¡Oló! :D Pues... Sí, sé que "Silencio" iba a ser una sola viñeta...Pero después de leer el review de Nortia, pensé que realmente había faltado lo que yo llamo "el expediente amoroso" de ésta parejita. Así que hice ésta otra viñeta en un momento de inspiración súbita, y pues aquí lo tienen :3 No creo continuarlo pero, pues dejo lugar a la duda... xD
¡Disfrútenlo!
Anochecer
Se arrebujó en la frazada roja al sentir la tibieza de los últimos rayos del Sol: ella sentía que el anochecer era la hora del día más mágica, aunque no sabía bien el por qué.
No pudo evitar una suave sonrisa en los labios. Aspiró profundo ése aroma que tanto le gustaba: A humedad, a pasto húmedo y a bosque. Abrió los ojos, de un marrón vivaz, y los clavó en el bosque prohibido que se extendía a sus pies.
A Lily Luna le encantaba ir a ver los anocheceres a la Torre de las Lechuzas. Se le hacía sumamente relajante en ése primer año de Hogwarts tan estresante. Además de que el olor a césped y a bosque se le quedaba toda la noche impregnado en el cabello, y eso le gustaba mucho.
Justo cuando el último rayo de Sol desapareció, escuchó un ruido a su espalda.
Un niño rubio estaba de pie, con una carta en la mano, mirándola con curiosidad. Él clavó la vista en su cabello pelirrojo. Lily sintió que la sangre le subía a las mejillas: ella no era muy extrovertida que digamos. Después de unos instantes él le preguntó:
- Buenas noches… ¿Qué haces aquí a ésta hora y con una manta?
A Lily le extrañó tanta formalidad – Humm …Veo el anochecer.
Otro instante de silencio. El niño afirmó con la cabeza, y se acercó a una lechuza que estaba acurrucada cerca de ella. Lily aprovechó el momento para estudiarlo: tenía movimientos elegantes, y la miraba de reojo. Ella miró su corbata verde y plata: un Slytherin, como su hermano Albus.
El niño le entregó la carta a la lechuza, la cual salió volando por la ventana. Él la miró hasta que desapareció en el horizonte.
- ¿Eres hermana de Albus, cierto?
Ella lo miró fijamente.
- ¿Cómo sabes?
El rubio se encogió de hombros, en un gesto orgulloso. – Me lo dijo tu hermano. Nos llevamos bien.
Él volteó a verla, y entonces Lily se dio cuenta que los ojos del niño eran grises.
- ¡Tu eres un Malfoy! – exclamó la pelirroja, sorprendida. Nunca había visto uno en persona: sólo en los periódicos había visto uno: Un señor muy elegante, parecido al niño que ahora tenía enfrente.
- Scorpius Hyperion Malfoy Greengrass – dijo el niño, haciendo una reverencia teatral y tomando la mano de ella entre las suyas, besando su dorso – un placer conocerte.
Lily estalló en risas. Su tío Ron le había advertido algo de los Malfoy hace unas semanas, el día en que tomó por primera vez el Expresso de Hogwarts. Pero en ése momento no recordaba qué había dicho tío Ron. Además, no debía ser cierto: alguien tan educado no podía ser malvado. Seguro se lo había dicho de broma, como las que hacía a veces su tío George.
- Lily Luna Potter Weasley.
- Mi abuelo me ha dicho que no me lleve mucho con los Potter, y mucho menos con los Weasley…
Sorprendida, Lilly abrió la boca para replicar.
- …Pero también dice que los dulces en exceso son malos. Y mi papá me da muchos así que obviamente lo que dice mi abuelo no es verdad – dijo eso mientras sacaba un paquete de grageas de todos los sabores y de un ágil brinco se sentaba en el barandal, frente a ella - …Así que no le hago mucho caso. ¿Gustas?
La pelirroja sonrió, mientras tomaba una gragea.
- Me ha salido dulce de calabaza – dijo ella después de un rato.
- Afortunada – murmuró Scorpius – a mí me salió paté de cerdo. Lo odio.
- Quizá con la siguiente tengas suerte – le animó Lily.
...
- Y Shakespeare me sigue a todos lados por la mansión. Pero papá se enoja si lo ve adentro de la casa.
- Ha de ser muy lindo.
- Yo le puse el nombre, por un mago que se hacía pasar por muggle para escribir. Escribió historias muy bonitas, tan bonitas como mi pavorreal…- A Scorpius le brillaron los ojos, llenos de orgullo – …Shakespeare es el pavorreal más bonito del mundo. Es blanco, como todos los que tenemos... Algún día lo conocerás. Te llevaré a mi casa a comer, o aún mejor, a desayunar. Mamá hace unos hot cakes muy ricos y...
