Hola! Siiii, no tengo vergüenza, jejeje se me fue con la cordura xD, pero para compenzar mi perdida aquí dejo esta actualización que sé las dejara con ganas de más.
Gracias por su paciencia y espero les guste el capitulo, lo hice con mucho cariño y dedicación, para mi adorado Sesshomaru.
A leer!
CAPITULO 2
Abriendo los ojos acudió cada centímetro de culpa y remordimiento de lo que habías hecho... suponer y siquiera olvidar, se convertía en una ardua batalla contigo misma. Abres los ojos intentando mitigar la culpabilidad, sientes a tu lado un cuerpo moverse y lo relacionas inmediatamente a tu situación actual, en donde estabas unida a un compromiso con los que confiaban en ti y con un hombre...o sería mejor resaltar el hecho de que era un demonio y que estabas casada con él. Miraste tu dedo y notaste el aro dorado que adornaba tu dedo en una fiel muestra de tu compromiso a él. Te volteaste a verlo, reconocerlo y tratar de despertar en la pesadilla que deseabas que fuese, y notaste la tranquilidad en su rostro, la paz de su expresión, la belleza de sus facciones, la palidez perfecta de su piel, el brillo de su cabello contrastando con el frio día que hacia esa mañana. Y en ese momento quisiste irte, a cualquier junta y ocupar tu mente lejos del hecho de estar en una casa que no era la tuya y un esposo que tampoco lo era, aunque una hoja digiera lo contrario.
Te levantaste suavemente evitando que se despertara y tal vez estropearte cualquier intento de escapatoria de aquel espectáculo que se habían encargado de montar todos tus colegas. Caminaste lentamente por la habitación y en ese instante te llamo la atención la habitación en la que habías amanecido, notaste el color azul eléctrico del que era poseedor, al igual del blanco y las puertas opacas con tallados rectos y exóticamente singular...una habitación que parecía tan fría, al igual que su dueño...o eso era lo que a todos hacía pensar, ya que esa anterior noche sentiste su calor llenarte completamente arrullándote en el placer y la tranquilidad de su presencia tormentosa. Notaste todas tus ropas y las de él en el suelo, aun desnuda te agachaste y cogiste la que parecía ser de él en la ceremonia de su casamiento, la acercaste hasta tu nariz y aspiraste fuertemente embriagándote con su aroma masculino, el cual también sentías sobre tu propio aroma. Te cubriste con este tu desnudez y te dirigiste hacia donde era tu closet o el de ambos...no sabias muy bien. Notaste que había parte de tu ropa allí, la mayoría, la otra debería estar en tu departamento, reprimiste un suspiro ante el estrepitoso cambio de tu vida. Te vestiste con lo primero que encontraste y sin importar que mas sucediese saliste de la habitación sin voltear atrás... porque tal vez, al mirarlo, se derrumbara el valor de alejarte y pensar… ¿por qué? No querías redondear esa pregunta.
—Vamos Ahome, yo sé que es difícil, pero, ya no hay vuelta atrás, es más ya estas casada con él.
—Sí, tienes razón, pero no me siento muy bien con esto, además que hay cosas en ese acuerdo que no estoy muy segura.— susurraste al tiempo que buscabas los documentos del contrato en tu escritorio. Había algo que no te cuadraba muy del todo, un sentimiento de alerta te golpeaba en las últimas 3 horas, después de salir de la interminable mansión Taisho, te surgió un extraño presentimiento.
—No creo que haya algo peor de lo que ya hiciste... de igual forma deberías ir a la misión.
—No...No lo creo, esa mansión es demasiado grande y me sentía mal, además que, ¿qué mejor distracción que venir a la comodidad de mi oficina y charlar con una amiga?— finalizaste con una sonrisa que devolvió Sango.
—Pues sea lo que sea que pienses, debes de estar muy mal visto que no estés con tu esposo, en tu casa y un día después de su boda... ¿Has notado como te miran todos los de la oficina?
—Créeme que eso es lo que menos me preocupa en estos instantes. — mentiste, porque te importaba más de lo imaginado, ya qué no te gustó nunca ser el centro de atención.
—Y yo creo que eres demasiado arriesgada— dijo sango mientras daba giros en la silla. — ¿Has pensado que dirá Inuyasha?— soltó Sango de repente y te quedaste quieta mientras pensabas en ello...el hecho de que tu ex le importase que te hubieses casado con su medio hermano...sin mencionar que él ya te había dejado por otra...no era algo que había que redondear mucho.
—Nada...él ya tiene una vida aparte de la mía, no creo que le deba importar con quien me termine casando.
—Si tú lo dices. —finalizo con voz queda, aunque dejo la nota de duda en el ambiente, la cual no te paso desapercibida, tanto como hubieras deseado. Luego solo hubo un silencio intranquilo en la habitación, tal vez porque el último tema te había dejado un poco pensativa… ¿le importaría realmente?, pensaste...mientras imaginabas que tanto puede importarle al mundo tu "sacrificio" y más a Inuyasha. Repentinamente recordaste las manos de él en tu piel, el calor te inundo y sentiste arder el mordisco en tu hombro. Te tocaste el hombro extrañada y miraste a Sango que te miraba de la misma forma que tú la mirabas a ella; con la más infinita duda.
