Los personajes de Katekyo Hitman Reborn! No me pertenecen.


La seducción del duque.

6986.

Capítulo dos; Insignificante sentimiento latente.


Sintiendo los dedos de las criadas penetrar su cuerpo, acariciándole los pechos, las nalgas, las piernas, Haru se sintió nerviosa.

Las caricias le llegaron por todo su cuerpo, aunque para las chicas que le intentaban poner el vestido de novia era su trabajo para ella era una tortura.

Miro de soslayo a las chicas, las cuales llevaban el mejor traje, según Mukuro, un atuendo de criadas que era nuevo por su boda, la unión de un duque con una civil sin importancia.

Miura rió nerviosa y pidió, o mejor dicho, suplico para que le dejaran sola ya que ella se apañaría para vestirse sola.

"No podemos señora, Mukuro-sama pidió expresamente que os vistiéramos. El duque os quiere perfecta" expreso la mujer más mayor del séquito que la vestían. "Estas enaguas fueron traídas expresamente de Europa señora, también vuestro vestido de novia, el señor compro lo mejor para vos" explico la mujer.

Miura titubeo y luego cabeceo con resignación.

"De acuerdo. Gracias" murmuro.

La puerta de roble, que consistía en dos puertas unidas entre si, se abrieron con fuerza, la voz gruesa retumbo en el salón donde ella estaba siendo vestida.

"Salid, necesito hablar con mi prometida" Mukuro Rokudo dijo con aire aristócratas.

Las sirvientas salieron despavoridas ante la frialdad de la mirada. Mukuro sonrió cuando vio a Haru con el vestido.

"No hacia falta que vos mi señor hiciera eso, asustasteis a la mujeres" murmuro Haru moviéndose para mirarle a los ojos.

"¿Otra vez con formalismo, linda esposa?"

"Todavía falta para ser vuestra esposa" replico Haru alzando el vestido y las enaguas de el, mostrando sus piernas torneadas, las rodillas y pantorrillas, Mukuro soltó un suspiro.

"Mostrar tus piernas...¿Es que aceptas la intimidad?" preguntó curioso con infantil regocijo por hacerle ruborizar.

La joven bajo el vestido hasta solo hacer ver sus pequeños dedos de sus pies.

"Kufufu"

"¿Queríais algo de mi?"

El ojo carmín del duque brillo con maldad, Haru relamió sus labios ansiosa.

¿Un castigo?

"En verdad no, solo quería ver como iban los preparativos, tienes hasta las doce de la mañana para alistarte." acarició un mecho de su pelo marrón. "Eres tan simple" se mofo, Haru entrecerró los ojos.

"Pero aún así el duque me eligió"

"¿Te burlas de mi?"

"Claro que no, solo os doy la razón"

"Kufufufu" soltó la risa enferma que hacia cuando algo le parecía curioso y hasta un punto divertido "Hacia tanto tiempo que alguien no replicaba mis ordenes. Serás una gran duquesa"

"Haré lo mejor para no avergonzaros"

"Tuteame"

"¿Perdón señor? ¿Cómo podría tutearos si vos me compraste?"

"Recibes ordenes del que te compro, si te doy una cumple"

"Como ordenéis, Mukuro"

Alzó las cejas y luego jugo con su pelo, enredando en sus dedos.

"¿Esta caricia no te recuerda a algo, querida Haru?"

Se sonrojo violentamente y aparto el rostro con vergüenza.

"Sí"

"¿Como fue?"

"Mukuro acarició mi cuerpo en publico..."

"Ya lo recuerdo, acaricie el pelo de tu sexo, enrede mis dedos en el, te toque los duros pezones, tuve la tentación de hundir mi dedo en tu intimidad, sin embargo no lo hice. Era una escena ridícula para mi en ese momento, pero ahora la puedo hacer..."

"¿Mukuro-sama?"

"Alza las enaguas, el vestido, quitate las bragas" resoplo.

Haru le miro con expresión asustada.

"No te poseeré mujer." rezongó.

"¡Pero si me estáis pidiendo eso...!"

"Hay muchas forma de poseer el cuerpo de una mujer sin hundir su falo en su vagina" la explicación fue tan cruda que hicieron que sus mejillas adquirieran el tono carmín del ojo del duque.

"No acepte tener intimidad con vos duque." replico Haru con la intensidad de la sangre en la cabeza, mareada.

