El Derecho

InuYasha

Por: Ivanov Shinigami

Summary: ¡Ella es mía!, quiero protegerla aun que me cueste la vida.

Disclaimer: Los personajes de Inu Yasha no son míos, esta es solo una historia de fanáticos para fanáticos, es ficción, no tiene ninguna relación con personas, instituciones o hechos reales. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Que la disfruten... n-n

Parings: Inu Yasha X Kikyou.

Category: AU, OCc, generalmente. n-nU

Raiting: lemon suave, masturbación, violación, violencia, PG-13 yo señalo el NC-17.

Warnings: Situación muy explicita y lenguaje inapropiado (en este capitulo). Si consideran ofensiva esta historia, no se lea por favor, no deseo dañar u ofender a ninguna persona con el contenido de este texto, arigato.

Nota 1: - Diálogos –, "Pensamientos", - Sueños-, (Flash back).

Nota 2: Inspirado en la historia original del fic El derecho de Gundam Wing escrito por Laie Himura de Fanel. Solo hice la adaptación a mi estilo por que me encanta este fic. Espero les guste.

El Derecho

Una dolorosa sensación en su rostro despertó a Kikyou de golpe exaltandola. Sus ojos castaños temerosos se abrieron repentinamente mirando al sitio oscuro desconocido con horror. La oscuridad de los grandes arboles del bosque era un lugar aterrador, pero unas fuertes manos le sujetaron por la espalda inmovilizándola. Abrió su boca para gritar y pedir ayuda, pero una callosa mano apiñonada se puso en sus labios, callándole efectivamente. Empezó a forcejar violentamente, seguramente en esa oscuridad su padre volvería a golpearla, cuando una voz atravesó la neblina que cubría su mente para calmarla.

- ¡Para de forcejar!, ¡estate quieta o te cargare como un costal de papas! - fue la suave amenaza que recibió.

El forcejeo de Kikyou cesó y se relajó un poco. Inu Yasha, el feroz Guardián de la villa le estaba calmando de un modo amable. El hombre al que ahora pertenecía su vida, el solo echo de pensarlo le hacia estremecerse. Miro a través de los arboles y los rayos naranjas del atardecer alumbraban muy poco el espeso bosque, no cabía duda de que pronto anochecería.

Sintiendo los músculos de la chica de cabellos negros relajarse debajo de sus manos, el hanyou la soltó, la bajo para que se parara en la hierva y se alejó de ella para seguir caminando. Kikyou giró su cabeza hacia él, sus bellos ojos castaños brillantes se pasaban por la pequeña cabaña de caoba que se encontraba frente a ella. No había mucho que adornaba aquella sobria casa, solo un tronco para cortar madera con un hacha incrustada, un viejo cobertizo echo de madera vieja y la espesa hierba alrededor del paisaje, con unos pocos arboles . El guardián abrió la pesada puerta de madera la cual rechino fuertemente, la chica entro con sigilo preguntándose ¿Cómo seria aquel lugar donde viviría por el resto de sus días? Sus ojos recorrían el oscuro lugar, una chimenea de ladrillos, una mesa sin adorno alguno, dos sillas igualmente echas de madera que a simple vista se tornaban incomodas, dos estanterías con platos y un arcón. La casa del guardián de la villa era sumamente solitaria y sobria.

- ¿Qué ha pasado? – susurró la chica al recordar el incidente anterior.

Sorprendido por la voz de la chica después de varios minutos, entro a la casa encendiendo varias velas mientras las colocaba en la mesa y alumbrando el lugar.

- Te quedaste dormida - le contestó el guardián sin mirarla mientras encendía mas velas.

