CAPÍTULO II - Diamantes
Las primeras semanas han pasado rápidamente, casi sin darme cuenta ya estamos a mediados de noviembre, y es normal, puesto que este último curso tenemos mucho más trabajo. Los profesores nos ponen más deberes de los que podemos realizar y, entre los entrenamientos de quidditch y las clases de oclumancia con Snape, ya no lo soporto más. Por si fuera poco, tengo el cuerpo medio dolorido y lleno de moretones y cortes cicatrizándose; los entrenamientos especiales para la lucha contra Voldemort, cada vez son más duros. Sirius me da clases de duelo junto con Remus, que se especializa más en artes oscuras, siempre bajo la supervisión del implacable profesor de Pociones. Él es quien termina de perfeccionar mi técnica y me enseña los hechizos de magia oscura que ha aprendido durante sus años como mortífago y espía. Parece que no voy a poder librarme de este hombre en mi vida.
Snape me repite una y otra vez durante las clases que cierre mi mente pero estoy tan agotado de la rutina diaria que no tengo fuerzas ni para eso. Sé que es perjudicial para mí, porque permite que Voldemort acceda a mis pensamientos con más facilidad, pero ahora es lo que menos me preocupa. No he bajado a cenar, la verdad es que apenas tengo hambre. No me siento con fuerzas para nada. Sé que mañana Hermione me va a recriminar unas cuantas cosas, pero mi plan ahora mismo es tumbarme en la cama y descansar.
Cierro los ojos, intento no pensar en nada, poner la mente en blanco, como me recomienda –o mejor dicho, me ordena- Snape, pero me es imposible. Mis pensamientos me traicionan y me pongo a pensar en lo que menos me conviene. Siempre él… parece que no puedo alejarlo ni cinco minutos de mis recuerdos. Es normal si tenemos en cuenta que me encuentro con Draco Malfoy por todas partes, parece que ese niñato me esté siguiendo. En clase, en el comedor, por los pasillos… Suerte que ahora ha dejado de acosarme un poco y no me insulta cuando nos encontramos ni tampoco se mete con mis amigos. Eso me parece de lo más extraño, alguna cosa tiene en mente, seguro. Tendré que investigarlo, no es normal que de un día para otro actúe casi como si yo no existiera e incluso tengo la sensación de que me está evitando.
Creo que me estoy obsesionando con los Malfoy. Durante el día no dejo de pensar en el hijo y por la noche… por la noche es aún peor. Es inevitable soñar con él… Su rostro, su pelo, su altivez… Todo es perfecto en Lucius, aunque sé que no debería estar pensando de esta manera. ¡Por Merlín, debería odiarle! No sé por qué me gusta, me desprecia, le repugno, me detesta… pero yo me estoy enamorando de él.
Al día siguiente, mi humor no ha mejorado. Me levanto sin hablar con nadie, apenas les miro a la cara. Me meto en la ducha, me visto y bajo con ellos hacia el Gran Comedor. Hermione a la hora del desayuno me suelta unas cuantas recomendaciones sobre lo que no debo hacer, es decir, nada de lo que hago últimamente. Me sermonea diciéndome que debo cuidarme y comer más, rendir en clase, entrenar con ganas… Lo mismo que me ha dicho desde hace un mes y medio. Creo que tanto ella como Ginny empiezan a notar que hay algo muy grande que me preocupa, pero no dicen nada, tan sólo observan y se preocupan por mí. Los chicos hacen lo mismo, pero no son tan suspicaces. A veces Ron y Dean me preguntan algo sobre quidditch, por si logran captar mi atención, Neville me cuenta cosas de herbología, Ginny se pavonea de su agitada vida social… Todo el día siguiéndome. ¡Y yo lo que quiero es libertad! Esa libertad que me niegan estando todo el día a mí alrededor.
Los últimos días ya ni siquiera los escucho, hago como que sí, pero me escapo hacia el mundo solitario de mi mente. Sigo pensando en lo mismo, sigo estando en las nubes y sigo sin prestar atención a nada ni a nadie. No recuerdo qué nos han enseñado en clase esta mañana, no sé ni qué he comido hace tan sólo un par de horas. Parezco una vulgar imitación de lo que fui hace apenas unos meses o de lo que he sido en la vida. He dejado de sonreír, no me concentro en nada, no encuentro ninguna motivación, empiezo a volverme antisociable pues prefiero la soledad a la compañía de mis amigos, mi carácter también está cambiando a más agrio… Intento remediar todo esto pero, no sé por qué, no logro volver a ser yo.
-
¿Se puede saber qué te ocurre? – grita mi padrino -.
¡Este verano lo hacías mucho mejor!
