- Titulo: Nadie dijo que sería fácil

- Autor: Babi (Ex Miku_Cullen)

- Disclaimer: Twilight y todas sus referencias no me pertenece, son de la escritora del best-seller, Stephanie Meyer.

- Algo que deben saber:

1.- No gano dinero haciendo esto, sólo lo hago por diversión

ENJOY!

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Con el pasar del tiempo se fueron conociendo, enamorando y confiando en el otro, lo que los llevó a revelar sus más oscuros secretos. Así Bree se enteró de la larga familia de narcotraficantes de la que venía Alec, mientras que el descubría la trágica vida que había tenido aquella hermosa chica que fácilmente podría haber sido una modelos de pasarela de nivel mundial.

Lamentablemente su vida parecía que no sería tan fácil como pensaban. Cuando el padre de Alec, Aro, quedó detenido por narcotráfico toda la familia de Alec tuvo que comenzar a huir por el país para no ser atrapados y procesados ellos también por el juicio de su padre, aunque él lo único que quisiera fuera alejarse de todo eso para poder vivir tranquilo junto a Bree y así formar una familia.

Ella no supo nada de él por mucho tiempo, todo lo que tardó el embarazo del pequeño hijo de los dos. Sí, Alec se había ido sin siquiera saber que los dos serían padres y hasta ese día aún no lo sabía.

Obviamente, al estar huyendo, él no tenía contacto con la chica para no involucrarla en todo este asunto y ella ya ni siquiera sabía si es que había sido capturado o si seguía con vida. Eso la obligó a volver a sus antiguas andanzas al encontrarse sola con un pequeño recién nacido que necesitaba pañales, biberones, ropa y un lugar cómodo para vivir. Su hijo merecía solo lo mejor.

El pequeño nació un 20 de junio a las 23:02 horas a las 38 semanas de gestación. Midió 52 centímetros y solo pesó 3, 215 kilogramos, era largo pero para nada rellenito. Un pequeño perfecto como lo era su padre y su madre. Tenía los ojos grises y, según le había explicado la enfermera, de seguro los tendría tan claros como su madre. Pero el pequeño tenía un problema y uno visible.

El pequeño Edward Anthony, como lo había llamado su madre, había nacido con unas malformaciones congénitas conocidas como "labio leporino" y "fisura palatina"" que consistían en una fisura que dividía a su labio superior en dos mitades y un agujero en la parte superior de la cavidad oral que dejaba comunicada la nariz con la boca.

Al principio había sido un poco chocante para la joven madre ver a su pequeño con ese problema, pero solo bastó que el abriera sus hermosos ojitos y que atrapara su dedo con su pequeña mano para que Bree se enamorara de él perdidamente.

Decidió buscar a Alec sin importarle el peligro que podía llegar a vivir. Necesitaba de su dinero y apoyo para sacar a su pequeño adelante y someterlo a la cirugía que los médicos le habían indicado podía llegar a curar a su hijo, pero no lo consiguió. Solo tomó contacto con la que era su suegra, con quien nunca tuvieron una buena relación ya que ella pensaba que Bree no era buena para su hijo, y ella le negó el contacto con Alec. La chica, desesperada por el estado de su niño, le contó lo que ella tenía un nieto y el problema que este tenía, pero la mujer se negó a prestarle ayuda y sus palabras exactas fueron "Yo no tengo nietos y mucho menos si son deformes… Tal vez solo deberías haber terminado con su vida antes de que llegara al mundo".

Esas palabras dejaron helada a la joven y solo atinó a cortar la llamada. No podía creer que de verdad había escuchado esas expresiones salir de la boca de su ex suegra ¿Cómo podía siquiera insinuarle que debería haber abortado a su angelito? ¿Cómo podía decirlo si ella misma había tenido tres hijos? Era una desnaturalizada y su hijo no merecía pertenecer a esa familia, así que decidió olvidarse de todos ellos y salir adelante por su cuenta.