Kikyou vio como el chico tomaba un trozo de tela de una de las alacenas de la cabaña, lo mojo en un bol de cerámica con agua y un líquido con olor a hierbas que saco de entre sus ropas. La chica solo lo miraba con extrañes. Entonces se movió hacia su blanco rostro, la chica al ver que aquel hanyou se acercaba a ella, se hizo hacia atrás hasta que la puerta detuvo su paso, se recargo en ella volteando su rostro y cerro sus ojos fuertemente mientras mordía su labio con igual fuerza, sintió un contacto frio, húmedo y fresco acompañado de un ardor, abrió los ojos y observo como limpiaba con aquella tela mojada los arañazos y raspaduras que su padre le había hecho en el rostro. Kikyou suspiro en señal de alivio, volvió a cerrar sus ojos y trató de alejarse aun que le ardía un poco.

- ¡Para de moverte! - dijo Inu Yasha frunciéndole el ceño - Tus heridas están infectadas por la tierra. Ya estás sufriendo una fiebre, tienen que ser limpiadas o te vas a poner peor – le dijo volviendo a limpiar su cara.

Kikyou seguía mordiendo su labio sabiendo que Inu Yasha estaba en lo cierto.

Desafortunadamente ahora que todo el lío había terminado, empezaba a sentir todos los dolores y malestares en su cuerpo claramente. Después de todo lo que le había ocurrido en los últimos días, estaba en las últimas. Sintió lágrimas quemando en sus ojos y los cerró fuertemente, sin querer avergonzarse más de lo necesario, solo unas perladas gotas resbalaban por sus mejillas carmesí. Cuando escuchó como el guardián se apartaba de ella, pensó que obviamente no había sido exitoso, pero el olor a hierbas era sumamente intenso.

La chica escuchó como el hanyou movía la leña alrededor de la chimenea y aprovechó para secarse los ojos con el reverso de sus manos.

"¡Estúpido!, ¡muy estúpido todo esto!. Todo es culpa tuya. Si hubieras sido más cuidadosa y no hubieras empezado este asunto en primer lugar, nada de esto hubiera pasado, se reprimida Kikyou, mentalmente morirás en tu vergüenza y en tu dolor" – pensaba la chica.

- ¡Toma! – la ex sacerdotisa casi saltó al escuchar la voz de Inu Yasha tan cerca. No lo había escuchado cuando se acercaba a ella. Abrió sus ojos y miró al solemne hombre joven. El chico le ayudó a sentarse, entonces le acercó una taza llena de un líquido caliente a sus labios – Bébelo – le ordenó a la chica.

Kikyou levantó sus manos y las puso rodeando la taza de cerámica, observando el vapor que salía de esta, un olor a hierbas intenso llego nuevamente hasta su nariz. Olía muy bien.

- ¿Que es? – pregunto la chica sonando curiosa.

- Te ayudará a relajarte y recuperar tus fuerzas, necesitas comer, pero creo que no podrás mantener nada dentro, así que hasta entonces descansa tu cuerpo – le dijo el hanyou siguiendo con su labor de los leños.

Cuando lo dijo, Kikyou se dio cuenta de lo enferma que se sintió del estómago al sentarse, ¿estaría bien su hijo? Seria mejor hacerle caso al guardián. Tragó un par de veces aquel líquido caliente para tratar de parar las náuseas que comenzaba a sentir. Con una última mirada al serio rostro de Inu Yasha, sorbió la última gota del líquido caliente lentamente, sin querer se había quemado la lengua al tratar de beberlo rápidamente su boca había quedado con un sabor mentolado y llevó calidez a sus congeladas y golpeadas extremidades. Finalmente la taza estuvo vacía y la joven de cabellera negra se la devolvió al guardián con una sonrisa de agradecimiento. Ahora realmente se sentía mejor al sentir su cuerpo calentarse. Inu Yasha asintió y dejó la taza en el suelo. Kikyou quiso estirarse, pero el chico la detuvo.

- Necesito que te quites la bata - dijo respondiendo la interrogante mirada de la joven.

Kikyou palideció, tomo el áspero material de su bata fuertemente y lo apretó con ambas manos sobre su pecho - ¿Porque?... – pregunto sin entender.