- Nada, sólo
que hoy estoy algo cansado… - protesto.
- Sí, hoy, ayer,
anteayer… Estás así desde hace muchos días.
¿Quieres concentrarte de una vez?
- S… sí, lo
intentaré – respondo cabizbajo.
- Muy bien, entonces,
defiéndete. ¡Desmaius!
- ¡Protego! – el
hechizo es tan fuerte que me hace retroceder.
- ¡Expelliarmus!
-
¡Impedimenta! - consigo pararlo antes de caerme al suelo.
-
¡Harry! – dice preocupado al verme en esa situación -.
¡Por Merlín, Harry…! ¡Estos hechizos son
sencillos! – vuelve a gritarme.
- Lo… lo sé… pero…
no puedo más…
- ¿Qué ocurre Harry?
- Ya
te lo he dicho, Sirius, estoy cansado.
- Eso no es estar cansado.
Este verano practicábamos 5 y 6 horas seguidas y no te pasaba
esto. ¡No me vuelvas a decir que estás cansado! –
exclama al verme abrir la boca.
- Yo… yo…
- ¿Qué?
¡¿Qué?! ¡¿QUÉ?!
Creo que ya está desesperado, y no es para menos. Apenas llevamos una hora y estoy agotado, además no me concentro, no puedo sacármelo de la cabeza. Mire donde mire todo me recuerda a él, ¡todo! Me siento en el suelo, ni siquiera me levanto y cojo la silla. Sirius empieza a dar vueltas por la sala de duelos, mientras me maldice en voz alta por no poner todos mis sentidos en estas clases. Se empieza a parecer a Snape. ¡Por Merlín!, esto se pone cada vez peor.
- Sirius… ¡SIRIUS! – grito
también al ver que no me hace caso.
- ¿QUÉ? –
ahora sí, está enfadado. Harry… todo esto no lo
hacemos para que pases el rato, ni porque no tengamos nada mejor que
hacer. Te estamos entrenando, tienes que luchar contra…
- ¡Sé
perfectamente cuál es mi deber y con quién tengo que
luchar! ¡No hace falta que me lo repetís día sí
y día también! – ya no puedo más, tengo que
liberar toda la tensión-. ¡Suficiente tengo con las
pesadillas y la cicatriz para que ahora tú me vengas con
discursillos! – le suelto a un par de centímetros de su
cara.
- ¿Pesadillas? ¿Pero tú alguna vez
haces algo para impedirlas? Si Snape lo sabe…
- ¡Me
importa una mierda si Snape lo sabe o no, ese bastardo grasiento se
pasa el día haciéndome la vida imposible, se divierte
haciéndome sufrir! – estoy totalmente histérico.
-
¡Oh, perfecto! Ahora el niño empezará a
insultarnos a todos…
- ¡PUES SÍ! – le corto -.
¡ESTOY HARTO DE VUESTROS DISCURSOS Y DE VUESTROS SERMONES!
¡ESTOY HARTO DE QUE ME CONTROLÉIS Y DE QUE NO PUEDA
TENER UNA VIDA NORMAL! ¡ESTOY HARTO DE TODO! YO… - empieza a
caerme una solitaria lágrima -. YO SÓLO QUIERO VIVIR EN
PAZ… ¿LO ENTIENDES, SIRIUS? ¡¿LO ENTIENDES?! –
me he situado delante suyo y veo que retrocede, me mira con cara de
pánico, nunca me he rebelado como hasta ahora, pero es que no
soporto esta vida.
No consigue decir nada, se ha quedado mirándome como si no me reconociera y abre la boca, pero no le sale ni un susurro. Cojo mi varita y la túnica que me había quitado para luchar mejor y salgo de ahí dejándolo totalmente sorprendido.
Recorro los pasillos hasta la torre de Gryffindor como un rayo. Tropiezo con varios alumnos que se quedan extrañados al verme pasar, incluso al chocar con uno de Hufflepuff, al que reconozco por su bufanda amarilla, se ha caído al suelo. No me he parado, he seguido mi camino como si nada hubiera ocurrido. Es que me preocupa muy poco ahora mismo lo que les pase a los demás, sólo quiero pensar en mí. Sí, por una vez en la vida seré egoísta. No me apetece preocuparme por nadie en particular, sólo quiero ser feliz, ¿acaso no tengo derecho a eso?
