La voz de mi corazón.

Por Lu de Andrew

Capítulo 2.


***Unas horas antes...

-Bienvenida Elroy. De antemano te damos las gracias por asistir, pese a la premura de la situación. Gracias por aceptar reunirte con nosotros, sabemos que debes tener otras ocupaciones, sin embargo, debes comprender que la situación así lo amerita- Dijo uno de los miembros del concejo.

Elroy recorrió con suspicacia la sala de juntas. El concejo se componía de 9 miembros en total. Nueve clanes que estaban unidos por lazos sanguíneos lejanos, los clanes más importantes de Escocia: Andrew's; Fletcher's, Fleming's, Gordon's, Gayre's, Fullarton's, Fulton's, Forbes's y finalmente; Fergusson's.

-Caballeros- Contestó sin expresión alguna en el rostro. Con gran habilidad, ocultó su sorpresa al ver allí a Scott Fergusson. Esa familia siempre sería un dolor de cabeza.

Ella sabía muy claramente que desde tiempos inmemorables, se habían opuesto a la unidad conjunta de los clanes y por ende, a que William Robert Andrew, entonces patriarca del clan fuera el presidente y administrador de la fortuna de los clanes. Esto se había hecho a instancias de Robert de Bruce, con el fin de mantener la unión de los clanes, en la intrincada lucha de independencia que sostenía su país.

A partir de ese momento, los Andrew, habían tomado el control de los clanes. Pero los Fergusson, nunca habían hecho acto de presencia, ni siquiera cuando William había viajado hasta Escocia, para presentarles sus respetos a los ancianos, después de su presentación en sociedad en América. Y ahora estaba allí. Con una sonrisa burlona en los labios y una mirada retadora. Nada saldría bien de esa reunión eso lo supo en ese instante.

-Muy bien señores, les agradezco que me hayan tomado en cuenta, pero siento tener que recordarles que mi sobrino, William Andrew, es el que debería estar aquí. Si bien recordaran, el es el presidente de las empresas y el patriarca de los Andrew.-Aclaró en tono molesto. Eso lo percibieron los hombres presentes.

-De antemano te pedimos que le hagas llegar nuestra más sincera disculpa a William. Tanto Fleming como yo, nos mostramos en desacuerdo ante esta reunión, que debo aclarar, es demasiado absurda y ridícula- Acotó David Fletcher, Richard Fleming asintió irritado. Elroy notó inmediatamente que solo contaba con el apoyo de solo dos miembros del concejo.

-Por supuesto que no es absurda y mucho menos ridícula...-Habló Fullarton, pero Elroy estaba demasiado irritada e impaciente, quería que empezaran a hablar.

-Les agradecería entonces que vayamos al grano, la edad me está volviendo impaciente y no me interesa lo que me tengas que decir Fullarton. Así que será mejor que Scott empiece a hablar- Todos se miraron admirados, ninguno se imaginaba siquiera que ella supiera por quien se había hecho la reunión.

-Está bien,- contestó Fergusson-Sí así lo deseas. No quisimos que tu sobrino estuviera presente, porque precisamente es de él de quien tenemos que hablar.

-¿Cómo es eso? No pueden tener ninguna queja del manejo que William ha tenido, con la empresa y el banco. Después de todo, no creo que tengan alguna queja de las ganancias recibidas en los últimos años.

-Por supuesto que no, Elroy- Recalcó Fleming- no hay ninguna queja al respecto.

-¡Oh por favor! ¡Ya basta de zalamerías! Lo que nos ha traído aquí, es la reputación tan escandalosa de tu sobrino. Tan solo dale un vistazo a esto...-Fergusson le extendió el periódico que más tarde leería Candy. Después de leerlo, Elroy solo les dio una mirada de interrogación.

-Noticias como esta, se han hecho frecuentes en los últimos años, en especial después de la muerte de Joselyn Rogers. Tal parece que la reputación de tu sobrino acerca de ser el soltero de oro, le precede a su reputación como hombre de negocios. ¿Crees que los nuevos inversionistas, verán con seriedad, las propuestas de negocios que tu sobrino les haga? Por supuesto que no. Y no vamos tan lejos, hace dos meses unos prominentes empresarios escoceses se rehusaron a hacer negociaciones con los Andrew. Por obvias razones, la mayoría de los presentes aquí, nos preguntamos, ¿A dónde nos llevara esta situación? Se está poniendo en peligro nuestra reputación, nuestro buen nombre y sobretodo nuestra fortuna.

