Capitulo 2: Friendless
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"Nadie aprende, nadie aspira, nadie enseña a soportar la soledad."
(Friedrich Nietsche)
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Todo iniciaba y terminaba en la cama. Una vez más los gritos habían sido opacados con calientes besos. Ya ni siquiera recordaba porque habían discutido, ni siquiera recordaba en que día se encontraba. Era como si se desconectara completamente del mundo al estar tan cerca de ella. Alzó una de sus manos y colocó su mano por encima de sus ojos, tratando de impedir el paso de la luz del sol. Debían de ser alrededor de la seis de la tarde.
Poco a poco volvía cobrar conciencia, estaban en el cuarto de Lily, tenía que entregar un breve comentario sobre los mejores métodos de defensa contra las criaturas malignas de los lagos. Eso apenas le llevaría quince minutos hacerlo, pero su cuerpo estaba completamente laxo y parecía no tener muchas ganas de ponerse en marcha. Se pasó una mano por la cabeza. El sol le había calentado la cabeza y comenzaba a dolerle. O quizás era el hecho de estar en la cama a las seis de la tarde, en un cuarto cerrado apestando a sudor, con las sabanas hasta el cuello y el cuerpo aun caliente por la actividad física.
—¿Qué hora es? —preguntó una adormilada voz.
—De acuerdo con el sol. Alrededor de la seis de la tarde —respondió el joven perezosamente.
La chica se arrebujó en su pecho. —Es temprano, pero no deseo moverte ¿y tú?
James respiró profundamente. —Creo que….no. Tengo algo de sueño.
La joven se arrebujo entre las sabanas y el cuerpo de él.
—James, voy a dormir un rato más. ¿Te importa?
El chico negó con la cabeza. —Voy a hacerte compañía. Tengo mucho sueño.
Ambos se enredaron el uno el otro. Podría ser el tercer día de clases, pero ellos disfrutaban de la vida así.
— ¡Esto es la locura! Lilian… —dijo la joven entrando al cuarto repentinamente—. ¡Maldita sea! . ¿Acaso no conocen la televisión?
Lily gruñó ásperamente escondiéndose debajo de las sabanas junto con James.
—Vera no te…¡AHHH! . ¡Por las barbas de Merlín, Lilian! Hay un hombre en tu cuarto.
—¡No Sundory! Es un gnomo.
La chica de cabellos negros, miró de mala gana a Vera. —¿Qué...qué...?
—¡Oh vamos, esa pregunta sobra! . ¡Gryffindor valeroso! . ¿Acaso no saben hacer otra cosa?
La pelirroja puso los ojos en blanco. —De momento no, cuando inventemos algo más divertido que esto, te damos el tip. —James rió ligeramente y abrazó a Lily.
—Vamos chicas, vayan a ver...si los unicornios están saltando. —dijo James tranquilamente.
—Tú si saltas de gusto —ironizó Vera, quien negó con la cabeza y salió del lugar.
—Sundory...no esperas que... ¡Vamos! —exclamó Lily exasperada.
La chica miró a los jóvenes seriamente. —Esto es...¡El colmo! Lilian, tú, no...¡esto es para el matrimonio!
Lily rodó los ojos junto con James.
—Tú debiste, esperara hasta la noche de bodas, para...para...
La pelirroja se llevó una mano a la cabeza. —Llegas tarde, por unos diez meses querida. ¡Y vamos! Deja de ser tan mojigata, además esto es muy divertido. ¿Para que esperar? Digo, algún día iba a suceder.
Sundory negó con la cabeza y salió del lugar dando un tremendo portazo.
—¿En que estábamos? —preguntó Lily reacomodándose.
James suspiró y cruzó las manos colocándolas debajo de su cabeza. —En que tenias sueño. Pero sabes algo Lily... —
—¡James! —
El chico se levantó de su lugar velozmente y colocó a Lily tras de él. —¡Tienes tres segundos para salir de aquí Sirius!
El joven de ojos grises puso los ojos en blanco. —No estoy viendo a la pelirroja, yo respeto.
—A los perros.
—Muy gracioso prongs, como sea. He estado pensando...
—Para ti, toda una novedad —ironizó Lily.
Sirius señaló a Lily con un dedo. —Muy graciosa pelirroja. Bueno el punto es que Snape...
—¡Se puede ir a la mierda! Sal de aquí inmediatamente. ¡Y dile al próximo que se le ocurra entrar a este cuarto que le echare una quincena de maleficios!
Sirius parpadeó ligeramente y salió del lugar completamente derrotado. James tenia un genio de demonio, cuando estaba cerca de esa pelirroja. Quizás...era ella quien lo ponía de malas, como ella siempre estaba que echaba chispas.
James se cruzó de brazos y se giró hacia Lily. —Lily... —
—Se me a quitado el sueño, voy...a dar una vuelta—James observó a la chica levantarse de la cama y buscar un par de prendas, se las colocó lentamente—. ¿Te quedas? Bueno, nos vemos después.
La puerta se cerró tras ella, James suspiró pesadamente ¿Qué diablos estaba haciendo? Ya no tenia noción de lo que hacia o decía, todo era cuestión de impulso. Se sentía, atrapado. Quería esta con ella y sin embargo, sin embargo entre más cerca estaban, más daño y soledad sentía, era algo asfixiante, como si alrededor de ellos se creara un ambienten pesado y frío que se adentraba en su cuerpo y no lo dejaba respirar. James juntó las palmas de sus manos y se las llevó a la cara, deseaba quitarse esa molestia, deseaba poder respirar con normalidad. Deseaba, deseaba estar con ella y no estarlo.
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—Esto es muy aburrido —se quejó Sirius mirando el fuego—. Molestemos a alguien.
—Madura Sirius —murmuró Remus escribiendo en un pergamino—. ¿Por qué no haces la tarea? Tenemos...
—¡Eres tan aburrido Remus! —dijo el joven.
—Porque no metes tu cabeza en el retrete y tiras de la cadena.
Sirius miró a la joven con los ojos entrecerrados. —Sabes Vera, eres...ODIOSA.
—¿En serio? . ¡Vaya mira, que novedad! —dijo la joven indiferente, trabajando en un libro.
—Eres insufrible.
—¿Esa no era una línea de Lily? Se te esta acabando la creatividad Black.
—¡Remus! —se quejó Sirius—. Calma a tú consorte.
Plaf, patam, patatum. Pergamino, tintero y pluma rodaron al suelo.
—¡Sirius! —gritó Remus—. Deja de decir incoherencias, porque, porque...
—Calma Lupin, yo no me preocuparía tanto. Con la única neurona que tiene, seguro que le cuesta mucho hilar las palabras.
—El que nada debe, nada teme, mi querido licántropo. Uffff, tío, si que te gustan las cosas complicadas. Mira que gustarte esta cosa desabrida. Con razón comes mucho chocolate. De algún lado, tienes que sacar lo dulce.
El libro de Vera voló de sus manos, a la cabeza de Sirius. El animago recibió el golpe de frente y le obligó a llevar la cabeza hacia atrás pegándose en el impulso con el respaldo del sillón.
—Voy a las cocinas ¿desean algo?
—Agdyjdujsdka.
—¿Qué? Ay Sirius, deja de jugar.
—¡Ayuda! —chilló el joven—. ¡Acaso tus cuatro ojos nos ven que han atentado contra una belleza nacional!
James miró a Sirius con los ojos entre cerrados, para finalmente lanzar un largo y tendido bufido. —Eres un zoquete.
—¡Tus neuronas hicieron sinapsis, Potter! —exclamó Vera animada.
—Sea lo que sea, se que es un insultó.
—Otra vez¡Bravo, vamos mejorando! —le aplaudió la joven.
Sirius le lanzó el libro a los pies y se levanto indignado. James se encogió de hombros y se fue con Sirius. Vera, era así con ellos. Nunca dejaba de insultarlos muy a su agria y grosera manera.
—Creí que estarías en este momento con tú, amadísima pelirroja.
James hizo una horrible mueca y se encogió de hombros. —Toda la gente cambia de parecer.
—Ah, así que finalmente no se resolvió lo del puesto de quidditch —inquirió Sirius.
James se llevó una mano a la cabeza, ahora recordaba porque había estado discutiendo con Lily. James le pidió a Lily que dejara el puesto de bateadora y se colocara como cazadora, la respuesta de la esta, fue un no rotundo. ¡Ella deseaba partir cráneos! Sin embargo tener a dos locos rompedores de huesos en el equipo no le convenía, además no iba a poder concentrarse completamente. Siempre estaría pendiente de Lily, si esta bien, si no la había lastimado, si ella no lastimaba seriamente a nadie más. Era una pésima idea ponerla como bateadora, pero ella, ella se negaba a dejar ese puesto. Era eso o ¡nada!
La decisión final de ella y dada de muy mala gana, había sido que; dejaba el equipo. Esa no había sido la intención de James, pero ella pareció tomarlo así. Y de ahí, la cosa se había puesto tan fea, que optó por no recordarlo, y para ser sinceros, tampoco recordaba como demonios habían terminado bajo las sabanas.
—Creo que no. Bueno Lily decidió dejar el equipo.
—¡¿En serio?!, pero ¡James! Es la bateadora más espectacular de todos los tiempos.
—Sirius —terció James casadamente—. No creo poder jugar un solo partido, sin pensar en¿Estará bien¿Le habrán dado muy duro¿Dañara a alguien?
—¡Vamos James! Ella es así, no puedes limitarla. Te preocupa, pero...
—¡No lo entiendes Sirius! Es...no quiero que se lastime y...
—James, no puedes encerrarla en una cajita de cristal. Ella es aventada y atrabancada, has eso y la perderás.
James detuvo su caminar. ¿Estaba hablando con Sirius Black? —Ella algunas veces...
—A mi me fastidia que Sundory trate de controlar mis acciones —dijo Sirius tranquilamente—. Y cada vez que me dice algo semejante, sonrío le doy un beso en la mejilla y le digo: Si amor. Pero nunca le hago caso.
—¡Me estas comparando con la santurrona de tu novia!
Sirius frunció el ceño. —Esa cosa roja, te está pegando sus mañas.
—¡A quien le llamas cosa roja! Su nombre es Lilian.
—Y el nombre de Sundory, no es santurrona.
—¡Pero es una santurrona! —gruñó James.
—Y la tuya también es una cosa. ¡James discutir por esto, es estúpido! —farfulló Sirius.
—Tú iniciaste —dijo James agriamente.
Sirisu se llevó una mano a la cara con desesperación. —James, estas...olvídalo. Vamos por unas cervezas de mantequilla a Hogsmeade. —Sirius le pasó un brazo a James por el hombro y lo arrastró por los pasillos.
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La joven observó el bosque prohibido desde su ventana. Era una inmensa extensión pintada de motitas verdes en tonos que iban desde el verde pasto al verde oscuro. Ella puso una de las manos en el vidrio y recargo su frente en esta.
—Luces bastante triste.Giró su vista, hacia quien le hablaba y sonrió. —¿Eso crees? —se encogió de hombros—. De alguna manera, creo que si.
