Tom es un chico normal.

Un adolescente como otro cualquiera. Va al colegio sin muchas ganas pero con la ilusión de ver a sus amigos. Saca buenas notas aunque no le importe mucho. Es educado, amable y siempre ayuda a los demás. Es lo que la gente llama un santo. Es envidiable pero a la vez tan dulce, que es imposible de odiar. Es un cachito de pan.

Tom es un chico normal.

Se enamora de la chica más perfecta para él. Juega a videojuegos con otros niños hasta que llega la hora de cenar. Tiene sus momentos de rebeldía y sin embargo, no deja de ser bondadoso. No le gustan las peleas, prefiere solucionar las cosas hablando. Disfruta de su pubertad aun pasando por malos ratos.

Tom es un chico normal.

Pero algo cambio.

De la noche a la mañana ¡puf! El Tom que todos conocían se esfuma y aparece otro completamente distinto. Este nuevo Tom se desvive por no ir al colegio, buscando excusas estúpidas para poder quedarse en la cama. Una vez en clase, no habla con nadie; parece ausente. Algunos preocupados iban a preguntarle sobre aquel comportamiento pero las respuestas que reciben no ayudan:

- Él está aquí. Aunque tú no le veas, está a tu lado.

Los padres confundidos intentaban entender a su pequeño ¿A qué se debía este cambio? Los días pasaban: uno, dos, cinco; una semana ya o quizás dos. Nada cambia y el miedo aumenta. Tom cada vez más paranoico, de repente habla solo, ahora esta recolectando tijeras; ¿y esa herida bajo el cuello? Ya es muy extraño.

Tom ya no es un chico normal.

Sus progenitores asustados deciden hablarlo. ¿Tú también lo notas raro? Claro, ¿sabes con quién habla? ¿Cómo? ¿No hablaba contigo...? ¿...Qué? Tom lleva días encerrado en su cuarto. Ni come, ni habla con nadie, ni sale de allí; encerrado. Llaman una y otra vez pero no contesta. Tampoco se atreven a entrar. Pasa el tiempo. Hace un mes que comenzó aquella locura. La habitación del pequeño desprende un aura macabra y un frío aterrador envuelve la casa. Sus padres están desesperados. Una mañana, el padre harto, se arma de valor para acercarse a la estancia del menor. Su mano tiembla entorno al pomo y vacila de entrar. Suelta una exclamación al notar alguien forcejear la entrada. Tom sale sonriendo del cuarto, da un beso a su padre y hacía el colegio.

Tom vuelve a ser un chico normal.

Otra vez al instituto, quiere ver a sus compañeros. Hola ¿qué tal? ¡cuanto tiempo, tío! ¿Había tarea de mates? Algunos no terminan de comprender lo que ocurre, otros pasan como si no hubiera ocurrido nada. Todo muy normal hasta que mencionan el mes anterior. Lo ignora. Cambia de tema al sacarlo o se va. No habla de ello. Al principio resulta extraño pero se acostumbraron. Los padres estaban aliviados. Debía a ver sido una de esas crisis que tienen los críos a su edad.

Porque claro, Tom es un chico normal.

Ilusos.


Capítulo 1

He's here but you can't see him

- ¿No tienes más hambre cariño?

Su madre miro el plato medio lleno del pequeño. Él solo daba vueltas a la comida con su tenedor. Aparto la vista del plato y miro a su progenitora. Mordió el labio inferior hasta el punto de hacerse sangre pero no importaba. Observaba a la mayor con los ojos abiertos intentando contener las lágrimas, estaba cansado.

- Pues en verdad...

Llevo su mano al corazón al sentir como se encogía. Escupió de forma exagerada; bebió todo el agua de un trago pues sino se ahogaría. Respiraba costosamente mientras oía los gritos estresados de su madre. Observo por el rabillo del ojo su espalda y bajo los párpados. Debía relajarse, no pensar en ello. Se golpeo mentalmente al recordar que no podía hacer aquello o sino pasaría eso.

Una vez tranquilo, abrió los ojos a la vez que sacaba una dulce sonrisa.

- No tengo más ganas – Vio la cara pálida de la otra y continuó-, de verdad.

Sudo frío, deseando que se tragase aquella excusa. Su madre no era tonta, es más, difícil es engañarla; pero sabía que confiaba plenamente en su hijo y que creería lo que dijera. Al inclinarse ella para darle un beso en la frente supo que había funcionado. Se levantó rápido de la mesa en dirección a su habitación cuando escucho a su madre llamándolo.

