Hola! Muchas gracias por esos primeros reviews :) de verdad. Espero que este siguiente capítulo también os guste y si tenéis alguna duda o no habéis pillado algo decirmelo que os intentaré ayudar a entender.
Así que os espero para saber vuestra opinión ^.^ ¡R&R!
Disclaimer: Twilight y los personajes no me pertenecen, sólo la idea de está historia...
Capítulo 2: 'Thinking of You'
-¡Isabella, deprisa ven!
Corrí hasta llegar dónde mi amiga Ángela me guiaba de la mano, casi no podía seguirle el paso de lo veloz que iba. Ella, era una chica serena y tranquila. De unos pacíficos ojos azules, cabellos rubios ondulados hasta los hombros y una sonrisa apaciguadora. Era mí mejor amiga, no la cambiaría nunca por nadie.
-¡Aquí!-dijo frenando en seco en un pequeño claro entre los nísperos-. Sí tú no me quieres decir que es lo que te pasa, te lo diré yo. ¡Ya lo he averiguado! ¿Cómo no me habías dicho que Edward va a volver? No me lo puedo creer-dijo de manera torpe y acelerada.
Lo ha averiguado.
Está última semana yo había estado un tanto ausente. En mí propio mundo, recordando todos los momentos vividos con Edward y, cómo posiblemente sería nuestro reencuentro.
Había momentos en los que parecía estar feliz, ansiosa porqué los días pasaran más rápidos, pero eso verdaderamente, no duraba demasiado. ¿Y si no cumplía sus expectativas? Sólo era una chica sin apenas formación, pueblerina, y ni siquiera había conseguido alcanzar mis metas... Le decepcionaría...
Y ella me lo había notado, insistía en que me ocurría algo, lo percibía.
Primero, pensó en la remota posibilidad de que mi madre al fin, me había hecho reflexionar y que le daría alguna oportunidad a algún chico del pueblo. Después, de seguir rechazando a Mike, día tras día, de un modo u otro, se dio cuenta que debía ser otra cosa. Me preguntó también por mi relato- más bien mi primer esbozo-. Una noche de está semana, que cómo ya se había hecho costumbre en un mí, el insomnio me inspiró una historia de romance. Sin perder tiempo anoté las primeras ideas, y los futuros acontecimientos que sucederían con los personajes y, finalmente, a lo largo de los días ya tenía pensado el final. Sólo me faltaba ponerla en tinta; aunque seguramente el argumento no agradaría a nadie, y la verdad es que era demasiado predecible. Mi amiga, se desanimó notablemente al darse cuenta que no podía adivinar que era lo que me tenía diferente, pero prometió que lo descubriría. Y no a tardado mucho en hacerlo.
-¿Cómo lo has sabido?-le dije en un susurro, muy desconcertada, ya que todavía la gran noticia no se había hecho pública.
-La señora Masen ha recibido una carta de él. Diciéndole el día que llegaría a la capital. La estaba leyendo en voz alta a su marido muy ilusionada. ¡Y desde que lo escuché, supe que era lo que te tenía tan aislada! ¿Pero, por qué? La verdad, no lo entiendo... ¿No deseabas que regresara?-dijo dudosa y sentándose en la hierba.
-No es eso...-dije tras un incómodo silencio-. En realidad, quiero que venga. ¡Han sido 10 años Ang! Pero tengo miedo de que las cosas no estén como antes, que él haya cambiado, que ya no me miré del mismo modo, y que...
-Tonterías. Edward no es así, Bella. Erais uña y carne, y eso, no se puede olvidar. Toda vuestra niñez juntos...-dijo soñadoramente-. ¿No te gustaría volver, allí?-sonreí al imaginármelo. ¡Claro que quería!
-Os tenéis que poner al día. Y después, dentro de unas semanas, la llama se volverá a encender y él...
-¡Ang! No te montes una novela sólo con tus conclusiones-dije mosqueada.
-Pero si sois el uno para el otro. Siempre juntos, siempre cogidos de la mano... Ben y yo siempre os gritábamos "parejita" y otras estupideces. Y no me digas que éramos niños. ¡Hasta el Señor Masen lo mencionó alguna vez!