—¿Puedo preguntar porque?
La chica le miró fijamente, como si tratara de leer sus pensamientos. —Es por un viejo sueño.
El chico negó con la cabeza—¿Un viejo sueño? —preguntó, sin comprender—. Supongo que aun no se ha cumplido.
Ella negó con la cabeza. —No, y nunca se hará realidad.
—Todos los sueños se pueden, volver realidad.
Ella sonrió. —¿Eso crees? Sí, supongo que sí, pero...no este Peter, créeme que este no.
Peter frunció el ceño. —¿Por qué no? No entiendo, porque las Damon Girls quieren pintar, todo su entorno de negro. La vida, no es blanca o negra, tiene tantos matices que...
Torrence le interrumpió con el movimiento de una de sus manos. —Peter...no es que crea que, todo mi entorno es negro o...triste y desahuciado. Es solo que...¡Jamás lo entenderías!
—¿Cómo puedes afirmar eso? No me conoces...bien —exclamó Peter.
Torrence suspiró pesadamente. —No es que crea, que eres...tonto. Es que...esto es muy personal, Peter.
—¿No confías en mi?
—Esto, no es de si confió, o no en ti. O de si te considero inteligente o no. Esto...esto es algo, que es solo mío.
Peter viajó sus ojos por el suelo y se metió las manos en los bolsillos. —Tengo la impresión de que...estamos tan lejos, estando tan cerca.
Torrence parpadeó ligeramente. Ella también, sentía ese gran abismo entre todos. No eran solo ella y Peter, entre todos existía un gran abismo que los separaba.
—Sólo...dame tiempo Peter, cuando lo supere, serás el primero en saberlo. Lo prometo.
Peter sonrió ligeramente —¿Acaso hay algo que yo pueda hacer por ti, Torrence?
La chica se encogió de hombros. —¿Qué deseas hacer por mi Peter?
El chico jugó con sus dedos un par de segundos. —Lo que sea necesario, para verte sonreír Torrence.
La joven suspiró mirando al cielo. Sonreír, sonreír... —Yo siempre sonrío Peter. Bueno, no siempre. Aun no conozco al ser que sonríe todo el tiempo. ¿Tú, sí?
Peter rió tontamente —Punto a tú favor, pero...no deseó verte triste, con esa cara de...
—¿De que?
—En tú rostro queda mejor una sonría Torrence.
Torrence sonrió para complacer al chico. —Y a ti no se te dan los sermones Peter.
—¿Es eso una forma sutil, de decir: No te metas en mis asuntos?
—¡NO! No era un insultó Peter. No soy Vera —ambos chicos rieron—. Sólo...bueno, supongo que a nadie le gusta ser criticado, lo lamento tanto. ¡Y no le vayas a decir a Vera, que dije semejante cosa!
—Se armaría la gorda.
—Y la amargada.
Ambos rieron nuevamente.
—Cualquiera que sea el asunto Peter. Lo resolveremos, te lo aseguro —dijo Torrence comenzando a andar por el pasillo.
—¿Tú y quienes más? —preguntó Peter, perspicazmente.
Torrence abrió los ojos, notando su fatídico error.—Tú y yo, por supuesto.
Peter dejó correr la nota tal cual. Después de todo, tenía que evitar a toda costa, que el sistema de precaución de las Damon Girls se encendiera. Mientras más distraídas agarraran a las chicas, mejores resultados obtendrían y mayor información recabarían.
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Tic-tac, el segundero se movía constantemente, el tiempo pasaba al mismo ritmo, este nunca variaba. Tic-tac las cuatro jóvenes se miraron en silencio. Tic-tac, ninguna quería decir la verdad, todas ocultaban lo que sabían. Tic-tac, la red de mentiras crecía, ya no había nadie que las uniera bajo la misma bandera. Tic-tac, algún día todo estallaría.
—¿Qué deseas que hagamos? —preguntó Vera mirando la ventana.
Sundory suspiró y jugó con el rosario que tenia entre sus manos. —Vera, no puedo con esto sola. Necesito de su apoyo.
—Lo tienes Sundory —dijo Lily que se encontraba recargada en el buró, con los brazos cruzados y los ojos cerrados.
—¿Es eso verdad, Lily?
La pelirroja frunció el ceño. —¡Demonios! Sabes que sí. Esto es algo que no podemos discutir. Ya no es cuestión de querer o no. Estamos hasta el cuello en este lió, o todas jalamos parejo, o...no quiero imaginarlo.
Torrence se encontraba sentada en una de las cinco camas del lugar, con la cara escondida entre las manos. —No lo puedo creer Sundory, se supone que tú...
—No ganaras nada discutiendo, Torrence —le cortó Lily.
La chica alzó el rostro y miró a su amiga. —Lo sabías. ¡Tú lo sabías!
—Todas lo sabíamos —contestó tranquilamente Lilian.
Torrence se levantó de la cama para protestar. —Yo no lo sabía, porque...
—Y como diablos querías enterarte, cuando te la pasabas babeando por los idiotas, de los merodeadores —chilló Vera.
—¡No son unos idiotas! Deja de hacerte la del orgullo feminista. ¡Eso también apestaba! Somos solo amigos ¡Merlín poderoso! —se defendió—, además, no babeo por ellos.
—¡Has dicho cosas más estúpidas querida!
Torrence avanzó hacia Vera, pero Lily le detuvo. —Vera no traga a los merodeadores, nunca lo hizo y nunca lo hará, déjale en paz. Si no quiere trabar amistad con ellos, es su problema.
—¡Pero que no los insulte!
—¿Desde cuando eres su defensora? Torrence, sólo consigues rebajarte ante nuestro ojos.
Torrence miró a Lily y le miró con desprecio. —Esta insultando a tu novio.
La pelirroja puso los ojos en blanco. —Si discutiera cada vez, que insultan a James; hace mucho que estaría en San Mungo. Y tampoco es que él, sea el ser más inteligente de todo el planeta.
Torrence volvió a sentarse en la cama, mirando como Vera alzaba la barbilla orgullosamente.
—Todavía me pregunto, como es que no has terminado, revolcándote con uno de ellos —Torrence gimió. Lily y Sundory se buscaron con la mirada, como si presintieran que aquello, acabaría muy mal—. Tú que te lanzas a sus pies y lames la suela de sus zapatos.
—¡Suficiente Vera! No se que diablos tramas en tu endemoniada cabeza, pero lo que hay entre ellos y yo, es pura y neta amistad.
—Lily decía odiar a Potter, y ahora no sale de su cama —murmuró Vera.
Lily se sonrojó y evitó mirar a sus compañeras.
—Ella es punto y aparte. ¡No me compares con ella!
—Sundory decía ser; amiga de ellos. ¡Y deja que Black, se le meta entre las piernas!
Sundory chilló y se llevó una mano al pecho, sumamente ofendida.
—Quizás tú les tienes envidia —opinó Torrence.
Vera rió secamente. —¿De tener a los idiotas más grandes del mundo como novios? . ¡Unicornios saltarines! Cada día confirmas, que tú no tienes cerebro Torrence.
Torrence hizo un mohín de disgusto. —Bueno, pero quedan Remus y Peter.
—¡El punto es, que te has dejado cegar por ellos! En cualquier momento, les dices toda la verdad.
Torrence meditó aquellas palabras. ¿Sería capaz de decirles a los chicos toda la verdad? No, no, había un gran abismo en ser sincera y muy apegada a ellos, a soltarles todo aquello que se guardaba. Eso, no era su incumbencia.
—No Vera, ya hemos sacrificado muchas cosas. No deseo perderlos —habló—. No soportaría, perder...a alguien más.
El silencio reinó en el lugar. Torrence había abierto una herida que aun no terminaba de cicatrizar.
—Ellos, jamás deberán saberlo —interrumpió Sundory—. Esto, es cosa nuestra. No deseó...
—¿Y si alguna vez preguntan? —soltó Torrence—. No son tan estúpidos para no darse cuenta.
Nuevamente un gran silencio se hizo entre ellas. Si alguna vez se enteraban, si de alguna forma ellos...sabían la verdad. Si alguna vez...
—Dimitiremos —contestó Sundory.
—¡No, negare todo! —exclamó Torrence—. ¡Juro que negare todo! Pero...pero no me pidas, eso.
Vera tomó a Torrence por los hombros y la zarandeó. —No tenemos otra opción¡Sabes lo que significa eso!
—¡No, no! Ya perdí a Alex, no quiero...
—¡Torrence!
—¡Lily, Sundory! Ustedes...ustedes; ¿Acaso no les aman?
Ambas jóvenes miraron el suelo. La verdad, significa perderlo todo, la verdad significaba alejarse, la verdad significaba...
—No puedo arriesgarme —dijo Sundory lentamente—. Por amor, no permitiré que él, se involucre.
—Pese a lo que imaginas Vera, ellos no nos darán la espalda —habló Lilian—, querrán ayudarnos. Sabes lo que eso significa, Torrence.
La chica se miró las manos en silencio. ¿Por qué todo debía ser tan complicado? Cuando había dejado de ser un juego, para volverse una maldición. Torrence corrió hacia el baño y en este se encerró.
—Déjale Vera, tienes que... — dijo Lily deteniendo a Vera.
La puerta del cuarto se abrió.
—Las reglas son estrictas, pero nosotros no las cumplimos. ¿Quién quiere pastel de chocolate? —exclamó Sirius—.¿Qué? no me vean así. Pensábamos ir a las cocinas¿Y que mejor que ir acompañados, de tan bellas damas?
—Bueno Vera, no te preocupes por la tarea. Te entregare mi ensayo.
—¡Oh no Lily¿Qué libro habías dicho que era?
—Hongos Curativos de la India —respondió Lily—. Me parece habérselo visto a Torrence, creo que también a Fletcher de sexto año.
—Lo buscare.
—Lamento no poder ir con ustedes a las cocinas, pero unas chicas de primero se han quejado de los visitantes masculinos. Ya saben, están en la edad que sólo buscan colocar sapos en las almohadas de sus compañeras —se disculpó Lily y salió del lugar, no sin antes darle un beso en la mejilla a James.
Lily caminó por el pasillo del dormitorio de las chicas, hasta llegar a su habitación. Entró y cerró la puerta tras ella. Las palabras dichas por Sundory aun retumbaban en su cabeza, "Dimitir" como si fuera sencillo. Era tan fácil decir, "Anda suéltalo" sin embargo¡Suelta lo único que tienes en esta vida! Deja ir al mundo por completo. Da media vuelta y guarda silenció.
La chica se encerró en el baño y se recargo en el lavamanos con los codos y entrelazando sus dedos, para poder recargar su frente en ellos ¡Calla, guarda silencio, no hables, no digas, no abras la boca, no pronuncies palabra, no hagas ruido alguno, soporta, trágate el dolor, muérdete, lastímate! Pero¡Nunca digas lo que sientes! La joven alzo la vista y se miró en el espejo.