Llego delante del retrato de la Dama Gorda, pronuncio la contraseña y cruzo el umbral hasta la sala común. Dentro hay varios alumnos de distintos cursos, que se voltean a mirarme extrañados. Sé que corren rumores, que la gente habla a mis espaldas, algunos afirman que no podré ganar nunca a Voldermort, otros creen que tengo demasiado ego par codearme con ellos. Cada uno con su opinión pero todos sonrientes y contentos, pues tienen motivos para estarlo: el quidditch, sus parejas, futuras motivaciones laborales… a mí todo esto me importa muy poco. Bueno, no todo. Empiezo a subir las escaleras hasta la habitación, ni me paro a escuchar lo que Neville me está gritando, ni lo que Hermione discute con Ron, ni lo que me dice Seamus al cruzarnos. Reflexiono sobre lo que estaba pensando y me hundo en mis pensamientos.
Me tumbo en la cama, hundo la cabeza en la almohada, mi única confidente. Quisiera tener a una pareja a mi lado, alguien con quien compartir alegrías y tristezas, dudas y confidencias. Me repito muchísimo des de este verano, pero es que lo deseo tanto, tanto… pero continúo solo. Mi destino debe ser estar solo, claro, como los héroes trágicos, que no pueden enamorarse porque, al fin y al cabo, su destino es morir. No quiero morir sin amar. No quiero desaparecer de este mundo sin ser amado. No quiero… Me volteo y me siento en la cama, contemplando como la noche lo envuelve todo en la penumbra. Las lágrimas brotan sin que yo pueda evitarlo y recorren rápidamente mis mejillas hasta alcanzar el suelo.
Me despierto en mitad de la noche, estoy sudando. Las pesadillas se repiten en mi cabeza y no quiero volver a cerrar los ojos. Desisto y me dirijo al baño. Tomo una ducha, necesito esclarecer mis ideas y despejarme. No tengo sueño y, aunque sé que por lo menos descansaría si siguiera tumbado en la cama, intento olvidarme. Llegar mañana con unas profundas ojeras a desayunar se me antoja más interesante que pasarme el resto de la noche soñando con Voldemort y sus secuaces.
Salgo de la habitación y bajo las escaleras hasta llegar a la sala común. No hay nadie y no me extraña, son las 3 de la madrugada, todos deben estar durmiendo felizmente. ¡Cómo los envidio! Murmuro un hechizo y la leña de la chimenea empieza a arder, no es cuestión de coger un resfriado. Me siento en un sillón cerca de la ventana, contemplo la luna que, brillante, grande, poderosa y majestuosa, invade el cielo y se adueña de él. La luna… gris plateada… mi mente vuelve a jugarme una mala pasada. Todo me recuerda a él, incluso lo más insospechado.
El otro día, en clase de transformaciones, mientras intentaba convertir el agua en fuego, sólo pensaba en su rostro, que enciende mi cuerpo al imaginarlo cerca de mí. Todo gira entorno a él. Y odio sentirme así, pero tengo que reconocer que esta obsesión no es comprensible. Somos enemigos, no es normal que me fije en él, nada normal que me enamore de él… No, no quiero enamorarme de un hombre como él. No sé qué me ha hecho, parece que me haya hechizado… Mi cuerpo está agotado y, sin darme cuenta, me quedo dormido.
Inicio sueño Me siento solo,
de repente una tristeza invade mi cuerpo y las lágrimas
empiezan a brotar de mis ojos, sin poder impedirlo. Noto una mano que
toca mi rostro y me seca las lágrimas. Me estremezco ante el
contacto. Su mano se ilumina cuando mis lágrimas se convierten
en pequeños diamantes que resplandecen en mitad de la
oscuridad. Veo sus ojos… también brillan como los diamantes.
Me sonríe, puedo ver sus labios, anhelo probarlos. Se acerca,
noto el deseo en su mirada, cierro los ojos y me dejo llevar. El beso
es suave, tímido, lento… recorre mis labios con la lengua,
delineándolos y, al cabo de un segundo, como pidiendo permiso,
noto como su lengua se abre paso en mi boca y yo profundizo más
dentro del beso. Cuando no nos queda aire para continuar, se separa
un poco y me mira. - Harry… - dice acariciándome la
mejilla y desaparece, dejándome solo con los diamantes en la
mano.
Abro los
ojos. La habitación está a oscuras. No veo nada, no
oigo nada a mí alrededor. Intento murmurar un hechizo pero no
funciona. Mi varita… no he traído la varita conmigo. Estoy
completamente a merced de todo, indefenso. Por suerte, no parece
haber ningún peligro. Empiezo a andar pero tropiezo con algo
que identifico primeramente como un mueble. Palpo con las manos y
noto que es un sillón, uno muy parecido a los de la sala común
de nuestra casa. Recorro la espalda del sillón para encontrar
el lugar donde sentarme. Al menos si me quedo quieto no me va a
ocurrir nada. Pongo los pies encima del sillón, aprieto las
rodillas contra mi pecho y empiezo a llorar.
