Hyrule Warriors: Lazos del Destino
Por Fox McCloude y Goddess Artemiss.
Disclaimer: The Legend of Zelda y todos sus personajes son propiedad de Nintendo. Personajes originales son propiedad de los autores a menos que se indique lo contrario, y han sido introducidos a la historia con el permiso explícito de sus creadores. Todos los derechos reservados.
Prólogo Parte II: Tú serás el líder.
Castillo de Hyrule…
A dos semanas de la prueba inicial para los nuevos reclutas, se les sometió a un entrenamiento básico como forma de evaluar su desempeño. En base a los resultados individuales los agruparían, intentando formar equipos equilibrados para comenzar el entrenamiento en grupo. A partir de ahora, sería evaluada su capacidad para funcionar como un equipo coordinado. A cada recluta se le envió una nota donde se le indicaba a qué escuadrón habían sido asignados, señalando también el punto de encuentro donde debían ver a sus nuevos compañeros.
Muy temprano en la mañana, después del desayuno, Link fue el primero en llegar al lugar que le tocaba. A partir de ahora formaría parte del onceavo escuadrón. Se sentó a la mesa a esperar al resto de sus compañeros.
- Vaya, qué sorpresa. – escuchó una voz que le resultaba familiar. Al ver hacia arriba, vio que se trataba de Ruisu, el chico de pelo negro con el que se había topado el primer día cuando llegó.
- Ruisu, ¿así que también te asignaron al onceavo escuadrón? Bien, me alegro de ver al menos una cara conocida. – dijo Link, demostrando agrado en sus palabras.
- No me quejo, siendo que no conozco a nadie por aquí. – dijo Ruisu. – Entre novatos nos entenderemos.
- Si son novatos no deberían estar aquí. – Les habló otra voz. – Solo los profesionales pasarán.
Ambos se voltearon para ver a otro par de reclutas aproximarse hacia ellos. Ambos usaban su mismo uniforme, con la diferencia que las partes en azul de Link y Ruisu, ellos las tenían en rojo. Uno de los jóvenes iba armado con una lanza larga, y destacaba por tener mechones pintados de rojo en su cabello negro, que le caía un poco por debajo de la nuca. El otro era notablemente más alto y corpulento, y sobre su hombro llevaba una enorme hacha de doble filo. Tenía cabello castaño rojizo alzado en punta, con dos mechones que le caían sobre la frente.
- Así que ustedes son nuestros nuevos compañeros. – dijo el chico de la lanza. – Bueno, creo que debo presentarme. Mi nombre es Alexandre, y mi compañero aquí es Garrett.
El grandullón se limitó a saludar con la mano, esbozando una media sonrisa.
- Discúlpenlo, no habla mucho. – dijo el llamado Alexandre. – Bueno, ¿ya somos todos?
- Aún no. – indicó Ruisu. – Tengo entendido que seríamos un grupo de cinco, aún falta alguien.
- Disculpen la tardanza. – Oyeron una voz femenina aproximarse. – Arquera recluta Zatyr, presentándose al servicio.
La recién llegada era una chica de cabello castaño oscuro, enmarcado con dos mechones sujetos con vendas y ojos del mismo color. Usaba una variante en verde del uniforme de los reclutas, y llevaba consigo un arco y un carcaj lleno de flechas. Estando todos presentes, comenzaron a presentarse hablando un poco de sí mismos, de donde venían y todo eso. El grupo se aburrió un poco cuando Alexandre comenzó a monologar sobre como algún día su nombre sería reconocido entre los héroes de leyenda, al punto que incluso estaba pensando en algún epíteto, algo como "el héroe del amanecer", "el paladín radiante" o cosas similares.
- Bien, ya que ahora nos conocemos mejor, ¿qué sigue? – preguntó Ruisu, feliz de haber terminado de escuchar el relato de Alexandre.
- La comandante Impa dejó dicho que cada escuadrón tendría que designar a un líder para los entrenamientos. – dijo Zatyr.
- Muy bien, si insisten, yo seré el líder del escuadrón. – dijo Alexandre. - ¿Quién está a favor?
Alexandre miró a su alrededor. Únicamente Garrett alzó la mano, y los demás pudieron ver que no parecía del todo entusiasmado por hacerlo.