El espejo no le devolvía una cálida mirada, el rostro no era rozado y lozano, tampoco se veía en el, la hermosa mujer que decían que era. Lo único que veía en el espejo, era una maldita mentira bien construida. Un espejismo que se desvanecería en cualquier momento. No iba a poder soportar aquel peso fácilmente, ya no tenia nadie que le ayudara a soportar sus cargas, no tenia nadie con quien hablar y decir absolutamente todo lo que sentía. Ya no podía.
Se levantó de su antigua posición y abrió aquel cajón que estaba únicamente por precaución y emergencia. Lo observó detenidamente, estaba conciente de lo que intentaba hacer, sabía que tan mal podía terminar, sin embargo, ella tenía que encontrar una válvula de escape, a aquella situación. Cerró los ojos y dejó que la suerte, fuera su guía.
—Cuando vuelva Torrence, le dices que ya he encontrado mi Biblia —dijo Sundory tomando un libro grueso, de color blanco—. Una chica, me a pedido ayuda. Apenas va hacer su primera comunión. Se que no soy monja, pero deseo ayudarle. Nos vemos después —Sundory salió del cuarto, dándole unas palmaditas a Sirius en la espalda a forma de despedida.
La joven caminó tranquilamente por el lugar, debía esfumarse de aquel lugar de inmediato. Contempló todas sus opciones y se decantó por bajar de los dormitorios de las chicas. La sala común era un lió, muchísimos estudiantes se aglomeraban por todas partes, hasta parecía un día de fiesta. Sin embargo aquello era porque, por las noches sólo los de quinto en adelante podía vagar por el castillo. La joven salió de la sala común sin problemas. No veía a donde iba, no sabia a donde iba, no tenía idea de a donde se dirigía. De cualquier forma ¿para que saberlo? Sería igual que siempre, lejos de los demás, aislada. Nunca podría convivir con ellos, nunca podría estar con ellos.
Entró en un aula vacía y escrutó el lugar. Muchas hileras de sillas colocadas en desorden, el escritorio estaba mal puesto, el pizarrón aun guardaba restos de gis blanco. Avanzó hasta los asientos que estaban a lado de la ventana y tomó asiento en uno de ellos. La noche avanzaba lentamente. Santo Dios, que era lo que estaban haciendo. Ni siquiera tenia idea de donde, había sacado el valor para decir, aquellas palabras. ¡Como si todo fuera así de sencillo! Si llegaba el momento, podría casi jurar que preferiría contarles la verdad a dejarlos. No podría tolerar una despedida más, no aguantaría algo semejante.
Se levantó del lugar, abrió una ventana y justo en donde la luz dela luna entraba directamente, se hincó. Junto sus manos, colocando el rosario entre sus dedos e inclinó su cabeza. Ella sólo conocía una forma de quitarse todos aquellos malos pensamientos de la mente.
—Padre nuestro, que estas en el cielo —desebaba volver al pasado, cuando todo eran risas y juegos, donde todo era hermoso—. Santificado, sea tu nombre —rezaba por un mundo mejor, para que su alma y cuerpo, estuvieran en paz. Reza, reza para que todo este bien, reza, para que tengas algo en que creer, en que tener fe—. Venga a nosotros tu reino —para que la magia más poderosa, le conciba a los demás la paz que tanto anhelan y buscan. Para que un día abra los ojos y se de cuenta, que todos son felices—. Hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo —Señor de los Cielos, Señor misericordioso, ayúdame en esta larga travesía, señor que todo ve, que todo lo escucha, socorre a esta tu sirva. Señor necesitamos de tu ayuda—. Danos hoy, el nuestro pan de cada día —bríndame la fuerza, para continuar, para levantarme, para no ser débil, para resistir. Carga en mis hombros la culpa de los demás, carga en mi conciencia todo el mal, que se ha ocasionado—. Perdona nuestras ofensas, como también perdonamos a los que nos ofenden —No escuche sus malas palabras, hablan con ardid, no entienden tus intenciones, no saben porque lo haces. Ten fuerza y valor para soportar este arduo camino; después de todo, naciste para esto y mucho más—. No nos dejes caer en la tentación —Hay quienes buscaran desviarnos del camino y quienes se dejaran seducir por la senda fácil, sin embargo, por favor dame la vista y sagacidad para detectar lo que sucede a mi alrededor, no me dejes ciega, pues podría perder a los demás—. Y líbranos del mal —Estamos rodeados de sombras, de inquietudes, de traiciones y deshonras, hecha tu rayo de luz, de vez en cuando y ayúdanos. Ayúdanos mi señor.
Vera revolvió un par de libros, antes de intentar salir del cuarto.
—No tengo tiempo, tengo un ensayo que hacer. Y no, no pienso ir a las cocinas, tengo mejores cosas que hacer —les gruñó.
—¿Dónde esta Torrence? —le preguntó Sirius deteniéndola por la muñeca.
Vera se encogió de hombros. —Hace una hora que salió. Dijo algo sobre, unas telas y prendas. Creo que esta con unas chicas de quinto. Ya sabes que en cuanto oigo, moda y ropa, me hago de oídos sordos —Sirius dejó que Vera saliera del lugar sin más.
Salió del lugar, lo más tranquila posible, ellos no tenían que sospechar absolutamente de nada. Sus compañeras lo había hecho muy bien, ella no vendría a estropear sus planes. Faltaba muy poco para salir de aquello, sólo tenia que aguantar hasta la puerta de los dormitorios, después; después podría deshacerse en lagrimas y gritos. Que fácil había sonado decir todo aquello, sin embargo, ni ella misma se creía la mitad. Sobre de ellas había recaído una carga muy pesada, un silencio extenuante. Todo se había vuelto abrumador y asfixiante, ya no sabía como terminaría todo aquello.
¿Por qué ella? . ¿Por qué ella? Quien había lanzando la maldición en su contra, saber pero callar, conocer pero nunca decir. Aquella era una tortura y ella sólo debía ser espectador, nunca participante. ¡Diablos! Si tan sólo las cosas fueran de otro modo, si tan sólo...¡Estúpido destino! Maldita vida, maldita suerte.
Miró a su alrededor y se encontró con un enorme castillo, con millones de posibilidades, de caminos, de destinos y no sentía ganas de ir hacia ninguno de ellos. Se rascó la cabeza y anduvo la dirección que sus piernas tomaron. Ya no pensaría absolutamente en nada, sólo se dejaría arrastrar por la corriente.
—Soy yo o... —murmuró Sirius.
—No, también lo note —dijo Remus.
Que crueles habían sido con ella. Vera era una persona muy fría, hasta parecía que no tenia sentimientos, sin embargo, más hipócritas y frías eran Lily y Sundory. Ellas decían amar a sus novios y sin embargo, ninguna de ellas dudo en decir¡Sí, lo dejare! . ¿Acaso eso era amor? Sundory adoraba a Sirius, era su...máximo y Lily, Lily...quería a James, pero, pero...¡No les costó decir que los dejarían! Que diablos. Ella ya había perdido a demasiada gente, para querer soltarlos. Ellos eran, ellos eran su nuevo motivo de esperanza.
Torrence se dejo resbalar en el suelo y enterró la cabeza entre sus rodillas. ¿Cómo iba a acallar ese dolor?
Los chicos suspiraron. ¿Quiénes creían que eran? Lily ya no se llevaba muy bien con las chicas, y no de buenas a primeras entraría en la habitación de ellas y diría¡Hola ¿necesitan ayuda? .! Y Vera nunca trataba taaan bien a Sirius, de ser la Vera normal, le hubiera dicho algo como¡No lo se Black! No soy su nana. O ¡Jódete, no te lo diré!
Desde el fondo del lugar, les llegó un lastimero y profundo sollozo. Los cuatro chicos miraron la puerta del baño. Alguien lloraba ahí dentro. No necesitaban preguntar quien era, solo faltaba una Damon Girl. Todos se miraron entre sí, una vez más, llegaban al final del problema.
Sirius avanzó hacia la puerta y puso su mano en la manija de la puerta.
Nada, la puerta; estaba cerrada.
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Era la primera vez en sus vidas, que no se sentían el centro de atención. Las cuatro chicas ser miraban entre si, sin saber que decir. La puerta se cerró tras el joven de su misma edad, de cabellos castaño oscuro y ojos verdes.
—Espero que no me hayan llamado, sólo para discutir, el color de la temporada, porque ya les dije que... —
—Esto es serio Kim —le reprochó la rubia.
El chico tomó el asiento, más alejado del lugar en silencio.
—¿Y bien?
—Es sobre los merodeadores... —Kim puso los ojos en Blanco—. ¡Son los reyes de la SEPC —chilló Diva.
—Diane —intentó decir Kim.
—¡Diva! —le corrigió la joven—. ¿Acaso no lo entiendes? Nuestra popularidad. No, es que...es algo más allá, de eso Kim. ¡Nunca les pedimos nada! Siempre dejamos que ellos, hicieran lo que quisiera, pero...pero... —los ojos azules de la joven, se llenaron repentinamente de lagrimas.
Kim torció los labios, por primera vez, sentía verdadera lástima por Diane. Debía de ser muy difícil de entender, que ya no era la Diva, de Hogwarts. —Diane, ellos cambiaron y nosotros. Ahora vivimos en otro mundo.
—¿Así de sencillo?
Kim suspiró. —Supongo que sí.
—¿No habrá lucha?
—¿Y que pelearemos Diane? Nunca fueron de nosotros. Nosotros éramos de ellos.
—Tú también crees, que solo fuimos algo para un rato.
Kim, miró a las jóvenes fijamente. —Diva, nunca se dieron su lugar, siempre permitieron, que ellos fueran y viniera a su antojo.
Las chicas abrieron la boca para protestar.
—Déjame terminar. Creímos que si no los atábamos, ellos siempre estarían a nuestro lado, pero la verdad es; que nunca estuvieron con nosotros.
—¿Y todo lo que construimos? —preguntó Nevra.
—Es nuestro, no de ellos.
Diva se levantó de su lugar y anduvo por el cuarto, en silencio.
—Cualquier cosa que pienses, espero que no trames, dañar a Evans o a sus amigas —le advirtió Kim.
Diva frunció el ceño. —No soy la tonta que...
—Pero no estas a su nivel Diva. Además, los chicos las protegerán.
—Esas...guarras, sin sentido de la moda —comenzó a decir Cloe.
Kim soltó un largo resoplido. —Esas guarras, sin sentido de la moda. Se pasaron seis años, luchando contra los merodeadores; igual, por igual. Había veces que ellas ganaban, otras ellos ganaban. Ustedes nunca han luchado en contra de ellos. Menos en contra de ambos grupos.
—¿Te pones de su lado? —dijo Sasha ofendida.
Kim se encogió de hombros. —Si no puedes con el enemigo, únetele.
Diva sonrió malévolamente. —Tú, tan bueno, no podías ser.
—Te equivocas Diva, no pienso hacerles daño. Se que ellas están fuera de mi alcance.
—¿Qué hay del diario de la Sibila?
—Ellos, nunca permitirían nada semejante —le recordó Kim—. ¡Y no pienso ponerme en peligro!
—Tú podrías...