-Ya veo. Me imagino que esos prominentes empresarios que según tu, se negaron a hacer negocios con nosotros, fueron los de la naviera perteneciente a los Campbell, ¿me equivoco?

-No.

-Para tu información, fue William, quien se negó a negociar con ellos. Los informes en cuanto a sus activos, le hicieron sospechar de negocios ilegales, y no quiso exponerse en una inversión que no tenía ni pies ni cabeza.

-Bueno, eso te lo dijo tu sobrino para ocultar claramente su ineptitud en el manejo de ese negocio.

-No pienso discutir contigo por estupideces. Hablas de la ineptitud de mi sobrino, cuando no vi que eso te molestara cuando recibiste tus ganancias los últimos años. Aunque estoy segura que estabas esperando el momento adecuado para dar una solución. Porque me imagino que tu ya tienes la solución perfecta.

-Por supuesto, hemos hablado todos los presentes, y hemos llegado al acuerdo de que tu sobrino tiene que ser removido de la presidencia, no nos vamos a exponer a perder dinero por su falta de seriedad.

-Jajaja, perdóname que me ría, pero creo que se te ha olvidado que ni tú ni nadie puede quitar a los Andrew de la presidencia, poseemos el 54% de las acciones vitalicias

-Ya lo sabemos Elroy-intervino Fullarton-pero tu también recordaras que desde un principio, quedó establecido que si la mayoría del consejo no estaba de acuerdo con la dirección del consorcio, podríamos ponerlo a votación y nombrar un vicepresidente que tendría el poder de dirigir igual que el presidente. En este caso, hemos votado, y somos cinco contra tres.

-Tu sobrino siempre te ha mangoneado a su antojo-prosiguió Fergusson-desde que era joven, decidió hacer y deshacer, viviendo como un vagabundo, tomando decisiones sin importarle la opinión del concejo, como cuando adoptó a la huérfana esa. Y luego cuando desapareció por casi un año, ¿Qué hubiera pasado si se muere? ¿Qué pasaría en estos momentos si se muriera? Ni siquiera tendría herederos, ¿sabes quien sería su heredera? La huérfana.

-¿Cómo te atreves a hablar con tal ligereza de... de... acaso le deseas la muerte a mi sobrino?-Repuso Elroy con enojo.

-Solo llamo las cosas por su nombre. No te pongas así, sabes que tengo razón. La gente que quiera hacer negocios con nosotros, debe tener la seguridad que nos tomamos con seriedad el asunto. Que sepan que sabemos hacer negocios y no solo hacernos fama de... solteros millonarios. O que dejaremos nuestra fortuna en manos de algún huérfano.

-El caso Elroy es que no nos parece que William se este tomando con seriedad su papel de presidente. Creemos que es necesario que alguien más le ayude con el paquete, hemos decidido que el nieto de Fergusson es el indicado para eso, el muchacho ha sabido invertir con la gente apropiada y en poco tiempo ha sabido aumentar su fortuna-dijo Ernest Gordon.

-¿El nieto de Fergusson?-Preguntó Elroy.

-Así es mi nieto Arnold Fergusson- Contestó el viejo con orgullo.

-¿El mismo nieto que tú rechazaste por ser un bastardo, hijo, Dios sabe de quien? ¿El mismo nieto que utilizó la poca fortuna que tu hija se llevó consigo para sobrevivir cuando tú la corriste de tu casa, dejándola en el desamparo? No quisiera saber de donde sacó el dinero para invertir y aumentar su fortuna- Atacó Elroy

-Mi hija ya está muerta, y no te permito que hables así de mi nieto. Ahora ya lo reconocí y legalmente es un Fergusson.

-Solo llamo las cosas por su nombre. Y no creo que sea necesaria la referencia a Candice, ella dejó de ser huérfana cuando William la adoptó. En ese caso, tiene más derecho al apellido, de lo que lo tiene tu nieto, y eso no supone ningún problema para ti. Porque si ella es huérfana, tu nieto es un bastardo.

-¡Pero quien te crees para hablar así de mi familia!-Gritó fuera de sí el anciano.

-Solo repito las palabras que alguna vez tú dijiste, ¿o ya no recuerdas como repudiaste al niño cuando nació?

