Disclaimer: Harry Potter no me pertenece, es autoría completa de J.K Rowling. Yo solo uso sus personajes para fines de entretenimiento y sin ánimo de lucro.
SUMMARY: Tras el despertar de su sangre Veela, Draco Malfoy comienza la búsqueda de su pareja. Una tarea titánica pues ella no lo quiere, ella no cae bajo su encanto y ella es la única que él desea y necesita. Ella es Hermione Granger.Draco!Veela/Hermione!Pareja
ADVERTENCIA: Este fic está catalogado como M pues aparecerán situaciones donde se pondrá en duda lineamientos morales versus deseos propios, situaciones de sexo explícito, relaciones entre criaturas mágicas y humanos, virginidad, entre otros. Sí eres sensible a este tipo de temas o eres menor de edad, ésta no es tu historia.
Debonair
Capítulo 2: Armand Malfoy− El camino a la oscuridad
Theodore Nott era un chico callado, de estatura bastante alta y profundos ojos azul claro. La mayor parte del tiempo destinaba sus momentos de ocio a escuchar música con dos tapones mágicos en forma de esferas ovaladas negras que eran la última moda en el mundo mágico, basado en algo que se hacía llamar "audífonos" muggle.
Con un ritmo de batería que lograba palmeando sus manos contra sus muslos, trataba de recrear la melodía que escuchaba. Frunció los labios y cabeceó al compás del ritmo frenético, hasta que alguien lo sacó de su estado catártico sacando las esferas de sus oídos.
−Espero sea importante.
−Siempre lo es.
Draco Malfoy caminaba junto a Theodore a la torre de Astronomía con mirada altanera. El de cabello azabache iba con las manos en los bolsillos de sus pantalones prestando sumo cuidado a la atención que atraían al caminar.
−Sea lo que sea que te pasó durante el verano, debió ser trascendental para tener a todas las mujeres de este colegio viniéndose con solo mirarte.
Draco alzó los hombros restándole trascendencia al asunto sacando su pañuelo y tapándose la nariz con él. Theo entrecerró los ojos con intriga viendo con atención la tela. No encontró manchas o un olor particular. La curiosidad lo carcomía. Una vez arribaron a su destino, el príncipe de Slytherin avanzó unos pasos al balcón.
−Soy una Veela−confesó el rubio recostándose sobre la baranda de madera que daba al Lago Negro. El atardecer se ponía en todo su esplendor otorgando un aire bohemio a la escena.
Theodore sacó una pipa que encendió con su varita en un movimiento rápido. Tomó una bocanada corta y luego otra hasta dejar la chispa encendida. Apretó sus dientes y silbó sorprendido riendo un poco después.
−Eso explica muchas cosas.
Nott, como el prefecto de séptimo año de la casa de Slytherin, exaltaba todas las cualidades por las cuales Salazar hubiera estado orgulloso. Era altamente perceptivo y, a pesar de la obvia situación de Draco, siempre se preguntó el por qué detrás de tan curioso fenómeno.
Draco siempre había sido popular en sus anteriores años de colegio. Era un Malfoy después de todo, un estirpe sangre pura, de cabello rubio, de figura envidiable, capitán del equipo de Quidditch de su casa, notas perfectas, aire gallardo, caballerosidad hasta lo irritable, arrogancia en partes divertidas, cretino la mayor parte de las veces para satisfacción propia y terriblemente narcisista. Al parecer eso era lo que atraía a 40% del estudiantado femenino de ese colegio. Al menos le había funcionado durante los anteriores seis años. Pero lo que pasaba ahora padecía de cualquier sentido.
Habían pasado 5 días desde el inicio de las clases y Theo, haciendo cuentas rápidas, podría calcular al menos una docena de chicas de diferentes casas las cuales habían pasado por "el encanto Malfoy". Sino era que más, el ser Premio Anual había traído tantas ventajas al Dragón como un cuarto individual y una sala común que solo compartía con la otra Premio Anual, que para sorpresa de nadie, resultó ser Hermione Granger.
La princesa Gryffindor que estaba desaparecida aun de vacaciones y no se había dignado a hacer presencia en Hogwarts. Seguro que ella apreciaría el desfile interminable de faldas y los gemidos que salieran de la alcoba de su compañero.