- Oye, amigo, ¿quién murió y te hizo líder? – dijo Ruisu. – No te ofendas, pero con esa actitud tan poco humilde no pareces capaz de guiar a un equipo.
- ¿Ah sí? ¿Y qué? ¿Piensas que tú puedes hacerlo mejor que yo? – preguntó Alexandre, hablando con arrogancia.
- Tal vez yo no, pero creo saber quién sí puede. – dijo Ruisu. Volteó la mirada hacia Link. El rubio pareció sorprenderse ante esto.
- ¿Es broma? ¿Yo? – Link se mostró incrédulo.
- Te vi cuando estabas peleando con la comandante Impa durante la iniciación. – contestó Ruisu. – En un escuadrón, al menos al iniciar, el más hábil es el que debe encabezar al grupo.
- Muy bien, ya que lo pones así. – dijo Alexandre. – Link, te desafío por el puesto de comandante, aquí y ahora, hombre a hombre.
Link no supo qué decir en ese momento, pero él no era de los que huían de un desafío. Mientras los otros grupos estaban eligiendo de otras maneras quienes serían sus líderes, de pronto el de ellos había caído en eso. Los tres miembros restantes solicitaron permiso a los capitanes que estaban presentes para tener un duelo de práctica y decidir con eso quién sería el líder del escuadrón. Se decidió que lo harían en el patio para tener más espacio y evitar desastres. Cuando los demás oyeron esto, inmediatamente salieron detrás para ver el espectáculo. Los últimos en salir fueron Link y Ruisu.
- Oye, Link, siento haberte metido en eso. – se disculpó Ruisu.
- No, está bien. – contestó Link. – Mi tío solía decir, que a veces la mejor manera para entenderse entre hombres es peleando. Lo que no entiendo es, ¿por qué yo? ¿Por qué no lo retaste tú?
- Me siento más cómodo siendo un estratega, a decir verdad. – confesó Ruisu. – No creo que sea capaz de ir a la cabeza del grupo, si entiendes a qué me refiero. Tú eres diferente.
- ¿Por qué lo dices?
- No lo sé, es un… presentimiento, supongo. – dijo Ruisu. – Algo en mí me dice que tú tienes más potencial como líder. Además, no creo que quieras que alguien como él termine siendo el que nos dirija, ¿verdad?
- No, supongo que no. – respondió Link, haciendo una mueca de desagrado.
Dicho esto, los dos salieron al patio. Ya les habían despejado el área para comenzar su duelo. Alexandre ya se había puesto algunas protecciones, incluyendo un escudo para acompañar su lanza. Link pidió uno también, y preparó su espada.
- Te sientes muy confiado al pelear contra mí sin protecciones, ¿eh?
- Solo serían un estorbo. – dijo Link. - ¿Estás listo?
- ¡Nací listo!
Mientras se preparaban, Ruisu, Garrett y Zatyr se quedaron al lado a observar. Uno de los capitanes estaba actuando como árbitro para determinar al ganador.
- Tu amigo se ve muy confiado. – le dijo Zatyr a Garrett. – Debe pensar que es muy bueno.
- Lo es. – dijo Garrett. Su voz sonaba bastante jovial, con alguien de ese tamaño casi se esperaban una voz grave y profunda.
- Vaya, así que sí puedes hablar. – dijo Ruisu en tono de broma. Garrett frunció el ceño ante esto.
- No te burles de él. – dijo Zatyr. – Pero dinos, ¿en serio tu amigo es bueno?
- Sí, lo es. – volvió a hablar Garrett. – Tiene un récord invicto de veinticinco victorias en nuestra aldea. Nadie ha podido ganarle.
- ¿Ni siquiera tú?
- Especialmente yo. – admitió con firmeza.
Al mismo tiempo, en la muralla adyacente al patio, dos mujeres iban caminando tranquilamente. Una de ellas era la comandante del ejército, Impa, ya vestida con su uniforme. La otra era la Princesa Zelda, pero la ropa que llevaba se asemejaba más a un traje de combate que a los vestidos que normalmente usarían las muchachas de su clase. Tenía protectores de oro en los hombros, pecho, caderas y brazos, también sus botas, que le llegaban hasta la rodilla, estaban hechas de oro, y llevaba debajo de estas unas medias largas ajustadas hasta la mitad del muslo, de color oscuro. Debajo de los protectores llevaba lo que parecía ser un corsé de color lavanda, y su falda, de color rosa y sujetada por los protectores de las caderas, estaba abierta en el frente para permitirle mover las piernas. Llevaba también una sobrefalda de color azul con el tapiz de la familia real. Su larga cabellera estaba atada en una trenza que terminaba en un adorno de plata con una gema azul, y en su frente llevaba una tiara de oro que completaba perfectamente el atuendo que llevaba.
