- Segundo -


2075 EC – Thessia.

Ha pasado casi un año desde la última entrada.

Me he propuesto registrar los acontecimientos importantes de mi vida y, aunque gran parte de mi tiempo lo invierto en el estudio de nuestra religión y cultura, algo ha fragmentado irremediablemente mi rutina académica.

Ella acude en forma de tempestad cada nueva jornada; una indomable tormenta de ideales y poder que contagia mi espíritu y embota mis sentidos.

Me siento completa a su lado. ¿Acaso es eso posible?

Sé que puede resultar extraño pero… todo lo que adoro de ella, es todo lo que jamás me atreví a ser.

Su objetivo es admirable. Aethyta lucha por hacer de nuestro pueblo algo más que un antojo erótico de las otras especies. Piensa que nuestro potencial actual queda relegado a una cómoda posición de contemplación e introspección, y cree firmemente en que deberíamos involucrarnos más en nuestra propia relevancia galáctica. Su idea de estudiar la tecnología proteana y desarrollarla, ha despertado parte de mi curiosidad, pero temo que sus argumentos no sean del todo bien recibidos entre las altas competencias.

Es su fuerza, su idealismo, su espíritu indómito lo que me embriaga; me colma súbitamente de tanto, para luego vaciarme por completo con cada nuevo y profundo intercambio. Con ella no hay equilibrio ni serenidad. Todo es abrasador…

Hallarla fue capricho de la Diosa, ahora lo sé. ¿Qué probabilidades había de encontrarla en una noche y ambiente así?

Cada nuevo amanecer me descubro estremeciéndome a su lado. Nuestra conexión trasciende la misma comprensión de nuestra propia biología. Hay algo más ahí, lo noto. Oculto a la obviedad pero que reclama su lugar en mí...

Creo que es el momento. Lo siento arder en mi interior como una bengala perpetua que ilumina el sendero que he de transitar.

Con ella, abrazaré la eternidad… para jamás volver.