- ¡Tomás! - Giro para verla a la vez que movía la mano de forma nerviosa y el sudor goteaba por su cara - ¿Estás bien? Te veo... Mal.

Su mano comenzó a moverse de forma más descontrolada, notaba como el agua se acumulaba en la frente. Miro a su madre intentando no temblar, con cuidado habló esperando sonar lo más normal posible:

- ¡N-No es nada! Es solo que... Me duele un poco la cabeza.

Tembló. Sentía la temperatura subir y si seguía así, su cabeza terminaría por explotar. Querría correr a su cuarto y tirarse a la cama a llorar pero debía esperar. Y se le estaba haciendo eterno. ¿Cuanto llevaba así? Huyendo de la compañía de su familia deseoso de esconderse en su pequeña habitación a la espera del final del día. Tampoco es que tuviera muchas opciones más pero no terminaba de entender porque él y no cualquier otro. ¿Qué había echo para..?

- Ah, vale – Contesto finalmente. Antes de que pudiese correr, ella volvió a hablar-. Pero, si tienes algún problema o algo... No dudes en contárnoslo ¿vale?

Asintió antes de volver a su objetivo. ¿Contárselo? ¿¡Pero qué se creía!? Si se lo contaba iba a terminar en el manicomio ¡y como poco! Aunque no sería peor que soportar aquello.

Una fuerza sobrehumana tiro de él en dirección a su cuarto. La puerta se abrió sin ayuda de nadie y Tom se precipitó hacía el suelo de la sala. Cayo sobre la alfombra roja deseando no crearse heridas pues sus padres podrían sospechar. Esos pensamientos desaparecieron al chocar la cabeza contra las frías baldosas abriendo una brecha de la que comenzó a brotar sangre. De los ojos escaparon unas pequeñas lágrimas mientras que una ruido similar al de un cristal quebrándose recorría la pieza.

Quiso evitar mirarle pero era imposible. Él no controlaba lo que hacía. Su cuerpo dejo de obedecerle, se sentía como un muñeco. Era consciente de que estaba allí aunque no era capaz de hacer nada. Solo mirar.

Sabía lo que tocaba. Mentalmente fue preparándose para recibir el castigo de hoy. Era martes, tocaba riña y más dura de lo habitual tras el numerito de la hora de comer. ¿Cómo se le paso por la cabeza intentar decírselo a su madre? Sino llega a ser porque le dio aquel aviso, ahora estaría muerto. Debía admitirlo, es verdad que odiaba todo esto pero él no tenía nunca intención de matarlo, es más; le ayudaba a que no muriese. Llegaba a resultar hasta confortable.

- Gracias por pensar así de mi.

El dolor de su cabeza se intensificó. La sangre empapaba la alfombra sin embargo Tom no se dio cuenta. Solo podía observar a la figura que se alzaba imponente ante él. Cualquiera que lo viera huiría o gritaría de puro terror pero por desgracia, ya sabía las normas y que pasaba al no cumplirlas.

- Aunque eso no va hacer que tu castigo sea menor. Eres tonto, deberás. Llevamos suficiente tiempo juntos como para que todavía no entiendas las reglas. Nada de pedir ayuda, ¿cómo no lo ves?

No escuchaba sus palabras, estaba hipnotizado por aquel espectro. Una sombra negra de unos ¿dos metros? Si ya atemorizaba teniéndole en la espalda, tenerlo enfrente era como mirar a la muerte a los ojos. Mentiría al decir que estaba acostumbrado. Cierto era lo de estar las 24 horas al día juntos pero nunca podría resultarle eso normal. Eso no era normal. Era un monstruo. Y todas las tardes al llegar la hora de su charla/castigo (dependiendo del humor del mayor) en su cabeza aparecían millones de deseos. Quería huir lejos, matarle, contarle a la gente su problema, desahogarse pero, he aquí el problema, no podía. Estaba harto, quería su vida de antes y no esto. Esto no era vida. Era una pesadilla.

-¡..Por tu bien! - La sombra subió el tono de ''voz'' haciéndole perder el hilo de sus divagaciones- Tom, por favor, hazme caso. No eres el primer humano que tengo, ni el último. Se lo que se siente al estar ahí. Matarías por contarle a alguien lo que te pasa, por que te comprendieran, que te ayudasen. Por deshacerte de mi. Pero escuchame, no quieras. Te tomaran por loco, te meterán en un centro psiquiátrico y tendré que esperar años y años hasta que te mueras mientras te veo gritar cosas en un cuartito insonoro. Creeme cuando digo que es mejor soportarme.