— ¿Te duele?— pregunto con tono maternal, mientras intentaba acercarse, pero se detuvo inesperadamente y se volvió a sentar en su sitio.
—No exactamente...pero hace un momento no sentía nada. —Dijiste mientras te acariciabas tiernamente tu hombro e intentabas erguirte.
—Debes de estar estresándote...cálmate.
—Tal vez tengas razón. — finalizaste, mientras dejabas escapar un suspiro.
Tocaron la puerta e intentaste cambiar tu expresión adolorida — Entre — dijiste fuertemente y la puerta se abrió dejando entrar a la diminuta Rin.
—Señora Taisho...
—Por favor...llámame Ahome no uses e...
—La señora Taisho está un poco extenuada...además, la haces sentir como una anciana al llamarla así, tú sabes, cosa de mujeres.
—Exacto— dijiste mientras te masajeabas la cabeza.
—Está bien, señora Ahome, puede ir a la reunión acerca de los nuevos derechos de acuerdo al nuevo pacto.
—Gracias, iré en unos minutos — dijiste regalando una sonrisa amable. Ella asintió y salió de la oficina.
—Ahome ahora eres la esposa de Taisho, deberías de acostumbrarte a que te llamen así. — comenzó Sango en cuanto Rin había abandonado la estancia.
—No me acostumbro a ninguna de la dos.
— ¿Qué dos?
—A que me digan señora, teniendo veinte años y más si ese "señora" está acompañado de Taisho...es molesto.
—Vamos que no es para tanto. —dijo entre risas.
Te levantaste y salieron hacia la reunión entre pequeñas risas.
Saliste de la reunión disculpándote mientras aguantabas el ardor de tu hombro...los ojos de Sango lucieron preocupados, pero a cambio le pediste que te relevara en la reunión, ella sabía a la perfección de las acciones, por el momento estabas intranquila y el dolor en tu hombro no ayudaba a nada. Te dirigiste a tu oficina lo más rápido que pudiste pero en cuanto llegaste el ardor se hizo casi insoportable...abriste la puerta cómo pudiste y notaste el aroma. Cerraste la puerta y lo miraste, te daba la espalda, estaba sentado en tu silla, mirando hacía la ventana que había cerca, te mordiste la lengua y te enderezaste ocultando el dolor de tu rostro.
— ¿Qué haces aquí?— susurraste con toda la indiferencia que podías emitir.
— ¿Por qué te fuiste?—pregunto, ignorando tu pregunta y haciéndote rabiar, caminaste hacia donde estaba tu chaqueta.
—Tenía cosas que hacer.
— ¿Cuáles?...—exigió.
—Cosas...no te tengo que decir cada cosa que hago, no estaba en el contra...— pero no pudiste terminar ya que una oleada de ardor se apodero de tu hombro lográndote tumbar, un leve chillido se escapo y lo notaste inclinado hacia ti, tan rápido que te saco un gemido de sorpresa, te agarro el rostro suavemente, aun no podías notar nada en su dorada mirada.
— ¿Qué cosas?— volvió a exigir con un tono más muerto del que había usado.
—Un...un acuerdo a las normas...
— ¿Y eso es más importante?
— ¿A qué viene eso?...suéltame. — Te zafaste bruscamente de su agarre, te levantaste y terminaste de coger tu chaqueta. Saliste de la oficina lo más rápido que pudiste hacia tu auto, aunque él te alcanzo y te llevo hacia otra dirección o más bien hacia el auto de él.
No te opusiste, no querías formar un escándalo, ya parecía lo suficientemente molesto, además había gente que los miraban. Te montaste con toda tu voluntad, tu hombro dolía cada vez menos.
Arrancaron y dejaste que el silencio los acompañara.
—Llévame a mi casa. —exigiste.
— ¿Para qué?—dijo monótonamente sin despegar sus ojos del camino.
—Quiero sacar algo de ropa de allí.
Hubo un silencio incomodo…pero lo rompió antes de poder volver a hablar.
—No es necesario…te llevaron suficiente a la casa.
—Llévame—Volviste a exigir. Esta vez te miró y encontraste necesario volver a hablar—quiero una camisa que se les olvido llevar.
No demoraron mucho, frenaron frente al gran edificio, pero se quedaron ahí, en silencio y no pudiste evitar preguntar:
— ¿Por qué me duele el hombro?— preguntaste un poco cohibida. Pero no te respondió, a cambio de eso se acerco a ti y sin previo aviso te quito la chaqueta, estabas tan sorprendida que no hiciste nada para impedírselo, hizo lo mismo con tu blusa, liberando el hombro en donde te estaba su marca y el cual era el que te estaba molestando y con una delicadeza sorprendente comenzó a lamer la herida que sangraba levemente.
—Lo siento— susurro bajito contra tu hombro...tan bajito que no lograste escucharlo muy bien ya que aun estabas estupefacta, él todavía se encontraba lamiéndote.