—No Diva, entiéndelo. Ellas son intocables. Ni tú, ni nadie, podrá hacerles daño.
Diva, arqueó una ceja. —Todo el mundo, tiene una debilidad. No hay nadie que este exento a accidentes, daños.
—Pero no de tú mano Diva.
—Evans...
Kim se giró hacia Diva. —¿Evans qué?
Diva le lanzó una mirada de autosuficiencia a Kim. —Hay que soy muy ciego, para no darse cuenta, de...tú sabes de lo que hablo.
Kim frunció el ceño. —No tengo idea de lo que hablas.
Esta vez fue Diva, quien torció los labios. —Me pregunto, que dirían los chicos si supieran todo lo que tú sabes.
—¿Y que se supone que se Diva? —Kim le retó con la mirada.
—Eso mi querido amigo, no lo se. Pero si se que sabes muchas cosas, que a ellos les gustaría saber.
—Cualquiera, quisiera tener la información de los escritores, del diario de la Sibila, Diva.
—Muy bien Kim. Entre nosotros, casi no hay secretos. Tú también sabes, que ellos buscan información, sobre las: Damon Girls y ese...tipo muerto.
Las cejas de Kim, se alzaron un poco. —He escuchado rumores.
Diva soltó un gemido irónico. —Fueron a ver a Phoebe, en busca de información.
—Ellos consultan a Phoebe, para todo —dijo Kim indiferente.
—Hasta ese entonces, pensé que Phoebe lo sabía todo. Sin embargo, ella no lo sabía todo ¿verdad? Sólo le decías, lo que te convenía —arguyó la joven firmemente, con aquellas palabras, buscaba hacer menguar el valor, de su compañero. Pero Kim respiraba normalmente y no daba señas de estar preocupado—. Kim, Kim, ese tipo, era tú compañero de casa y de cuarto. Tienes que saber algo sobre él y las chicas. Yo lo se.
—No me llevaba bien con él. Diferencias...ideológicas, Diva.
La rubia avanzó hacia él, con una mano al frente. —¡No me vengas con eso! Era el enemigo de los merodeadores. Y tú siempre has estado a lado de los merodeadores —espetó la joven—. Debiste haber recabado, alguna información, para ellos. Que soltaras, en el momento que mejor te convenga. ¡Yo lo se!
—¿Y si fuera así? —le cuestionó Kim—. Y no quiere decir, que sepa algo de él en verdad.
—Es información vale, Kim —le explicó Diva, en tono de: uno más uno, igual a dos.
—Sí, supongo que de existir, valdría. ¿Y que harías con ella? Chantajear a los merodeadores. ¡No seas estúpida, Diva! Primero ellos te maldicen, te sacan la verdad a punta de varita, y después te darían las gracias. No podrías hacerte la difícil con ellos, Diva.
—¿Y que si, yo les diría?
—¿Es acaso una amenaza Diva? —inquirió Kim.
La rubia, respiró profundamente, antes de contestar secamente—: Sí.
—Muy bien Diva, sí tu dices eso; yo lo negare. Pero después de que ellos me hagan lo antes descrito. Yo te arruinaría a ti. ¡Tengo los suficientes argumentos, para hacerlo! Ten mucho cuidado, con lo que dices, Diva.
Diva abrió los ojos completamente desconcertada.
—¿Y quien te creería Kim? No eres el único que sabe cosas —dijo Nevra.
—Tú no estas limpio ¿sabes? —habló esta vez Sasha.
Kim rió secamente. —Chicas, chicas...¿Desean iniciar una guerra? Porque, déjenme decirles, que Phoebe no es la única que sabe cosas de ustedes. Se irían a la ruina con lo que salga de mis labios. Y hay mucha gente que pueden aportar...minucioso relatos de ello. ¿Alguna tiene prueba alguna por lo que quieren acusarme?
Diva se mordió los labios. Pruebas, pruebas...Kim esta vez, había resultado ser mucho más astuto que ellas.
—Bien, esta advertidas. Y Diva, no te metas con las "Damon Girls" créeme, será tu perdición.
&-&-&
Sirius estaba sentado en su propio baúl. Mantenía la pierna izquierda en escuadra sobre su pierna derecha. Estaba de brazos cruzados y su rostro, sólo reflejaba fastidio. Remus sentado en su cama miraba el piso, se le notaba meditabundo. Peter por otra parte se encontraba en el suelo, mirando el techo, no quería que James le marease, con su ir y venir constante.
—Quien este a favor de una emboscada, levante la mano —interrumpió James de pronto el silencio.
—No es la mejor forma, James —terció Remus—. Escucha por favor, creo que, si ellas quisieran decirnos las cosas, lo harían.
—Ya les hemos dado mucho tiempo, Remus. ¡Y sus...malditos secretos, me tienen harto! —dijo Sirius.
—¿Cuánto tiempo, paso para que entre nosotros, dijéramos...ustedes saben? —les recordó Remus.
James y Sirius se miraron largo tiempo.
—No es fácil —habló Peter—. Remus tiene razón. No es fácil abrir el corazón.
Remus agradeció el apoyo. Sin embargo era bastante irónico, que quien lo dijera, fuera precisamente, el más callado, de los merodeadores.
—Ok, no es fácil. ¡Lo se! Pero...pero...
—James¿Le confesarías a Lilian, lo de tu hermano no nato? —atacó Remus directamente.
Y la estocada, había sido, directa al corazón. James se quedó sin palabras, durante un largo rato.
—Tal vez.
—No sonaste muy convincente —replicó Remus con rintintín—. ¡No puedes pedir, algo que no das!
—Estas diciendo que para que ellas, nos confiesen, lo que sucede. ¿Nosotros debemos de decir, nuestro secretos?
Remus se encogió de hombros. —Habría más confianza¿no creen?
Sirius rió irónica muy similar al ronco gruñido de un perro. —¿Y porque no vas y le cuentas a Vera, lo de tú licantropía?
La cara de Remus, sufrió un cambio drástico. —Bueno, Vera no es mi novia.
James y Sirius se miraron una vez más.
—¡Oh! No puedes pedir, algo que no das —le remedó James, moviendo las manos.
Remus soltó aire por la nariz, como un toro embravecido. —¡Es que no podemos pedirles que digan la verdad, sólo porque si!
—No creo que haya punto de comparación —opinó Peter.
—¡De que maldito lado estas! —estalló Remus.
Peter se encogió ante el bramido de Remus, tras un breve tiempo, continuó. —Supongo que de ninguno —los tres merodeadores restantes, alzaron una ceja—. No estoy de acuerdo en que les saquen la verdad, con veritaserum, o cualquier otra treta. Sin embargo, tampoco estoy muy de acuerdo, contigo Remus. Entiendo que es difícil decir secretos muy personales —dijo espaciadamente—, entre nosotros hay sinceridad, o al menos mayor sinceridad que entre las Damon girls.
—¿Insinúas que alguno de nosotros ha mentido? —gruñó James.
Peter suspiró. —¿Acaso no te guardas algún secretito para ti, James?
Cero y van dos. Esta vez, Peter también le había dejado sin habla.
—Puede —admitió James.
Sirius, Remus y Peter rieron.
—¿Y ustedes? —se defendió el chico.
Sirius y Remus suspiraron, James decía la verdad.
—El punto es, que aunque hay secretos entre nosotros. No nos hacemos daño por ellos.
Los cuatro se miraron fijamente.
—¡Mierda! —exclamó James finalmente.
Remus frunció el ceño. Sirius soltó una risita estúpida, mientras que Peter sólo curveo la comisura de sus labios. Y es que, cuando James decía palabrotas, sólo podía significar; que había llegado a sus límites.
—¿Qué tal encerrarlas en un cuarto y dejar que se maten? —propuso Peter.
James y Sirius le miraron de mala leche.
El pequeño se encogió de hombros y suspiró. —Tienen que reconocer, que sería muy interesante —James y Sirius se miraron nuevamente, era como si ellos se entendieran con un lenguaje visual—. Además de divertido.
Sirius lanzó un bufido y puso los ojos en blanco.—Seguro ¡Me muero de ganas de ver a Sundory, peleándose con las chicas!. Sinceramente, creo que llevaría las de perder.
Los otros tres, estuvieron de acuerdo. Además no se imaginaban a Sundory, luchando como lo hacían, las otras tres chicas. En definitiva, sería la perdedora.
—James no tendría de que preocuparse —se atrevió a comentar Peter.
Una risita grupal se produjo.
—Eso sería muy injusto —replicó Sirius con sorna—. Quizás antes de cerrar la puerta, deberíamos atar a Evans con unas cadenas. Quizás, así la lucha sea, más justa.
—¿No sería mejor poner lodo? Sería más complicado —comentó Peter inocentemente.
James y Sirius se miraron nuevamente, con esa extraña conexión visual, que entre ellos dos existía.
—¡Lucha en lodo! —exclamaron los dos al mismo tiempo.
Peter se sonrojó al percibir, la mirada libidinosa, de ambos chicos. Él no tenía esas intenciones. Remus puso los ojos en blanco y se dejo caer en su cama, con los brazos abiertos. No deseaba escuchar, las perversas maquinaciones de James y Sirius.
—Yo propongo la sala de los menesteres —dijo James firmemente.
—¡Claro, todo está en la mente! —opinó Sirius.
James entrecerró los ojos, como si imaginara el lugar ideal. No falta decir, que por sus gestos, algo no apto para menores, estaba pensando. —Yo digo que...
Pero James no llego a terminar la frase, porque Remus, le aventó una almohada a la cara tan sorpresivamente, que ni Sirius pudo defenderse, cuando le tocó el turno a él.
—¡Ni se les ocurra! —farfulló el licántropo.
James se quitó la almohada de la cara. —¡Ey, Moony!
—¿Interrumpo algo? —Sundory, con su inmaculada imagen, apareció ante ellos; con las manos entrelazadas en un rosario.
Los cuatro jóvenes volvieron la mirada, hacia la joven. Sirius se enderezó y le miró fríamente.
—Quizás —respondió áridamente.
Sundory se encogió ligeramente de hombros, al escuchar el tono de Sirius. Sin embargo, la expresión de su rostro, siguió siendo dulce y amable. La joven abrió la boca, pero Sirius le interrumpió.
—¿Por qué Torrence estaba llorando?
Sundory frunció el ceño, tan naturalmente, que a los chicos les hizo dudar de lo que habían escuchado.
—¿Torrence, llorando? Yo no la escuche. ¿Saben algo?
Sirius soltó un bufido. —Esta noche, cuando fuimos por ustedes, para ir a las cocinas. Escuchamos a Torrence llorar.
Sundory abrió los ojos sorpresivamente. Esa era la indicación, de que la habían atrapado finalmente. —Que raro, yo entre y sólo vi a Lily y Vera, conversando sobre una tarea, creo —dijo tranquilamente.
Sirius dio un paso intimidante hacia Sundory, pero ella; ni parpadeo, ni se movió. Permanecía con su rostro afable.
—¡No me jodas! —clamó Sirius.
