Disclaimer: La serie Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, estos son propiedad de la gran Rumiko Takahashi. Yo solo los tomo prestados para darle vida a esta historia que con mucho cariño he decidido publicar, claramente, sin ánimo de lucro.

CAPÍTULO I

Una tarde de la época feudal, cuando el sol ya comenzaba a ocultarse, un grupo de seres se encontraba atravesando una gran montaña, entre ellos se destacaba un pequeño demonio verde parecido a un sapo, una chica joven de cabellos negros y ojos almendrados, un dragón de dos cabezas y un bello youkai de cabellos plateados y piel nívea. Este último se encontraba un paso delante de los otros, su rostro tenía una expresión fría y parecía estar un poco distraído.

Mañana se cumplen dieciocho años… dieciocho malditos años desde que no la veo. —Pensó el demonio con la vista fija en el cielo anaranjado, en el cual se reflejaban los últimos rayos del sol.

A pesar de no demostrarlo aquel youkai estaba sufriendo, sufriendo por su amor, por la única mujer a la que había llegado amar y que por los designios del destino también había tenido que dejar. Desde hace ya varios años su corazón se encontraba vacío, cada día no hacía más que pensar en ella. Como desearía, aunque tan solo fuera un segundo, volverla a ver, volver a besar sus labios y apretarla contra su pecho, pero eso… ya no era posible.

—Amo bonito, ¿se encuentra bien? —Preguntó aquel demonio verde el cual tenía por nombre Jaken. Mas sin embargo, no obtuvo respuesta.

—Señor Jaken, ¿Qué le sucede al amo Sesshomaru? –Dijo la joven acercándose a la pequeña bestia.

—Otra vez debe estar recordándola… —Respondió Jaken con la mirada entristecida, como si lo que le sucedía a su amo también le afectara a él.

— ¿Recordando a quién? —Preguntó curiosa la niña al ver a Jaken suspirar.

—Será mejor que no lo sepas Rin, son asuntos del pasado y el amo bonito prefiere mantenerlos en secreto.

—Lo siento. –Dijo la chica bajando la cabeza, la verdad de ser otra persona no le hubiera importado en lo más mínimo, pero él… era Sesshomaru, aquel que tenía su corazón. Rin ya no era una niña, habían pasado diez años desde que su señor le devolvió la vida, había crecido y junto con ella esos sentimientos que cada día la atormentaban, hace algún tiempo no sabía de qué se trataba, pero lo descubrió, ella amaba a aquel demonio, era algo que no podía evitar a pesar de saber que su amor era algo casi imposible, le quería… y es que en el fondo de su corazón aún existía una pequeña esperanza de que su amor fuera correspondido.

—Acamparemos aquí, se hace tarde, mañana seguiremos nuestro camino. —Anunció el Youkai después de un largo rato de silencio.

—Sí, amo bonito. —El pequeño demonio comenzó a preparar el lugar. —Iré a buscar algo para cenar.

—No, Jaken, quédate aquí y cuida de Rin, yo iré a buscar el alimento. —Dijo el youkai con una mirada severa.

—Está bien. –Respondió la bestia viendo como su amo se alejaba perdiéndose entre la oscuridad de los arbustos.

Sesshomaru camino por unos minutos reflexionando sobre aquellos sentimientos que le acosaban día y noche, no podía creer que después de tanto tiempo aun siguiera sintiendo lo mismo que la primera vez, ahora por fin entendía lo que era el amor, a pesar del tiempo o la distancia aún permanecía allí, en su corazón… en sus recuerdos, aun se encontraba presente en su mente la primera vez que la vio.

FLASHBACK

Sesshomaru se encontraba bajo la sombra de un frondoso árbol recuperándose de sus heridas producto de un combate recientemente terminado, era una mañana cálida, en aquel bosque se percibía un ambiente tranquilo, los pequeños insectos cantaban y las ramas de los árboles se mecían con la fresca brisa de la madrugada, no se escuchaba ningún ruido excepto el sonido de la naturaleza, el youkai se encontraba en completa paz hasta que la esencia de alguien llamó su atención interrumpiendo aquel momento de tranquilidad. Esperó hasta que el aroma se hiciera más fuerte y descubrió que se trataba de un humano, una chica para ser exactos, pero no parecía un humano normal, aquella presencia poseía grandes poderes espirituales no muy comunes. Cada vez se acercaba más, Sesshomaru se preparó para el futuro combate que veía venir.

