Más allá del tiempo
Capítulo 1
Clare se ha ido a dormir, fue un largo viaje para ella a su edad, me he quedado en la estancia, con el fuego de la chimenea danzando en las sombras, el regalo que me ha hecho mi hija es un retrato, uno de mí hace 82 años, mi cabello es lo único que he cambiado con el ir y venir de mis personalidades, en esa foto de 1878 tengo apenas 17 años, mi cabello era corto, ni siquiera me llegaba a los hombros, fue un regalo para mi padre, pues él estaba a mi lado, mientras mi madre lo dibujaba. Esa fue la última tarde que la pasamos juntos, dos semanas después, papá murió en un accidente de auto. Él era un comerciante, no teníamos una vida austera, pero tampoco vivíamos a manos llenas. Sin embargo, mi educación siempre fue esencial para ellos, pues aunque suene absurdo, en aquellos años las familias deseaban tener hijas y no hijos, casarlas con un millonario amigo de un amigo de la familia, que con sus miles, qué digo miles, millones de dólares salvaguardaría el futuro de la familia. Las bodas eran todo un sueño, el ideal para cualquier joven, si tan solo se amara o de menos conociera a su futuro esposo.
Mi madre anunciaría mi compromiso tan solo seis semanas después de la muerte de mi padre, pasando el tiempo de duelo, por respeto. ¡Ja!
Mi madre, esa mujer que me dio la vida me estaba vendiendo al mejor postor para pagar las deudas que acarreábamos y para asegurar su futuro sin tener que volver al parque a pintar retratos. En bandeja de plata me ofreció al primer millonario que se cruzó por su camino, no le importó quién era o a qué se dedicaba, ella solo vio una cuenta de banco exorbitante y de inmediato acepto.
Su nombre era lo único que conocía de él. Bruce Jackson.
- ¡Estás hermosa, hija! – dijo mi madre sin un dejo de remordimiento en su complicidad a mi condena, puso un tocado de lo más escandaloso en mi cabello y me dejo mirarme al espejo. Mi vestido, un regalo de mi futuro esposo, era de lo mejor que había usado nunca – Bruce es un hombre afortunado.
Afortunado de tener 50 años y comprar a una joven de 17, ¡vaya fortuna la suya! Era obvio que no podía quitar de mi rostro la expresión de perplejidad, ¡me estaba obligando a casarme! Y todo para qué, para que mi madre tuviera una vida plena y sin preocupaciones financieras.
Desde que mi ella me hablara del compromiso había gastado noche enteras para convencerla de que había otros caminos y sin embargo, para ella la opción más rápida de no quedar en la ruina total era casándome.
- Te casaras con ese hombre – me había tomado de la muñeca con rudeza.
- No quiero hacerlo – repetí, sintiendo miedo de ella por primera vez.
- No seas insolente. No puedes fallarme ahora que te necesito, no puedes ser tan mal agradecida. Tú padre invirtió en ti gran parte de nuestro dinero para tu educación, para que fueras una buena esposa.
- Pero yo no lo amo – una palma se estrelló en mi mejilla, mareándome por un momento.
- Harás lo que te ordene y no quiero que volvamos a hablar al respecto, ¿entendiste?
Esa noche sería la fiesta de compromiso y como autómata me conduje hasta el salón de la mansión Jackson. Después de saludar a quien sabe cuánta persona que se dio cita para mirar cómo era entregada a la horca, mamá me indicó que me pusiera a lado de ese hombre y entonces fue anunciado el próximo enlace.
Recuerdo haber corrido desconsoladamente a mi habitación en cuento el auto aparco en la entrada de la casa, ahí me esperaba mi mejor amigo, Walden, quien se acercó a mí y me abrazo. No me eran ajenos los sentimientos de Walden, sin embargo, en el corazón no se manda y nunca pude enamorarme de él.
- ¿Estás bien? – preguntó mientras me acunaba en su pecho para llorar desesperadamente.
- No, no lo estoy. Siento que estoy en una pesadilla. ¿Qué voy a hacer? – gemí y me deje caer a la cama tratando de desaparecer no solo entre el edredón, sino también del mundo entero.
- Siempre has seguido a tu corazón, ¿qué te dicta que hagas ahora?
Si hubiera podido me hubiera echado a llorar y a reír al mismo tiempo, mi corazón era un cúmulo de emociones. Desesperación, tristeza, traición, desprecio hacia mi madre, repulsión por Jackson. En ese momento quise poder amar a Walden, entregarme a él y que hubiera consecuencias para que Bruce no me quisiera, pero ¿acaso tenía el derecho de embarrar a mi amigo en mis problemas? ¿De qué el cargará conmigo y con un hijo cuando apenas y tenía para vivir?
- No me voy a casar, no lo haré.
- ¿Y cómo piensas evitarlo?
La idea de escapar me tentaba, pero también me llenaba de pánico porque significaba dejar todo atrás, mi vida, a la única familia que me quedaba, a mi amigo, no tenía nada esperándome en ningún lado, la sola idea de enfrentarme al mundo sola y sin dinero, me atemorizo.
Miré a Walden con angustia.
- Tengo un poco de dinero que he ahorrado – me tendió un diminuto saquito de tela con algunas monedas.
- ¿Crees que pueda vivir sola?
- Eres más fuerte de lo que crees – mi amigo lo dijo con tal convicción que me sentí eufórica, capaz de enfrentar lo que se atravesara en mi camino. Tenía que hacer lo correcto para mí, por mí, por primera vez en mi vida, debía pensar en mi felicidad, tomarla en mis manos y luchar por ella.