Volvió a ser una dama de compañía para los grandes empresarios, artistas y políticos que solicitaran de sus servicios y así curaría a su pequeño.

Desde ese momento solo serían los dos y nadie más.

Pasaron los años y ella no dejó de trabajar nunca en ese rubro que le daba más que lo necesario para vivir. Este trabajo le daba para tener un departamento ubicado en una buena zona en Seattle, comida y todo lo necesario para criar a su hijo y había costeado por completo el tratamiento médico de su hijo y lo seguía haciendo.

El pequeño, con ahora tres años y medio, ya no tenía el labio y el paladar fisurados, pero si le quedaron las marcas de lo que alguna vez fue una gran lesión. Su labio tenía la cicatriz que estaba desapareciendo poco a poco con las cremas y cuidados que le había mandado el médico y su paladar ya estaba cerrado por completo y ahora solo tenía que ir a las terapias de habla y al ortodoncista para solucionar los problemas que podía llegar a tener en su dentadura. Más adelante tendría que seguir con las cirugías para los últimos retoques de su labio, pero por ahora estaba bien y feliz viviendo con su mamá.

— ¡Mami! — la llamaron a lo lejos y ella no pudo evitar voltearse a ver a su angelito, a su hermoso sol que iluminaba cada día de su vida. Ese pequeño rayito había llegado a darle las fuerzas que ella pensaba ya había perdido hace mucho tiempo.

— Mi solcito, estoy en la cocina— le informó terminando de prepararle su vaso infantil con diseños de pequeños monos en el exterior y lleno de zumo de manzana, el favorito de su bebé.

De pronto sintió que algo chocaba contra sus piernas y al mirar vio a su pequeño que le sonreía ampliamente. Estaba con su cabello revuelto, sus hermosos ojos verdes mirándola con adoración y sus mejillas un poco sonrosadas al haber estado jugando con sus peluches a que eran "pilotos de autos".

Ella se agachó a su altura y lo cogió, para luego darle muchos besos en sus mejillas y soplarlas, haciendo que él se riera fuertemente. Ella adoraba escuchar esa hermosa risa resonando en la sala y no se cansaría nunca de ella.

— Ya mami, no ma— le pedía el pequeño entre risas

— ¿No más? ¿No quieres más besos? — le preguntó Bree, apenada y haciendo como si de verdad le doliera lo que le decía su angelito

— No, mami. Si quiero ma besos" le dijo remarcando la "s" y sonriéndole a su madre mientras afirmaba su cara con sus pequeñas manos para que lo mirara— Te quero, mami

— Yo también te quiero, mi angelito. Ahora te tomaras tu juguito y vamos a ir a hacer tus ejercicios ¿Está bien?

Edward asintió y tomó el vaso que su mamá le tendía para beberlo todo mientras se sentaban a ver sus dibujos animados preferidos, los "Backyardigans".

Bree daba todo por su hijo y eso se notaba a lo lejos. Siempre estaba preocupada de su educación, de su salud y de cada una de sus terapias, haciendo que no se saltara ninguna a pesar de que al pequeño Edward no le gustaban porque se aburría y distraía con facilidad.

Al acabar se fueron al comedor donde sentó a su hijo en su silla y ella se ubicó frente a él para comenzar con la terapia. Lo hacía bostezar, roncar, decir cosas como "ding dong", "guagua", "Pata", entre otras cosas. También lo hacía mover su boca, hacer gárgaras y hablar con un lápiz en su boca, todo para que pudiera pronunciar cada vez mejor.

— Muy bien, mi solcito— le felicitó su madre abrazándolo fuertemente— Ahora vamos a ir a cenar para después bañarnos y acostarnos ¿Está bien?

— No quero, mami— se quejó el pequeño haciendo un puchero demasiado tierno y con el que Bree solía caer, pero ahora mismo necesitaba que el pequeño cumpliera con su rutina para luego atender a sus clientes sin que él se percatara— No me voy a acotar.