-No te voy hacer caso y lo sabes.
-Correré el riesgo, pero seguramente pasará lo que yo estoy prediciendo.
Me dejé caer hacía atrás. Cuando Ángela se ponía soñadora, no se podía hacer nada para evitarlo. Sólo cerré mis ojos, esperando que se cansara de hablar. Ella prosiguió hablando hasta que caí en la cuenta de un detalle que se me había escapado.
Me erguí de pronto y la miré suplicante.
-¿Cuándo?-la interrumpí.
Sonrió pícaramente, sabiendo perfectamente que estaba preguntando.
-En 5 días-dijo ensanchando su enorme sonrisa.
Antes de servir la cena se anuncio una pequeña congregación de todos los trabajadores de la finca frente los señores en el jardín trasero de la mansión.
Todos estaban preocupados sin saber exactamente de que podía tratarse. Ángela y yo éramos las únicas que teníamos idea de que se trataba. Ella no dejaba de enviarme sonrisas jocosas que no ayudaban a relajarme y así olvidar el tema por unos cuantos minutos.
-Bien-comenzó el Duque Masen con semblante sereno-. Os hemos reunido aquí para anunciar una noticia que tanto como a mí, como a mi esposa, nos ha emocionado de manera sobrecogedora. Nuestro hijo Edward, va a regresar de Europa en 5 días después de tantos años-suspiros de alegría se oyeron por doquier estremeciéndome-. Le esperamos el Sábado antes del anochecer. Para este gran día, queremos prepararle una pequeña celebración íntima con los amigos de la familia más allegados-dijo el señor una mueca de resignación.
-Pero también, a parte del día de la fiesta, queremos que toda la casa y la finca estén impecables, que todo esté perfecto. Será un reencuentro muy emotivo y queremos que se sienta muy bien acogido-terminó la señora Masen rápidamente.
-Contamos con vuestra disposición, y ayuda-dijo el señor Masen a modo de despedida-. Eso es todo.
Ángela vino corriendo y se me colgó del brazo esperando ver alguna reacción en mí.
Yo sólo era consciente que sólo con que alguien dijera su nombre, mis piernas temblaban nerviosamente.
Sin más, nos pusimos a trabajar muy duro. La señora Masen ordenó limpiar todas las cambras de la casa para posibles invitados. Comenzamos a organizar la comida que se emplearía en el día de la fiesta, las flores que decorarían las entradas, la nueva mantelería... Todo estaba más que preparado.
Cuándo sólo faltaban 2 miserables días para que llegara, me creía que moría. A penas había dormido, el nerviosismo de los empleados era contagioso y yo sólo podía pensar en él, Ángela me veía con una marioneta y lo utilizaba para reírse de mí.
En el fondo, era su culpa también. Me había llenado la cabeza de pájaros. En un momento que me quedé dormida en el escritorio soñé con él. Y fue el mejor sueño y el más real que había tenido en toda mi existencia...
En él, yo estaba buscándole por alguna parte de un desconocido bosque, pero no lo encontraba, no estaba. A primera vista, me pareció un sueño poco real, de esos que vas corriendo detrás de algo que nunca serás capaz de alcanzar, pero todo cambió en el momento que me di por vencida.
Me senté de mala gana, al pie de un bonito sauce y le llamé en silencio, acariciando su nombre suavemente, esperando, tal vez que por un milagro, respondiese.
Y eso, no tardó en suceder. Apareció de entre unos matorrales. Sus ropas estaban estropeadas, manchadas por el fango y por la verde vegetación. Me miró directamente dejándome sin respiración al ver sus ojos. ¡Los había extrañado tanto! No habían cambiado ni un ápice...
Se acercó despacio y saboreando cada paso que daba, sin dejar de hacer contacto visual conmigo. Me alcé instintivamente. Mi mente ya no me decía nada, sólo existía nuestro silencio y el movimiento de la refrescante brisa.
Era todo tan natural, como si así debiera de ser siempre. Nos separaban unos escasos centímetros y me deslumbró cómo siempre con su sonrisa. Con parsimonia, me agarró la mano y depositó un suave beso en ella. Mi cuerpo entero se tambaleó ante su roce. Su sonrisa se hizo aún más grande y me llevó hasta detrás de los matorrales, yo simplemente me dejé guiar, incapaz de hacer lo contrario.
Ninguno hablaba. Sólo avanzábamos hacía algún horizonte. Después de lo que a mí me parecieron unos pocos minutos, llegamos a nuestro destino. Era nuestro lago, se veía aún más hermoso que por la mañana. La luz de la luna le aportaba un encanto especial.
Sin soltar mi mano, se sentó en la orilla y me animó a imitarle.
Me fijé en toda su cara, se podía apreciar que había crecido, pero seguía siendo mi Edward. Aquél niño adorable de ojuelos bajo sus mejillas.
Su otra mano se alzó tan rápido que me pareció un espejismo y se depositó en mi mejilla izquierda.
Cerré los ojos para apreciar mejor lo que ocasionaba en mí sentir su cálida piel sobre la mía y, tras trazar unas dulces caricias abrí los ojos, curiosa de saber cómo sería ahora su expresión.
Y, me sobresalté. ¡Tenía su rostro a milímetros del mío. Parpadeé unas cuantas veces para cerciorarme de que era real y en ese instante junto sus labios con los míos. Delicadamente profundizó el beso y yo accedí todavía incrédula. Me acercó más a él con su mano en mí rostro y me perdí en ese beso, en nuestro beso.
Inevitablemente me desperté con mi respiración agitada y jadeante. Levantando mi frente del escritorio y decepcionada que sólo hubiese sido un misero sueño.
Nunca creí tener tanta imaginación para soñar con él, pareciéndome tan real, cómo un dios helénico de la antigua Grecia. No pude reprender el sueño, y sentada esperé que mis latidos regresaran a su curso habitual.
-Ya está bien, ¿no crees?
La miré extrañada, no le había contestado mal, ni siquiera le estaba hablando. ¿Qué mosca le picaba ahora?
-Sabes de lo que hablo-dijo con tono arrogante, y supe que estaba furiosa.
-No, pues no caigo-dije encogiéndome de hombros e intentando pensar que era lo que había hecho mal está vez.
-Hablaremos en la noche. No es ningún juego-dijo mi madre, marchándose de la cocina dándome otra mirada reprobatoria.
Fui a limpiar las salas de la casa que se le habían adjudicado a Ángela. Pero, ella ya llevaba unos días ayudando a Eleonor, que por lo visto aún no se encontraba mejor, y le cedí la tarde libre para que saliera un rato con Ben.
Llevaban más de un año juntos. Y dentro de poco, tenían prevista la boda.
Se veían tan bien juntos. Él era el cochero de principal del señor Edward, y siempre ha sido un hermano mayor que me a ayudado con las tareas que me resultaban difíciles. Es honesto, sincero y, porqué no decirlo realmente atractivo. Ángela no tenía mal gusto, de eso no cabía duda.
-Isabella, limpia también los huecos de las cortinas, ahora que todavía no están puestas-dijo alegremente la señora Elizabeth.
-Sí, señora-dije yo también contenta y obedientemente. Su buen humor me recordaba que él volvería pronto, que Edward regresaría.
Se quedó un rato observándome. A mí no me molestaba, sólo me limitaba a limpiar como debía y punto. Al terminar, ella seguía allí.
-¿Sabes?-me dijo con una ceja alzada-. Estás más bonita cuándo sonríes. ¿Hace tiempo que no lo hacías verdad? ¿O me equivoco?
Me sonrojé violentamente.
-Bueno, creo que sí-dije apenada y aún con mi vista al suelo.
-Pues hazme caso, deja salir tu sonrisa más a menudo-dijo abandonando la sala principal.
No entendía muy bien la reacción de la señora Masen, ya que no siempre estaba de este humor, ni tampoco hablaba conmigo desde hace unos cuantos años, pero me alegró que lo hiciera.
La noche llegó inevitablemente y después de cumplir todas las tareas, servir la cena a los patrones, y cenar me retiré a mi habitación con mi madre pisando mis talones, aún mosqueada.
Entré y ella me imitó cerrando la puerta tras de sí.