Inu Yasha fastidiado frunció el ceño. Obviamente estaba harto de las inacabables preguntas de la chica sobre sus acciones - Necesito curar todas tus heridas, me he dado cuenta de que hay algunas en tu pecho y estómago – le respondió lo mas calmadamente que podía.

Las manos de Kikyou soltaron la bata de forma lenta y las bajo suavemente hacia su abdomen en señal de aprobación. El hanyou coloco sus manos en la bata de la mujer por los hombros y la comenzó a bajar lentamente, la ardiente sensación causada por la bata rozando contra las heridas de su piel le hizo recordar a su padre, como la golpeó una y otra y otra vez si piedad alguna, llamándole puta constantemente.

- Mira, no tengo ningún interés sexual en ti, así que deja de actuar como una niña o te dejare morir en el bosque - le gruñó Inu Yasha al ver su actitud infantil.

Kikyou parpadeó un par de veces, forzando las lágrimas a dispararse. Entonces levanto sus manos de entre su vientre y se sacó la bata lentamente por encima de su cabeza. El guardián le ayudó y le estaba agradecida, la áspera tela le raspaba la espalda como lija y su vientre dolía con cada movimiento que hacia. Estaba segura de que había unas heridas muy coloridas en su espalda que le eran imposible ver.

Su hermoso cuerpo lastimado y pálido se encontraba de pie, el guardián tomo una sabana limpia y la extendió en la cama, después le indico a la chica que se acostara en ella. Kikyou sumamente apenada camino hacia la cama tapando lo que creía apropiado con ambas manos y se sentó en ella, recogió su largo cabello negro ya que el simple roce de este le dolía y lo extendió a un lado de la cama cuando se acostó por fin.

El hanyou tiró la bata ensangrentada al suelo y regreso su vista ámbar hacia la chica – Estírate – le dijo ayudándola un poco al ver la cara de la mujer con muecas de dolor.

Kikyou abrió la boca para protestar, estaba muy apenada y quería saber por que hacia todo eso a pesar de que no tenía ningún interés sexual en ella, pero viendo la mirada ámbar que le dirigía aquel chico, se sonrojó y obedeció sin decir nada. Fijó su mirada en el techo rugoso de la cabaña y trató de hacer ver que en realidad no estaba allí, seria mejor pensar en otras cosas que en sentir el dolor de su cuerpo.

Las callosas manos apiñonadas de Inu Yasha eran cálidas y sus toques eran completamente impersonales. No trató ni de volverlos en caricias ni nada de eso. Estaba haciendo solamente lo que había dicho que haría, limpiando sus heridas. Kikyou le estaba agradecida por eso, pero al mismo tiempo se sentía increíblemente sola.

Siempre había sido una persona cariñosa y llena de vida, como todas las Portavida y más aún porque en un futuro seria la sacerdotisa principal para proteger el pueblo, pero ahora necesitaba mucho contacto humano, alguien que la abrazara y le confortara. Esa tarea siempre era de Kagome, su hermana menor. Pero ahora no se atrevía a pedirle al guardián semejante cosa. Sabía que el Guardián era un solitario hanyou quien se protegía de la misma cosa que necesitaba.

- ¿Como ocurrió? - preguntó el guardián inesperadamente mientras tocaba un largo moretón en el estómago de la chica.

Kikyou parpadeó y giró su rostro hacia él. Vio al hanyou tomar la tela y empezar a lavar su vientre sin lastimarla tanto. Se movía justamente encima de su sexo, donde el vello púbico comenzaba. Kikyou se sonrojó completamente, pero Inu Yasha parecía no estar afectado por la situación.

Cuando la chica no respondió su pregunta, el guardián la miró, arqueando una ceja mientras repetía nuevamente la pregunta. La chica trago saliva y comenzó a hablar.