Ambas habían venido para echar un vistazo a los nuevos reclutas, que ahora se encontraban a mitad de su entrenamiento. El primer pensamiento de Zelda fue que entre ellos no encontraría al héroe legendario que estaba buscando. Todos se veían iguales a sus ojos, ninguno de ellos destacaba del resto. Aun así, les daba crédito por esforzarse, pues el hecho de que se enlistaran era en sí mismo una gran muestra de valor y determinación.
Y entonces, sin más, algo atrajo su atención. Abajo en el patio habían despejado un área. Dos de los nuevos reclutas estaban frente a frente, con las armas en mano, pero específicamente el que llamó su atención fue el que no llevaba protectores encima, solamente el uniforme estándar y empuñaba la espada en la mano izquierda y el escudo en la derecha. Al no traer casco, pudo apreciar el cabello rubio desordenado del joven, posiblemente tuviese la misma edad que ella.
- ¿Quién será? – se preguntó a sí misma observando al joven de dorados cabellos, mostrándose curiosa.
Su oponente, que llevaba una lanza, inmediatamente le lanzó para darle una estocada. El joven rubio lo bloqueó con su escudo, y se lanzó para darle un espadazo. El lancero lo detuvo a su vez con su propio broquel, pero el espadachín no se detuvo y continuó presionando su ataque.
A duras penas el lancero lograba mantener a raya el asalto del espadachín. El hecho de no llevar protecciones encima le permitía moverse mucho más rápido y con más libertad, forzando al otro a retroceder con cada golpe. No obstante, este lograba mantener una fuerte defensa, y esperaba el momento en que su contrincante diera una abertura para contraatacar.
Dicha oportunidad pareció venir cuando consiguió empujarlo hacia atrás con su escudo, y utilizó la distancia para tomar impulso y dar su ataque. A pesar de ello, el espadachín rubio no perdió el balance y tuvo tiempo de montar su defensa, deteniendo la estocada de la lanza con su broquel. El lancero no se amilanó por esto y trató de darle un tajo a las piernas, pero el espadachín se anticipó y lo esquivó saltando, pero esto no fue una acción evasiva solamente, pues aprovechó el impulso del salto para descender con su espada, asestándole un golpe en el casco que le retumbó en los oídos. El lancero se tambaleó un poco y cayó de sentón en el suelo.
- ¡Alto! – gritó un soldado que estaba en medio de los dos, evidentemente haciendo de árbitro para su encuentro. - ¡El recluta Alexandre ha caído, el ganador es el recluta Link!
Algunos de los reclutas y soldados que rodeaban el encuentro comenzaron a aplaudir y a vitorear. Zelda ni siquiera se fijó en que el lancero se quitaba el casco y volvía a ponerse de pie sacudiéndose la cabeza por el aturdimiento del último golpe, pues de manera inexplicable, sin poder evitarlo, no podía quitarle los ojos de encima al joven espadachín rubio, quien había causado en ella una extraña sensación, una que no había experimentado nunca jamás.
- Así que… su nombre es Link. – murmuró, sin dejar de observar con impacto a aquel joven.
- Ese muchacho… - Impa se acercó a mirar, y lo reconoció también. – Entre los reclutas que evalué personalmente este año, creo que él es el más prometedor.
- ¿En serio? – preguntó Zelda, aunque no estaba poniendo mucha atención en realidad.
Abajo, los reclutas recién terminaban el duelo. Link se acercó a Alexandre para darle la mano.
- Fue un buen encuentro, eres bueno. – le dijo, mostrándole una sonrisa.
- Hmm… tú tampoco eres tan malo. – admitió Alexandre a regañadientes. – ¡Caray, allí se fue mi racha invicta!
- No te sientas mal, se aprende también de las derrotas. – indicó Link. – Bueno, el trato era que el ganador se quedaba como líder del escuadrón, ¿cierto?
