"Lost Souls"
Por Ulti_SG
Capitulo 2
* El Consejo se reúne.
- ... ¡Es por ello que exijo que se convoque una audiencia para juzgar a Hiragizawa Eriol y a Kinomoto Sakura!- Vincent Kajab.
- Cuanta gente- dijo Manta Oyamada una vez que hubiesen arribado al recinto- Es la primera vez que visito este templo.
- Anna quiso venir aquí- comentó el joven shaman- Dice que este lugar es uno de los templos en Tokio que posee más fuerza espiritual y por ello tiene gran reputación dentro de la comunidad de shamanes- explicó- Sin mencionar que es de los pocos que quedaron en pies después de los terremotos- agregó.
- Oh, entiendo. El que no hubiese sufrido grandes deterioros significa que las fuerzas protectoras del lugar lo impidieron- dijo asombrado el joven Manta.
- Se equivocan- dijo Anna- Solo se debe a que se invirtió una fuerte cantidad de mano de obra para reconstruirlo- rompió el encanto del humano ante su lógica.
- T_T Odio cuando hace eso- añadió el 'pequeño'.
- Vamos- murmuró la joven al dirigirse hacia donde se encontraba el cascabel del templo.
- Amo Yoh, ¿le importa si me retiro un momento?- habló el fantasma del samurai al aparecer a sus espaldas.
- Para nada Amidamaru, diviértete- dijo el shaman y al instante desapareció el samurai.
- ¿Cuánto apostamos a que Anna querrá que yo de la ofrenda de este año? -_- - comentó Manta.
- Tu siempre lo has hecho ¿qué no?- dijo confundido, al no estar enterado que Manta no lo hacia por voluntad propia.
- Olvídalo Yoh, a veces eres demasiado distraído- suspiró con resignación el joven humano.
- ... Eriol... - repitió su nombre una segunda vez, como no creyendo que se encontrase ahí en ese momento-... ¿Qué es lo que haces aquí?- preguntó consternada, sabiendo que las visitas de Hiragizawa solo podían significar una cosa: problemas.
- Entiendo que te sorprenda, lamento no haber avisado antes pero mi llegada aquí no quiere significar nada de lo que posiblemente puedas pensar- dijo amablemente el hechicero.
- Bueno es solo que... me tienes sorprendida- miró entonces a la mujer que lo acompañaba- Señorita Mizuki, cuanto tiempo ¡Ah! Se ve hermosa- trató de guardar sus temores y asombros- Me alegra mucho verla, ¿qué es lo que los trae a Japón?
- ¡Clow! Sin vergüenza, ¿qué es lo que haces aquí?- preguntó con rapidez el muñeco de felpa que emergió con agilidad del bolso de Sakura al solo escuchar aquel timbre de voz tan conocida.
- Tan bien me da gusto verte Kerberos- dijo con amabilidad- No tienes por qué alarmarte con mi presencia, vengo en planes familiares.
En ese momento arribaron Li Shaoran y Tomoyo quienes al igual que Sakura no pudieron ocultar su impresión, pero trataron de simular tranquilidad ante la presencia de Fujitaka Kinomoto quien no estaba enterado de algunas cosas sobre Eriol que aun lograba molestar a algunos.
- Cuando entre al templo me sorprendió ver a los Señores Hiragizawa- comentó Fujitaka.
- ¿Por qué no avisaron de su arribó? Tal vez y hubiésemos podido ir por ustedes al aeropuerto- preguntó Tomoyo cortésmente.
- No queríamos importunarlos- respondió Kaho cuyo vientre mostraba un adecuado tamaño para los meses que su bebe tenía- Nuestro hijo esta por nacer y deseábamos que naciera aquí en Japón, el momento se acerca- dijo con cierta expectación.
- Sería la primera vez- pensó Shaoran ante el primer comentario de la mujer.
Sin duda alguna, la inesperada visita de Eriol y Kaho Hiragizawa fue capaz de alarmarlos, y no simplemente eso, sino revivir ciertas emociones que algunos de ellos han querido dominar y tratar de olvidar... su repentina aparición solo logró el recordar con mayor lucidez sucesos que se encontraban en proceso de ser enterradas. No había sido su intención el causarles problemas, había sido por lo mismo que dudaron en tomar la decisión al venir aquí... Pero era el deseo de Kaho que su hijo naciera en tierras orientales más fuerte que cualquier temor que pudiese cruzar sus mentes.
- Tal vez podamos platicar en alguna otra ocasión con más calma- comentó Sakura al mostrarse evasiva- Es un poco tarde y...
- Podríamos invitarlos a casa y degustar algunos postres- sugirió Fujitaka.
- Papá... - murmuró Sakura tratando de decir algo.
- Agradecemos su invitación- intervino el joven ingles- Pero hemos estado muy activos esta mañana y mi esposa necesita mantener cierto reposo. Tal vez en otra ocasión Fujitaka-san.
- Entiendo, cuando lo deseen son bienvenidos en nuestra casa- repuso el hombre con gentileza.
- Y lo agradecemos- añadió Kaho.