-Bueno, basta señores,-intervino nuevamente Gordon-nos estamos olvidando el verdadero propósito de esta reunión. El caso Elroy es que, como todos sabemos, para que se tomen decisiones referentes al presidente, debe ser una decisión unánime, lo cual en este caso no es así. Por ello, hemos decidido darle un mes a William.

-¿Un mes, para qué?-

-Para que demuestre su seriedad en los negocios. Que siente cabeza.

-¿Y eso, según ustedes cómo lo lograría?

-Casándose. Emilia Fulton está dispuesta a hacerlo.

-Pero no es una imposición- Dijo Fleming-William puede hacerlo con quien él disponga.

-Pero si no lo hace, o si no acepta a Emilia, en un mes Arnold Fergusson tomará posesión de la vicepresidencia.

-¿Se tiene que casar en un mes? Eso es imposible.

-No Elroy, tiene un mes para comprometerse- Le dijo Fletcher

-Pero no creas que aceptaremos a cualquiera, debe ser alguien de buen apellido y de buena familia, así como un buen nombre ante la sociedad-Masculló Fergusson-Y ahora nos retiramos, eso es todo lo que teníamos que tratar, será mejor que prepares a tu sobrino para que le dé su lugar a mi nieto.

Así los seis hombres salieron de la sala de juntas, se despidieron con una sonrisa de satisfacción. Sabían de antemano que Albert nunca aceptaría un matrimonio de esa índole, lo sabían pues, un año después de su presentación quisieron imponerle un matrimonio que obviamente el rechazó. Puntualizó que "nunca" aceptaría a una mujer que alguien más le impusiera.

Elroy se quedó a solas con los dos hombres que le dieron su apoyo.

-Esto es algo absurdo, ¿qué hay detrás de todo?-Preguntó

-¿No te lo imaginas?-respondió uno de ellos.

-Dinero-Afirmó Elroy.

-Así es, Arnold depositó en su cuenta bancaria el equivalente a seis meses de ganancias y les prometió que recibirían una cantidad igual cada mes, siendo él responsable de la presidencia. A nosotros nos hizo la misma oferta pero, la rechazamos, además de la lealtad que le debemos a Wlliam, sabemos que los negocios de Arnold no son muy legítimos. Está involucrado en fraude y contrabando, los demás aunque lo sepan, no lo quieren ver, solo les interesa el dinero- Puntualizó Fletcher.

-¿Hay algo en lo que podamos ayudar?

-No. No se preocupen, ya pensaré en algo...***

OoOoOoOoOoO

-¿Y no pudiste pensar en otra cosa que no fuera casarme con Candy?- Preguntó Albert, un tanto molesto, después de escuchar la explicación de su tía- no puedo hacerlo tía, debemos pensar en algo más. Como por ejemplo separarnos completamente de todos ellos.

-¿Crees que yo no lo pensé? David y Richard están dispuestos a hacer lo mismo. Pero sabes bien que eso tardará más de un año, y mientras tanto no quiero que Fergusson tome alguna ventaja de estar en la presidencia. Tú no podrás hacer nada sin su aprobación. Y no creas que solo me preocupa el dinero, sabes bien que el está involucrado en negocios turbios, y si lo mezcla con los negocios legítimos al final el que puede quedar en la cárcel eres tu.

-Ya lo sé tía-contestó Albert, pasándose una mano por sus cabellos, no podía creer que eso le estuviera pasando-pero no puedo involucrar a Candy en esto, no es tan fácil como tu piensas.

-¿A que te refieres? Tú y Candice tienen una relación muy especial, estoy segura que no hay alguien mejor para que nos ayude.

-Tía...no puedo pedirle algo así a Candy, no puedo arruinarle su vida. Ella está a punto de casarse y no quiero más sacrificios-Eso lo dijo más para sí mismo, recordando todo a lo que Candy había llegado a renunciar, o lo que había perdido. Primero Anthony, su muerte la devastó. Y luego Terry, renunciar a su amor había sido demasiado duro para ella, si lo sabría él, quien la consoló durante el tiempo en que vivieron juntos. ¿Y ahora, cómo podría siquiera pensar en pedirle que renunciara a su compromiso? No. Él no podía ser tan egoísta.

-No tía lo siento mucho. La respuesta es no. No le pediré a Candy que se case conmigo para salvar mi fortuna, ni me casaré con alguien a quien ni siquiera conozco. No se preocupe yo veré como resuelvo esta situación. Ahora, si me disculpa, iré a descansar, necesito pensar.