- ¡Me tendrás que dar un mapa! – rió la pequeña – Me imagino que tu mansión es muy grande.
- Yo te acompañaré, así que no debes tener miedo de perderte – sonrió el niño.
- Yo no le temo a nada – replicó Lily.
- Cierto, a pesar de tu corbata se me olvidaba que eres una valiente Gryffindor… Eres tan agradable que podría haber jurado que eras una Slytherin- Lily rió, mientras Scorpius la miraba con ojos brillantes – y cuando vayas a mi casa jugaremos en las mazmorras… Hay cosas muy interesantes ahí, el otro día Shakespeare y yo...
La Luna ya estaba en lo alto del cielo cuando se les acabaron las grageas. Habían estado platicando, sentados en el suelo de la Torre, recargados en el barandal. Mundos sumamente parecidos, pero en muchas cosas opuestos. Lily clavó sus ojos en el niño rubio de ojos grises que le estaba platicando animadamente las aventuras de él y su pavorreal blanco en la Mansión Malfoy.
Se le escapó una sonrisa a la pelirroja.
Scorpius le agradaba. Le agradaban sus manos finas, su nariz respingada, su cabello rubio, tan diferente al rojo encendido que ella tenía, y tan parecido al hermoso cabello rubio de su tía Fleur. Le agradaba su tono de voz, y la forma en que arrugaba la nariz al hablar de algo que no le agradaba. Sobre todas las cosas, le agradaban sus ojos: le recordaban al color que tenía el cielo en las tardes de lluvia que tanto le gustaban. Ojos de tardes lluviosas.
Y entonces se dio cuenta que él la miraba fijamente, en silencio. Sintió que se sonrojaba de nuevo.
- Nunca había visto esto – dijo él, apoyando suavemente su dedo en el rostro de ella – éstas manchitas en la cara de alguien. Ni mamá ni papá las tienen.
- Se llaman pecas – dijo entre risas Lily – Yo tampoco había visto unos ojos del color de los tuyos.
- Son únicos y exclusivos para los Malfoy – canturreó el pequeño rubio, adoptando una pose presuntuosa. Lily rió.
- Eso no es verdad, debe haber más gente con ojos grises.
- Quizá. Pero a los Malfoy es a los que mejor se nos ve. Así como a tí se me ven mejor que a nadie el cabello rojo y ésos puntitos... pecas.
-¿En serio? – Lily sonrió: ella siempre había pensado que a su mamá y a su prima Rose se les veían mucho mejor.
- Por supuesto – afirmó Scorpius mientras apoyaba una y otra vez su dedo en el rostro de ella, como remarcándolas.
Se miraron a los ojos por un largo instante. Lily sintió cómo se le aceleraba un poco el corazón, como cuando corría bajo la lluvia. ¿Qué le estaba ocurriendo?
Probablemente él sintió lo mismo, porque desvió la mirada. Ella notó que sus pálidas mejillas estaban un poco coloreadas.
- …Es tarde – murmuró apenada Lily, levantándose – hay que ir a nuestras salas comunes. Nos castigarán si nos encuentran.
Scorpius afirmó con la cabeza mientras se levantaba del suelo y la ayudaba a ponerse en pie. Lily sintió una mariposa en el estómago al sentir la fría mano de él tomar la suya.
- Pues… Supongo que te veré por el castillo – murmuró ella, con ganas de salir corriendo sin saber muy bien por qué.
- Claro – dijo él, mirándola y dedicándole una leve sonrisa. Ella se dirigió hacia la puerta.
- ¡Lily!
Ella volteó: Scorpius había dado un paso hacia ella y la miraba, un poco apenado.
-… ¿Sí?
- Yo creo que si tu hermano mayor me ve hablarte me va a golpear, y habrá un escándalo y papá se enterará...
La voz de Scorpius se apagó, y la miró más apenado que antes. tratando de disimular sin mucho éxito.
Lily rió, entre divertida y preocupada: eso que decía Scorpius era lo más probable. James no soportaba a los Malfoy, le hacia demasiado caso al tío Ron. Y siempre molestaba a Albus por estar en Slytherin. Si la veía a ella con un Malfoy, seguro que armaría un escándalo no solo en Hogwarts, sino en la casa.
- Tienes razón… ¿Entonces?
- Entonces, tengo una idea – dijo triunfal Scorpius. Ella lo miró, atenta - …Mañana te veo aquí al anochecer. Igual que hoy.
Después de pensarlo un instante, Lily sonrió ampliamente.
- Igual que hoy.
...
Al estar ya en su cama, la pequeña Lily no pudo evitar pensar que ahora ya sabía por qué el anochecer se le hacía la hora más mágica del día.