−Tengo que encontrar a mi pareja−musitó Draco con un poco de aflicción pero con mucha ira apretando el barandal.
− ¿Y por eso decidiste averiguarlo de la manera física?−preguntó muy entretenido viendo a su amigo tratando de contener la ira.
−A veces siento que hubiese sido mejor contarle a Blaise.
−No es tan divertido como yo.−Theo botó los residuos de ceniza de la pipa y la guardó entrando en un modo mucho más serio.− ¿Cómo piensas encontrarla? He leído sobre Veelas, pero en su mayoría hembras. Creo que la cuestión cambia en los machos.
−Las Veelas mujeres pueden escoger a su pareja. Es más, prueban mucho antes de escoger al príncipe.
−Tú haces lo mismo.
−Porque no la he encontrado aún. Cuándo perciba su olor… no hay vuelta atrás, ella será mi vida y muerte. Es un poco aterrador.−afirmó pasando saliva con dificultad. Los olores del lago y el Bosque Prohibido estaban haciendo estragos en él.−Theo deja de comer atún por favor. En verdad que el hedor es insoportable.
−Lo siento amigo, pero debo comer para aguantar mi ritmo, que no es tan apretado como el tuyo. ¿Cuántas llevas?
−Un caballero no tiene memoria. Pero he degustado tejón, serpiente, águila y hasta león.
−Muy impresionante debo agregar.
Draco miró su pañuelo detenidamente y lo guardó de nuevo. Movió el cuello produciendo un sonido de "crack" ajustando luego los hombros. Había un olor a lavanda que le estaba llegando de los alrededores y su boca comenzó a salivar al pensar probar la mujer que llevaba ese aroma. Podía imaginarla, diminuta, elegante, sofisticada, con cabellos largos y lisos. Carraspeó con la garganta evitando cualquier estimulo secundario. La práctica lo estaba ayudando, sin duda alguna, a superar sus instintos primarios de Veela. Se felicitó internamente.
−Es como si no pudiese evitar tomar lo que necesito.
−Lo que quieres.−Theo le miró alzando la ceja izquierda burlándose− Una Veela solo necesita a su pareja. Lo que tú haces es tomar por medio de la excusa. Yo no me opongo, ojalá pudiese hacerlo yo.
El Slytherin de ojos azules rio un poco para poder quitarle peso al dilema existencial de su amigo. Al ver su porte sabía que su mente estaba ahí pero su pasión y alma estaba muy lejos, oliendo lo que fuese que lo tuviese intrigado. Theo se acercó a Draco para fijar su mirada en aquello que tanto le llamaba la atención.
−Las pequeñas tejonas Hufflepuff tomando el sol−musitó entrecerrando los ojos con una sonrisa socarrona.
−Hay una en especial que me afecta.
−Tienes muy buen olfato. No distingo ninguna de sus caras desde acá.
−Lavanda. A eso huele.
Draco se giró para evitar la tentación volviendo a sacar su pañuelo para ayudar a enfocarse. Respiró tranquilamente y lo guardó. La perturbación se aplacó.
− ¿Ya te has transformado a totalidad?
−No, solo despertó la sangre Veela. No recuerdo mucho de esos días. Solo momentos dentro de neblina. Mis padres me contaron que no sucedió ninguna transformación.
− ¿Arpía?
−Lo que he leído es algo entre "menos pico y más alas"−comentó Draco haciendo comillas con sus dedos y mirada de tedio.
−Asumo que Snape y por ende, Dumbledore, deben saber de tu cómoda situación.
−Deja de decir que es cómoda maldita sea. Sí de todo es, cómoda es la última palabra con la cual describiría todo.
− ¿Te imaginas que tu pareja sea una nacida de muggles? Eso pondría las cosas interesantes en la casa Malfoy.
−A ti eso ni te va ni te viene ¿no?
−Por supuesto que no. La sangres es roja, viscosa, la misma y del mismo sabor. Mis personas favoritas no tienen magia y se pasa mejor.
−El estatus de sangre siempre ha sido parte de mi atractivo. No lo voy a negar… a mis padres parece importarles mucho la cuestión, pero a la hora de la verdad no es que sea un factor determinante.