Sin decir más salió de la habitación, Elroy se quedó sumida en sus pensamientos, nunca se imaginó que Candy estuviera comprometida. Ella estaba segura que la chica los ayudaría. Si tan solo...en eso entró George buscando a Albert.

-Se retiró a descansar-le dijo Elroy- Dime una cosa George.

-Si señora.

-¿Qué sabes tú acerca del compromiso de Candice?

-¿La señorita Candy se casará? No lo sabía señora, seguramente se lo comunicó a William durante su visita.

-¿Tú qué piensas de todo lo sucedido con el consejo, George? ¿Crees que sea mala idea que William y Candice se casen? Él se negó por completo. Dice que no puede arruinarle su vida.

-Señora, creo que los miembros del consejo buscaron un pretexto demasiado ridículo para lograr sus propósitos, sin embargo, es algo válido y no podemos hacer algo en contra de ello. Nos tienen con las manos atadas. Por otro lado, cuando me comentó si idea de casar a William y a la señorita Candy, estuve de acuerdo con usted. Eso pondría en resguardo todo lo que se puede perder y hasta la seguridad de la señorita, después de todo, si Fergusson la mencionó es por algo.

-¿Entonces crees que sea mala idea buscar a Candice y pedírselo? Sin que se entere William, por supuesto.

-William me desollará vivo... pero creo que podría ser posible comentarle a la señorita y que ella decida. Aunque no debe hacerse muchas ilusiones, si está comprometida tal vez no haya nada que pensar.

-Pero es peor lucha la que no se hace, ¿no es así?

-Así es.

-Entonces George, creo que necesito preparar un viaje a Lakewood, se lo informaré a William por la mañana. Aunque este viaje tendrá una escala en Nueva York. Deséame suerte George, creo que la necesitaré.

George asintió, mientras observaba como Elroy de dirigía a su recamara. Él se quedó solo en la biblioteca, pensando. Siempre creyó que Albert y Candy terminarían casándose, pero por razones diferentes. Y algo en su interior le decía que, si conocía bien a Candy, ella terminaría aceptando.

Nueva York...Una semana después.

-Candy, ¿Cuándo tendrás tiempo para ir a cenar? Necesito una respuesta, ya han pasado casi dos semanas de que te pedí que fueras mi esposa y solo me das largas.

-No son largas, Edward, sabes bien que mi agenda no me ha dado tiempo para nada. Ahora mismo debería estar en consulta si no me hubieras secuestrado en el cuarto de limpieza- Candy quiso ocultar una sonrisa, pero era demasiado cómico que su novio la hubiera tomado por sorpresa y metido al cuarto, después de ponerle seguro para que no escapara.

-Era necesario, casi no te he visto últimamente y cuando nos vemos es en el comedor del hospital. Es en serio, linda, me tienes sufriendo demasiado. Te extraño- le dijo acercándose más a ella para darle un beso. Candy se dejó hacer, lo cierto era que sí, lo había estado evitando, porque no estaba segura de nada. Y se dio cuenta que ella no lo había extrañado. Pero sabía que tenía que tomar una decisión y después del beso se separó de él y le dijo:

-Está bien, ¿te parece hoy a las seis? En cuanto terminemos nuestro turno.

-Está bien. A las seis- él intentó acercarse a ella nuevamente pero Candy fue más rápida y corrió hacia la puerta para salir.

-Será mejor que me vaya, tengo pacientes que atender-Le dijo desde afuera y se fue. Edward solo se limitó a mirarla como se alejaba. Pensó que ella estaba muy fría con él, pero él la convencería de que lo mejor era que se casaran. "Hoy, hoy Candy, aceptaras ser mi esposa y no habrá nada ni nadie que lo impida", pensó. Y al instante le vino a la mente el rostro de un rubio de ojos azules que siempre estaba en la vida de Candy, "También a él lo alejaré para siempre de ti"...

Candy llegó presurosa a su consultorio, la última consulta del día había llegado de súbito. Quería atenderla, y salir de allí para visitar a Annie. Solo que al entrar a su consultorio se llevó una sorpresa.

-¡Tía Abuela!-Exclamó-¿Pero, a que debo el honor de su visita?- Elroy, había llegado hacía algunos días, pero antes de ir a visitarla decidió investigar un poco acerca de su prometido. No era un mal partido, provenía de una familia de médicos, que habían logrado hacer fortuna y un nombre respetable en la sociedad. Sin embargo, le sorprendió que nadie le informara de que tuviera un compromiso con Candice. Eso la alentó a seguir adelante.

