¡Hola ,Hola! Aquí el segundo capítulo de esta historia, espero les guste y gracias por sus comentarios en el primer cap. Un abrazo!

BRING ME TO LIFE

CAPITULO 2

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Su siguiente tarea por lo menos había sido mejor que la limpieza de celdas. Tenía que responder las llamadas de la línea de emergencias. Bueno, no es que hubiera muchas emergencias ese día de hoy... Una joven mujer se quejaba de que su ex-novio estaba asechando su casa, otra llamada había sido de una mujer senil que había perdido su reloj. Tres minutos después de la conversación tuvo que preguntar para que había llamado. Pero Blaine no se quejaba, y si lo hacia la oficial Backer de seguro lo pondría a limpiar más celdas, por lo que mantuvo la boca cerrada.

Blaine ya no había pensado en el prisionero y su penetrante mirada. Se está preparando para ir a casa. Los cinco recién llegados estaban en el vestuario quitándose el uniforme.

- ¿Alguien tuvo algo interesante el día de hoy? Porque yo no tuve nada,- dijo Puck sentándose en un banco mientras se masajeaba el cuello.

- Ella tuvo que vigilar a los prisioneros que venían del patio trasero,- dijo Blaine que señaló a la latina que asintió con orgullo.

Puck la miró con clara envidia en los ojos. - ¿Cómo fue? ¿Estaban todos locos y apretaban sus nudillos cuando los volteabas a ver?

- Esta no es una película Puck,- dijo el alto negando con la cabeza. Blaine sabía que su nombre era Finn y podía ver que él era quien tenía más de policía que todos los del grupo.

- Si….pero aun así.

- Ellos estaban bien, en realidad,- dijo la latina soltándose el cabello de la cola de caballo,- no creo que con los que estuve fueran asesinos ni nada…. Probablemente sólo conductores ebrios y ladrones de bolsas.- Agitó su cabello y desabrochó su camiseta azul, tirándola a un lado, sin importarle que hubiera cuatro hombres en la habitación mirándola. - Quiero decir, que si fueran peligrosos estarían custodiados por más guardias, ¿no lo creen?

Entonces, ¿por qué ese muchacho tiene dos cerraduras? se preguntó Blaine a sí mismo. Un conductor ebrio o un ladrón de bolsas no necesitan de eso.

- Pero aun así,- dijo Puck con un suspiro, Blaine reprimió una risa al darse cuenta que la mirada del chico no estaba en realidad en los ojos de la latina. - Es mejor que traer la comida y patrullar en los pasillos.

- Palabra,- dijo Finn cruzándose de brazos.

- Sin embargo, uno de ellos era espeluznante, - dijo la chica poniéndose el suéter.

Puck parecía decepcionado. - Me estuvo mirando por detrás de su cabello. Al final estuve a punto de golpearlo.

- ¿Fue el 815 cierto?- dijo Puck disminuyendo el tono de su voz como si estuviera contando una historia de terror.

- Sí, fue él,- la chica vaciló.

Blaine volteó a ver a la chica esperando que dijera algo más.

- ¡¿Qué?!- dijo Puck frunciendo el ceño. - El 815 estaba aislado en una zona, eso es lo que escuché. ¿Le están permitiendo ahora estar junto con los demás presos?

La chica se encogió de hombros, no parecía saber cual era el problema.

- ¿Qué está mal con el 815?- preguntó Blaine, siendo ahora el centro de atención.

- …..el no sabe nada del 815,- declaró Puck con incredulidad. - ¿Qué persona que estudia para ser policía no sabe nada acerca del prisionero 815?

Blaine se sintió estúpido. - Ella tampoco,- acusó, apuntando a la chica.

- Fui a la escuela en Inglaterra, ¿cómo se supone que debería saber?- dijo a su defensa.

- Ah, bueno,- dijo Puck. - Creo que debería apiadarme de las pobres almas que no saben nada,- tosió y redujo su voz al tono preciso para narrar historias.

- El prisionero 815 es una leyenda por aquí, eh escuchado que en todas las estaciones de policía en Ohio saben quien es y esas cosas, ya sabes, en caso de que se escape no llegara muy lejos. Sin embargo, nadie en la estación sabe demasiado acerca de él, sólo que está loco por supuesto. Antes de que llegara aquí, estaba en el manicomio, pero después de un tiempo fue transferido, supongo que la gente del manicomio no lo podía manejar.