Fin del sueño
Despierto sudando de nuevo. ¡Maldición! Otra vez he soñado con él. Creo que lo mejor será volver a la cama, aquí hace un poco de frío. Volteo la cabeza y veo que la habitación está a oscuras, la chimenea se ha apagado y yo sigo en el sillón, con mis rodillas en el pecho. Me levanto… todo es igual que en mi sueño, todo está igual.
Me tumbo en la cama, dejo las gafas en la mesita que hay al lado y, cuando ya iba a recostarme, algo logra captar mi atención. Justo al lado de donde he puesto las gafas, unos diamantes brillan como si emitieran luz propia. Los mismos diamantes que ha secado de mis lágrimas.
Como en el sueño…
Dos personas están frente a frente, mirándose, desafiándose… Se han citado en un aula fría y lúgubre cerca de las mazmorras. Parece que de un momento a otro van empezar a lanzarse hechizos a diestro y siniestro. En sus ojos se pueden ver claramente sus intenciones. Pero, unos segundos más tarde, la expresión de su rostro cambia, se sonríen sabiéndose cómplices de sus acciones y los dos cuerpos se unen para fundirse en uno de solo cuando se besan.
Se aman y sobran las palabras. Ninguno dice nada, las respiraciones agitadas y los innumerables jadeos hablan por ellos. Se tumban en el suelo, hay una vieja alfombra, y allí desatan su pasión. Cuerpo sobre cuerpo, apenas hay espacio en medio para que la luna que se cuela por la diminuta ventana del aula ilumine su perfil y delimite dónde acaba uno y empieza el otro. Se desean, sólo hay que ver sus ojos, ahora brillan de pasión y de amor… Sí, es difícil que esta palabra pudiese ser aplicada a esta relación siendo quienes son, pero hay amor. Nadie lo sabe, es una relación oculta, lo disimulan muy bien.
- Mmmhhhmmm… síiii…
sigue así… - dice el hombre situado debajo.
- ¿Te…
gu… gusta? – consigue articular el otro mientras con su mano
rodea la erección y empieza a masturbarlo.
- Ohhhh… síii…
te… adoro…
- Mmmmhhh… ¡Dios! Eres perfecto…
El hombre de arriba arremete con certera puntería contra el punto más sensible del otro, y con las embestidas consigue que grite de placer mientras no deja de besarlo. Empieza a notar que no queda mucho para que los dos consigan culminar esa pasión con el orgasmo, así que acelera las embestidas, profundizándolas más si cabe, y ahora son los dos quienes gimen con el gozo que están alcanzando.
- Me… me voy a corrmmmhhhmmm… -
jadea al alcanzar el clímax y se corre en la mano de su
amado.
- Oh… ¡síiii! - grita el otro cuando llega
al orgasmo e invade con su esencia el interior de su
pareja.
Lentamente, se retira de dentro de su pareja, intentando no lastimarlo. Se tumba a su lado, encima de esa vieja alfombra sucia y llena de polvo. Pero ahora no se preocupa por eso, tiene cosas más importantes en qué pensar. Se voltea y se queda contemplando a su chico que le mira embelesado.
- Te
he echado de menos – dice casi susurrando acariciándole la
mejilla.
- Y yo… me duele estar separado de ti.
- Lo
entiendo… pero de momento…
- Ya lo sé, sólo que
me gustaría que todo fuera distinto – se acerca para besarle
en la frente.
- Sabes que por ahora sólo tenemos esto…
-
Sí… y me conformo, pero envidio a los otros que pueden estar
libremente con su pareja y yo…
- Bueno, podría ser peor,
al menos disfrutamos de varias noches a la semana, ¿no? Al
menos yo disfruto mucho… - añade riéndose.
- Oh,
claro que lo disfruto, pero…
- Ven – le pide recostándolo
en su pecho y abrazándolo -, te prometo que cuando termine
este año estaremos juntos sin importar la opinión de
nadie…
- ¿De… de verdad?
- Sí, ¿te
apetecería vivir conmigo?
- ¿Cómo puedes
dudarlo? – se sienta en el suelo y lo mira fijamente -. ¡Claro
que me gustaría vivir contigo! ¡Sería mi sueño
hecho realidad! – grita de felicidad levantándose y
volviendo a tumbarse a su lado antes de besarlo por todas partes.
-
Jajajaja, para, para… que me haces cosquillas… - le hace caso y
se recuesta de nuevo -. Pues ahora debemos tener paciencia – añade
con tono serio -, pronto todo va a cambiar y entonces…
-
Entonces estaremos juntos para siempre – susurra besándolo
con ternura antes de entregarse de nuevo a la pasión
desenfrenada.