-Candice, también es un gusto verte.-A Candy ya no le sorprendió que hiciera alusión a su falta de educación, ya estaba acostumbrada, sin embargo Elroy sabía que no podía reprocharle mucho, pues había llegado sin avisar a nadie, esa también era una falta de educación, ¿o no?

-Lo siento, es que de verdad me sorprendió, pero por favor, tome asiento.

-Gracias Candice, te doy una disculpa por presentarme sin ser anunciada, pero...

-Oh, por favor, no tiene que hacerlo, usted no necesita avisar. Pero dígame, ¿viene usted sola?-¿O viene alguien con usted, Albert para ser precisa? Fue su pensamiento. De pronto sintió unas ganas enormes de ver a Albert.

-William no vino conmigo-Contestó Elroy, son una sonrisa en los labios. Se había dado cuenta del trasfondo de la pregunta de Candy.

-Oh, bueno yo...-¿Tan obvia había sido?-Solo quería saludarlo.-

-Él no vino hija-¿Hija, de cuando acá la llamaba, hija?-de hecho él no sabe que yo estoy aquí. Candy-¿La llamó Candy? algo muy serio estaba pasando.-¿William te platicó de la reunión que tuve con el consejo el mismo día que ustedes se vieron?

-Sí, algo me comentó.

-Candy-la llamó tomándola de las manos-necesito tu ayuda.

-¿Qué pasa tía? Me está asustando, ¿le pasó algo a Albert?

-No, él está bien es solo que...- Así Elroy comenzó a platicarle la razón de su visita, lo que pasó con el consejo y que todo por lo había trabajado Albert se podría ir a la basura. Y llegó el momento de explicarle, que Albert tendría que casarse.

-A...Albert, ¿se tiene que casar? ¿En un mes?- Preguntó Candy, de pronto sintió que se le iban las fuerzas. ¿Acaso él ya había aceptado?

-Tiene un mes para comprometerse con alguien, Emilia Fulton fue la que el consejo eligió, pero en esta ocasión le dieron la libertad de elegir.

-¿Elegir? ¿Quiere decir que él puede escoger con quien casarse?

-Así es, sin embargo, yo creo que la mejor y única opción para que ser su esposa ere...-Elroy no pudo terminar, Edward, las interrumpió.

-Candy, las radiografías de...lo siento, creí que ya estabas desocupada-Dijo él en cuanto vio a la señora que acompañaba a Candy.

-Oh, no te vayas, me gustaría que por fin conocieras a...

-Elroy Andrew, la tía abuela de Candice, mucho gusto doctor...-contestó Elroy extendiendo su mano.

-Sullivan, Edward Sullivan. Es un gusto conocerla señora Andrew.

-El novio de mi sobrina.

.Así es.- Elroy inspeccionó al joven de pies a cabeza. Un medico joven que tenía el mundo a sus pies, castaño, de ojos grises, casi de la misma altura que William. Claro nadie se podía comparar con su William, pero de pronto se dio cuenta porque Candy lo había elegido como novio. Y no evitó preguntarse si no estaba siendo egoísta.

-Espero algún día nos acompañe a cenar, seria un honor recibirlo en casa.

-El honor sería mío señora. Muchas gracias. Ahora con su permiso, me retiro, no quiero seguirlas interrumpiendo.- Antes de salir se dirigió a Candy- Entonces, ¿A las seis?

-No lo sé Edward, falta media hora. Yo te aviso, ahora vete- y le cerró la puerta Candy se molestó con su novio, por su falta de educación. Le recordó su cita para que despidiera a Elroy, y así pudieran irse.

-Sabes Candy, creo que hice mal viniendo sin avisarte. Será mejor que me vaya, por lo que veo, vas a salir con tu novio.

-Por favor tía no, eso puede esperar. Además, ni siquiera terminó de decirme, ¿en qué la puedo ayudar?

-No te preocupes, con que me hayas escuchado es suficiente. Tienes un buen corazón, hija- le afirmó mientras tomaba su mano-cuida de escoger bien quien será tu pareja durante toda tu vida. Después de todo William tenía razón.

-No la entiendo, tía.

-Y no espero que lo hagas. Ahora me voy, me quedaré una semana más en la ciudad, puedes ir a visitarme las veces que quieras. Cuídate mucho- y sin decir más se fue.