"Pero esta es una orden, kufufu"

Indignada y las cejas finas fruncidas subió el vestido, mostrando las piernas pálidas, los muslos, y las bragas nuevas que le habían traído las criadas.

"¿No te tocas?" preguntó sonriendo.

"Nunca me he tocado." respondió secamente.

"¿Entonces no sabes lo que es un orgasmo?"

"...No..."

"Kufufufu"

Desprevenida, como tenía que ser, él le acarició los muslos, con sus manos enguantadas, le toco la piel contra la tela suave, le abrió un poco las piernas con los codos, bajo el rostro, agachándose, hasta mirar de cerca la intimidad cubierta de la que sería su esposa.

"Sube mas"

La mujer empezó a subir más la falda del vestido, la mano que le acariciaba era tan suave, tal vez por la tela de la que estaba echa pensó.

Mukuro le tomo de los glúteos, haciendo que ella acercara la parte más intima de una mujer contra su boca, beso la tela de las bragas y subió hasta las caderas, movió la boca contra la piel suave y sedosa de la mujer, jugueteo con su cuerpo durante minutos, sin tocar más allá del trasero, solo viendo la triangular tela que cubría lo que cualquier hombre querría en ese instante.

Entrecerró los ojos cuando vio como la tela se empapaba con los jugos de Haru, sonrió y soltó su sonrisa pomposa, le divertía.

"Estas húmeda, mojas tus muslos con tus jugos invitando al hombre a explorar ese lugar, quieres que te toque ahí y hunda algo, mis dedos, ¿O qué?" trago saliva cuando vio como ella echaba la cabeza hacia atrás y veía el cuello arqueado, ese cuello frágil, blanco, delicioso para morder, dejar una marca, o poner los dedos alrededor y apretar.

"¿Cómo se siente?" pregunto curioso.

"Haru cree..."jadeo cuando él apretó los dedos en sus glúteos. "Es raro, no se como describirlo"murmuro.

"Entonces expresálo con tu cuerpo." respondió el duque.

"No se como hacerlo" su murmullo quedo apagado cuando Mukuro beso sus muslos.

"Mueve las caderas adelante y atrás, suavemente, suave, despacio, y cuando creas que no puedes soportar muerde los labios, aguanta hasta que yo lo diga" dejo de besar la piel de la joven y empezó quitando la blanca ropa interior de la chica, murmuro algo entre dientes mientras bajaba las bragas, las dejo en la rodillas y vio de cerca su intimidad.

El bello púbico húmedo por los jugos de la mujer, esa humedad que hacia que su boca se le secara levemente.

Haru asintió con las mejillas rosadas y calientes.

Hizo lo que él pidió, empezó moviendo las caderas adelante y atrás, y solo hacer ese movimiento hizo que su cuerpo se tensara, como instinto ella abrió la boca y soltó sus gemidos.

Mukuro relamió la boca y beso superficialmente la vagina de la chica, le abrió los labios hasta ver el clítoris.

"Despacio" murmuro cuando ella en un frenesí desenfrenado movimiento movió bruscamente las caderas contra su boca. "Abre más las piernas" Haru abrió las piernas y Mukuro se escabullo entre ellas, jugo con su lengua alrededor del rosado botón inflamado de la vagina de la chica. "Pon tu mano donde esta mi boca" ordeno, ella bajo tímidamente la mano derecha, Mukuro atrapo unos dedos con sus diente, los guió hasta donde estaba la humedad de la muchacha, hizo que tocara su propio sexo palpitante de pasión. "Acariciate" susurro soplando entre los dedos.

Haru gimió de forma torturada, guió sus dedos donde la boca de Mukuro estaba, toco su propio botón y estallo un grito de su boca, cuando quiso seguir él atrapo su mano con la suya.

"Te haré llegar yo" replico él. Le alzó de la cintura, besando rápidamente la tela del vestido blanco y con encajes, subió hasta su cara y mordió el lóbulo de su oreja, ella ronroneo.

Vio de reojo el sofá gris del salón, se sentó en el y la sentó a ella entre sus piernas, vio su nuca y apretó los pechos con sus manos.

Guió sus delgados dedos por los muslos, apretando y rascuñando al veces, cuando llego a su sexo lo acarició con suavidad, la humedad impregno sus dedos.