El chico penso en todo lo que decía e imagino como sería vivir aquello. ¿Mejor o peor? Espera, ¿acaso había algo peor que aquello? ¿Tener una vida funesta para al finar ser deborado por una cosa extraña? Sin duda, era imposible. Continuo ignorando el discurso, deseoso de terminar lo antes posible para poder...

¿Qué?

¿Qué iba a hacer después? La tarea, jugaría a los videojuegos, vería la tele, cenaría y a dormir. Todo muy normal si omitimos el detalle de que tienes un puto demonio echándote el aliento, o lo que mierda tuviese, en la nuca. Llevaba así casi un maldito año y no podía más. Que si normas, que si estás loco, que al final me quedo tu alma, castigo, lo hago por tu bien, castigo, nadie me puede ver, castigo, tralali tralala ¡Y una polla! ¡Que no lo aguantaba! Y encima ahora saltaba como si fueran colegas de siempre y le soltaba un rollo diciéndole que aunque fuese a comerse su alma, que aunque todos los días le hiciera la vida imposible y aunque casi le mata hacía unas horas; todo lo hacía con buena intención porque era lo mejor para ambos. No se lo creía ni él.

Se levanto tambaleándose del suelo, poniéndose de pie frente al monstruo dispuesto a cantarle las cuarenta. Este observo extrañado al chico aunque no medio palabra. Es más, rió divertido viendo como el pequeño se revelaba ante su autoridad.

- ¿Y bien?

Un escalofrió recorrió su columna vertebral. Empezó a temblar poco a poco; una vez más dejo llevarse por el miedo. Por muchas ganas que tuviera de plantarle cara no era capaz. Vio al espectro mover su ''rostro'' para comprimirlo en lo que supuso que era una mueca de alegría bastante macabra. Evito gritar al verlo sin embargo el espíritu ensancho su sonrisa cuando noto el temor apoderándose del menor.

- ¿Tienes miedo?

Las palabras morían en su boca. Tenía la garganta seca y casi no podía respirar. La brecha en su cráneo dolía demasiado impidiéndole pensar con claridad. Debía centrarse, si se mostraba débil podría llegar a...

- Morir.

Los temblores aumentaron al notar que estaba leyendo su mente. Intento dejarla en blanco cerrando los ojos. Pero al hacerlo, su cabeza se lleno de imágenes de muertes, sangre y demás cosas bizarras e inhumanas. Llevo su mano a la frente dejando escapar un gruñido. Las fotos de personas siendo asesinadas violentamente lo volvían loco. Miembros descuartizados, niños con las caras desfiguradas y sangre, mucha. Un grito creció en su garganta pero fue acallado por una ''mano'' agarrándole el cuello. Cerro los ojos al sentir la falta de aire; su cuerpo se elevó encima del suelo y movió sus extremidades esperando safarse de aquel bicho.

Cuando fue a mirar a su agresor, sus pupilas se desorbitaron. Ya no era aquella sombra maligna de hace unos segundos, era un chico. Parecía joven, de unos veinti-pocos y no coincidía con la imagen que tenía de él como un viejo fantasma malhumorado de mil y pico años. Pelo negro despeinado, una barba de dos días y dos grandes diamantes por pupilas. Era alto e imponente aún sin tener cuerpo de culturista, tenía músculos pero los escondía debajo de la camiseta que llevaba. Una chaqueta negra de cuero, camiseta blanca y unos pitillos oscuros que se le pegaban a sus largas piernas. No sabía que decir, realmente hubiera esperado una chica antes que eso. Un joven normal y corriente. Eso sí, con un horrible rostro que expresaba orgullo y superioridad.

- Vaya, ¿te has enamorado de mi, Tomi? - Lo estrangulo agresivamente mientras acorralaba el pequeño cuerpo contra la pared- Un poco tarde, para la próxima mejor me presentare con esta forma primero, ¿no crees?

Un escupitajo cayo en la mejilla del mayor. Este puso cara de asco a la vez que se limpiaba el cachete con la mano que tenía libre. Su rostro se tenso y mato con la mirada al chico. Tom forcejeaba para librarse de aquella prisión. Necesitaba pedir ayuda, pero así moriría antes. No sabía que hacer. Estaba perdido.

- Maldito criajo, ¿sabes? Pensaba dejarte vivir tranquilo el resto de tu vida. Ya sabes, todo lo tranquilo que se puede vivir poseído. Podrías haber terminado la secundaria, ido a la universidad, graduarte, casarte, tener hijos y al final, cuando fueras a morir, me hubiese quedado con tu alma. Pero no, tenías que cagarla. En estos casos suelo comerme el alma y punto pero ya que me has puesto de mal humor, ¿qué tal si nos divertimos un rato?