Candy se quedo completamente confundida. No sabia que pensar. ¿Con quien se casaría Albert? Es lo que más le daba vueltas en su cabeza. Sus pensamientos fueron interrumpidos por Edward, quien fue a recogerla para ir a cenar, ella seguía molesta con él, pero se sentía muy cansada para empezar con reclamos.

Después de llegar al lugar, él tomó la palabra.

-Candy, por favor, ¿ya tienes una respuesta a mi petición? Yo te amo y quiero que formemos una familia, que estemos juntos, el que tengamos la misma profesión facilitará las cosas. ¿Por qué tienes dudas? Podemos formar un futuro juntos.

Candy sabía que él tenía razón y al verlo directamente a los ojos pudo ver el amor que le profesaba. ¿Qué le detenía? Nada.

-Tienes razón, acepto.

El joven casi saltó de alegría, le dio un beso y un abrazo, la felicidad que sentía nada la podía eclipsar, o bueno, casi nada.

-Fue como me dijo Albert después de todo- fue lo que ella le dijo entre un beso y otro.

De pronto sintió como su novio se tensaba. ¿Es que ni siquiera en ese momento dejaba de pensar en él?

-¿Qué pasa?- Él solo se quedo observándola. Después de un rato le contestó en tono sarcástico.

-Albert...Siempre tiene la exclusiva de todo lo que pasa en tu vida, ¿no?

-¿A qué te refieres?

-A nada, olvídalo. No pienso hablar de Albert en esta ocasión. Mejor... dime si te gusta- Le extendió la mano y le dio una cajita con un anillo de compromiso. Lo sacó y lo deslizó sobre su dedo anular. Era hermoso, pero Candy, sintió que para ser un momento especial le faltaba un poco de romanticismo.

-Es muy bonito, gracias.

Después de la cena, Edward la llevó a su departamento.

-¿Me invitas a pasar?- le dijo al ayudarla a bajar del carro.

-No creo que sea bien visto que una señorita invite a su novio, a su departamento , a estas horas de la noche.

-¡Pero son apenas las ocho de la noche! Y ahora soy tu prometido.

-Ya lo sé, pero además estoy cansada. Y nadie sabe que eres mi prometido.

-Pues entonces debemos decirles.

-Estoy segura que cuando pidas formalmente mi mano, la tía abuela se encargará de hacer la fiesta de compromiso.

-¿Cómo dices? No creo que sea necesario informar a los Andrew.

-Ellos son mi familia, tontito, por supuesto que debo informarles, y tú debes pedir mi mano.

-¿Sabes? Estamos algo cansados, hablemos de esto mañana.

-Tienes razón.

Se despidieron largamente, y cuando él por fin se fue, no dejaba de pensar en cómo alejar a Candy de esa familia. La verdad, era que, no quería que ella tuviera más relación con ellos.

Candy por su parte, no dejaba de pensar en los problemas que estaba atravesando Albert. La tía abuela le había pedido su ayuda, pero no le había dicho nada. Empezó a caminar de un lado a otro en la sala de su departamento, ¿qué haría? ¿Cómo podría enterarse de lo que estaba pasando? Estaba segura que si le llamaba a Albert y le preguntaba no le diría nada. De pronto su rostro se iluminó, Albert no dejaría que su tía viajara sola, siempre le asignaba a George para que la acompañara. Así que lo más seguro era que George estaba también en Nueva York. Solo necesitaba averiguar en dónde.

Eran las ocho de la noche, si en algo lo conocía, George era igual que Albert de quisquilloso y a esas horas, no esperaba encontrarlo en la mansión...estaba en las empresas. Candy tomó el teléfono y pidió a la operadora que le comunicara con George Johnson. Espero unos segundos, y entonces escuchó la voz de George.

-Estoy muy preocupada por la situación que está pasando Albert ,George, la tía me informó todo; pero también me dijo que necesitaba mi ayuda, solo que al final, como nos interrumpieron ya no me dijo nada. ¿Usted sabe de qué se trata? Por favor dígame. ¿Es cierto que Albert se tiene que casar?

George había llegado al departamento una hora después de recibir la llamada de Candy. Y ella estaba dispuesta a sacarle toda la información que necesitaba

-Señorita Candy, usted sabe que William jamás aceptaría un matrimonio arreglado, y aunque le dieron la oportunidad de elegir, usted y yo sabemos que nunca se casaría con una señorita estirada de sociedad-

-¡George!- le dijo Candy divertida nunca se imaginó que el elegante hombre inglés pudiera utilizar esas expresiones.