No había sido su intención parecer grosera pero... la historia que compartían hablaba por si sola. Se había hecho el propósito de ser comprensiva ante lo sucedido, no culpar a nadie de su suerte, pero era evidente que no lo lograba aún pese a sus esfuerzos... Esperaba que ellos pudiesen comprenderla.
- Es comprensible que actúe de esa forma, hicimos mal el dejarnos ver- comentaba Eriol mientras caminaba al lado de su esposa una vez que se dirigieran hacia la salida del templo.
- Lamento no compartir tu culpabilidad, pero no teníamos porqué ocultarnos como si fuésemos criminales- argumentó su mujer quien lo tomaba del brazo.
- Lo sé pero... Debimos prever esto.
- Eriol, sabíamos a lo que nos ateníamos al volver aquí... Pero no hicimos nada malo, actuamos de acuerdo a lo que creíamos correcto...
- Si pero... Son ellos quienes juzgan si actuamos de forma correcta o incorrecta- añadió con semblante tranquilo.
- La historia juzgara eso, pero mientras creamos que hicimos lo mejor que pudimos, podemos sentirnos satisfechos y vivir con ello- dijo al tratar de tranquilizar a su esposo... Pero ese era el problema, Eriol sentía que pudo haber hecho más, mucho más... y el martirio de ello era algo que no le permitía compartir plenamente la vida al lado de su mujer y su hijo que estaba por llegar a su vida, ¿Qué clase de mundo era aquel que le ofrecería para ser parte?
- Creo que tienes razón... - susurró tratando de recobrar su animo ante aquel día.
- "Será el tiempo en que deberás reforzar la amistad con tus amigos, no desaproveches cada instante con ellos ya que nunca sabrás lo que depare el camino"- leyó Manta Oyamada del pedazo de papel que revelaba su 'suerte' para aquel año- No suena demasiado prometedor- añadió un poco desanimado.
- Descuida Manta en ocasiones las cosas que parecen malas resultan buenas- trató de animarlo el shaman.
- ¿Qué es lo que dice el tuyo?- preguntó el chico.
- "Llegaran tiempos en la que tus decisiones se convertirán en la espada que corte el hilo de la vida"... - leyó de modo despreocupado.
Manta tragó saliva ante sus palabras, pero Yoh simplemente guardó el papel y continuo sonriendo- Je je, tal parece que esta vez los resultados no son nada entusiastas.
- Vaya forma para levantar el animo... - murmuró Manta.
- No me preocupo, en todo caso no creo demasiado en estas cosas- aclaró el shaman- ¿Qué es lo que dice el tuyo Anna?- preguntó a la joven que parecía mirar con indeferencia su fortuna.
- Nada importante- dijo secamente al guardar el papel en su bolso.
Manta no lo creyó así... Posiblemente debió leer algo desagradable.
- Tengo sed, se me apetece un refresco- dijo la mujer al shaman.
- Enseguida Anna- obedeció con rapidez.
- No puedo creer que haga todo sin chistar- pensó Manta aun asombrado sobre el poder que la sacerdotisa Anna pudiese tener sobre Yoh.
El sonido de los cascabeles retumbaron en sus oídos mientras se encontraba en oración. Ella solo pudo pedir por el bienestar de todos sus seres queridos, la fortaleza necesaria para combatir sus remordimientos y suplicar por un futuro prospero para todos aquellos a los que ella había lastimado...
De pronto, sintió una terrible presión en su cabeza, al abrir sus ojos no parecía encontrarse en el Templo Tsukimine, o en algún otro lugar que ella conociera... Parecía una cueva, las paredes rocosas y arenosas la rodeaban, solo algunas velas encendidas mostraban un camino que ella decidió seguir paso por paso hasta que sus pies comenzaran a aumentar la velocidad de estos conforme sus oídos captaban un murmullo que poco a poco ganó resonancia, aturdiéndola, asustándola. En algún momento de su camino ella tropezó y cayó con violencia sobre el suelo, pudiendo incluso sentir la tierra en su rostro; entonces al levantar su rostro notó como es que frente a ella se encontraba un hombre... Uno que mantenía sus ojos cerrados, en una posición de meditación mientras su cuerpo flotaba a varios centimetros del suelo, ella lo miraba con cierto pavor y sorpresivamente aquel sujeto le habló, pero sin mover sus labios o expresar algún gesto en su rostro.
- ¿Cómo es que pudiste entrar aquí?- preguntó aquel hombre de cabello café que levitaba.
Ella hubiese intentado hablar, pero se dio cuenta que no podía. En su confusión logró ver su alrededor, pero llamó más su atención la enorme pared que estaba detrás del hombre, en esta se encontraban grabados muy antiguos, símbolos de magia oriental, occidental y muchos otros que ella desconocía. En la base de aquella pared descansaban algunos pequeños altares de los que emergían una columna de fuego que cubrían la mitad de la superficie que parecían proteger... Pero le resulto extraño que una de ellas no sostuviese ninguna llamarada ¿por qué?
- ¡Responde!- escuchó de forma retumbante en su cabeza.
- Sakura... ¿Sakura?... ¡Sakura!- escuchó la voz de Kero quien logró traerla de vuelta a la realidad.
Miró desconcertada a su alrededor encontrándose aun en el Templo.
- Kero ¿qué fue lo que paso?- le preguntó.