"Hueles a sexo, sabes a sexo" le susurro al oído. "Quieres que siga pero no lo dices, lo veo en tus ojos, en los movimientos de caderas que haces" tiro un poco su oreja con los dientes, ella gimió, Mukuro la sintió moverse en sus piernas, tal y como lo había dicho él. Adelante y atrás. Dejo de acariciar su intimidad y llevo las manos a la boca de la chica, Haru.

Él la sintió tensarse como las cuerdas del violín, sonrió.

"Solo lamelos, un poco" la pequeña boca caliente recibió sus dedos enguantados, mojando la tela blanca. Mukuro apretó los dientes. Esa pequeña boca caliente y húmeda.

Cuando la tela estuvo mojada él retiro los dedos, le giro un poco el rostro y beso sus mejillas calientes y rojas.

"Abre la boca, un poco y saca la lengua despacio" Haru obedeció sonrojada, Mukuro le beso, primero acariciando la lengua de ella con la suya, lamiendo la lengua, y luego hundiendo su boca con la suya, metiendo la lengua en su cavidad caliente.

Sintió la invasión en su intimidad, algo hundiéndose en carne virgen. Gimió contra la boca del duque y arqueo un poco la espalda, haciendo casi imposible el beso. El tironeo de su cuerpo hasta pegarlo más al suyo propio.

"Escucha" susurro contra su oído. "Mueve las caderas en círculos, lento, muy lento."

Tragando saliva hizo caso de la petición, movió las caderas lentamente en círculos, contra las piernas del duque, sintió algo duro fluir de entre las piernas de él y temió por un momento que él violara su cuerpo, pero eso quedo atrás después de que él movió los dedos dentro de su vagina con suma lentitud.

"Lo que sientes entre los glúteos es el falo de un hombre" lamió su oreja.

"No puedo mas" suplicó entrecortada-mente.

Él empezó a bombear con más fuerza con sus dedos, intentado llegar en cada penetración lo mas hondo que pudiera, maldijo cuando la sintió apretar los músculos de la vagina contra sus dedos.

Segundos después ella se derrumbo contra su cuello jadeando y la intimidad mojada por su orgasmo.

Sus jugos brillando entre las piernas.

"Eres una mala esposa" se burlo Mukuro sacando los dedos de la intimidad, ella giro un poco la cabeza para mirarlo "Te dije que esperases" suspiro y la obligo suavemente a que se levantara, con las piernas temblorosas Haru se paro. "Ve a tomar una ducha, limpiate bien, luego ven a la boda, falta una hora, te dará tiempo" replico con sequedad.

Asintió abochornada y salió de la estancia.

Con los dedos húmedos hasta el punto de poder ver más allá de la blanca tela él vio el pegajoso liquido, sonrió y se quito con lentitud el guante, miro sus dedos brillar ligeramente por el liquido y sudor por todo.

"Kufufu"

El salón pareció perder ante lo hermoso que estaba la iglesia, en colores dorados, rojos pasión por las rosas, violetas en algunos lados, crema, todo en colores exóticos y demasiado tentadores. Vio más allá de sus pestañas y comprobó que él esperaba con paciencia en el altar, se veía los dedos y luego a ella haciendo sonrojar sus mejillas teñidas del colorete que le habían puesto las sirvientas.

"Espero que no estés nerviosa, querida" murmuro la suave voz del décimo contra su oído, ella se sonrojo e hizo una inclinación de cabeza.

Estaba más nerviosa por tener la mirada roja de Mukuro que por la presencia del décimo que sería el rey a su lado.

El pequeño príncipe acudió antes de la hora acordaba y se situó en su lado sonriendo como un niño feliz, ella claramente nerviosa pregunta que quería su majestad, a lo que el niño respondió tímidamente que el duque pidió prestado su servicio para llevarla al altar.

Estar a punto de contraer nupcias con un duque y ser llevada por el décimo al altar escapaba cada lógica que tenía ella en su vida, una simple campesina con manos envejecidas por las tareas domesticas acariciaba la piel suave del décimo.

"No estoy nerviosa, señor" murmuro sonriendo lentamente para dar más crédito a sus palabras.

"Lo estas, tus cejas están tan juntas que no sabría si es una sola" susurro con caballerosidad, ella relajo el ceño y sonrió con más ganas. "Y vuestros labios están tensos como la cuerda del piano" apuntó relajado.