- Cuando... Cuando mi padre descubrió que estaba embarazada, se puso muy enfadado. De verdad muy, muy enfadado. Ya lo viste por ti mismo - dijo la ex sacerdotisa lentamente, sosteniendo la mirada ámbar de Inu Yasha con la suya. El guardian asintió para que continuara - Me arrancó las ropas y empezó a golpearme. Yo estaba... Estaba tan asustada de que matara a mi niño que lo único que pude hacer fue protegerlo y recibir todos los golpes - Kikyou parpadeó para alejar las lágrimas, posando sus manos en su vientre que se estaba secando, justo encima del sitio donde su pequeño bebé descansaba - Creo que quería matarlo – dijo con voz cortante.

- Aún podrías perderlo - advirtió Inu Yasha, sus ojos se movieron hacia el moretón que estropeaba la piel blanca del bajo abdomen. Viendo a Kikyou palidecer horriblemente, tocó una de sus manos y la apretó suavemente - Es una posibilidad para la que debes estar preparada, el moretón es muy grande por aquí abajo, creo que tu padre si lo golpeo después de todo. ¿Sangraste después de que te golpeara? – le pregunto gentilmente.

La chica sacudió su cabeza en señal de negación ya que su garganta se había cerrado por completo y lo miro con sus ojos castaños muy abiertos por el miedo.

- Eso es bueno, pero no podemos saber si no causó ningún daño en el interior – le dijo mirando nuevamente el moretón.

- Así que... ¿Que podemos hacer? - preguntó Kikyou con un hilo de voz.

- Esperar, no hay nada que podamos hacer a parte de esperar – le dijo mientras se levantaba y tomaba el bol de cerámica para tirar el agua.

La chica cerró los ojos fuertemente y apretó la mano del hanyou antes de que se fuera, no se había dado cuenta de que la sostenía. Esperar... Esperar y ver si su bebé viviría o no. La peor situación posible para una Portavida. Perder a su bebe.

Cuando Inu Yasha trató de sacar su mano delicadamente de la de Kikyou, esta lo dejó ir. El guardián cambio el agua y volvió a mezclarla con el líquido con olor a hierbas, volvió a sentarse y lavó sus piernas de la chica rápidamente, entonces Kikyou escuchó como el trapo mojado caía de nuevo en el bol. Cuando un olor desagradable llenó la pequeña cabaña, Kikyou abrió sus ojos y miró al guardián con terror. Vio como el hanyou sostenía un pequeño bote y hundía sus dedos en el contenido de este.

Dándose cuenta de la mirada de Kikyou se dio prisa en explicarle - Este ungüento ayudará a que se curen tus heridas y las protegerá de las infecciones.

- ¡Huele fatal! – comentó la chica y pudo jurar que los labios del guardián se movieron ligeramente hacia arriba figurando una sonrisa antes de que volviera a fruncir el ceño.

El hanyou aplicó el ungüento en todas las heridas de la chica de cabellos negros y gentilmente tuvo que admitir que el suave temblor del que no se había dado cuenta hasta que había desaparecido, se había detenido. Kikyou estaba relajada.

- Ahora debes ponerte de lado – le ordenó el chico con una voz que no admitía comentarios mientras que dejaba el bote y empezaba a enjuagar la tela en el agua.

Kikyou se tensó. Casi preguntó porque otra vez, pero suspiró y se acomodó en su lado derecho encarando la pared. Cuando la cálida ropa tocó las raspaduras en su espalda, casi gritó por el dolor, así que apretó los labios fuertemente. Quemaba, pero Inu Yasha se movía rápido, limpiando las heridas efectiva pero tan gentilmente como podía hacerlo. Cuando tocó las nalgas de la Portavida, Kikyou se volvió a tensar y cerró sus manos y puños. Sintió como el guardián dudaba.

- Kikyou... ¿Te tocó tu padre allí? - preguntó suavemente Inu Yasha.

La chica cerró sus ojos fuertemente y tragó saliva, pero permanecía callada.

- Necesito saber si hizo algún daño, si hay heridas en tu vagina se podrían infectar mucho y afectaría a tu bebe – Kikyou lo sabia, pero se negaba a hablar, Inu Yasha repitió una vez mas - necesito saberlo.