- No me preguntes, solo note lo angustiado que se mostraba tu rostro y trate que me hicieras caso- respondió.
Tal parecía que nadie de ellos se había dado cuenta, menos mal.
- ¿Qué sucedió?- preguntó interesado el guardián al ver lo asustadizo de sus ojos.
- ... Nada, descuida...
- Mentirosa... - repuso Kero un tanto molesto- Aún no puedes confiar en mí plenamente, es bueno saberlo- se introdujo dentro del bolso.
- Kero, yo...
- ¿Qué sucede?- preguntó Li Shaoran al percatarse de la pequeña discusión.
- Descuida Shaoran, no es importante- murmuró.
Anna contemplaba con detención aquel estanque cristalino del templo. Ella como sacerdotisa conocía su uso adivinatorio, pero solo era capaz de funcionar cuando el rostro pálido de la luna se reflejara en sus aguas. Ella no se consideraba curiosa ante la posibilidad de predecir su futuro ya que siempre ha tenido una clara idea sobre lo que quería en su vida, y en aquella época Yoh era su futuro, es en sus manos en las que había depositado su destino.
Se sentía inquieta, y le desagradaba la sensación que la estremecía con solo recordar lo que su fortuna apuntaba- Tu corazón se dividirá en dos, deberás escoger de la forma adecuada o terminaras por perder lo que más amas"; Gracias a su entrenamiento era capaz de dar un rápida interpretación a aquellas palabras las cuales no estaba dispuesta a tomar en cuenta aún siendo ella una creyente de todo lo místico con respecto a los templos espiritista.
Sakura dejo escapar un largo suspiro al encontrarse sola en aquella banca dentro de los jardines del templo, una zona que se encontraba desierta de los visitantes ante su lejanía. Shaoran había notado su fatiga, por lo que le pidió que esperase y descansara ahí mientras le traía alguna bebida, en compañía de Tomoyo y Kero que insistió en ir y escoger algún aperitivo de la maquina, mientras que su padre se entretuvo con algunos viejos amigos quienes lo entretuvieron en el templo.
Rompió lentamente la tarjeta que predecía su futuro, no se encontraba muy animada ya y el leer ese pequeño trozo de papel logro hacerla sentir mucho peor- "El Pasado siempre te perseguirá hasta que te vuelvas y lo cortes desde su raíz, de no ser así te lo arrebatara todo".
Buscó la manera de relajarse, cerró sus ojos y tras unos ejercicios de respiración intentaba acoplarse a la armonía que la rodeaba, un ejercicio que había aprendido y que en el pasado la había ayudado en momentos de mucha tensión. Poco a poco logró sentirse protegida en los brazos de aquellos árboles y arbustos, por la naturaleza misma. Sus sentidos se expandieron con rapidez y la sensación tan bella la privó de todas sus angustias, es así como fue capaz de sentir la presencia de alguna persona que venía en su dirección, pero no le dio demasiada importancia.
El espíritu acompañante de Yoh Asakura, Amidamaru, se desplazaba por aquellos jardines cuyas complexiones y características le traían cierta nostalgia al venir recuerdos de su forma de vida cuando caminaba en aquel mundo como cualquier otro ser vivo. Recordó los parajes de los castillos feudales que recorrió durante sus servicios a su señor, el mismo a quien traicionó por salvar a un buen amigo, algo que trajo su muerte por defender su vida de cientos de soldados, cosa que llevó a su espíritu a encadenarse a un sitio, que con el paso del tiempo se convirtió en un cementerio en el que esperó el cumplimiento de una promesa.
Ahora se había convertido en el espíritu acompañante de un gran Shaman, y por ello se sentía orgulloso, ya que sus habilidades pudiesen ser aun de utilidad para los seres vivos aunque fuese a través de manos de otra persona.
- Ah, no hay como estos lugares para tranquilizar el alma- dijo en voz alta el espíritu para si mismo al suspirar.
- Tiene razón- escuchó que alguien le respondió tranquilamente.
- Ojala y existieran más- volvió a decir el samurai, quien después de algunos momentos finalmente se dio cuenta de lo que sucedía...
- Solo es cuestión de buscar un sitio apropiado- comentó Sakura como respuesta a lo que alcanzaba a escuchar, de un modo amable y amistoso. Finalmente ella abrió sus ojos y con rapidez buscó a la persona que concordaba con su manera de pensar. Miró al hombre con extraños ropajes que se encontraba en medio del camino.
Amidamaru se congeló (literalmente) al darse cuenta que aquella joven frente a él sea capaz de escucharlo y sobretodo verlo. Sakura tardó un poco en reaccionar, pero el espíritu fue capaz de ver paulatinamente el cambio de los gestos por los que paso aquella humana, primero de una sonrisa agradable, para luego pasar a una seria y finalmente llegar a una un tanto pálida y llena de pánico... ¿Y quién no lo haría al ver a un hombre que carecía de pies y flotaba en el aire?
Él supo anticipar lo que ocurriría ante esa mirada - Ah... no se asuste... jamás la lastimaría- pidió el fantasma del samurai al torpemente acercarse.
