Para Eddy


EL CABALLERO OSCURO

Siempre que veas

En la noche o en el día

Una mariposa brillando

Cual candela viva

Cuida de tu espalda

Pues la muerte se avecina.

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.

Hacía frío. El bosque en aquellos días era espeso; en su mayoría, estaba conformado de sauces de largas ramas amarillentas y grueso tronco, Le daba al bosque un aire acogedor que ayudaba a mantener la tierra fría durante los días calurosos. Aquella unicornio de blanco pelaje y doradas crines, hija del nobles y cuyo nombre era Nescire, vagaba tranquilamente en medio del páramo mientras farfullaba los últimos retazos de la discusión que había tenido con su hermano.

En aquellos días había serias hostilidades entre los pegasos y los unicornios. La familia de Nescire no estaba exenta de este problema, y el páramo se alejaba demasiado de los territorios de los unicornios; pero la joven unicornio se había hecho de oídos sordos a los consejos de su padre y su hermano. Para ella, el páramo siempre había sido un lugar hermoso, en donde se podían conseguir las mejores flores para el festival de otoño.

Era evidente su enojo, ella se encontraba tan absorta discutiendo sola que no se fijó en el agujero que se explayaba en su camino. Sólo fue cuando dejó de sentir la tierra bajo sus cascos que trató de girar, pero entonces fue demasiado tarde. Ella cayó en vertical un corto trecho para luego deslizarse por una inclinada y lodosa pendiente, que se adentraba muy profundo en la tierra. Al final, luego de rodar por un rato, se estrelló contra un duro suelo de roca.

Quedó aturdida por un buen rato. Su vestido, que antes había sido de blanco con bordados azules, se había ensuciado y lucía de un desagradable color marrón. Duró recostada en el suelo un buen rato, tratando de controlar el dolor. Mas luego de un rato sin atreverse a mover un musculo, se giró y pudo apreciar superficialmente la dimensión de la caverna en la que había caído. Eso se debía a que sólo dos agujeros permitirán el paso de la luz. La pendiente por la que había caído y otro que era una caída libre de varios metros de altura, cuya luz iluminaba un pequeño estanque.

Sin embrago, la atención se ella se concentró en una sombra difusa en el fondo de la caverna. Le tomó un tiempo descifrarlo, pero finalmente vio que se trataba de un poni, sentado contra la pared de roca.

-¿Cuánto tiempo lleváis allí?- Preguntó Nescire.

-Seis meses, diez días y doce horas. -Contestó el poni con una voz gutural

-¿Qué clase de caballero sois, que no brinda rápido auxilio a una doncella en apuros?

El poni se levantó en el acto y se empezó a acercar a ella sin ninguna prisa. No se molestó en rodear el estanque. Fue entonces, cuando él vadeaba el agua, que Nescire palideció al preciar la figura del poni siendo bañada por el haz de luz. Era el Caballero oscuro. Tal y como las leyendas y habladurías relataban: fue un pegaso que en una ocasión descendió a lo más profundo del Tártaro en busca de poder; pero lo único que halló fue su perdición. Se convirtió en un despiadado monstruo, un traidor, una criatura que asesinaría a su propio pueblo y después, cuando hubiese sido desterrado, a la noble raza de los unicornios.

El dolor de Nescire despareció. Se levantó rápidamente y trató de alejarse. Sin embargo descubrió que la caverna no era demasiado grande y(,) en menos de un instante, se vio arrinconada mientras veía como aquella criatura de pesadilla se le acercaba. Su respiración fue tan agitada en aquellos instantes que su corazón estuvo a punto de tenerse. Sin embargo, cuando ella cerró los ojos esperando que el golpe mortal fuera indoloro, el Caballero solo dijo en un tono seco:

-Márchate-

Nescire abrió los ojos y se quedó mirando, confundida, la sombra del Caballero. Luego en un instante, su mirada pasó del miedo al enojo.

-Esto ha sido una broma demasiado cruel- Dijo Nescire en tono autoritario- No creáis que esto se va a quedar así, cuando mi hermano se entere…

-¿Broma?- Interrumpió el caballero.

-No os hagáis el ingenuo. Vestirse del caballero oscuro para asustar a los ponis inocentes… Sólo un pegaso podría tener gustos tan burdos.

-Ah, el Caballero oscuro- Dijo él hablando consigo mismo.- Fueron los unicornios quienes alguna vez me nombraron así. Veo que tienen una memoria y una tradición inolvidable, sólo un unicornio sería capaz de hacer vivir sus leyendas por siempre-

-Olvidadlo, no caeré en eso. Será mejor que me saquéis de aquí o regresaré a la ciudad de Berúl, voy a…-Nescire se detuvo al sentir como corría en agua alrededor de sus cascos- ¿Dónde estamos?- preguntó.

-En el corazón del páramo.- respondió en Caballero.

-¿Eso quiere decir que el agua me llevará de vuelta a Berúl?

-No, el manantial se adentra en la montaña y muchos kilómetros después se une a los ríos que sacian la sed de Berúl-

Nescire vio su esperanza de huir, esfumarse. El miedo que tenía al caballero fue reemplazado por la angustia de tener que pasar la noche en la fría y oscura caverna. Razón por la cual hizo el intento de subir la pendiente por la que había caído, pero esta era demasiado empinada y resbalosa. Lo único que consiguió luego de varias horas fue terminar de estropear su vestido. Muy enojada, se dio la vuelta y dijo:

-¡Esto es el colmo de la insolencia! ¿Realmente estáis dispuesto llevar esta ridícula broma hasta el límite? Ha sido suficiente. Sacadme de aquí. Es una orden.

-No es mi problema.

-Lo será cuando mi hermano venga a rescatarme y sepa que me habéis retenido aquí.

El caballero se levantó y atravesó la charca hasta quedar frente a Nescire. Entonces, la empujó contra el suelo con todas sus fuerzas y utilizó la afilada punta de sus herraduras para cortar el vestido. De éste fabricó, por medio de nudos, unas ceñidas riendas que ajustó en la cabeza de la unicornio. Luego, se alejó y se sentó junto a la charca.

-Algunas leyendas no son más que habladurías. Sin embargo, la maldición de esta armadura es real; pero el tiempo se encargó de encubrir la verdad y ésta fue reemplazada por esa farsa que ustedes llaman leyenda.

"Hubo una época en la que los dioses habitaban en la tierra y ejercían su poder en ella. Sé que a los de tu raza, tan metódicos y escépticos, esto no es más que un cuento; pero así era. El Tártaro no era sino otro reino sobre la tierra. Un reino de miseria gobernado por un antiguo demonio. Las primeras tribus de pegasos tuvieron el infortunio de ser las primeras a las que recurrió para que le sirvieran de esclavos. Llegó un momento en el cual se pensó que nuestra raza desaparecería; sin embargo, hubo un héroe que tuvo el atrevimiento de oponerse. Jamás volverá a haber un pegaso con tal poder. Él sólo se internó en lo profundo del tártaro y liberó a todas las tribus cautivas. Con la ayuda de unos cuantos guerreros, que se opusieron a escapar con los demás, asesinó a los generales del Tártaro.

"¿Qué es un alma mortal comparada a la de una divinidad, princesa? ¿Comparada con un demonio? No había un final feliz para él. Sus compañeros fueron asesinados y él capturado. El Tártaro finalmente era vulnerable luego de haber perdido a sus generales. Las deidades a las que nuestros ancestros se habían consagrado hicieron la guerra contra el Tártaro, y usaron su poder para llevarlo a lo más profundo de la tierra."

"El rey caído, en su reino subterráneo, dejó caer toda su ira sobre el héroe de las tres razas. Su espíritu y mente fueron destruidas por una poderosa maldición. Un tormento eterno que sólo se detendría cuando el héroe hubiese saldado su deuda… un millón de vidas segadas para servir eternamente en el Tártaro. Hizo todo lo posible para resistir; pero su espíritu atormentado no lo pudo soportar. Tuvo que regresar a la tierra a asesinar a quienes había salvado"

"Sois libre de creer o no en leyendas, mi señora, mas yo tengo un hecho para que creáis: Mañana cuando el tiempo se haya cumplido, vuestra alma me llevará un paso más cerca de la libertad."

Nescire quedó pasmada sin poder digerir aquella información. En su rostro se revelaba su resistencia a creer lo que había oído; pero su confusión fue rápidamente reemplazada por el temor de la sentencia que había recibido. Bien fuera por locura o una ancestral maldición, ella iba a morir al día siguiente. Y aunque trató trató pedir piedad hablando torpemente a través de las riendas, cuando el sol se estaba poniendo, ella aún estaba amordazada en una esquina de la cueva.

Tras el ocaso llegó la noche, y de la noche el día, Nescire aún yacía amordazada. Había pasado la mayor parte de la noche en vela, meditando en profundo silencio mientras escuchaba el respirar del bosque y el correr del agua bajo la montaña. A media mañana recién había conciliado el sueño(,) cuando fue despertada por el estrepito de varios corceles cabalgando. No pasó mucho tiempo hasta que escuchó su nombre proferido por la voz de su hermano.

Rápidamente se levantó con las pocas fuerzas que tenía, se acercó hasta el agujero por el que había caído y con su magia lanzó una débil bengala de socorro que se esfumó rápidamente al salir por el agujero. Esperó un momento pero no sucedió nada. Fue entonces cuando sintió el tirón de las riendas haciéndola caer de espaldas. Luego, el caballero continuó halando hasta que el nudo que estaba en su mejilla se deslizó(,) y las riendas del vestido quedaron alrededor de su cuello.

-¿Qué has hecho?- gritó el Caballero. Luego, se empezó a elevar haciendo que el nudo apretara aún más. Fue entonces cuando por el agujero cayó un unicornio vestido con una armadura azul y plateada.

