2.-Segundo capítulo: Niños.

Cuando estuve lo suficientemente cerca de la atracción pude ver a un hombre, con una gran capa encima, apoyado en el carrusel. Sin saber cómo ya estaba frente a él, y por su mirada supe que efectivamente me estaba esperando. Tenía el cabello negro al igual que sus ojos, y a diferencia de Natsu él no ocultaba su rostro, simplemente la capa que usaba le cubría todo el cuerpo, por adelante y por atrás. Su rostro era relajado, tranquilizador, casi armonioso, así que era imposible apartar la mirada de él. Tenía demasiadas preguntas, pero simplemente habían desaparecido al llegar allí, como un desinterés involuntario.

Estoy muerta. Estoy atrapada. No existo. ¿Por qué debería hacer algo?

—Bienvenida… —Dice calmado—. Soy El Cuidador de las almas, de la vida, precisamente, Zeref. Te tardaste un poco en llegar aquí pero por fin nos encontramos, Lucy Heartfilia.

—Heartfilia…

—Es tu apellido. Aunque lamentablemente no lo recuerdas.

De repente hay mucha gente a nuestro alrededor, en ese parque de atracciones, reunidas en un círculo para dejarnos a nosotros en el centro. Pude reconocer enseguida que estaban muertos, por la forma en que nos miraban, sus expresiones eran tan vacías, tan carentes de algún sentir, de algún propósito. Me miraban fijamente y eso me hizo sentir extraña, solo eso, extraña, nada más. El Cuidador (o Zeref) me miraba de forma atenta, como si mis reacciones le interesaran. Yo no sé qué esperaban de mí.

— ¿Por qué hay… por qué me miran…? —Pregunté sin pensarlo muy bien.

—Son almas acabadas. Siempre pasa cuando llegan como tú, eres algo curiosa, pero luego se irán. Por favor, sígueme.

Y así hice, lo seguí en silencio, con algunas preguntas sin sentido en mi mente, si es que le puedo llamar así. Era como una niña perdida siguiendo a algún desconocido que intenta ayudarla, aunque la comparación no tiene mucho sentido realmente. Me llevó a un lugar en específico del parque, un lugar amplio rodeado de puestos de comida y cosas así, pude visualizar a una persona limpiando el lugar, pero como suponía no puede vernos. Zeref tocó el suelo y una luz rodeo mi cuerpo, pero no era realmente una luz, era más bien algo parecido a la energía. De pronto se empezaron a proyectar varias imágenes frente a mí, no puedo describirlas, es imposible llegar a imaginar algo así de hermoso, sentí…realmente sentí paz, casi como si volviera a estar viva. Hasta que desaparecieron de golpe. Me sentí destruida…

—Hazlo de nuevo… —Supliqué, esperanzada.

—Estaría en contra de la naturaleza si lo hiciera. Pero era necesario mostrártelo, mostrarte como se puede llegar a sentir la paz, algo que ninguno de nosotros puede experimentar… a excepción tuya. Lucy, tu alma puede renacer, sentir. Escapar de este lugar. Por eso eres tan especial e importante aquí.

Estuve en silencio por unos segundos, analizando todo lo que me decía, o eso pensaba hacer, hasta que las palabras salieron por sí solas de mi boca.

— ¿Por qué yo…?

—En el mundo real, ocurrieron una serie de asesinatos en cierto tiempo, todos ocasionados por la misma persona. Tú fuiste uno de esos asesinatos, el último, de hecho, y ahí está la diferencia. El por qué te necesitamos.

—Eso significa que…

—Exactamente, el asesino también murió. Se encuentra aquí, atrapado, al igual que todas las almas que arrastró. Pero… —Arruga la frente con impotencia—… ni si quiera yo puedo saber quién es.

Había sido asesinada. Yo. No estaba asombrada, no sentía odio, ni si quiera curiosidad, solo estaba muy inconforme con que mi vida se haya ido de esa manera, nadie merece que le arrebaten ese placer para esto. Y no había sido solo yo, había muchos más. Lo peor de todo esto es que lo único que sé de mis recuerdos es algo horrible, y ni si quiera tengo la libertad de sentirme lo mal que debería; ¿Cómo fue mi muerte? ¿Por qué? ¿Cuánto dolor fui capaz de soportar? . Simplemente tengo que conformarme a estar unida al destino de mi asesino para siempre.