Antes de que le diera tiempo a pensarlo, el corazón se le paro. Agacho la mirada y vio la mano del monstruo atravesarle el pecho. Debería estar muerto pero no, seguía vivo. Eso si, no podía respirar, ni moverse, ni hacer nada. La necesidad de oxígeno le hacía combulsionar en el sitio. Pegaba bocanadas al aire pero no entraba. Se ahogaba y solo podía ver sonrisa śadica del mayor. Por una vez en su vida, quería morir. Y por primera vez desde que conoció al espectro, no podía. Estaba ahí, en un plano entre la vida y la muerte. Era subreal pero sobretodo, doloroso.

De repente, cuando intentaba respirar boca, algo comenzó a subir por su garganta. Al llegar a los labios, su mente se nublo completamente. Sangre empezó a salirle a borbotones por la boca machando toda su ropa y la de su agresor. Ahora conseguía respirar pues había retirado la mano de su pecho, pero con aquella cascada roja cayendo de su boca, respirar era lo que menos le importaba. Un mareo le inundó debido a la falta de energía y los párpados comenzaron a pesarle. Costaba mantenerse vivo no obstante una fuerza impedía que muriera. Era aquel monstruo.

Pudo ver como la sonrisa se ensanchaba por momentos, y, si seguía así, terminaría por romper su cara aunque no parecía importarle. Sus ojos estaban fijos en el líquido que mojaba las ropas de ambos, lo tenía hipnotizado. Tom deseaba acabar con aquello. Quiso llorar a mares, soltar todas sus penas aunque así se mostrara más vulnerable ante él.

Entonces, sus ojos se pusieron vidriosos y supo lo que significaba. Dejo escapar las lágrimas en un intento de calmar su dolor. Aunque seguía ahogándose por la boca espero que llorar le ayudase.

Equivocado estaba.

Al poco de empezar a sollozar, noto que sus pestañas estaban llenándose de algo más pesado que el agua y cuando lo vio caer por sus mejillas se alegro de tener la boca tapada y no poder gritar. Estaba llorando, es verdad; pero lloraba sangre. Pronto, la cara estaba roja y él ya no forcejeaba pues había perdido todas las fuerzas.

- Oh, ¿te pasa algo? Te veo cansado – Tom no hizo el más mínimo movimiento, siguió quieto mientras perdía todo el flujo sanguíneo que le quedaba en el cuerpo-. Eres tan aburrido. Encima de que te dejo vivir y ni me lo agradeces...

La sangre se detuvo. Escupió los restos que le quedaban en la garganta y respiro todo el aire que pudo con cuidado de tragarse algo. Aún así, seguía llorando aunque eso no era tan molesto. Miro entre el líquido que cubría sus ojos a la maldita sombra que seguía con su sonrisita de felicidad. Pero no hizo nada más, siguió recuperándose. No se movió pues si hacía algo le estaría siguiendo el juego.

El pelinegro puso cara de decepción al darse cuenta de las intenciones del pequeño. Deshizo un poco el agarre del chico sin llegar a soltarle y enarco una ceja mientras hablaba:

- ¿No?

Suspiró a la vez que soltaba completamente a su poseído. Llevo las manos a los bolsillos y le dio la espalda. El chico dejo caerse en el suelo aliviado. Estaba agotado aunque había conseguido salir vivo de la mismísima muerte y eso era algo que aún ni se creía. Vio como el otro encendía un cigarillo, al parecer se había dado por vencido. Empezó a darle vueltas al mechero y Tom cerro los párpados cansado. Estaba muerto después de tanto luchar. Y todo esto había empezado por una tontería, en verdad era estúpido. Si en un principio le hubiera hecho caso...

¡No! Eso era lo que él intentaba: que le pareciera normal el hecho de estar poseído. Él no se merecía eso, no podía dejar las cosas así. Tenía que echarle del cuerpo para siempre.

Fue a abrir los ojos pero no lo consiguió. Parecía que estuvieran pegados y era imposible abrirlos. Intento levantarse pero tampoco. Cuando iba a hablar la boca se quedo cerrada. Estaba igual que al principio. Y lo entendió todo. Lo había engañado. Otra vez.