Sakura Kinomoto dejo escapar un grito de espanto una vez que por instinto hacia sus temores por los fantasmas, espectros o monstruos, la hicieran correr despavorida.
En su histeria, no fue capaz de evitar el golpearse contra alguien quien tranquilamente venía por ahí y de modo imprevisto se topó con aquella situación.
Algunas latas de refresco volaron sobre sus cabezas, cayeron sobre el jovencito que las traía para después rodar por el suelo. Ante el impacto Sakura se sentía aturdida pero a la vez torpe, por lo que una vez que dejara de darle todo vueltas se apresuro a pedir sinceras disculpas, casi pegando su frente contra el suelo. Escuchaba que alguien se quejaba levemente por el choque y el impacto contra el suelo.
- No sé qué es lo que habrá pasado pero si que embiste muy bien señorita ¿no ha pensado en practicar el fútbol americano?- escuchó en broma de la voz del chico al que había importunado.
- Mis más sinceras disculpas, no fue mi intención yo solo... no me di cuenta hacia donde iba y me tope con usted, de verdad lo siento- pidió perdón por tercera vez y se apresuro a recoger los refrescos que estaban a su alcance.
- Descuida, solo fue un accidente- intentó tranquilizar a la chica tan apenada por su acción.
Sakura palpó la tercera lata de bebida cuando otra mano había alcanzado a tocar la suya accidentalmente, es ante aquel contacto por lo que Sakura fue capaz de levantar la vista y contemplar por primera ver a quien agredió. Delante de ella se encontraba un joven de aparentemente su edad, con un semblante sereno y sonriente.
Al instante en que sus miradas se encontraron, un flash de luz golpeó a la hechicera, un recuerdo reprimido apareció frente a sus ojos con mucha rapidez pero fue capaz de congelar aquellas imágenes que pasaban de modo que su perspectiva era en tercera persona: podía verse a si misma en el parque del Rey Pingüino, vistiendo el uniforme de la secundaria, es entonces en la que una segunda silueta se adentraba al lugar, caminando con tranquilidad mientras que su capa se ondeaba con el viento de aquella tarde y una vez que se colocara a cierta distancia de ella parecieron ambos comenzar a hablar... Ese muchacho... era identico a aquel joven frente a ella ahora, solo que más joven y con su cabello muchisimo más largo...
Yoh Asakura notó la especie de trance en la que aquella mujer parecía encontrarse- ¿Te encuentras bien?- preguntó al apartar su mano de la de ella y sujetarla por los hombros. Aquel instante en que el contacto se rompió entre ambos fue en el que Sakura emitió un solo nombre- ... Hao...- pronunció ella aun ida.
El shaman la miró con desconcierto, ese nombre no cualquiera lo conocía... Y que lo vinculara con él lo sorprendió más.
La joven pareció recobrar sentido, sintiéndose incomoda ante aquel 'acercamiento' que el muchacho logró en forma tan atrevida.
- ¿Ya estas bien?- preguntó el shaman al percatarse en la mirada de la chica que ya se encontraba de regreso.
- ... Sí...- respondió ella intentando zafarse de aquella situación tan comprometedora, aun sosteniendo las bebidas entre sus manos- ... Gracias... Creo que estas son tuyas- se las cedió e Yoh no tuvo más remedio que tomarlas, así soltándola. Él la ayudo a ponerse de pie- Yo me siento muy apenada, lo siento en verdad- se inclinó levemente, olvidando por completo su susto inicial.
- No te preocupes tanto, esta bien, ¿pero qué es lo que te paso?... ¿por qué es que me llamaste 'Hao'?- preguntó interesado.
- ... ¿Eso hice?- preguntó confundida la chica.
- ¡Amo Yoh!- los interrumpió la voz de Amidamaru quien hizo acto de aparición. Sakura lo recordó entonces y pareció estar por huir nuevamente por la impresión, Yoh se dio cuenta de ello.
- ¿Puedes verlo?- pregunto Asakura.
- ¡Por supuesto que lo veo! ¿qué tu no?- dijo aterrada.
- Oh, vaya eso me alegra, eso quiere decir que eres una persona de buen corazón- comentó el shaman sonriendo.
- ¡¿De qué estas hablando?! ¿Cómo es que puedes estar tan tranquilo con ese fantasma tras de ti?- añadió.
- Veo que esta un poco alterada- murmuró el muchacho- Típico.
- Discúlpeme amo Yoh, es mi culpa, no imagine que sería capaz de verme- se disculpó el espíritu.
- Tranquilícese señorita, por favor no corra, quien sabe contra qué chocaría esta vez- dijo en tono de broma Yoh- Él es tan inofensivo como yo, no tiene por qué temer- añadió al lograr retenerla- Si de verdad quisiera hacerle daño ¿no lo habría hecho ya?- cuestionó.
Sakura continuaba siendo una niña de diez años ante su antiguo temor... pero no fue capaz de alejarse pese a su miedo, el rostro de aquel muchacho le transmitía seguridad y confianza, como si permaneciendo a su lado nada podría salir mal.
- Amidamaru, ¿por qué no te adelantas?- pidió Yoh con discreción. El espíritu conocía esa mirada en su amo, por lo que obedeció sin chistar. Sakura se sintió aliviada al desvanecerse aquel espíritu.