−Menos cuando la naturaleza de una criatura prevalece sobre tu mente.
−Eso es algo con lo cual debo luchar y aprender a dominar.
−Lo miras todo desde la perspectiva incorrecta. No domines, asume y vive como tú. No eres dos personas. Solo una con cualidades particularmente divertidas.
−Qué asco, suenas como mi padre.
−Somos tipos muy encantadores.
Draco alisó un mechón de cabello que se había escapado de su peinado pulcro hacia atrás y ajustó las mancuernas negras con una "M" blanca en los puños de su camisa blanca abotonada.−Cabe agregar que lo dicho acá queda en secreto.
−No es mi intensión esparcir la información para que más chicas se vayan contigo. No necesitas ayuda. No hay nada que emocione más a una mujer, el saberse ser la posible pareja de una Veela macho. Fidelidad obligada garantizada para siempre… que encantador. ¿A dónde vas?
El rubio siguió por las escaleras mientras su voz se perdía en un eco.−A degustar un poco de lavanda.
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Hedwig ululaba con un sonido relajante. Un tazón de gusanos secos estaba a su lado mientras tomaba con su pico lo que le apetecía. Mientras tanto Harry le rozaba el guargüero con el índice de su dedo leyendo la misiva que había traído su amiga alada en su pata.
−Hermione llega el lunes…−dijo en voz alta a Ron que botaba una quaffle al aire acostado en su cama.−Dice que… no le entiendo la letra… ehh… ¡ahh sí! Nos trae recuerdos de Australia.
−Mientras no sea arañas, es un regalo perfecto.
Harry rio por el comentario y siguió su lectura murmurando de vez en cuando−Dice que conoció a alguien.
El pelirrojo giró la vista de inmediato a su mejor amigo dejando que la pelota cayera de lleno en su nariz. Harry que también estaba acostado, se levantó para quedar sentado en mariposa y leer detenidamente el contenido de la misma.
−Ahh si… una mujer llamada Marie… bla bla… se hicieron amigas… bla bla. Eso fue todo.
Ron suspiró como si hubiese terminado de tragar una pastilla grande y dura viendo a su amigo con una sonrisa tranquila.
−De igual manera Hermione no es de las que cuenten cosas así por medio de cartas. Así que no veo por qué te preocupas.
− ¿Quién está preocupado?−Ron se levantó un poco malhumorado con la afirmación de su amigo colocándose de nuevo sus zapatos. Era hora de entrar a Defensa contra las Artes Oscuras. Algo que no terminaba de gustarle para ser la última clase de la semana. Ver la nariz aguileña de Snape adorando su cara enmarcada por la cortina de cabello espeso y más graso jamás visto, no era la forma de terminar un viernes.
−Dile ya que te gusta y acaba con esta patética charada. A veces es desgastante.
− ¿Para ti?
Harry mordió su lengua para no decir cualquier cosa por provocación y enfrentarse de manera innecesaria. Se avecinaba el fin de semana, Quidditch y Hogsmeade.−Para ti. Es obvio que los celos te comen. La inseguridad te acaba y todo lo referente a Hermione de alguna manera, un poco demente, te afecta.
−Eso es irrelevante y no tiene sentido.
Harry enrolló el pergamino y lo guardó en su mesa de noche. Abrió la ventana para que Hedwig volara a descansar a la lechucería. Se colocó la túnica, ajustó su mochila y siguió a su mejor amigo que, en su terquedad, decidió ir adelante sin verlo a la cara.
Harry tenía razón, sabía en lo profundo de su ser que el amor que sentía por Hermione era un fenómeno que estaba tomando épicas proporciones en su mente y su corazón. Siempre había querido dar el paso definitivo y decirle. Sin embargo la vergüenza al rechazo, como el que sufrió efímera y superficialmente con Fleur Delacour en cuarto año, lo hacía pensar dos veces. Luego venía a su mente la imagen de Lavender Brown con su busto generoso y piernas rellenas que podían estrangular un oso. ¡Oh! Como extrañaba sus piernas alrededor de sus caderas. Eran poderosas y lo hacían venir a los dos minutos de estar dentro de ella. Le encantaba agarrar su cintura y hundir sus dedos en su piel rosada y estrujarla embistiéndola con fuerza. Con Lavender todo era fuego, entusiasmo y sexo salvaje.