—Por... ¿por qué lo haces?
En ese instante te miro...sus ojos tan seguros como cuando te desposo...cuando te le entregaste.
—Porque eres mi esposa. — dijo con firmeza, sin decir más salió del auto y dándole la vuelta a este te abrió la puerta en donde te alzo y te llevo dentro del edificio ignorando las personas que nos veían con complicidad.
Ya no te dolía el hombro, a comparación, te molestaba el hecho de sentirte culpable, porque ahí estaba él, haciendo algo que no era necesario, dejaba sus obligaciones para venir a cuidarte, te miraba, te tocaba...con...
—Bájame...puedo caminar. — dijiste con vergüenza, mientras notabas las miradas de sorpresa y aquellas miradas avergonzadas de vecinos del lugar, aquellas miradas que se sienten avergonzadas de ver aquel momento tan intimo.
Te miro con aquella mirada fría y te congelaste ahí...tragaste saliva y te dejaste llevar al notar que no te soltaría aunque le suplicases.
Cuando finalmente te dejo en el suelo notaste su cuerpo tenso alejarse de ti y te sentiste culpable y a los minutos decidiste acercarte, casi por instinto posaste su mano en su espalda y él se volteo lentamente, te miro y sin pensarlo dos veces te permitiste abrazarlo, no sabes porque surgió esa necesidad, recordaste su mirada y de alguna forma te volviste a creer el juego, porque aunque no quisieses, había algo cuando lo mirabas y veías esos ojos...
— ¿Qué quieres?— te exigió.
—Be...bésame—suplicaste y antes de poderte arrepentirte, se te acerco con una fuerza que te abrumo los sentidos y dejaste morir un gemido contra sus labios, luego todo dejo de pasar, y el calor que habías sentido la noche pasada volvió a ti; sus manos te acariciaron con necesidad y las tuyas se unieron a las de él, lo desnudaste...te desnudo, se besaron. Se acomodo en tu cuello dedicándole besos y caricias ahí...allí...en cada centímetro que alcanzaba, cerraste los ojos y respirabas. Volvió sus labios a los tuyos, su lengua te invadió y sus respiraciones se confundieron... se despego de tus labios y aprovechaste el instante para dejar entrar aire a tus pulmones, sentiste como te volteo y te empujo contra una de las paredes de tu habitación, le dabas la espalda, mientras él apretaba tu cintura, te aprisiono nuevamente y sentiste su miembro contra tus nalgas, ardiente, abriste tus ojos y en ellos había necesidad...querías que te llenara y te sintieras completa, él te apretaba más fuerte, agarro tus pechos y acaricio mientras besaba tu cuello, sin poderlo evitar sentiste el forcejeo de sus manos contra la prensa, oíste los otoñes chocar contra la superficie marmolea del suelo, te libero de ella e hizo lo mismo con tu falda e interiores, aparto tu cabello para darle pequeños mordiscos en tu hombro, un suave sonido sordo te dijo que el ya se había desnudado, y sin dejarte tregua entro con fuerza, un gemido desgarro el silencio y el sonido de los cuerpos chocando al compas de cada silencioso delirio que arrebataba cada movimiento, cada vez más rápido, más fuerte...más extraño, más perfecto...—Mía.— susurro contra tu oído mientras volvía a adentrar, tus manos estaban agarradas firmemente por las de él, esto le ayudaba a entrar más, mientras te sentías morir y pedias por más, a veces se volvía lento y torturante, te inclinaba y lo sentías más… sus manos te manejaban, como muñeca, acomodándote, y milagrosamente lo sentías más, el calor de su cuerpo, la fuerza que jamás creíste tener te la transmitía en cada arremetida. Sentías su respiración casi sin esfuerzo, sentías sus gemidos contra tu oído, torturándote, doblegándote.
—Casi...casi— dejaste escapar cuanto sentiste tu orgasmo y el aumento su intensidad de movimientos...—perfecto...—te pusiste en puntillas, te tensaste e intentaste aumentar la penetración acercándote más a él. Y luego tus manos se crisparon, tu piel se lleno de miles de sensaciones, de un cosquilleo, como hormigas sobre tu piel, delicioso...te volviste a contraer y luego las olas menguaron lentamente conforme el orgasmo de él iba llenándote.
Gemiste... y él se apretó contra ti, sus manos se encontraban aferrando tu cintura, evitando que te derrumbaras, a la vez que evitaba que se saliera de ti, respirabas con dificultad, pero te sentías plena.
Los minutos pasaron, mientras iban recuperando la respiración, mientras aun sentías el pálpito en tu entrepierna.
— ¿Cansada?...— susurro con aquel tono picaron y siniestro. — apenas comenzamos.
—Ohh...—solo pudiste emitir, mientras él te arrastraba hacia la cama.
Si!, lo sé, ¿por qué no lo continuo? Fácil, ellos también necesitan un descanso, aunque, Sesshomaru parece muy viril...(Para morbo mío xD) besos y dejen su comentario a continuación den clic:
