Cuando la marcha nupcial dio inicio supe que ella sería prohibida para estaba en el altar, pero no era el novio, ese era el idiota de mi hermano. Los detalles de la boda no me interesaban en aquel momento, solo sé que cuando mi hermano levantó el velo de novia vi en el rostro de ella mucha tristeza. El momento del beso llegó, un momento humillante a mi parecer, las novias reciben besos apasionados en los labios el día de su boda pero para ella solo tenían un frío beso en la frente, acción que cautivo a muchos... menos a mí.

Yo con gusto me hubiera casado con ella, le hubiera besado y amado a pesar de ser un cubo de hielo. Desgraciadamente a ojos de mi padre Inuyasha podía cuidar de ella mejor que yo en todos los aspectos, especialmente económicamente. Pero ese día pude ver algo que los demás no pudieron ver a causa de la conmoción y la ternura inexistente en la pareja de recién casados, esa dulce azabache sería olvidada por su marido.
Otra clara señal de abandono se dio en la cena de festejo cuando yo estaba sentado frente a ella y vi que estaba cabizbaja y marchita, mientras que Inuyasha bailaba con Kikyo al centro de la pista, si se hubiera casado conmigo jamás la hubiera abandonado, hubiera bailado con ella sin dejar que nadie se le acercará. Pero la realidad es otra y es cruel.

Por otra parte estaba el orgullo de mi padre al hacerse socio de los Higurashi. Inuyasha sería dueño y señor de una empresa enorme mientras que yo seguiría en mi ocupación de catedrático en la universidad siendo uno de los profesores con más peso en el estudio de la filosofía y también el más joven dentro del colegio. No pude ser el magnate hombre de negocios que mi padre quería pero soy el más inteligente de sus hijos y sé que eso muy en el fondo le enorgullece. Aunque en esta ocasión de nada me sirvió ser inteligente, pues en los matrimonios así las personas como yo no tienen cabida ¿La razón? Simple, no soy dueño de una empresa prospera ni tengo cuentas con millones en diversos bancos. Mi sueldo como catedrático no es el más elevado ni tampoco el más mediocre, los pocos viajes que he hecho han sido apoyados por la universidad y la zona residencial en donde vivo es de media clase. Aome Higurashi tendría lujos a lado de Inuyasha Taisho hombre de familia y de mente emprendedora que tiene un hermano que imparte clases en una universidad pública. Esa es la razón por la que ella no es mía, todo es por mi condición social y eso es deprimente.

Cuando llego el momento de partir el pastel quise matar a mi hermano más de lo que hubiera querido en ocasiones anteriores, no sólo la humilló ante el altar besando su frente, sino que la abandonaba en ese momento, ese momento en el que se supone que ambos toman el cuchillo y parten el pastel de cinco pisos preparado por un chef francés, con decoraciones de rosas en color rosa suave y trozos de chocolate.

—Disculpen tengo una llamada—dijo y salió del salón mientras que ella sonrió efímeramente y dirigió su vista al pastel.
—Vamos a continuar—dijo nerviosa y partió su pastel de bodas sola. Y si eso no fue suficiente, media hora después Inuyasha entraba al salón diciendo que tenía que tomar un vuelo a Inglaterra acompañado de su equipo de trabajo, mis puños dolían de tanta presión por el coraje en ese momento los odiaba a todos. Tuve que contener mis ganas de matarlo cuándo se acercó a mí cínicamente.
—Hermano llévala a casa— ordeno mientras jugaba al hombre de negocios con su celular.
—Si—dije serio.
Inuyasha partió segundos después y los invitados también, mientras que ella se quedaba en la mesa totalmente sola y cabizbaja.

Era frío, sincero y crítico pero jamás un descarado con las mujeres, aunque no tengo mucha historia con el sexo opuesto debido a que soy la sombra de una familia de empresarios gigantes puedo decir que llevo una vida aceptable en ese aspecto. Yo jamás la hubiera abandonado en la primera noche, quizás no la hubiera llevado a París de luna de miel, pero en su lugar la hubiera llevado a mi casa, a nuestra habitación y le hubiera hecho el amor por primera vez en su vida, para dejarle en claro que era mía y que cuidaría de ella a pesar de no ser el gigante hombre de negocios que podía comprarlo todo.