— ¿Eso qué tiene que ver con que yo pueda…renacer? —Pregunté

—Si encuentras quien es el asesino, todas las almas que están aquí por su culpa serán liberadas, obviamente incluyendo la tuya. Pero solo tú puedes hacerlo, por eso te estuvimos esperando con paciencia, necesitamos tu ayuda.

Se veía igual de tranquilo que antes, pero su tono de voz había cambiado, estaba preocupado, y eso solo me hizo pensar que no muchas veces hay oportunidades para liberar almas de este lugar interminable.

Pero lo importante; podría volver a vivir.

—¿Cómo es que seré capaz de hacerlo sin tener mis recuerdos? Ni si quiera…existo…

—Existir es solo una palabra —Él simplemente miró al cielo, podía visualizar como su silueta se hacía cada vez más borrosa—. Algunos recuerdos siempre quedan vagando en este lugar, encuéntralos, pero no necesariamente serán tuyos. Vas a tener que buscar muy bien.

Cuando me di cuenta ya no estaba ahí, pero no lo culpo, él debe haber estado aquí más tiempo del que imaginaría (y no me refiero a esperarme, sino a estar literalmente en este lugar). Así que un poco confundida me di la vuelta para ir a cualquier lugar, no estaba segura de nada, solo sé que el mundo de los muertos era algo completamente extraño y misterioso. Necesitaba encontrar los recuerdos, necesitaba encontrar al asesino, necesitaba encontrar a las víctimas. ¿Pero cómo se supone que iba a hacerlo en ese lugar dónde nadie sabe ni quién es? Recién me percaté que era de día cuando vi la luz en el suelo, según recuerdo al llegar aquí estaba recién comenzando a oscurecer, pero tampoco siento que le prestara tanta atención a eso. No sé cuánto tiempo estuve hablando con Zeref pero no me extraña.

Una pelota rodó hacia mis pies, traspasándolos obviamente, y vi a un niño correr hacia mí.

— ¡Wow, esa niña puede traspasar cosas! —Dijo, asombrado.

—No seas tonto, no es una niña. ¡Es más grande! —Respondió otra niña pequeña junto a él.

Parpadeé un par de veces. ¿Ellos podían verme?

—Niña, niña, niña. ¿Puedes pasarnos la pelota?

Como no sabía qué hacer simplemente hice lo que pedían, me agaché y estiré mi mano para alcanzarla, pero solo había quedado como una tonta al darme cuenta de que efectivamente no puedo tocar nada. Negué con la cabeza algo decepcionada, y si hubiera estado viva estaría segura de que en ese momento sentiría envidia por ellos, aunque no tendría mucho sentido ya.

—No puedo… —Me esforcé por hablar lo mejor que podía.

Vi como fruncían el ceño y se miraban entre ellos.

— ¿No puedes hablar bien, niña? —Dijo él, y recogía la pelota sonriente—. ¡Eres como Wen!

—Si puede hablar, solo que no se le entiende, tonto… —Dice esta vez la niña, de modo infantil, y parecía que se le cruzaba una idea por su mente—. ¡Sí, tienes razón, es como Wen! Quizás se hagan amigas… ¡si, si!

— ¡Síguenos niña!

No estaba segura de sí hacerlo o no, era impresionante que dos pequeños pudieran verme, pero también podría estar perdiendo el tiempo en esto cuando tengo que concentrarme en renacer. No sé por qué, simplemente los seguí, se sentía bien ver a alguien existente de esa manera, aunque debo admitir que me costó hacerlo por la lentitud con la que iban o las pausas extrañas que los cuerpos tomaban. Al final se detuvieron frente a una señora algo mayor, con un delantal de cocina, y otra un poco más joven que hablaba animadamente con ella. Y sentada en el primer peldaño de la escalera se encontraba una niña mirando al suelo.

—Mami… ¡Tenemos una nueva amiga! —Gritó emocionado el niño, apuntándome—. ¡Y es igual que Wen! ¿Puede quedarse a jugar en la casa? ¿Si…?

La madre les sonrió tiernamente a ambos y asintió, sin si quiera mirarme, era obvio que no sabía que existía, y escuché claramente como le susurraba a su amiga: "Están en la etapa de los amigos imaginarios, ya se olvidarán de ellos". Pero tenía algo de curiosidad por la chica que mantenía su vista en el suelo. ¿Cómo que era igual a mí…?

— ¿Lucy…? —Oí que salía débilmente de sus labios.