Sundory negó suavemente con la cabeza. —No uses palabras altisonantes, Sirius.
Hasta a Remus, le dieron ganas de decir una palabrota. ¡Como era capaz de permanecer tan tranquila, cuando sabía que estaba mintiendo!
—¡Sundory! Torrence estaba encerrada en el baño llorando. ¡Ustedes, deben de saber porque!
Sundory suspiró. —No tengo idea de lo que me estas diciendo, Sirius. Verás, estuve en la sala común, platicando con Downs; quien me pidió que le ayudara con algunas oraciones. Entonces subí y me encontré con Vera y Lily; quienes hablaban de una tarea. Y con ustedes, claro está. Pero no vi a Torrence.
—Sundory, ustedes cuatro, nunca están juntas. Y cuando están, una o más de ustedes, siempre terminan mal —declaró James tranquilamente.
Sundory intentó reír, pero la sonrisa le tembló. —Ehh...es cierto, joven Potter. Sin embargo, no tenia idea de que Torrence estuviera en el baño. A decir verdad, no entro y revisó todo. Sólo iba por mi rosario.
—¿Y porque no saliste de inmediato? —le interrogó Remus—. Si sólo ibas por tu rosario y te regresabas. ¿Por qué te encontramos, aun dentro del cuarto?
¡Punto, para Remus! Ahora sí, la chica estaba en un apuro.
—Bueno —sonrió—, entre y lo tome de mi buró. Donde generalmente esta. Entonces recordé que había estado pidiéndoles a las chicas, que me ayudaran a buscar mi Biblia, moví unas cosas, hace unos días y no la encontraba. Cuando la encontré, ninguna de las dos chicas, estaba en el cuarto. Así que se me ocurrió que Vera se quedaría en el cuarto con Lily, y así le avisaría a Torrence, cuando ella llegara —Había que reconocer, que era una mentirosa, excelente. Se había armado una historia en menos de tres segundos.
Sirius miró a los chicos por el rabillo del ojo, ninguno de ellos se tragaba la historia.
—Mientes —aseguró Sirius.
Sundory viajo sus preciosos ojos lilas, por el lugar, sin dejar de sonreír. —Bueno, según tú¿Qué fue lo que hice?
¡Auch! Se habían metido en una buena.
—En el cuarto, ninguna de ustedes, entró o salió.
—Ok, suponiendo eso¿Por qué te mentiría? —¡La chica tenía unos nervios de acero!
Sirius le miró fijamente. —Eso me gustaría, saber. Pero es por...ese fastidioso, secretillo que tienen entre ustedes.
—¿Secretillo? —preguntó la joven llevándose una dedo a la boca. Como si estuviera meditando la respuesta.
—¡Vamos Sundory! Ese...no se que, con no se quienes y ese tipo ¡al que llamaba amigo!
Sundory reaccionó entreabriendo sus labios con un suave "¡OOOhhh!" —Siguen con eso —murmuró, como si fuera un chiste—. No creo que tengan, nada de que preocuparse. Es algo sin importancia —que bueno, que la joven no era serpiente, porque de serlo, ya estaría muerta de tanto veneno. Porque seguro que en ese rato, ya se había mordido la lengua, más de diez veces.
—Si es algo sin importancia. Nos encantaría escucharlo.
No lo estaba, haciendo nada mal, Sirius.
Sundory sonrió. —Eso no lo puedo hacer, estaría quebrantando la confianza de mucha gente —terció suavemente.
—Pero somos nosotros, querida. ¿Acaso no nos tienes confianza?
—Esto no es de confianza Sirius —le corrigió la joven—. Yo se que puedo confiarles mi vida, pero...esto se trata de honor. ¿Te imaginas que yo le anduviera contando los detalles de la vida de todos, en quienes confió? No señor —dijo solemnemente—. Eso no se hace, así que por favor, no me pidas eso de nuevo.
—Pero tú misma dijiste, que era una cosa sin importancia. Si no tiene importancia.
—No lo haré Sirius —insistió Sundory alzando un poco su tono de voz.
—Sundory, ella lloraba por eso ¿verdad?
—¿Quién? —preguntó Sundory haciendo una cara de desconcierto.
Pillar a Sundory en una mentira, era sumamente difícil. ¡La chica se creía su propia historia!
—No me gusta ver llorar a Torrence, ni escucharla —declaró Sirius.
—A mi tampoco —contestó Sundory—. Hablare con ella, entonces quizás les diga, porque lloraba.
Remus suspiró tendidamente, una vez más les habían ganado. Romper la barrera de las Damon Girls, era sumamente difícil; si no es que imposible.
—Lo olvidaba —dijo Sundory de pronto—. Vera trajo comida de las cocinas. Me pregunta si, deseaban bajar a comer con nosotras.
Sirius hizo un movimiento con la mano, a forma de aceptación. —Enseguida vamos.
—¡Aquí estás! —exclamó Vera—. Que hay de sorprendente —ironizó—, escucha esto, tenemos un problema de dramatismo.
—Les esperamos abajo —dijo Sundory, antes de volverse hacia Vera y tomarla por el codo.
Los chicos observaron a ambas jóvenes cuchichear por lo bajo. No entendían absolutamente nada, de lo que decían, sin embargo Vera lucía bastante alterada, a tal punto, que Sundory tuvo que salir corriendo, tras ella.
—Cincuenta galeones a que, es por lo de Torrence —dijo James repentinamente, corriendo hacia la puerta.
Los otros tres chicos, siguieron a James. Vera lanzaba gritos hecha una furia, en tanto Sundory intentaba calmarle, sobra decir que no estaba teniendo éxito. En cuanto las chicas pusieron los pies en la sala común, Vera salió disparada hacia el hueco por donde se salía. En tanto Sundory se detuvo al ver a Lily charlando alegremente, con un grupo de chicos de quinto año y con una apariencia, estrafalaria y de aspecto dudoso.
—¡Ey, espera! —exclamó, cuando Sundory le jaló por la muñeca.
—No hay tiempo —dijo Sundory arrastrando a la chica, entre las quejas de los otros jóvenes.
—Vuelvo —aseguró Lily.
Y entonces, ambas chicas salieron de la sala común discutiendo. Tenía que ser una discusión árida y muy hiriente, pues Lily no paraba de hablar con ademanes exagerados, con gestos poco agradables, en tanto que Sundory replicaba en voz baja y parecía que en cualquier momento, se echaría a llorar.
—¿Y ustedes que? —bramó la pelirroja, repentinamente girándose, hacia los jóvenes.
Sundory colocó sus dos manos en las caderas y les miró de muy mala manera.
—¿Por qué nos siguen?
¡Uyyy! La tierra bien podría ponerse a temblar en aquel instante.
—¿Acaso este no es un castillo libre? —bromeó Sirius.
Lily puso los ojos en blanco y siguió su camino. Sundory les hecho una mirada de severa advertencia, antes de seguir a Lily.
Los cuatro jóvenes suspiraron. ¿Por qué les habían seguido tan de cerca? Esperaron, el tiempo suficiente para seguirles el paso, desde muy lejos. En sus prisas por seguirlas a ninguno, se le había ocurrido coger el mapa del merodeador.
—Por las bragas de Morgana, que van a echarle bronca a Torrence —le susurró Sirius al oído. James frunció el ceño, siguiendo su paso.
Remus se detuvo en seco, provocando que Sirius chocara contra Peter.
—Saben que las estamos siguiendo.
James suspiró. —Vamos por el mapa y luego...
Sirius rió y al instante siguiente ya era un perro negro.
—O nos convertimos en animagos —añadió el chico de lentes.
—Que Peter vaya al frente, es el menos sospechoso —dijo Remus.
Peter salió corriendo entre las patas de Remus, siguiendo la dirección de las jóvenes. Sirius quien tenia el oído más agudo, fue el siguiente en seguir a Peter, Remus y James corrían tras Sirius. Que un perro anduviera en Hogwarts; era raro, pero que un perro y un ciervo anduvieran por Hogwarts, ya superaba los límites.
Los chicos perdieron el tiempo corriendo unos detrás de otros. Se sentían algo estúpidos, corriendo tras la cola de un ratón que chillaba de vez en cuando. Remus y James se detuvieron en un recoveco a tomar algo de aire. Sirius y Peter olvidaban constantemente que ellos dos, aun caminaban en dos patas. Remus avanzó tambaleante, esperando ver a Sirius agitándoles la cola y con esa expresión perruna de burla. Sin embargo, se encontró con un Sirius que miraba hacia el fondo del pasillo. Mostrando los dientes y en posición de ataque.
Remus se acercó a él lentamente. James le seguía por la retaguardia, podía sentir su aliento en el oído. Sirius hizo el amago de levantarse y lanzarse al ataque, pero Remus le detuvo por el cogote.
Torrence se estrelló contra la pared, su cuerpo reboto y cayó de rodillas al suelo.
—¡Déjale en paz!
La chica ignoró el pedido y levanto a Torrence una vez más del suelo.
—¡No puedo!
—¡No puedo! —remedó—. ¡No me vengas con esas! . ¿Quién diablos...?
—Ey, no hay necesidad de hacer eso, Vera —intervino la pelirroja que se encontraba cruzada de brazos y miraba en dirección contraria a los chicos.
—El alcohol te a afectado el cerebro, Evans.
La pelirroja alzo las manos. —Tal vez.
—Y.
—No tengo tu corazón de hielo, ni la cara tan dura, Sundory.
Sundory suspiró. —Haré como que no escuche eso.
—¡Hipócrita!
—¡Oh! Merlín te ha tocado el cerebro Torrence —se burló Lily.
Torrence se giró hacia Lily y haciendo un gesto desdén agregó—: No te mereces a James. ¡Me das lástima Evans! Tan estúpida, tan cegada en tu propio dolor, que no alcanzas a ver más allá. Ojalá pudiera convencer a James, de que eres una persona tan...vacía, que no vale la pena, ni pensar en ella.
—Mira como conmueves mi corazón Torrence —ironizó Lily—. Pobre, inútil, ciego, estúpido de James; ¿Apoco no merece nuestra compasión? Como él es un santo.
Torrence masculló una maldición.
—Dejemos a los chicos fuera¿quieres? —dijo Sundory.
Torrence le lanzó una mirada iracunda. —Seguro que no quieres que él se entere ¿verdad? Tendrías mucho que perder.
Sundory puso los ojos en blanco. —No tengo idea de lo que hablas.
—Lilian no es la única que sabe cosas Sundory. Alexander era muy complaciente, cuando sabía que podría tener grandes beneficios.
Sundory abrió los ojos completamente, el miedo se leía en ellos. Lily dejaba su posición laxa y los músculos del cuello parecieron tensársele. Vera agarró a Torrence por los brazos fuertemente.
—¿Qué te dijo Alex? —preguntó Sundory temerosa.
—Muchas cosas interesantes, cosas que a Sirius le encantarían saber —siseó la joven—. Tanto que te mandaría a volar de inmediato. ¿No lo crees Lilian?
La pelirroja se encogió de hombros y se negó a contestar.