— ¿Hay alguien allí?—Preguntó una melodiosa voz femenina proveniente de detrás de un árbol. Sesshomaru no respondió.

— ¿Alguien? —Esta vez salió de entre las sombras la figura de una joven, no aparentaba más de unos veinte años. Tenía un largo cabello color azabache que caía en cascada sobre su espalda llegándole hasta la cintura, sus ojos, del mismo color, irradiaban un poco de incertidumbre y extrañeza. Tenía la piel pálida y portaba un largo kimono de color blanco decorado con unas cuantas flores de sakura perfectamente tejidas, las cuales eran sus favoritas.

— ¿Quién eres? —Preguntó el youkai, con un semblante inexpresivo.

— ¡Está muy herido! —Exclamó la joven haciendo referencia a las múltiples heridas que tenía el youkai en su cuerpo. Sesshomaru se quedó en silencio por lo que la chica decidió acercarse. —Ha tenido una batalla ¿Verdad? Le debe doler… Mi nombre es Konoe, Kinomiya Konoe. Permítame ayudarle.—Dijo la joven sentándose al lado de Sesshomaru, estaba a punto de tocar el abdomen del youkai para evaluar la gravedad de sus heridas cuando su fría voz la detuvo.

—No te atrevas a tocarme, humana. –Enfatizó con rostro severo. –¿Qué quieres? –Habló de nuevo, mirando fijamente a Konoe.

—Como ya he dicho solo intento ayudarle. Soy la encargada de un templo cercano y usted tiene serios problemas, un poco de colaboración no le vendría mal.

—Tu ayuda no me es necesaria. ¿Acaso no te das cuenta con qué clase de criatura estás tratando?— Respondió el youkai a lo que había dicho la chica anteriormente.

—Claro que sí. Tengo claro que usted es un youkai y a mi parecer, bastante poderoso. Sin embargo, debe estar ciego para no ver la gravedad de sus heridas. ¿Puede levantarse? Solo necesita venir a mi templo, allí tengo los elementos necesarios para vendarle. —Dijo la chica mirando al youkai. Sus ojos mostraban una increíble determinación y fuerza, cosa que Sesshomaru no pudo ignorar, y por ende, decidió confiar en ella. Sin decir ninguna palabra se levantó con un poco de dificultad. La joven ayudó al demonio a caminar hasta el templo que, como había dicho, no se encontraba muy lejos de allí. Una vez llegaron lo dejó en una habitación vacía y partió a buscar algunas plantas medicinales.

"No puedo creer que haya decidido confiar en ella…" Pensó el youkai ante lo que había hecho. Y es que a partir de ese momento y por el resto de su vida se preguntaría el por qué de aquella acción, que sabía de antemano no era propia de él, más nunca encontró respuesta alguna, así que al final, decidió darle el crédito al indomable destino.

—Ya estoy aquí. —Anunció Konoe entrando al cuarto, traía con ella un par de vendajes y un líquido traslucido, con el cual comenzó a remojar y vendar las heridas del demonio. —Con esto sanarás más rápido, por cierto, aun no sé tu nombre.

—Sesshomaru. —Dijo cortante, sin dar más detalles de su procedencia.

—¡Que nombre más interesante! —Proclamó la joven y allí acabo la pequeña conversación, que pensándolo bien no parecía una.

Las horas fueron pasando, una vez terminadas las curaciones Konoe salió de la habitación para que el gran youkai descansara, este se quedó plácidamente dormido, se encontraba exhausto después de tan ardua batalla. Después de unas horas el youkai despertó con las energías repuestas para encontrarse con la joven que le había ayudado dormida en una esquina de la habitación.

"Gracias a ti ya me siento mejor, ahora me debo ir pero algún día te redimiré todo lo que has hecho." Declaró mentalmente el youkai en voz baja acercándose a la puerta para retirarse, pero antes de que pudiera salir una delicada mano sosteniendo su estola lo detuvo.