-Haber, primero de nada. Quitate ya esa cara de tonta que no has dejado de tener en estos días. Parece que no lo has adivinado, ¿de verdad no sabes de que te voy a hablar?
-No-dije con autoridad pasando por alto sus primeras frases.
-Pues que estás cómo tonta, esperando la llegada de Edward. Pero, ¡no tienes que hacerte ilusiones! ¿No entiendes que él es el hijo del señor Masen? ¿Tu futuro patrón? Y tú estás que me mueres porqué él vuelva... ¿Esperas que se fije en ti o algo? ¡Vamos, te creía más inteligente, Bella!
Mis ojos escocían fuertemente. Yo muchas veces pensaba eso, en mi mente, pero era muy diferente que alguien te lo gritara y dolía más si era tu madre. ¿Ella en teoría, no debería entenderme? Estaba enamorada de Edward Masen y no podía evitar sentirme así...
-¿No dices nada? ¡Tú, la señorita tengo respuestas para todo!
Le giré la cara para que no me viera llorar. Era humillante. Ella se mantuvo en su lugar con las manos en ambas caderas esperando una reacción por mi parte, pero no la hubo. Y al final se cansó y me abrazó.
-Isabella hija, mira, no tienes porqué verle tan pronto si quieres. La señora me ha pedido un encargo y he de ir a la capital. Tardaríamos unos 3 o 4 días. ¿Recuerdas que pidió hacer una cortina nueva con unas telas finas de la ciudad? ¡Pues aún no se las han traído! Quiere que vaya cuánto antes. ¿Vienes conmigo? Así te despejarás y estoy más que segura que no habrá ningún problema con que tú vengas conmigo.
-No, no-dije separándome de su abrazo.
-Pero, Bella, ¡es mejor! Tienes que dejar de pensar en él. Sé cómo te sientes, aunque tú no me creas, pero esto no irá a ninguna parte. Él es un chico joven y rico, que se casará algún día con alguna chica fina y delicada y de buena posición...
-No te lo digo para hacerte daño, cielo-dijo acariciando mi mejilla y secando las incansables lágrimas que habían invadido mi rostro-. Pero sabes que eso será así.
Con el camino libre gracias a la marcha de mi madre a la cuidad, decidí arreglarme un poco para el gran día.
Ángela me había cambiado el día de trabajo para tener este libre y así alistarme.
Sabía que sonaría ridículo, pero quería estar presentable para cuándo él llegase a la casa.
Vendría con su prima Rosalie, con la que ha estado viviendo todo este tiempo.
Me fui al lago y me introduje rápidamente. Deseando que el agua inundase mis poros. Sintiéndome limpia y relajada. Y evitándo pensar en las duras palabras de mi madre...
Una vez seca y con la ropa limpia me fui a la cocina para poder ayudar en algo.
Todos estábamos mucho más ocupados que de costumbre. Y lo agradecía, ya que contaba con menos tiempo para pensar coherentemente, y lo más importante: Mike no me había vuelto a sugerir nada de salir con él.
Sonreí agradecida y esperaba de corazón que no me insistiese más.
-¡Bella! ¡Qué haces, vas a ensuciarte el vestido!- gritó Ángela alarmada.
-No pasa nada, Ang-le dije sonriendo de nuevo.
-¿Cómo que no pasa nada? ¡Es el vestido más bonito que tienes, el especial para los días festivos! Además intercambiamos el día, hoy no trabajas.
-Me siento inútil si no hago nada.
-Y supongo, que si no te entretienes con algo te vas a arrancar los pelos de tu cabeza...
-¿Qué?-inquirí.
-Vale, mira si quieres ayudar en algo, dile a Ben que a las cinco saldrán los señores para ir a recoger a Edward.
-Está bien-le dije dándole un suave beso en la mejilla.
Estuve entretenida hasta las 5, la hora que se fueron los duques para recogerle. En ese momento perdí la poca cordura que me quedaba. ¡Estaba desesperada!
Tenía tantos deseos de verle...
Alé, el segundo capítulo! ¿Qué tal? ya queda poco para que vuelva...
hahah
Kathie*