- Cierto. – reconoció Alexandre. – Bah, ser líder de escuadrón son demasiados problemas y responsabilidades, por mí puedes quedarte con esa carga.
- Tu amigo no parece ser un buen perdedor. – comentó Ruisu, hablándole a Garrett. Este solo se limitó a sonreír de lado. La reacción parecía muy obvia, para alguien que mantenía una racha invicta tanto tiempo era normal que se le subieran los humos.
- Oigan, ¿ya vieron quienes nos están observando? – intervino Zatyr. Señaló a las dos mujeres que estaban sobre la muralla, todos voltearon a ver.
- Son la comandante Impa y… ¡Hey! ¿Qué no es la Princesa Zelda? – Ruisu se sorprendió de verla.
- ¿La Princesa? – Alexandre de pronto se sintió mucho peor por haber perdido. – ¡Grandioso, acabo de quedar como un tonto frente a nada menos que la regente del reino!
Pero Link no prestó atención a sus comentarios. Ni siquiera se fijó en Impa, su mirada estaba clavada en la joven de cabellos dorados que la acompañaba. Aún a esa distancia, tenía la extraña sensación de que ella lo estaba mirando. No viendo el encuentro, o inspeccionando a los reclutas, sino que lo estaba mirando A ÉL. ¿Acaso sería posible? ¿Una mujer como ella observando a un aprendiz de soldado como él? No pudo evitar sentir una intensa corriente eléctrica recorrerle el cuerpo al encontrarse con su zarca mirada, como si no fuera la primera vez que se cruzara con aquella doncella.
Esto no pasó desapercibido para el resto de sus compañeros. Cuando la Princesa e Impa finalmente siguieron su camino, Ruisu fue el primero en acercársele.
- Oye, Link, me parece que la Princesa te acaba de echar el ojo. – dijo dándole con el codo.
- ¿Eh? – expresó, saliendo de su ensimismamiento.
- No finjas, estaba mirando hacia acá… o más específicamente, a ti, suertudo. – agregó Zatyr, viéndolo con los ojos en rendijas y sonriendo con malicia.
- Cómo crees, ¿por qué iba a fijarse ella en alguien como yo? – Link desvió la mirada al sentir que empezaba a sonrojarse.
- Así es, ¿por qué iba a fijarse en él estando yo aquí? – dijo Alexandre algo pomposo. – Seguro que me estaba viendo era a mí.
- Viendo cómo te pateaban el trasero. – corrigió Ruisu. Alexandre se puso enfurruñado ante ese comentario.
- Bueno, ya vámonos. – dijo de mala gana. – Y tú, líder de escuadrón, es mejor que te pongas a trabajar desde ya y nos dirijas, ¿no lo crees?
Dicho esto se fue de vuelta al interior del castillo, pues tenían un tiempo de descanso antes de comenzar el entrenamiento programado para ese día. Se notaba que iba pisoteando con rabia, pues el metal pesado de sus protecciones resonaba a cada paso que daba.
- Qué carácter. – dijo Ruisu. – Pero tiene razón, es mejor prepararnos desde ya.
- Cierto. – corroboró Zatyr. Garrett se limitó a hacer un asentimiento con la cabeza.
El grupo se dirigió detrás de su compañero de vuelta a los cuarteles interiores. Antes de entrar, Link no pudo evitar echar una última mirada a la muralla donde hacía unos minutos había estado la princesa. ¿Sería posible? ¿Realmente lo estaba mirando a él?
- Tch, qué tontería. – dijo encogiéndose de hombros antes de cruzar la puerta y seguir a sus compañeros.
Al atardecer…
El día de entrenamiento había terminado. Casi todos los reclutas se habían retirado a sus cuarteles para dormir. Los líderes de escuadrón eran los últimos en irse, pues después de cenar tenían que entregar un reporte escrito de su entrenamiento con el desempeño general del equipo al que fueron asignados. Para ese entonces, el último que quedaba era Link. Se había tardado más que los demás pues, aunque el entrenamiento había ido, según su evaluación personal, bastante bien, la escritura no era exactamente su fuerte. No porque no supiera, sino porque no estaba acostumbrado a redactar esa clase de informes, así que le costaba un poco describir su desempeño y el de sus compañeros de la forma que se suponía que debía hacerlo. El reporte mínimo tenía que llenar diez pulgadas de pergamino, por fortuna ya estaba llegando a su fin. Estaba tan cansado que no notó que alguien venía acercándosele.