La chica volvió a tragar saliva y contesto casi en un murmullo – Sí, cuando... Cuando no tuve mi usual sangrado él... El dijo que necesitaba saber si seguía siendo virgen - Kikyou sospechó que el guardián asentía a su explicación.

Era muy conocido el hecho que las Portavida, cuando comenzaban la adolescencia, sangraban cada mes, una clara indicación de que eran fértiles, ya que no todas las mujeres eran Portavidas, de ahí su nombre. Si el sangrado no venía, solía significar una sola cosa, la Portavida estaba embarazada. Cuando existía alguna duda acerca de la virginidad de una Portavida había un modo fácil de comprobarlo, todas las Portavida tenían un tipo de suave membrana a su interior que protegía el canal del parto que se rompía durante la primera relación (himen). El canal se cerraba entonces solo, abriéndose sólo cuando venía el sangrado, cuando nacía un bebé o cuando se excitaba. Kikyou se mordió el labio inferior, tratando de alejar de su memoria la forzada postura que le hizo tomar sujetándola por las nalgas y la dolorosa entrada de los dedos de su padre hacia su cavidad y su rabia cuando lo descubrió.

- Necesito comprobarlo - dijo el guardián tan suavemente como antes -Sólo relájate, ¿de acuerdo?, lo haré tan rápido como pueda – le dijo acomodándose para no demorar.

Kikyou asintió y respiró profundamente, trató de relajarse tanto como pudo pero le era muy difícil. Aún así no ayudó mucho y hubo un poco de dolor, pero el hanyou cumplió sus palabras. Gracias a sus dedos bien lubricados, el examen fue rápido e Inu Yasha fue mucho más gentil de lo que Kikyou se había imaginado. Cuando el guardián se lavó los dedos en un trozo de ropa que rompió de la tela con la que había limpiado a la ex sacerdotisa, el chico suspiró temblorosamente. No quería tener que pasar por algo como eso nunca, nunca más.

- No hay grandes heridas realmente - dijo el chico después de unos instantes - sólo unas laceraciones, sería mejor si continuamos poniendo un poco de ungüento durante una temporada – le dijo mirando a la chica, la cual seguía en la misma posición que antes.

Kikyou gimió silenciosamente y no salió respuesta de sus labios.

El lavado fue bastante bueno, con unos cuantos lamentos aquí y allí, cuando el chico hubo acabado finalmente y ayudado a la Kikyou a acostarse bocarriba, la chica de cabellos como la noche se sentía cansada y casi dormida. La cubrió con otra delgada sabana para que el contacto de esta no lastimara aun más su piel herida. Parpadeó medio dormida hacia en guardián, el cual veía ahora un poco borroso.

- ¿Que puss… Te en el teeee? – le pronunciaba la chica arrastrando las palabras. Tenía que ser el té. Nunca se había quedado adormecida tan rápido y menos en una situación así.

Inu Yasha se levantó de su posición arrodillada en el suelo, dejó un pedazo más de tela enjuagada en la cálida frente de la chica para bajar la fiebre. Lanzó el agua del bol en un cubo que estaba a los pies de la cama y puso las cosas que había usado en su sitio mientras le decía.

- Necesitas dormir para recuperar fuerzas - Entonces puso más madera en el fuego que quemaba en la chimenea para mantener la cabaña caliente, abrochó con hebilla la espada a su cintura y tomo su largo arco y las flechas.

Kikyou observó desde la cama que el guardián había echo para ella y le dijo - ¿A D… nde vas?... – pregunto terminando con un bostezo.

- Tengo trabajo que hacer, patrullo la frontera y hoy he desatendido mi tarea – le respondió abriendo la puerta de la cabaña mientras buscaba algo a las afueras.

"Por mi culpa" - acabó mentalmente Kikyou diciendo con lo que el hanyou decía. Era en realidad una carga para el guardián, lo sabia muy bien, entonces, ¿Por qué la reclamo?, ¿Por qué no dejo que su padre la matara a golpes?, ¿Por qué acepto la petición de Kagome?, pero su mente estaba demasiado mareada como para pensar en eso.