Luego la imagen de Hermione se colaba en su pensamiento y ya no le parecía tan fantástica la ensoñación y su ánimo carnal disminuía tan solo un poco. Los recuerdos de Lavender siempre eran bienvenidos en la ducha. Pero los recuerdos de Hermione siempre estaban presentes durante todo el día causándole toda clase de sensaciones corporales acompañadas de un latir frenético en el corazón. Solo por esa razón, Ronald Weasley sabía que le gustaba, que la quería hasta las lágrimas. Su piel se erizó al sentir que de hecho, podría amarla. Un sentimiento que le causaba temor. Él no era bueno para pensar tanto y sentir demasiadas cosas a la vez.
Harry miraba a su amigo por la espalda y sin necesidad de legeremancia, podía escuchar los mecanismos de pensamiento sin freno de Ron. Él no supo el por qué le había dado esa respuesta, pero su honor le obligó a darle un empujón al pelirrojo para que él mismo no terminara cometiendo una locura que acabara con la amistad de los tres.
Aunque las ganas nunca faltaban.
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Draco Malfoy limpió su boca con el dorso de la mano derecha de forma brusca haciendo que su labio inferior se estirara un poco a la izquierda. Un sonido viscoso salió de la fricción y de su propia saliva. El Slytherin se relamió la boca con la lengua y se alejó de la entrepierna sudorosa y mojada de la Hufflepuff de sexto año que se encontraba sentada sobre un lavabo en el baño de prefectos. La chica olor a lavanda, se agarraba fuertemente de la fregadero de porcelana con ojos cerrados y mejillas encendidas. El cabello suelto le caía libre por la espalda y una que otra hebra se escabullía sobre sus labios hinchados y rosas. Carnosos y blandos.
El Slytherin comenzó a frotar de nuevo el pequeño bulto rosado que coronaba los labios inferiores, jugosos y palpitantes de la chica que, abierta de piernas para él, gemía un sollozo casi que lamentándose. Los colmillos en él estaban pronunciados y las garras puntiagudas habían reemplazado las uñas rectas. Sus ojos grises y profundos le miraban hambriento cuando rozaba con la punta de sus zarpas haciendo cosquillas en ella.
−Te vas a venir de nuevo−susurró con un gruñido que ella no percibió.−Hueles muy bien y también sabes como a flores.−Con cuidado colocó la pierna izquierda de la tejona sobre su hombro derecho teniendo total acceso. Llevó su mano izquierda a su intimidad y la abrió con los dedos índice y corazón viendo como el pulso era fuerte. Era carmesí y el bello alrededor era corto de color café oscuro.
−Dios…−gimió ella lamiendo su dedo índice viendo la cabeza mona en la profundidad de su esencia.
−Delicioso−musitó Draco abriendo aún más los labios menores con sus dedos para dar acceso a la entrada, dando una lamida profunda desde la vagina hasta el clítoris inflamado. Ella pegó un pequeño grito llevando las manos a los cabellos perfectamente peinados de su amante. Pero este la detuvo con un agarre agresivo apretando su muñeca.
El chico se levantó limpiando su boca con la mano y soltó de un manotazo fuerte la mano de la Hufflepuff.−No me toques. Esto fue suficiente.
−Lo si…ento. Yo pensé…
Sin más explicaciones el Slytherin recogió su túnica que colgaba de una de las puertas de los excusados y salió del baño sin mirar atrás. Demasiada lavanda resultaba asfixiante. No pudo soportarlo más.−Esto no sale de este baño.−Sin decir más, se fue dejando a la joven sin ropa interior, con latir desbocado y mente descolocada.
Con rapidez Draco sacó su pañuelo y lo paso rápidamente por su nariz para no causar sospecha alguna y con paso firme fue a su cuarto de Premio Anual, el cual estaba detrás de un retrato que daba de piso a techo en el quinto piso. Agradeció la privacidad de no tener a Granger con su horrible peinado molestando por ahí. O peor, resultándole lo suficientemente apetitosa para saciarse con ella. Ese pensamiento le hizo erizar la piel.