—No puedes irte aun… el que te sientas bien es obra de la medicina, no porque ya estés sano… si te vas ahora el efecto pasará dentro de poco y volverás a sentir el mismo dolor, quédate por unos días, tal vez tres, eso será suficiente para la curación.—Pronunció la chica somnolienta que acababa de despertarse, Sesshomaru dudó en aceptar su oferta, después de todo se sentía de maravilla y tampoco era tan débil como para inmovilizarse por unas simples heridas, sin embargo, tras pensarlo bien unas pequeñas vacaciones no le vendrían mal, además quería alejarse un rato de aquel sirviente tan molesto que tenía, Jaken.

—Está bien, me quedaré, pero no será por mucho tiempo, solo tres días. —Respondió suavizando un poco su tono de voz aunque sin dejar de ser frío y cortante.

— ¡Perfecto! Debes tener un poco de hambre… Traeré algo, quédate aquí. —La chica salió de la habitación con una gran sonrisa, le encantaba tener visitas ya que así no se sentía tan sola.

Mientras tanto, Sesshomaru examinaba la situación, a pesar de que odiaba a los humanos había accedido a quedarse con uno por tres días, pero para que mentir, aquella joven tenía algo especial que ni él podía identificar, una extraña fuerza que le obligaba a quedarse, como un misterio que necesitaba resolver. Eso era en parte lo que había hecho que en ese momento estuviera allí, en otros casos ya hubiera asesinado al entrometido.

—Aquí tienes un poco de pescado asado. Está fresco, espero que sea de tu agrado, no sé exactamente que comen los youkais pero no considero que sea diferente a nuestro alimento. —Le extendió un tazón, el youkai lo tomó y se sentó a comer, la joven un poco apenada decidió salir y darle espacio.

Así pasó el tiempo, los tres días siguientes Sesshomaru se dedicó a descansar disfrutando de las atenciones que le brindaba aquella humana, era reconfortante ya que no debía hacer nada, no tenía que escuchar las constantes quejas de Jaken y ni siquiera se preocupaba en cazar para obtener comida, se encontraba tranquilo.

En la mañana del tercer día Sesshomaru se despertó con una gran mejoría, a decir verdad desde la tarde del día anterior había notado que su cuerpo ya se encontraba totalmente sano pero no había dicho nada, quería esperar hasta el momento acordado, aunque a decir verdad se sentía un poco desanimado ya que le había encantado esa corta estancia en el templo. La presencia de la joven chica casi ni se notaba, el ambiente era muy agradable y que decir de la comida y las excelentes curaciones que le practicaban. Pero a pesar de todo eso no podía quedarse por más tiempo, debía partir y seguir su camino como lo había hecho hasta ahora.

—Sesshomaru-Sama, ¿Qué le gustaría desayunar hoy? —Preguntó la joven entrando en la habitación donde el youkai terminaba de acomodar sus ropajes para partir. —Oh… es cierto, te marchas hoy.

—Sí. —Sesshomaru había notado la mirada triste de Konoe.

— ¿No… te podrías quedar un tiempo más? Digo, tal vez aun no te sientes del todo bien, y… —Sesshomaru no la dejó terminar ya que comenzó a caminar hacia la salida.

—Ya estoy bien, no necesito más cuidados, pero de todas maneras, gracias, humana. Adía te lo recompensaré. —No se atrevió a mirarla, por alguna extraña razón sentía que si lo hacía no podría marcharse.

—Vamos, ¡quédate! No te quita nada, eres un youkai y tienes un montón de años por delante. —Casi le rogó la chica, Sesshomaru se detuvo.

— ¿Por qué deseas tanto mi compañía, humana? —Preguntó volteándose finalmente para mirarla.—¿No habrás desarrollado aquellos sentimientos inferiores como el amor, verdad?

Konoe se quedó callada, no sabía que responder, ¿acaso se había enamorado del youkai en solo tres días? No, no podía ser, ellos eran totalmente diferentes.