El pequeño se cruzó de brazos y frunció su pequeño seño, estaba demasiado serio y se veía exactamente igual de decidido como lo era su padre. Sus gestos eran idénticos a Alec y eso hacía que Bree suspirara… Eres tan parecido a tu padre, mi angelito pensaba para sí misma.

— Sí que lo harás— le informó Bree, tomándolo nuevamente entre sus brazos y encaminándose al comedor donde ella ya tenía la comida preparada y solo le quedaba servir.

Sentó a su hijo en una de las sillas, quedando el completamente enfurruñado. Luego se fue a la cocina y sirvió los platos para llevarlos hasta la mesa y comer junto a su pequeño.

Colocó el plato frente a Edward y puso el de ella en su lugar para sentarse a cenar, pero su niño no quería comer y seguía enojado en su puesto, con los brazos cruzados y su ceño fruncido.

— Edward, si no quieres comer no lo hagas, pero no vas a comer a media noche— le dijo Bree alejando el plato

— ¡No! — gritó su hijo, saliendo de su enojo

— No grites, Edward. Estoy a tu lado y no soy sorda ¿Vas a comer? — el niño asintió— Bien, entonces come.

Acercó nuevamente el plato y el pequeño tomó sus servicios para comenzar a comer lo que había en su pequeño plato con diseños infantiles. Luego bebió un poco de zumo con una pajilla mientras su mami lavaba lo que habían usado.

Al acabar tomó el vaso que su pequeño le tendía y los dos se fueron al pequeño baño decorado con peces, patos y demás animales marinos. El baño exclusivo del pequeño Edward.

Luego de bañarlo y vestirlo, le ayudó a cepillarse los dientes y secarle el pelo para acostarlo en su cama, hacerle masajees de relajación y sentarse a leerle un cuento.

Edward no tardó en quedarse dormido y eso le dio tiempo a Bree para prepararse antes de que llegara su primer cliente esa noche.

El timbre de su teléfono sonó y ella supo que había llegado el primer hombre. Tenía por política que nadie tocara el timbre del departamento para que Edward no despertara con el ruido, así que todos estaban obligados a mandarle un mensaje cuando llegaban.

Se acercó a la puerta y abrió para ver a ese imponente hombre que entraba en la casa. Era uno de los políticos más corruptos del rubro, que aparentaba ser un hombre ejemplar y que tenía una familia muy numerosa, pero una vida tan turbia como los tratos que tenía con algunos delincuentes de "camisa y corbata" como solía llamarlos Bree.

Ella lo llevó a su habitación en completo silencio y comenzó con su trabajo como todas las noches. Le bailó, lo sedujo y mantuvieron relaciones hasta que el hombre se cansó, o eso era lo que pensaba Bree. Lamentablemente el hombre aún estaba extasiado con el cuerpo de aquella hermosa mujer y deseaba más, quería llegar a un nuevo límite y le pidió cosas a Bree que ella no hacía, cosas que no estaban dentro de los contratos que ella hacía con sus clientes.

— Oh, vamos, no vas a venir a hacerte ahora la difícil. Yo sé que tú también lo deseas, cariño— le dijo el hombre pasando su asquerosa lengua por el cuello de la chica y manoseando sus pechos

— Que no, señor. Ya le dije que eso no está dentro de lo que acordamos— le insistió ella tratando de zafarse de su agarre, tratando de huir y dar por terminado el servicio nocturno

— Pues sabes que, yo te pago y si lo hago puedo pedir lo que yo quiera. Si a mí se me ocurre que limpies el piso con la lengua lo haces y nada más— le gruñó con los dientes apretados, llegando a su límite entre la furia y el alcohol que comenzaba a hacer estragos en su mente— Ahora quiero que hagas lo que yo quiero y no se va a decir más

Bree comenzó a tratar de alejarse de aquel asqueroso ser a como diera lugar y quería huir de ahí o llamar a la policía para que le ayudaran, pero tampoco podía arriesgarse a hacerlo o podía perder a su pequeño hijo por ganarse la vida de esta forma.