Fue al baño compartido y lavó bien sus manos para quitar cualquier hedor remanente de su glotonería sexual. Quería estar cansado, que sus piernas fallaran y su miembro se relajara. Parecía estar en guardia la mayor parte de tiempo y eso lo perturbaba mucho. Vio su reflejo en el espejo y detalló sus dientes buscando los colmillos. Nada se veía a la vista.
Apenas eran las dos, a esa hora los de séptimo tenían libre, hasta las tres cuando comenzara la clase de Defensa contra las Artes Oscuras. Buscando un poco de tranquilidad se recostó en su cama doble. Era mullida y con cuatro almohadones con las fundas verdes y ribetes platas. La insignia de Slytherin colgaba de una heráldica de metal forjado justo en frente. Abajo había un ventanal gigante que servía de puerta a un balcón compartido con el de Hermione.
Buscó debajo de la almohada agarrando El Diario de la Veela y nutrirse de él con un poco de información. Era grande y parecía una biblia muggle. A pesar de su gusto por la lectura, su cuerpo febril parecía interesado en otras cosas que involucraran más lo físico y menos mente. Y sin duda alguna nada de corazón. Draco suspiró sacudiendo su cabeza para detener el dramático tren de pensamiento.
Entrada de 1066
Wiltshire−Gran Bretaña
En el transcurso de mi vida he sido gratamente bendecido por la gracia de los más magnánimos dioses. Poseo magia, riqueza y ambición. Desde mi arribo a las islas de Nueva Escocia en el año 1000, ha sido la sucesiva práctica de mi don en el arte oscuro, lo que me ha permitido forjar un destino sólido y envidado por muchos.
Desde las órdenes de Guillermo I El Conquistador, en los lejanos valles de Francia, he sido consagrado por el favor de la corona. Nunca encontré la necesidad de erigir palabras póstumas o duraderas que enmarcaran mis pensamientos o sentimientos. No hay mejor legado que la historia con hechos. Sin embargo este diario nace de una necesidad para otro que no soy yo.
En mi afán por mantener la imagen y la popularidad inherente de mi Rey, he elaborado pactos prohibidos que comprometen mi alma. La ética la perdí hace ya varios años. Sin embargo la poca luz que queda en mí, se ve reflejada en mi hijo y en su hijo así mismo. Y es por ellos que este compendio de hojas queda como la prueba y el posible camino de ayuda para las generaciones posteriores de varones Malfoy.
La gracia y la gloria que rodean a Guillermo I no son debidas a la Divina Providencia. Su facilidad para ganar adeptos, pese a su historial sanguinario, se debe a la poción de extracto de Glamur administrada por mí.
En mis cabalgatas de joven me encontré a mismo en Bulgaria, por el monte de Rila, donde vi por primera vez a una Veela. Magnificas criaturas de cabellos blancos y piel de alabastro, cuyos ojos grises brillaban con sus propios deseos. Un par de alas las adornaban y a veces su blancura nívea hacía que uno ignorara sus cuerpos desnudos. Descendientes de sirenas, lograban tentar a los hombres con susurros graznados que venían de sus gargantas.
Para su desdicha, mis ansias de poder y curiosidad por lo oculto, ganaban a su seductor Glamur. Mientras yacía en la cama con una de ellas y la poseía sin reparo, arranque uno de sus cabellos. Gritó estrepitosamente y convulsionó retorciéndose en un dolor que solo sus ojos desorbitados podían mostrar. Hui, hui con temor. Corrí de ese lugar tan rápido que mi caballo no parecía dar la talla. Una pradera jamás me pareció tan grande.
Guardé el cabello de la Veela como el mayor tesoro. Jamás nadie supo de él y así permaneció hasta que entre la alquimia y experimentos tenebroso, extraje de él la Esencia de Glamur. Una poción de atracción y fijación mucho más poderosa que cualquier brebaje o filtro de amor. Capaz de capturar los sentidos de otros y con capacidad de otorgar longevidad para aquel que la consumiera. Esencia que suministre a Guillermo I desde su sucesión y conquista al trono de Gran Bretaña. La gente lo seguía como ovejas a pastor, en un trance tan innoble que alguna vez llegué a temer de su poder.