- ... Es una verdadera lastima- murmuró el chico con cierto desdén- Es una pena que seas capaz de verlos y entenderlos, y que les temas de esa forma, eso lastima sus sentimientos ¿sabes?- comentó.
- ¿Qué es lo que dices?
- No son demasiado diferentes a nosotros, alguna vez fueron seres vivientes que caminaron por nuestro mundo.
- ¿Por qué me dices esto? ¿Quién eres?- preguntó Sakura confundida ante sus palabras.
- Detesto cuando desprecian a estos seres en mi presencia, cualquier shaman lo haría- dijo con seriedad.
- ¿Shaman?
- ¡Sakura!- escuchó la chica de la voz de su novio.
Yoh tomó eso como señal de retirada, pasando en silencio por un lado de la hechicera a quien susurró levemente- Es un placer haberte conocido Sakura, mi nombre es Yoh- para después continuar su camino.
- ¿Qué paso?- preguntó Li Shaoran un tanto preocupado por el semblante de desconcierto que acaparaba su rostro y al encontrarla hace momentos con ese joven.
- ¿Quién era ese muchacho, Sakura?- dijo Tomoyo, en cuyos brazos Kero tomaba una exquisita bebida despreocupadamente de lo que sucedió.
- ... Ah... yo, no lo sé... Simplemente necesitó ayuda con sus bebidas, es todo- respondió la chica, no se encontraba dispuesta a dar explicaciones sobre algo que ella no comprendió. La palabra 'Shaman' había logrado confundirla por completo.
- Tu semblante dice lo contrario- añadió Shaoran.
- En serio, no fue nada...
- Sakura ha estado muy extraña el día de hoy ¿qué le ocurrirá?- se preguntaba en silencio Tomoyo Daidouji al ser capaz de ver más allá de la sonrisa de su amiga.
El mundo se encontraba poblado por diferentes razas, etnias y grupos sociales, algunos respetados, otros despreciados. El humano hace divisiones de los de su propia especie, olvidando que a fin de cuentas son un mismo pueblo, pero la historia y sus prejuicios habían sido herramientas que habían logrado separarlos y que las confrontaciones entre ellos siempre devastasen el mundo...
Para muchos hombres, en aquella época, desconocen de la existencia de otra división dentro de la misma raza humana, una que se ha mantenido en el anonimato sabiendo de antemano que el revelar su existencia solo traería el despertar de temores, odios, confusiones, ira... Por ello mismo habían decidido hace tanto el permanecer al margen, formando sus propias sociedades y círculos comunitarios para evitar ser objeto de acoso... Pero claro, aun viviendo entre sus demás hermanos, aparentando una vida 'normal' como la de ellos para evitar confrontaciones.
En apariencia no son diferentes a cualquier otro ser humano, la única diferencia sería la conexión que poseen con otros mundos, entes que no están al alcance de los demás: magia, espiritus, poder.
Desde tiempos inmemoriales el hombre ha estado en contacto con fuerzas que en la actualidad se creen trucos baratos, brujería, actos del mismo demonio, sin saber que todas ellas nacieron en el mismo momento y con orígenes protectores hacia la débil raza humana...
Debe aprenderse de la historia para evitar que los mismo errores puedan volver a cometerse, y las comunidades de hechiceros, shamanes y muchos otros obedecieron tal principio... Aprendieron de sus errores y poco a poco se apartaron de la historia humana y forjaron una propia. Crearon leyes, normas, principios y castigos que todo hechicero debiese seguir. La magia sin duda era una poderosa aliada, pero todo debe tener limites y su uso no sería la excepción.
Es cuando el caos sacudió el mundo hace ya tanto tiempo que se decidió que el orden debía ser ejercido por algunos pocos, las leyes mismas serían escritas por ellos, así como cualquier decisión crucial dentro de su comunidad sería tomada por ellos; así fue como nacio el Consejo de Hechiceros.
habían pasado siglos ya desde su fundación, el tiempo ha traído cambios, nuevos miembros, conocimientos, lideres, pero la esencia seguía siendo la misma, el consejo aun mantenía las normas y el equilibrio de los suyos, así como también llevar justicia a quienes la merecen.
La situación que devastó el mundo meses atrás no sería algo que pasasen por alto, finalmente fue posible convocar a una asamblea donde todos los miembros pudiesen asistir y atender aquel tema de controversia. La tardanza de aquella reunión era entendible, los lideres de cada secta, dinastía o familia que pertenecían a aquel honorable consejo debieron enfocar su atención hacia las necesidades de los suyos, tratar de reestablecer el orden dentro de su propia gente.
Pero ya que las cosas se habían tranquilizado un poco se decidió convocar una asamblea en una de las capitales de Europa, la misma Londres, Inglaterra, cuna de una gran variedad de grandes hechiceros.
El consejo contaba con diferentes cedes alrededor del mundo, pero Londres resultaba ser la Capital menos dañada por los desastres naturales pasados, todo gracias a la intervención del gran numero de hechiceros que viven en esta.
