SHIT HAPPENS
Capítulo Único
(II)
Si tuvieran que repartirse papeles en esa casa de locos, las cosas quedarían así: Leorio era el tío idiota, Kurapika la mamá, Gon el niño consentido y Killua el primo roñoso. Lo de Gon era porque a los mayores se les hacía difícil regañar o ponerle peros cuando los miraba con esa carita llena de inocencia. Incluso a Killua se le ponía difícil decirle que no a su amigo, aunque éste le estuviera proponiendo uno de esos planes temerarios que no tenían ninguna posibilidad de éxito.
Sin embargo, a pesar de que Gon era el pegamento de los cuatro, estaba claro que esa casa no funcionaba sin Kurapika. O no lo estaba tanto porque, cuando el chico anunció que saldría a trabajar por tres meses completos y que no le escucharían la voz durante ese tiempo, mucho menos le verían ni un pelo, lo dejaron ir sin miramientos.
¿Qué podría salir mal?
Todo.
Absolutamente todo.
Gon de vivir solo no sabía nada. A pesar de haber abandonado su hogar a tan temprana edad, nunca había tenido qué valerse por sí mismo porque los hoteles tenían servicio a la habitación o siempre se encontraba una amable mujer que deseara alimentarlo (después de todo, era el que mejor ligaba de todos los habitantes de la casa). Sin embargo, a diferencia de Killua, Gon al menos sabía cazar adecuadamente y asar una carne cuando era necesario. Leorio era un caso perdido. Su cuarto era un chiquero y juraba que podía vivir de sopas instantáneas y atún, como cualquier estudiante foráneo que se respetara, además, había muchos restaurantes a su alrededor. No había nada para temer.
Por las tareas del hogar no habría problema, ¿quién no sabía agarrar una escoba y un trapeador? ¿Plumero? ¿Qué es eso?
La primera semana todo anduvo bien. Kurapika se marchó y dejó un montón de tuppersllenos de comida. Si bien su sazón no era envidiable, sí era mejor que el de todos los habitantes de la casa. Él se había encargado de entrenar sus habilidades culinarias después de aquella fatídica etapa del examen de cazador.
Leorio también sintió que podía respirar al fin y paseó por la casa en calzoncillos o en bolas directamente. Eructaba en la sala, se rascaba en presencia de los dos niños donde se suponía no debía rascarse en público, llenaba la nevera de cerveza y hablaba a voz de grito. Su vida era una fiesta. Gon y Killua también aprovecharon para andar por la casa en poca ropa, aunque nunca desnudos. De andar descalzos por la casa, con el cabello escurriendo sobre la alfombra al salir de bañar y brincar de aquí para allá, ocasionando grietas en las paredes. Todo era libertad.
O lo era hasta que a Killua se le ocurrió beberse un six de Leorio y acabó vomitando; su cuerpo resistente a toda clase de venenos, intolerante a las bebidas alcohólicas, al parecer. Nadie se atrevía a limpiar el vómito del color del arcoíris, ni siquiera el vomitón. Nadie estaba limpiando la casa de cualquier manera. A Leorio se le acabó la ropa interior limpia a las tres semanas y se le perdieron los libros de medicina en la marea de mugre que era su recámara; a Gon le provocó indigestión la comida de la señora de enfrente, apestando la casa con sus pedos y una cara muy apenada, los muebles desacomodados también hacían sufrir mucho a los meñiques de sus pies.
Les cortaron el servicio de luz al inicio del tercer mes. El suministro de agua los abandonó una semana después. El cable se había marchado hacía mucho tiempo atrás también (¿dónde se pagaban todas esas cosas?, ¿dónde estaban los condenados recibos?).
Sobrevivieron apenas los tres meses porque, hartos de vivir en la inmundicia, decidieron mudarse a un hotel hasta que llegara Kurapika.
Y cuando llegara Kurapika les iba a dar unos buenos azotes con sus cadenas, ya lo veían venir, pero valdrían la pena si lograba poner en orden y limpieza nuevamente esa casa que apestaba a mierda que a ellos les gustaba todavía vivir juntos; principalmente cuando mamá Kurapika andaba por allí.
FIN
[Notas finales]
Que alguien me diga si es correcto poner "sin embargo, a pesar…", porque a mí me suena como a pleonasmo y qué oso.
Sigo sin saber si esto será una colección o algo, así que continuará como completo pero quién sabe.
¡Hasta luego y que la fuerza de las papas fritas los acompañe siempre!
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