- Uff, por fin terminé. – dijo dejando la pluma y tapando el tintero luego de colocar su firma al pie del pergamino. – Qué fastidio. ¿Tendré que hacer esto a diario a partir de ahora? Tal vez aceptar ser el líder no fue tan buena idea.
- No eres el único que piensa eso, pero ya te acostumbrarás. – le habló una voz femenina a su espalda. Una voz que iba cargada de una increíble amabilidad y dulzura.
Link no reconoció la voz, así que volteó a ver por encima del hombro de quién se trataba… y sus ojos se ensancharon como platos al verla. Era nada más y nada menos que la Princesa Zelda, vestida con el traje y protectores que llevaba cuando había pasado esa mañana por la muralla. Llevaba también en su mano una espada larga y delgada de tipo florete, la hoja estaba hecha de plata fina y la empuñadura de oro muy bien ornamentada, lo cual complementaba su elegante atuendo perfectamente.
La primera impresión del joven fue que de cerca se veía mucho más hermosa de lo que decían los rumores sobre ella, de hecho, el aprendiz pensaba que jamás en su vida había visto a una mujer tan bella, cuyo encanto y gracia se asemejaban al de una Diosa, provocando que por unos momentos la observara embelesado, y al mismo tiempo sorprendiéndose de que ella estuviese frente a él, y sonriéndole dulcemente como si nada.
- ¡P-Princesa, Su Alteza! – Cuando por fin cayó en cuenta, su primera reacción fue ponerse de pie de golpe, tirando la silla, e inmediatamente se arrodilló frente a ella, evitando mirarla a los ojos. Esa maravillosa y zarca mirada, tan cristalina y pura… pero no, simplemente no podía darse el lujo de tener esa clase de pensamientos, debía mostrarle respeto como su fiel servidor.
- Por favor, no es necesario que te inclines. Puedes ponerte de pie. – le dijo ella amablemente. Link la obedeció, pero aun así evitó mirarla de frente, mientras sus mejillas se sonrojaban de manera tenue. – Y mírame a los ojos, eso es cortesía básica en una conversación.
- Lo lamento mucho, le prometo que no volverá a ocurrir. – indicó avergonzado, esforzándose para mirarla a los ojos.
Sintiéndose terriblemente nervioso ante aquella hermosa joven, Link tragó en seco ante esas palabras, pero hizo lo que le dijo. La sonrisa de la princesa no había cambiado. En ese momento fue que se percató de que ella tenía casi la misma estatura que él, los ojos de ambos quedaban al mismo nivel. Tomó un profundo respiro, e intentó romper la incomodidad del silencio.
- Princesa… ¿puedo preguntarle… qué hace por aquí? – dijo cuando alcanzó a controlar lo suficiente su voz y se le bajaron los nervios.
- Estaba entrenando. Hace casi un año le pedí a Impa que me entrenase en el uso de la espada, como podrás ver. – respondió ella. Al decir las últimas palabras, le mostró su florete.
- Esa… es un arma espléndida, Princesa, sin duda queda perfecta para usted. – comentó Link, sin saber muy bien por qué. Sí, el florete en sí mismo era un arma hermosa y elegante, igual que su portadora, provocando que con aquel último pensamiento se sonrojara hasta más no poder.
- Gracias, es muy importante para mí. – dijo ella. – Quiero aprender a manejarla, para guiar a mi pueblo como es debido.
- ¿A qué se refiere? – preguntó Link con interés en esa última parte.
- Durante años, he tenido que ser cuidada y protegida, pero cuando mis padres murieron, una enorme responsabilidad cayó sobre mis hombros. Ellos me enseñaron que yo existo para servir a mi gente, y no al revés. Mi meta en vida es llegar a ser como ellos, una soberana fuerte y que sea capaz de proteger a su pueblo por sí misma.
- Eso… eso es realmente admirable. – dijo Link con toda sinceridad. La princesa no se veía a sí misma por encima de los demás. Claramente era una persona muy humilde y compasiva, con ello demostraba que la su belleza exterior se complementaba en sobremanera con la de su alma.