Los otros cuatro en la habitación estaban escuchando atentamente.

- Él no estaba en una celda aislada en un principio, pero tuvieron que cambiarlo al régimen de aislamiento, ¿ya saben? después de que atacara a un policía y tratara de asesinar a su compañero de celda. Escuché que trató de sofocarlo con su almohada mientras estaba dormido. Dicen que es muy peligroso y que cualquiera que no tenga nada que ver con él debe mantenerse alejado. Manténganse lejos de él chicos, yo lo haré,- se estremeció y volteó a ver a los otros cuatro.

Blaine frunció el ceño. Esa pequeña persona… ¿tan peligrosa? Era difícil de creer. Pero él había visto sus ojos, su mirada y casi lo creía.

- ¿Cuántos años tiene?- preguntó la chica. - No parecía tan viejo.

- Alrededor de veinte,- dijo Puck.

- Igual que yo,- murmuró Blaine.- ¿Cómo te conviertes en un asesino a la edad de veinte años?

- No tengo idea,- dijo Puck. - Supongo que algunas personas están locas. -Eh escuchado que la soledad los hace aún más locos..-

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El siguiente día pasó igual de lento que el anterior. El trabajo de Blaine fue contestar de nuevo las llamadas, ese día en realidad hubo una emergencia. Se había producido un robo en la casa de una anciana. Blaine no pudo ir con el resto para investigar la casa, tuvo que quedarse a "vigilar e teléfono."

- Vieja estúpida- , murmuró sombríamente, mirando la oficina de la oficial Backer mientas daba vueltas en su silla. Estaba aburrido, en ese pequeño pueblo no llegaban muchas llamadas al día.

- Debes tener cuidado con lo que dices.

Blaine gritó, por poco cae de su silla. Se agarró de la esquina de la mesa para estabilizarse y se encontró con un hombre parado en la puerta. Blaine lo miro, tenia el pelo peinado un poco hacia atrás con gel. El castaño se quitó la chaqueta y la colgó.

- ¿Qué?- Blaine tosió, su corazón seguía latiendo rápido, odiaba que la gente entrara así sin avisar. Eso le daba sustos de muerte. Qué clase de policía soy, pensó y mentalmente se golpeó la cabeza.

- Dije...- el castaño habló de nuevo, una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios.

-Deberías ser cuidadoso al hablar de tu jefe, cualquiera podría oírte.

- Bien, no hay nadie más que yo aquí ahora.- Blaine se defendió.

El castaño se encogió de hombros y caminó hacia donde se encontraba Blaine sentado.

- Tú eres uno de los nuevos, ¿cierto?

Blaine asintió.

- Genial,- el castaño esbozó una sonrisa mientras le tendía la mano. – Sebastián Smythe, pero puedes llamarme Sebastián.

Blaine la estrechó.- Blaine Anderson.

- Bienvenido al infierno, Blaine,- Sebastián le guiño un ojo. El castaño se echó a reír cuando Blaine frunció el ceño. - Este lugar es o muy divertido o una tortura.

- Creo que ya eh experimentado la parte de la tortura,- murmuró Blaine pasándose una mano sobre su pelo gelificado. - Ella siempre es tan...quiero decir…lo es siempre…"

Sebastián asintió. - Como te dije, bienvenido al infierno.

Blaine suspiró y gruñó recostándose sobre su silla.

Sebastián jaló una silla de la mesa vecina, se sentó de rodillas apoyando los brazos sobre el respaldo y miró a Blaine. - ¿Qué te parece? Quiero decir, sin tomar en cuenta al Dragón y su tortura.

- El…- Blaine se echó a reír. - ¿El Dragón?

- Es como la llamamos.- se encogió de hombros. - Como sea.

Blaine giró los ojos. - En realidad no eh hecho nada interesante hasta ahora, sólo eh estado aquí un día y medio

- ¿No has conocido todavía a los chicos?

- ¿Los chicos?

- Prisioneros.

- Ah- Blaine aparentemente tenía que aprender como hablaban aquí. - No en realidad, vi a unos cuantos cuando los estaban conduciendo a sus celdas.

Sebastián asintió y bostezó un poco antes de hablar, - ¿Cuáles? Todos son muy diferentes, algunos de ellos de hecho son muy agradables.