—Claro que no, solo… te diré la verdad, toda mi vida he estado sola, mis padres murieron cuando apenas tenía seis años de edad a causa de un ataque que se produjo en la aldea donde vivíamos, yo logré escapar pero estaba totalmente sola y herida, vagué por el bosque sin saber que hacer hasta que una noble anciana sacerdotisa que vivía en este templo me encontró, conmovida por mi desgracia decidió acogerme, me vistió y me dio de comer, cuando se enteró de que no tenía a nadie más en el mundo me ofreció el quedarme con ella ya que estaba bastante sola en aquel templo, acepté sin pensar, ya que necesitaba urgentemente un lugar donde vivir. Aquella anciana fue como una madre para mí, me cuidó todo el tiempo y fue la que me enseñó este tipo de curaciones, recuerdo todas sus palabras con gratitud. Yo vivía feliz, pero ese sentimiento no duró por mucho tiempo. Cuando tenía doce años recién cumplidos la anciana falleció debido a una terrible enfermedad que empezó a afectarla durante los últimos años de su vejez. Fue un golpe duro, otra vez estaba sola, sin embargo, había una gran diferencia, ya podía cuidarme por mi propia cuenta, así que sin pensarlo más comencé a trabajar aquí curando a los viajeros que pasan o a los aldeanos de la población más cercana. Pero como ves casi siempre me encuentro sola, como aquella anciana antes de encontrarme. Y esa es la razón por la que me agrada tener visitas. Solo eso. —Sesshomaru escuchó con atención aquella historia, era triste pero a él poco le importaba. Mientras tanto, Konoe intentaba convencerse a sí misma de sus propias palabras.

— ¿Y entonces pretendes que me quedé a vivir contigo como hiciste tú con la anciana? Te recuerdo que soy un youkai, no un niño. —Le respondió severo.

—No espero que te quedes toda la vida, simplemente unos días más, seguro pasarán muchos meses e incluso años para que alguien más aparezca por aquí ya que ahora las personas le temen a los demonios del bosque. No es agradable estar sola siempre. —La joven esperaba que el youkai accediera pero lo más probable es que dijera que no, fue una gran sorpresa cuando Sesshomaru comenzó a caminar, esta vez hacia la habitación.

—Solo una semana, luego de eso me iré y nada, ni siquiera tus ruegos, me detendrán. —Konoe no pudo evitar sonreír, una semana era más de lo que esperaba.

Y en ese momento fue que las cosas comenzaron a cambiar, la relación entre ambos mejoró en demasía, Sesshomaru no entendía bien porque aceptaba todos los caprichos de aquella humana, él era un youkai pero aun así estaba allí, en aquel templo. No podía negar que se sentía a gusto junto a ella, nunca había convivido con un humano y tal vez no fuera tan malo como parecía, Konoe era amable y muy servicial, venía cuando él la necesitaba y siempre le daba su espacio. Por otra parte Konoe comenzaba a preocuparse, sentía que con cada día que pasaba algo en ella iba creciendo y al poco tiempo se dio cuenta de que se había enamorado de Sesshomaru, no le extrañaba, siempre había estado sola y que de un momento a otro un youkai tan apuesto como él accediera a quedarse con ella le había asombrado, sin embargo, ella sabía muy bien que aquel amor no podría realizarse ya que eran de mundos totalmente diferentes, él jamás aceptaría algo como eso.

Pronto, el día que no deseaban llegó, la semana se había cumplido y aunque lo negara Sesshomaru en el fondo se resistía a marcharse de allí, estaba un poco confundido, quería quedarse junto a aquella chica y no lograba entender por qué, sin embargo, decidió hacer caso a lo que quería y se quedó por unos días más. Mientras más compartían más se complicaban las cosas. Konoe trataba de alejarse para no sufrir y Sesshomaru aún no entendía el por qué de su necesidad. Hasta que una noche, lo comprendió.

Toda la tarde Konoe se había encerrado en su habitación a llorar, se sentía triste porque se había enamorado irremediablemente de un ser que jamás la llegaría amar, Sesshomaru preocupado por el repentino cambio de actitud de la joven se acercó hasta su cuarto para tratar de hablar con ella y escuchó algo que lo dejó aún más confundido.