El Complejo en el que comenzaron a reunirse era basto, techado y con muros forjados de modo circular. El espacio contaba con poca iluminación pero bastaba para observar los bellos ornamentos de las paredes y demás superficies. Los asientos se encontraban en diferentes niveles del suelo, todas rodeando una zona circular en el centro de la cámara. Solo existía un acceso de entrada y salida al recinto.
Poco a poco los miembros comenzaron a arribar y tomar sus lugares en silencio, muchos de ellos eran ancianos o personas que reflejaban sabiduría y experiencia, y la minoría se trataba de gente joven, nuevos en aquel ambiente. Uno de ellos sin duda era la representante de una de las prestigiosas familias de China, Jun Tao*.
Jun Tao, primogénita de la dinastía Tao, familia conservadora en sus tradiciones dentro de las ramas del shamanismo, es decir, el Taoismo que encerraba las técnicas en la que utilizan a los cadáveres de sus espíritus, a los que controlan con pergaminos, para realizar la fusión / posesión para luchar.
A sus 23 años no resultaba su obligación el ser la representante de su familia en aquellas juntas, pero mientras su hermano menor, Len Tao, no accediera oficialmente a su puesto de líder de la familia, ella debía atender esa clase de obligaciones por peticiones de su madre y padre quien había decidido retirarse como la cabeza de la dinastía hace cinco años, esperanzado en que su único hijo varón tomara su puesto cuando llegase el momento oportuno, cosa que no ha sucedido aun ante la negativa de su hermano Len quien rechazaba su titulo al no sentirse 'preparado', pero Jun, así como su familia, sabían el verdadero motivo.
Jun pasó su mano para arreglar ligeramente su cabello color esmeralda mientras que sus ojos azules se pasearon con curiosidad por el lugar, mirando a quienes se encontraban a su alrededor, identificaba a algunos de ellos, pero aquella reunión sería la tercera o segunda a la que asistía, por lo que se sentía aún fuera de lugar. Se dio cuenta que sus 'encantos' atraían las miradas de algunos de los hechiceros quienes trataban el ser discretos; sin duda ella era una joven bella y sus dotes femeninos lograrían que muchos de aquellos hombres se arrodillaran a sus pies, sin embargo Jun resultaba una chica dificil en el aspecto romantico o ante pretendientes que intentaban cortejarla... su corazón le pertenecía a alguien más... alguien con quien sabe jamás podría tener una vida juntos... existian demasiadas cosas que los separaban, y una de ellas es la culpabilidad que sentía por el destino de esa persona amada...
Una mano se postró gentilmente sobre su hombro, llamando su atención, emitiendo una ligera sonrisa al ver un rostro amigo dentro de aquel importante circulo.
- Silver- habló la joven china al volverse ligeramente al hombre- Que alegría el verte- dijo sinceramente.
- Es un placer verte Jun Tao- respondió aquel hombre fornido que vestía el atuendo tradicional de su gente- Por un momento llegue a pensar que sería el joven Len quien estaría sentado aquí.
- Aún no Silver, Len aun no se siente listo, y yo lo entiendo, lo que le pide mi madre es un gran paso y aún es muy joven, no me importa el tener que velar por los negocios de la familia mientras él lo asimila- explicó Jun- No creo que haya prisa para obligarlo a algo que aun no desea.
Silver tomó asiento en la butaca vecina, prestando atención a Jun mientras su mente jugó un poco con sus recuerdos.
Él era Silver, un miembro perteneciente a una tribu de apaches con cede en Norteamérica, comunidad que durante siglos a mantenido en vigor el Torneo de los shamanes en la búsqueda continua para coronar a un nuevo shaman king cada quinientos años. Es un shaman que no posee un solo espíritu acompañante, sino cinco que le brindan diferentes habilidades para el combate, cosa que le hace honor al ser uno de los árbitros oficiales de los combates durante aquel milenario evento; es uno de los guerreros que luchó contra Hao Asakura en su ultimo intento por crear su mundo de Shamanes, una ambición que interrumpió la búsqueda del siguiente elegido. Sobrevivió a las duras batallas y ante la situación en la que su pueblo pasaba por los eventos ocurridos con anterioridad, él había sido asignado a responder a todas las obligaciones externas a sus tierras, supliendo de modo temporal a la aun líder de su tribu: Goldva, aunque él tenia sus dudas... Conociendo a su benebola líder, seguramente fue más su pereza por asistir a estas aburridas reuniones que el encontrarse atiborradas de labores lo que le impidieron asistir en persona y por ello mismo él había sido embiado.
Dejo escapar un ligero suspiro al pensar en esa cruda realidad... ¿cómo es que una anciana como ella podía actuar de esa manera ante asuntos tan importantes?
En el instante en que el circulo que se encontraba en el centro de la habitación se iluminara con una tenue luz que emanaba del suelo, fue la señal que indicaba el comienzo de la asamblea. Todos los presentes guardaron silencio y compostura ante la presencia de quien parecía sería el orador de aquella reunión.
Un hombre se encontraba de pie dentro del circulo iluminado de la cámara, su presencia atrapó los ojos y la completa atención de los presentes a su alrededor. Se trataba de un hombre joven que reflejaba conocimiento y experiencia pese a ello, su cabello ondulado oscuro llegaba a tocar su cintura. Sus ojos rojizos de desplazaron con lentitud entre los integrantes del Consejo, notando como es que algunos puestos se encontraban vacíos, cosa que no le sorprendió.
