Disclaimer: Los personajes no me pertenecen si no que son propiedad de Rumiko Takahashi solamente Izayoi y sus amigos.

EL MÁS GRANDE TESORO

Izayoi se encontraba comiendo algunos dulces con Shippo riendo de forma adorable era tan inocente, Kagome no se separaba de ella puesto que cuando la menor la abrazó no la soltaba como si temiera a que se fuera lo cual enojaba de cierta medida ya que posiblemente era una trampa de Naraku, pero no estaba tan convencido ya que Izayoi tenía algo por lo cual no podía desconfiar, se negaba a creer que de verdad fuera su hija por tres razones: en primer lugar él era un híbrido, segundo por lo primero no había estado íntimamente con una mujer, ni siquiera con una cortesana, y por último por más que estuviera enamorado de Kagome no la condenaría a ser una paria.

—Mamá, ¿a donde fueron Miroku y la tía Sango?

—Fueron a buscar agua Izayoi—contestó el pequeño zorrito en ves de una colorada Kagome al ser llamada mamá.

—Llevan casi dos horas—se quejó la pequeña pero se paralizó al igual que su madre.

—¿Que sucede?

—Un fragmento de la perla—contestaron madre e hija.

Inuyasha sorprendido por la declaración sacó su espada justo cuando apareció un ogro.

—Entregen a la mocosa—gruñó el Oni— o sufran las consecuencias.

Izayoi se aferraba a Kagome asustada, el instinto de Inuyasha salió a flote, ese instinto, que Mioga le había contado que surge por querer proteger a su compañera y/o cachorros ya le había pasado con Kagome, querer protegerla de todo aunque la tonta no le hiciera caso, protegerla aun significando que no la volviera a ver.

—Khe! No te atrevas a tocarlas—contesto Inuyasha al ver como se acercaba a Kagome e Izayoi.

El medio demonio de un movimiento de su espada le cortó el brazo al ogro [n/a: deviste apuntar a la cabeza...] al mismo tiempo que un bumerang gigante le cortaba la cabeza al Oni.

—No podrás huir de Naraku, Izayoi— fue lo último que dijo antes de morir.

Izayoi temblaba y sus ojos cambiaron del hermoso color oro a un rojo sangre con las pupilas azules; antes que los adultos reaccionaran salió corriendo perdiéndose de vista.

Flash Back

El eclipse lunar, una noche como esa Inuyasha había llegado al mundo era irónico que esa noche su compañera, Kagome, entrara en labor en la época feudal, época donde podría morir por la falta de tecnología, la anciana Kaede la atendía pero el bebé no quería salir y que el interior de Kagome estuviera arañado por las garras de la criatura no ayudaba, perdía demasiada sangre, justamente cuando el astro lunar asomaba sus rayos de luz, un llanto inundó la noche.

Kagome estaba débil cargando a su hija la pequeña Izayoi, envuelta en el haori de rata de fuego llorando a mares por todos los olores y ruidos que ella percibía en esos momentos cien veces más pero, el sonido del corazón de su madre poco a poco la calmó, Inuyasha veía entre asustado y fascinado ese pequeño era parte de él, era su hija, la hija de inuyasha, no se la creía tenía miedo pero de lo que estaba seguro es que la protegería con su vida ya fuera de un monstruo o del ser más destructor... el ser humano.

—Inuyasha, ¿no es hermosa?—dijo la joven madre.

—Claro que lo es—sonrió el hanyou.

—¿Quieres cargarla?

—Es muy pequeña, qué tal si...—estaba asustado un bebé era lo más delicado en cualquier especie.

—Ella quiere conocerte.

Inuyasha tomó a la bebé como había visto a Miroku cargar a sus hijos; cuando las dos miradas doradas se encontraron el nuevo padre sintió un vuelco en el corazón al ver una sonrisa de su hija.

Era su más grande tesoro...

Fin de Flash Back

—Izayoi, no estás segura aquí.

—¡CORRE!

—Te amo—susurro.

—¡MALDITA BESTIA!

—¡ANTES MUERTO!