-Solo repito las palabras de William señorita-Candy asintió, era la verdad, después de todo. Además, durante el tiempo que ha pasado el se ha encontrado muy ocupado tratando de buscar otra solución. La única viable, es separarse por completo de los clanes, pero eso tomaría más de un año.

-Pero...dígame, si el tiene que estar comprometido a fin de mes, ¿por qué me dijo la tía abuela que yo podía ayudarles? ¿Cómo podía ayudar yo en una situación como esa? Le aseguro que lo que haré lo necesario.

-¿De verdad no se lo imagina?

Candy se puso de pie y nuevamente empezó a recorrer la habitación, meditando en las palabras de George. De pronto se paró y sintió como si un rayo le hubiera abierto la mente. Abrió sus ojos como platos, y se puso pálida, sintió que sus piernas no la sostenían. Se llevó una mano a su boca y se dejó caer en el sofá. Negando con la cabeza le preguntó a George, que no había perdido detalle de la reacción de la chica:

-¿Me está diciendo que...? ¿Pero...? ¿Acaso...? ¿Quiere decir que...?- tuvo que suspirar profundamente para que pudiera salir de su boca una pregunta completa, tampoco le ayudaba que tuviera la boca completamente seca.

-¿De quien fue la idea?

-De la señora Elroy.

-¿Qué? No puedo creerlo.

-Es la verdad señorita.

-Dígame una cosa George, ¿acaso la tía Elroy está tomando algún nuevo medicamento?

-No, ¿por qué?

-O tal vez sufrió un colapso nervioso y no se ha recuperado del todo. O sufra de algún tipo de amnesia temporal, ¿acaso no recuerda quien soy? ¡La chica revoltosa que ha puesto su mundo de cabeza constantemente! ¿De verdad cree que yo, Candice White, seré una buena esposa, para Albert?

-Jajaja, perdone señorita pero, por un momento me asustó. Y en cuanto a su última pregunta-le dijo recuperando su postura nuevamente-estoy seguro que precisamente por eso, por que usted es Candice White, la señora consideró que sería la esposa perfecta para William. Así que no tiene porque preocuparse.

-¿Qué dijo Albert? Porque supongo que a él ya le dijo.

-Así es. Pero él dijo que no.

-¡¿Qué no?!- Candy sintió que se acababa el oxigeno en la habitación. ¿Acaso Albert la veía tan poca cosa para que no se quisiera casar con ella?

-Pero no piense mal, él dijo que no quería arruinarle la vida. En especial ahora con su compromiso.

-¡Pero ni siquiera estaba comprometida!- Exclamó ella, recuperándose de la impresión.

-Cierto, pero tal parece que no se equivocó- le su mano izquierda, donde lucía su anillo.-Él quiere que sea feliz, sin tener que hacer más sacrificios en su vida. No por la familia.

Ella se quedó callada, meditando en lo dicho por George. ¿De verdad sería un sacrificio para ella? Los Andrew eran su familia. Albert, era su familia. ¿No la había adoptado, en contra del consejo, y acaso no había estado con ella toda su vida? La había consolado en la colina de Ponny cuando recibió la carta de Annie, la había rescatado, ayudado, salvado la vida, literalmente y todo eso lo había hecho sin esperar nada a cambio. ¿No había reído, sufrido y llorado, con los Andrew y por los Andrew? ¿Acaso no hacían eso las familias? La respuesta era muy obvia.

-¿Y si yo no lo viera como un sacrificio?

-¿Qué quiere decir?

-Que va a tener que ayudarme para convencer a Albert de que haga lo que es mejor para la familia.

-Creo que le tiene que avisar primero a la señora.

-Tiene razón- Candy se sentó en el sillón individual, el que estaba a lado del teléfono. Con una sonrisa en el rostro, se quitó el anillo de compromiso y lo colocó sobre la mesita. Nuevamente tomó el teléfono. Pero en esta ocasión, pidió que le comunicaran con la mansión Andrew en Nueva York. Esperó hasta que escuchó la voz de Elroy.

-Tía abuela.

-¿Candy? ¿Qué pasa?

-¿Todavía quiere que me case con Albert?

CONTINUARÁ...