- Sí, pero a pesar de todo… no puedo hacer eso yo sola. – continuó. – Aun siendo la Princesa de Hyrule, hay algunas cosas que puedo hacer, y otras que no. Es por eso que necesito el apoyo de otros, para poder superar esas limitaciones.
- Eso… es muy cierto, Princesa. – dijo Link, sintiéndose algo tonto por no pensar en otra cosa qué decir. – En fin, ¿hay algo… en lo que pueda servirle?
- A decir verdad, sí lo hay, Link. – contestó la princesa.
- Disculpe… no recuerdo haberle dicho mi nombre. – dijo Link, sorprendido de que la princesa lo supiera.
- Te vi durante los entrenamientos esta mañana. – explicó Zelda tranquilamente. – Impa me dijo que te evaluó personalmente. Y también que tienes mucho potencial.
- Je, no es para tanto. – Link se rascó detrás de la cabeza.
- En fin, me preguntaba si querrías ayudarme en mis sesiones de entrenamiento de vez en cuando. – le dijo Zelda. – Impa piensa que un cambio de oponente me vendría bien para mejorar mis propias habilidades, y te sugirió personalmente.
- ¿Yo? ¿Es broma? – Link no podía creerlo. La comandante del ejército lo había sugerido personalmente para ayudar a la regente con su adiestramiento con la espada. Y no solo eso, la princesa en persona estaba de acuerdo con ello. – No soy la gran cosa, si apenas soy un recluta recién ingresado…
- No es así. Conozco a Impa desde hace años, y ella sabe reconocer el potencial de las personas con solo verlas una vez. Confío en su juicio. – dijo Zelda, sin prestar atención a su incredulidad. – En todo caso, espero que no tomes esto como una orden de mi parte. Si no puedes, o no quieres, lo entenderé.
- Bueno, sucede que… como me eligieron como líder de mi escuadrón… es obvio que estaré muy ocupado, ya sabe, dirigiendo a mis compañeros durante los entrenamientos.
- Entiendo. – dijo Zelda, se veía claramente decepcionada. Se dio la vuelta para marcharse. – Si ese es el caso, entonces buscaré a alguien más.
- ¡Espere, no he terminado! – le dijo de pronto, alzando la voz sin darse cuenta. – Perdón, no quise sonar descortés. Lo que iba a decirle es que… tal vez pueda apartar algo de tiempo, si es suficiente con unas dos o tres veces por semana. Solo tendríamos que fijar un horario.
- ¿Eso quiere decir que aceptas? – La radiante sonrisa de la princesa retornó a su rostro en un parpadeo, causando que Link sintiera, una vez más, aquel extraño pero agradable estremecimiento.
- Sería… sería un honor para mí, Princesa. – dijo Link, sin poder evitar sonreír también, mostrándose admirado con la joven que se encontraba frente a él.
- Muchas gracias. – dijo Zelda. – Significa mucho para mí que hagas esto, de verdad. Hablaré entonces con Impa al respecto, le diré que aceptaste.
- No es nada, Princesa, lo haré con gusto. – dijo Link, de nuevo rascándose detrás de la cabeza. En ese momento miró el reloj de la pared. – Ay no, mire qué hora es, es mejor que vaya a entregar mi reporte. Con su permiso, me retiro.
Haciendo una pronunciada reverencia, agarró el pergamino con su reporte y se fue a toda prisa. La Princesa Zelda se rio al verlo cruzar la puerta a toda prisa, tropezándose un poco en el camino, y no pudo evitar reírse un poco. Era un muchacho simpático, y al verlo más de cerca tuvo que admitir que también le parecía sumamente atractivo, incluso mucho más que algunos de los pretendientes que alguna vez la cortejaron. Sin embargo, lo que más le sorprendió de conocerlo, fue el haber percibido su respetuoso, pero al mismo tiempo autentico comportamiento, sin que ninguna pose para dirigirse a ella tuviera que ser impuesta, mostrándose tal y como él era, situaciones que solamente con Impa había vivido, y era la primera vez que le ocurría con un muchacho de su misma edad.
