LA LÁMPARA DE LOS TODOROKI

Shouto era una persona de pocas palabras; un chico bastante serio que, cuando era momento de expresarse, no dudaba en poner las cartas sobre la mesa, aunque ser directo y claro le acarreaba problemas de vez en cuando. Como era de esperarse de alguien con su porte y su carácter, durante los fines de semana se daba el lujo de pasar toda la tarde leyendo artículos o libros de interés en compañía de la integrante más racional de su núcleo familiar, Fuyumi.

Su hermana mayor era muy atenta, normalmente preparaba bocadillos para ambos durante sus sesiones de lectura, lo cual, no sólo llenaba los repentinos vacíos en su estómago, también evitaba que las cuatro paredes en las que se encontraba se sintieran tan vacías.

El tiempo se fue volando, por lo que Todoroki no logró percibir que se hizo de noche hasta que leer comenzó a costarle un poco de trabajo, forzando cada vez más la vista.

—Hermana, ¿puedes prender la luz? —preguntó con tono gentil, ya que ella se encontraba cerca del interruptor.

—¡Ah! —junto con la exclamación, soltó el libro que tenía entre manos—. Olvidé avisar a todos —dijo con un notable nerviosismo—. E-Están dando mantenimiento al servicio eléctrico, así que no tendremos luz el día de hoy.

—Oh —agregó Shouto en su monotonía. Con lo interesante que estaba su lectura, parecía que tendría que dejarlo por hoy.

—Espera un poco —se levantó de su asiento justo cuando notó que su hermano estaba por cerrar su libro—, iré a buscar algo que alumbre lo suficiente.

Shouto asintió en silencio. Sólo esperaba que Fuyumi no tropezara por ahí, podía ser muy descuidada en ese tipo de aspectos.

«Quizá debí acompañarla» pensó.

Se retiró un par de mechones de cabello del rostro, le molestaban.

«Creo que debería ir a que lo recorten un poco».

Dejó sus pensamientos de lado y dirigió la mirada en dirección a la puerta tras escuchar que ésta se deslizaba. Podía ver una luz amarilla, un poco rojiza, por lo que supuso que su hermana había regresado con una vela.

—He vuelto —Fuyumi anunció con una sonrisa deslumbrante en el rostro.

No obstante, Shouto casi se ahoga con el té al descubrir que Fuyumi venía jalando a su padre del brazo quien, con su traje de héroe (¿es que nunca se lo quitaba?) y sus llamas en vivo fulgor, alumbraban maravillosamente toda la habitación.

—Siéntate aquí, papá. Puedes tomar de los bocadillos si gustas.

Parecía que la mujer no captaba la incómoda situación de los varones allí presentes, ya que regresó a sus libros como si nada mientras que, de las miradas de padre e hijo, surgía un eléctrico —pero invisible— chisporroteo.

Era una prueba de valor. Sí, eso debía ser. O de algo similar trataba de convencerse Todoroki Jr., por lo que volvió a concentrarse en su relato de ficción.

—¡Soy el segundo mejor héroe, no una ridícula lámpara! —gritó Endeavor luego de varios minutos en mutismo, cuando su paciencia parecía haberse terminado.

Decir eso había sido una muy mala idea, pues su hijo sintió aquellas palabras como una especie de llamado que no dudó en contestar.

—Toma esto como una oportunidad.

—¿…?

—Tal vez puedas ser la lámpara Número Uno.

Los ojos de Fuyumi se abrieron como platos y la mandíbula se le desencajó. Algo ahí se iba a poner feo.

—¡Repite eso, mocoso!

—¡Sho-Shouto no lo decía en serio, papá! —intervino la hermana para eliminar la espantosa tensión que había comenzado a sofocar el ambiente.

—Me decepcionas —habló Shouto—. Las lámparas no gritan. Fracasaste de nuevo.


Esa misma noche, a la distancia, algunos vecinos llamaron al departamento de héroes luego de observar una gigantesca luminaria seguida de la creación de una fortaleza helada.

Fuyumi no podía hacer nada para detenerlos, estaba en la labor de ayudar al personal de la comisión de electricidad a evacuar de la forma más segura posible. No obstante, desde el fondo de su corazón esperaba que esas peleas pasaran pronto a la historia, junto con la etapa rebelde de Shouto.