"¿Gusta el príncipe décimo molestar a la futura esposa?" replico cortes.

"Claro que no" apuntó el décimo.

Haru le miro a los ojos, ojos dorados brillando por los rayos del sol que entraban por la cristalera de la iglesia.

"Vuestros ojos son hermosos, décimo" alago gentilmente.

"Rasgos familiares" murmuro sonriendo por haber desaparecido el momento tenso.

Ella asintió y siguió dando pasos lentos pero seguros.

"¿En serio queréis casaros con el duque?" preguntó en un susurro.

"Sí."

"¿Por qué os ha comprado o por vuestra propia acción? Un matrimonio comprado y bendecido por Dios no creo que sea lo correcto" hizo un mohín mirando de soslayo a la esposa.

"Creo que es mejor tener un matrimonio comprado que estar muriendo una sola en medio de cuerpos masculinos que tocaron el suyo propio, señor" añadió con temblor por pensar en eso.

"Lo siento" replico en un murmuro el décimo.

"Mukuro-sama no intentaría violar mi intimidad, menos aún forzarme, él dijo que no habría nada de eso a menos..." carraspeo con las mejillas calientes. "Creo que estaré bien en este matrimonio con el duque, él sabrá cuidarme."

"Mukuro-san no cuida de nadie" advirtió Tsuna serio.

"Él cuidara de mí señor. Lo sé. Quiero casarme, no puedo llamar a está sensación en mi pecho amor, sin embargo diría que es confianza."

Llego a lado del duque y dio una reverencia al décimo para luego darle al duque que tenía un brillo singular en los ojos disparejos.

"Creo que cuando te vi no dije nada de tu atuendo, querida" le apretó la mano con gentiliza y beso la piel. "Estás radiante" con una burlesca sonrisa en los labios le puso a su lado, el sacerdote empezó a hablar, tosiendo a veces.

"¿Que dijo nuestro décimo?" en su voz se palpo la irritación y una pizca de desconfianza.

"Que os deseaba el más feliz día hoy" mintió sonriendo, Mukuro entrecerró los ojos y no replico, aunque sabía claramente la dimensión de la mentira que estaba en los labios de la mujer.

Giro sobre sus propios talones, escucho las risas de los invitados y la carcajada de los guardianes tras su espalda que estaba caliente por las manos del duque.

"Bailas bien" murmuro contra su oreja, ella asintió.

"Lo único que se me da bien" respondió poniendo los brazos alrededor de su cuello, oliendo el perfume que desprendía.

"Eso no es cierto, también puedes hacer que un hombre se ponga duro solo viéndote" el placer palpo su cuerpo y se tenso en el acto.

"Mukuro..." jadeo nerviosa. "Hay gente viéndonos aquí, demasiada gente diría" lamió los labios carmín.

"¿Sin formalismos, uh?" le acarició la cintura y bajo un poco, rozando sus glúteos.

"Dijiste que sin formalismos, eso deseo el duque"

"Cierto, aunque prefiríria sin formalismos en lo más intimo"

"Quisiera bailar con la ya esposa del duque" la voz sonó dura y gentil al mismo tiempo, Mukuro alzó los ojos y vio al décimo, sonrió.

"Será un honor ver a mi esposa bailar con el futuro rey" dijo con sarcasmo.

Se aparto un poco y dio paso para el baile, Haru apego un poco las manos a las del décimo y sonrió.

"Estabas tan roja como una amapola, pensé que Mukuro-san empezaba ya con el ataque" susurro sonriendo amablemente.

Haru carraspeo.

"Estábamos hablando sobre finanzas"

"Oh ya veo, no queríais interrupciones" parecía avergonzado como para meterse bajo tierra, ella asintió con lentitud.

Sintió el giro de su cuerpo y luego chocar contra el pecho duro del duque, él le cogió a vuelo y empezó moviendo los pies.

"Mueves los pies gentilmente" enseño. "Cuando pienses que no puedas seguir mi ritmo agarrate a mí"

Luego de esas palabras todo perdió sentido, el oro brillaba a cada vuelta, las piernas se alzaban cuando él le tocaba la cintura, sonreía como una niña cuando él envolvía su mano y le hacia poner en su cuello, el vestido se ceñía más.

"Estoy exhausta" gimió. Sin importar más, él agarro sus manos, las unió y la obligo a moverse a su ritmo frenético de la música.