- Trataré de traer algo para comer, Taisho te protegerá mientras estoy fuera – dijo silbando fuertemente en dirección al bosque.

- Ta… ¿Qué? – preguntó la chica en un susurro mirando al joven curiosa.

Como respuesta, miro a Inu Yasha agachado mientras acariciaba a un gran perro blanco. Si Kikyou no hubiera estado medio dormida, sus ojos se le hubieran salido ante la presencia de aquel animal. Nunca había visto un perro tan grande como ese, con ojos rojos y la pupila azul como el mar, pelaje sedoso a la vista, blanco y largo y enormes orejas.

Inu Yasha dirigió al animal hacia la cama, la chica solamente veía la escena sin poder pronunciar palabra, tomo con delicadeza una de las manos de Kikyou y se la acercó a la nariz de Taisho.

- ¡Amiga! - dijo fuerte y claramente, mirando directamente a los ojos del perro. Taisho olio la mano de la nueva humana, entonces la lamió y movió la cola en señal de afecto – ¡Proteger! - Ordenó el hanyou sin apartar la mirada de los ojos del perro. Repitió la palabra dos veces más antes de dejar la mano de Kikyou de nuevo en las sábanas. Entonces Taisho miró a Kikyou que observaba toda la escena con una extraña indiferencia y preocupación. Lo que fuera que Inu Yasha había puesto en el té era muy fuerte. Taisho meneó su cola y le enseñó sus afilados y enormes dientes blancos en una versión canina de una sonrisa.

Con las flechas y el arco en una mano, así como una katana en la cintura, el guardián tocó las mejillas carmesí de Kikyou para que le prestara atención.

- Aún sufres de fiebre, así que quédate en la cama y duerme, haré algo de comer cuando vuelva, no salgas de la cabaña sin mí por ningún motivo, los bosques aquí son peligrosos, si debes ir al baño usa el cubo que he dejado a los pies de la cama, ¡no salgas fuera!, lo digo en serio Kikyou - repitió el guardián severamente, tomo el mentón de la chica y lo levanto hacia su rostro, obligándole a apartar sus ojos del sonriente perro y a mirarle directamente a sus ojos ámbar - Si ocurre algo, envía a Taisho a buscarme, me encontrara te lo aseguro, ¿entendido? – le pregunto a Kikyou, la cual sólo parpadeó pesadamente, estaba realmente somnolienta, lo que hizo que el hanyou volviera a preguntar - ¿Entendido?.

Después de parpadear dos veces más de la misma manera Kikyou asintió y susurro – En… tiend… do.

Inu Yasha asintió y se giró hacia la puerta. Antes de que consiguiera salir de la cabaña y cerrar la puerta detrás de él, observo que Kikyou estaba profundamente dormida y cerró la puerta.

Taisho subió a la cama y después de olisquear a Kikyou de pies a cabeza una vez mas, apoyó su cabeza suavemente en el abdomen de su nueva humana. Bostezo y cerro lentamente sus ojos, estaría alerta, pero ahora solamente tenía alguien a quien proteger.

-Fin del capítulo 2-

Notas de la autora: Palabras dulces de un conejo.

Hola gente bonita, he aquí el capítulo 2.

Como varios capítulos ya los tengo, los subiré un poco más rápido de lo habitual, les mando agradecimientos especiales a nekochan y Serenity usagi, muchas gracias por leer y escribir XD

Cuídense mucho y ya saben:

Dudas, criticas, comentarios, jito matazos, naranjazos, ladrillazos y todo lo que termine en zos es bien recibido... No me enojo... Todo menos virus ya saben ¬¬U...

Dejen reviews porfis, porfis, mientras más dejen más rápido subo el otro cap (chantaje ¬¬) jejeje n-n, no de verdad, es una estimulación para mí, lo juro jeje.

Matta ne!

Propaganda: lean mis fics n-n. Chuus! (Besos!).