Como muchos otros de los presentes, Jun y Silver quedaron sorprendidos ante la impresión que el orador de aquella asamblea fuese tan joven... pero su mirada se encontraba llena de seguridad y determinación, sin duda debía ser digno para estar dirigiendo en aquellas ocasión.
- Su nombre es Vincent Kajab- escuchó Jun Tao y Silver del comentario de un anciano cerca de ellos- Según sé su padre, Julián Kajab, murió durante los desastres ocurridos, es por ello que ahora ha tomado el lugar de su difunto padre dentro del Consejo, pero me sorprende que tan rápidamente fuese promovido... Sin duda alguna eso habla bien de ese muchacho- comentó.
- Honorables miembros del Consejo- comenzó Vincent con una voz gallarda- Primero que nada les ofrezco mi gratitud por haber acudido a esta asamblea pese a los grandes problemas que sus pueblos y familias pudiesen sufrir. Imagino que mi presencia ante ustedes puede crear prejuicios, sé bien que solo se les atribuye a los miembros más sabios el poder pararse en este lugar frente a todos ustedes, sin embargo la edad no es lo único por lo que el hombre puede llegar a ser sabio, existen diferentes caminos y quiero creer que los altos miembros de este Consejo me han permitido tratar este caso ya que me consideran competente para ello- explicó.
- Señores, damas- ahora que tenía toda la atención podría iniciar realmente- Todos ustedes, así como el mundo mismo, fuimos sacudidos por una terrible situación que puso en peligro la integridad y subsistencia de todo lo que conocemos. Nosotros, quienes afirmamos poseer todo conocimiento dentro del mundo místico, los más sabios, poderosos y honorables, no tenemos ni la mas remota idea de lo que ocasiono todas las tragedias pasadas... Y me gustaría preguntar el por qué...- lanzó la pregunta.
Escaparon algunos murmullos de los oyentes, mientras que otros solo recapacitaron en silencio.
- ¿Por qué es que esta situación se escapo de nuestras manos? Es sencillo, ya que jamás la tuvimos en las manos. Lo ocurrido aquel desastroso día no pasó desapercibido a nuestros sentidos, pero se encontró fuera de nuestro alcance. Cualquier intento de ver lo sucedido es inútil, ni los más experimentados lo han logrado, lo único que podemos saber con seguridad es que algo estuvo a punto de destruirnos y de igual forma sabemos que alguien o algo lo contuvo... De otra forma seguramente no nos encontraríamos aquí. Me atrevo a afirmar que los individuos que debieron atestiguar estos eventos, porque los hubo, deben encontrarse con vida y son solo ellos quienes podrán aclarar este asunto que merece ser resuelto.
- Sus palabras suenan a acusaciones Señor Vincent- habló una anciana.
- Señores, este consejo se ha encargado durante siglos de hacer valer la ley que nuestros antepasados decretaron, es en este sitio en donde las injusticias cometidas han sido castigadas... Y esta no deberá ser la excepción... Debemos encontrar a los culpables y juzgarlos por sus actos- argumentó el joven.
- ¿Culpables? Habla como si supiera de antemano quiénes son- comentó por ahí un hombre.
- Tengo a mis sospechosos... Pero no deseo ir demasiado lejos aún, solamente quisiera solicitar la presencia ante todos ustedes de dos posibles testigos que sin duda nos brindarían los datos suficientes para sacar conclusiones- añadió Vincent con serenidad.
- ¿Hasta dónde desea llegar con esto joven?- cuestionó la voz ronca de un anciano a quien Jun y Silver reconocieron, el representante de la familia Asakura: Yohmei.
- Solo al fondo de estas intrigas- respondió rápidamente Vincent aún ante la presencia del viejo shaman- ... Es inaudito que existan aun hechiceros que crean poder actuar a expensas de este consejo, actuando como hipócritas entre nosotros, renegados, prepotentes, y que por su causa al no medir las consecuencias de sus acciones solo traen terribles hechos... tal y como sucedió en este caso... Es preciso encontrar a los culpable y que reciban el castigo que merecen ante sus crímenes contra nuestra comunidad y el mundo mismo, ¡es por ello que exijo que se convoque una audiencia para juzgar a Hiragizawa Eriol y a Kinomoto Sakura!
Corría lo más que sus piernas entumecidas le permitían, por entre los arbustos y ramas se desplazaba asustadizo como si se tratase de un conejo herido el cual y era perseguido por una serpiente.
Sus ropas blancas se encontraban manchadas de sangre, su sangre, presentando algunas heridas que lograron abrirse fácilmente por la tela y retirar incluso la piel.
Su respiración resultaba forzosa, como si no lograse ingerir la cantidad suficiente de aire... sentía que su garganta estaba cerrándose poco a poco.
Su cuerpo cayó al suelo al no divisar un desnivel en el terreno boscoso, debiendo tomar un respiro antes de poder continuar.
- ¡Ryu! ¡Ryu! ¿qué esperas? ¡no puedes quedarte aquí! ¡Necesitas buscar ayuda! ¡así que corre antes de que nos encuentre!- le dijo de modo desesperado el ser intangible que se encontraba a su lado.