—Por qué… por qué le tengo que amar. —Era la voz de Konoe, que decía aquellas palabras entre sollozos, sumida en el más profundo dolor. Fue justo allí cuando lo entendió, ella se había enamorado de él, pero… ¿y él? Era un youkai demasiado poderoso para sentir aquellas emociones humanas, aun así en lo profundo de su mente se había dado cuenta de que él también la había comenzado a amar. No le dijo nada, simplemente volvió a su habitación y estuvo toda la noche pensando en lo que debería hacer, aun no entendía bien aquellos nuevos sentimientos que yacían dentro de su corazón pero lo que si sabía bien era que una parte de él no quería marcharse de allí y otra le decía que un demonio como él no podía caer tan bajo. Sin duda, su mente se encontraba en una encrucijada, pero el tiempo no lo esperaría y poco a poco los primeros rayos del sol comenzaron a colarse en la habitación, sabía muy bien que debía decidir algo, y rápido, Konoe era una chica fuerte y tenía claro que se guardaría sus sentimientos y vendría a verlo con esa gran sonrisa en sus labios, preparada para su separación. Pensó que lo mejor tal vez fuese marcharse de allí y olvidarse de todo el asunto, pero de antemano su corazón le decía que ella iba a sufrir, y de paso, el también. Así que tras mucho meditar decidió que no podía dejarla, después de todo lo aceptaba, el poderoso youkai, reconocido por su frialdad y su corazón de piedra se había enamorado por primera vez, y de una humana.

Salió decidido de la habitación y para su sorpresa se encontró a Konoe recién levantada, con unas grandes ojeras bajo sus ojos que estaban irritados por el llanto. El corazón del youkai se conmovió al verla así, y antes de que pudiera pensar bien lo que estaba haciendo la tomó del brazo y la acercó a él, dándole un tierno beso en los labios. La joven no podía entender muy bien que es lo que estaba sucediendo, no sabía si es que todavía dormitaba en su habitación y que aquella escena era solo un precioso sueño que jamás se volvería realidad, pero ahí estaba, en los brazos del youkai, recibiendo un delicado beso de parte de aquellos fríos labios. Fue un momento incomodo pero muy especial, a pesar de que ninguno de los dos se había confesado formalmente ambos sabían que aquello no podía ser nada más que una declaración de amor. El beso duró poco, pero cuando terminó y tuvieron que separarse no hicieron falta las palabras, con solo una mirada y una pequeña sonrisa sabían que su vida juntos, y más que todo, su felicidad, comenzaba en aquel momento.

El tiempo pasó más rápido de lo que esperaban, su amor crecía cada vez más, y ya llevaban seis meses en los cuales el youkai había experimentado la verdadera alegría, jamás pensó que pudiera amar a alguien tan profundamente como la amaba a ella, y pensó que nadie jamás podrían separarlos. Sin embargo, no todo fue color de rosa, algunos problemas comenzaron a presentarse, problemas que al fin de cuentas terminarían con su relación.

Konoe empezó a mostrar unos inquietantes síntomas que según ella eran muy similares a los que había vivido la anciana antes de morir, y efectivamente, no tuvo que pasar mucho tiempo para que se dieran cuenta de que la joven había contraído la misma enfermedad que había enviado a su predecesora a la tumba años atrás. Con cada día que pasaba la salud de la chica iba disminuyendo, con cada puesta de sol un suspiro de vida se le escapaba. Ella sabía que no le quedaba mucho tiempo pues había visto los horrores de la enfermedad en persona propia, el gran esfuerzo que hizo para salvar a la anciana, al final, no dio resultado y sabía de antemano que lo mismo le pasaría a ella. Sin embargo, a pesar de todos los ruegos de la joven Sesshomaru seguía renuente a aceptar la inminente despedida que se acercaba. El aspecto de Konoe había cambiado, su cuerpo antes esbelto ahora poseía una delgadez extrema, tenía los labios de un color violáceo digno de un difunto y ni que decir de su palidez, que contrastada con la perdida de avidez en sus pupilas solo permitía ver un espejismo de lo que había sido antes. Pero aun así, el youkai no perdía las esperanzas y día tras días intentaba buscar una solución que le devolviera el bienestar a su amada.

A pesar de que cada fallo le aportaba un peso más a su corazón el demonio siempre intentó hacer sonreír a Konoe, cada mañana le llevaba un ramo de sus amadas flores de sakura, las cuales él mismo recogía de un claro del bosque que a la chica le encantaba visitar. Ya que no podía dirigirse hasta allí por su estado de debilidad, por lo menos deseaba ofrecerle una oportunidad más para deleitarse viéndolas.