"Esto es simple, querida. Aún cuando estés tan exhausta tienes que seguir, el embrujo del poder nos obliga a parecer de otra materia en medio de los demás." murmuro secamente.

"¿Tanto como llorar luego en la alcoba por el dolor, Mukuro?"

"Sí"

Suspiro y rió forzosamente a los invitados que entrecerraban los ojos al verla con un poco de sudor en la frente.

"Me están viendo como si fuera un bicho raro" murmuro al duque.

"Es que lo eres. Para ellos eres un insecto que entro a sus mansiones y ahora eres mejor que ellos, te harán la vida imposible, invitándote a sus fiestas para poner en ridículo tu persona" informo moviendo sus manos contra la cintura de la joven, agacho la cabeza contra su oreja. "Pero por más que lo intenten y tal vez lo logren ahora estas encima de gente como esa"

"Pero Haru no quiere estarlo." frunció los labios en un mohín.

"Kufufufu"

Se sentó con las piernas adormecidas en la silla blanca, a su lado Mukuro que cataba el vino con su boca, sonriendo y brillando esos ojos raros.

La gente los miraba con una sonrisa cínica en los labios, los hombres le miraban con ligera lujuria cuando ella agachaba la cabeza para saludar, haciendo que se vieran sus pechos apretados y vírgenes a los ojos de ellos.

Mukuro por su parte parecía disfrutar con cada burlesca risa que sacaba de su garganta, su grotesca sonrisa cínica, sarcástica y diabólica.

Se levanto de su silla cuando sintió el tirón de su mano, el duque a su lado ensancho los labios mientras le besaba la mano y entrecerraba los ojos, una mirada maliciosa.

"Yo, el duque de una de las casas de la protección del futuro décimo, os agrade por haber venido" levanto la copa con gracia y luego le planto una caricia en la mejilla derecha con sus labios, un roce suave.

"Sinceramente" una voz gruesa se escucho detrás de los invitados. "Pensamos que el duque no quería esposa" la voz paso a un hilo, Mukuro carraspeo.

"¿Quién eres?"

Una mujer obesa vestida con un vestido de seda rosa, cubriendo la grasa de cuerpo salio de entre los demás invitados.

"Oh" fingió Mukuro. "La duquesa de la casa de la pradera, un lindo lugar, si no fuera por esos asquerosos insectos que la rodean" dijo suavemente.

"¡Señor, no hay ningún insecto!"

"Los hay, solo que vestidos de duques." sonrió y dio una orden con los dedos para retirar a la señora que parecía querer en cualquier momento montar un escándalo.

"¡Vos deseasteis a mi hija y luego la dejasteis por esta niña estúpida, lo lamentareis duque!" amenazo guturalmente.

"¿Otro compromiso aparte del mio, Mukuro?" interrogo Haru con desconfianza.

"No. Solo fue una noche de pasión entre sabanas de la hija de la duquesa, nada más."

La gente empezó a murmurar contra su espalda, claramente sobre lo que acababa de pasar, aunque él no le dio importancia.

Con el corazón ligeramente herido Haru se movió unos milímetros de su lado, respiro con fuerza y luego sonrió forzada por las circunstancias.

"¿Qué pasa? Estas pálida como las sabanas" su voz con un tinte burlón hizo que Haru mordiera su labio.

"No es nada, duque" con voz filosa cuadro los hombre, huraña se sentó en la silla y pidió vino en un susurro.

"No estas acostumbrada a beber, creo que sera mejor dejarlo así"

"Soy la duquesa de la casa Niebla, una que es la responsable del cuidado y seguridad del décimo, podre soportar un poco de alcohol en mi venas" replico.

"Kufufufu"

Una sonrisa enigmática cubrió la boca del duque Mukuro Rokudo, la que fue el detonante para que ella apretara los labios de forma tensa.


N/A; He aquí vuestra continuación bellas damas. Oh sí. El siguiente capítulo final, no será el 'Y vivieron felices y comieron perdices' y tal vez no tenga lemon, ni lime o rape, lo cual hubiera querido hacerlo, pero tal vez lo haya si cambio de humor, aunque creo que esto fue suficiente. xDD

En fin, esperad nenas la continuación, que seguro que lo haré para tenerlo teminado y deshacerme ya de este fic xD

Ciaossu!