-¡Aurum, sálvame!- Gritó Nescire con el poco aire que le quedaba.

El unicornio no necesitó de nada más para embestir al caballero con un enorme rayo dorado de corrosión, liberando a su hermana del nudo. Pero esto no detuvo al Caballero por mucho, rápidamente se repuso del golpe y atacó al unicornio, rompiendo su defensa mágica. Aurum se vio obligado a combatir con sus propias herraduras; pero los golpes del Caballero eran veloces y fuertes. En una rápida maniobra, derribó al unicornio y se paró sobre él, puso su casco delantero sobre el yelmo plateado y empezó a ejercer presión. Se hizo un silencio total por unos breves segundos. Repentinamente, un desagradable crujido resonó en la caverna y el joven guerrero dejó de luchar.

Nescire gritó de lo más profundo de ella, por un breve instante perdió el control de sí misma y la magia que se desprendió de ella activó el catalizador de la lanza de su hermano. Un opaco pero muy concentrado rayo dorado se desprendió del pedazo del metal, que era catalizador, y atravesó al caballero como si de mantequilla se tratase. Apenas el rayo hubo desaparecido, el caballero trastabilló hasta quedar tendido junto al estanque.

Nescire se acercó lo más rápido que pudo a su hermano. De sus ojos se empezaron a desprender las lágrimas al ver cómo la sangre corría desde el yelmo deforme. Estuvo a punto de abalanzarse sobre el cuerpo de su hermano; pero la voz del Caballero la detuvo.

-No eres digna… no lo mereces…

- ¿Qué puede opinar un monstruo sobre el valor de la vida de un noble?- Dijo Nescire llena de odio.

En ese momento, el yelmo del Caballero se desprendido y Nescire pudo ver a un bello corcel de blanco pelaje, plateadas crines y ojos de zafiro.

-Quien asesine al caballero deberá cargar la maldición hasta que la deuda haya sido saldada- El caballero hablaba en voz baja mientras las piezas de la armadura caían una a una- No lo has derrotado, sólo has hecho que la armadura sea más resistente. No tienes idea del horror que fue soportar la maldición durante seis meses. Has arruinado tu vida, más te hubiese valido una eternidad de esclavitud- El caballero calló por un momento y luego empezó a hablar muy suavemente para sí mismo. El viejo mago de los cascabeles lo sabía. Él sabía que si rompía el pacto de pureza, jamás podría vivir este momento… lo lamento tanto-

De esta forma el vigésimo séptimo portador de la armadura exhaló su último aliento. Entonces, las partes de la armadura se convirtieron en polvo y este rodeó a Nescire en un espeso torbellino. Alrededor de ella se materializó un largo vestido negro, que cubría totalmente su cuerpo y, para completar, un velo de la más fina tela que cubría su cabeza y su cuello. No había terminado de digerir todo lo que había sucedido en tan corto lapso de tiempo cuando sintió en lo más profundo de su corazón una creciente opresión, como si una sombra de tristeza se estuviese ciñendo alrededor de su alma. De repente, un dolor punzante recorrió su columna vertebral, una llamarada desprendió el tejido de su Cutie Mark y, donde antes aparecía un anillo de diamantes, quedó dibujado un numero: Cinco mil novecientos treinta y siente.

Estuvo a punto de echarse a llorar cuando, después de un rato, el dolor se incrementó como si tuviese su cuerpo lleno de heridas abiertas; pero ero entonces, se escuchó un sutil tintineo que reverberó en toda la caverna, devolviéndole la paz a Nescire. Del techo de desprendió un cálido rayo de luz que iluminó por completo la cueva. Todos los dolores y angustias que ella sentía se esfumaron en el acto. Por un breve momento fue feliz, mientras observaba el techo revolviéndose en fractales dorados. No tardó mucho en darse cuenta de que se trataba de mariposas del sol poniente. Estaba presenciando el nacimiento de la nueva generación de mariposas.

Pero aquella paz no duró mucho, luego de un rato las mariposas empezaron a salir volando por los agujeros y la oscuridad empezó a regresar al recinto. Nescire no creyó que enloquecería si se quedaba en la oscuridad. Antes de que terminar de marcharse, encerró a una mariposa en una burbuja mágica, y la incrustó en el collar insignia de su hermano para sentir la luz cerca de ella a toda hora.

Después de esto, la historia se hace difusa para mí. He sabido de varias cosas con el curso de los años. Supe por terceros que ella fue rescatada por los demás soldados y se hizo un enorme luto en la ciudad. Igual manera fue noticia de todos la ruina de Berúl, cuando su río se volvió veneno, matando a toda criatura viviente. Pero aquello que sí puedo asegurar es que ella jamás dejó morir a ninguno de mis hermanos mientras le compartían su luz desde el collar.


Nescire: Necio/a

Aurum: Oro

Berúl: Perla