No quería casarme con Bruce Jackson, no sentí que le debiera nada mi madre y no amaba a Walden, no había nada que me anclara a Phoenix.
Esa noche huí, compre un boleto de tren lo más lejos que mi pequeño fondo monetario me lo permitió.
Dejé una vida llena de lujos y comodidades, pero también una vida en la que sería sometida a los abusos de un esposo que me hubiera colocado en sus estantes como otro más de sus trofeos. Y sin embargo, no puedo evitar preguntarme quién gano, si yo a la vida por escapar de ese destino, o ella a mí por atraparme en este cuerpo para siempre.
- Mamá, ¿dormiste? – es la pregunta que me hace Clare al verme con la ropa del día anterior.
- No, me perdí un poco en mis recuerdos.
- Deberías descansar un poco, hoy es la gala de inauguración del Royal Shakespeare Theatre y tú eres una de las patrocinadoras.
- Tienes razón, descansaré un poco, ¿estarás bien tú sola?
- Claro, mamá, recuerda que he venido a cuidarte y no al revés – le sonrió ante la ocurrencia, aunque para el ojo indiscreto, ella y yo parecemos nieta y abuela, la idea de que me cuide cuando fui yo quien le dio la vida, me parece enternecedor. En el paquete de Clare vienen dos fotos más, una de Albert y la otra… de Richard Grandchester. Me alegra que su esposa haya dejado el teatro, así no tendré que verlo en la gala que es únicamente para los miembros de la Royal Shakespeare Company, los directivos, los patrocinadores y por supuesto, para los arquitectos de tan magnífico edificio.
- ¡Albert! – suspiro, sin poder evitarlo, en mi primer vida, él fue sin duda el amor de mi vida y quizá, en mi cuarta vida, Richard lo fue. Alguna vez escuché que una mujer tiene tres grandes amores en el transcurso de su vida, me reí al pensar, absurdamente, que me faltaba conocer uno más.
Había conseguido llegar a Chicago, me sentí satisfecha de al menos haber llegado al otro extremo del país, pero no conocía a nadie y el dinero apenas me alcanzaba para unos pocos días de hospedaje y alimentos, me urgía conseguir algo que hacer. Gaste tres centavos en el diario del día para buscar un empleo, está de más decir que en 1878 no había muchas cosas que la mujeres podíamos hacer, estábamos destinadas a ser unas simples subordinadas, dedicadas enteramente al hogar y al cuidado de los hijos, no se podía hacer nada sin el permiso del padre o, en su caso, del esposo. Así que opte por considerarme huérfana, aunque no estaba muy alejada de la realidad. Encontré un anuncio que solicitaba una institutriz para un niño de 3 años, qué edad tan tierna.
Me arriesgue mucho al tomar de nuevo el tren y dirigirme a Lakewood, si no me daban el empleo, mi sustento no pasaría de un día más.
Llegue a una mansión con un portón cubierto de rosas, un niño lloraba desconsolado en la entrada.
- ¿Hola? – le dije detrás de la reja, él levantó su mirada y sus ojos azules me miraron con infinita tristeza.
- ¿Quién eres? – preguntó en una perfecta dicción.
- Mi nombre es…
- ¡Anthony! – escuchamos a un hombre que lo llamaba – Te he buscado por toda la casa, ¿por qué no respondías? – aunque sonaba un poco severo, era clara la preocupación de ese hombre por el pequeño.
- Perdón tío William, vi a mi mamá y quería alcanzarla.
- Anthony… - su mirada se tornó afligida – Te he dicho que tu mamá ya no está con nosotros… ella ahora es un ángel – sentí un nudo en la garganta, pobre pequeño, enfrentarse a la muerte de su madre siendo tan joven.
- Tío, no quiero que mi mamá sea un ángel, dile a Dios que me la devuelva – el corazón se me apretujó ante la inocencia de ese pequeño, vi al rubio mayor mirarlo sin saber qué decirle.
- Tu mamá está siempre a tu lado, pequeño – me atreví a decir – siempre que escuches el viento silbar sabrás que ella te murmura muchos te amo, cuando huelas el perfume de una rosa reconocerás en ella la fragancia de tu mamá. Los seres que amamos nunca nos abandonan, mientras los tengas presentes en tu corazón – el pequeño parpadeó incrédulo y después asintió, regalándome una sonrisa.
- Muchas gracias – me dijo el hombre tomando al pequeño en sus brazos - ¿viene por el puesto de institutriz? – asentí con una sonrisa – De acuerdo, mi nombre es William Albert Andley y este pequeño es Anthony Brown.
- Mucho gusto, mi nombre es Candice White, pero puedo decirme Candy.
Continuará…
Espacio para charlar
Muchas gracias por sus comentarios para la historia, me ha hecho muy feliz que les pareciera interesante este pequeño fic. Como pueden es una historia rosa y sin tanto drama, contada desde el punto de vista de Candy.
No habrá grandes dramas. Pensé que serían tres capítulos, pero quizá llegue a 6, eso sí, serán cortitos. Sé que hubiesen querido ver el accidente desde el prinipio, pero voy ir mezclando presente y pasado para que conozcamos la historia poco a poco hasta el encuentro con Terry, sí porque es obvio que es un Terryfic, verdad? Y para las que preguntaron, en efecto Candy no envejece, ella cumplió 100 años, pero tiene la apariencia de una joven de 19.
GRACIAS A…
Guest, Phambe, otra Guest, y otra Guest, Iris Adriana, Stormaw, una más Guest, Blanca G, Miriam7, Mimi, Dianley, Marina W, Elisa Lucia V 2016, Rocío Lourdes.