-Mmm...- Blaine se rascó la cabeza. - Cuarto y quinto piso, creo.- No sabía si Sebastián esperaba una respuesta más especifica.
Sebastián se quedó en silencio y una extraña expresión apareció en su rostro.

- ¿Qué tiene de malo?- preguntó Blaine, frunciendo el ceño. Luego suspiró profundamente resistiendo la tentación de poner su atención en otra cosa. - No me digas que es acerca del 815 de nuevo.

Sebastián se puso pálido. - ¿Tu sabes? Ah bueno, claro que tú sabes. Por supuesto no lo sabes todo, pero…-

Sebastián estaba divagando y Blaine suspiró.

- ¿Qué hizo?- preguntó. - Vamos, ¿qué puede ser tan malo que hace que no quieran hablar de él? Estaba más interesado que nunca. Se le quedó mirando al castaño tratando de encontrar sus ojos.

Sebastián se bajó de la silla, dándole la espalda a Blaine. - Simplemente no te metas con él. ¿De acuerdo? No le hables, ni siquiera…. - Exhaló. - Sólo déjale la comida y vete, no lo mires a los ojos.-

Blaine frunció el ceño aun más. - Suenas asustado.

- No es eso,- dijo Sebastián con voz temblorosa. - Sólo no me hagas más preguntas.

- Pero…

- ¡No!

Y con eso, Sebastián se marchó a través de la puerta que decía oficina y cerró la puerta. Tal vez temiendo que Blaine fuera a seguirlo.

Eso es todo, Blaine ahora tenía más curiosidad que nunca.

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El resto de las fuerzas de policía regresó una hora después, Blaine estaba feliz de descubrir que el robo no había sido tan interesante después de todo. Sólo había sido el hijo de la señora que olvido sus llaves y había tenido que golpear la cerradura de la puerta para poder abrirla.

Puck y Finn sin embargo estaban emocionados ya que ese fue su primer caso real.

- Escuché que conseguiste una novia, Puck,- dijo Blaine con una sonrisa, refiriéndose a la anciana que según Santana, la latina, había tomado gusto por él. - Bien por ti,- dijo dándole unas palmaditas en la espalda.

Puck puso los ojos en blanco. - Apuesto a que mi día estuvo más interesante que el tuyo. - Estaban sentados en la mesa del comedor, los cambios de turno habían sido hace una hora y las cosas estaban tranquilas. - Lo que nosotros hicimos hoy tuvo que ser más interesante que contestar llamadas telefónicas.

Blaine frunció el seño. - Al menos no fui seducido por una anciana de ochenta años.- Sonrío recostándose en su silla.

- ¡No fui seducido!- exclamó Puck, tratando de defenderse. Finn, Santana y Sam, que era el más callado de los cinco recién llegados, empezaron a reír.

- Ella no tiene ochenta,- murmuró Puck. - Tiene setenta y tres.

Blaine soltó una risa. - Como sea, casanova.

Puck permaneció callado, pero no se veía ofendido por las palabras del otro chico.

- Como sea,- dijo Blaine. - Creo que mañana también me quedare aquí en la estación… Hay algo que quiero hacer.-

Santana levantó una ceja. - ¿Tú ser voluntario para quedarte aquí? ¿Por qué? ¿Qué es lo que quieres hacer?-

Blaine se encogió de hombros.- Algunas cosas personales.- Sin embargo, la verdad era que tenía la intención de colarse en el cuarto piso y tal vez echarle una mirada al preso 815. Tal vez incluso hablar con él. Estaba intrigado acerca de la historia de esa pequeña persona, como llegó hasta aquí y por que era tan peligroso. Sebastián le había dicho que no se metiera con él, pero Blaine era un chico rebelde; si él le dijo que no lo hiciera, más ganas tenia de hacerlo.

- Está bien.- dijo Santana un poco extrañada.- Entonces creo que debemos dar las gracias.

Hasta aquí el segundo capítulo, ¿les gusto? Díganme que si, nos vemos pronto! En el próximo Klaine se conoce *O*

Estoy viendo que horarios puedo usar para actualizar así que por lo mientras será sorpresa, ¿les puedo pedir un favor? Pasen la voz de la historia, creo que el primer capítulo no fue muy bien recibido u.u

Bueno, bonito sábado y Espero con muchas muchas ansias sus reviews 3