Aquel hombre de vestimentas ochenteras y peinado por el mismo estilo levantó el mentón y entre esfuerzos por respirar le sonrió a aquel que había sido su espíritu acompañante durante años- ... Lo siento Tokageroh- se disculpó con serenidad- ... Hasta aquí puedo... llegar.
- ¿Pero de qué hablas? Si no te mueves te va a...
- Lo sé Tokageroh...- lo interrumpió tratando de ponerse de pie utilizando su espada de madera como bastón contra el suelo- ... Debes irte- le dijo.
- ¿Irme? ¡¿te has vuelto loco?! ¡No te dejare aquí!- renegó el fantasma de aspecto malsano.
- ¡Ya no puedes hacer nada por mí!... Estoy tan débil... que no puedo mantener mi posesión... Lamento el haber resultado un shaman tan débil...- añadió al sonreír amargamente.
- Pero Ryu, tu no puedes...
- Ve y alerta a Don Yoh por mí...- pidió el shaman al conseguir ponerse de pie, pero en si ya no sentía las piernas y le costaba mucho más trabajo el respirar, Tokageroh se percataba de ello, pero en eso, un sonido proveniente de entre el bosque tras de ellos llamó su atención- ... Necesitara de toda la ayuda a partir de este momento... me siento muy apenado ya que... yo no podré estar ahí, a su lado...- murmuraba melancólico el shaman.
- Ryu...- el espíritu fue capaz de intuir que... su shaman estaba preparado para morir.
- ... ¡Pero sé que él triunfará y que todo lo solucionará como siempre lo hizo!- exclamó con energía al instante en que una sombría silueta emergió con rapidez de entre las copas de los árboles, el shaman alcanzó a interponer su espada para contener el ataque. Tokageroh observó cómo es que la hoja de la espada de madera había quedado atrapada por lo que parecía un látigo que forcejeaba por desarmarlo- ... Tokageroh... fue un gran placer haber sido tu shaman, me disculpo contigo por ser débil...- le murmuró Ryu débilmente, no teniendo fuerzas ya como para retener su arma entre sus manos.
rápidamente fue desarmado, pero logro mantenerse de pie.
- ¡RYU!- exclamó el espíritu al ver como es que una rápida flecha había emergido de entre el bosque para alojarse en el pecho del shaman, quien se tambaleo pero se resistió al caer. Tokageroh miraba horrorizado e impotente ¡no podía hacer nada por si mismo para ayudarlo!
- ... Necesitaras más que eso... para acabar con Ryu...- habló el shaman quien ante sus palabras recibió nuevamente una flecha que atravesó su pierna. El gritó del shaman se dejó escuchar por todos los alrededores, pero el bosque ahogó el sonido con rapidez- ... Tal vez me venciste, porque soy débil ... pero... alguien mucho más fuerte que yo... te detendrá...- nuevamente una flecha quedo atrapada en su vientre, esta vez cayendo al suelo irremediablemente.
- ¡No, no, déjalo tranquilo!- gritó Tokageroh al interponerse entre lo que quedaba de Ryu y aquella sombra que emergió finalmente de la penumbra del bosque, portaba un arco en su mano, encontrándose envuelta por una capa que ocultaba su rostro y cuerpo, proporcionándole un toque espectral.
Aquella persona se encaminó hasta Ryu mientras preparaba su arco para el ultimo tiro, pero se detuvo justo frente a Tokageroh quien logró ver los ojos de aquel asesino, verdes y vacíos, que lograban fulminarlo el solo poder sostenerlos, extrañamente una especie de visor los cubría de un modo transparente azulado.
- ... Basura...- murmuró aquel sujeto antes de pasar a través del fantasma quien solo pudo mirar ya que era incapaz de detenerlo si no contaba con la ayuda de algún shaman para usar sus habilidades- Se creen que mejor que nosotros, pero al final no son tan diferentes... ahora lo veo- añadió al pisar el charco de sangre que ya había comenzado a formarse a alrededor de Ryu quien agonizaba- Es bueno saber que no son inmortales... y que pueden llegar a ser tan frágiles, tan débiles...- estiró el cordón de su arco, cuya flecha apuntaba a la cabeza del shaman quien lo miraba aun con desafió y cierta lucidez... quiso decir alguna ultima palabra, alguna maldición tal vez, pero... su garganta se había cerrado por completo en el silencio un poco antes de que aquella flecha hubiese terminado con su vida- ... Prueba Terminada...- murmuró el sujeto.
- Fin del Capitulo 2-
Jun Tao, Shaman al estilo Taoista cuyo espiritu/zombie acompañante es un maestro en las artes marciales 'Li Bruce Long' (él aparecerá más adelante)
Silver, un apache con alto sentido del deber, su origen no es de lo que sienta orgulloso ya que es uno de los descendientes directos de 'Hao Asakura', un temible shaman que ha intentado dominar el mundo en 3 ocasiones, una vez cada 500 años (de él se hablará mas adelante)
'Ryu espada de madera' es un personaje de la serie, no demasiado hábil y un tanto extraño... (Descansa en paz)