Para desgracia mía y por ende, la de él, el mágico líquido acabó. Puedo decir con certeza que fue en ese momento exacto que la oscuridad reinó por completo. Le nubló la mente a él y me nubló el corazón a mí. Guillermo I en una cruzada maquiavélica, orquestada por mi tétrica creatividad, cruzó los mares y secuestró a cientos de Veelas. Las trajo con encantamientos prohibidos. Con lianas ardientes que las abrazaban y las hacían llorar de dolor.
Enjauladas y chupándoles la vida, arranque sus cabellos uno por uno de acuerdo a la necesidad que tuviese para crear la pócima. Las criaturas anteriormente bellas, ya no cantaban, ya no comían y se marchitaban hasta adquirir un color café de podredumbre. Fui ejecutor directo de años de tortura contra ellas. El precio lo pagué por fin hace una luna.
Mientras destilaba la esencia, no vi cuando una de las últimas Veelas que quedaban, logró su escape sacrificando su garra para abrir la cerradura mágica. No tenía vestigio de uña alguna y la carne expuesta colgaba en jirones de su brazo izquierdo.
Era de noche y las llamas de las antorchas le otorgaban un aire aún más macabro y tétrico. Traté de alcanzar mi varita pero ella fue mil veces más rápida. Con la garra derecha, que aún estaba intacta, apretó mi cuello y acercó sus fauces a mi rostro. Siseó unas palabras en un dialecto que no comprendí, pero el tono era de odio, de desprecio, de muerte. Me miró con unos ojos azules tan claros que parecían desaparecer en el blanco de la esclerótica. Me empujó al muro de piedra sacándome hasta el último suspiro de aire. Abrí la boca tanto como pude y ella aprovecho eso para meter lo que quedaba de su mano animal izquierda a mi boca. Vomité, pero todo se regó dentro de mi garganta junto con la sangre que emanaba de ella. Era tanto lo que brotaba de su muñón, que el líquido rojo se filtró dentro de mí como agua. Me ahogué y tosí con arcadas. Ella desistió y sacó de mi boca su extremidad bañada en su sangre. Jamás soltó mi garganta.
Luego vino el ardor. Mordió mi cuello rebanando un pedazo de carne con él mientras sentía como me inyectaba una sustancia que me hizo helar las venas. Sensación que jamás creí posible. El efecto era parecido a cómo sí me inyectaran jugo de sopóforo extraído directamente del grano. Moría en vida, los gritos se diluían en el ambiente de la mazmorra donde trabajaba. No había nadie, solo silencio y el sonido de la succión de mi vida que hacía las fauces de ella en mi cuello. Una muerte inmunda para una vida inmunda. Ojo por ojo y diente por diente.
Pero que equivocado estaba. Justo cuando pensaba entregarme a la inconsciencia la Veela me soltó de su agarre y me miró sonriendo.
−Bienvenido hermano.
Fue lo último que dijo antes de caer muerta sobre mí. Desperté a los días, o eso me dijeron. Estaba en mi cama con vendajes en el cuello. No me sentía particularmente débil. Fue cuando vi los rostros de mi hijo y esposa verme con asombrado horror. Me levanté rápidamente sin molestia vertiendo un poco de agua del cántaro a la escudilla echa de hierro. El reflejo era otro. No era yo pero si era yo. Era Armand Malfoy a los treinta años. Había rejuvenecido. Seguía siendo el mismo pero ciertamente diferente.
Acá es, querido sucesor de la línea, donde te digo que eres una Veela. Gracias a la mordida, la sangre y el ritual efectuado por venganza, los varones Malfoy somos como ellas. Y así mismo, con sus habilidades y vulnerabilidades. Por supuesto mi hijo y nieto fueron recipientes directos del ritual. Aun para mí es desconocido lo que yace dentro mí y por ende dentro de ti. Solo que sé que el Glamur que tanto importa a Guillermo, ahora lo quiere de mí. Sin él, es poco el tiempo que le queda de vida. Y así tendrá que morir. No lo haré yo por él. Mi rey no me gobierna.
