Disclaimer: Los personajes utilizados en esta historia no son de mi autoria, los derechos pertenecen a sus creadores. Yo sólo utilizo los personajes con fines de entretenimiento.

Capítulo 2: La Venganza

La asamblea de Ciudad República comentaba entusiasmada lo que estaban a punto de vivir, Varrick con un gesto pidió silencio.

Señoras y señores, ¡están a punto de presenciar la evolución del futuro!, ¡energía limpia y sustentable para todos! – luego de una pausa agregó - Zhu Li, haz lo tuyo – ordenó Varrick con un tono de voz más bien meloso, terminando la frase en una afilada sonrisa, al son de los aplausos de la multitud.

Zhu Li despareció detrás del convertidor de energía y presurosa desconectó y reconectó algunos cables. El equipo se encontraba listo para brindar su energía a la ciudad, la asistente alargó una mano para bajar el interruptor, pero fue detenida en el acto.

Desde el otro lado de la máquina, la amplia sonrisa de Varrick comenzó a desvanecerse, para este momento la cuidad ya debía de contar con su fuente de luz, sin embargo el convertidor continuaba apagado, el inventor sintió una especie de sudor frío recorrer su espalda.

- ¿Zhu Li? – preguntó tratando de esconder su preocupación. No obtuvo respuesta, los asistentes comenzaron a murmurar nerviosos.

- ¿Todo bien Varrick? – preguntó el Presidente Raiko

- Sí… - vaciló el inventor, fingiendo una amplia sonrisa – Debe haberse confundido de cables, iré a ayudarle – mintió, desapareciendo también detrás del aparato – ¿Zhu Li…?

- Varrick… - una voz profunda y rasposa contestó en lugar de su mujer – que agradable verte

- ¡Kaito! – la voz del inventor se quebró al encontrarse con la imagen de aquel corpulento hombre moreno de ojos azules sujetando a su esposa por el cuello, tendiendo un puñal de hielo frente a su rostro

- ¿Ha pasado un tiempo no? – comentó cordialmente irónico, el hombre – Unos cuantos años desde que nos abandonaste en el circo, ¿recuerdas el circo Varrick?, ¿cuál era tu número favorito?, ¡ah!, sí te encantaba ver como el arquero le atinaba a la manzana con los ojos vendados

Al ingeniero le costó tragar, miró consternado el miedo en los ojos de su esposa, debía encontrar una salida y rápido. Claro que recordaba a Kaito a la perfección, el entrenador de los leones alce y dueño del circo, sabía lo cruel y malvado que podía llegar a ser, pero nunca llegó a pensar que se volverían a encontrar, mucho menos a estas alturas cuando el inventor ya había dejado todo eso atrás.

- Ha llegado el momento de que pagues por abandonar a tus camaradas, mientras nos moríamos de hambre tú te divertías con tu fortuna – le encaró furioso – Nos prometiste algo que nunca se cumplió

- Kaito, si es dinero lo que quieres, lo que sea, debe haber una salida, déjala ir por favor. Yo volví a ustedes para saldar mi deuda y …

- ¡Demasiado tarde! – gritó, acercando el puñal al rostro de Zhu Li, la cual solto un gemido, Varrick sintió que su bilis subía por su garganta – quiero que dejes a oscuras esta ciudad, pon eso a funcionar a su máxima potencia

- ¡Estas loco!, ¡la ciudad entera podría explotar!, yo no…

- Hazlo o tu chica muere – Kaito clavo el puñal en el cuello de Zhu Li lo suficiente para que unas gotas de sangre comenzaran a brotar de allí

- ¡Zhu Li!

- ¡Varrick no lo hagas! – el grito de su esposa finalizó ahogado por el golpe que Kaito le propino en el estomago

- Zhu Li – exclamo Varrick entretienes y sin pensarlo saboteo su propia máquina, Kaito sonrió y se acercó al interruptor bajándolo, el convertidor comenzó a vibrar estruendosamente – Tenemos poco tiempo para escapar – explico el inventor nervioso a más no poder

- ¡Oh amigo, no te preocupes!, nosotros escaparemos... ellos no

Dicho esto, una barra de metal asujeto de la cintura a Varrick elevándolo en el aire, mientras tanto Kaito abandono en el suelo a una inconsciente Zhu Li.

- ¡No!, ¡Zhu Li! – bramó Varrick – Llévatela a ella, déjame a mí, ¡déjame a mí!

Los secuaces de Kaito escaparon veloces tras él, dejando atrás a la asamblea completa y a Zhu Li. Varrick intentaba escapar en vano, cada vez más asustado, sus ojos se llenaron de lágrimas una vez fuera y a salvo, cuando el convertidor explotó, dejando sólo una luz violácea en el cielo y Zhu Li en sus recuerdos.