—El grandísimo Potter, el orgullo de los merodeadores, el valor de Gryffindor y tú... —Lilian tomó a Torrence por la barbilla con una mano y le apretó el rostro, clavando sus uñas, en las mejillas de la chica.
—No te atrevas a decir, no te atreves si quiera a insinuarlo —explotó.
—¿De que habla Lilian? —le cuestionó Vera. Lily seguía mirando a Torrence, ignorando su alrededor.
—Deja eso, fuera de esto, Torrence —terció Sundory.
Torrence miró a Sundory intensamente, y agitó la cabeza, hasta que logró soltarse de la mano de Lily.
—¡Lo sabías!
La joven suspiró y se acomodó la túnica.
—Ahora entiendo porque los tres se llevaban tan bien —resopló Torrence—. Venderían hasta su madre si con ello, obtienen algo a su favor.
La bofetada que le soltó Lily resonó por todo el lugar, y le arrancó a Torrence un gemido.
—No hables de lo que no tienes idea —gruñó Lily.
Torrence alzo la cara lerdamente. —No hay que tener mucha inteligencia, Evans.
—Jamás haría nada semejante.
Torrence rió secamente. —Él mismo te llamaba: pu...
El golpe fue tan fuerte que la derribó al suelo. Vera se quedo paralizada, visiblemente se encontraba confundida, miraba a Torrence, luego a Lily y viceversa.
—Sundory...
—No te metas Vera —dijo Sundory, con su habitual tranquilidad.
Torrence se levantó del suelo, tocándose la mejilla golpeada, le ardía terriblemente.
—No tienes ni la más mínima idea, de lo que dices —profirió Lily levantándola por el cuello de la túnica—. Intenta volver a decir y...
—¡Suelta! —le ordenó Vera.
Sundory tomó a Vera por el brazo derecho. Mientras Lily y Torrence se enfrentaban verbalmente.
—¡Alexander te hubiera traicionado! —clamó Torrence—. Él, él...él...
—¡Como te atreves! —bramó Lily furiosa—. Alexander nunca se hubiera atrevido a nada, semejante.
—¡Él no te quería a ti! . ¡Era un maldito bastardo!
La pelirroja perdió los estribos, pues aventó a Torrence contra la pared con una fuerza brutal. Enseguida le lanzó un puñetazo, seguida de otro, otro y otro.
—¡Detente, Lilian, no, Lilian! —gritaba Vera enloquecidamente, mientras intentaba safarse de Sundory—. ¡Que diablos haces, Sundory! —los ojos de Sundory, miraban el espectáculo en completo silencio, y sin vislumbrar sentimiento alguno.
—No quiso decir eso, Lily —susurró Sundory.
Pero, ya era demasiado tarde, Lily había perdido la conciencia. Vera luchaba por liberarse de Sundory, quien no hizo absolutamente nada más. En un desesperado intento, Vera pateó a Sundory e intentó detener a Lily. En cuanto las manos de Vera tocaron a Lily, un hechizo le dio de lleno y salió volando, jaloneando a Lily en el acto.
Torrence al verse liberada de su agresora, se levantó para contraatacarla. Lily estaba ocupada lanzándole unos manotazos a Vera, cuando llegó Torrence y a ellas se les unió Sundory.
La lucha entre las chicas, no resulto ser nada divertida. Los cuatro chicos corrieron horrorizados hacia ellas. Las cuatro formaban una extraña masa amorfa peligrosa en donde salían volando los arañazos, patadas, mordidas y puñetazos.
Sirius y James fueron los primeros en meterse en aquella trifulca. Su experiencia en aquellas cosas, les dio la posibilidad, de detener a las chicas, Remus jaló a Torrence y Vera. Vera le lanzó una patada en la espinilla para que le soltara, mientras que Torrence le mordió la mano.
—¡Tranquila! —pidió Peter, quien ayudaba a Remus a mantenerla las chicas tranquilas, cosa que era muy difícil.
Si no buscaban pelearse entre si, buscaban a Sundory o Lilian.
Sirius y James se veían en serios problemas al tratar de contener a Lilian. La chica lanzaba poderosos golpes contra todo lo que se le interpusiera. Sirius cayó al suelo junto con la pelirroja boca abajo, James aprovecho el momento, para agarrarle a Lily los brazos y torcérselos en las espalda. La chica pataleaba, pero no podía hacer nada para soltarse, James terminó por sentarse en los muslos de la joven, sin posar en ellos todo su peso. Haciendo caso omiso de la larga lista de insultos que le estaba dedicando.
Sirius se apresuro a ver a Sundory, en tanto Peter se las arreglaba para detener a Torrence; quien parecía querer arrancarle los ojos a Sundory.
—¿No les pareció, suficiente? —preguntó Sirius recuperando el aliento.
—¡Suéltame, no he terminado! —gritó Torrence.
—Que tu seas un co...¡suéltame! alguien quíteme a este idiota de encima —profirió Vera.
Los golpes secos que se oían de fondo, eran los esfuerzos vanos de Lily por salir debajo de James.
—Así que no es nada, importante Sundory —dijo Sirius.
La chica no sabía en donde meterse, tenía la cabellera revuelta, la ropa arrugada, mal acodada y rasgada. Sin contar los cardenales y rasguños.
—Tuvimos una ligera diferencia. Se nos fue de las manos, la discusión.
Hasta Lilian en el piso lanzó un bufido.
—Sí, se nos fue de las manos —reafirmó Torrence.
Los cuatro chicos bufaron¿Es que no tenían vergüenza?
—¡Me puedo levantar!
—Siempre he pensado, que te ves más bonita debajo de mi—contestó James tranquilamente.
La pelirroja se dio por vencida y, se quedó quieta.
—¿Y bien? —preguntó Peter—. Tienen algo que decir.
—¡Vete al infierno! —bramó Vera.
Torrence y Lily rieron abiertamente. Vera no tenia remedio.
—Algo más —
—Dame tres segundos, para recordar mi lista de insultos —dijo Lily.
—¿Sólo tres, yo esperaría unos dos años? —bromeó Sirius.
James se levantó de los muslos de Lily y dejo que ella se pusiera de pie. Se estaba acomodando la túnica, cuando la pesada mano de su novia, le golpeó en la cabeza.
—¡Que diablos!
—Eso fue por lo de antes —se justificó Lily—. ¿Qué es lo que desean?
—Oh, adivinar porque se estaban matando, la una a la otra.
—Porque es divertido¿Quieres probar?
Jugar con Sundory en un tira, afloja, era una cosa. Jugar con la reina de las palabras Evans; eran las ligas mayores.
—Muy linda, pero no es verdad.
—Entonces miento. Soy una mentirosa, fabuloso ¿nos vamos?
Los chicos miraron a la pelirroja. Hoy estaba en su quinta, soy cínica ¿Y qué?
—No me vas a decir nada.
—Nada ¿Qué? Te lo dije ¿No estás contento?
James respiró profundamente. —Comencemos de nuevo. ¿Por qué estaban discutiendo?
—¿Discutir, en que momento? Yo sólo recuerdo haber golpeado.
—Las escuchamos discutir antes de que empezaran a golpearse.
—¿En serio? Yeap, bueno, pues si tal ves tuvimos...unas diferencias filosóficas. ¿y?
—¡Porque llegaron a los golpes! —chilló James.
—Mmm, porque pasamos esa delgada línea entre la cordura y los instintos —contestó Lily—. A cualquiera le pasa.
—¿Cualquiera golpea a sus amigos?
—¿Nunca discuten entre ustedes? Nunca se te ha ido la mano. Vaya James, cualquiera diría que eres una mole hecha de hierro. ¡Que aguante!
James suspiró, cediéndole el turno a alguien, menos impaciente.
—Ciertamente, nunca le he pegado a Sirius, porque llame a Peter bastardo —apuntó Remus.
¡Clic! Había tocado el nervio sensible.
—Peter no esta muerto.
—¡Gárgolas Galopantes! Ya esta muerto, déjenlo ahí —exclamó James.
—Que fácil es para ti decirlo —protestó Lily.
James se mordió la lengua.
—Si, es muy fácil decirlo —dijo Torrence.
—Sí sobre todo cuando a ti no te quería —Torrence se lanzó en un intento homicida en contra de Lilian.
James y Peter tuvieron que haces enormes esfuerzos para contenerlas.
—¡Esta muerto! Dejen de pelear por él —gritó Peter.
—Mientras esté en nuestros corazones y memorias, él nunca morirá —susurró Sundory.
¡Bang! Tiró directo al corazón, los cuatro chicos se quedaron helados. Ni aun muerto, Alexander Fontela les dejaba vivir en paz.
El silencio que siguió a aquella frase, fue bastante incomodo. Sundory dio media vuelta y comenzó a andar fuera del pasillo. Ella ya había dicho la última palabras, no había absolutamente nada más que agregar.
Vera miró a los chicos para finalmente detenerse en Torrence, observó a la chica detenidamente y meneó la cabeza negativamente. Se deshizo delicadamente de las manos de Remus y se fue por el mismo lugar que Sundory.
Torrence se pasó una mano por el rostro, como si estuviera sumamente preocupada. La mirada verde de Lilian le escrutaba.
—Siempre fuiste tú—dijo Lily antes de irse por el lado contrario a Sundory, James frunció el ceño. ¿Debía quedarse?
Torrence giró en cámara lenta y avanzó entre los chicos con un andar dubitativo y lerdo.
—¿Torrence? —susurró Peter.
La chica siguió haciendo caso omiso de los jóvenes.
Remus suspiró se metió las manos a los bolsillos. Cada día aquello tenía peores tintes, él sólo se preguntaba¿Cuándo se rompería la burbuja de jabón?
Sirius miró a los muchachos; miradas, miradas y más miradas, entre ellos sólo se observaban. El silencio los invadía, los dividía, los perdía. ¿Algún día terminaría aquello? . ¿Quiénes serian los perdedores? Y ¿Qué perderían?
&-&-&
Anduvo por los pasillos en completo silencio, siguiéndole a la distancia. Y es que, así era como ellos vivían. Cerca, pero nunca juntos, siempre observándose, pero nunca hablándose o tocándose. Ella se miraba las manos, tarareaba una canción y andaba con un caminar vacilante, como si en cualquier momento se fuera a caer.
—Ey Redsys —habló un chico de sexto grado.
Lily alzó una ceja a forma de saludo.
—¿Qué haciendo por estos lugares tan sola? —la pregunta estaba totalmente hecha en doble sentido.
—Divirtiéndome —la joven se pasó la mano por el cabello, dejando que algunos mechones rojos le cayera por el rostro, sensualmente.
El chico sonrió. —Se que tú novio, es muy celoso —la rodeó mirándole libidinosamente.
—Nunca le digo cuando me voy a divertir —apuntó Lilian siguiéndole ese juego de miradas.
—Y dicen que nosotros, somos los infelices.
Lily sonrió acercándose al joven. —Es porque ni solos se saben divertir.
El chico abrió sus ojos completamente. —Pervertida.
—¿Por crees que tengo a un mito sexual, por novio? —exclamó colocando su rostro, cerca de la faz del joven—. ¿Por mi linda cara? Piensa un poco más Stinky.
