita — ¿Qué quieres, Salazar? Estoy muy ocupada con unos experimentos.
—Eso he oído. Las malas lenguas dicen que tratas de convertir el plomo en oro —afirmó acercándose al alambique, que aun desprendía calor.
—¿Eso dicen las malas lenguas? ¿Y las buenas que comentan? ¿Qué intento conseguir la eterna juventud? Estos muggles siempre tan exagerados, la magia no hace milagros.
—No, pero siempre hemos ido unos cuantos pasos por delante de ellos. Solo tienes que mirarte la mano para comprobarlo —dijo Salazar señalando el guante de seda que cubría la mano derecha de Rowena. Ravenclaw cerró el puño fuertemente, como si tratara de esconder su propia extremidad — Helga me lo contó. Es impresionante lo que lograste hacer.
Rowena se miró la mano con melancolía y se sacó el guante con delicadeza, mostrando una piel plateada que se movía como si fuera mercurio. Abrió y cerró varias veces, comprobando como se movía cada dedo de forma individual.
—Helga me ayudó, siempre se le dio muy bien sanar a la gente —murmuró con tristeza al recordar a su amiga, llevaba meses sin verla, enfrascada en su propia rutina había olvidado visitarla.
— ¿Huesos de hierro, cuerpo de mercurio y una poción aglutinante para evitar que se derrita? —preguntó Salazar con curiosidad.
—Acero. Me costó más de fabricar pero el hierro se oxida demasiado fácilmente con la sangre. Si, necesita sangre en el interior como si estuviera vivo. Helga dio con esa clave. Cuando empezamos a experimentar con mi brazo solo lográbamos un esqueleto de hierro y un charco de mercurio entre las sabanas. Tres veces me envenené accidentalmente. La poción no surtía efecto y el hechizo que me permitía mover los huesos no sirve de mucho si no tengo la "piel" por encima. Y Helga dio en el clavo, para simular vida necesitas vida. Fue bastante difícil tejer una red por encima de los huesos que surtiera de mi sangre al mercurio, pero una vez resuelto logramos que se mantuviera firme aunque estuviera durmiendo. Y ahora, los reyes creen que esto demuestra que puedo convertir el plomo en oro… y prefiero no contradecirles por el momento —Explicó volviendo a enguantar su brazo falso e invitando a Salazar a sentarse.
—Un rey jamás rechazaría semejante posibilidad, es más atractiva que un veneno para plagas —Rowena se sorprendió y miró con malestar a Salazar —. Te conozco, Rowena. Llevas queriendo curar esa dolencia del mundo desde hace décadas.
—Astuta serpiente —bromeó Rowena acariciándole las piernas como cuando eran jóvenes — ¿A qué has venido, Salazar? No es que no agradezca las visitas, pero tú siempre tienes segundas intenciones, nunca vienes de visita sin motivos.
—Siempre tan lista, mi querida águila real. Estoy levantando una pequeña iniciativa. Algo para evitar que la guerra de los mil días se repita —respondió de forma enigmática, sabiendo que la curiosidad de su amiga sería suficiente para atraerla.
—¿Una iniciativa? A saber que habrás planeado si lo que quieres es evitar más guerras mágicas —murmuró Rowena inclinándose hacia atrás en la silla y escrutando el rostro de su amigo.
—Yo la llamo, Iniciativa Hogwarts.