— Señor, deténgase— le rogó la joven con los ojos anegados en lágrimas y sintiendo como ese hombre la manoseaba de una manera asquerosa.

— ¡Silencio, puta! — le gritó dándole una cachetada en plena mejilla derecha, volteando el rostro de Bree con solo el impacto— ¡Te he dicho que vas a hacer todo lo que te diga y sin reclamos! ¡Te estoy pagando por esto!

El hombre, ya completamente cegado, comenzó a maltratar y a gritarle a la chica que intentaba huir en vano.

En la habitación que estaba en el otro pasillo, se encontraba el pequeño Edward durmiendo, pero se despertó asustado al escuchar como su madre se quejaba, siendo seguida por los gritos de otro hombre.

"¿Papi?" pensó el pequeño al escuchar la voz del sujeto y se levantó de inmediato a ver qué era lo que ocurría. Pero antes de salir tomó su mantita y a su "bubu", su osito de peluche.

Caminó por el pasillo hasta que llegó a la pieza de su mami, pero antes de que abriera la puerta un fuerte ruido de algo quebrándose lo hizo detenerse y abrir los ojos con miedo ¿Qué había pasado?

— ¡Mami! — gritó intentando abrir la puerta, pero estaba cerrada con llave y no podía— ¡Mami! ¡Mamita!

Bree escuchó los desesperados gritos de su hijo y se colocó la primera camiseta que encontró para salir a ver qué era lo que pasaba, por qué su hijo estaba despierto a esta altura de la noche. Dejó al sujeto tendido en el suelo, quejándose y sujetándose la cabeza con ambas manos, intentando detener la sangre que salía por montones desde su cabeza.

— ¡Mami! — gritó el niño cuando la puerta se abrió, dejándole ver a su mamá toda despeinada, sudada y con algunos golpes en su lindo rostro.

— ¿Eddie, mi amor, qué haces aquí? — le preguntó tomándolo en sus brazos y llevándoselo lo más alejado que podía del lugar

— Tenía medo, mami— le confesó aferrándose con fuerza a su cuello y envolviendo sus piernas en la cintura de su mamá

— Tranquilo, mi pequeño. No hay nada de que temer— le besó el borde de su cabeza con dulzura

¡¿Dónde estás, maldita puta?! — gritó el sujeto buscando a Bree con desesperación

— ¿E mi papi, mami? — preguntó Edward, aun temeroso

— No, mi amor— le respondió Bree con miedo ¿Qué hacía ahora? — Cariño, vamos a jugar a algo ¿Está bien? — le sonrió para calmarlo y el niño asintió— Vamos a jugar a las escondidillas. Tú te vas a quedar acá bien escondido y yo iré a otro lugar a esconderme del hombre gritón ¿Entendido? No vas a salir hasta que venga a buscarte o perderemos ¿Entendiste mi niño?

— Si— asintió quedándose en el armario donde su mami lo escondió y lo tapó con un abrigo.

Bree suspiró y salió a buscar su teléfono. Tenía que llamar a la policía ahora o no solo la separarían de su hijo, tal vez ninguno de los dos saldría de esta si es que no lo hacía.

— ¡Aquí estas, maldita desgraciada! — le gritaron jalándola por el cabello y haciendo que el celular callera de lleno en el suelo, partiéndose en mil pedazos— ¡Me las vas a pagar, zorra barata!

El sujeto empujó a Bree sobre una mesa y comenzó a manosearla como lo estaba haciendo hace un momento. Él parecía un energúmeno, un verdadero animal y no se controlaba por nada del mundo.