—Potter siempre tiene de lo mejor —dijo acercándose a Lily peligrosamente.
—Algo que tú, nunca podrás conseguir —el joven se vio empujado por la mano de Lilian hacia atrás. La pelirroja se rió de él y continuó su camino, bamboleando las caderas.
El chico le tomó una de sus muñecas por sorpresa y la acorraló en una pared.
—Decías sobre lo que no se puede conseguir.
Lily sonrió arqueando la espalda y rozando sus pechos, con el chico. El joven se acercó para robarle un beso, cuando la punta de una varita se le clavó en el cuello.
—Un milímetro más, y eres mago muerto.
El joven alzó las manos y se alejó de Lilian lentamente, sin hacer ningún movimiento en falso.
—Sólo era una broma —dijo.
Sin embargo James, no le quitaba la varita del cuello.
—Tranquilo, yo...—Cállate —le ordenó.
El chico guardó silencio.
James estiró la mano libre, hacia Lily. Quien la tomó y se colocó detrás de él.
—Me voy —dijo el chico.
El joven dio media vuelta y dio un paso. Una fuerte mano, le tomó por la muñeca y le obligó a girar nuevamente; encontrándose con un puñetazo al ojo, que lo tumbó al suelo.
—La próxima vez, te perderás unas cuentas semanas —le advirtió.
El chico se quejó lastimeramente y se llevó una mano al ojo. Se iba a levantar, cuando un maleficio le dio de lleno en el pecho. Esa semana, iba a ser la peor semana para él.
Lily miró al chico y suspiró, los menores nunca entendían. Sin embargo, su estúpida sonrisa se borró, cuando James le jaló por el ante brazo izquierdo.
—¿Qué pretendías?
La joven alzó una ceja. —¿Divertirme?
James entrecerró los ojos y resopló como un toro embravecido.
—¿Te gusto? —James le apretó aun más la mano que tenía en el antebrazo—. ¿Qué pretendías tú al seguirme?
—¿Acaso este no es un castillo libre?
—¿Acaso soy tu esposa? —ya no era una fuerte presión, ahora era un fuerte dolor. James pretendía romperle el brazo.
—¡Eres mi novia! —bramó.
—¿Y? No has escuchado sobre la infidelidad.
Lily observó como los ojos de James se abrían desmesuradamente, mientras su mano le aprehendía con fuerza.
—Ja, ja, ja. Se acabó el chiste.
—Que poco sentido del humor tienes James. Y se rumora que eres; todo un comediante. Yo que tú cuidaba mis amistades, quizás lo dicen porque en realidad tú eres el chiste.
Una vez más se encontró contra la pared, encerrada entre los brazos de James. Pero esta vez, no habría nadie que pudiera auxiliarle.
—Tu sentido del humor, esta muy agrio el día de hoy. ¿Quizás tiene que ver con lo sucedido a Torrence?
—Quizás lo que digo es verdad.
—¡Rayos Lilian! —exclamó James—. ¿Por qué tiene que pelear por él?
Lily vio como James bullía lleno de ira.
—Porque le quería.
—Oh, lo querías, sí lo olvidaba. ¿Eso es motivo suficiente, para lastimar a Torrence?
—Tú y ella harían una bonita pareja. ¡Quítame las manos de encima, Potter! —exigió.
—¿Potter? —repitió James desconcertado—. No estarás poniéndote celosa de Torrence ¿verdad?
—No te darán a ti agruras por saber que, Alex, seguirá siendo para mi, alguien muy importante.
—¿Más importante que yo? —inquirió James.
—Sí.
Eso fue la gota que derramo el vaso. James la soltó pues, parecía como si su piel le quemara, Lily le miró altivamente y caminó por el pasillo tranquilamente. Sin embargo, James Potter no se quedaba de brazos cruzados, jamás.
Esta vez le tomó por las muñecas firmemente, ella forcejeó con él.
—Porque haces esto, Lilian.
—¿Por qué no?
—Soy sólo un juego para ti.
—¿Y que hay de ti?
—Te quiero—. En tu cama—respondió Lily.
—¡Eres mía!
—¿Y quien te dijo eso? Que arrogante eres Potter, sólo yo decido eso. ¡Y tú nunca me has tenido!
—Has sido mía. ¡Eres mía!
—Sólo porque me he acostado contigo un par de veces contigo. ¡En que mundo vives Potter! Eso no significa nada, absolutamente nada.
—Nada —susurró James.
—Puedo estar con quien sea, y con quien quiera.
—¡Eso jamás!
—Puedo hacerlo, yo soy, yo soy... —Lágrimas resbalaron por sus ojos, mientras lograba soltarse de James, y le lanzaba un tremendo bofetón.
James le tomó por el cuello y la aventó a la pared, acorralándola entre sus brazos. Y de nuevo, la historia se repetía. Gritos, golpes, lamentos, lagrimas, carias, besos, frustración, todo se entre mezclaba de nuevo, en un tormentoso remolino.
&-&-&
Miraba el paisaje nocturno, abrazándose a sí misma, en la misma soledad de antes.
—¿Puedo sentarme a tu lado?
La joven se encogió de hombros. —Seguro.
El chico se ajustó la bufanda a su cuello. —¿Es lindo, no? Me gusta observar las estrellas.
—A mi no.
—¿Por qué?
—Brillan en el cielo, demasiado alto. ¿Por qué las cosas hermosas, se encuentras demasiado lejos?
El chico frunció el ceño, y se llevó un dedo los labios. —Supongo, que si estuvieran cerca de nosotros, entonces; no lucharíamos por ellas. Es una forma de alentarnos a seguir.
—Seguir, continuar, pero¿A dónde debemos ir?
Demasiado complicado, el jamás se había preguntado eso, sólo se dejaba llevar, era más fácil, que oponerse.
—A donde quieras.
La chica rió falsamente. —A donde quiera ir. ¿Y eso esta bien?
—Si te hace feliz.
—¿Y si me hace feliz, dañar a alguien más?
—La felicidad, jamás se mezcla con el dolor.
—Nunca has escuchado a Lily, hablar de ello ¿verdad?
El joven se volvió hacia la chica. —Torrence, eso es escabroso. El dolor, no provoca felicidad, ni placer, ni alegría. Solo provoca...tristeza.
—El dolor es necesario Peter, si no sufres ¿Cómo reconoces que eres feliz? Acaso sabrías distinguir la felicidad, en medio de las risas.
—Si, pero no debes provocártelo tu mismo. Hay una gran diferencia entre sentir dolor y buscar el dolor.
Torrence le sonrió al chico. —Sabes, hay quienes piensan que el dolor es...excitante.
Peter hizo un gesto de desagrado y desconcierto.—Déjame adivinar. ¿Te lo dijo Lily? O quizás fue James.
La joven parpadeó desconcertada. —¿James?
—Si, creo que tiene un serio problema. Creo que es masoquista.
Torrence soltó una risita tonta. —Masoquista ¿ah? Puede ser.
—¿Puede? Vamos, Evans cuando quiere, es la ostia. Pero...hay que admitir que presenta graves problemas de personalidad. Uno nunca sabe, como se sentirá al próximo segundo. Y creo que James es masoquista, porque aunque ella lo lastime, él sigue a su lado. Hasta creo que le comienza a gustar eso.
Torrence miró de nuevo el paisaje nocturno que tenía por delante. Altas e interminables montañas escarpadas, llenas de árboles, moteadas por delicados cafés que anunciaban riscos. Nubles azulgriseasas, que se mezclaban y perdían con el azul marino del cielo. Moteado de brillantes estrellas.
—Dolor, pocas letras, para describir tan terrible sentimiento.
Peter alzó la mano dubitativamente, el sudor frió le recorría la piel. Torrence vio su mano temblar, como una hoja al viento. Aun no se desidia a tocar a la joven, cuando unos delgados dedos le envolvieron la mano y lo condujeron hasta los labios de la chica.
Los labios de ella eran cálidos y suaves, por el contrario, las yemas de sus dedos estaban frías y algo rasposas; en ese momento, se maldijo por no haber escuchado a Sirius más seguido, con eso de aceites que suavizan y cuidan la piel.
—Por favor Torrence, ya no pienses en más dolor.
Torrence se dejo caer sobre las piernas de Peter, sus largos cabellos negros dibujaron una hermosa sinfonía de ondulados bucles oscuros, que finalizaron en un charco de agua que se desbarraba por todos lados. Su piel morena brillaba bajo la suave luz de una luna creciente, haciéndola parda. Torrence cerró sus ojos, escuchando el ruido de su mundo, de la noche mágica, de una noche en Hogwarts.
—Si ya no pienso en el dolor, entonces; ¿En que pensare?
Una bandada de cuervos se hizo al vuelo en plena noche. Sus aleteos interrumpieron el silencio del bosque prohibido. El viento, las hierbas y los animales se inquietaron. Todo pareció cobrar vida de repente. Los árboles se movieron al ritmo de una vendaval que llegó del norte. Más aves emprendieron el vuelo, sus alas se batieron durante varios segundos antes de girara en redondo y volverse a posar sobre las ramas que lentamente volvían a la quietud habitual. Los animales de abajo, gimieron y bufaron en diferentes tiempos, llenando el ambiente de una extraña cacofonía que iba del grave al agudo y del agudo al grave. Algunas cosas se estiraron dejándose ver, como largos tentáculos que salían de las profundidades del bosque se agitaban lerdamente; como quien agita un pañuelo y luego, enroscándose delicadamente, se volvían a ocultar.
—¿Sueñas con algo Torrence?
La joven no despegó la mirada del bosque, respiró profundamente, antes de responder—: Los sueños, no son un buen alimento Peter.
—¿Por qué no? Yo adoro soñar, por eso duermo mucho.
—Si duermes y sueñas mucho, entonces ¿Qué queda para la vida?
Le habían pillado, después de todo; él también era humano.
—Un breve lapso, que aprovecho, para idear y volver a soñar.
—¿No es mejor vivir y sufrir, que soñar y añorar?
—Vivir, no tiene porque convertirse en un calvario. Se puede vivir un sueño.
La chica rió, dejando que su risa llenara el lugar. Era una risa clara y tintineante.
—Vivir un sueño, mejor vivamos en un paraíso.
Peter rió suavemente. —Entonces: Déjame llevarte al paraíso.
La joven dejó de sonreír, y puso una cara muy seria. —¿Me llevaras al paraíso, a mi; un demonio?
Esta vez, fue la risa de Peter, la que inundó el lugar. —Déjame hacer una buena acción. Después de todo; los dioses, son quienes gobiernan el paraíso.
Torrence entorno los ojos y colocó su mano en la mejilla de Peter. El joven se sobresaltó ante dicho movimiento. Verdaderamente no se esperaba aquello, no es que no lo deseara, pero le resultaba algo...imprevisto.
Lentamente aquellos ojos negros y cristalinos como el agua, se fueron acercando a ella, el cabello color paja descendió velozmente, picándole la faz, lo que consiguió sacarle una sonrisa. Una sonrisa con sabor amargo, una sonrisa de color gris, una sonrisa con olor a traición.