Una sombría tarde cuando Sesshomaru regresaba con un par de leños para calentar el templo encontró a Konoe cerca de la entrada, tenía la espalda apoyada en una de las paredes y jadeaba violentamente, de inmediato supo que se había arrastrado hasta allí. Los últimos días la chica había empeorado, en su rostro se podía percibir la sombra de la muerte y ya ni siquiera podía levantarse de su futón sin caer rendida al suelo en el primer intento.

— ¡Konoe! No debes salir de tu habitación. Estás demasiado débil. –Vociferó el youkai soltando la madera que traía consigo para inclinarse a la altura de la joven y acogerla en sus brazos, dispuesto a llevarla nuevamente al interior.

—No… Sesshomaru… Por favor, llévame al claro. –Pidió con dificultad, aferrándose a los ropajes del ser que la sostenía.

—El ambiente no es el adecuado, hoy en particular es un día muy frío, ve a descansar, Konoe, en cuanto sanes iremos juntos. –Sesshomaru no estaba dispuesto a ceder a una petición tan absurda como esa.

—No habrá un futuro… Esta es la última vez que podré verlo. –Declaró la chica con voz trémula haciendo que una mueca de desesperación se apoderara del rostro del youkai.

—¿Qué estás diciendo? No hables de ese modo, Konoe, ya te lo he dicho, encontraré la forma de salvarte. –

—Ha llegado la hora, la muerte ha venido a buscarme y no quiero entregarme a ella aquí… Llévame al claro, Sesshomaru, cumple mi última petición, por favor. –Suplicó la chica con los ojos llenos de lágrimas. El demonio no podía aceptar eso, no podía pensar siquiera que Konoe quisiese ir a aquel lugar a despedirse. Quería llevarla de nuevo a la habitación y seguir guardando la esperanza de que algún día se recuperara, sin embargo, al ver su expresión tan anhelante no podía simplemente negarse. Dando media vuelta con la chica en sus brazos, empezó a correr hacía el claro con un profundo dolor en su corazón.

Al llegar se sentó en el suave césped que crecía en aquella zona, el sol había sido ocultado por unos inmensos nubarrones que cubrían la mayor parte del cielo, pronosticando una futura tormenta. El youkai acunó a Konoe en sus brazos, observándola con atención. La chica apenas podía mantener los parpados abiertos, se notaba que estaba cansada y por fin logró entender que en verdad no le faltaba mucho para irse. Se estaba muriendo, allí, junto a él, ni siquiera el calor de su abrazo lograría alejarla de tan cruel destino. Ahora por fin lo veía, nunca hubo una esperanza, jamás existió una oportunidad, el futuro estaba trazado, su amada Kinomiya Konoe moriría esa tarde, en aquel claro, y eso no hizo más que partirle el corazón.

El shock en el que había quedado durante los últimos segundos se desvaneció en un instante al sentir como las frías gotas de lluvia comenzaban a caer sobre su cabeza, y al ver como la luz de aquellos ojos azabaches se iban apagando lentamente un grito desgarrador salió de su garganta.

—Konoe, por favor… ¡no me dejes! –Se aferró a su frágil cuerpo como si con ella se estuviese yendo su propia alma. La joven no podía hablar, aun así, con la mirada que le dirigió Sesshomaru supo lo mucho que lo amaba y a pesar de que de su boca no salió ninguna palabra, en su mente logró escuchar un adiós, un adiós para siempre.

Konoe exhaló su último aliento y la única imagen que se llevó consigo a la eternidad fue la del youkai que tanto amo, en aquel claro, llorando su perdida.

FIN DEL FLASHBACK

Tras finalizar de recordar toda aquella historia que había marcado su vida para siempre Sesshomaru tuvo que apoyar su peso sobre un árbol cercano para no desfallecer. Se sentía destrozado, sabía que nunca podría superar su partida, y que nunca jamás lograría llegar a amar a otra mujer. Cuan equivocado estaba, cuan equivocado.

¡Hola! Hoy les traigo el primer capítulo de la historia xD

Más que todo se basa en un flashback que es muy importante para el desarrollo de la historia (bueno, todo gira en torno a eso). Estaba pensado ponerlo más adelante pero al final he decidido dejarlo claro de una vez.

¡Muchísimas gracias por leer! Espero que les haya gustado. En el próximo capítulo ya empezará la trama como tal y estará mucho más interesante.

Nos vemos en la próxima.