Al levantar la vista noté que tenía una mascarilla puesta que le cubría desde el cuello hasta la nariz, sus ojos estaban inundados en lágrimas, unos ojos color chocolate que me parecían increíblemente familiares. Su ropa estaba muy sucia; una falda rasguñada de color rosa, una polera azul y sus pantys de color negro, nada más. Pero lo que más resaltaba de su aspecto era su largo cabello azul. No la conocía, pero ella a mí sí.

— ¿Wendy? ¿Qué te pasa? ¿P-Por qué estas llorando? ¿No te gusta tu amiga? —Dice la niña preocupada, llorando también.

— ¡¿Q-Qué le hiciste a Wen?! —Grita el niño recriminando a la otra pequeña.

La tal "Wen" se pasa las manos por los ojos y niega. Con una expresión triste, algo tétrica, comienza a escribir en el suelo letras de forma rápida, aunque no puedo decir si los vivos lo ven a esa velocidad o no. Yo seguía quieta, mirándola, si no sentimos; ¿Cómo es que puede llorar así? Este mundo está mal.

"Estoy bien" Decía.

Me miró y sentí como si las cosas pasaran más rápido de lo normal. La madre pasó por delante de nosotras sin notar nuestra presencia mientras su amiga se retiraba, se agachó y empezó a consolar a sus hijos para que dejaran de llorar, aunque ella obviamente no comprendía por qué. Sinceramente ni yo lo hacía. Ni yo sabía por qué me sentía distinta, casi como si una pequeña parte sobre la vida pasara frente a mis ojos. Intentaba comprender. Al final los niños se despidieron de nosotras de forma rápida para ir tras su madre, que les iba a dar helado para que se calmaran. Helado… No recuerdo cómo era ese sabor.

Cuando se fueron me senté junto a ella casi por impulso. De pronto el tiempo se hizo más lento de lo normal, todas las personas avanzaban de una forma lenta y continua, era perturbador. Les tomaba segundos pestañear y parecía que simples movimientos costaran minutos. No me sorprendió, solo que jamás los había visto así. El tiempo… era tan confuso.

— ¿Cómo… sabes mi nombre? —Pregunté sintiendo la garganta seca.

—Apareciste en mis recuerdos —Lloró aún más. Sentí mi piel congelándose cuando habló, su voz era desgarradora, para nada de una niña—. Antes… ya había conseguido pequeños fragmentos… pero ahora… ahora fue demasiado. Dolor. Solo había eso.

—Pero nosotros no sentimos.

— ¡¿Crees que miento?!

Wendy se levantó rápidamente de allí, tenía un aspecto terrible, podía notar como empezaba a traspirar desesperadamente y bajo sus ojos había unas cuencas terribles. Lo más aterrador de eso era que su piel se estaba deshaciendo, sí, deshaciendo, como si de cortar un papel se tratara, aunque ella no parecía notar eso. Caminaba de un lado a otro temblando, respirando agitadamente, dando la sensación de que se estuviera ahogando aun estando muerta. Más importante… ella recordaba. Esta era mi oportunidad, las memorias de las que habló Zeref, quizás aquella niña recordaba algo útil.

Pero no ayudaba mucho que ella estuviera así.

—Cálmate…

— ¡No puedo, Lucy! ¿En serio no recuerdas nada? —Se agarra la cabeza gritando, tirándose los cabellos con tanta fuerza que da la impresión de que se los estuviera arrancando lentamente. Ella lloraba mientras intentaba respirar fuera del agua.

Por primera vez me sentía impresionada e impotente ante ellos, ella de verdad parece estar sufriendo, pero desgraciadamente ella no siente nada específicamente como para intentar ayudarla. Está loca. Sólo podía ser eso.

Me levante rápidamente y le quite las manos de la cabeza, haciendo fuerza para que se quedaran abajo. Ella jadeaba mientras su pecho subía y bajaba de manera violenta. Compasión. Por un momento sentí eso, lo juro. La niña frente a mí me miró de manera inexpresiva, pedazos de su rostro se estaban empezando a caer, debajo de la piel caída solo había un tono gris, casi invisible, casi como si no hubiera color.

— ¿Qué recordaste? ¿Cómo lo lograste? ¿Cómo puedo recordar yo?

—Yo… —Sus ojos desprendieron un brillo rojo; eran rojos—. Recordé mi muerte. Y tú estabas ahí.