Mientras Link iba por los pasillos hacia sus cuarteles después de entregar su reporte, no podía dejar de pensar en lo que acababa de ocurrir. Tenía mucho en qué pensar. Primero, aquella sensación de que la Princesa Zelda lo estaba mirando durante el duelo que tuvo con Alexandre esa misma mañana resultó acertada. Segundo, había podido verla de cerca, y no solo eso, ella le había hablado con mucha confianza, como si fuese un amigo, y se portó muy amable con él, para finalmente pedirle de favor que la ayudara con su entrenamiento, lo que significaba que podría volver a verla. Se preguntaba si debería decírselo a sus compañeros, aunque luego de pensarlo se dio cuenta de que se enterarían tarde o temprano, así que mejor decidió hacerlo temprano. ¿Cómo reaccionarían? ¿Se alegrarían por él? ¿Se pondrían celosos? Una parte de sí mismo aún le decía que lo que acababa de aceptar era una locura, que no tenía idea de en lo que se estaba metiendo, pero la otra, la dominante, le decía que eso no importaba, pues todo valdría la pena, aunque fuese solo por volver a ver a la joven sonreírle de esa manera.
- Que hermosa es… – expresó sin siquiera haberlo planeado.
Esa noche, dudaba mucho que pudiera conciliar el sueño, sintiendo como su corazón latía con prisa al recordar la mirada y sonrisa de la princesa.
Esta historia continuará…
Comentarios finales:
FOX:
Antes que nada, me disculpo porque dije que el intervalo de publicación sería de dos días, y han pasado cuatro. Sucede que tuve que echarme un viaje a Barquisimeto para ir a pagar la renta en la residencia (digamos que les quiero ahorrar las colas que se hacen en el banco), y de paso recoger el CPU de mi PC de escritorio para llevarla de nuevo con mi primo a reparar (para variar, sigue dándome lata, así que me vine sin maleta para recogerla). Planeaba publicar el sábado, pero el internet en la residencia estuvo caído el fin de semana y no pude hacerlo, hasta ahora que regresé. Para las próximas no les fallo, lo prometo.
En fin, por aclaraciones, sobre el resto de personajes que forman el escuadrón al que Link fue asignado (y ahora es líder), al igual que Ruisu, Alexandre y Garrett son de mi propiedad, los creé específicamente para esta historia. En cuanto a la arquera, Zatyr, ella le pertenece al usuario de DeviantArt y amigo cercano mío athorment, quien amablemente nos la prestó para esta historia (y por si les interesa, me regaló en mi último cumpleaños algo de arte conceptual de los personajes, si desean verlo). Pensé que podría expandir un poco más la personalidad de Link si lo pongo en medio de un grupo de amigos, eso nos ayudaría a explorarlo más a fondo desde mi punto de vista.
Gracias por los reviews a: Jlea06301, Dark Cat, klyVan, IA (aprovecho de decirle "mil gracias por la portada, me encantó"), SEBAS GG, Raven Harkinian, YoakeYoru, ZarcortFan25 y Niakuru. Quienes solo se están limitando a favoritear y seguir, por favor comenten más. Digan lo que piensan sin miedo, eso nos ayudará a ir más lejos.
ARTEMISS:
Hola, les saluda Artemiss, agradezco a todos por sus reviews, follows y favoritos. Créanme que los valoro mucho, al igual que Fox lo hace.
Bueno, para los que jugaron HW y los que son seguidores del zelink, esta parte del prólogo debe haber sido su favorita (al igual que la mía), pues Link y Zelda se conocieron por primera vez, y con aquella conocida escena donde la princesa lo vio entrenar y ganar contra su contrincante, solo que ahora la amistad se hizo presente de manera distinta que en la del juego, ya que el aprendiz de caballero entrenará a la futura reina, quien se atrevió a proponérselo sin ninguna duda, además de que así podrá convivir con otro chico de su edad, lo que será muy bueno para lo que se viene más adelante.
Como dijo Fox, yo me encargaré de todo el romance de la trama, algo que se me hace muy interesante porque, a pesar que en el juego si hubo zelink por las miraditas entre los protagonistas, no hubo tanta interacción como hubiéramos querido, pero esto aquí cambiará, ya que la acción y el romance estarán a la par, y por su puesto, el drama también, ese es uno de mis fuertes por lo que de ninguna manera faltará.
Espero que esta parte haya sido de su agrado, y en un par de días vendrá la siguiente.
