Disclaimer: He estado negociando con Doc un precio razonable por su DeLorean para poder viajar a 1997 con el único propósito de apropiarme de los derechos de South Park. Pero como Doc no me ha afirmado ni negado aún la adquisición de su coche, no me queda otra que decir que South Park pertenece a Trey Parker y Matt Stone. De momento.
Notas de la autora: Y al octavo día, Satanás dijo: «¡Qué los estudiantes de la Universidad tengan que hacer trabajos absurdos que cuenten el 40% de la nota y así no tendrán tiempo libre!». Y como el resto de diablillos estaban muy fumados, nadie se opuso.
Y eso. Que por eso no he actualizado. Lo siento. Prometo dejar la Universidad pronto y hacerme monja budista para poder tener más tiempo para escribir.
Personajes: Kenny McCormick/Mysterion, Eric Cartman/The Coon.
Palabras: 551.
Género: Humor.
Rating: T
Advertencias: Lenguaje obsceno, spoilers, spoilers y más spoilers (para aquellos que no hayan visto más allá de la decimocuarta temporada, claro…), y ligero lime.
—Los superhéroes también se masturban—
«Morir es como dormir, pero sin levantarse a hacer pis».
Woody Allen.
2. Complejo de Aquaman
—Qué hijo de puta.
Ahí estaba él: tenía el pelo rubio enredado, sucio, con pegotes de lo que esperaba que fuese el resultado de una dura batalla contra un tubo a medio acabar de pasta de dientes, y no un momento de intimidad en el baño. Sin la capucha puesta parecía otra persona. Y lo sería si no fuese por esos distintivos que le hacían ser un pobretón.
Un McCormick.
Sin embargo, con el traje puesto, esos rasgos le daban un no-sé-qué que hacía difícil el desviar la mirada. Le daban cierto encanto, glamour. Como si desprendiera por todos sus poros un sex-appeal irresistible. Algo así como un Kenneth McCormick afrodisíaco. Con esos chorretones de chocolate y la mugre (¿«la mugre»?¡La mierda! Mierda con mayúsculas) de tres días sin lavarse cubriendo las pecas de su rostro; los raspones de haberse caído más de una vez de la bicicleta… Todo ello, sumado a esos calzoncillos por encima de las mallas, resaltando su paquete y ya de paso haciéndole un culito respingón, tenía que causar furor entre las gachís por narices.
Porque sí, esa carita de desvalido con sus heridas de guerra —una por el control del mando del televisor, pero guerra al fin y al cabo—, el movimiento pendular que mostraba de frente gracias a sus calzoncillos y el meneíto hipnótico de «nalga arriba-nalga abajo» de su culo, era un imán para las mujeres.
Sería el Clark Kent de su liga de la justicia si le permitía formar parte de ella. Y él pasaría a estar en segundo lugar. Por mucho que su madre se empecinara en decirle que él era «la cosita más bonita del mundo mundial», sus palabras se perdían por el sumidero de su consciencia cuando veía esa sonrisilla pícara en el rostro de Kenny.
Tan pero que tan guapo que tenía que cruzarse de piernas para que su pito no hiciera el saludo a la bandera delante de todos —aunque la cara de tener diarrea aguda no podía ocultarla por mucho que se esforzase en tirar de su máscara—. No era justo. Se suponía que The Coon iba a ser el que causara conmoción entre una masa de féminas histéricas que le tirara las bragas cuando éste entrara en escena. Si el estúpido judío fuese Mysterion, su protagonismo permanecería intacto y dejaría que su madre le siguiese inflando a piropos. (Más tarde, le montaría un pollo a su madre con uno de sus famosos berrinches de «No voy a respirar hasta que admitas que eres una mentirosa por llamarme "El gordito más bonito de todo South Park" sabiendo que no lo soy o hasta que me desmaye»).
Pero no. Tenía que ser Kenny quien vestía el traje.
Menudo cabrón.
—Culo gordo, ¿puede o no entrar Kenny en el equipo? —preguntó Kyle, sacudiéndole del hombro para que saliera de su ensoñación.
Cartman parpadeó varias veces y frunció el ceño. Miró a uno y a otro —y a éste último por encima, porque temía volver a quedarse embobado—, y dándoles la espalda, sentenció:
—Pero que se ponga la capucha y la máscara, ¿eh? Un superhéroe debe ocultar su identidad. Siempre.
Y ya puestos, ocultar también su guapura.
NOTA.
Echad las culpas de esto que acabáis de leer a mi ordenador. Al Matusalén de mi ordenador, que decidió morir justo cuando había terminado de escribir la viñeta. La primera viñeta que había escrito tenía su aquel porque estaba Wendy de por medio y cierta fantasía de ménage à trois por parte de Cartman. Pero, al final, decidí hacer un esbozo ligero de los pensamientos gays que ocasionalmente tiene el gordito con respecto a sus amigos (en este caso, con respecto a Kenny). Y prefiero mil veces esta viñeta a la que había escrito antes de que mi ordenador petara.
Y ya de paso, mostrar cómo habría sido la integración de Mysterion a «Coon and friends».
La siguiente viñeta (y última) la subiré en junio, después de los exámenes de la Universidad. Eso si no he muerto en el intento, claro.
Espero que os haya gustado.
¡Goongala, chavales!