Pero ella y yo jamás compartiríamos el mismo lecho, jamás la tendría en mis brazos jadeante por mí. Inuyasha tendría el honor de hacerla mujer y abandonarla cuando se le antojara.
Me acerque a ella lentamente, solo éramos nosotros dos en medio de un salón lujosamente decorado.
—Buenas noches— dijo ella mientras se levantaba de la mesa.
—Te llevaré a casa—dije y ella asintió.
—Muchas gracias Sesshomaru—sabía mi nombre porque Izayoi nos presentó tiempo atrás, probablemente ese día fue el día en que mi corazón latió con más intensidad.

''No te dejes engañar por ese par de magnates, el hombre más inteligente de esta casa es Sesshomaru'' decía Izayoi sonriéndome.
''Un placer joven Sesshomaru'' dijo ella dulcemente mientras nos mirábamos fijamente y estrechábamos manos.

Abandonamos el salón y abordamos mi auto para poder llevarla a la mansión de la familia Taisho. Tengo muchos recuerdos de los tiempos en los que viví dentro de ese lujoso lugar pero no tienen comparación con mi pequeña casa de dos pisos repleta de las cosas que me gustan y en la que vivo actualmente. Cuando llegamos al lugar la noche estaba en todo su esplendor con una luna llena y vientos fuertes que revoloteaban nuestros cabellos. Ella lucia hermosa a la luz de la luna con aquel vestido blanco. ¿Por qué Inuyasha no podía verlo? Su prometida era la mujer de mis sueños y él se daba el lujo de abandonarla.
—Es una hermosa noche— susurro ella y yo solo asentí mientras caminábamos.
—Usted no es de muchas palabras ¿Verdad? —preguntó inocentemente.

—Hablo lo necesario—dije.
— Sesshomaru me gustaría preguntarte algo— tomo mi hombro suavemente y me hizo verla.
—¿Todos podemos ser felices? — pregunto con nostalgia.
—La felicidad es efímera y subjetiva... la felicidad de unos puede hacer sufrir a otros. Por ende la felicidad universal es solo un sueño—fui sincero y directo.
—¿Donde aprendió eso?—
—Leyendo—dije
—¿Mi marido lee como usted? —
—Supongo—
— Sesshomaru ¿por qué no se hace cargo de alguna empresa de su padre? —
—¿No lo sabes? —dije mientras caminaba a la puerta de la mansión.
—¿Qué cosa? —preguntó.
—Inuyasha es el empresario y yo soy un simple profesor— ella se quedó callada durante todo el camino a la habitación. La acompañe a su habitación y ella se dedicó a observar la luna desde la ventana.
—Buenas noches—dije
—Espera por favor—dijo ella.
—¿Dime?— pregunte sin mucho interés.
Ella se sentó en la cama y bajo la mirada, estaba nerviosa y nostálgica pero a pesar de su deprimente estado lucia terriblemente bella.
—Debió de ser empresario como su hermano—dijo con amargura— así quizás yo estaría casada con usted— cuando la azabache comprendió la magnitud de sus palabras el arrepentimiento llego— le pido perdone mi atrevimiento, quizás el sueño y la presión de la boda ha causado estragos en mi cabeza—dijo avergonzada.
—Buenas noches Higurashi—dije y salí de la habitación para caminar a la que antes era mi habitación. Estaba agotado y la cabeza me dolía por tantos corajes en un solo día que rápidamente me tumbe en la cama y trate de dormir, pero la lucha fue en vano, no podía dormir teniéndola cerca. Me levante de la cama y deambule por los pasillos silenciosamente hasta que llegué a la puerta de su habitación y me atreví a verla. La habitación estaba en total silencio, las lámparas de noche producían una tenue luz amarilla que bañaba la gran cama cubierta por sábanas blancas y entre las sábanas estaba ella, profundamente dormida y envuelta en un camisón de color blanco de tirantes. Lucía perfecta a espera de un amante que la poseyera y la cuidara. Era una lástima que ella estuviera prohibida y olvidada.