Bree estaba desesperada tratando de huir de ese animal, pero no conseguía nada. El hombre la tenía sujeta por las muñecas y la toqueteaba por todos lados. Nunca se había sentido tan asquerosa a pesar de que ese era su trabajo, darle placer a los hombres que solicitaran sus servicios.

— ¡Quédate quieta, perra! — le gritó golpeándola justo en el estómago, haciéndola quejarse

— ¡Deja a mi mami, feo! — le gritaron a las espaldas y luego sintió que algo se aferraba a su pierna y lo mordía fuertemente

— ¡Ah! ¡Maldito mocoso! — gritó el sujeto lanzando a Bree lejos de él y agachándose para coger al niño que estaba afirmado a él— ¡Eres un imbécil!

Edward miraba con miedo al sujeto que lo tenía afirmado por el brazo. Sus ojitos estaban abiertos muy grande, temblaba de pies a cabeza y su respiración era errática. Estaba aterrado, pero por dentro sabía que había salvado a su mami.

Sin pensarlo dos veces el hombre arrojó sin problemas el pequeño cuerpo del niño hacia un lado, haciendo que perdiera el control de su cuerpo y se golpeara con el borde de un mueble al caer, quedando inconsciente al instante y con una gran brecha en su pómulo derecho.

Bree vio con miedo como su hijo estaba tirado en el suelo, sangrando y sin reaccionar y eso hizo que algo dentro de ella se accionara. Ella se había prometido a si misma que no dejaría que nada ni nadie dañara a su hijo y ese hombre no era quien para tocarle ni siquiera un pelo a su pequeño angelito.

— Maldito mocoso— se quejó el sujeto mirando el cuerpo tendido del niño y sobándose el lugar donde lo había mordido

— ¡Eres un desgraciado! — le gritó la chica, colocándose de pie y lanzándose con furia hacia esa bestia que había lastimado a su hijo

El hombre fue más rápido que ella y volvió a sujetarla antes de que lo golpeara, para lanzarla hacia el suelo y colocarse sobre ella.

— Me habían dicho que eras excelente en lo que hacía, pero eres exactamente igual que todas. Ninguna maravilla y solo sabes dar problemas— se quejó el hombre— Y tu mocoso solo es igual de insufrible que tú. Espero de verdad que este muerto, así podré hacerte lo que quiera sin preocuparme.

Esas palabras sacaron de sus cabales a Bree, quien se zafó con las ultimas fuerzas que le quedaban y tomó un candelabro que estaba cerca de ella. Lo movió hábilmente y lo dejó caer sobre la cabeza del hombre sin pensarlo, dándole de lleno y haciendo que este cayera inconsciente en el suelo.

Se levantó como pudo y corrió a ver su pequeño bebé, que aún permanecía dormido en el suelo. Lo acunó en sus brazos y comenzó a llamarlo con desesperación.

El niño no despertaba por más que lo llamara y eso ya estaba comenzando a desesperarla. Tenía que llamar a alguien... Necesitaba ayuda ahora mismo.

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Hola a todos ¿Cómo se encuentran? Espero que muy bien.

Como siempre espero que este capítulo haya sido de su agrado y que me lo hagan saber. Es distinta a todo lo que, por lo menos yo, he leído en fanfiction, así que espero que a ustedes también les siga llamando la atención y sigan leyéndola que les juro se irá poniendo mejor y tendremos más presente a nuestro Eddi.

Como ya les dije las actualizaciones van a ser todos los sábados. La continuación aún está en proceso de escritura con la ayuda de mi gran amiga Jenni.

Adriu: Hola. Mira, la historia parte con Bree pero no está centrada completamente en ella, solo espero que eso no te vaya alejando de la historia. Por otro lado ella actualmente tiene veinticuatro años, pero partió en este mundo de la prostitución hace mucho.

Esperando verlas en el próximo capítulo y que me dejen saber su opinión, me despido.

Nos leemos.

Babi