¡Que bello! Con un beso se acercaba al paraíso, con un beso decía a dios, con beso moría una ilusión, con un beso sellaba el corazón.
&-&-&
Colocó sus pies debajo de la sábana, esperando a que el adormecimiento pasara. Se giró hacia su derecha, y colocó su mano en el hombro de su acompañante. Él se movió y lanzó una maldición.
—Lo siento —susurró.
El chico suspiró pesadamente. "Lo siento" Desde hace meses, que escuchaba aquello y nunca se había atrevido a decirle, "no es por ti". El joven soltó un resoplido, enojado consigo mismo.
—Yo...
Le tomó por la barbilla y antes de que terminara su frase, le calló con un beso. Fue largo, prolongado y apasionado; de esos que se ocupan en situaciones especiales.
—Esta bien, sólo es que me molestaba un poco la sábana.
Sus ojos lilas viajaron por todo el lugar, por todo, excepto por su faz. ¿Por qué ella nunca le miraba a los ojos? Tenía miedo de algo, quizás si le miraba a los ojos se derretiría como la cera se derrite en el calor, y entonces¿Qué quedaría de ella? Nada, absolutamente nada.
—Sundory.
—Lo lamento —otra vez, volvía a disculparse¿Por qué siempre se disculpaba? No lo entendía, porque iba por la vida, diciendo a todos: lo lamento, lo siento, perdón. ¿Por qué, porqué , porqué?
—No iba a reprocharte nada —dijo.
—Perdón, pensé que... —ahí iba otra vez, se disculpaba por lo que no había hecho.
—Sundory, no entiendo porque tienen que discutir.
Un escalofrió recorrió la espalda de la joven, él lo pudo percibir, casi hasta lo pudo sentir en su propio cuerpo.
—Es algo inevitable Sirius.
—¿Por qué?
—Somos muy diferentes, cada quien tiene su propio carácter y sus propios pensamientos y fines —dijo.
—Entre nosotros, hay diferencias. James es alivianado, le gusta bromear, jugar y estar metido en los calzones de Evans.
—Sirius —le regañó Sundory.
—¿Qué? Es la verdad¿Acaso miento?
Sundory suspiró. —No, pero no es la forma de expresarlo.
—Bueno, le gusta jugar al meta y saca con Evans.
La chica lanzó un resoplido de exasperación.
—Y bueno, Remus es un maniaco del orden, siempre obsesionado con que todo este apunto, el chocolate y prefiere leer a pasar un buen rato con una chica. Aunque había una época, en la que nuestro querido hermano... — Y aquí iba una vez más, Sirius se salía por las ramas. Sundory le escucho pacientemente, aunque no pudo evitar regañarle nuevamente, por su vocabulario tan pintoresco.
—Y Peter, le gusta comer, dormir y poco le importa su aspecto. Fíjate que hace tiempo, tuvo una cita con una chica. Yo le dije que el color de su blusa no convinaba con sus pantalones, ya sabes es un merodeadores y tiene que cuidar su aspecto.
—Son diferentes Sirius.
—A eso iba —dijo el joven, como si de pronto hubiera recordado su objetivo—. Pero nunca nos hemos peleado.
—¿No? —le preguntó Sundory mirándole a los ojos.
Sirius relajó sus hombros, e hizo una mueca que, le desfiguró su galante rostro.
—Bueno, si; un par de veces—aceptó—, pero no todo el tiempo. ¡Y nunca tan seguido!
—Somos todos diferentes.
—Y no escondemos cosas.
—¿Estás seguro de ello?
Volvía a andar el mismo camino. Hablar con las Damon Girls de cosas personales, era como caminar en círculos.
—Supongo que tenemos derecho a reservarnos unas cosas.
Sundory le sonrió delicadamente, con esa sonrisa que siempre llevaba en el rostro. Siempre hermosa, nunca menos brillante que ayer, ni más brillante que mañana.
—¿Y no crees que nosotras, también tenemos ese derecho?
Sirius asintió.
—¿Entonces, porque insisten?
—Porque nuestros secretos no se interponen, en nuestra amistad.
—Los nuestro tampoco.
—¿Qué no? —exclamó Sirius incorporándose.
—No.
—¿Y que hay de Lily y tú?
Sundory miró hacia el lado contrario a Sirius, sus dedos se enlazaron entre si. No sabia que contestar, esta vez, Sirius había tocado un tema en el cual; ella se encontraba indefensa.
—Son muchas cosas las que nos separan Sirius.
—¿Cómo que?
—Entre ella y yo, hay muchas diferencias. Ella...sabes, entiendo lo que hace.
Sirius frunció el ceño, eso no era lo que le había preguntado.
—Tiene razón en muchas cosas y no le reprocho sus acciones. Tienen sentido, pero...temo por ella.
—¿Por qué?
Sundory cerró los ojos y se llevó una mano al rostro. —Es horrible.
—¿Lily es horrible?
—No. Ella es una persona dulce y noble. Demasiado...tengo miedo, Sirius.
Sirius tomó a Sundory por los hombros y la incorporo. —¿Qué tiene Lily?
—No lo se.
—Si lo sabes Sundory. ¿Qué tiene?
—No lo se.
—¿Por qué Sundory? Porque guardan silencio. Tú, Torrence, Vera, siempre dicen¡pobre Lily! . ¡No esta mal lo que hace! Tiene sus motivos, yo haría lo mismo. Pero: yo sólo veo en ella una gran catástrofe, veo a alguien indeciso, que no sabe lo que quiere, que...que...lastima.
—Yo no lo se, Sirius. Juro por Dios que, no lo se.
—Y si lo supieras¿Me lo dirías?
Sundory frunció el ceño. —Sirius, yo confió en ti, pero...
—Esto es cuestión de honor —terminó el chico—. Pero ¿honor? Dime Sundory¿Donde queda el honor cuando todo a quedado devastado? . ¿Donde esta el honro en el dolor?
—Entiende esto Sirius, yo no puedo traicionar a la gente que confía en mi.
—¿Aunque lo que te guardes, sea la salvación de un inocente?
Sundory se quedo en completo silencio. La salvación de un inocente, sonaba a que sus conocimientos, salvarían al mundo.
—En ese caso, tal vez pueda decir algo.
—¿Sólo algo?
—No puedo ir por la vida, contando todo Sirius.
Sirius le soltó suavemente y se miró las manos.
—Hablamos de James, de Remus, de Peter, de Vera, de Torrence, de mi, de ti.
—¿Por qué insistes en eso? . ¿Por qué crees que Lily es el problema?
Sirius negó con la cabeza. —No creo que ella sea mala. Pero, todo lo que hace, daña a James. A mi hermano¿entiendes? Mi hermano.
Sundory respiró pesadamente. Una vez más su vista viajo de aquí, allá.
—No te preocupes por James, a él nada le pasará.
Sirius frunció el ceño. —¿Acaso puedes protegerlo de si mismo?
—¿Y tú?
El chico salió del lugar, enrollándose una sábana en la cadera. Anduvo por el cuarto de los chicos meditando lo que había sucedido aquel día. La cama de Peter estaba vacía, la de Remus también, aunque las sábanas estaban desatendidas, y la cama de James seguía intacta, como de costumbre.
Se hincó en medio del cuarto e imploró al dios que quisiera escucharle, le imploró para que lo que tuviera que venir, llegara pronto pues él sentían que ya estaba muy próximo el momento; en que el abismo entre todo ellos, se abriría irremediablemente. Pero él rezaba para que el golpe, fuera rápido, y así, a la misma velocidad que había llegado, se fuera. Pues así creía que los daños serían menores y menos doloroso. ¡Que equivocado estaba!
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Las confesiones de Kirsche:
¡Seei! Esta vez le agradeceré a Dagda el poder haber terminado. Me dije, el viernes tienes que terminar y ¡Vuala! Aquí está este capitulo. Me tarde horrores, pero ¡lo logre!.
Y bueno ¿qué puedo decir? Mmmm...mil y un cosas, adoro el capitulo me a gustado mucho, creo que nos da la entrada para lo que serán los próximo capítulos, que según mis cálculos serán bastante duros. Bueno, pues aquí les dejo este segundo capi, esperando que el tercero tarde muchísimo menos en salir. Y por supuesto, dejo este capi y el nuevo de Feeling the Darknes, como regalo de navidad, para todos ustedes.
Reviews:
Gerulita Evans, RubbyMoon-Chang-Sly, BlancEspirit, Lianss: os he contestado vía reply, ya saben si no les llega mi mensaje avísenme.
Tomoe: Mi querida amiga¿cómo nos encontramos? Espero que muy bien. Y bueno si, hay muchas cosas que decir, y espero poder decirlas todas. XDDDD. Pues ya vez, la actitud de los chicos se vuelva cada vez más complicada. Aun para mi, a pesar de que se que es lo que tengo que escribir, me cuesta mucho lidiar con cada uno de ellos. Todo se ha vuelto tan confuso y...¡santo dios! Es que hay tantas cosas que no puedo decir y debería, en fin. Así es la vida. De cualquier forma, aquí sigo al pie del cañón. Y bueno, el final ;) te lo reservo, para sea una sorpresa.
Lazenca Daidouji: Sep, bueno...mucha acción, te dire que este finc no podía hacerlo todo estilo: No apto para cardiacos. Créeme, no es nada lo que estamos leyendo, los siguientes capítulos son de Oo pasaremos por tantas cosas que el principio no podia ser tan fuerte. Al menos eso yo opino, además es sólo un capitulo de transición, de lo que fue waft a lo que es ahora IP, como quien diría un descanso. Y si explicare la mayoría de las cosas y también, porque Alex tuvo que morir. Esperando que te guste más este capi, me despido de ti.
Narwyn: Si, si vamos que lo de Alex fue un coñazo, dejo a todos así de OO ¿perdón? A mi me caía de las mil maravillas, era mi hombre perfecto ¡lo adoraba! Pero tenia que suceder, es algo que tenia que hacer y punto. Y si, sabrán porque mate a Alex, lo sabrán os lo prometo. Y bueno, las dos relaciones (ahora tres) son diferentes entre sí y se desarrollaran de diferente manera y ¡uf! Lo que nos falta por ver. Aun nos queda un largo trecho. - ¡Yep, sep! Haber cuando te cruzas el charco, que yo, encantada de verte.
Lies-chan: Que way, mira que mono, es de las cosas más lindas que te pueden suceder ¿no? Y pues aprovechando, aunque sea ya un poco tarde ¿poco? (¬.¬) pues ¡Feliz cumple! Haber ¿quedo un poco de pastel? XDDDDDDDD. En fin, espero que disfrutes de esta capi, tanto como yo. ¡Y aquí seguimos trabajando; como elfo domestico! XDDDDD.
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Atte: Kirsche Himitsu Fyrof.
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M.O.S.
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¡Feliz Navidad a todos!
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Podéis dejar reviews, como regalo de navidad XDDDDD. ¡Sería muy lindo!