Sintió agua caer sobre su cuerpo y se estremeció. Después de muchos intentos, logro volver a ver pero deseo no haberlo echo. Nada más levantar sus párpados, el joven lanzo el mechero hacía su camiseta y esta ardió rápidamente. Le había echado gasolina ya que sostenía en una de sus manos un pequeño bidón. No le dio tiempo ni a gritar pues las llamas le consumieron en un segundo. Antes de convertirse en una bola de fuego, observo por última vez a aquel maldito enjendro y dejo escapar un chillido. Estaba sonriendo.


''Y tenemos una noticia de última hora. Al parecer un niño de la localidad se ha suicidado prendiéndose fuego a sí mismo. Lo que en un principio parecía un asesinato ha terminado por demostrarse que no ha sido provocado, sino que fue él mismo el que se mato. Fue encontrado en su cuarto quemado junto a un bidón de gasolina y sosteniendo un mechero. Los padres están desconcertados ya que según nos cuentan, él siempre fue un niño muy estudioso y amigable y no presentaba ningún signo de depresión. Lo único que dejo el pequeño fue una nota en la que ponía ''He's here but you can't see him; it's my nightmare''. Pasamos ahora a los deportes con...''

Salió del bar con su singular sonrisa decorando su rostro. Tiro el cigarillo a la carretera mientras miraba su móvil. Las 10 de la noche. Hacía un par de horas que su poseído se había ''suicidado'' y él había disfrutado finalmente de su alma. Es verdad que se había saltado su norma de no matar directamente a las víctimas pero le daba bastante igual. Camino por las calles de la ciudad observando a todos los adolescentes que iban de fiesta en fiesta en busca de un rato de diversión. Recordó cuando entre esa gente encontró a Tom y rápidamente, se pego a él como una lapa. No duraron mucho tiempo juntos pero fue entretenido. Ignoro al grupo de crías que le seguían; estas también eran de las típicas ''Oh, ¡que mono es! Vamos a darle el por culo''. Dios, como las detestaba. Las mataría como hacían los demás pero ese no era su estilo. A él le gustaba ir poco a poco, sin prisa pero sin pausa. Hablando de eso, ahora necesitaba otro alma. Paro en seco y echo una vistazo rápido. Mierdas. Era lo único que encontraba. Sintió una chispa y giro hacía donde estaban las niñatas que llevaban media hora persiguiéndole. Se relamió al elegir a su nueva víctima.

Fue en dirección a ellas mientras escuchaba murmullos nerviosos a la vez que se arreglaban el pelo. Paso de todas y fue a la que estaba más escondida. Una rubia bajita con cara de niña buena. Puso su mano en el hombro de la joven y susurró al oído:

- He's here but you can't see him.

Puso su sonrisa orgullosa cuando se fue dejando a la pequeña confundida. Vio por el rabillo del ojo como todas hacían un corro alrededor de ella para preguntarle lo que había pasado. Ella no pudo decir nada pues algo se lo impedían. Ese algo fue hacía un callejón oscuro donde volvió a su estado normal como espectro. Voló hacía la chica que seguía rodeada de adolescentes y se introdujo en su cuerpo haciendo que ella pegara un bote.

- ¡Anna! ¿nos vas a contar que te ha dicho? - Gritaba una de las niñas enfadada.

La rubia llevo una de sus manos al pecho notando algo extraño. Fue a intentar contarlo de nuevo pero algo susurro en su oído: He's here and you can see him. Giro la cabeza lentamente para encontrarse con un gran fantasma negro que se alzaba tras ella. Iba a gritar pero la voz no le salía. Miro a sus amigas para pedirles ayuda pero ellas seguían tan tranquilas. No digas nada y todo ira bien susurró la cosa en su oído. Ella trago saliva y sonrió falsamente mientras decía:

- No es nada – Susurro con miedo-, no me dijo nada.

Welcome to your nightmare


Buenas *hace una reverencia para pedir perdón*

¡Perdonadme! Pero llevo 2 horas para corregirlo y la he liado y seguramente tiene un montón de faltas

pero es que tengo mucha prisa y no me ha dado tiempo a corregirlo más, lo siento.

Pues este es el primer capítulo, básicamente es para contaros como sería una víctima normal de Pesadilla.

Él no mata por matar, que también a veces, como Jeff o los demás. Él se lo curra. Va poco a poco, conoce

a la víctima, están juntas y tal, NUNCA amistad, solo cortesía y educación. En verdad Pesadilla es muy majo

si no eres su poseído pero también es un chulo de playa (?) y eso pone de los nervios a cualquiera xD

Bueno, hasta aquí este capítulo y si queréis más ya sabéis, ¡los reviús no hacen daño (y me hacen muy happy)!

¡Hasta la próxima!


Cada vez que dejas un reviú, Pesadilla es menos arrogante (mentira)