Paso este conocimiento a la siguiente generación para plasmar en estas hojas nuestras propias vidas y esperar poder quitar un poco de la mancha oscura que cobija nuestro maldito apellido. Sé de "mala fe" que yo no comencé el legado de la mejor manera.
Armand Malfoy
No quiso leer más. Cerró el diario de inmediato y suspiró exhausto. Draco refregó su rostro quitándose la pereza del rostro.
Veelas por venganza. Veelas por masacre. Veelas nacidas por la muerte. En ese momento no se sintió particularmente decente y menos sí recordaba a lo que se estaba dedicando los últimos días.
− ¡NO ES QUE PUEDA EVITARLO!−gritó fuera de sí agarrando los almohadones contra la pared.
Su sangre hervía después de leer lo que su antepasado había hecho. Tortura no era algo que apareciera en su vocabulario diario. Sus garras brotaron de inmediato y rasgó el colchón y los tapetes que adornaban las paredes de piedra. Un gruñido de llanto se ahogó en su pecho y cada cosa que tocó la hizo volar en pedazos. Al cabo de un momento solo quedaba destrucción.
El reloj mágico de arena que tenía tres diferentes tipos de bombillas de vidrio para hora, minutos y segundos, le indicaron las tres de la tarde en punto. Defensa contra las Artes Oscuras no iba dar espera por más Veela que fuera. Con un movimiento de su varita, el cuarto volvió a quedar inmaculado. No quedó evidencia de rabia e ira de alguna criatura mágica.
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El alboroto en el Gran Comedor era como escuchar una colmena de abejas. Era lunes e inicio de semana. El día más pesado para los estudiantes de séptimo. No había bloques libres a excepción del almuerzo. Una razón de peso y suficiente para que Ron llenara su plato con cuanto manjar se le atravesara. En su bandeja había huevos revueltos, empanadas de Cornualles y una buena cantidad de tocino frito.
Harry pasó saliva pensando el lugar al cuál iría toda esa comida. Las náuseas lo invadían de tan solo imaginarlo. Era como cuando visitaba a su primo muggle Dudley en Privet Drive en Little Whinging. Su tía Petunia cocinaba para un batallón y él fácilmente se hacía cargo de la mitad. A su madre le causaba toda la gracia del mundo y su padre siempre llegaba a casa a tomar una poción para la indigestión.
−Hoy llega Hermione ¿no?−comentó Ron pasando con dificultad un bocado de comida ayudado por un trago de jugo de naranja.
−Hablando de la reina de Roma−musitó Harry viendo a la entrada del Gran Comedor.
Ron hizo una mueca de desconcierto no entendiendo la referencia dicha a lo cual Harry tan solo señaló para que su amigo siguiera con su mirada donde apuntaba el de negros cabellos.
Hermione Jane Granger entraba con su túnica impecable y la placa de Premio Anual en la parte derecha de su pecho. Hermosa con los años, su cabello ondulado era largo pero lo llevaba atado en una coleta alta. Éste lograba un movimiento armónico cuando sus rizos iban de arriba para abajo con cada paso que daba.
De repente todo quedó en silencio cuando un gruñido potente inundó el lugar proveniente de la mesa de Slytherin. Todo paso muy rápido y en cuestión de segundos. Sólo se vio como Dumbledore y Snape tomaban a Draco Malfoy y desaparecían por aparición. Lo último que quedó de ellos fue el eco del gruñido más bestial jamás escuchado dentro de las paredes del colegio Hogwarts para Magia y Hechicería.
Continuará
COMENTARIOS DEL AUTOR
*Armand Malfoy y su oscura historia. Toda una generación maldita desde entonces.
*Siempre he encontrado mucha fascinación por Theodore Nott. Quiero escribir algo de él.
*A todos los reviews, follows y favoritos muchas gracias. Me alegran mucho cuando veo la notificación en mi correo. También a Luni que no le pude contestar por privado pues no tienes cuenta. Un abrazo.
Preguntas, dudas, comentarios. Toda crítica es bienvenida, sí y solo sí es constructiva.
Miyuki Uchiha
Escuchando "Absolute Destiny−Apocalypse" –Adolescence of Utena OST
